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sábado, 14 de noviembre de 2020

PLAZA DE AGUSTIN SALIDO

 

Vista de la Plaza de Agustín Salido en los años treinta del pasado siglo XX. Al fondo podemos ver el desaparecido Convento de las Dominicas


Se trata de un espacio abierto situado entre las calles Altagracia, Jacinto y Ángel. Posee 1.300 m2 de zona verde que  se reparten entre 510 de zona ajardinada y 790 de paseos. Su antiguo nombre hasta el siglo XIX, era de Plazuela de las Dominicas, que debía su nombre al convento de Religiosas Dominicas fundado en el S. XV que limitaba la plaza al oeste.

Su nombre actual se debe al que el ayuntamiento, en su sesión celebrada el 9 de diciembre de 1894 acordó “Que la Plazuela de Dominicas se denomine de Don Agustín Salido, colocándose a este efecto las oportunas lápidas de rotulación”. D. Agustín salido fue un gobernador civil y alcalde-corregidor de Ciudad Real del siglo XIX, natural de Almodóvar del Campo y a quien se dedicó esta plaza por haber conseguido acabar con el foco de infección de los Terreros, conjunto de lagunas que se encontraba al noreste de Ciudad Real.

En tiempos de la Segunda Republica, más concretamente, el 28 de noviembre de 1932, la plaza cambio de nombre, recibiendo el de José María de la Fuente, un sacerdote nacido en Pozuelo de Calatrava que era conocido popularmente como “el cura de los bichos”, al ser un reputado entomólogo español. Después de la Guerra Civil Española la plaza volvió a denominarse de Agustín Salido.

Desde el año 1983, la plaza está presidida por un monumento a Santa Ángela de la Cruz, fundadora de las Hermanas de la Cruz, monumento realizado por suscripción popular y realizado por Fernando López Gómez, conocido popularmente como “Kiriko”.


Vista de la Plaza de Agustín Salido desde la torre de Santiago en los años treinta del siglo XX

viernes, 13 de noviembre de 2020

LAS “PLAZUELAS” DEL BARRIO DE SANTIAGO

 

Entre dos esquinas, que angostan su salida, la Plazuela de Santiago, su vecina, se insinúa


Por  las puertas de las casas pobres y amplias de las calles de este viejo y castizo barrio de Santiago — la del Refugio, la del Lirio, la de Altagracia, la de la Estrella, la de la Luz...— aún se ven patios, cual oasis de paz y de frescura, con su pozo abundoso, y la higuera, el granado, el azufaifo o la parra sombreando geranios floridos, pericones olorosos y enredaderas viciosas, pictóricas de cucuruchos azules y recostadas en blancas paredes desconchadas.

La calle de Calatrava — ancha, larga, recta— parte en dos al más típico barrio de Ciudad Real, antes de hacerse camino llano de la llanura luminosa y lanzarse al lejano y secular castillo de Calatrava la Vieja, cargado de Historia y de historias. La metamorfosis, de calle a camino, tenía todos los honores bajo el arco triunfal, de piedras y de almenas, de la Puerta de Calatrava: «Hasta aquí fuiste calle; desde aquí serás camino...», y las murallas, fuertes y solemnes, testificaron. Un día lejano el testigo cayó. Lo sintió la calle, pero, al-fin y al cabo, ya nada le impedía sorberse la grandeza de la llanura, convertirse en ella, deleitarse viendo la alegría de la olmeda que creció al desecar los cenagosos «Terreros» a fuerza de paletadas de ' murallas vencidas, y refrescarse con el relente de la Granja Agrícola surgida de ellos. El caminito la seguía trayendo olor a tomillo y romero de la Atalaya; risotadas, riñas y cantares de las arrabaleras lavanderas del pozo de Santa Catalina ; dicharachos de los caleros a las mozas que, para poner de fiesta la fachada y el patio, compraban cal en el horno ; vaho húmedo del río Guadiana, viejo y escondido, de junto al castillo, del cual el caminito no podía traerle ya noticias de Maestres, Comendadores y mesnadas de blanca capa con cruz roja retorcida. ¿Quién se acuerda de aquella grandeza? Los murallones de la iglesia, llena de cardos recios y acerados como las oraciones antañonas de los calatravos..., un arco ruinoso..., un foso relleno y sembrado... ¡Glorias de ayer; hoy nada!

Como el camino servía de poco, decidió diluirse perezosamente en la llanura.

Algunas veces se regocijaba la calle lanzando a la Granja chicos y más chicos en fiesta del árbol, o, a torrentes, el gentío carioso que esperó una tarde, en las eras, al hombre que llegó volando a la ciudad metido en un jaulón de alambres,, que no otra cosa parecía el pobre biplano de Vedrines o de Tixier. Salvo esas alegrías de vieja cotorrona, la vida de la calle era tranquila, pobre y monótona, en sus linderos con el campo. Tranquila y pobre como sus casas del Final. Monótona, sin más aliciente diario que ver enlutadas gentes o reposados canónigos, de cruz al pecho, camino de la solitaria olmeda de los «Terreros» a pasear penas y a leer breviarios al solecito. Hoy está triste la calle de Calatrava porque la Granja está mustia, su olmeda desecha y muy lejano el santo amor al árbol que pregonaba Costa; porque al pozo de Santa Catalina no va nadie a lavar, y, lo que es peor para ella, porque le ha cortado la visión de la llanura infinita y querida una nueva muralla puesta unos metros más allá de la antigua. No es recia, arrogante y almenada la muralla de ahora; es terriza, y sobre ella corre, de vez en cuando, un antiséptico y colosal gusano, de hierros y maderas, que pita, humea y produce un ruido infernal.


