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lunes, 7 de noviembre de 2022

LA BARRIADA PONIENTE

 


La conocida en sus orígenes como “Barriada Poniente”, nació en el año 1935 cuando el ayuntamiento dio permiso para construir sus primeras edificaciones, formándose en el extrarradio de la Puerta Santa María, frente al antiguo matadero municipal en la Ronda de Alarcos.

En sus orígenes las calles que fueron surgiendo tras su urbanización, no tenían nombre y eran rotuladas con las letras A, B, C, D, E y F., pasando posteriormente a recibir los nombres de los ríos: Azuer, Bañuelos, Becea, Bullaque, Cigüela, Guadalmez, Guadiana, Jabalón y Záncara.




Esta barriada ocupa una amplia zona triangular, con un conjunto de viarios en pendiente que descienden desde el camino del Campillo hasta la ronda. Calles con trazados rectangulares de 12 metros de ancho, acerados próximos a los dos metros en cada lado y calzadas de ocho metros. Viviendas en sus orígenes de una sola planta, que con el tiempo se fueron construyendo de dos plantas, muchas de ellas ya renovadas en la actualidad, dada la proximidad a la zona central y la posibilidad de construir viviendas unifamiliares con dos plantas o conjuntos residenciales con esta misma altura.



domingo, 6 de noviembre de 2022

111 VIVIENDAS (BARRIADA VIRGEN DE LA CABEZA)

 

El retablo cerámico con el nombre de la barriada fue bendecido y descubierto el 26 de septiembre de 1999 y es obra del ceramista de Andújar ya fallecido Pedro Palenciano



En la parcela situada en la confluencia de las calles Camino del Campillo y San Martín de Porres, al oeste de la ciudad, se ha construido un conjunto de 111 viviendas de promoción pública proyectadas y dirigidas por los arquitectos Margarita García del Castillo, Alberto Pérez Patada y Alberto Ibáñez Bollada. La elección del lugar es el final de un largo y conflictivo camino para encontrar una ubicación para las viviendas que servirían de alojamiento a los vecinos de la Barriada del padre Ayala. Desechada la posibilidad de construir en los terrenos situados frente a la Barriada por razones diversas se opta por la ubicación de un número importante de viviendas en estos terrenos (el resto se ubica en la Barriada de la Granja). El proyecto redactado en junio de 1992 y ejecutado en estos años verá finalizado su proceso constructivo en los próximos días cuando se ocupen definitivamente por sus usuarios que son los que en definitiva llenen de sentido cualquier actuación arquitectónica. La obra ha sido gestionada y financiada por la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha.

Como proyecto de viviendas de protección oficial el primer objetivo de la construcción es el de resolver, de la manera más adecuada, la organización de un importante grupo de viviendas en condiciones óptimas en cuanto a superficies, distribuciones y presupuestos prefijados por la administración. Y la propuesta supone una apuesta positiva por soluciones no convencionales y que permiten una riqueza, de posibilidades formales y de condiciones de vida. Dado que se trata de una zona calificada por el Plan General de Ordenación Urbana como bloque de baja densidad se opta por una solución que utiliza la planta baja para viviendas de cuatro dormitorios y en la planta alta y bajo cubierta ubica viviendas de tres dormitorios organizadas en dúplex. Ello permite una primera solución de organización interesante en este tipo de viviendas como es la solución del dúplex dejando salón y cocina en planta baja y llevando los dormitorios a una planta superior independiente. Por otra parte, se ha optado por una organización de bloque en el que todas las habitaciones son exteriores con iluminación y soleamiento directo logrando así unas buenas condiciones de confort en la vivienda. Desde los planteamientos estrictamente funcionales se resuelven correctamente los requerimientos del programa apostando por soluciones nuevas y con unos buenos condicionantes en cuanto, a los materiales de construcción (aluminio lacado en carpintería exteriores, pavimento microchina en interiores por ejemplo) y especialmente en cuanto a las condiciones de diseño (accesos, iluminación, soleamiento ...).



Imagen de la construcción de la barriada en 1994



El proyecto que surge básicamente desde el planteamiento funcional se genera a partir de un módulo que tiene una vivienda de cuatro dormitorios en planta primera y dos dúplex de tres dormitorios en planta segunda y tercera (bajo cubierta). Este módulo se orienta de forma que se fachada más agradable sea la definitiva, por las zonas de estar comedor y dormitorio principal llevando a la otra fachada el resto de las habitaciones.

