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jueves, 19 de enero de 2023

CIUDAD REAL, MI AMOR. BOCETO PARA UNA MEMORIA SOBRE EL ESTADO CULTURAL DE CIUDAD REAL NINO VELASCO, 1979 (VII Y ÚLTIMO)

 



Esparcimiento público. Un buen número de bares, cafeterías, tabernas y mesones; una especie de pub, un par de discotecas y un nigth club; dos jardines públicos y otro par de cines, resumen casi la totalidad de posibilidades de esparcimiento público con que cuenta la ciudad. A pesar de todo, la gente se aburre mucho, porque a todos los sitios se ha ido un montón de veces.

Los bares. Constituyen, quizás, el recurso más socorrido contra el tedio: la población toma vinos y cerveza a mediodía y por la tarde; se juntan unos cuantos conocidos y se ponen a beber y a charlar de nada durante un tiempo que suele ser más o menos fijo. Se practica el chateo ambulante; es decir, realizando un determinado recorrido por distintos establecimientos, en cada uno de los cuales se toma una o varias consumiciones.

Por el centro, la mayoría de los bares son malos; los que cuentan con mayor prestigio entre la clase media, como el España o el Trini, en la plaza del Pilar, son locales montados con todos los ingredientes de lo pretencioso de mal gusto: hay abundancia de materiales sintéticos, cristalería y elementos del servicio perfectamente vulgares ( ¡se sirve el vino blanco en copas de cristal verde!) y una clientela que, por lo general, es indiferente a la calidad de los productos y a la competencia de los empleados. En el bar España hay que destacar, sin embargo, la constante buena clase del vino de chateo que se sirve, así como los correctos propósitos de la taberna del fondo, inaugurada recientemente, sólo provista de productos manchegos de excelente calidad.

Si queremos encontrar algo mejor, es necesario irse a barrios más periféricos, donde en una serie de tabernas que se mantienen intactas desde hace muchos años, se pueden encontrar sorpresas ambientales agradables e incluso cierta fantasía creativa en los productos servidos, que permiten salir de la rutina general. En este sentido hay que destacar la taberna El Sótano, provista de tapas manchegas servidas con algún adorno grato: sobresale el pisto picantísimo, el tiznao, los chorizos asados con alcohol sobre el mostrador, las patatas asadas (pero no con leña), el queso en aceite y los arenques combinados con cebollitas tiernas crudas; Grano de Oro, con un sorprendente local vetusto lleno de recuerdos taurinos; la extraña y solitaria bodega denominada El Salivilla o Los Faroles, en el Pilar, establecimiento que destaca más por su ambiente juvenil progre que por los productos que ofrece, generalmente de escasa calidad. En todos estos locales, sin embargo, llama la atención el poco valor del vino que se ofrece, pecado mayor en una zona como la nuestra.




Con relación al vino, sorprende la escasa cultura vinícola de los consumidores de la ciudad, ajenos en la mayoría de los casos a la calidad de los caldos que toman: hay mucha gente que busca locales concretos para ir a tomar unos chatos todos los días, pero las razones de esa elección no se relacionan casi nunca con la bondad del vino que se encuentra en ellos. Muy pocos distinguen entre un vino bueno y un vino mato; es más, tal cosa apenas parece importar, y esto constituye, en una zona de gran producción de vino, algo bastante raro que evidencia el escaso interés que suscita todo lo local. En pocos lugares se percibe tanto como aquí un grado más alto de autodesprecio por lo propio, circunstancia que delata, junto a una incomprensible forma de vergüenza por las cosas de casa, cierta extraña defensa de una vida tontamente llana, en la que no caben cosas como la distinción entre calidades, la selección o el análisis, cuestiones consideradas como algo propio de personas elitistas y ajenas. En el fondo de todo esto late un agobiante complejo de inferioridad. Se asume la condición de provinciano con vergüenza y rencor, y se opta, recordando a Machado, por despreciar cuanto se ignora.

Un nuevo tipo de bares jóvenes han sido abiertos durante los últimos meses, con montajes más o menos retro y una acertada elección de los detalles ambientales y decorativos: La Taba, la Gramola, El Cafetín o El 37, sin ser nada del otro mundo si los comparamos con establecimientos semejantes de otras ciudades (y aún cayendo a veces en el disparate ornamental), son un intento loable de superar la aburridísima horterada que constituye el conjunto de la hostelería local.

En cuanto a los restaurantes, hay que lamentar la ausencia de alguno especializado en cocina regional manchega; el Miami, España, Castillos o Los Molinos sirven cosas comunes, comúnmente preparadas, sin que muestren ningún dato particular que pueda distinguirlos.

Hay que mencionar finalmente, entre los locales públicos de esparcimiento, por su intrínseco interés arquitectónico y los elementos ornamentales que conserva del pasado, el edificio del casino, con una fachada magnífica en la cara que da al Prado y una rotonda central en el interior del más genuino sabor modernistaneoclásico. Se conserva intacta la estructura de esta sala, una espléndida lámpara de latón y un conjunto excelente de sillas y mesas de mimbre. El resto del local, donde se han renovado muebles y elementos ornamentales al más bajo nivel imaginable de calidad, ha quedado reducido a la más desgraciada de las vulgaridades. En cuanto al servicio de bar, destaca justamente por su escasísimo nivel.

Parques y jardines. Sólo hay dos zonas verdes en la ciudad a las que se les pueda dar este nombre; el parque de Gasset y los jardines del Paseo del Prado.




El primero es un jardín más o menos cuidado, con sectores interesantes (sin olvidar que estamos hablando de un pequeño parque provincial), como la plaza de la Fuente Talaverana o el paseo central bordeado de chopos, cuyo proceso de "civilización" ha ido en aumento, en el sentido de que se han embaldosado o pavimentado sus paseos principales, haciendo desaparecer el genuino suelo de tierra propio de toda zona verde. Bien es verdad que esto quizás haya resultado inevitable: hace algunos años, el tránsito de la gente por sus paseos levantaba polvaredas irrespirables que se podían ver flotando sobre el área de la zona desde considerable distancia.

Tiene un defecto mayúsculo, que resulta intolerable en cualquier parque del mundo: es un jardín sólo para adultos. Unos guardas que aparecen subrepticiamente, impiden hacer a los niños casi todo lo que les gusta: montar en bicicleta, deslizarse en monopatín o jugar a cualquier cosa que implique demasiado alboroto, ya que esto puede molestar a los adultos, con el agravante de que no existe ninguna otra zona donde poder hacerlo. Y un parque que no lo es también y principalmente para los niños, ha perdido gran parte de su sentido.

Existe, sí, un parque infantil dentro del recinto, pero eso merece un párrafo aparte: tiene unos cuantos aparatos de juego (columpios, toboganes, etc.) deteriorados, un viejo estanque destrozado y sin agua, carece de fuentes, de arena, de césped, constituyendo el espectáculo ruinoso y obvio de una ciudad que apenas se ocupa de los niños.

Hay que anotar la existencia en el paseo central de unos servicios sumidos en tal estado de abandono que resultan impracticables: puertas de retretes (letrinas) que no cierran, excrementos depositados en el suelo, agua que no cae, montones de moscas, etc., etc.

