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sábado, 14 de octubre de 2023

¿SILLARES DEL ANTIGUO CONVENTO DE LOS DOMINICOS?

 



En el mes de abril de 2022, comenzaban las obras de rehabilitación de la Plaza de Toros de Ciudad Real, que parece están a punto de concluir. La Plaza de Toros de nuestra ciudad, es una construcción a base de piedra, mampostería, tapial y madera, que fue inaugurada en 1843.




Para la construcción de la plaza se empleó piedra procedente del demolido convento de los dominicos, en el Compás de Santo Domingo, y piedra extraída de la cantera peña del Pizón, en Picón, e incluso hay quien asegura, que se utilizó piedra de la desaparecida muralla. 




Durante las obras de rehabilitación de la Plaza de Toros, y con la eliminación de la antigua casa del conserje, y la apertura de una calle peatonal que se comunica con la calle Esperanza, han aparecido piedras de sillares que se han dejado como elemento decorativo en la calle peatonal.




Estaría bien que se estudiara la procedencia de estas piedras, ya que posiblemente pudieran ser del antiguo convento de los dominicos de nuestra ciudad, que se establecieron en Ciudad Real sobre la Sinagoga Mayor Judía, que con motivo de las persecuciones que habían ocurrido en 1391 fue convertida en iglesia bajo la advocación de San Juan Bautista.



viernes, 13 de octubre de 2023

LOS RUIZ, LA FAMILIA DE HOSTELEROS MÁS ANTIGUA DE CIUDAD REAL

 

Taberna “El Diente” en la calle de la Luz



“La Máquina del Tiempo” de Hoy por Hoy Ciudad Real ha hablado con quien representa, la hasta ahora, última generación de una familia dedicada a la hostelería que es, con toda probabilidad, la más antigua en Ciudad Real, Pablo Ruiz, a quien todos en Ciudad Real conocen como “Pablito”.


En 1973 abrió sus puertas “Los Llanos” en la calle Toledo



Hasta dónde llega el conocimiento y la memoria familiar, en los años 20 su bisabuelo regentaba el Bar Pacífico. Estaba en la Plazuela de Santiago. "Allí tenían solo cuatro mesas y la gente iba a por vino por litros. Hacían vino, pero también brandy, anís, mistela, porque entonces se demandaba lo casero", recuerda.

 

Fotografía familiar de los Ruiz en Los Llanos de la calle Toledo



La tradición la continuó el abuelo quien junto a su hermano montaron la taberna “El Diente”, en la calle Luz, donde estuvieron entre los años 1940 hasta 1975. La llamaban 'la casa de cultura' porque según contaba su abuela era el lugar donde se solían congregar los ciudadrealeños de la época que juntaban allí la comida que llevaban de casa. "Lo que podían, porque apenas había trabajo. Solían poner de tapa cacahuetes y aceitunas". Taberna que llegó a conocer en los últimos años. Él era un niño, pero todavía recuerda el olor a humedad del lugar, ya que estaba en una cueva.


Los Llanos han cumplido en el presente año 2023 su cincuenta aniversario

 


Con la ayuda del abuelo y su tío, fue el padre de 'Pablito' quien montó el restaurante Oasis, en la calle Esperanza. "Fue un 'boom' en Ciudad Real, iba muchísima gente". Entonces se anunciaban como 'restaurant', porque se quería trasladar que era de gran nivel". Un negocio que, junto a la familia, sacaron adelante con mucho esfuerzo y lucha sus padres, Amelia y Pablo de los Llanos, "toda una institución en Ciudad Real". Hoy, emocionado, destaca el gran orgullo que siente por ellos.

Él regenta en la actualidad el Restaurante Los LLanos. En un par de años piensa retirarse y pasar el testigo.

Fuente: https://cadenaser.com/2022/02/17/los-ruiz-la-familia-de-hosteleros-mas-antigua-de-ciudad-real/

 



jueves, 12 de octubre de 2023

LA GUARDIA CIVIL EL DÍA DE LA VIRGEN DEL PILAR

 



La 204 Comandancia de la Guardia Civil celebró diversos cultos y festejos en honor de su Patrona la Virgen del Pilar, que culminaron con una Misa en el altar mayor de la iglesia San Pedro Apóstol, al final de cuyo acto desfilaron las fuerzas ante las autoridades que habían presidido el acto religioso.