La Plazuela de las monjas “Terrerras” con su vetusto convento al fondo


Las eras y las caleras se van retirando a fuerza de casuchas que las empujan. La calle se aburre y cuida, soleándolos, a los viejecitos de las Hermanitas de los Pobres. El camino polvoriento se estrecha y ahoga un poco más cada día.

Más que las calles, más que los patios empedrados y acogedores, son las «plazuelas», con su dulce soledad silenciosa y sosegada, quienes hacen apetecible el barrio de Santiago.

Plazuela de las Monjas « Terreras ».

Apartada y escondida está la cuadrada Plazuela de las Monjas «Terreras», grande y olvidada, con su vetusto convento al fondo y sus casitas muy blancas y muy pobres alrededor, y casi siempre desierta. Crece tranquila la hierba entre las piedras. Una viejecita enlutada la cruza, ligerita, haciendo ruido con su garrota y con sus ¡ayes!, para llegar a tiempo a la misa tempranera del convento. A l amanecer, el carro de labranza la cruzó también. Luego, la moza que viene de la fuente, y unos chicos medio en cueros y mocosos, y un perro. El tin-tin de la campanita desparrama, de vez en vez, la señal de los rezos monjiles. Por la tarde, una señora va de visita al Convento. La bicha con que, como aldabón, golpea la puerta bien merece la pena de acercarse a verla. Por su antigüedad y belleza podría figurar en un Museo..., ¡en ese Museo Provincial que tanto necesitamos en Ciudad Real!.... y no menos merece la pena traspasar la puerta conventual para bañarse en sedante silencio y reverberos de sol en las tapias blancas del compás dilatado y florido, con su tapiado claustro. Lo mejor que puede depararos la suerte es la contemplación de la «Porterita», como la llaman las monjas que la veneran, entrañablemente, en la portería de la clausura. Es fácil os la muestre la Madre Tornera, pues sus Cuarenta centímetros de altura bien caben en el torno. Aunque mutilada — serráronle la corona mural que sin duda tenía- y retocada, aún tiene carácter y es, seguramente, la imagen de María más antigua e interesante que hoy hay en Ciudad Real. Debía estar en la iglesia para que sirviera de admiración a todos y devoción de quien quisiera. Si gustáis del escalofrío de la emoción, visitad la Plazuela de las Monjas «Terreras» la noche de Jueves Santo. Lo sentiréis cuando se llena de luna, de luces amarillas de cera, de saetas, y Jesús pasa por ella con toda la grandeza de su Pasión. ¡Aquel Nazareno de San Pedro! Las monjitas, sobrecogidas de místicos arrobos, con sus hábitos blancos, como palomas blancas, lo ven, lento y abrumado, desde las celosías del torreón conventual. Antes de llegar a la plazuela, en la calle del Lirio, delante de pequeña y retorcida reja, cachaño Jesús parece detenerse y mirar dentro para hacer cierta la leyenda bonita de la conversión te la judía de Barrionuevo que allí situó Bernabéu, el galano poeta local hace muchos años muerto.



Plazuela de Don Agustín Salido

A un lado de esta, larga plazuela — mitad plaza polvorienta, mitad calle mal empedrada— quiere asomarse la iglesia de las Dominicas. Se empapara verla y no lo consigue. Unas pocas acacias macilentas y unos desvencijados blancos, con asimetría de boca desdentada colocados, son su único adorno. Es la plazuela menos evocadora del barrio perchelero, pero aun así y todo, en el extremo opuesto al Convento de las Dominicas nos da una de las estampas de más color de Ciudad Real.

Entre dos esquinas que angostan su salida, la plazuela de Santiago, su vecina, se insinúa. A l fondo la iglesia parroquial, recia, severa, blanqueando como nieve y pardeando de caliza y ladrillos, con su atrio cuadrado y su torre cuadrada encaperuzada de negro, y, arriba, el cielo. El cielo azul y unas nubes blancas este día. La casita pueblerina de la esquina izquierda se arruinó; en su lugar, ¿quién puso aquel tarugo alto y rojo y pardo, sin formas ni proporciones que parece casa moderna — ¡en un barrio viejamente antiguo!— y sólo es pecado capital contra la estética y el tipismo?

Hace unos años en ese Convento, que se empina y no llega, podíais deleitaros con el hermoso grupo escultórico de la Virgen del Rosario y Santo Domingo de Guzmán.

Vino el siglo pasado, del desaparecido Convento de frailes predicadores, y en la última convulsión española lo destruyeron.