Los últimos remozamientos de que ha sido objeto el parque (ponerle nombre a los paseos, restaurar los bancos de la avenida central y de la Fuente Talaverana) denotan un decidido interés por parte de las corporaciones municipales en introducir mejoras en el recinto y mantenerlo en un constante buen estado. En ocasiones se cae, sin embargo, en flagrantes errores de criterio que dan lugar a aberrantes equivocaciones pese a la buena voluntad de todo el mundo: es el caso de las farolas vagamente modernistas instaladas en el paseo de los chopos; se trata de un producto barato y torpe que imita burdamente algo que fue soberbio, pero que se queda, en la versión de saldo colocada por el anterior Ayuntamiento, en una nimiedad ridícula. Se han pintado, además, con un marrón atroz, que nada tiene que ver con el producto original.




En cuanto al Prado, se trata de un jardín recogido y grato, sumido constantemente en un notable grado de desaseo y descuido (setos deteriorados, farolas rotas a pedradas, jardines pobres y resecos, faltos de riego), que harían precisa la presencia de un guarda nocturno y una mayor premura en la reparación de lo estropeado. La pobreza floral y vegetal de los arriates es notoria, mostrando en general esta zona verde el aspecto de algo donde se aplican unas acciones cotidianas rutinarias sin ninguna otra perspectiva. Y la cruz. En su lugar, hace unos treinta años, había un quiosco de música donde la banda daba conciertos. ¿Por qué no se vuelve a colocar otro en el sitio que hoy ocupa el nefasto monumento de granito, de acongojante fealdad?

En el entorno del Prado, con edificios interesantes como la catedral o el casino, se está intentando mantener una unidad arquitectónica en los nuevos edificios que se levantan. La equivocación de tales edificios es mayúscula: no sólo no tienen nada que ver con la arquitectura popular de la comarca (y eso es lo que se pretende), sino que sus balaustradas de madera torneada, la aplicación de azulejos y la falta de sentido en los volúmenes y detalles, hacen de estos edificios un pastiche realmente absurdo; más bien muestran reminiscencias de la arquitectura levantina y, desde luego, no tienen la menor relación con el espléndido conjunto del casino y la catedral.

Hay que destacar en este entorno la incuestionable fealdad de la Casa de la Cultura y la desdichada factura del nuevo edificio del museo, a medio camino entre el bunker y el mausoleo.

Presencia externa de la ciudad. La cultura popular incluye, finalmente, algo que suele pasar desapercibido cuando se plantean las características culturales de una ciudad: su carácter y presencia externa, sus datos ornamentales, la calidad formal de sus establecimientos, etc., etc.

En este sentido, y salvo contadas excepciones, se puede decir que Ciudad Real cuenta con tres tipos de locales públicos o comercios:

Los que están destinados a la burguesía alta o medio alta, donde se combina un intento de suntuosidad pretenciosa con ese mal gusto propio de quien todo lo fía a la acumulación de mármoles, elementos dorados o nefandos bajorrelieves, a la vez que se desconoce el valor de la imaginación, la creatividad seria o la tradición. Cuando en algunos de estos locales orientados a la burguesía se pretende hacer algo que resulte "distinto", se incide en increíbles bodrios donde llama la atención la vejez de los conceptos y la torpeza de las soluciones. La desdicha es aún mayor cuando se trata de hacer algo "típico" manchego: se insiste entonces, con empecinamiento contumaz, en la aplicación de un mal comprendido "estilo castellano", consistente en burdos muebles de casetones, hechos en serie por fábricas vulgares, con resoluciones y formas que nada tienen que ver con el arte ornamental de la zona.




El segundo grupo lo forman una serie de locales en los que ni siquiera se plantea nadie hacer algo mínimamente digno, sino simplemente que el local exista como tal. En estos caso, las soluciones a base de aglomerado y fórmica, puertas y ventanas metálicas, zócalos de plástico, etc., producen esa cosa terrible que es un local pensado sólo a golpes de torpeza y sin otra intención que no sea la de hacer negocio.

Por último están las tiendas y comercios que conservan sus características desde hace muchos años: algunas, farmacias, alpargaterías, tiendas de imágenes religiosas, etc., que son las mejores. Estos negocios, desgraciadamente, o cierran, o bien sus dueños se deciden a hacer reforma dentro de la peor corriente standard: tal es el caso, por ejemplo, de la imprentapapelería Enrique Pérez, que con un establecimiento precioso provisto de una estupenda fachada, ha optado por cambiarse a un nuevo local insípido y neutro.

Algunas tiendas de reciente apertura, así como algunos bares, han iniciado una corriente innovadora interesante: son lugares montados a bajo costo, pero donde domina la imaginación, el detalle acertado de buen gusto y el interés por conseguir ambientes gratos alejados de los opresivos conceptos en serie y de baja calidad dominantes en la ciudad.

En cuanto a las iniciativas municipales de adorno, aseo o remodelación de la ciudad, desgraciadamente, una inmensa mayoría de las mismas han resultado sencillamente malas. Desde el polémico edificio nuevo del Ayuntamiento, en cualquier caso detonante con relación al carácter de la plaza, pasando por detalles como el absurdo forrado de las columnas de los soportales mediante losas de piedra a fin de ocultar insólitamente otras columnas de hierro mucho más interesantes, o la instalación en la calle Alarcos de las ya mencionadas imitaciones detestables de farolas decimonónicas y el incongruente embaldosado de sus aceras en rojo y amarillo pálido; hasta el asunto de la fuente construida en la plaza del Aférez Provisional, algo de una tosquedad y una carencia de cualquier dato airoso, que más bien parece la chapuza de un albañil desganado en un día de fiesta. A ello se pueden añadir cosas tan desgraciadas como la sarta de esculturas de niños que salpican los jardines del parque y del Prado de estilo indescriptiblemente estúpido y pasado; el Don Quijote del Pilar, el rey Alfonso X situado frente al Ayuntamiento o la fuente de la plaza de la Provincia, mazacotes de rara tosquedad y gracia nulas, o en otro sentido, la invasión del centro por un montón de coches en una ciudad donde no hacen falta para nada los coches, y muchísimas cosas más que rayan en el delito urbano y atestiguan la incompetencia colegiada de todos cuantos pudieron tener alguna decisión en que todas esas cosas fuesen posibles.

Todo ello denota, en la mayoría de los rectores que ha tenido la ciudad, e incluso en un alto porcentaje de sus habitantes, una suculenta ignorancia en cuestiones de buen gusto, una falta muy notable de escrúpulos para el ejercicio de la especulación, una singular capacidad colectiva para sumar decisiones aberrantes y la carencia, en las antiguas corporaciones (y está por ver en las nuevas), de alguien con un mínimo elemental de criterio y honradez.

Por todo cuanto queda dicho, al pasear por la ciudad en este caluroso verano del 79, entre la decepción, la ira y la nostalgia, resulta sencillo preguntarse: “¿Qué hicieron contigo, Ciudad Real, mi amor?”.




NOTAS

1. Cuando este libro estaba en la imprenta, se ha hecho cargo de la crítica de arte en Lanza el grupo Teav, que por lo menos se ha planteado esta sección con una seriedad y un nivel de cultura sobre el tema desconocidos hasta ahora en el periódico.

2. El número de compañías teatrales que están visitando Ciudad Real durante la temporada 79-80 es sensiblemente mayor. Han venido, hasta Octubre del 79, cinco grupos de género diverso dentro de la misma tónica apuntada en el texto.

