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domingo, 23 de octubre de 2022

CEFERINO SAÚCO DÍEZ (1851-1915). SU PASO POR LAS REALES ACADEMIAS

 



Un segundo libro sobre Ceferino Saúco Diez fue presentado en el mes de junio, en el claustro del Convento de La Merced, acto organizado por la Asociación Amigos del Museo de Ciudad Real. El autor es un biznieto de este ilustre ciudadrealeño, Arturo Saúco Jiménez que lleva años visibilizando la figura y trayectoria de su polifacético y célebre familiar, cuyo legado sigue vivo a través de dos libros, “Ceferino Saúco Díez 1851-1915”, escrito hace 10 años por Saúco Jiménez y sus primos Jorge Jesús Saúco Ruiz y Francisca Palacios Ruiz, y “Ceferino Sáuco Díez (1851-1915). Su paso por las reales academias”, de edición propia del biógrafo.

 



Ceferino Saúco Diez fue un ilustre ciudadrealeño, promotor del Paseo del Prado, Mercado de Abastos, Parque de Gasset, la escuela de Artes y Oficios, etc., al que su biznieto quiere reivindicar y rescatar del olvido. Se pregunta Arturo Saúco si no debiera recordase con el nombre de una calle, plaza, institución, un hombre que hizo tanto por esta ciudad, su ciudad. El libro se encuentra a la venta en las diferentes librerías de Ciudad Real.



sábado, 22 de octubre de 2022

EL HOSPITAL GENERAL UNIVERSITARIO DE CIUDAD REAL FUE INAUGURADO EL 18 DE NOVIEMBRE DE 2005

 



El entonces Presidente de Castilla-La Mancha. D. José María Barreda, inauguró el viernes 18 de noviembre de 2005, el Hospital General Universitario de Ciudad Real. Al acto asistieron toda la clase política regional, provincial y local y dos Ministros de Sanidad que hicieron posible que el hospital comenzará a ser realidad.

 



El Hospital General de Ciudad Real se inauguró con una plantilla de 2.805 personas, recurso esencial para la ciudad y para el conjunto de la provincia. En el entorno del Hospital se produce un crecimiento residencial importante en las primeras décadas del siglo XXI.




El Hospital General de Ciudad Real tiene 197.310 metros cuadrados construidos, dispone de cuatro zonas diferenciadas: una central con 7 plantas que acoge toda la hospitalización, una segunda zona de apoyo residencial que se reparte en dos plantas una de las cuales es el servicio de Urgencias, una tercera zona destinada a administración y gestión y una cuarta dedicada a almacenes. El proyecto del edificio fue redactado por los arquitectos Ángel Fernández Alba y Soledad del Pino Iglesias.

 




viernes, 21 de octubre de 2022

EL MIÉRCOLES 10 DE JUNIO DE 1998 SE COLOCÓ LA PRIMERA PIEDRA DEL HOSPITAL GENERAL DE CIUDAD REAL

 



El miércoles 10 de junio de 1998, el que fuera ministro de Sanidad, José Manuel Romay Beccaría, fue el encargado de colocar la primera piedra, junto al entonces presidente de Castilla-La Mancha, D. José Bono Martínez, y las principales autoridades regionales, provinciales y autonómicas, del Hospital General Universitario de Ciudad Real.




El hospital se edificó sobre una parcela de 161.500 metros cuadrados, con una superficie construida aproximada de 96.000 metros cuadrados y una capacidad 628 camas, con posibilidad de ampliar a un máximo de 812. Las obras iniciales fueron adjudicadas a la Unión Temporal de Empresas (UTE), constituida por Fomento de Construcciones y Contratas y Huarte por un importe de 12.487.657.284 pesetas. Con este nuevo hospital, se tenía previsto que se atendiera a una población de 185.000 personas directamente y con las especialidades su actuación se extendería a 500.000 habitantes.



jueves, 20 de octubre de 2022

LA FUENTE ORNAMENTAL DE LA AVENIDA DE LOS REYES CATÓLICOS

 

Fotografía Carlos Bastante



Uno de los apartados que configuran el patrimonio ornamental de Ciudad Real, junto con las esculturas, los monumentos y las lápidas, es el correspondiente a las fuentes ornamentales. Entiéndase que utilizó el termino de fuente ornamental para describir aquéllas que carecen de elementos escultóricos y basan su estética en los juegos creados con los surtidores de agua combinados, en ocasiones, con efectos luminosos.




