Rogativas
Otra manifestación de la Fe en la actuación medianera de Nuestra Señora, la encontramos en las Rogativas que realiza el pueblo cuando los males afectan al campo y a sus frutos. En especial estas Rogativas las solían hacer ante la seguía y las plagas.
Rogativas por aguas encontramos en diversas sesiones del Ayuntamiento de Ciudad Real, como la conservada del año 1779. (A.A.C.R. Leg. 27).
Las plagas de Langosta, que tan repetitivamente afectaron a las tierras de La Mancha, son motivo de que el pueblo vuelva su mirada esperanzada, como en tantas ocasiones, hacia la Virgen.
"En la ciudad de Ciudad Real, a tres días del mes de Junio de mil setezientos y diez años... en este ayuntamiento se trató la gran plaga de langosta que hay en el término y que se an puesto los medios posibles no bastan y para acudir a Dios Nuestro Señor que sirva aplacar su ira y mi ramos con ojos de piedad y misericordia y por los buenos suzesos de la monarquía acordo la Ziudad se baje a la Santísima Imagen de Nuestra Señora del Prado Patrona de esta Ziudad y se le haga novenario Se nombran por Diputados a los señores D. Gaspar del Forcallo y D. Juan de Maiorga y que al dicho novenario asista el Cavildo Eclesiástico para cuio efecto dichos señores Diputados beran a su abad y al Cura de dicha parroquia de Nuestra Señora del Prado y hagan las demas prevenciones que convengan.
Y se feneció dicho cabildo y lo firmaron como acostumbran y que dicho novenario que empieze el martes seis del corriente. Firmado D. Francisco Muñoz y D. Gaspar de Forcallo y Heredia, ante mí Pedro García Moreno". (A.A.C.R. Leg. 20. Folio 1072).
En la Edad Media la esfera religiosa y económica se entrelaza, por eso, como señala Simson, la época de las grandes iglesias de peregrinación y de las catedrales es también desde el punto de vista económico la de las grandes ferias. Eran estos mercados periódicos que con gran fuerza movían concentraciones intermitentes de la vida económica de regiones enteras estimulando al mismo tiempo el crecimiento de estas ciudades medievales.
"Las festividades religiosas por
su solemnidad, por el número de personas que atraen, por su periodicidad
regular y por la seguridad de que la protección divina se extiende a todas las
reuniones que se celebren bajo sus auspicios, suponen necesariamente una
oportunidad para realizar transacciones comerciales... No hay gran festividad
que no tenga su feria, ni a la inversa, una exige la otra". (HUVELIN,
P. 1887, pp. 37).
En Ciudad Real se repite este fenómeno, también en la Edad Moderna. En tiempos de Felipe III, la ciudad sufría una gran despoblación por la numerosa emigración a América y por la total expulsión de los moriscos. En esta situación, se buscó dar nuevo auge a la vida ciudadana haciendo coincidir las fiestas patronales de agosto, con el resurgir su feria.
La importancia que el concejo daba a la feria se hace patente en el nombramiento, del que tenemos constancia en el año de 1680, de dos comisarios.
"Y se nombran dos cavalleros comisarios que son los señores D. Juan Muñoz de Loaisa y D. Alonso de Belmar, que son diputados de este mes para que asistan en el tiempo de la feria para en nada falte el abasto para el que veniere todos este mes a la feria Y que se haga saber para que loguardaren" (A.A.C.R. Leg. 19. Folio 14).
En efecto la vida comercial desarrollada en estas fechas apenas sería imaginable sin la gran devoción a Nuestra Señora del Prado. Esta gran actividad se desarrollaba en las calles y plaza inmediata a la parroquia de Nuestra Señora del Prado como nos testifica el bando conservado de Agosto de 1886. En él se nos describe la ubicación de los feriantes.
“en la plaza se colocarán las tiendas de comercio... las obras de calderería en la parte interior de los portales de la casa consistorial... la elaboración de buñuelos en la fachada de Pósito público... ocuparan la calle cuchillería los puestos de fruta y panaderos con carros”. (A.A.C.R. Leg. 38. Fol. 30).
Por otra parte, la devoción a la Virgen aparece también en las celebraciones solemnes de todos aquellos actos que hacían relación con la monarquía. Ya hemos aludido al entrelazamiento de la vida religiosa con todos los demás ámbitos de la vida de la ciudad o del reino. Es de nuevo Simson quien expone con documentos medievales esta idea:
"Místico y realista a la vez,
Suger esperaba que la construcción de su iglesia (se trata de Saint-Denis) y la
ceremonia de su consagración, en las que había participado todo el reino,
contribuyeran a la consolidación de Francia bajo la corona.(...) (por eso
concluye el tratado donde explica la construcción, con estas palabras) ¡Oh
Dios, que restauras y transformas milagrosamente el presente en el Reino Celestial...
por tu poder y misericordia nos conciertas a nosotros y a la naturaleza de los
ángeles, al cielo y la tierra, en una sola república!". (SIMSON, Otto
von, 1985, pág. 153).
La iglesia de Santa María del Prado enclavada en un sitio significativo de Ciudad Real, buscó su propia monumentalidad aprovechando la ligera pendiente del terreno del Prado, lo que favoreció la altiva apariencia, construcción en su conjunto.
Parroquia que miraba desde su altura a la ciudad y a sus vecinos situándose por encima de todos los demás intereses, como nos dice Otto Von Simson "en el espacio delimitado por sus muros (...) el templo medieval era la imagen del cielo". Fue esta parroquia bajo la advocación de Nuestra Señora del Prado, la principal de las tres de esta ciudad: Santa María del Prado, San Pedro y Santiago. Por esta razón veremos cómo se celebrarán en ella los actos solemnes que hacen referencia a la monarquía: fiestas realizadas para sus proclamaciones y Honras Fúnebres, en su interior y bajo la protección de la Virgen, se han establecido históricamente las relaciones emocionales entre lo sagrado y lo profano, en un intento de que el cielo y la tierra, los asuntos de uno y otro lugar, se hicieran una sola cosa.
La primera de estas Honras Fúnebres regias
de que nos ha quedado constancia fue la realizada por la madre de Isabel la Católica
en la que se gastaron 10.000 maravedís por sisa. (MUSEO ARCHIVO HISTORICO ELISA
CENDRERO, caja nº 1).
En 1504 murió en Medina del Campo Isabel la Católica:
"En Ciudad Real hubo suntuosos funerales por su alma en la Iglesia Parroquial de Santa María del Prado a los que asistió con gran fervor religioso numerosísimo público". (BALCAZAR SABARIEGOS, José. 1940. pág. 53).
Este mismo autor nos relata que en 1539 tras la muerte en Toledo de la Emperatriz Isabel, dispuso su esposo Felipe II, que se le diera sepultura en la catedral de Granada. El cortejo fúnebre pasó por las inmediaciones de Ciudad Real, siendo recibido por el Concejo y sus vecinos. Al día siguiente se hicieron Honras Fúnebres en la Iglesia de Santa María del Prado cuyo discurso necrológico corrió a cargo de San Juan de Ávila, nacido en Almodóvar del Campo.
Isabel Mansilla Pérez y Soledad
López Fernández en “Devoción Mariana y Sociedad Medieval. Actas del simposio”. Instituto
de Estudios Manchegos 1988

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