3. También cuando este opúsculo estaba en la imprenta hizo su presentación un grupo nuevo llamado Farándula Experimental de Ciudad Real, que montó en el parque un insólito espectáculo titulado Leyenda de la Cruz de los Casados. Las buenas intenciones de principio quedaron ahogadas por un montaje abrumado de defectos técnicos y unos textos inconexos e ininteligibles, aún contando con el carácter experimental del grupo.




miércoles, 18 de enero de 2023

CIUDAD REAL, MI AMOR. BOCETO PARA UNA MEMORIA SOBRE EL ESTADO CULTURAL DE CIUDAD REAL NINO VELASCO, 1979 (VI)

 



Cine. Funcionan regularmente dos salas: el cine Quijano, con una programación lamentable, basada en filmes de la serie B de ínfima categoría, y el cine Castillo, cuya cartelera resulta mucho más cuidada, proyectando la mayoría de las películas con interés que se distribuyen en el país. Hay que destacar las programaciones especiales de los viernes y algunos ciclos esporádicos que duran una semana, hechos en colaboración con el hoy minimizado Cine-Club Juman: se suelen proyectar películas de un alto nivel de calidad, registrándose una asistencia de público masiva, sobre todo joven. Esta buena afluencia de gente evidencia la favorable respuesta del público ante cualquier manifestación cultural cuando éstas contienen suficientes incitaciones entroncadas con las cosas que pasan hoy (como es el caso del mejor cine actual) y, además, se ha procedido a dar una información previa adecuada sobre dichas manifestaciones, tal como han hecho durante algunos años los integrantes del Cine Club Juman.

Información que, desde luego, no ha venido de la crítica cinematográfica del diario Lanza, ante cuyo insólito nivel de calidad espontáneamente surge la pregunta sobre cómo alguien excepcionalmente ignorante en una materia puede ejercer la crítica de esa materia y cómo después de algunos lustros de práctica esa persona no ha aprendido absolutamente nada ni de su oficio, ni de cine.

f) CIENCIA E INVESTIGACIÓN Las condiciones generales de la ciudad no son las más adecuadas, dentro de la tónica del país, para el desarrollo de cualquier tipo de investigación propiamente científica. Las estructuras generales de la zona y del Estado hacen inviable tal actividad, y en este sentido toda omisión es justificable.

En otro orden de cosas es interesante el trabajo que realiza el Instituto de Estudios Manchegos, que cuenta con una revista sin periodicidad fija donde se publican trabajos estimables de investigación histórica, etnográfica y antropológica, con el pero considerable de que estos estudios inciden casi sin excepción sobre zonas históricas que no traspasan el siglo 19 o principios del 20, eludiendo la investigación de parcelas más recientes, cuyo estudio está por hacer. La docta institución cae así en el mismo defecto general que aqueja a toda la actividad cultural de la ciudad: el miedo al enfrentamiento crítico, o sencillamente descriptivo, con el presente, zona temporal que parece no existir.

Aparte de la revista, el Instituto edita esporádicamente libros sobre temas diversos de su ámbito, destacando entre estas publicaciones la preciosa Guía de Ciudad Real, inapreciable documento sobre la ciudad compuesto por Clemente Domingo en 1.869 y reeditado en facsímil por el Instituto en 1.977.

 



El resto de los trabajos de investigación proceden casi siempre de esfuerzos individuales y aislados cuya repercusión entre el público resulta prácticamente nula.

En este sentido hay que hacer mención destacada de Francisco Pérez Fernández, que provisto de una extensa documentación sobre Ciudad Real y su comarca, publicó en 1971 un libro singular, Efemérides manchegas (aparecidas anteriormente en Lanza): se trata de un excepcional repertorio de datos históricos locales y provinciales desde la época fundacional hasta nuestros días. Al atractivo volumen, sin embargo, se le puede hacer un reparo considerable: es un compendio de efemérides de derechas, vaya usted a saber por qué.

Rafael García Serrano, director del Museo de Ciudad Real, en colaboración con Enrique Vallespí y Antonio Ciudad, ha realizado un importante y extenso estudio sobre el achelense y musteriense de Porzuna, una de las zonas más ricas del país en restos de esta época; asimismo es importante su labor de defensa y catalogación de edificios locales y provinciales con valores históricosartísticos amezados de sucumbir bajo la inconsecuente agresión de las inmobiliarias, y hay que señalar, finalmente, su tenaz actuación en solitario (ante la indiferencia general) para conseguir la apertura del museo del que es director, metido en un contencioso Diputación-Estado que no parece tener solución.

El tema de la apertura del museo marca uno de los apogeos de la indiferencia, apatía y desidia cultural de la ciudad. Tratándose de un asunto que concierne directamente a la población, todavía está por ver algún gesto de presión por parte de la prensa, el resto y los medios de comunicación o las instituciones a fin de acelerar este largo proceso.

Entre la serie de trabajos aislados a que hemos aludido, hay que consignar también la encuesta llevada a cabo por Javier Paulino (hijo) sobre la incidencia epidermológica del reumatismo en la provincia, hecha para órganos estatales, o diversas aportaciones de licenciados que preparan sus tesis o tesinas, como el trabajo sociológico y demográfico que realiza Félix Pillet sobre la capital, la investigación en torno a la vida y la obra del pintor manchego Carlos Vázquez efectuada por Josefa Gallego Gil, el ensayo sobre Ángel Andrade, de Carmen López Salazar o, en otro sentido, los estudios sobre arquitectura zonal preparados por José Rivero.

A otro nivel, es muy importante la labor investigativa llevada a cabo por el Grupo Folklórico Mazantini (y su antecedente, la Agrupación de Coros y Danzas), mediante un trabajo de rescate de bailes, música y letras de canciones, trajes regionales, costumbres, juegos infantiles olvidados, festejos populares caídos en desuso, etc.

 



g) CULTURA POPULAR

 

Se entiende por cultura popular la serie de manifestaciones públicas ciudadanas que surgen más o menos espontáneamente de las necesidades de expansión, estéticas, lúdicas, religiosas, etc., de la población, patrocinadas o no por entidades públicas. En este sentido podemos hablar de festejos y celebraciones, esparcimiento público y presencia externa de la ciudad.

Festejos y celebraciones. Las procesiones de Semana Santa y la feria de Agosto son las dos manifestaciones más importantes de este tipo. Hay que añadir la fiesta de la Pandorga, en la noche del 31 de julio, y algunas verbenas veraniegas como las del Carmen, San Pedro y Santiago.

El descuido y la rutina caracterizan a la mayoría de las procesiones de Semana Santa que, según se dice, fueron una buena cosa antes de la guerra. El declive ha ido siendo paulatino y sólo en los últimos tres o cuatro años parece iniciarse el relanzamiento muy tímido de algunas cofradías.

Los cortes continuos en el trayecto de las procesiones, con detenciones que a veces se prolongan durante treinta o cuarenta minutos; penitentes que muestran uniformes deteriorados, descoloridos o cortos (lo que evidencia un notable desinterés por parte de los responsables de las cofradías en lo que se refiere al cuidado de los detalles y la consecuencia de una presencia pública que debe ser impecable); la falta de respeto de muchos cofrades con relación a la propia celebración y al público; la lamentable presencia de una fila central de portadores de estandartes y cruces de gran peso, formada por personas indigentes y, en casos concretos, por deficientes mentales, a los que se viste de forma grotesca y se les carga como a borricos por unos cuantos duros, ya que no existen voluntarios para este menester, más otra serie de detalles similares, deterioran hasta tal punto los desfiles, que vienen a parar en una triste muestra de lo que es la desorganización, la dejadez y las cosas hechas sin cariño.