 


Yo guardo un recuerdo emocionado de simpatía para esta feota plazuela. Es un recuerdo de mis años infantiles. En un balcón de la casa número 1, que hace esquina a la calle del Refugio, gocé mi primera impresión celeste, y hasta celestial. En una noche fría vi, refulgente, al cometa «Halley». Olía a cochura reciente de bollos y magdalenas. Desde entonces la plazuela se une, en mi recuerdo, al cometa brillante de los Reyes Magos, aromado con incienso de azúcar tostada que desperdiciaban los bollos, las magdalenas, los bizcochos «bañaos», del horno que hubo en una casa de la acera de la solana de la plazuela de Don Agustín Salido...

Plazuela de Santiago.

Desde la puerta de la casa del sacristán una acacia clorótica, clavada en el empedrado, vela ante el atrio de ladrillo de la iglesia de Santiago. La cuadrada torre, tal vez torreón de defensa del antiguo Pozuelo de Don Gil, ha perdido las campanas, tiene herrumbroso y parado el reloj, y el picudo capitel, ruinoso, de pizarra negra, deja ver su esqueleto y parece impotente para soportar la veleta. La blancura de la pared parroquial contrasta el pardo de las tejas curvas patinadas de líquenes y musgos; con las pardas paredes de la capilla de la Blanca — ¡siempre la monotonía solemne de lo blanco y de lo pardo en la llanura manchega!— horas y horas del día son dueñas las palomas de esta pueblerina plazuela, pobre, encantadora.

Hay fiestas para esta plazuela. Lo son la tarde de San Antón — ¡oh aquellas redondas «caridades» del Santo con azúcar y anís!—; la tarde del Viernes de Dolores, cuando retornaba, llorosa, humilde, después de recorrer el barrio, aquella Mater Dolorosa, que nos quitó la guerra y hoy es otro simulacro bello, pero no tanto; la tarde del Jueves Santo, plena de penitentes encapuchados y rojos, de luces, de misticismo; la noche verbenera de Santiago, con música y cohetes y visitas al Santo, porque el polvo, el cafetos chupones y arropías, las avellanas, el vinazo y los pisotones, en mezcolanza informe, los prodiga esa noche la vecina plazuela de Salido, mientras pasean, alegres, las muchachas y piropean los hombres.

Santiago, con el cascarón de la antiestética bóveda de yeso, oculta un primoroso artesonado. Para verlo precisa subir la escalera de la torre, y, a su mitad, una puerta lo guarda. Es famoso y poco conocido. Su descripción la tenéis en las Memorias Manchegas Históricas y Tradicionales, que escribió aquel hombre bueno que se llamó don Rafael Ramírez de Arellano.


El Convento de las Dominicas, que se empina y no llega a ver la plaza de Don Agustín Salido


¿Por qué no se descubre ese artesonado, que daría interés y prestancia al más antiguo templo de Ciudad Real y hoy es resguardo seguro de enorme bandada de palomas con todas sus funestas consecuencias? ¿Por qué no desaparece la cal de los pilares y muros del templo y aparecen las bellezas que sin duda oculta? ¿Por qué, libre de revocos, no luce su esplendidez, chiquita y grácil, la capilla de la Calatrava Virgen de la Blanca? ¿Por qué se puso ese almibarado Corazón de Jesús donde estuvo la desaparecida y recia talla de Ella? ¿Por qué, ¡por qué!, tanto abandono en esa iglesia pobre y destartalada del barrio pobre, con un cura bueno que no puede resucitar, por su pobreza, todo el Arte de su Parroquia, que luciría, rica y espléndida, en el acerbo monumental de La Mancha? ¿No tendremos todos un poco de culpa en ello?

Todo esto, y algo más, me preguntaba aquella tarde de aquel verano, llena de recuerdos y visiones renovadas, mientras, calle del Jacinto adelante, andando, andando, venía a parar a la señorial calle de Toledo, dejando atrás el barrio de Santiago. El más popular y castizamente seductor barrio de Ciudad Real.

Julián Alonso, Revista “Albores de Espíritu”, Núm. 15, Tomelloso, enero de 1948



jueves, 12 de noviembre de 2020

CALLE ÁNGEL

 


La calle Ángel, es una histórica calle del barrio del Perchel, que comienza en la Plaza de Santiago y termina en la calle San Antón. Las viviendas que existieron en esta calle a lo largo de los siglos, eran casas de una o dos plantas de arquitectura popular manchega, habitadas en general por gente humilde.



No sabemos el porqué en su día esta calle recibió el nombre de Ángel, lo que sí sabemos es que el 28 de noviembre de 1932, durante el tiempo de la Segunda Republica, la calle cambio de nombre pasando de llamarse calle Valdés de la Plata. Un médico del siglo XVI llamado Juan Sánchez Valdés de la Plata, que nació y murió en nuestra ciudad, y fue famoso por su obra “Crónica y historia general del Hombre”. Al término de la Guerra Civil Española en 1939, la calle recuperó su nombre histórico de Ángel.