Si el proyecto resuelve los problemas básicos funcionales del programa requerido; dado el importante número de viviendas que realiza, plantea también la definición de la ciudad. La parcela de más de 14.000 metros cuadrados se sitúa entre los barrios de Pío XII y el de Santa María en una zona de borde urbano. Se decide la creación de una línea compacta en la Ronda futura con la ubicación de bloques ortogonales a esta línea con una calle central, resolviendo el encuentro oblicuo con la calle Camino del Campillo con los accesos singulares de viviendas de dos dormitorios. El conjunto. toma la forma de los límites urbanos existentes o previstos en el futuro generando en su interior espacios de acceso y estancia propios del conjunto de las viviendas y definiendo así un fragmento de la ciudad.

 

Las llaves de la barriada fueron entregadas en 1995



El conjunto arquitectónico y urbano surge desde la definición básica del módulo de viviendas. Es el único básico del módulo elegido como tipo de ordenación funcional en planta y en altura el que se repite con variaciones para generar la realidad del conjunto urbano.

La imagen formal de unidad, la creación de una idea urbana surgida de la arquitectura se genera con elementos añadidos que refuerzan la intencionalidad de conjunto. Y ello se consigue con la utilización de recursos muy diversos. El primero de ellos es el modo de la propia agregación que genera simetrías y composiciones globales que refuerzan esa imagen global. El segundo, es la utilización de las estructuras lineales que, en la fachada principal pasan por delante del cuerpo bajo realizado en ladrillo visto, a modo de soportales, y en la posterior continúan el volumen hasta la línea de la segunda planta sobresaliendo, en este caso, del zócalo de ladrillo visto continuo. Se crea así, a la vez, una imagen de unidad conjunta y de complejidad, de volúmenes y formas que constituye, uno de los aciertos del proyecto. Esta idea de unidad dentro de la complejidad está reforzada por el uso de materiales, colores y texturas diferentes. Un cuerpo bajo realizado en fábrica de ladrillo visto, a modo de zócalo de la construido como base sólida y compacta. Sobre él un cuerpo tratado en revestimiento monocapa color ocre que se adelanta o retranquea respecto del anterior contrastando y diferenciándose. Como elemento intercalado, las formas curvas que cierran lateralmente la caja de escaleras recubiertas de gresite color azul niebla. Y por último, como remate del edificio, repitiendo una línea de uniformidad que unifica e identifica el conjunto la cubierta realizada en teja plana vitrificada de color azul.


La Barriada de la Virgen de la Cabeza acogió a parte de los vecinos de la desaparecida Barriada del Padre Ayala


El color con el contraste de los materiales y texturas pardos y mates del ladrillo y del revestimiento monocapa Y de los materiales brillantes azul violáceos es una de las características singulares del proyecto que posee así unas señas de identidad propias y específicas desde la personalidad del propio proyecto como reflejo de sus autores. (La poética personal aparece de nuevo en el número simbólico - el 111- revestido de gresite azul niebla con cubierta en color azul Moneo).

Las buenas soluciones de organización, distribución y funcionalidad de las viviendas, la creación de un fragmento urbano cualificado y la poética personal presente en el conjunto son aportaciones eminentemente positivas a un proyecto que realiza un importante servicio social definiendo y creando una ciudad agradable y amable. La presencia de nuevos espacios próximos y la estructura urbana cercana deben contribuir a crear en el futuro ciudad y potenciada desde el fragmento construido.


Diego Peris Sánchez, diario “Lanza”, jueves 13 de julio de 1995


 
La Barriada de la Virgen de la Cabeza esta formada por las calles San Martin de Porres, Ábrego,  Mistral y Tramontana


sábado, 5 de noviembre de 2022

LAS LLAVES DE LA BARRIADA SANTA MARÍA DEL PRADO FUERON ENTREGADAS EL SÁBADO 5 DE ENERO DE 1957

 




A mediodía ha tenido lugar la bendición de un grupo de 150 casas, de tipo social, construido por la Obra Sindical del Hogar, en las inmediaciones del campo de deportes de Educación y Descanso, oficiando el Excmo. y Rvdmo. Señor Obispo Prior de las Ordenes Militares. El acto fue presidido por el Excmo. Sr. Gobernador Civil y Jefe Provincial del Movimiento señor Utrera; delegado provincial de Sindicatos, señor Calero; presidente de la Diputación, señor Aliseda; alcalde de la capital, señor Ballester; y otras autoridades y jerarquías asistiendo al mismo la totalidad de los beneficiarios y numeroso público.

Después de la bendición las autoridades y beneficiarios recorrieron las calles del grupo, pasando al interior de algunas viviendas. Luego se trasladaron a la Casa Sindical, en cuyo salón de actos se hizo entrega de las llaves de las casas, previas palabras del delegado sindical y del gobierno civil.