En conjunto se cuenta con un material de base interesante: pasos de cierto mérito, colecciones de espléndidos estandartes, uniformes de diseño acertado, etc., pero todo esto resulta inútil cuando se afrontan las procesiones sin rigor y con escasa delicadeza. Tal vez únicamente se salvan del general desastre el desfile llamado del silencio, y el que tiene lugar el viernes por la mañana.

En cuanto a la feria de Agosto, las antiguas corporaciones se limitaban a conceder unas licencias para la instalación de atracciones, puestos de venta y bares en el recinto del parque, así como a gastarse un montón de dinero en contratar a una serie de cantantes o grupos comerciales, entre los que más sonaban cada año, para presentarlos en la Fuente Talaverana, lugar tácitamente reservado para la burguesía local. Para diferenciar bien las cosas en la llamada Pista Municipal, se organizaba otro baile para tipos más pobres o con menos clase, para el que se reservaban atracciones completamente desconocidas. Aparte de esta operación discriminatoria, a nadie se le ocurría ningún otro festejo, juego, concurso o kermese en los que, por ejemplo, participasen los niños o personas adultas en un plan mucho más imaginativo, espontáneo y gratuito. La feria se había convertido así en una pura rutina burocrática, como algo que se celebra cada año porque no hay más remedio.




El nuevo Ayuntamiento ha introducido algunas variantes positivas en la última feria, dotándola de un sabor más popular y menos encorsetado. Se han incluido en el programa de festejos sesiones gratuitas de cine y teatro al aire libre (retomando una tradición de hace cuarenta años) y diversas celebraciones públicas orientadas a los niños y los jóvenes (cucañas en los barrios, concursos de zurra, etc). Asimismo se ha rebajado el tono pretencioso de los bailes en la Fuente Talaverana, contratándose atracciones menos espectaculares y costosas, pero posiblemente de mayor calidad y, sobre todo, más acordes con las posibilidades del presupuesto municipal.

Es preciso hacer mención especial del llamado día de las carrozas, fecha en la que no se sabe que admirar más, si el catetismo de las pobres niñas que sufren y sonríen colocadas en los lugares más insólitos de las carrozas, o el diseño y construcción de estas, a medio camino entre la peor falla valenciana y el carro o tractor engalanado para una romería: lo malo es que no se trata de ninguna de las dos cosas, sino de un híbrido que tiene de todo menos cualquier clase de gracia. Resulta desconcertante saber, por último, que dichas carrozas no están fabricadas, como sería lógico y bonito, por los pueblos respectivos que representan, sino que se trata de mamotretos alquilados (generalmente en Valencia) que han pasado ya por muchas ferias ejerciendo el mismo cometido.

Entre las celebraciones feriales hay que anotar, finalmente, las interesantes fiestas del barrio de Los Ángeles, decididamente populares, con todos los ingredientes espontáneos y válidos de la verbena de barriada, sin discriminaciones ni remilgos.

En cuanto a la fiesta de la Pandorga, que se hallaba en declive galopante, la decidida actuación del Grupo Folklórico Mazantini, revitalizando mediante una vuelta a sus formas tradicionales, ha conseguido, en los tres últimos años, inyectarle gran parte del sabor popular que tuvo: espectáculo de danzas regionales en el Prado a cargo del propio grupo Mazantini; actuación de la banda de la Agrupación Musical; la presencia de puestos de limonada y agua de cebada; el revival del pañuelo de yerbas anudado al cuello; baile público y gratuito en el recinto de la plaza, etc., prometen devolver a esta fiesta singularmente manchega la importancia que tuvo hace cuarenta años y sus elementos tradicionales más interesantes.

En lo que se refiere a las verbenas, su tristísima decadencia ha llegado a un grado tal, que resulta incluso doloroso acercarse a ellas: tres puestos de garrotas de dulce y gente que se aproxima esperando encontrar algo y no encuentra nada, resumen este capítulo.

Se puede hacer mención, finalmente, de dos sucesos lamentables que tienen lugar en Navidad: el belén que se coloca frente al Ayuntamiento y la cabalgata de Reyes, ambas cosas hechas con todos los agravantes de la rutina, el chapucerismo, la descortesía hacia el público y la torpeza propia de la incompetencia cuando, además, se trabaja con desgana y por obligación.



martes, 17 de enero de 2023

CIUDAD REAL, MI AMOR. BOCETO PARA UNA MEMORIA SOBRE EL ESTADO CULTURAL DE CIUDAD REAL NINO VELASCO, 1979 (V)

 



c) ARQUITECTURA

 

Este epígrafe puede quedar resuelto con un solo enunciado: en Ciudad Real, salvo casos contados, no se hace arquitectura, se hace construcción. Es decir, las tareas que debían estar reservadas para arquitectos y urbanistas, se hallan en manos de contratistas, aparejadores y maestros de obras. El arquitecto, en la mayoría de las ocasiones, es un elemento secundario, sometido siempre a los imperativos comerciales del tráfico del suelo. El planteamiento resulta sencillo: dado un solar, se trata de obtener del mismo el máximo rendimiento económico posible; si se pueden sacar doce pisos en lugar de ocho, tanto mejor para la inmobiliaria.

El resultado de todo esto es una ciudad de inapelable fealdad, llena de edificios disparatados, con espacios habitables angostos y standard, cuyo desgraciado conjunto consiste en un montón de mamotretos carente de la más mínima categoría, faltos de imaginación y ajenos del todo a cualquier tipo de soluciones meditadas de cara a conseguir una ciudad bonita y habitable o, en otro sentido, inscrita en los módulos de la arquitectura zonal.

Pero no sólo se carece de auténtica arquitectura; además se practica la destrucción indiscriminada. Se derriban, saltándose toda clase de ordenanzas en contra, edificios interesantes, y se destruyen fachadas o portadas de valor para levantar en su lugar estúpidos cubículos que sólo resultan interesantes para los traficantes del suelo y la vivienda. El hecho, además de brutal, bordea lo delictivo. La gente, mientras tanto, alborozada, paga cuatro, cinco o siete millones por pisos asfixiantes y descuidados, pero pretenciosos, que ya no se consideran como un buen sitio para vivir, sino como una segura inversión. De este modo nadie se plantea nunca el hecho de adquirir un espacio para habitar humanamente, sino que compran cierta cosa donde caben muebles y tiene la maravillosa virtud de ir subiendo de valor con el paso de los años.

Un ejemplo concreto, en fin, define la trayectoria urbana de la ciudad: la plaza del Pilar. Se destruyeron todos sus bonitos edificios de las primeras décadas de nuestro siglo, para levantar en su lugar indeseables engendros de hasta catorce pisos, que han convertido a la plaza en un agobiante embudo donde no existe absolutamente nada que contenga la más leve gracia o interés, salvo, precisamente, los dos edificios antiguos que aún se conservan milagrosamente.

Naturalmente, hay excepciones: el recién inaugurado Colegio Universitario, es un intento interesante de adecuar una arquitectura zonal a unos fines específicos sin olvidar la consecución de un ambiente limpio y grato. Ha sido financiado en gran parte por la Caja Rural Provincial, entidad que, dejando aparte las significaciones políticas y humanas de sus rectores, ha ejercido en numerosas ocasiones un elogiable mecenazgo cultural.




d) MÚSICA

 

En lo que se refiere a música clásica o sinfónica, la inexistencia de una orquesta local, o al menos, algún grupo de cámara, elimina cualquier posibilidad de asistir regularmente a conciertos de esta clase.