El equipo de gobierno del ayuntamiento de Ciudad Real, acordó en septiembre del año 2010, terminar la remodelación de la Avenida de los Reyes Católicos, con la construcción de una fuente ornamental en la rotonda que se encuentra en frente del Hospital General de Ciudad Real. La fuente que consta de elementos de jardinería a su alrededor, consta de un circuito hidráulico con surtidores de agua, que por la noche son iluminados. La fuente ya se encontraba terminada y en pleno funcionamiento en marzo del año 2011.



miércoles, 19 de octubre de 2022

LA AVENIDA DE LOS REYES CATÓLICOS/HISPANIA

 

Fotografía de la página de Facebook “Secretos de Ciudad Real”



El urbanismo contemporáneo establece una distinción entre el concepto de emplazamiento y el de lugar, así Jeff Kelley afirmaba en 1995 “mientras que un emplazamiento representa las propiedades físicas que constituyen un lugar: su masa, espacio, luz, duración, localización y procesos materiales, un lugar representa las dimensiones prácticas vernáculas, simbólicas, sociales, culturales, ceremoniales, étnicas, económicas, políticas e históricas de dicho emplazamiento”. Por sintetizarlos de algún modo, el lugar es el concepto psíquico que conlleva y transmite un sitio físico (emplazamiento).

La Avenida de los Reyes Católicos no es ajena a estos principios. Su emplazamiento la convierten en una gran arteria circulatoria en la zona de un más que previsible crecimiento futuro de la ciudad. La ubicación de importantes centros autonómicos como el Hospital General de Castilla La Mancha, o la futura Facultad de Medicina, obligan a dar respuesta a estas necesidades, lo que se aprecia en su trazado, diseñado desde un principio como un todo, le ha convertido en un modelo urbanístico para la Ciudad Real del futuro. Pero reducir su concepción a la mera funcionalidad supondría un gravísimo error porque la simple acumulación de asfalto y hormigón, aunque práctica, no dejaría de convertirlo en un entorno físico conflictivo, denso, hostil, estandarizado y por ende, despersonalizado, como sostiene Concha Domenche al hablar de estos espacios: “insostenible ambientalmente e injusto socialmente”.

Efectivamente, la deshumanización de las ciudades se ha coinvertido en el gran problema del urbanismo actual. El concepto de lugar incide en este aspecto; los espacios urbanos deben ser ante todo lugares de encuentro, de intercambio y convivencia. Resultaría paradójico que por donde se pretende ensanchar la ciudad, precisamente se estreche para los ciudadanos. Dar respuestas a las necesidades actuales, muy justificables por otra parte, y tener muy presente aspectos como la humanización y la singularidad de los espacios, huyendo de cualquier tipo de estandarización, son bases fundamentales genéricas que debe contemplar todo diseño urbanístico para no incurrir en lo que Marc Augé preciso como “los no-lugares” definidos como la no-identidad y la no-relación.




Convertir la Avenida en un lugar habitado y habitable debe centrar toda prioridad en la concreción de su espacio, de ahí la justificación de grandes bulevares, o la feliz recuperación de extensos espacios verdes como el Pinar, equipados y adaptados como zona de ocio y recreo para todos ciudadrealeños, se han convertido ya en una feliz realidad. Pero esta calle reúne además una serie de características muy particulares a las que hay que prestar una especial atención. La ubicación en ella del Hospital General de Castilla La Mancha la convierten en receptora de múltiples visitantes que de un modo u otro se ven obligados a acudir al centro sanitario, muchas veces en circunstancias difíciles tanto para pacientes como para familiares, requiere, por ende, una sensibilidad especial, potenciando la humanización del lugar y exteriorizando todo lo posible, los criterios relajantes y humanamente cálidos del interior de este centro sanitario. Si nadie concibe la presencia de colores fuertes y síquicamente duros, perturbadores y violentos en las habitaciones, pasillos y el resto de dependencias de un hospital, ¿por qué no sacar este efecto terapéutico al exterior? La creación de espacios verdes, remansos de paz, la belleza y el arte humanizan el lugar y encarnan de extraordinaria manera la hospitalidad de la ciudad y de su gente. Conviene también tener presente que la Avenida de los Reyes Católicos se ha convertido (junto con la Estación del AVE) en el principal punto de recepción de visitantes, es por decirlo de un modo gráfico: el vestíbulo de la ciudad, y por ende, la proyección de su propia imagen. El cuidado de los mismos y el discurso iconográfico que se desarrolle adquieren aquí la máxima importancia para potenciar la visión de una ciudad con personalidad propia, orgullosa de su historia e ilusionada con su futuro que sitúan al visitante desde el primer momento en un lugar y un contexto cultural determinado.

