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domingo, 4 de marzo de 2018

LA COFRADÍA DEL CRUCIFIJO DE SAN PEDRO COMO ORIGEN DE LA SEMANA SANTA DE CIUDAD REAL (IV Y ÚLTIMO)



Durante el siglo XVII hemos constatado en el libro de acuerdos, la existencia de diferentes censos propiedad de la Cofradía. Desgraciadamente no hemos podido encontrar las escrituras de los censos de este siglo XVII pues no se recogen en este libro de acuerdos y tampoco en el archivo provincial, en su sección de protocolos notariales (48). Por tanto los censos que a continuación enumeraremos sólo son reflejados en el libro de asientos y en su mayoría fueron enfitéuticos y redimibles, pues en el siglo XVIII muchos de ellos ya no constan: un censo puesto sobre unas casas de las hijas de Pedrosa (1601) (49), un censo contra Luis Rodríguez de 78 reales, un censo contra Luis de Soto de mil maravedíes anuales, un censo contra Antonio de Arévalo (50), clérigo, que monta setecientas fanegas de cereal anuales (51), un censo perpetuo que paga el clérigo Luis Bastante de once reales anuales, un reconocimiento de deuda contra Blas Martínez, maderero, de treinta y cuatro reales anuales, un censo contra el licenciado Antonio de Fonseca, clérigo, otro censo contra el licenciado Sebastián de Soto, de setecientos maravedíes anuales, una escritura de censo de una casa contra Miguel López Clemente, que lo paga el clérigo Luis Bastante y del que tampoco señala la cantidad (52), una carta de pago contra Agustín Ruiz de Fuenteencalada, un censo contra Sebastián López Alvar de diez y ocho mil maravedíes anuales, un censo contra Miguel López Clemente que hasta ese año lo pagaba un clérigo de ocho reales anuales, un censo contra el clérigo licenciado Beltrán de Soto de veinte reales anuales, un censo contra el clérigo Antonio de Fonseca sobre unas casas que montan ochenta y nueve reales anuales y un censo contra Alonso Martínez y su mujer de seiscientos cuarenta y seis maravedíes anuales pagado por Jerónimo de Alcázar. Según se desprende en el acta del cabildo de seis de abril de 1777 (53), este censo era de la Cofradía de San Bartolomé de los Viejos, el cual dejó de pagarse en algún momento del siglo XVII y hasta 1777 no se supo quién debía hacer efectivo los réditos. Esta escritura de censo pasó a propiedad de la Cofradía del Santo Crucifijo en 1605 cuando la Cofradía de San Bartolomé de los Viejos, sita en la misma parroquia, solicitó su agregación a la primera por falta de cofrades (54).

Otro tipo de ingresos eran los legados, como de Fernando de Aguado. Este en su testamento donó setecientos cuarenta y seis reales (55) a la cofradía, pues parece ser que sentía culpable de la desaparición de dicha cantidad durante su priostazgo. No obstante, esta donación nunca se hizo efectiva, hasta el punto de que el prioste Cristóbal Rodríguez de Sotomayor inició pleiteó contra la esposa e hijo de dicho donante (56):


En Ciudad Real a diez y siete dias del mes de junio de mil y seiscientos y quarenta y tres dias ante mi el escrivano publico pareciero Maria Fernandez viuda de Ferndo Aguado y Bartolome Gomez su hijo vecinos dela ciudad y cada uno por lo que les toca dieron su poder cumplido al dicho Bartolome Gomez y a Juan de Arciniega y a Cristobal Delgado procuradores del numero desta ciudad y a cualquiera de ellos ynsolidum con facultad de enjuiciar, jurar en quienes les parecieren con que lo que uno començare ellotro lo pueda proseguir y acavar especial para los defender en un pleyto y causa que a puesto Cristobal Rodriguez de Sotomayor piostre que dice ser dela cofradia del santo Cristo del señor San Pedro desta ciudad sobre decir le paguen ciertos maravedís que dicen entraron en poder del dicho Fernando de Aguado y del dicho Bartolome Gomez de ciertas limosnas que ofrecieron los soldados de la dicha cofradia para haçer cierto estandarte y por haverse publicado la baxa de la moneda se perdió y consumio la quanttidad.

Desgraciadamente no hemos encontrado más información sobre este pleito, pero al no constatar dicho ingreso en el libro de asientos de la Cofradía, deducimos que ésta nunca llegó a recuperar dicho legado.