Boletín de Información Municipal Nº 22, 1 de diciembre de 1966




miércoles, 11 de octubre de 2023

CUANDO LOS BARES ERAN LA MEJOR RED SOCIAL

 

Taberna de “Paco Carrión” en la denominada entonces, Plaza del Generalísimo, hoy Plaza Mayor



En todas las ciudades y pueblos de España hubo, hay y habrá bares, tabernas y cafés de referencia obligada en los que participar en una tertulia, tomar un café charlando con amigos, pasar el tiempo en invierno con un juego de mesa, …. Siempre han sido lugares en los que se tejían redes de verdadera amistad, cultura, debate y aprendizaje.

Los más veteranos de Ciudad Real lamentan que ya no quede ninguno de esos lugares que fueron de culto. Quizá entre los más vetustos se pueda hacer referencia al bar “España” que mantiene el nombre, aunque años atrás fue algo más espacioso.

Distintas fuentes consultadas por este diario coinciden al advertir que el único lugar de tertulias políticas, si lo hubiere, era el antiguo casino de Ciudad Real, “con una extraordinaria biblioteca y extensos salones”, nos dicen. No era un lugar popular ya que solo podían acudir los socios. Tras su desaparición como tal pasó a convertirse en conservatorio. Hoy es lugar de conferencias y exposiciones.

Ciudad Real nunca se caracterizó por contar con un lugar de cita política o literaria como tal. En los años 40 y 50 el “que más y el que menos evitaba hablar de política en los bares” nos aseguran. Lo que sí se dio por aquellos años en esta ciudad fueron los bares, las tabernas y los despachos de vino. A este respecto cabe mencionar el ya citado bar “España”, el único que ha sobrevivido con el mismo nombre. De la misma época se recuerdan “Los Faroles”, “El Ideal”, en el que se frecuentaban las partidas de dominó; el bar “Garrido” o el llamado “Noche y día”, en las inmediaciones de la antigua estación de tren y que frecuentaban los más noctámbulos.


“Bar Ideal” en la calle General Aguilera



Las mejores cañas

Dicen los más veteranos que las mejores cañas las servían en “El Trini”, cuando estaba enfrente del actual hotel Alfonso X, y que las mejores tapas eran las gambas a la plancha que ponían en casa “Culo-Lana” en el callejón de las Monjas.

Aquellos bares de la posguerra y de los años de la dictadura franquista no eran frecuentados por mujeres. Ellas cuando salían solían ir a bailar con su pareja al “Salón X” en invierno, y en verano a la pista que se habilitaba en la Ferroviaria.

Además de las tabernas y los bares, en Ciudad Real eran muy frecuentes los conocidos como “despachos de vino” lugares comunes en La Mancha en los que se elaboraba el vino y se vendía a granel o en chatos. Así era en “Villalobos”, unos bodegueros de Villarrubia, instalados aquí.

 

En la calle Alarcos se encontraba el bar “La Campana”



Junto a todos ellos mención especial merece la taberna de “Paco Carrión”, ubicada en la denominada entonces, Plaza del Generalísimo, hoy Plaza Mayor. Lugar emblemático donde los haya en el que el dueño amenizaba las jornadas a los clientes con su guitarra. Esta taberna estaba en los “portales tristes”, llamados así porque eran los soportales por los que menos gente transitaba.  En la misma línea estaba la taberna del “Niño Gloria” que cumplía las mismas características y que esteba enfrente del actual “Acuario”.

El bar “Los Llanos”, “La Campana” en la calle Alarcos, o el “Prado”, frente a los jardines del Prado eran también de los más frecuentados en días de fiesta. Tal es el caso del cafetín de “San Pedro”, el bar “Salivilla” o “Granito de Oro”.

Cuentan que el bar “Alañón” era el visitado por las tropas de “alto rango”. En lo que no había rangos era en la elección de la bebida: el vino de la tierra, tinto o blanco era el rey de las barras.