Las casas inauguradas constan de tres dormitorios, cocina, comedor sala de estar, servicios y un pequeño patio. Se han adjudicados a familias trabajadoras, con lo que en la capital se ha resuelto en gran parte el problema de la vivienda de nuestra clase productora.

Esta tarde, a las tres y media, tuvo lugar la entrega por los Reyes Magos de juguetes a los niños de estos beneficiados, juguetes que son costeados por la delegación Sindical

Diario “Lanza”, sábado 5 de enero de 1957




viernes, 4 de noviembre de 2022

LA BARRIADA DE ALARCOS O DE “LA PESETA”

 



La barrida de Alarcos, conocida popularmente como barriada de “La Peseta”, porque el metro cuadro para su construcción se vendía a una peseta en sus orígenes, se encuentra junto al Camino Viejo de Alarcos, y nació en 1935 cuando el ayuntamiento concedió 15 licencias de construcción. Esta formado por las calles Albalá y Piélago.

Las imágenes que traigo hoy al blog, pertenecen a una vista aérea del año 1956, cuando todavía no existía la barriada de Pío XII. En esta toma podemos ver como los vecinos que habitaban en esta barriada, andaban por sendas que trazaban todos los días en los descampados para ir a trabajar o a comprar por el lugar más fácil.



jueves, 3 de noviembre de 2022

LAS PRIMERAS VIVIENDAS DE LA BARRIADA DE LA GRANJA FUERON ENTREGADAS EN 1987

 



El viernes 20 de noviembre de 1987, el presidente de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, José Bono, hizo entrega de 136 viviendas de promoción pública en la barriada de La Granja. En el acto de entrega de las viviendas, el presidente de la Junta estuvo acompañado por el alcalde de Ciudad Real, Lorenzo Selas, y diversas autoridades. Estas viviendas se verían ampliadas en otras 294, que se encontraban en construcción por parte de la Consejería de Política Territorial.

Las 136 viviendas son de diversos tipos, existiendo de una habitación, dos, tres o cuatro, siendo estas últimas un total de 24. El coste total de toda la urbanización ascendió a más de 1.300 millones de pesetas y el coste de estas viviendas se elevó a 331 millones.



miércoles, 2 de noviembre de 2022

EL CEMENTERIO DE CIUDAD REAL EN BLANCO Y NEGRO

 



Hoy festividad de los Santos Difuntos, traigo al blog unas imágenes del cementerio de Ciudad Real en blanco y negro, que fueron captadas en el año 2018 por Luis Fernando Caballero Jurado y que tiene publicadas en su página de Facebook.

 






























martes, 1 de noviembre de 2022

EL BAJORRELIEVE “TRIUNFO DE LA MUERTE” EN EL CEMENTERIO DE CIUDAD REAL

 



En el cementerio de Ciudad Real, en el panteón de la familia Martín López-Salazar, existe un bajorrelieve en granito y mármol del año 1924, obra del escultor Jerónimo López-Salazar Martínez.

Esta obra mereció los elogios de la crítica y del público en los círculos artísticos madrileños y fue reproducida en las páginas de la Gaceta de Bellas Artes de la Asociación de Pintores y Escultores de Madrid. Obtuvo el segundo premio en la Exposición Artística Provincial, celebrada en agosto de 1935 en Ciudad Real. Fue un encargo de Eduardo Martín Moreno, hijo y nieto de banqueros, que siempre prefirió utilizar el segundo apellido paterno, Moreno, con el que se veía más identificado con la saga de financieros familiares. Su madre se llamaba Teodora López-Salazar.

En un reportaje firmado por Pedro Barragán en El Pueblo Manchego, este escribe que esta obra iba destinada a la tumba de una dama de Daimiel, fallecida algunos años antes, cuyos restos fueron trasladados a Ciudad Real a la tumba del banquero por las referidas fechas. A la misma obra se refirió Ramón Yubero en otro artículo del mismo diario y se congratulaba que lo hubiera adquirido Eduardo Martín Moreno.