Otra manera de obtener recursos era sembrar cereal en tierras comunales. En el cabildo de cuentas de siete de marzo de 1601 (57), se señala que la Cofradía tenía ese año sembrado cereal en el pegujal de la ciudad recibiendo como limosna, una cantidad de cereal que posteriormente se vendía. Realmente daba para poco porque entre pagar el diezmo y los derechos de siembra, la Cofradía se quedaba con escaso cereal. De este modo, a partir de mediados del siglo XVII se dejó de sembrar por su escaso rendimiento y los problemas que conllevaba.

2.- Patrimonio: Podemos estudiarlo gracias a los inventarios y cabildos de cuentas que se reflejan en el libro de asientos. Por lo general era poco valioso, salvo la cera, la vara del prioste y los cuatro pasos de la procesión del Viernes Santo (Oración en el Huerto, Coronación de espinas, Cristo con la cruz a cuestas y Crucifijo). Estos bienes se guardaban en dos arcas grandes cuyas llaves estaban en propiedad de los mayordomos y el prioste.

Probablemente y sin temor a equivocarnos, la propiedad más importante y valiosa de la Cofradía del Santo Cristo fue su propia capilla. Ésta se encontraba justo al lado de la puerta de la umbría, donde actualmente se ubica la Virgen de la Soledad, y existió hasta la reforma de la Parroquia a mediados de la década de 1970. Las primeras noticias que tenemos de este habitáculo son de 1643. El 3 de mayo del citado año (58) el prioste don Cristóbal Rodríguez de Sotomayor, solicitó otros dos años de mandato, pues consideraba prioritario “acomodar capilla en la yglesia para enterramiento de los hermanos y para guardar las ynsignias, estandartes y cera con decencia”.


Así las cosas, en el cabildo de veinte y cuatro de enero de 1644 (59) se comunicó que el vicario y juez visitador del Campo de Calatrava, el señor licenciado Esteban Cavallero había dado licencia para construir la capilla, así como el consentimiento de los curas y beneficiados de San Pedro. El domingo treinta y uno de enero de 1644 (60) se llevó al Santo Cristo en procesión por el interior del templo parroquial hasta su capilla, acompañado de las representaciones eclesiásticas y civiles, amén de los cofrades y devotos de la ciudad.

F. La procesión de Semana Santa: Esta procesión ya no tenía nada que ver con aquella de los disciplinantes. Aún así, debía ser austera y sencilla. Tal y como marcaban las Ordenanzas, la procesión debía iniciarse tras el Sermón de la Pasión. No obstante, la Cofradía determinó salir a las cinco de la mañana (61), aunque en 1601, se decidió hacerlo a las tres (62), constatándose así que la Cofradía procesionaba en lo que ahora denominamos Madrugada del Viernes Santo.

El hábito que debían vestir los cofrades era una túnica de lienzo morado con un capillo redondo del mismo color y unas cuerdas anudadas a la cintura y cuello (63): “Los cofrades vayan con túnicas moradas y con capillo redondo y achas y cruz y una soga a la garganta o sintura”. Se constata la no participación de disciplinantes y una distinción entre los cofrades: los cofrades de luz, en número de doce con hachones de cera delante de cada paso, los cofrades cargados con cruces, sin determinar número, y los cofrades de paso que se distinguían de los demás porque llevaban una cruz dorada bordada en el capillo y portaban las andas sobre sus hombros.

Organizada la Cofradía y sabiendo quiénes y cuántos participaban, ésta salía con sus insignias, acompañada por el clero parroquial haciendo estación en cada una de las iglesias y monasterios de la ciudad. El primer año, la Hermandad procesionó dos Pasos “la Adoración en el Huerto y Cristo Crucificado con Nuestra Señora y San Juan a su lado […]” (64). En el año 1600 (65) la Cofradía adquirió dos imágenes de Cristo y otras dos figuras realizadas en Almagro que costaron ochenta y ocho reales, siendo estas dos figuras, dos sayones flagelantes. En ese año participaron ya tres pasos: la Oración en el Huerto, la Coronación de Espinas y el Santo Cristo. Así las cosas, el número de pasos procesionados fue variando en número durante el siglo XVII, de hecho, en 1653 llegaron a procesionar: un Niño Jesús, la Oración en el Huerto, Jesús con la cruz a cuestas, Flagelación, Coronación, Ecce Homo, Cruz de las Toallas, Cristo de Alonso de Sevilla, Cristo de los Entierros, Cristo de Canillas o el Santo Cristo de la Caridad (66).


