Resumen: El artículo analiza los hábitos de vida de la nobleza castellana durante el tránsito de los siglos XVI al XVII. Para su redacción se ha tomado como ejemplo el caso de los hidalgos de Ciudad Real y se han empleado los contratos matrimoniales registrados ante notario y conservados en el Archivo Histórico Provincial de Ciudad Real. Su estudio ha permitido comprobar que la aristocracia local mantuvo intactos sus signos externos de comportamiento mientras que, poco a poco, modificó su conducta doméstica y sus prácticas culturales.
Palabras clave: nobleza, estrategias matrimoniales, cultura material, siglos XVI y XVII, Ciudad Real.
Hace tiempo, el profesor Álvarez-Ossorio Alvariño insistía en la importancia que, durante la Edad Moderna, tuvo el vivir noblemente(1) y en el hecho de que el aparentar, el deseo de visualizarse, pregonarse y mostrarse(2) trascendiera al estamento noble para manifestarse entre los plebeyos, deseosos de incorporar a su vestuario las formas “que los señores traen” para imitarlos en sus “meneos, posturas, y afectaciones”(3). A tanto llegó ese proceso que su desarrollo propició la denominada “quiebra de la distinción”. No en vano, esa “competencia suntuaria” y la “confusión de las apariencias” a la que dio lugar obligaron a la Corona y a la Iglesia a tratar de poner freno a esos intentos de emulación(4). En aquel artículo, Álvarez-Ossorio insistía en el relativo abandono al que, por entonces, estaba sometido el análisis de los “mecanismos” que se pusieron en marcha, no para cambiar de orden social, sino para “hacerlo real, visible”(5).
Se trata de una cuestión de la que sabemos mucho más que hace unos años, en parte debido a la pujanza con la que la historia de las mentalidades, de la familia y de la cultura material(6) han sido capaces de penetrar en el análisis de vida noble(7). Ese renovado marco metodológico es el que ha perfilado nuestro conocimiento acerca de cuestiones que habían ocupado un lugar secundario en los trabajos relativos al estudio de la nobleza y de las elites(8). Buena parte de esos avances han sido posibles gracias a la explotación de los protocolos notariales, fuente rica pero tratada de manera desigual. De ahí que se haya alertado acerca de la necesidad de clarificar métodos y de establecer parámetros comunes que permitan comparar distintas realidades espaciales sin que ello suponga un “remanejo lúdico de los datos” ni el empleo forzado de la realidad documental que ofrecen las actas de los escribanos(9). De hecho, no es cuestión de caer en un “positivismo anecdótico”(10); tampoco de explotar hasta la extenuación el inventario, el testamento o la dote para contar por contar “las arras, los manteles y otras menudencias”(11). Más bien se trata de incluir esos datos en un “contexto global” y de hacer uso de cierto equilibrio procedimental para conocer cómo vistieron sus hogares y cómo representó su poder, posición e influencia la oligarquía castellana del Antiguo Régimen.
Con ese horizonte como meta, el texto que sigue intenta ofrecer datos, pero también descender a lo cualitativo, dado que, como indica el profesor García Fernández, lo importante no es tanto cuantificar los objetos como sus significados(12). En ese sentido, cabe preguntarse a qué formas de representación nos estamos refiriendo y, acto seguido, qué es lo que con tanto ahínco trataron de imitar quienes aspiraron a entrar en la nobleza. Para intentar responder a dichas cuestiones se ha recurrido al estudio de las dotes. Se trata de escrituras que, en el análisis de la vida material, se han empleado menos que los inventarios post-mortem o que los testamentos pero que poseen una validez contrastada. No en vano permiten profundizar en aspectos que aquéllos no cubren de manera satisfactoria como las mentalidades y el soporte material de la vida cotidiana ligada a la mujer y al nuevo hogar (13). De hecho, es a través de los propios contratos matrimoniales como podemos situarnos ante los cambios y permanencias que llevaron a las familias de hidalgos de la Castilla moderna no solo a defender un modo de vida que les significaba sino también a modificar sus comportamientos y a orientarlos gradualmente hacia modelos de consumo “más modernos y burgueses”(14).
Por tanto, no es cuestión de repetir aspectos conocidos sino de observar cómo ese dejarse ver que pusieron en marcha los hidalgos tuvo otra vertiente en la transmisión delpatrimonio por vía femenina, acaso menos perceptible que la desarrollada con los varones pero siempre tan meditada e intencionada como ella(15).
(1) ÁLVAREZ-OSSORIO ALVARIÑO, A., “Rango y apariencia. El decoro y la quiebra de la distinción en Castilla (ss. XVI-XVIII)”, en Cuadernos de Historia Moderna, 17 (1998-1999), pp. 263-278.
