Ernest Hemingway junto a “Dominguín”,
Aaron Edward Hotcher, escritor amigo de Hemingway, que se vistió de luces para
el paseíllo y Ordoñez, antes de salir a la Plaza de Toros de Ciudad Real el 17 de agosto de 1959. Fotografía Herrera Piña
Visitó Ciudad Real siguiendo los
mano a mano de Antonio Ordóñez y Luis Miguel Dominguín. Su amigo, el exjugador
de béisbol Hotchner, hizo el paseíllo como sobresaliente
Francisco J. Otero
Ciudad Real
Entre los bares y restaurantes que animan
los bajos de la Plaza Mayor de Madrid, hay uno que, harto de la publicidad,
casi siempre falsa de sus rivales, colgó un enorme cartel a la entrada, en el
que podía leerse: “Hemingway no estuvo aquí”. Y es que si alguien ha estado
cerca de gozar del don de la ubicuidad, ese es Hemingway en España. Su fotografía,
preferentemente junto a algún torero, protege del paso del tiempo un rectángulo
de las paredes de miles de restaurantes del que fue, en parte, su país. “Yo soy
sato”, le decía al Lanza, a “Uno del Tendido”, Cecilio López Pastor, que no
conocía la palabra. “Es un término que se usa en Cuba, que significa “de media
casta”, tirando a malo”, aclaraba un Hemingway medio español.
El caso es que Ciudad Real fue, de verdad, uno de sus destinos, allá por 1959,
un verano caluroso. Y peligroso, a juicio del que ya era premio Nobel. La
temporada taurina se movió ese año en torno a la rivalidad de dos cuñados:
Antonio Ordóñez y Luis Miguel Dominguín. La revista norteamericana Life buscaba
reportajes impactantes, de calidad. Ambas cosas confluyeron en que Hemingway,
que contaba entonces 60 años, viajó junto a Antonio Ordóñez para escribir su
última gran crónica, la de los mano a mano que llevaron a cabo los dos
matadores a lo largo y ancho de toda España. De hecho, al que se le fue la mano
fue a Hemingway, que mecanografió un enorme manuscrito de 75.000 palabras,
inasumible, por su supuesto, por la revista. Al final, Life publicó un
resumen en tres artículos que no gustaron a casi nadie. Su más cercano
colaborador en sus últimos días, A. E. Hotchner, que como veremos tuvo un papel
principal en la visita a Ciudad Real, le ayudó a cortar el texto, pero la mente
de Hemningway estaba empeorando a pasos agigantados y “his vaunted ability to
leave out what was irrelevant, his great talent for synthesis, were malfunctionin”,
es decir, que su “extraordinaria habilidad para dejar fuera lo que era
irrelevante, su talento para la síntesis, funcionaba mal”, como describe
William Kennedy en The New York Times cuando el manuscrito completo, algo
remozado, vio la luz, hace ahora, en julio, 31 años. El libro se titulaba El
verano peligroso. Hemingway se había suicidado en 1961, pegándose un tiro,
después de describir un viaje del periodismo a la literatura para acabar, con
su crónica de la lucha entre Ordóñez y Dominguín, de nuevo en el periodismo.
“Parecía como su uno u otro fuera morir y Life quería cubrirlo (…) Yo tenía que
dejar claras la personalidad y el arte y las diferencias básicas entre los dos grandes
artistas y mostrar lo que pasaba y eso es algo que no puedes hacer en 4.000
palabras”, explicaba Heminway a Hotchner en una carta para justificar su
exceso, gracias al cual tenemos la descripción de lo que ocurrió en Ciudad
Real, donde el escritor norteamericano asistió a la corrida que tuvo lugar el
17 de agosto.