Cada paso se encargaba a un cofrade determinado. La labor de los responsables de paso consistía en buscar hermanos o asalariados que cargaran con el citado paso. Además debía buscar otros cofrades que lo alumbraran, así como costear el refresco al concluir la procesión. “el paso de la orazion deel guerto se encarga a Pedro de el Campo, y Pedro blanque. Se alumbren y conviden quien lleve la zera y paso con las quatro achas de la cofradía, quatro que da el señor piostre, y doce que dan los susodichos de limosna (67)”.

3. CONCLUSIONES

A lo largo de este pequeño trabajo de investigación hemos intentado aproximarnos al origen de la Semana Santa de Ciudad Real, a través de una de las cofradías primitivas, el Santo Crucifijo de San Pedro. Creemos que por sus características este trabajo tiene una parte innovadora, la inmersión en fuentes primarias. Por otra parte, también esperamos que esta pequeña aportación haya servido para constatar que el origen de la Semana Santa ciudadrealeña es similar al de otras ciudades españolas.

Lo más destacable y lo que más luz nos ha aportando ha sido este Libro de Asientos de la Cofradía del Santo Crucifijo de San Pedro. Un documento único que sirve para conocer no sólo su historia, sino otros aspectos de la vida cotidiana. Que sepamos sólo esta Cofradía de Ciudad Real tiene documentación de este tipo, de ahí que su fortuito hallazgo y su posterior estudio hayan supuesto que esta comunicación sea novedosa e innovadora.

En síntesis, podemos concluir que:

1. Como en otros lugares del territorio peninsular, en torno a la década de los treinta del siglo XVI ya había procesiones de disciplina en la archidiócesis toledana, de ahí que se pidiera una bula para poder realizar esta práctica. De hecho, la probable fecha fundacional de la Cofradía de la Santa Vera+Cruz sea la ya citada de 1522.

2. Los modelos procesionales, salvo la disciplina pública, fueron asumidos por la Hermandad del Crucifijo de San Pedro, siendo por tanto la heredera de aquella al continuar la práctica de las procesiones de Semana Santa en los siglos posteriores.

3. Estas cofradías surgen como asociaciones de seglares para rendir culto a una Imagen o a una reliquia, perdiéndose el carácter asistencial y hospitalario que anteriormente tenían, quedando únicamente la ayuda al entierro de sus hermanos o familiares. Del mismo modo, al venerar la Santa Cruz como símbolo de la Redención, la Fiesta principal de la Cofradía fue el tres de mayo, día de la Invención de la Cruz, y no el Viernes Santo. Por ello, podemos afirmar que los cofrades de nuestra Hermandad no tenían como principal deseo ser cofrades disciplinantes, sino cofrades que acompañaban al Señor por las calles tras el sermón de la Pasión y asistían a misa el día tres de mayo.


4. Como podemos constatar, el funcionamiento de la Hermandad, a través de los cabildos y las juntas de oficiales ha perdurado hasta el día de hoy, tanto la rutina administrativa, como, salvando las distancias, la forma de procesionar.

5. El patrimonio de la Cofradía estaba acorde con el nivel económico de la ciudad. Sus posesiones, salvo los pasos y poco más, eran escasas y de poco valor, al contrario de lo que sucedía en cofradías de ciudades económicamente más aventajadas.

6. Esta Cofradía era muy heterogénea socialmente, ya que observamos cofrades pertenecientes a los distintos estados. No obstante, es destacable el importante número de hidalgos de la ciudad así como de profesionales liberales, en particular, notarios.

7. La procesión del Viernes Santo por la mañana es, como veremos, la herencia constatable de la labor de esta Cofradía. En 1653, la Hermandad ya procesionó diez pasos. Años después, se desgajarán otras secciones, constituyéndose en cofradías que perviven actualmente. Hoy día, son cuatro, junto a la Hermandad del Cristo del Perdón y de las Aguas las hermandades que componen la Pasionaria de San Pedro, tal y como se hacía en el siglo XVII, aunque ahora cada corporación es independiente.