Isabel de Castilla y Hernán Pérez del Pulgar, obras de las que soy autor, son ejemplos de lo anteriormente expuesto, verlas como simples elementos decorativos para rellenar rotondas no deja de ser una visión miope y ramplona de la escultura en si misma, a la que siempre he concebido como la creación de volúmenes que conforman un espacio que plasma un concepto determinado. Capaz de exaltar la belleza en su sentido más profundo, la escultura pública expresa la aportación cultural de una sociedad, su devenir histórico, la percepción de su propia existencia y su sentido de la vida… Es en definitiva la transmisión de ideas y valores, inherentes a cualquier cultura humana a lo largo del espacio y el tiempo.

 



Nuestra cultura mediterránea, heredera directa de la grecorromana, ha requerido desde siempre de imágenes, iconos, que reflejen realidades y valores colectivos, que conmemoren acontecimientos de trascendencia o exalten personajes que han destacado en su contribución al engrandecimiento de la sociedad. Y eso ocurre con las obras anteriormente citadas, que gracias al interés y la manifiesta ilusión de la actual Corporación Municipal y al Mecenazgo de la Caja Rural de Ciudad Real, pude realizar. Surgidas además, en un momento de reencuentro de la ciudad con su historia, han creando referentes iconográficos inexistentes hasta la fecha en la ciudad y se ubican en este significativo lugar de encuentro y recepción. Este enriquecimiento cultural se vería culminado con la creación en la rotonda central de la Avenida de los Reyes Católicos de Hispania, una obra en bronce de cuatro metros de alto que encarnaría la suma y el esfuerzo de todos en un proyecto común: España. Concebida como país origen mítico, con una gran historia colectiva, capaz de generar una de las aportaciones culturales más importantes de cuantas existen, promotora del encuentro entre dos mundos y con una clara proyección de futuro se encarnaría en una centaura (animal mítico, mitad humano mitad caballo) que se yergue sobre un estanque, símbolo de su vocación de ultramar. Apoyada sobre sus cuartos traseros se enaltece en corbetas simbolizando su afán de superación y su capacidad de vencer dificultades. El torso desnudo de una mujer, alude a la fertilidad de sus tierras, de su cultura y de sus gentes que abriendo sus brazos de par en par fueron capaces de unir dos mundos, interpretados por dos altos surtidores de agua. Orientando su mirada al cielo, se muestra esperanzada en su futuro. De gran impacto visual, la avenida adquirirá una impronta monumental digna de cualquier capital europea, pero sobre todo culminará el discurso iconográfico ya existente entre Isabel de Castilla y Hernán Pérez del Pulgar que sin ella quedaría inacabado. Sin suponer ningún incremento económico podría recurrirse al mecenazgo como formula ya usada en las anteriores obras. Considero que no deberíamos perder esta oportunidad -bastantes se perdieron ya-, de engrandecimiento y consolidación de la ciudad y sus valores, y sinceramente considero que la instalación de esta obra que personifica el esfuerzo común, la superación de dificultades y el mirar al futuro con esperanza, es el mejor guiño que sin duda podemos hacer en la puerta principal del Hospital General.

 

Carlos Guerra, Diario “Lanza” 14 de diciembre de 2010

 


martes, 18 de octubre de 2022

HERNÁN PÉREZ DEL PULGAR, EL DE LAS HAZAÑAS, EN EL IV CENTENARIO DE SU MUERTE (II)

 



Aún es más famosa y le dio más renombre la hazaña del Avemaría.

En los primeros días de diciembre del año 1490 el cerco de Granada se iba estrechando, y, por lo mismo, los moros aumentaron sus guardias y vigilancias. Pulgar estaba en Alhama, y, como de costumbre, al regresar de sus paseos vespertinos entró en la iglesia para orar ante la Virgen. Concluida su oración hizo señas a su escudero, Francisco de Bedmar, para que le trajese un hacha de cera blanca, y, encendiéndola, se arrodilló de nuevo, y en alta voz hizo juramento de “entrar dentro de Granada, ponerla fuego a su Alcaicería y tomar posesión de su Mezquita mayor para convertirla después en iglesia católica”. Tan extraño juramento causó la admiración de todos.

Hechos los preparativos necesarios, mandó que en un pergamino adornado con cintas verdes y rojas se escribiese en latín el Avemaría, el Credo, el Padrenuestro y la Salve, y más abajo, en castellano, el auto del juramento.