Fuente: https://www.lanzadigital.com/provincia/cuando-los-bares-eran-la-mejor-red-social/


“Los Faroles” en la Plaza del Pilar


martes, 10 de octubre de 2023

UN MONUMENTO A SANTO TOMÁS DE VILLANUEVA EN NUESTRA CAPITAL

 

Imagen de Santo Tomás de Villanueva que preside el retablo a su llegada a Ciudad Real en 1956 obra de los escultores valencianos José María Rausell Montañana y Francisco Llorens Ferrer

 


El próximo domingo, día veintitrés, tendrá lugar la solemne bendición, por el Excmo. y Rvdmo. Sr. Obispo, del retablo e imagen dedicados a Santo Tomás de Villanueva, en la Santa Iglesia Prioral.

Hemos ido a la Catedral con el fin de ver esta obra, que en verdad se la puede dominar maravillosa. Se trata de un auténtico monumento en el que el arte se conjuga con el buen gusto, para lograr un todo armónico y grandioso, que admira a quien lo visita, y que es digno del primer templo de la provincia por todos sentidos. Fruto de los desvelos de un hombre que su intenso amor por el gran Santo manchego, y con enorme sacrificio, y con enorme sacrificio, ha logrado su consecución; de un hombre conocido y querido por todos nosotros: el Ilmo. señor deán de la S.I.P. don José Jiménez Manzanares que ha sido, no solamente el percusor y mantenedor de la misma, sino que la ha costeado a sus expensas.

El retablo lo ha construido el afamado artista sevillano don Carlos Bravo Nogales, el cual, aprovechando su estancia aquí, hemos entrevistado, obteniendo las respuestas siguientes:

-¿…?

-Vengo dedicándome a estos trabajos de arte religioso desde hace unos diez y ocho años.

-¿…?

-Mi profesión comprende todo lo relacionado con la imaginería y ornamentación religiosa y durante este tiempo ha producido multitud de obras para todas las provincias españolas.


Imagen del retablo  publicada en el diario Lanza el sábado 22 de septiembre de 1956



-¿…?

-En esta de Ciudad Real, llevo hechos cinco retablos entre los pueblos de Torralba, Carrión, Moral de Calatrava, Membrilla, y ahora la capital.

 -¿…?

-El dedicado a Santo Tomás de Villanueva, es de madera tallada, con panes de oro fino, todo el trabajo de artesanía con personal especializado: carpinteros, tallistas, doradores, etc. Mide diez metros de alto por más de cuatro de ancho.

-¿…?

-Opino, efectivamente, que el estilo barroco (el que tratamos pertenece precisamente al barroco renacentista) encierra, más riqueza, más trabajo y arte que ningún otro, sin que por ello crea que el moderno estilo no tenga valor alguno, aunque si afirmo, es que siempre se inspira en los motivos clásicos.

-¿…?

-Este trabajo me lo encargó el señor Deán de la Catedral, hace aproximadamente un año, con motivo de la celebración del centenario de la muerta de Santo Tomás de Villanueva.

-¿…?

-Desde luego, estoy muy satisfecho y contento de esta provincia y con grandes deseos de seguir trabajando para los manchegos.

Bastante más difícil nos ha sido la entrevista con el señor deán. Don José, tan modesto como siempre, ha procurado “escurrir el bulto”, como vulgarmente se dice, y casi hemos tenido que “cazarlo” por sorpresa. De todas formas, y sabiendo que no había más remedio, ingenua y sinceramente nos ha dicho lo siguiente: 


El imaginero autor del retablo Carlos Bravo Nogales tallando María Auxiliadora de La Palma del Condado



Me encuentro altamente satisfecho de que haya llegado a término la erección de esta obra, que regula un monumento de arte y religiosidad el que hoy se eleva en la Catedral. Surgió en mi propósito con ocasión del IV Centenario de Santo Tomás de Villanueva (de cuya Junta Diocesana es Presidente) y me ha embargado durante todo este año, anhelando su realización como un homenaje de devoción y de entusiasmo por Santo Tomás, de cariño a la Catedral y de encendido afecto a la región manchega y a sus valores de todo orden, entre los que descuella, de forma principalísima, la gran figura del Padre de los Pobres”.