8. Los primeros hábitos de la Cofradía eran de color morado, siendo en la actualidad dicho color el dominante en las túnicas de la procesión del Viernes Santo.

Es una pena que no conozcamos más documentación como la utilizada para poder averiguar hasta qué punto esta Cofradía influyó en las demás, ya que el modelo de pasionaria se repite en las otras dos antiguas parroquias, Santa María y Santiago años después. Este análisis comparativo nos permitiría estudiar el proceso de asimilación que dio lugar a nuestra Semana Santa tradicional, que, desgraciadamente, ha ido languideciendo durante el siglo XX.

BIBLIOGRAFIA CITADA

Barrieza Sánchez, J.: Cinco de siglos de Cofradías y procesiones. Historia de la Semana Santa de Valladolid. Junta de Cofradías de Semana Santa, Valladolid, 2004.
Benassar, B. y Vicent, B.: España, los Siglos de Oro.Ed. Crítica, Barcelona, 2000. Campos y Fernández de Sevilla, F.J.: La mentalidad en Castilla-La Nueva en el siglo XVI. Ed. Escurialenses (EDES), Madrid, 1986.
Delgado Merchán, L.: Historia documentada de Ciudad Real. La judería, la Inquisición y la Santa Hermandad. C. Real, 2ª edición, 1907.
Golderos Vicario, J.: Ciudad Real, siete siglos a través de sus calles y plazas, 1245-1945, Ayto. de Ciudad Real, Ciudad Real ,1998
López Salazar Perez, J.: Estructuras agrarias y sociedad rural en La Mancha (ss. XVI-XVII).Instituto de Estudios Manchegos, Ciudad Real, 1986.
Philips, C.R., Ciudad Real, 1500 1750. Growth, crisis and readjustment in the Spanish economy. Harvard, 1979.
Plaza Sánchez, J.: La Semana Santa de Ciudad Real. Aportación etnográfica a una religiosidad popular. Comisión municipal de Cultura del Ayuntamiento de Ciudad Real, Ciudad Real, 1985.
Portuondo, B.: Catálogo histórico artístico de la Provincia de Ciudad Real, BAM, Ciudad Real, 2007
Rodríguez de Diego, J.L. “Hacia una catalogación y mecanización de un importante fondo documental: los censos”, en Revista Anabad, XXIII (1982), nº3.
Sánchez Herrero, J.: La Semana Santa de Sevilla. Ed. Sílex. Sevilla, 2003.
Torres Jiménez, Mª R.: Religiosidad popular en el Campo de Calatrava. Cofradías y Hospitales de la Edad Media. Instituto de Estudios Manchegos. Ciudad Real, 1989.

Francisco José Turrillo Moraga (I.E.S. Alonso Quijano de Argamasilla de Calatrava). I Congreso Nacional Ciudad Real y su provincia.


(48) En el Archivo Histórico provincial sólo hemos encontrado una escritura de censo de esta cofradía firmada en 1729. A pesar de investigar en diversos protocolos no hemos encontrado ninguno más de los que el Libro de Acuerdos hace referencia.
(49) AHN, Sección Clero, leg 2895, p. 16 r.
(50) En el Cabildo de 23 de mayo de 1648, la cuantía económica de este censo es de veinte reales con veinte maravedíes, en AHN, Sección Clero, leg 2895, p.146.
(51) Este censo aparece en el acta de tres de abril de 1631 y se le permutó por veinte y un reales anuales.
(52) Este censo fue redimido, según consta en la escritura pública firmada por el notario Agustín.
(53) Archivo Hermandad Cristo del Perdón, Segundo Libro de Asientos, 1652-1799, pp. 209 r-213v.
(54) AHCP, Segundo Libro de Asientos, 1652-1799, pp. 164 v-169 r y pp. 42 v-43 r.
(55) AHN, Sección Clero, leg 2895, p. 101v.
(56) AHPCR, Sección Protocolos Notariales, legajo 171 bis, pp. 244 r-244 v.
(57) AHN, Sección Clero, leg 2895, pp 16v- 18v.
(58) AHN, Sección Clero, leg 2895, p. 6 r.
(59) AHN, Sección Clero, leg 2895, pp. 103-104v.
(60) AHN, Sección Clero, leg 2895, pp. 105-105v.
(61) AHN, Sección Clero, leg 2895, p. 131 r.
(62) AHN, Sección Clero, leg 2895, pp. 20v-21 r.
(63) AHN, Sección Clero, leg 2895, p. 131 v.
(64) AHN, Sección Clero, leg 2895, p.6 r.
(65) AHN, Sección Clero, leg 2895, p. 14 r.
(66) “La cofradia pidió a Francisco Sanchez cofrade que como piostre quees de la cofradia del santo Cristo de la caridad haga que se traiga el santo Cristo antiguo de la cofradia para que salga en procession”, en AHCP: Segundo Libro de Asientos, 1652-1799, p. 3 r.
(67) AHN, Sección Clero, leg 2895, p. 158 v.