Al día siguiente, el 17 de diciembre, cuando el manto de la noche comenzaba a extenderse sobre Alhama, salían de esta ciudad los atrevidos expedicionarios. Eran éstos, además del valeroso manchego, Jerónimo de Aguilera, Francisco de Bedmar, Diego de Jaén, Alonso de Peñalver, Pedro Jiménez, Pedro de Pulgar, Montesino de Ávila, Ramiro de Guzmán, Cristóbal de Castro, Aristán de Montemayor, Diego de Baena, Alonso Torre, Alfonso de Almería, Luis de Quero y Rodrigo Velázquez. Todos iban a caballo, llevando cuerdas alquitranadas y encendidas y hacecillos de atocha seca. La noche era muy obscura, y el terreno por donde cabalgaban muy escabroso. Al anochecer del 18 llegaron a las inmediaciones de Granada, y poco después atravesaron el puente de Genil. Echaron pie a tierra, y en un sitio escabroso y algo oculto se recogió a los caballos, quedando guardándolos Jaén, Castro, Torre, Almería, Quero, Velázquez, Peñalver, Jiménez y Guzmán. El resto de la gente, mandados por Pulgar y guiados por el converso Pedro, saltaron por entre los noques de las tenerías, y cruzando por las callejuelas de Gallinería, Zacatín, Azacaye, Aduana y escribanos, llegaron a la puerta principal de la gran mezquita. Una vez allí el insigne manchego clavó con su puñal en la enrejada puerta el pergamino del Avemaría, y luego, encendiendo con la cuerda alquitranada el hacha de cera, púsola en el suelo a modo de candelero, orando todos ellos por breves momentos con el mayor fervor.

Concluida esta primera parte del juramento de Pulgar, se dispuso a cumplir la segunda. Consistía ésta en pegar fuego a la Alcaicería o comercio de sedas y ricas telas, y no la pudo llevar a cabo porque Montemayor había apagado la cuerda alquitranada que sirvió para encender el hacha de cera.

 



Descubiertos por el guarda, se abrieron paso con sin igual denuedo, llegando todos sanos y salvos al punto de partida.

Enterado Boabdil, castigó severamente a los suyos y destrozó entre sus manos el pergamino del Avemaría.

Por este hecho se concedió a Pulgar derecho a capilla y enterramiento en la primera catedral que se construyese en Granada.

Llegó un día en que Granada, último baluarte de la dominación musulmana, tuvo que rendirse, y cuenta un historiador que la Reina Isabel llamó en seguida a Pulgar, y al darle cuenta de que le nombraba guarda mayor de la puerta de Batrabayón y de la Mezquita, le dijo:

-¿Estás contento?

-Mucho, señora, porque se ha llegado a la unidad nacional.

No está de más el recuerdo ahora que ciertos disolventes pretenden deshacerla…

Pulgar hizo testamento el 2 de agosto de 1531 y murió el 11 del mismo mes y año. Sus restos se conservan, junto a los de sus primeras mujeres, en la capilla de su nombre en la iglesia parroquial del Sagrario, muy cerca de la puerta de la Mezquita donde realizó su hazaña del Ave María.

 

José Balcázar y Sabariegos, ABC (Madrid) 1 de agosto de 1931, páginas 10, 11 y 12



lunes, 17 de octubre de 2022

HERNÁN PÉREZ DEL PULGAR, EL DE LAS HAZAÑAS, EN EL IV CENTENARIO DE SU MUERTE (I)

 



El próximo día 11 del actual hará cuatrocientos años que murió en Granda Hernán Pérez del Pulgar, el de las hazañas.

Es de tal magnitud la figura del Pulgar, que prescindir de ella en los anales del recuerdo sería tanto como olvidar una de las páginas más gloriosas de la historia de España.

Nacido en Ciudad Real, con raigambre manchega bien definida, se unen en él la más típica hidalguía, la más rancia nobleza, el valor sin límites y la generosidad más caballeresca.

De estatura regular, más bien alto, derecho, formido, ágil, nerviosos: rostro lleno, severo, de color moreno; cabello negro, algo crespo; frente espaciosa, ojos grandes, redondos; cejas largas y pobladas, boca grande y labios gruesos, y en todo su aspecto, se leía -como dice un biógrafo suyo- el bravo espíritu que le animaba y el sublime corazón que le regía.