La versión de Heminway no es la única de su paso por Ciudad Real. El premio
Nobel no viajaba, ni mucho menos, solo, sino con una cuadrilla, cuyos
componentes iban cambiando a menudo. Entre los miembros de la “truoupe”, Mary,
su mujer; el citado Hotchner, amigo y confidente; Bill Davis, algo parecido; la
joven irlandesa Valerie Danby-Smith, que luego fue su secretaria y se casó y se
divorció del hijo menor de Hemingway; y un largo etcétera, entre los que
encontramos, en Málaga, donde el escritor celebró su estrambótico 60
cumpleaños, a Juan Luis Goytisolo. Hotchner y Valerie Danby-Smith, luego Valery
Hemingway, nos regalan algunas pinceladas del paso por Ciudad Real, que quedó
reflejado en la prensa de la época, el Lanza, por supuesto.

Otro momento antes de comenzar la
corrida en la Plaza de Toros de Ciudad Real el 17 de agosto de 1959. Fotografía
Herrera Piña
“El Pecas”
La narración de Hemingway sobre su estancia en Ciudad Real se sustenta sobre el
juego de personalidades entre Ordóñez y Hotchner, “El Pecas”, ex jugador de
béisbol, que había introducido al torero en los misterios del deporte más
americano. “Antonio había estado en La Cónsula (la finca de Hemingway en
Churriana). Hotch decidió enseñarle a jugar al béisbol usando el bate y el
guante de Teo Davis (…) ‘¿Qué te parece si El Pecas hace de sobresaliente en
Ciudad Real?’, sugirió Antonio.
Imaginando el cachondeo, Hotch accedió (…)
Cuando llegamos a Ciudad Real, nos encontramos en el cartel, bajo los nombres
de Antonio y Luis Miguel, El Pecas, sobresaliente”, cuenta Valery Hemingway en
su libro, Running with the bulls: My years with the Hemingways
Volvamos a Ernest
“- ¿Quieres hacerlo, Hotch?’, Antonio preguntó a Hotch.
– ‘Naturalmente’, dijo Hotch, ‘¿quién no querría?
– ‘Ése es mi Pecas. ¿Veis por qué me gusta El Pecas? ¿A quién no le gustaría?’
En el viejo y oscuro hotel, con sus escaleras estrechas y habitaciones sin baño
ni ducha, degustamos una buena comida de la zona en el ruidoso y apelotonado
comedor. Ciudad Real estaba llena de gente de las localidades vecinas. Se
encuentra en el borde de una gran área vinícola y se podía ver mucha bebida y
mucho entusiasmo. Hotch y Antonio se vistieron en la pequeña habitación de
Antonio (…).
– ¿Qué tengo que hacer?’, preguntó Hotch.
– Haz exactamente lo que yo haga (…) Después te vas para la barrera y haces lo
que Papa (Hemingway) te diga.
– ¿Tengo que matar los toros?
– ¿Qué clase de actitud es esa?
– Solo quería saberlo.
(…)
– Recuerda que no tienes que dejar mal a los matadores en tu primera aparición,
Pecas- le dije- Sería descortés, al menos hasta que no te afilies al sindicato.
– ¿Me puedo afiliar al sindicato ahora? Tengo dinero en la cartera.
– No pienses en dinero ahora- le dijo Antonio”.
Esta conversación, propia de una película de los hermanos Marx dio paso al
paseíllo, ya con “El Pecas” bastante más preocupado. Perfectamente vestido, “El
Pecas” desparece poco después. Miguelillo, uno de los banderilleros, le
pregunta a Hemingway entonces “¿Dónde está El Pecas?”. “Rezando en la capilla
por la salud de los otros matadores”, le responde Hemingway.
El mismo Hotchner nos confirma su humor, en su libro Papa Hemingway: “Mi
recuerdo hasta llegar al ruedo es bastante confuso, aunque recuerdo que casi me
caigo por las escaleras. (…) Pasamos una multitud que nos esperaba en el lobby
(…) ‘¿Papa, qué demonios hago?, dije. ¿Tengo que hacer el paseíllo, no? ¿Es una
plaza grande?’ ‘Caben 8.000 espectadores, una de las más grandes fuera de
Madrid’ (…) ‘Hay solo tres cosas que un matador debe hacer’, dijo Ernest.