sábado, 3 de marzo de 2018

LA COFRADÍA DEL CRUCIFIJO DE SAN PEDRO COMO ORIGEN DE LA SEMANA SANTA DE CIUDAD REAL (III)



c. Ordenanzas sobre las obras de caridad: Como decíamos anteriormente, estas Cofradías de la Edad Moderna van a ir perdiendo progresivamente el carácter piadoso y asistencial. La única actividad caritativa obligatoria era el enterramiento de los cofrades difuntos. De las dieciséis ordenanzas, cinco de ellas, tratan este asunto. Si cualquier cofrade rico o pobre moría, doce hermanos debían acudir a su entierro con hachas de cera encendidas hasta sepultar al difunto. Asímismo, los clérigos de la Hermandad debían decir tres responsos por su alma.

Si el difunto no era de la Parroquia no era obligatorio hacer la misa en San Pedro, sino en la Parroquia en que viviera. Ocurría lo mismo con la mujer del difunto, fuera o no fuera cofrade. Además si fallecía un hermano, hijo o padre de algún cofrade, la Hermandad asistía al entierro con cuatro hachas encendidas y con dos si era un criado. A los quince días del óbito, se celebraba otra misa por el alma del cofrade en San Pedro, encendiendo velas y ciriales delante del altar.

Era una actividad de suma importancia, pues en los inventarios vemos como la Cofradía poseía un ataúd con sus paños negros y con flecos y todo lo necesario para el citado funeral (31): “mas el ataute con sus banquillos y tobajas con su fleco de y los”.

Igualmente, si algún hermano no podía ser enterrado por falta de haberes, la Cofradía se encargaría de ayudar a dicho enterramiento. En las ordenanzas se reflejaba también que si algún cofrade carecía de ingresos, otros cofrades debían socorrerlo pidiendo limosnas, aunque tenemos constancia de ello una sola vez, en junio de 1599 (32):

Yten hordenamos que si algún cofrade viniere a mucha neçesidad pobreça nombre el priostre dos cofrades que sean obligados aquel dia quelos nombrare a pedir limosna para socorrer la tal nesesidad y si fuere enel articulo de su muerte de alguno de los cofrades nombren asimismo el dicho priostre dos cofrades los quales sean obligados a veladle y ayudarle a bien morir.


Los difuntos eran enterrados en las iglesias y se tenía por costumbre enterrarse con el hábito de la cofradía. En el Archivo Histórico provincial y, más concretamente en la sección de protocolos notariales, encontramos diversos testimonios de cofrades que dejaban en sus testamentos el mandato de ser enterrados con su hábito del Cristo de San Pedro y en su capilla. Este es el caso de María de Ceballos, esposa de Jerónimo de Fonseca quien en su testamento de 1615 dejó ordenado: “Ytem mando me entierren con la túnica del Santo Crucifixo del Señor Sant Pedro desta ciudad (33)”. De la misma manera lo pidió María de Ontiveros, viuda de Agustín Muñoz, cofrade y parroquiana de San Pedro (34). O el gran prioste que tuvo esta Cofradía durante el siglo XVII, don Cristóbal Rodríguez de Sotomayor y su esposa que ordenaron en su testamento de 1646 (35) que fueran enterrados con sus hábitos en la capilla de la Hermandad. No es de extrañar que así lo solicitaran, pues fue este cofrade el encargado de crear la capilla y lugar de enterramiento de los cofrades del Santo Crucifijo en el interior de San Pedro.

d. Ordenanzas de gobierno y funcionamiento: La vida de la Cofradía venía marcada por la celebración de los cabildos que eran el órgano de gobierno y de toma de decisiones, aprobadas por la mayoría de los presentes. Estos cabildos quedan plasmados en los libros de acuerdos en cuyas hojas se apuntaba el desarrollo de la asamblea. El encabezamiento de cada acta es una fórmula que se repetirá siempre:

En la ciudad de Ciudad Real, en……. dias del mes de ……. de ………., en la sacristía de señor san Pedro, o en la casas de morada del prioste o en la capilla de la Cofradia, se juntaron a Cabildo el prioste, oficiales y cofrades de la Cofradía del Santo Crucifijo a tratar cosas tocantes y convenientes al servicio de Dios nuestro Señor y al bien y utilidad de esta santa cofradia los quales fueron los siguientes.