Alcanzó despierto ingenio, talento bien inclinado, resolución valiente, presteza al emprender, constancia en proseguir, fortaleza en la adversidad, consejo en prevenirla, industria en disponer, en la ejecución entero, blando en la prosperidad, breve en los enojos, piadoso con las mujeres, terrible con quien le ofendía e injuriaba, y con los vencidos pacifico. En los peligros se anticipaba y era el último en salir de ellos. Su acometer fue admirable, nunca temió, aun en lo que no podía preservar. No excusó el trabajo, y no se dejo vencer de la común necesidad de comer y dormir. Usó con moderación de las victorias, y cuanto en la paz era humano, era en la guerra tremendo. No sólo era amado de los cristianos, sino de los moros valientes venerado y temido…




Relatar en un breve articulo todas las proezas llevadas a cabo por Pulgar sería tarea muy difícil; baste decir que en Alhama, en el Cantaril y en Zalia, Salar, Venta del Gato, Bentomiz, Vélez-Málaga, Málaga, Salobreña, Zubia, Mondéjar, etc., el heroico manchego se destacó de modo valeroso.

Y más singular fue su triunfo en la acción del Zenete y en la famosa hazaña del Avemaría.

Corrían los años del 1486 al 89. Las huestes cristianas proseguían en el territorio granadino sus gloriosas conquistas. La santa cruz iba menguando el poder de la media luna. Y al deshacerse la obra del Guadalete, los reyes Católicos realizaban una de sus más legítimas esperanzas y uno de sus más vehementes deseos.

Reunidas o tomadas a viva fuerza las fortalezas moras de Vera, Vélez-Blanco y Vélez-Rubio, el poder del Zagal se fue empequeñeciendo, encerrando sus dominios entre Almería y Guadix.

Los cristianos habían puesto cerco a Baza: pero como aquél se presentaba erizado de grandes dificultades, algunos de los nuestros, entre ellos Pulgar, decidieron el 16 de agosto de 1489 hacer una incursión por tierras de Guadix. Advertido el enemigo, preparó una emboscada. Ocultos detrás de un cerro unos mil moros, se dieron vista en el momento preciso. La duda y recelo se apoderó de los nuestros; el mismo alférez abanderado huyó antes de comenzar el combate; pero Pulgar, lleno de entusiasmo y con esa fe propia de aquellos caballeros cristianos, desató la blanca toca que llevaba en su cabeza, y, atándola al extremo de su lanza, arengó a los suyos, diciéndoles: “No temáis nada, que el triunfo será nuestro, y no faltará bandera al que quiera seguir ésta”. Y sin más palabras levantó la lanza, y, ondeando sobre todos aquella blanca enseña, invocó a la Virgen, y, seguido de los suyos, acometió a los moros con tal denuedo y con tal destreza que a poco de comenzada la batalla la victoria se decidió por los nuestros.




Mas de quinientas bajas tuvo el enemigo, y hasta sus caudillo, Aben Zaide, fue herido y muerto por Pulgar; los demás que quedaron con vida huyeron, entre el espanto y el miedo que les producía ver el valor de los cristianos.

Los once alcaides que en unión de Aben Zaide capitaneaban a los moros fueron muertos o cautivos, alcaides tan renombrados que, según un escritor, eran de los más valientes vasallos del Zagal. Dichos alcaides se llamaban Reduan Cafarja, Alí Cahadón, Alcai Macit, Amut Amet, Alhafer Hiaya, Albayal, Aliatar Masit, Muza, Mahomet Aben, Acán y Mahomet Aben Dali. Cada uno de estos moros tenía a su cargo los castillos de Jerez. Alquit, Aryanteira, Ardail, Ferreira, Dolcar, Güenecha, Fiñana, Alba, Urucena y Calahorra. Este último castillo había siso en tiempos de los godos palacio del conde D. Julián, y después de la reconquista posesión de los marqueses del Zenete.

Por este hecho de armas Pulgar fue armado caballero de la Dorada Espuela, distinción que se hizo con toda solemnidad en el mismo campo de batalla y a presencia de todo el ejército. Los testigos y padrinos de esta ceremonia fueron D. Antonio de la Cueva y D. Francisco de Bazán, acompañantes de Pulgar en tal jornada, y el Rey Católico, con la espada del capitán Agüero, dio los tres golpes de ordenanza en la cabeza de Pulgar, siendo el duque de Escalona quien calzó la dorada espuela al héroe de esta campaña, que una vez armado caballero, recibió primero el abrazo del rey, después. De los testigos, y luego del maestre de Santiago, duque de Escalona, como de Cabra y los demás capitanes.

Además se concedió a Pulgar un nuevo escudo con el siguiente lema:

“Tal debe el hombre ser -como quiere parecer”.

El escudo consiste en un león en campo blanco o de plata abrazando una lanza, en la punta de esta aparece una toca, y muy cerca, en campo rojo, once castillos”

 

José Balcázar y Sabariegos, ABC (Madrid) 1 de agosto de 1931, páginas 10, 11 y 12