‘Recuérdalas y todo irá bien. Primero, mira siempre trágicamente, como si
estuvieras a punto de llorar (…) Segundo, cuando estés en la plaza, nunca te
inclines, no le viene bien al traje. Y tercero, cuando vengan los fotógrafos,
pon la pierna derecha por delante. Es sexy”.
Ernest Hemingway en la Plaza de
Toros de Ciudad Real el 17 de agosto de 1959. Fotografía Herrera Piña
El relato continúa con la llegada a la
plaza y “el deseo de escapar” que sobreviene a “El Pecas”. Entonces, Hotchner
se da cuenta de que algo no va bien, viendo el bulto en los pantalones de
Ordóñez y Dominguín. “Soy una desgracia para los Estados Unidos”, le dice a
Hemningway, que le responde: “¿Cuántos pañuelos te has puesto? Ellos llevan
dos, pero se dice que Chicuelo II usa cuatro”. “El Pecas” queda francamente
sorprendido de la costumbre, antes de hacer definitivamente el paseíllo.
Este es el tono en el que Hemingway y Hotchner narran aquel “peligrosos
verano”, lo que ha llevado a que algunos crean que la narración tiene un aire
burlesco mucho más acusado que trágico, lo que es evidente en su estancia en
Ciudad Real.
Hasta una pata
Entre los espectadores aquel día estaba “Un aficionado del 5”, que escribió la
crónica para el Lanza y el citado “Uno del Tendido”, que se ocupó de lo que
rodeaba la corrida. Como en casi todos los mano a mano, Ordóñez salió
triunfador. Cortó una oreja a su primero, dos y el rabo a su segundo y las dos,
rabo y pata a su tercero. Casi nada. “Ayer, Antonio Ordóñez explicó que el
toreo no es cálculo y sí inspiración, genialidad”, decía el cronista. Luis
Miguel Dominguín, con peores toros al parecer, solo cortó una oreja a su
segundo.
La entrevista de Lanza, que
advirtió la presencia del falso torero
“Uno del Tendido”, López Pastor, se dio
cuenta del engaño de “El Pecas”. Decía, después de informarnos de que Ordóñez
había apadrinado, junto con la Dulcinea de 1959, Mari Loli Novillo, al hijo del
sastre Isaac Ordóñez, “cualquier día por ahí vemos al autor de Fiesta saliendo
vestido de picador – un picador con barba- a hacer por lo menos el paseíllo.
Porque si no un picador, en la plaza hubo ayer un falso torero. Quizá a algún
aficionado observador no le pasara desapercibido que Ordóñez traía cuatro
peones de varas- los tres habituales de su cuadrilla y Curro Chaves, que por
cierto, corrió muy bien un toro- y uno falso, que no hizo más que el paseíllo.
Pues bien, se trataba de un amigo del diestro, un jugador de baseball americano
al que habría puesto en un aprieto si le piden el carnet”.
López Pastor, en las antípodas ideológicas de Hemingway, republicano y
entusiasmado con Fidel Castro, le hizo al norteamericano una pequeña
entrevista, en la que, por supuesto, obvió el asunto político:
“- ¿Aplaude mucho en los toros?
– No, soy un viejo aficionado.
– ¿Cuándo se toreaba mejor, cuando usted comenzó a ver corridas o ahora?
– Con menos toro, pero ahora se torea mejor.
– Dado su constante viajar, no escribirá mucho.
– Sí, todos los días a las seis de la mañana trabajo.
(…)
– No estuvo antes por aquí?
– De paso por la provincia”.
Por cierto, que en la misma página del Lanza se un anuncio por el que sabemos
que estaba prevista la presencia de Antonio Ordóñez, Luis Miguel Dominguín y
Pepe Cáceres en Almagro para el martes 25 de agosto, con toro de Domecq, pero
las cogidas tanto de Ordóñez como de Dominguín, lo impidieron y fueron
sustituidos por Miguelín y Victoriano Roger Valencia. Así que en Almagro pueden
colgar el mismo cartel que en el bar de Madrid, aunque quién sabe…
Fuente: https://www.lanzadigital.com/cultura/hemingway-si-estuvo-aqui/


Diario “Lanza” martes 18 de agosto
de 1959