 



En este relieve se funden varios movimientos coetáneos del siglo XX: el modernismo, el expresionismo, el simbolismo e incluso tiene algunas connotaciones del vanguardista art déco en la fecha tan temprana en la que se firma la obra. Está impregnado de fuerte acento modernista en el interminable alargamiento de la figura central. Es a su vez simbolista por el patetismo que provoca la efigie hierática de La Muerte, además de la composición cerrada de la escena, en clara alusión a que el último destino de los humanos es ineludible y nadie escapa. Los cuerpos desnudos son de alto valor evocativo y simbólico, pues indican cómo llegan y se van los humanos del mundo: sin nada. Este bajorrelieve trasmite el desasosiego y la angustia, provocados por la presencia gigantesca de la figura de La Muerte y nos remite al expresionismo. Hay un claro concepto de contemporaneidad de la obra en la época que la hizo (1924) pues, a los referidos movimientos descritos, hay que sumar el art déco aludido en los surcos geométricos de la larguísima capa, propios de la estética de este movimiento. El art decó fue un estilo ecléctico que mezclaba en sus planteamientos varias tendencias a la vez, entre ellas, la geométrica y la egipcia, debido al gran impacto producido por el descubrimiento de la tumba de Tutankamón en 1922 y que fue determinante en la ornamentación de este estilo. Además, las ideas funerarias de los egipcios estarían muy acordes con la temática de esta placa, dedicada a La Muerte y por la perspectiva jerárquica de la gran protagonista de este inquietante relieve.

La efigie de La Muerte causa profunda impresión, es sumamente estilizada y aparece en el centro de la obra. Bajo su figura encapada se intuye un esqueleto altísimo, del que tan solo sobresale la tétrica calavera, cubierta con la capucha, que va unida a la túnica interminable, de la que solo sobresalen los huesos alargados de las manos con los que sostiene la afilada guadaña con la que sale a capturar a sus víctimas. La otra mano está hacia abajo, sin nada, simbólicamente abierta al vacío.

 



Se suman al relieve siete figuras. Todas están esculpidas con gran veracidad expresiva, hábilmente repartidas sobre el plano, en posiciones ponderadas para equilibrar y contraponer las masas: son cuatro desnudos masculinos y tres femeninos; en todos ellos se acusa gran tensión muscular, pues se enfrentan al momento trascendente del final de la vida y, de uno en uno, van sucumbiendo de manera ralentizada ante Ella, que los tiene señalados, como presas inmediatas.

Son estudios anatómicos en diversas posiciones, pictóricos y escultóricos a la vez, opulentos y delicados, de escorzos acusados y musculaturas robustas, que se revelan o resignan ante su destino ineludible en su lucha desigual. López-Salazar conoce bien el desnudo y su tratamiento por los clásicos, el dramatismo de los escultores helenísticos y renacentistas, e incluso hay en esta obra recuerdos manieristas, tanto por la inestabilidad de los cuerpos, como en los forzados escorzos o en los excesivos alargamientos de las figuras en este bajorrelieve.

Distribuye los cuerpos en dos agrupamientos, de simétrica composición formada por tres cuerpos en cada lado del eje central, más otra figura que sitúa en el centro, bajo la angustiosa silueta de La Muerte. Se trata de un desnudo masculino, que ya abandonado el mundo de los vivos, que, a modo de trofeo de caza, yace bajo sus pies, y junto a la tétrica protagonista son el eje distributivo de la obra. Esta figura pertenece a un adulto atlético, de vigoroso tórax y musculatura muy trabajada y tensa. Rompe la monotonía de su horizontalidad por el triángulo formado con su pierna derecha. Otro triangulo está dispuesto a la inversa, entre el hombro, clavícula y cuello, punto direccional para marcar su cabeza, hincada en el suelo.





En el lado izquierdo aparece otro cuerpo masculino, que encarna la representación más trágica de todas, pues La Muerte le ha alcanzado con el filo de la guadaña y le ha diseccionado el abdomen en dos, en el mismo instante que acontece la terrible escena. Se trata de una figura bellísima de gran veracidad expresiva con los pliegues de la piel y los músculos tensos y muy trabajados. Cae de rodillas, e intenta sujetarse a un suelo que no alcanza con los brazos apoyados detrás del cuerpo y sucumbe con las palmas de las manos hacia arriba en un gesto instintivo y dramático por sobrevivir. La angustia que transmite al espectador es de fuerte acento expresionista.

Junto a ella, sitúa a una pareja, el desnudo femenino aparece en posición muy forzada, apoya la cabeza en su hombro, que descansa en la pierna del hombre. Sin resistencia, ni lucha, dirige su última mirada al mundo con los ojos entreabiertos, antes de cerrarlos para siempre en el sueño eterno. Se va escurriendo lentamente hacia el suelo, aunque intenta todavía sujetarse a la mano de su amado, que se separa dramáticamente entre sus dedos. Las fuerzas le abandonan, una de sus piernas ya ha caído al suelo, mientras la otra aún aparece erguida por la rodilla. Detrás de ella, su compañero, aún en pie, en postura muy forzada y entre escorzos manieristas, se resigna ante el destino inmediato y su silueta incluso se amolda a la ley del marco en el plano de la obra.