A esta introducción que no variará demasiado, le sigue la relación de los presentes, con una disposición uniforme: en primer lugar el prioste o hermano mayor, después en dos columnas el resto de cofrades. A partir de aquí se consignan, uno a uno los asuntos tratados y los acuerdos tomados. Se finalizan las actas con otra frase: “Y con esto se cerró o el dicho cabildo y los que supieron los firmaron de sus nombres”. En estos cabildos algunos hermanos solían donar a la hermandad túnicas, cruces de madera o libras de cera para las velas procesión y se recibían a los nuevos hermanos.

Según las constituciones de 1599, la Cofradía debía convocar dos cabildos anuales. El primero antes de Semana Santa, habitualmente el Domingo de Ramos, para organizar la procesión del Viernes Santo y renovar la licencia anual que se solicitaba a los sacerdotes para que los cofrades pudieran comulgar el Jueves Santo. El otro cabildo se celebraba antes de mayo para elegir nuevo prioste y mayordomos y preparar la Fiesta de la Invención de la Cruz.


El órgano gestor de la Cofradía era una Junta de Gobierno, formada por un prioste, dos mayordomos y un escribano. Estos cargos eran elegidos por los oficiales viejos, esto es, los priostes y mayordomos que acababan su mandato. Si no había acuerdo, las Ordenanzas establecían que deberían elegirlos los dos curas y los dos seglares más viejos. Aún así, si no se llegaba a la elección, los oficios se sorteaban.

Asimismo, en las ordenanzas se dejaba claro que debían alternarse priostes dependiendo de su estamento, es decir, si un año era hijodalgo, al año siguiente, el prioste debería pertenecer al estado llano: “OTROSI Hordenamos que si ubiere copia y numero de cofrades sea cada año priostre de diferente estado de manera que si un año es hijodalgo otro lo sea ciudadano sin poderlo ser mas de un año (36)”.

Las funciones que tenían los priostes, aunque no eran explicitadas en las ordenanzas eran: presidir los cabildos y las procesiones con su vara, representar a la Cofradía en caso de pleitos y costear el gasto de cera anual y otros llegado el caso. Esta obligación económica provocaba que fuera complicada la alternancia del cargo. Al final de cada año se hacía un inventario y en él se contabilizaba el gasto de cera, tanto de las procesiones, como de las misas y entierros. Si se gastaba más cera de la que se heredaba, esta debía ser costeada por el citado prioste.

Los mayordomos y el escribano, sí tenían una serie de obligaciones establecidas en las ordenanzas de 1599 (37):

Yten hordenamos que los mayordomos de la dicha cofradía tengan en su poder la cera y bienes dela cofradía y las mandas y limosnas que aella y al sancto cruçifixo sebieren con libro en que se escriban las tales limosnas por el escrivano que se nombrare por la dicha cofradía.

Los mayordomos tenían otras funciones como ayudar del prioste, montar los pasos, organizar los cultos, la procesión y su regimiento de esta en la calle. Estos mayordomos solían repetir en su cargo durante varios años posiblemente por dos motivos: en primer lugar, deberían ser personas habilidosas con un perfecto conocimiento de los enseres de la Hermandad y de todo lo concerniente a la intendencia y en segundo lugar, porque estos no respondían con su hacienda de los gastos de la procesión. De este modo, nos da la impresión que pocos cofrades querían ostentar la responsabilidad del piostazgo. No obstante y según el libro de asientos de la Cofradía, los priostes, al menos durante los cincuenta primeros años de la vida de la hermandad, fueron “personas principales” y con cierto capital, capaces de afrontar los gastos de la procesión. A falta de una nobleza importante en la ciudad podemos destacar, en primer lugar, a don Francisco de Galiana y Bermúdez, señor de Santa María de Guadiana (38), regidor perpetuode Ciudad Real y su mujer doña Catalina Ibáñez Mexía de la Cerda, don Giraldo Treviño, don Luis de Luján, don Luis Treviño y su esposa doña Inés Treviño, don Micael de Quiroga y Loaisa, regidor perpetuo y síndico de Ciudad Real (39), don Fernando Treviño de Loaisa, regidor de la ciudad (40), doña María de Poblete; don Juan de Torres Treviño, viudo de doña Marina de la Cerda; don Pedro López, caballero; don Sebastián de Arriaga y Esquibel, regidor y caballero de Ciudad Real (41) o don Juan de Padilla y Cevallos tesorero de las alcabalas reales de Ciudad Real (42). Observamos por tanto que en este siglo XVII, lo más selecto de la hidalguía local se daba cita en esta Cofradía (43).