A petición de vecinos del barrio de Santiago, el ayuntamiento dedicó esta calle a Santa Ángela de la Cruz, siendo descubierta la placa que lleva esta dedicación el martes 2 de agosto de 2011.



miércoles, 11 de noviembre de 2020

EL OBISPO CONFIRMA A D. JESÚS GONZALEZ ADÁNEZ COMO NUEVO PRESIDENTE DE LA HERMANDAD DE LA VIRGEN DEL PRADO-ENTREVISTA-PROFESIÓN DE FE Y JURAMENTO

 


D. Gerardo Melgar Viciosa, Obispo de Ciudad Real y Prior de las Ordenes Militares, confirmó el pasado lunes 9 de noviembre a D. Jesús González Adánez, como nuevo Presidente de la Ilustre Hermandad de la Virgen del Prado, para un primer mandato, por un periodo de cuatro años. El documento de confirmación dice lo siguiente:

Vista la solicitud presentada por la Ilustre Hermandad de Nuestra Señora la Virgen del Prado de Ciudad Real establecida en la Santa Iglesia Prioral Basílica Catedral, de esta misma localidad, de la Diócesis de Ciudad Real, Priorato de las Órdenes Militares, sobre la confirmación del Presidente, elegido en la Asamblea General Extraordinaria celebrada el 8 de octubre de 2020; constando el Visto Bueno del Sr. Consiliario de la Hermandad, de acuerdo con los arts. 19 y 20 de sus vigentes Estatutos y los cc. 164ss, 179, 312 s1, 3º y 317 s1 del Código de Derecho Canónico.

Por las presentes letras CONFIRMAMOS LA ELECCIÓN Y NOMBRAMOS a D. JESÚS GONZALEZ ADÁNEZ, con D.N.I nº 05.647.962-J, Presidente de la Ilustre Hermandad de Nuestra Señora la Virgen del Prado de Ciudad Real para un primer mandato, por un período de CUATRO AÑOS, desde la fecha de su elección.

Antes de asumir sus funciones, hará, ante el Consiliario y en acto público, Profesión de fe y juramento de ejercer el cargo con fidelidad.



"Contaremos con las mujeres en la directiva de la hermandad"Pilar Muñoz - martes, 10 de noviembre de 2020

El presidente electo de la Hermandad de la Virgen del Prado, Jesús González Adánez, habla con La Tribuna del compromiso y proyectos inmediatos a llevar a cabo.

Una amplia mayoría de hermanos le auparon a la presidencia de la Hermandad de la Virgen del Prado, a la que llega tras varios años en la anterior junta directiva. Jesús González, un hombre entregado y de profundas convicciones religiosas, inicia su mandato con la voluntad de que las mujeres y los jóvenes adquieran mayor protagonismo en la vida cotidiana de una Hermandad que quiere que esté presente en la ciudad más allá de cada 15 y 22 de agosto.

¿Qué le llevó a optar a la presidencia de la Hermandad de la Virgen del Prado?

Desde muy pequeño he visitado casi a diario a la Virgen del Prado en la Catedral. Mis padres me transmitieron la devoción y la Virgen del Prado ha estado muy presente en los acontecimientos importantes de mi vida. También me inculcaron el amor a Cristo y a la Iglesia. Además junto a un grupo de personas trabajé muchos años en la Junta Directiva de la Hermandad de la Virgen del Prado, primero como tesorero durante ocho años y posteriormente nueve más como vicepresidente. La devoción a la Virgen me ha llevado a optar a ser el primer servidor de su hermandad. También he de confesar que ha tenido un gran peso el apoyo de muchos hermanos y hermanas que me pedían que cogiera el testigo del primer presidente de la hermandad, Francisco Pajarón López, para seguir con la labor.

Salió elegido con una mayoría abrumadora: 152 votos, frente a los 75 del otro candidato. Este respaldo es un orgullo, pero también una responsabilidad, ¿qué mensaje quiere hacer llegar a los integrantes de la Hermandad?

Es un honor para todos los que integramos la candidatura haber recibido el respaldo de un número tan elevado de hermanos, pero a la vez como bien dice es una gran responsabilidad, que con la ayuda de la Virgen y de toda la Ilustre Hermandad confío que podamos todos vivir nuestro sentir cristiano y cofrade como nos invita el Papa Francisco en su última encíclica ‘Fratelli Tutti’ (Hermanos todos), unidos y con ganas de trabajar, tirando todos del mismo carro. La unión es uno de nuestros principales objetivos.

¿Y a los ciudadrealeños?

El mensaje de que sigan siendo testigos del amor a la Virgen y la solicitud de que la visiten cada día más tanto en las aperturas del templo catedralicio como a través de su balcón del Camarín. También quiero transmitirles que siempre tendrán a la Junta de Gobierno de la Hermandad dispuesta a acogerles en las filas de la misma, ya que es una forma explícita de significar ese amor a la Virgen del Prado. Para ello solo tendrían que pedir la solicitud de hermano/a o de aspirante en el caso de menores de 16 años.

Usted conoce bien la Hermandad, ¿qué quiere aportar desde la presidencia?