El Museo de Ciudad Real, por su parte, ha presentado con cierta asiduidad a minigrupos de cámara, o solistas, a cuyos conciertos asiste una minoría de público tan exigua que casi se queda en nada. La Casa de Cultura hace algo semejante y, salvo casos aislados, los intérpretes que presenta en la ciudad son semiprofesionales de tercera o cuarta categoría que sólo tienen posibilidades de contratación en provincias de una entidad cultural semejante a la nuestra.

En lo que se refiere a las emisoras locales, emiten una hora semanal de música clásica, y eso porque existe una orden gubernamental que les obliga a ello. Mucho más interés tiene, por su incidencia en la ciudad, la llamada Agrupación Musical, que reúne bajo esta denominación a una banda y una coral.

La banda ofrece conciertos regulares en verano, un par de actuaciones extraordinarias al año en el cineteatro Quijano, en unión de la coral, además de salir en casi todas las procesiones o desfiles y protagonizar cuantos pasacalles y festejos se producen en la ciudad.

Los conciertos veraniegos de la banda en la Fuente Talaverana del parque llega a reunir hasta trescientos o cuatrocientos asistentes, ofreciéndose el tipo de composiciones de gran aceptación popular que suelen constituir el repertorio de todas las bandas (pasodobles, marchas, fragmentos de zarzuela y música fácil de compositores del siglo 19 o principios del 20). La calidad técnica y sonora de estos conciertos es más bien mediocre, cuestión que es más achacabie a la estructura de la entidad que a errores de su director, Rafael Calonge, o de los miembros que componen la banda. Formada en gran parte por músicos que proceden de pueblos cercanos, prácticamente amateurs, con poco tiempo para ensayos y unos presupuestos de trabajo nada favorables, resulta lógico que la calidad de sus actuaciones no tenga el nivel propio de las cosas que se hacen en condiciones más confortables.

Una mayor profesionalización de la banda, que exigiría una dotación económica apropiada por parte de entidades públicas o privadas; depuración de la calidad sonora y una renovación del repertorio tendente a deparar al auditorio menos música repetida, podrían hacer de esta institución un eficaz medio musical para la ciudad.


Interior de la Casa de la Cultura del Prado



En cuanto a la enseñanza, no existe ninguna entidad seria (oficial o no) que imparta disciplinas musicales. Así que, aparte de diversos profesores particulares más o menos rutinarios, funciona una academia privada cuyos métodos, presupuestos y sistemas resultan más bien torpes: no se prepara a músicos, sino a alumnos que tienen que hacer determinadas cosas mecánicas en función de aprobar los exámenes en el Conservatorio de Madrid.

En el capítulo de "la otra música", la que parte de Elvis Presley (por nombrar un hito visible y contundente) y, con diversas ramificaciones acaba en las distintas formas del rock actual, el panorama, si cabe, es más desalentador. Se producen esporádicos festivales francamente mediocres y surgen pequeños grupos sin ninguna intención seria, ni las condiciones técnicas y ambientales para poder hacer música de este tipo tan sólo aceptable.

Las emisoras, por su parte, carecen de expertos en esta difícil especialidad y, junto a masivas cantidades de música de la peor categoría, introducen las muestras que más suenan del rock sin saber a ciencia cierta de qué va el asunto.

Los gustos musicales medios de la ciudad oscilan así entre Julio Iglesias y La verbena de la Paloma, y sólo gente aislada y superminoritaria se interesa por la música sinfónica de vanguardia (o, sencillamente, por Beethoven) y, en otro terreno, pueden distinguir entre un rock sinfónico y un rock duro o delimitar en qué consiste el sonido heavy metal.

Un buen número de gente progre siente predilección por cierto tipo de canción latinoamericana de izquierdas, lo que resulta ya un tópico circunstancial bastante grueso, y se desconoce, en términos generales, la gran música de jazz o los clásicos de la música melódica.

Hay que destacar el trabajo de jóvenes aislados interesados vocacionalmente por la música, que afrontan un esfuerzo tremendo y en solitario por hacer algo con seriedad en contra de circunstancias ambientales adversas y nada estimulantes.

Mencionaremos finalmente la insólita existencia de capillas catacúmbicas de aficionados al flamenco y de cantaores muy aceptables, que hacen reuniones esporádicas y casi secretas en lugares como el Club Taurino. Sería muy interesante dar una opción pública a estos grupos, cultivadores de una forma de expresión musical tan compleja, difícil y peculiar.




e) TEATRO, ESPECTÁCULOS Y CINE

 

Teatro y espectáculos. Una ausencia casi total de manifestaciones teatrales o espectáculos de otro tipo dados sobre un escenario, resume la actividad local en este sentido.

Sólo de vez en cuando recalan en la ciudad compañías teatrales (por llamarlas de alguna manera) montadas especialmente para hacer bolos por provincias subdesarrolladas culturalmente, que encabezadas por algún tipo que ha conseguido cierto nombre secundario en TVE, por ejemplo, presentan funciones del género llamado revista en las que uno no sabe de qué abochornarse más, si de la infraliteratura de los textos, del mal gusto de interpretes y montajes o de la grosería general del suceso. La comedia resulta aún más rara: llega una compañía al año, aproximadamente, con los mismos presupuestos que los grupos de revista: presentan cositas intrascendentes, chapuceramente montadas y puestas en escena con la más lamentable de las desidias. Todas estas cosas y el teatro mínimamente digno, no tienen nada que ver (2) .

En cuanto a colectivos locales, funciona actualmente el Grupo-Escuela de Arte Dramático Arlequín, dirigido por José Luis de los Ríos. Sobresale por sus escasísimas apariciones públicas (creo que, en Ciudad Real, han sido cinco en cuatro años, y siempre con las mismas cosas), lo que supone un escaso nivel de incidencia sobre la ciudad. Hacen un tipo de teatro lineal, del que no se puede decir nada, salvo que alguien dice y realiza algo sobre un escenario, sin otras perspectivas que hacer posible este simple hecho. Da la impresión de que el grupo trabaja sin ninguna clase de presupuestos teóricos definidos, lo que da lugar a funciones donde se aprecia cierto cuidado en los detalles de superficie (vestuario, maquillaje, etc.), pero ningún dato que evidencie un planteamiento serio del suceso dramático como algo unitario, con un determinado ritmo, sentido del espectáculo y un concreto climax derivado de la puesta en escena y el montaje. Resulta así evidente la desvinculación del grupo con el teatro contemporáneo más inquieto.

También funciona, aún menos que Arlequín, un equipo de teatro para niños denominado Zipi y Zape, oscilante entre los musicales de Gabi, Fofo y Miliki, la astracanada a nivel infantil y el desfile malo de marjorettes. Su director, que tiene un notable sentido de lo que es el espectáculo teatral y cierto conocimiento de la psicología infantil, entra en una considerable debacle cuando se hace patente su afición por el sainete desenfrenado y una falta de buen gusto en los detalles generales (vestuarios, decorados, escenografía) excepcionalmente acusada.

En estas circunstancias resulta dudoso saber si no sería preferible que no hubiese ningún grupo de teatro para niños a contar con uno de estas características (3).

