Solemnidad de la Asunción
de la Virgen María en cuerpo y alma a los cielos en Ciudad Real, festividad de la
Santísima Virgen del Prado. Por este motivo la S. I. P. B. Catedral, acogió el
15 de agosto a las 10:30 horas el Solemne Pontifical, que estuvo presidido por
el Obispo-Prior, D. Abilio Martínez Varea, y en el que concelebraron el Vicario
General de la Diócesis, miembros del Excmo. Cabildo Catedral, sacerdotes de la
ciudad, un diácono y seminaristas de nuestra diócesis como acólitos.
En el Pontifical
estuvieron representadas la junta directiva de la Real e Ilustre Hermandad y
Corte de Honor de la Virgen del Prado, miembros de la corporación municipal,
encabezada por su Alcalde, Presidente de la Diputación Provincial, representante de la Junta de Comunidades de
Castilla-La Mancha, diputados regionales y nacionales, autoridades militares y
de cuerpos de seguridad del estado; así como el Pandorgo y la Dulcinea del
presente año.
Durante la homilia el
Obispo-Prior monseñor Abilio Martínez Varea, pidió a los cristianos que, desde
la mente y el corazón depositen dos rosas a la Virgen del Prado a modo de
intenciones: una por la paz en el mundo y, de manera especial, otra para pedir
que se cuide el amor y la unidad entre los esposos y de las familias.
El obispo ha lamentado
que los conflictos y las guerras continúen provocando destrucción de edificios,
carreteras, hospitales y escuelas, pero, sobre todo, la pérdida de vidas
humanas y el sufrimiento de numerosas familias.
En este punto, ha
recordado a su vez los llamamientos a la paz realizados por el Papa Francisco y
por el Papa León XIV, a la vez que ha incidido en la importancia de utilizar un
«lenguaje desarmado», un lenguaje que contribuya al encuentro, a construir puentes
de diálogo y a la reconciliación dentro de las relaciones humanas. Asimismo, ha
animado a los cristianos a no limitarse a reclamar la paz para el mundo, sino a
vivirla personalmente y a convertirse en constructores de paz en su entorno.
Amor entre esposos y
entre las familias
La segunda petición que
ha planteado el obispo ante la Virgen del Prado ha estado relacionada con las
familias de Ciudad Real y, especialmente, para que «se cultive el amor entre
los esposos». Martínez Varea ha pedido que se cultive y proteja el amor conyugal,
comparándolo con una planta que necesita cuidados constantes para crecer, no
ponerse mustia y para no marchitarse: «Y lo mismo sucede en el amor de los
esposos, pues si no se cuida en todo momento, puede desaparecer».
A este respecto, Martínez
Varea se ha centrado el amor entre los esposos, señalando al diálogo como una
de las herramientas fundamentales para mantener viva la relación, junto con la
oración, la celebración de los sacramentos y la presencia de Dios en el matrimonio.
«Poner a Dios en medio» de la vida matrimonial, ha defendido, puede ayudar a
fortalecer el vínculo entre los cónyuges en un contexto social cada vez más
complejo.
Durante su reflexión,
también ha advertido sobre la educación de los hijos y la amenaza que plantea
el mundo digital. Por este motivo, ha llamado a padres y madres a acompañar a
sus hijos y a transmitirles valores humanos, además de subrayar la responsabilidad
de las familias cristianas en la transmisión de la fe: «Lo digital es muy
importante, aunque muy difícil de controlar. Y puede conseguir que la educación
se escape de las manos de los padres e incluso de la de los maestros».
En este punto, Martínez
Varea ha destacado el papel de la Virgen María como referencia para todas las
edades, a la vez que ha animado a las familias a mantener y transmitir a las
nuevas generaciones el amor a María, convencido de que esta relación puede contribuir
también a fortalecer los vínculos familiares.
A partir de la fe en la
resurrección de Cristo, ha recordado que la Asunción de María representa para
los creyentes una promesa y un anticipo de la vida eterna.
Al término de la
celebración, el Obispo-Prior, por disposición especial de la Santa Sede, ha
impartido la bendición apostólica con indulgencia plenaria. Las condiciones
para recibir este perdón es el arrepentimiento de los pecados, haberse
confesado quince días antes o después de la bendición y haberse acercado a
comulgar. También, rezar el Credo o el Padrenuestro.
Después se ha interpretado
el Himno a la Virgen del Prado finalizando con varios vivas, entre ellos: ¡Viva
la Virgen del Prado!, ¡Viva la patrona! y ¡Viva la Santísima Virgen! Por su
parte, el obispo de Ciudad Real ha felicitado a todas las mujeres que se llaman
Prado y a pedido a los futuros padres que a sus hijas le pongan más el nombre
de Prado, al considerarlo «muy bonito».








































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