Creo que debe continuar en la línea marcada durante los últimos nueve años y trabajar para que desde la estabilidad vaya creciendo no sólo en número de hermanos y hermanas, que es fundamental, sino también en sus fines principales marcados en nuestras reglas o estatutos, esto es, vivir intensamente nuestra fe cristiana, potenciar la actividad apostólica que dimana de la fe y fomentar la devoción a la Virgen.

¿A corto plazo qué fines se han marcado?

La hermandad aprobó recientemente la incorporación de la mujer. Todo un hito. Actualmente han ingresado alrededor de medio centenar de mujeres en la hermandad. La pandemia que estamos sufriendo está dificultando que muchas que desean hacerlo hayan podido inscribirse. Por ello, vamos a hacer todo lo que está en nuestras manos para facilitar el ingreso de más hermanas y hermanos. También es indispensable asumir una importante y necesaria obra social o asistencial en cuanto a la caridad dentro de las posibilidades reales de la hermandad. Igualmente vamos a desarrollar de forma conjunta con el Cabildo de la Catedral y la Hermandad de la Corte de Honor los cultos a Santa María del Prado. Las acciones de formación cristiana, juventud, actividades culturales, etc. son otras actuaciones a potenciar, así como adecuar en todo lo posible la estructura organizativa, especialmente de cara a las procesiones de acuerdo con los nuevos estatutos y el Reglamento de Reglas interno.

¿Va a ver alguna mujer en la junta directiva?

Los nuevos estatutos reglan que para que un hermano o hermana pueda pertenecer a la junta de gobierno han de tener en caso de ser vocales un año mínimo de antigüedad de pertenencia en la hermandad y cinco en caso de ostentar cargos de presidente, vicepresidente, secretario, tesorero y mayordomo, razón por la que en la actual junta de gobierno no se ha podido incorporar ninguna mujer. Pero nuestra intención es que una vez que seamos ratificados por el obispo se puedan ir incorporando.

¿Dónde hay que incidir desde su punto de vista?

En la evangelización y el fomento de la participación de todos, especialmente de los jóvenes. La hermandad debe abrirse para lograr la máxima participación de los jóvenes que son el presente y el futuro de la hermandad. Hay un gran grupo de jóvenes fruto del trabajo de la anterior Junta de Gobierno. Son un ejemplo de entrega y testimonio de amor a la Virgen.

¿Qué es para usted el 15 de agosto?

La Virgen lo es todo para nosotros y el 15 de agosto es Ella. En un sentido más social, para mí es el día grande de Ciudad Real porque Santa María del Prado, patrona de la ciudad, se hace presente en medio de sus hijos. También es sentir comunitariamente a la hermandad que manifiesta el amor a la Madre y lo hace ante toda una ciudad que la honra y venera.

 Fuente: https://www.latribunadeciudadreal.es/Noticia/ZD24AAA98-D7D0-822A-3E0FFB834250457A/202011/Contaremos-con-las-mujeres-en-la-directiva-de-la-hermandad



MISA DE DIFUNTOS-PROFESIÓN DE DE Y JURAMENTO DEL NUEVO PRESIDENTE

El próximo domingo 15 de noviembre, la S.I.P.B. Catedral acogerá a las 20:00 horas, la Santa Misa anual que la Ilustre Hermandad ofrece por la memoria de todos sus hermanos difuntos. Previamente a la Santa Misa, a las 19:30 horas, se rezará el Santo Rosario, pidiendo por la intercesión de Nuestra Señora del Prado para el fin de la pandemia.

Al término de la celebración religiosa, el nuevo Presidente de la Hermandad, realizará públicamente su protestación de Fe y Juramento, como máximo dirigente de la Junta de Gobierno de la Hermandad. 



martes, 10 de noviembre de 2020

CALLE NORTE

 


La calle Norte, es una calle del popular barrio de Santiago, que se accede a ella por la calle Calatrava, y tiene su salida por la calle de las Cuadras. No sabemos porque recibe el nombre de Norte, aunque es una calle histórica del barrio donde se encuentra el ábside de la parroquia de Santiago. 



También en el primer tramo de la calle, nos encontramos una de las puertas de acceso al convento de las Hermanas de la Cruz, donde el 2 de enero de 2010, falleció la Hermana Eulalia, una religiosa de las Hermanas de la Cruz, muy querida en el barrio de Santiago. Tras su muerte, una iniciativa ciudadana solicitó al ayuntamiento el reconocimiento a la labor realizada por esta religiosa, y el ayuntamiento acordó el dedicar la calle Norte a la memoria de esta religiosa. El 9 de enero de 2012, fue descubierta la placa de la calle donde podemos leer: “Calle Norte dedicada a la hermana Eulalia de la Cruz”.



lunes, 9 de noviembre de 2020

LA FIESTA DE SANTIAGO Y EL VOTO DE LA CIUDAD

 


Un poco de efemérides-La verbena y la función religiosa-El sermón

La fiesta del apóstol Santiago el Mayor, es para los ciudarrealeños, motivo de doble júbilo y fecha de feliz recordación. Por un lado la fiesta del santo Patrón de las Españas, de aquel Santo apóstol que predicó en nuestra patria la doctrina de Jesucristo, de aquel Santo varón cuyos restos eran más tarde hallados por inspiración divina; difundiendo su veneración y fe por todas partes, hasta lejanas tierras de allende los pirineos.