En cuanto a espectáculo de otro orden, la miseria es descorazonadora: algún festival de rock aislado y malo, una ridicula muestra anual, en el teatro Quijano, de lo que saben hacer las niñas que estudian ballet; elecciones de Dulcineas o la celebración de juegos florales decimonónicos; la presencia de grupos o cantantes comerciales durante la semana de ferias en la Fuente Talaverana y, como nota destaca sobre el resto, las esporádicas actuaciones del Grupo Folklórico Manzantini, siempre cuidadas y presididas por un buen gusto general en los detalles que se agradece.

Esta agrupación, cuyos objetivos consisten en la conservación, rescate y difusión del folklore comarcal en todas sus manifestaciones, trabaja con amor, imaginación y detallismo, siendo uno de los vehículos de cultura popular más interesantes de la ciudad.



lunes, 16 de enero de 2023

CIUDAD REAL, MI AMOR. BOCETO PARA UNA MEMORIA SOBRE EL ESTADO CULTURAL DE CIUDAD REAL NINO VELASCO, 1979 (IV)

 



Bibliotecas y librerías. La ciudad sólo cuenta con una biblioteca francamente pública: la de la Casa de Cultura. Con un fondo de 30.000 volúmenes y adquisiciones anuales variables, presenta las deficiencias administrativas, escasez de personal especializado e incluso falta de espacio, que caracteriza a las instituciones similares de todo el país, achacables en gran parte a la administración central. Su fondo de libros adolece, también, de los defectos que se repiten en casi todas las bibliotecas de este género: ausencia de textos sobre las manifestaciones culturales más actuales, ignorancia de ciertas formas de cultura vigente y abundancia de libros triviales sin utilidad para nadie. Entre sus datos positivos hay que anotar la organización de 29 bibliotecas públicas en la provincia, de las cuales 10 son Casas de Cultura. Es, también, Archivo Histórico de la Provincia y Archivo de Hacienda. Carece de una sala de prensa, y su sección infantil resulta completa, con un material bien seleccionado que incluye casi todo lo mejor que se publica en España para niños.

La biblioteca del Colegio Universitario, con unos quince mil volúmenes especializados en las materias que se imparten en las tres ramas que alberga dicho Colegio, es moderadamente completa.

Registra entradas de libros todos los años (o casi todos) y cumple, también moderadamente, los objetivos de servir de centro de documentación para estudiantes y profesorado. Tiene una incidencia casi nula en el resto de la población no universitaria.

Hay que mencionar tres bibliotecas más: la del casino, reservada para socios, que es un fósil a cuyas estanterías no han entrado libros nuevos hace unos cuantos lustros; la del seminario, privativa del centro, y la del Instituto, con un interesante fondo de libros antiguos que, dada su falta de servicio, no sirven para nada.

La ciudad cuenta con tres librerías propiamente dichas (es decir, que no se complementan con una sección de papelería): Manantial, Oretum y Tartessos. Las dos últimas ofrecen al público una muestra amplia, vigente y escogida de lo mejor que se publica en el país, denotando en su línea general una indiscutible vena librera de la mejor calidad. Se trata de dos establecimientos comparables a los más inquietos de ciudades mayores, y su supervivencia, a base únicamente de la venta de libros, resulta casi milagrosa.

 



Manantial, perteneciente a una comunidad religiosa seglar, tiene el mismo carácter que todas las librerías de este tipo: incide, sobre todo, en el libro religioso, de filosofía, psicología y pedagogía, omitiendo, en general, la literatura más actual y comprometida.

Las papelerías-librerías Aspa, Guadiana, Lérida, Minerva y Ruiz Morote, se dedican especialmente a lo que podríamos denominar libro comercial o burgués, salvo Guadiana, que si bien añade a esta clase de publicaciones un tipo de libro de mayor interés, denota cierta irregularidad en la renovación de sus existencias y en la recepción de las mejores cosas.

Edición. La autoedición a cargo del propio autor ha venido siendo el sistema de publicación más usual en la ciudad. En otras ocasiones la financiación ha corrido a cuenta de entidades públicas o privadas (Diputación, cajas, etc.), y siempre dentro de unas condiciones de impresión, comercialización y distribución tan primitiva, que la mayoría de los libros editados, al margen de sus propios valores, alcanzan una difusión exageradamente exigua. Las tiradas oscilan entre los 500 o 1.000 ejemplares como máximo, con unas características editoriales (diseño, tipos papel, portadas) de espectacular baja calidad no achacable a las imprentas, sino, sobre todo, a una demanda sin criterio y a unos supuestos económicos que no permiten la contratación de especialistas cualificados.

El Instituto de Estudios Manchegos, con una revista propia y varios libros en la calle, era la entidad que mantenía hasta hace poco una línea más continuada de edición, y en la actualidad es el Museo de Ciudad Real el centro que muestra una mayor actividad en este sentido: ha lanzado dos colecciones de libros con los títulos genéricos de Faciendo la vía del calatraveño, de poesía, y Silva de varia lección, de ensayo, además de sacar, esporádicamente, otros productos de interés, como posters, carteles, etc. Las ediciones del Museo muestran, por otra parte, un correcto nivel de calidad gráfica, que hacen de estas iniciativas algo realmente interesante. Sólo es preciso, ahora, que los temas que edite conecten más directamente con los problemas vivos de la ciudad o región, cosa que resulta imposible con títulos tan sorprendentes y ajenos como Antología de poesía de tema arqueológico.





b) ARTES PLÁSTICAS

 

Pintura. La nómina de pintores profesionales, jóvenes estudiantes de Bellas Artes o simples promesas y aficionados es bastante numerosa. El panorama, sin embargo, no resulta demasiado alentador.

Los llamados profesionales, que exponen y venden regularmente, hacen una pintura pasada y acomodaticia, pensando sobre todo en los gustos de una clientela absolutamente carente de criterio, que compra cuadros como quien compra cortinas floreadas o lámparas de pie, por la sencilla razón de que la burguesía media y alta suele tener pintura colgada por las paredes de sus casas y hay que seguir la norma. No tienen ni idea de lo que adquieren y los motivos que les impulsa a tomar tal decisión son más bien sociales y competitivos que de otro tipo.

Se estila una pintura que, o es una mezcla de realismoimpresionismo a la manera, por ejemplo, de Manet (que vivió hace un siglo), con temas tan poco sugestivos y rompedores como puede ser el paisaje, el bodegón o el interior, o bien, los más audaces, hacen algo así como un expresionismo de matices medio místicos, que recuerdan al Villaseñor de los años 50s. Se trata de una pintura conformista y, fundamentalmente, poco culta, que nunca alude a la ciudad como ente vivo y contemporáneo, y tiene poco que ver con cualquiera de las alternativas del mejor arte actual.

Francisco Vela Síller es la figura más interesante dentro de esta línea: un pintor de indiscutible calidad técnica, en superación continua, que ve limitadas sus posibilidades expresivas por presiones y carencias de tipo ambiental. Su evolución aún no ha terminado.

Es sumamente esperanzadora la trayectoria de pintores muy jóvenes que se plantean la pintura con el compromiso y las intenciones renovadoras inherentes a todo arte válido: Santiago Vera, Miguel Ángel Mila, Manolo Rodríguez Barrejón o Antonio del Valle están dentro de esta línea.