Nada más y nada menos nos habló don José Jiménez Manzanares, hijo de la Mancha, sacerdote ejemplar, hombre cultísimo y, sobre todo, enamorado de su tierra, nos hizo pensar y pensar profundamente, hondamente, y hasta con un poco de pena, en como este monumento de la Catedral no tiene ya su homónimo en uno de nuestros jardines más bellos, en una de nuestras plazas más céntricas (la  del Instituto que está bajo la advocación del Santo); en que nuestra capital, representativa de toda la provincia, abunda en grandes hombres, como el que tratamos y sin embargo, carece de esa estatua, de ese grupo escultórico que se hace cada vez más necesario, que, no solamente pudiera cubrir una necesidad urbanística -muy necesaria-, sino una necesidad espiritual sentida de verdad por todos. Esperamos que las autoridades llegarán en breve a convertir en realidad este anhelo y sabemos que sienten en su corazón toda la transcendencia que para nosotros reviste y tiene Santo Tomás de Villanueva.

O. R. Diario “Lanza”, sábado 22 de septiembre de 1956


Monseñor D. José Jiménez Manzanares fue Deán de la Catedral y donante del retablo de los Santos Manchegos de la Capilla del Santísimo de nuestra Catedral


lunes, 9 de octubre de 2023

HACE MÁS DE CUARENTA AÑOS… (III Y ÚLTIMO)

 

“Granito de Oro” en la calle Libertad en los años cincuenta del pasado siglo



Alguna de esas tabernas desapareció antes; pero otras, como "Alañón" o su próxima "Jara" forman parte de la experiencia de gentes maduras, no necesariamente viejas. Y ello, por no hablar de la mítica taberna "Grano de Oro" que conservó hasta el final el aire aflamencado de su dueño, que con tal nombre anduvo por el mundo de los toros como novillero y banderillero y que, como la taberna de "Paco", hoy también desplazada de la Plaza Mayor, conoció de postreras, "puestas de moda" por parte de jóvenes que quisieron ser bohemios.


kiosco “Mari Flor” situado al final del Parque de Gasset en 1951



El parque conoció en el año cincuenta la presencia de dos kioscos de imborrable memoria. El uno, pese a su nombre de "Mary Flor", fue más conocido como "El Tropezón", supongo que porque allí se tropezaba en el habitual paseo en el parque o en el comienzo de la carretera de Puertollano. Su barra y terraza resultaban especialmente atractivas en las soleadas tardes de invierno, y en las mañanas y noches de verano. Parece ser que su desaparición se debió a la extinción de la concesión administrativa que le permitió en su día establecerse junto a la Cruz de los Casados. Pero, para muchas generaciones, el paso por allí nos sigue resultando extraño, porque echamos en falta algo. Lo echamos de "menos como el toque estético del otro kiosco de la entrada, el de Manolo Portillo, que perdió encanto en su sustitución por otro más grande, pero menos adaptado al entorno, y que ahora ha consumado su transformación de heladería o churrería (lo que no está ni bien ni mal) y de kiosco o, barracón (lo que está rematadamente mal).


El kiosco “Manolo” se encontraba al inicio del Parque de Gasset



Aunque para los de mi generación, para los que en el año cincuenta nuestra poca edad nos mantenía apartados de la práctica del chateo, no deja de estremecernos la imagen de esa antigua y humilde fábrica de sifones y gaseosas, tan parecida a las que hubo en el Prado o en la calle Montesa; en los que la chiquillería de entonces hacíamos cola en las calurosas tardes dominicales de verano para obsequiarnos con un botellín de gaseosa, a veces compartido, cuyo sabor y agradable cosquilleó en la nariz es difícil de olvidar. Y es que en el año cincuenta, para un chico normal, una pequeña gaseosa o incluso media, bebida en el fragor de su fabricación, podía constituir todo un festejo.