De otra parte es la fecha del 25 de Julio, la que trae a la memoria de los viejos, el recuerdo grato e imperecedero del día, en que para tranquilidad de los habitantes de este pueblo, terminan las obras de desecación de las lagunas de los Terreros, aquellas lagunas mortíferas que tantas vidas costó a los moradores del sufrido barrio de Santiago.

Era coincidencia providencial. En otros tiempos el fervor al Santo Apóstol hacía llegar de lejanas tierras grandes e interminables comitivas de peregrinos que postrados ante el Sepulcro de Compostela oraban cumpliendo sus promesas. Lo mismo llegaban de Francia, que de Italia, que de Alemania, hasta aquellos juglares de la Provenza.-donde la fe por el apóstol, era ardiente- los cuales entonando sus canciones fáciles y sonoras, esparcían en Galicia las rimas de sus trovas que dulcificarían después armoniosamente su dialecto. Y si la tierra la frecuencia y aglomeración de peregrinos llegó a grabar sobre el suelo el llamado Camino de Francia, en el cielo para los peregrinos de España el Señor también grabó la Vía láctea o “Camino de Santiago”.



Después, andando el tiempo en el día del Santo Patrón, Patrón al mismo tiempo del barrio tan mortalmente castigado, eran los vecinos de este pueblo los que marchaban con el corazón y sus oraciones hacia el Sepulcro de Compostela, siguiendo con su mirada en la noche de la víspera, el camino del cielo, para rezar allí su acción de gracias por el inmenso favor concedido de ver extinguido el horrible azote.

Ocurrió este hecho memorable en el año 1868 a los seis meses menos un día de comenzar las obras. Y lo que un siglo antes no había podido realizar a pesar de todos sus esfuerzos el cardenal Lorenzana, el vecindario de Ciudad Real veía finalizar el día 25 de julio de 1868, gracias a las iniciativas del gobernador don Agustín Salido, cuyo nombre lleva una plaza del barrio de Santiago, y que más que plaza mereciera un monumento como así lo acordó el Ayuntamiento de entonces, que por desgracia no ha pasado de ser un acuerdo como otros muchos.

Eran las lagunas de los Terreros, balsas de agua de gran extensión que se formaban en el sitio de aquel nombre, que es el que hoy ocupa la Granja Agrícola. Debido a la alteración de las aguas por la descomposición de las innumerables subsistencias orgánicas que acarreaban, ocasionaba en los veranos altas fiebres y frecuentes epidemias de las que pocos vecinos del barrio de Santiago se libraban. Morían muchos y en aquel barrio tan castigado, era un lamento eterno y un dolor profundo que nadie lograba extirpar. Como antes decimos en el año 1775 el cardenal Lorenzana hizo una intentona que no tuvo éxito alguno. Dos años más tarde se repitieron los trabajos con escaso resultado.

Así quedaron las cosas dejando latente el terrible enemigo que no cesaba de aumentar el número de víctimas.



Un día señaló para la vida de Ciudad Real nueva era y la voz de un hombre de voluntad e iniciativas, emprendedor y activo, se esparcía entre el júbilo de una fiesta, llevando el corazón de los ciudarrealeños, la espera de la salvación.

El 23 de enero de 1886, en el acto de colocar la primera piedra del edificio que hoy ocupa el Ayuntamiento, el gobernador D. Agustín Salido, anunció solemnemente que se cometería la obra de la desecación de las lagunas de los Terreros como obedeciendo a una sola voz, el pueblo que le escuchaba prorrumpió en vítores y alabanzas, no cesando de aplaudir hasta el final de su discurso.

Efectivamente a los tres días después también solemnemente el gobernado echaba la primera espuerta a las lagunas, la segunda la echó el párroco de Santiago D. José María Toledano.

Como la cantidad de tierra que se necesitaba era enorme dada la extensión y profundidad de las lagunas que en algunos sitios pasaba de tres metros, el gobernador consiguió de la Compañía del ferrocarril de Badajoz prestara su concurso y al efecto instaló una vía férrea que partiendo  del paso a nivel del antiguo camino de Miguelturra, cruzaba el altozano del Calvario hasta las mismas lagunas. Puso al servicio de las obras la maquina número uno de la Compañía llamada Miguel de Cervantes que aún conserva la Compañía de M. Z. A. y que todavía vemos en este depósito, al servicio de las maniobras.

Esa máquina que para los ciudarrealeños solo merece gratitudes, tiene en su historia esa página tan honrosa y hay que mirarla con veneración y respeto, porque a ello estamos obligados. Arrastrando sin plataformas transportaba las tierras que se extraían de las propiedades que el Ayuntamiento adquirió para este fin y que algunos hidalgos manchegos como D. Joaquín Zaldivar cedieron graciosamente.



En estas obras trabajaban hombres, mujeres y niños. Todos prestaban su concurso y en algunos días pasaban de seiscientos el número de obreros.