En el otro lado del relieve se palpa la misma angustia, junto a la cabeza del personaje central yacente, aparece un desnudo femenino sentado en el suelo, que se enfrenta al final en soledad. Es consciente de su tragedia y desolada, cubre el rostro con uno de sus brazos, en un gesto instintivo de búsqueda de consuelo para mitigar su dolor. El otro brazo forma una diagonal desde su hombro hasta la rodilla, doblada en el suelo. Junto a ella, aparece otra pareja, que forma simetría compositiva en la del lado opuesto.

 



En esta zona, el desnudo masculino, con los ojos marcados por el terror, es el primero que cae a tierra y marca con su figura la diagonal, representativa de la tragedia, desde su pie hasta el brazo opuesto en vertical. Tiene una postura rígida y violenta. El otro brazo lo dobla por detrás de su cabeza, en un gesto de rebeldía, ante el ineludible destino inmediato. Sus ademanes parecen querer atenuar el gran desasosiego que invade su cuerpo doliente. Su compañera intenta sujetarlo en vano, la mujer aparece de puntillas, como si tratara de sujetar unos segundos más el cuerpo de su pareja que se le escapa eternamente de su lado.

La composición es muy potente, aunque el resultado final sea de ponderada sobriedad, pues todo es opresión, angustia, tensión y esfuerzo. El escultor sigue su tendencia irreprimible a la acentuación del valor muscular y se centra en la suavidad de las masas compositivas y de las formas flexible y ondulantes. Profundiza en los estudios anatómicos de las diversas posiciones y en los gestos expresivos y dramáticos de las figuras representadas. Son siete desnudos en la edad adulta, siete figuras nobles, torturadas, tensas, tristes y emotivas, que mantienen líneas movidas, rítmicas y expresivas. Son cuerpos alargados y musculosos que se van entregando, de uno en uno, ante la gigantesca y alargada silueta de La Muerte, que alcanza a todos y que la reciben de distinta manera: resistiéndose, agitándose o resignándose, extenuados y abatidos en esa batalla perdida. López-Salazar los esculpe en diversas posiciones; unos aún conservan el vigor muscular y los otros ya han sucumbido y han abandonado la vida. En las dos esquinas ha dispuesto dos parejas simétricas, que ponderan y equilibran visualmente las masas, a la vez que encuadran la obra.

El escultor hace este relieve sin estridencias ni violencias decorativas, sino centrándose en lo esencial. Lo resuelve con pocos planos, pero muy enérgicos y expresivos, y su acierto visual radica en que trae a todos sus integrantes en un único plano sin perspectiva y esto le otorga actualidad y un sentido contemporáneo a la composición. Salvo la figura de “la fatal protagonista”, el artista omite jerarquías entre unos y otros en el resto de los personajes, en clara alusión a que la muerte iguala a todos. Esta obra representa un movimiento ralentizado de las formas humanas que se estremecen y se acerca a interpretaciones filosóficas, pues representa a la vez el misticismo y la paganía. Es un relieve angustioso que nos hace meditar sobre el último acto humano, pues la muerte forma parte de la vida.




Jerónimo se enfrentó con soltura a la escultura grupal, pues supone la dificultad de coordinar varias figuras en el mismo plano; el relieve está bien resuelto, tanto en la ponderación de las masas, como en el delicado y rítmico juego de líneas con las que consigue un perfecto equilibrio. Da la sensación de haber cierta iluminación pictórica en la obra, pues la luz se difumina para penetrar sobre el plano, potenciada por la suavidad del modelado de un bajorrelieve muy plano, además, con la combinación de la piedra y el granito, consigue calidades que difuminan los contornos de la obra y que llevan a intuir cierto cromatismo.

Las piedras duras ayudan a la brillantez del acabado final y a conseguir todos los recursos de calidad y plasticidad que estos materiales ofrecen. El escultor conoce bien todas las posibilidades que le prestan el granito y el mármol, además de dominar los medios técnicos con los que puede obtener matices gráficos y efectos pictóricos en la ejecución de la obra, a lo que hay que sumar, su capacidad creativa al distribuir unas terminaciones sin pulir con otras lisas. Estas combinaciones lumínicas en las texturas de la piedra, más la blancura helada y cristalina del mármol, potenciarían la sensación de la frialdad de la muerte, muy adecuada, en un panteón funerario.

 

Texto: Carmen López-Salazar Pérez “El Escultor López-Salazar”. Biblioteca de Autores Manchegos. Diputación de Ciudad Real