Como dato positivo hay que mencionar los intentos del grupo TEAV, que tras un arranque muy fuerte y bienintencionado a finales del 77, no han vuelto a dar señales de vida. Sus intenciones rupturistas o críticas, y la exposición en las navidades del citado año 77 en el vestíbulo del Ayuntamiento, a pesar de su calidad mediocre y un montaje muy defectuoso, tenía la virtud de intentar algo distinto y conseguir un contacto más directo con la gente.

Existe una sola sala comercial, la galería Andrade, dentro de la línea tradicional ya apuntada, y tres salas pertenecientes a organismos oficiales (Casa de la Cultura, Escuela de Artes y Oficios y Colegio de Arquitectos). El funcionamiento irregular de estos locales, carentes de criterios definidos y con muestras de bajísima calidad, resulta más que lamentable, sobre todo en lo que se refiere a la Casa de la Cultura y la Escuela de Artes y Oficios. Sin la competencia más elemental por parte de quien sea para plantear una selección de nivel mínimo, estas salas se han convertido, poco a poco, en el refugio de señoras, señoritas y señoritos expositores que son cualquier cosa buena menos algo parecido a un artista responsable. Una especie de consejo de selección y gestión, formado por profesionales de las artes, se hace imprescindible en estas instituciones que, dado su carácter, deberían velar por mantener un intachable prestigio.





Como dato esperanzador hay que apuntar que se prevé la creación de una sala permanente municipal en el vestíbulo del Ayuntamiento, cuyos presupuestos deben estar muy claros desde el principio para no incurrir en los mismos errores que el resto de las salas oficiales.

El banco de Santander puso en funcionamiento una sala de exposiciones coincidiendo con la inauguración de su nuevo edificio en 1.976. Se trata del mejor recinto de la ciudad dedicado a muestras de arte, y su actividad, hasta la fecha, sólo ha sido esporádica. Se han colgado siempre firmas manchegas de cierto prestigio, e inició su andadura con una excelente colectiva de pintores de la provincia entre los que figuraban nombres tan consagrados como Antonio López García, José Ortega o Gregorio Prieto.

Un centro de enseñanza, la Escuela de Artes y Oficios, proporciona a quienes desean iniciarse en cualquiera de las ramas artísticas que se imparten en ella, una formación incolora, inodora e insípida, a medio camino entre la rutina y el sopor, incapaz de despertar en sus alumnos los más leves destellos de algo que no sea el aburrimiento.

Diseño, ilustración y comic. Sólo casos aislados se interesan por esta modalidad de la imagen, considerada por los pintores profesionales de la ciudad (y por todo el mundo) como algo menor y yo diría que despreciable. Sin embargo, se trata posiblemente de la verdadera alternativa de las artes visuales planas en un momento de crisis de la pintura, ya que es la única especialidad que conecta directamente con la vida real de la sociedad contemporánea, con un nivel de presupuestos casi siempre más innovadores y de mayor altura técnica que los ofrecidos por la pintura de caballete.

Nino Velasco es el único profesional del comic que vive en la ciudad; colabora asiduamente con revistas de Madrid y Barcelona dentro de un estilo que podríamos denominar Pop, difundido en Europa durante los años 60s., de la mano del editor francés Eric Losfeld. Miguel Ángel Mila realiza prometedores trabajos de diseño de carteles, y Santiago Vera apunta como un excelente ilustrador de literatura infantil.

Otras artes. El resto de las artes plásticas (escultura, cerámica, fotografía, etc.) carece de cultivadores o manifestaciones con un mínimo de relevancia o incidencia en la ciudad. No existen en la actualidad escultores, ceramistas, grabadores, etc., que se dediquen seriamente a estas disciplinas, salvo en lo que se refiere a producciones esporádicas de categoría insignificante; en cuanto a los fotógrafos profesionales, se aplican a tareas puramente comerciales (fotos para carnets, reportajes de bodas y bautizos), trabajos que quedan inscritos en las más depuradas normas de lo standardhortera. Sólo cabe mencionar, posiblemente, la interesante labor de Luis Morales (hijo) como profesor de la Escuela de Artes y Oficios, y como autor de alguna obra aislada y sin continuidad.

En el campo de la artesanía hay que hacer mención, finalmente, del trabajo que lleva a cabo desde hace años el relojero José Ayala, constructor minucioso de diversas máquinas a pequeña escala (bicicletas, coches) cuya virtuosa y sorprendente ejecución las hace entrar por derecho propio en la mejor tradición del miniaturismo artesanal.




domingo, 15 de enero de 2023

CIUDAD REAL, MI AMOR. BOCETO PARA UNA MEMORIA SOBRE EL ESTADO CULTURAL DE CIUDAD REAL NINO VELASCO, 1979 (III)

 



4. LA DESINFORMACIÓN NUESTRA DE CADA DÍA.

Entonces, volviendo a Ciudad Real, lo que pasa sencillamente, es que no ocurre nada incitante para un productor o usuario de cultura, para cualquier autor de algo, salvo el espectáculo diario de su inercia y su atonía. A ello hay que añadir que se trata de una ciudad desinformada. Sus canales de comunicación (prensa, radio, elemento docente, instituciones culturales, etc), salvo excepciones, inciden contumazmente sobre informaciones viejas o tópicas, cuando no escandalosamente estúpidas, que mantienen el status cultural sin ser capaces de renovar, o al menos remover, sus tranquilas y desfasadas aguas. Y esto por una causa fundamental: las propias cabezas encargadas de producir información, también salvo excepciones, están ellas mismas desinformadas. Por todo esto, la poca cultura que se produce está completamente disociada de la vida real de nuestro tiempo, es ajena a los auténticos problemas de la ciudad, a su latido y a su trayectoria. ¿Qué tipo de cultura, al menos honrada, podría hacerse aquí?

 

5. LA SALUDABLE CRITICA.

Dadas las circunstancias generales apuntadas, el oportuno tipo de cultura que nuestra ciudad está reclamando, a fin de conseguir por lo menos alguna reacción de sus gentes (aunque fuese una reacción indignada), consiste en cierta forma de cultura crítica. Crítica de sus estamentos, de sus inertes ciudadanos, de su aplastante atonía. Y esto es, justamente, lo que no se hace. ¿Quién se atreve a hacer crítica seria en una ciudad de cincuenta mil habitantes, donde todo el mundo te apuntará después con el dedo? Alguien tiene que hacerlo y alguna vez es preciso comenzar. Los sucesos culturales más importantes casi siempre suelen iniciarse con maneras y conceptos críticos, que después, pese a que hicieron daño a mucha gente (a toda la gente a quien debía hacer justamente daño) producen con el tiempo saludables y positivas consecuencias.

 

6. MEMORIA DEL ESTADO CULTURAL DE CIUDAD REAL.

Tras este preámbulo se impone hacer ya una descripción, lo más completa posible, de la actividad cultural que se produce en Ciudad Real, a fin de calibrar globalmente su tono actual, descripción que, siendo coherente con todo lo dicho anteriormente, se deduce que deberá ser crítica e imparcial, en la medida que esto es alcanzable.

La estructura de esta descripción es bien simple: se trata de ir pormenorizando las ramas más re levantes de la cultura para ver qué se hace ahora con relación a ellas en nuestra ciudad. En este sentido se tocarán los siguientes apartados: Letras, Artes de la imagen, Arquitectura, Música, Teatro, Espectáculo, Cine, Ciencia e Investigación y Cultura Popular, cada uno de los cuales se subdividirá en los géneros pertinentes.