El día 24 de julio del mismo año se transportó el último tren de tierra. Al día siguiente, festividad de Santiago, patrón de España y del barrio castigado terminaban las obras, las obras que extinguían para siempre el enemigo terrible e implacable de los sufridos vecinos del barrio.

Por tan fausto acontecimiento el Ayuntamiento acordó el Voto de la ciudad y costear anualmente la función religiosa. También entonces se celebraron grandes fiestas en señal de júbilo, a las que ni un solo vecino dejó asistir. Los viejos lloraban, los mozos reían y los niños saltaban y cantaban de contento. Todo el pueblo tomó parte en la alegría, como en los grandes acontecimientos populares. Una nueva era de tranquilidad y salud se abría en la vida de la Ciudad.

El día 25 por la tarde se celebró una novillada que presidieron cuatro bellas mozas. El ganado lo cedió de su peculio particular el mencionado gobernador señor Salido. Dirigió la cuadrilla, aquel buen manchego, que nosotros siendo niños le oíamos contar historias y aventuras taurinas y que gozó de los elogios y buena amistad de Lagartijo y Frascuelo. Nos referimos a Francisco Ciges, que realizó una gran faena de muleta valiéndole los aplausos y la ovación unánime del público.

Entonces era muy joven. Nosotros, le conocimos después ya viejo, pero guardando siempre los restos de sus buenos tiempos. ¡Pobre Ciges! ¿Quién diría que fuéramos nosotros, andando los días los que habláramos de él con respecto y veneración, en letras impresas, nosotros que como niños le escucháramos absortos en otras épocas?

Se recaudaron aquella tarde más de 6.000 reales, que fueron repartidos entre los pobres de la conferencia de San Vicente de Paul.

 


Aquella misma noche a las diez, se quemó una vistosa colección de fuegos artificiales, frente a las Casas Consistoriales. Numerosos niños entonaron un inspirado himno que compuso D. Juan Valcárcel, conmoviendo al público que se aglomeraba frente al Ayuntamiento. Eran momentos febriles y de júbilo.

Muchos vecinos continuaron la fiesta aquella noche de Julio, para asistir al amanecer al almuerzo con que en la Plaza de toros, el Gobernador, D. Agustín Salido, obsequiaba a los obreros que habían trabajado en las obras. Había varios centenares, que copiosamente comieron y bebieron en medio de la alegría de la mañana estival.

A las nueve se celebró en el templo de Santiago un solemnísimo Te Deum en acción de gracias por el feliz término de las obras. Predicó el párroco de Santiago D. José María Toledano, que en vibrantes párrafos entonó una elocuente oración sagrada.

Cuando salía la comitiva del templo, un niño de rubia cabellera ofrendó al gobernador una corona de flores con que las castigadas y olvidadas religiosas Franciscas, vulgarmente conocidas por las monjas terreras, premiaban la obra del gobernador libertándolas de la cruel opresión de la epidemia, que tantos estragos las ocasionaba. Se levantaron arcos por los sitios que había de recorrer la comitiva a la que seguían multitud de feligreses que no cesaban de gritar enardecidos por la palabra vigorosa del párroco.

Por la tarde a las siete tuvo lugar el acto de hacer entrega a la compañía de la maquina Cervantes, a cuyo objeto iba esta engalanada con flores y banderas, conduciendo a las personalidades desde el paso a nivel del camino de Miguelturra a la estación de la línea de Badajoz. Allí aguardaban altos empleados de la compañía, que habían engalanado la estación. Se pronunciaron discursos de gratitud, a los que contestó en tonos de mayor encomio, el inspector de la compañía D. Ernesto Walter.




Y al día siguiente, o sea el 27, por la mañana bien temprano, las campanas doblaban a muerto. Contrastaba la tristeza de este día, con el júbilo del anterior. No quisieron olvidar las víctimas de las epidemias, y a su recuerdo dedicaron un día entero. Todo él estuvieron las campanas tocando a tránsito. Aún se veían muy cercanas las huellas de la epidemia. Gentes enlutecidas vivían en el barrio. A las nueve se celebraron solemnes honras fúnebres por los fallecidos por las epidemias. Los antiguos decían, no haber conocido funerales más solemnes en los días de su vida. Seguramente desde aquellos funerales regios que se celebraron por el alma del infante D. Fernando de la Cerda, cuyo cadáver tres días estuvo bajo las naves de la Iglesia de Santiago, no se conocieron otros como los del 27 de julio de 1868.

Este fue el final de fiestas. Dejaron para el último la corona de siemprevivas el recuerdo a los difuntos, la oración para los antepasados que cayeron bajo el dogal de las mortíferas lagunas.

En aquella época se publicaban los periódicos El Eco de la Mancha que dirigía D. Matías Torres y el Iris Manchego dirigido por D. Bernardino Porte.

Coadyuvaron con sus esfuerzos a los trabajos de D. Agustín Salido, D. Luis Muñoz, que entonces era diputado provincial, D. Perfecto Acosta, D. Antonio Vázquez, D. Francisco Sauco, D. Dámaso Barrenengoa y D. Ernesto Nalter, todos ellos de feliz recordación.