E. De los bienes de la Cofradía: El patrimonio de la Cofradía era de diferente naturaleza: económicos (dinero de las demandas de los cofrades, de las limosnas de fieles y de las rentas de censos y otros de otra especie como trigo y cebada), otros de carácter práctico como todo lo necesario para los entierros, la cera, los arcones y otras minucias propias de la procesión como las horquillas de los varales, los tornillos de las Imágenes…

1.- Bienes económicos: Como comentábamos anteriormente la gestión de los dineros era oficio del prioste, de los mayordomos y como algo excepcional se nombraban dos contadores para la contabilidad y apunte de los inventarios.

Los ingresos provenían de varias fuentes: las demandas y limosnas. La Cofradía podía pedir a los hermanos dinero para el mantenimiento de obras de caridad y cultos que se abonaba tanto en metálico como en especie, cualquier día de fiesta y al término de los cabildos (44). Incluso la Cofradía solicitó a Toledo un permiso para poder cobrar sin perjuicio, reflejándolo en un artículo de las ordenanzas (45):

Otrosi hordenamos que por que esta cofradía no tiene bienes de que cumplir los cargos y obras pias enella declaradas se pida limosna por los cofrades que señalare el dicho prioste en los días de fiesta y cuaresma los quales estén obligados hacerlo so la pena arriba dicha y para esto pedimos y suplicamos a su Illustrisima señoria [tachón] y señores del su consejo nos hagan merçed y caridad de nos dar licencia para Ello daseles esta licencia con que se pida esta limosna entro los cofrades y no de otra manera.

Como decíamos, esta Cofradía del Santo Crucifijo, aun teniendo hermanos con cierta capacidad económica, no debía poseer mucho dinero, fiel reflejo también de una ciudad no excesivamente boyante. Por ello una buena parte de ingresos derivaba de las rentas de los censos que poseía, entendiendo por censo un gravamen, una carga unida a un arrendamiento, venta de un inmueble o tierra de labor y capital prestado (46). Este instrumento de financiación tuvo un importante desarrollo económico y social en la España de la Edad Moderna, siendo de diferentes tipos según los elementos reales que los constituyeran. Ciudad Real y sus cofradías también los utilizaron (47).

Francisco José Turrillo Moraga (I.E.S. Alonso Quijano de Argamasilla de Calatrava). I Congreso Nacional Ciudad Real y su provincia.