Nos referiremos siempre, como se indica en la introducción, sólo a aquellas manifestaciones o personas que se producen o trabajan en Ciudad Real capital, omitiendo cualquier mención al buen número de gente radicada en otras ciudades (especialmente en Madrid), que por desarrollar su actividad profesional lejos de nuestro entorno, su labor sólo tiene escasa incidencia entre nosotros.


Miembros del Grupo Literario Guadiana


a) LETRAS

 

Narrativa. Esta ciudad no fue nunca un lugar pródigo en narradores, y en la actualidad no se conoce a ningún escritor de ficción que se dedique seriamente a este género literario, salvo algún caso aislado sin la menor repercusión sobre su medio.

Hasta hace un par de años el Ayuntamiento concedía un premio anual de novela. Dada la escasa competencia del jurado que lo otorgaba, se premiaron en cada convocatoria novelas de bajísimo nivel que pasaron desapercibidas para el público, no sólo por su propia indigencia literaria, sino también a causa de una comercialización y distribución primitivas. Estas circunstancias hicieron de dichas novelas y del premio mismo algo carente del más mínimo interés para la ciudad, lo que precipitó, lógicamente, su desaparición.

Poesía. La tradición poética está mucho más enraizada en la cultura de Ciudad Real. Se produce un número singular de personas que escriben versos, y se puede decir que existe un estilo local de poesía intimista, muy marcada por el paisaje de la zona, cuyo exponente más representativo, en la actualidad, es el denominado Grupo Guadiana. Publica una revista titulada Manxa desde hace varios años, distribuida por suscripción, que sólo suscita una atención pública reducida casi únicamente a sus propios colaboradores.

Los poetas de este grupo hacen una poesía encorsetada y formalista, muy medida y aseada, provista de un ritmo que podríamos calificar de perfecto. Sin embargo, se trata de poesía vieja, carente de cualquier poder incitador, que utiliza un lenguaje supersobado procedentes de los poetas españoles de los años 50s. y está exenta del menor atisbo de crítica o saludable espoleamiento capaz de sugerir a la gente algo acorde con los tiempos presentes.

Es en fin, poesía de salón, fosilizada y masturbatoria. Vicente Cano, Julián Márquez, Morales Bonilla, González Lara, Marciano Cuesta, etc., pertenecen a esta tendencia.

Resulta más interesante el trabajo de algunos poetas muy jóvenes, provistos de mayor capacidad de sugerencia y maneras menos tópicas. Se pueden citar entre estos a Miguel Ángel Mila, autor de un interesante libro titulado Pequeña senda de poniente, y a José Luis Mora, con trabajos esporádicos e inéditos.

 



Un sector joven del Grupo Guadiana, formado por José María González, María del Carmen Matute, Pedro A. González y María del Prado de Juan, practican la interesante modalidad del recital poético público y tienen a su cargo un programa diario de poesía, Palabra al viento, en La Voz de Ciudad Real, que sirve de cierre a las emisiones. Su intrínseco trabajo literario, no se distancia demasiado de la tendencia dominante en el Grupo Guadiana, aunque sus intenciones son más o menos renovadoras.

En general, toda esta poesía peca de un defecto mayor en cualquier expresión artística: el irrealismo y un alto grado de creencia en el mito de las artes, que se entienden, no como una forma de investigación de la realidad y del hombre, sino más bien como algo, perteneciente a una vaga entidad llamada "espíritu" y hecho tan sólo a golpes de corazón y de palabras hermosas que sirven para conseguir un buen ritmo sonoro. Parece olvidarse que las cosas hechas únicamente a golpes de corazón y buena sonoridad, están expuestas al yerro continuo, ya que las artes son patrimonio, fundamentalmente, de la inteligencia selectiva y del trabajo tenaz en busca de formas expresivas capaces de desvelar aspectos o ángulos desconocidos de la realidad.

Teatro. Tampoco existe una tradición teatral en la ciudad que pueda ser significativa. En este sentido salvo error u omisión, no se tiene noticias de nadie que, con cierta seriedad y regularidad, se dedique a esta especialidad. Del teatro como espectáculo se habla más adelante.

Ensayo. Se produce, a niveles muy minoritarios, ensayos de investigación histórica, antropológica, o sociográfica, de los que se habla en el apartado Ciencia e Investigación. 




Prensa. Se publica el diario Lanza, que dirige Carlos María San Martín. Se trata de un periódico que, comparado con otros de ciudades similares a la nuestra, presenta un volumen de papel y una contextura general de diario que le permite ser una publicación más sólida o madura. Salvo este dato formal, el contenido propiamente periodístico resulta bastante sorprendente: siendo un periódico que no puede competir con la prensa de Madrid a nivel de información nacional, su verdadero cometido, que sería la noticia, comentario y crónica de la vida local y provincial, está servido de tal forma que un lector asiduo del mismo jamás podrá saber a ciencia cierta qué pasa en nuestra zona y cómo late. Ejerce, pues, una rara habilidad: la capacidad de ofrecer mucho papel escrito que no dice absolutamente nada.

El periódico omite cualquier compromiso serio con relación al montón de problemas que afectan a la ciudad, es ajeno a su pulso y se inhibe de cualquier tipo de crítica frontal. Se olvida, con increíble asiduidad, de sucesos o estados permanentes ciudadanos ciertamente graves y, sin embargo, se muestra sensible (concediéndoles buenos espacios) a tonterías como el espectáculo anual de ballet ofrecido por las niñas que estudian danza, elecciones de Dulcineas o plomizas e insólitas Cartas a los emigrantes, sin el menor interés divino o humano. En ocasiones formula suavísimas críticas municipales, que inciden siempre sobre la superficie sin tocar nunca la base de los problemas. Los comentarios políticos del periódico, por otro lado, constituyen sin excepción una muestra perfecta de qué cosa es una postura ultra. En cuanto a sus firmas, sólo Pedro Peral se salva de cierta catástrofe generalizada, con maneras de buen comentarista incisivo, dotado de un lenguaje periodístico vigente, al margen de que estemos en las antípodas de sus posiciones políticas.

Párrafo aparte merece la incompetencia de sus críticos culturales, que alcanza grados de rara amplitud. A un elemental sentido de lo que es escribir para un periódico, unen una desinformación tan profunda sobre las disciplinas de que son titulares, que uno se pregunta con sorpresa qué raros azares han hecho posible que estas personas estén al frente de unas secciones de crítica para las que se hallan obviamente incapacitadas. El periódico resulta así, como vehículo informativo de sucesos culturales, no sólo inoperante, sino nocivo (1).

20.000 kms2 es la revista de la Diputación (llamada popularemente 20.000 leguas de viaje submarino): sale cuando Dios quiere y es una solemne chorrada. Con un presupuesto costosísimo (mucho papel couché, mucha foto en color) se trata de una incongruente cosa compuesta de artículos varios previstos para contarnos lo bien que marcha todo en la provincia y lo activa y emprendedora que es nuestra Diputación. No plantea nada que no sea folklorismo barato, siendo ajena a toda clase de información, encuesta o comentario mínimamente comprometido. No se comprende bien ni para qué, ni por qué existe, y es un ente periodístico, en fin, cuyo mejor logro consiste en haber estimulado la creatividad popular para inventarse el magnífico apodo que ostenta.