Francisco Herencia. El pueblo Manchego, Jueves 26 de julio de 1917

 


domingo, 8 de noviembre de 2020

LAS HERMANAS DE LA CRUZ LLEGARON A CIUDAD REAL EN 1954

 

Así fue el primer convento de las Hermanas de la Cruz en 1954 cuando se inauguró

La comunidad religiosa de las Hermanas de la Cruz, llegaron a Ciudad Real en 1954, fue un empeño personal del Padre Castro, párroco de Santiago en aquellos años, quien en contacto con la casa madre de Sevilla, consiguió que las religiosas se establecieran en nuestra ciudad.

Fue el 11 de mayo de 1954, cuando el Convento de las Hermanas de la Cruz de Ciudad Real, comenzó su andadura en nuestra ciudad, era la fundación número 46 de la orden en España. El nuevo convento fue bendecido por el Obispo-Prior de aquellos años, D. Emeterio Echeverria, y al acto asistieron las primeras autoridades provinciales y locales de la época. El acto comenzó con la celebración de la Santa Misa en la Parroquia de Santiago, y al término de la misma, el señor Obispo bajo palio traslado el Santísimo al nuevo oratorio de la comunidad religiosa, bendiciendo posteriormente las dependencias del nuevo convento. Al acto asistieron también la Madre general de la Orden, Marciala de la Cruz de la Cuadra, la Secretaria general, María del Salvador de la Cruz, las superioras de las casas de Madrid y Chillón, y la nueva comunidad de Hermanas de Ciudad Real, a cuyo frente se encontraba la primera superiora de Ciudad Real, María de la Cruz Ortiz.



El primitivo convento que se levantó de las Hermanas de la Cruz en 1954, nada tiene que ver con el actual que tienen en la Plaza de Santiago, ya que este es el resultado de diferentes ampliaciones a lo largo de los años. La primitiva edificación era de una sola planta y así la describía Emilio Bernabeu en el diario Lanza el viernes 13 de noviembre de 1953:

Ayer visité detenidamente el edificio que será residencia o convento de las Hermanas de la Cruz situado en la Plazuela de Santiago, frente a la Iglesia parroquial de este nombre y levantado ene l solar que fue siempre casa del sacristán mayor.



Como verán los lectores por la fotografía adjunta parece una vivienda modesta en su aspecto exterior, pero en su interior contiene los suficientes departamentos que exigen las reglas de la filantrópica asociación económica de las monjas o Hermanas de la Cruz.

Cocina, frontera al refectorio o comedor de la comunidad, donde no pueden usarse cucharas ni tenedores metálicos, sino de palo, y los platos y fuentes solo de barro ordinario, sin baño de brillo.



Sigue a este comedor, el dormitorio de las monjas, espacioso, sin adornos en el techo ni paredes, capaz para diez tarimas de madera, sin colchonetas, ni almohadas, pues sólo tienen para apoyar la cabeza un cajoncito también de madera y por todo abrigo en invierno una ligera manta.

También tiene el edificio un recibidor pequeño, con cuatro sillas únicamente, y el oratorio que ostenta en su frente un altar dorado en el que está colocada una bella imagen de Nuestra Señora del Sagrado Corazón.



Por cierto en este altar dijo su última misa el obispo mártir señor Estenaga, siendo llevado desde la casa de los señores S. Izquierdo donde estaba el oratorio y dicho altar.

Hay otro cuarto guarda-ropa y despensa reducidos estos departamentos y como corresponde a tan humilde Orden.

 


Hay en la misma planta baja el Dispensario parroquial, donde además de la cura de enfermos pobres, se darán clases nocturnas para niñas y jóvenes, indigentes del barrio de Santiago, de cocina, costura, corte y confección y cultura elemental.

Posee esta casa una espaciosa terraza y en un extremo cubierto el lavadero de la Comunidad, todo bien aireado y a pleno sol…”.



Este convento fue ampliado en el año 1956, con una nueva planta sobre la existente, con el fin de que pudieran habitar en él más Hermanas de la Cruz. Estas obras fueron realizadas también por el Padre Castro, siendo bendecidas por el Obispo-Prior, D. Juan Hervas el domingo 18 de noviembre del referido año.

La actual capilla, fue realizada y bendecida el martes 27 de junio de 1961, por el Obispo-Prior ya nombrado, D. Juan Hervas. Según la nota publicada en el diario “Lanza” el lunes 26 de junio: “La bonita Capilla es de líneas severas; el altar de mármol con manifestador y sagrario de bronce. Preside el altar la imagen de la Virgen del Sagrado Corazón.



Completa la capilla dos ingeniosos confesionarios y sencillísimo Vía-Crucis. La luz es difusa.

Un espacioso coro para la Comunidad es el complemento de la nueva capillita de las Hermanas de la Cruz”.

Con el paso de los años, el edificio recibió diferentes ampliaciones en los años ochenta y noventa del pasado siglo XX, hasta tomar la forma que podemos ver en la actualidad.