(2) SORIA MESA, E.,
“La imagen del poder. Un acercamiento a las prácticas de visualización del
poder en la España moderna”, Historia y Genealogía, 1 (2011), p. 7
(3) Diálogos de
Philosophia natural y moral, compuestos por el doctor Pedro de Mercado médico y
philosopho, Granada, 1558. Cit. por ÁLVAREZ-OSSORIO ALVARIÑO, A., “Rango y
apariencia…” art. cit., p. 264.
(4) Ibídem, pp. 276 y
ss. Máxime si se tiene en cuenta que, como “herramienta de dominación”, la
imagen y su empleo frente al cuerpo de no privilegiados fue uno de los
instrumentos de diferenciación preferidos por clero y nobleza. Véase SORIA
MESA, E., “La imagen del poder…” art. cit., p. 5.
(5) ÁLVAREZ-OSSORIO
ALVARIÑO, A., “Rango y apariencia…” art. cit., p. 264.
(6) GARCÍA FERNÁNDEZ,
M., “Prefacio. Cultura e identidades: nuevos horizontes y planteamientos de futuro”,
en GARCÍA FERNÁNDEZ, M. (dir.), Cultura material y vida cotidiana moderna:
escenarios, Madrid, Sílex, 2013, p.15. El despertar de los temas relacionados
con la cultura, mentalidad e identidad nobiliaria data de mediados de los años
noventa y últimamente está dando frutos significativos. Véanse en ese sentido
SORIA MESA, E., La nobleza en la España moderna. Cambio y continuidad, Madrid,
Marcial Pons Historia, 2007, pp. 33-34, así como los distintos trabajos
contenidos en el dossier dedicado al tema de la Imagen del Poder por la revista
Historia y Genealogía en el año 2011.
(7) GARCÍA HERNÁN,
D., “La historiografía de la nobleza en la Edad Moderna: las últimas
aportaciones y las nuevas líneas de investigación”, Revista de Historiografía,
2-II (2005), p. 19. En relación a este aspecto véase también SORIA MESA, E.,
“Los estudios sobre las oligarquías municipales en la Castilla moderna. Un
balance en claroscuro”, Manuscrits, 18 (2000), p. 186.
(8) El profesor
Domínguez Ortiz ya advirtió del “indiscutible” tipo de vida noble. Véase
DOMÍNGUEZ ORTIZ, A., Las clases privilegiadas en el Antiguo Régimen, Madrid,
Istmo, 1985 (3ª ed.), p. 147.
(9) LÓPEZ-SALAZAR
PÉREZ, J., “Los protocolos notariales. Fuentes documentales para la Historia
Moderna”, en La investigación y las fuentes documentales de los archivos,
Guadalajara, ANABAD Castilla-La Mancha/Asociación de Amigos del Archivo
Histórico Provincial de Guadalajara, 1996, p. 42.
(10) GARCÍA FERNÁNDEZ,
M., “Prefacio. Cultura, identidades,…” art. cit., p. 14.
(11) ATIENZA
HERNÁNDEZ, I., “Las mujeres nobles: clase dominante, grupo dominado. Familia y
orden social en el Antiguo Régimen”, en GARCÍA-NIETO APARICIO, M. C. (ed.),
Ordenamiento jurídico y realidad social de las mujeres. Siglos XVI a XX. Actas
de las IV Jornadas de investigación interdisciplinaria, Madrid, Ediciones de la
Universidad Autónoma de Madrid, 1986, pp. 149-167.
(12) GARCÍA FERNÁNDEZ,
M., “Prefacio. Cultura, identidades,…” art. cit., p.. 12.
(13) GONZÁLEZ
MEZQUITA, M.ª L., “Poder económico y prestigio social a fines del siglo XVII.
Una indagación sobre las dotes de las nobles castellanas”, en Vegueta, 5
(2000), p. 139.
(14) GARCÍA FERNÁNDEZ,
M., “La dote femenina: posibilidades de incremento del consumo al comienzo del
ciclo familiar. Cultura material castellana comparada (1650-1850)”, en
GUIMARÃES SÁ, I. dos y GARCÍA FERNÁNDEZ, M. (dirs.), Portas adentro. Comer,
vestir, habitar (ss. XVI-XIX), Valladolid, Universidad de Valladolid/Universidade
de Coimbra, 2010, p. 117.
(15) Aun reconociendo
que, como apunta Soria Mesa, la dote constituye un elemento de primer orden a
la hora de sustentar más firmemente la fortuna familiar, pues “surge como
posibilidad más cercana de inyectar dinero en los patrimonios vinculados”.
Véase SORIA MESA, E., El cambio inmóvil. Transformaciones y permanencias en una
élite de poder (Córdoba, ss. XVI-XIX), Córdoba, Ayuntamiento de Córdoba, 2000,
p. 87.


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