D. L.  SANCHEZ MIRAS. DIARIO “LANZA”, EXTRA FERIA DE CIUDAD REAL AGOSTO 1993





domingo, 8 de octubre de 2023

HACE MÁS DE CUARENTA AÑOS… (II)

 

Los Candiles se encontraba en la Plaza Mayor



Podía ser un buen lugar en el que recalcar en el periplo del "chateo" el bar "Los Candiles" de la Plaza Mayor. Desde su antigua imagen, una niña vestida con el negro uniforme coronado por un cuello de celuloide blanco, que pregona su condición de alumna del Colegio de "San José", pone una nota ingenua en la imagen de estos locales casi exclusivamente reservados a hombres. Cuando el dueño de este bar cuya antigua andadura por el mundo del automóvil debió justificar su sobrenombre de "válvula"- se decidió a trasladarlo a su actual ubicación en el parque, perdió su condición de "estación", de parada en el circuito del chateo para convertirse en otra cosa. Lo que no ha ocurrido con "Los Faroles", que con la castiza calificación de "colmao", sigue fiel a su primitiva localización y estilo.


Interior de Los Candiles en 1952



Nunca fue la barra del desaparecido Casino lugar propicio pura la práctica del chateo. Se reservaba para consumiciones más elegantes y, en cualquier caso, como la intendencia de sus salones, reservados a sus socios y familiares en los que cuando no había bailes (por supuesto "de sociedad") el único sonido que se imponía al suave rumor de las tertulias era la música clásica, pero sin complicaciones, que interpretaba con brillantez al piano el asténico "Maestro Bermúdez", porque el chasquido de las fichas, enérgicamente colocadas en el mármol de las mesas, quedaba amortiguada por el deliberado confinamiento del "salón de dominio". En la fotografía, fuera de la barra, los camareros empleados del Casino. Uno al menos, se jubiló como tal, y con tan gran acomodo a su función, que en los largos periplos bandeja en mano, de ida o vuelta a las mesas, aliviaba alguna consumición con un disimulo no siempre coronado por el éxito.


Camareros y barra del antiguo Casino



Para el noctámbulo, o simplemente trasnochador, nada mejor que el "Bar Cascorro". Situado frente a la antigua estación de ferrocarril en la desembocadura de la calle de Ciruela, la involuntaria complicidad de viajero aseguraba compañía de día y de noche. En caso de querer prolongar el copeo más allá de los horarios habituales se podía contar con "El Cascorro" que por eso y hasta su cierre pasó a llamarse "Noche y Día". Fue la alternativa animada y lúdica de la Fonda de la propia Estación, con su aire un tanto impersonal, repetido, a lo largo de las líneas férreas. Los cafés, bares o cervecerías no tenían la exclusiva del chateo, barras más humildes brindaban ocasión de apurar chato y conversación. A veces, esos locales obedecían a designios río estrictamente empresariales, como el de la "Peña del Deportivo Manchego", en aquella época en permanel1te y casi siempre desfavorable pugilato con el "Calvo Sotelo", y hasta la "Guardia de Franco" conoció su propio establecimiento. Pero, en general, duraban poco. Les faltaba alma, esa especial idiosincrasia que hace un local atractivo con independencia del lujo de su instalación y hasta de algunos aspectos higiénicos, y por eso nunca adquirieron la página de las más humildes tabernas y bodegas, a veces instaladas en sótanos o semisótanos en las que se podía beber el chato en la barra, la botella en la mesa, o hasta comprar el vino del día para la casa. Quizá la clientela habitual no fuera muy elegante; pero sí sencilla y entrañable; aunque no era raro ver por allí (sobre todo unos años, más tarde) estudiantes y otras gentes, desinhibidas, que iban a beber por poco dinero, para acompañar la asadura encebollada, los menudos y para mí siempre patéticos cadáveres de pajarillos fritos, o humildes patatas asadas en algún bidón de chapa convertido en rudimentario, pero efectivo hornillo.

D. L.  SANCHEZ MIRAS. DIARIO “LANZA”, EXTRA FERIA DE CIUDAD REAL AGOSTO 1993

 

El bar y pensión “Cascorro” se encontraba frente a la desaparecida estación de ferrocarril de la calle Ciruela