(31) AHN, Sección Clero, leg 2895, p. 61, p. 68 r y 68 v, p. 112v y p. 114 v.
(32) AHN, Sección Clero, leg 2895, pp. 135 v y p. 136 r.
(33) Archivo Histórico Provincial de Ciudad Real, sección protocolos notariales, leg 90, p. 180 r.
(34) AHPCR, Sección Protocolos Notariales, leg 153, p. 201 r.
(35) AHPCR, Sección Protocolos Notariales, leg 153, p. 91r y p. 91v.
(36) AHN, Sección Clero, leg 2895, p. 4 r.
(37) AHN, Sección Clero, leg 2895, p. 4 r.
(38) López Salazar Pérez, J.: Estructuras agrarias y sociedad rural en La Mancha (ss. XVI-XVII).Instituto de Estudios Manchegos,
Ciudad Real, 1986. pp. 590, 591.
(39) AHN, Sección Clero, leg 2895, p. 54 r.
(40) AHN, Sección Clero, leg 2895, p. 54 r.
(41) AHN, Sección Clero, leg 2895, p. 50 v.
(42) AHPCR, Sección Protocolos Notariales, leg 153, p. 86 r.
(43) Sobre el estudio de los linajes de Ciudad Real puede encontrarse en Díaz Jurado: J.: Op. Ct., tratado VI y Philips, C.R., Ciudad Real, 1500 1750. Growth, crisis and readjustment in the Spanish economy. Harvard, 1979, pp. 100-112.
(44) AHN, Sección Clero, leg 2895, p. 4 v.
(45) AHN, Sección Clero, leg 2895, p. 4 v.
(46) Rodríguez de Diego, J.L. (1982): “Hacia una catalogación y mecanización de un importante fondo documental: los censos”, en Revista Anabad, XXIII, nº 3, p. 297.
(47) En la sección de protocolos notariales del Archivo Histórico Provincial de Ciudad Real encontramos algunos casos de imposición de censo a favor de alguna Cofradía. Tales son los casos de María de Ávila que en 1643 otorga una carta de censo a favor de la Cofradía de Santa Catalina extramuros de un ducado al año, en AHPCR, Sección Protocolos Notariales, leg 137, p. 137 r y de María Sánchez que ese mismo año otorga otra carta de censo sobre el arriendo o venta de unas casas del barrio de Santiago, de doscientos maravedíes anuales en favor de la Cofradía del Señor Santiago, en AHPCR, sección protocolos notariales, leg 137, p. 195 r.

viernes, 2 de marzo de 2018

LA COFRADÍA DEL CRUCIFIJO DE SAN PEDRO COMO ORIGEN DE LA SEMANA SANTA DE CIUDAD REAL (II)



Podemos afirmar que esta cofradía tuvo que ser una institución importante en la vida de la ciudad y la única de este tipo como así queda reflejado en un documento extraordinario que se conserva en el Archivo Histórico Nacional y que nos ha permitido hacernos una idea de cómo era aquella cofradía en el siglo XVI 18. Este legajo es un acuerdo entre la comunidad de frailes dominicos del Monasterio de San Juan Bautista de la Orden de Predicadores y los cofrades de la VeraCruz para construir una capilla y una sala capitular. El 29 de noviembre de 1562 se firma ante el escribano de su majestad, público y uno de los del número de la ciudad, don Bernardino de Mena una reunión entre el prior fray Gonzalo de Arciniega y el prioste de la Hermandad Lope de Pisa para refrendar con sus firmas las escrituras de la citada obra. En síntesis, los dominicos entregan un terreno existente junto a la capilla de la Soterraña para lugar de enterramiento de los cofrades y capilla, a cambio de que esta se intitulase de San Juan de Letrán y de que se colgaran en sus paredes las bulas e indulgencias que la Basílica romana del mismo nombre había otorgado a aquellas asociaciones de disciplinantes. Muchas cofradías de la VeraCruz de la Península poseían las mismas indulgencias. Según hemos podido estudiar, la Cofradía de la Vera Cruz de Valladolid, perdió en el incendio de 1806 las Bulas expedidas por Paulo III de los años 1535 y siguientes 19, entre ellas el vivae vocis oraculo que fue enviada en primer lugar a la Cofradía de Toledo y desde allí repartida entre todas estas Cofradías peninsulares. Dicha indulgencia se concedió porque en el primer tercio del siglo XVI existió una controversia sobre la conveniencia de la disciplina pública y si ello contribuía a la ejemplaridad y fervor que tales procesiones debían ofrecer. La controversia vino a ser resuelta el 7 de enero de 1536 con una resolución del Papa Paulo III, transmitida de viva voz, vivae vocis oraculo, al Cardenal don Francisco de Quiñones. El Papa concedió importantes gracias e indulgencias a todos los cofrades de la VeraCruz que asistieran con disciplina o luz en la procesión del Jueves y Viernes Santo. Esta resolución final fue la remitida el 5 de febrero a la Cofradía de la VeraCruz de Toledo, en 1539 fue enviada a Sevilla (20) y a otros lugares. Así, la cofradía de Ciudad Real, como la de Toledo, Sevilla y Valladolid poseía la misma indulgencia.

En este acuerdo no sólo se resolvió la construcción una capilla, sino también la de una sala capitular para que sirviera como lugar de reunión, espacio para preparar la procesión y lugar donde curar a los cofrades que se disciplinaban.


          Iten es condición que el dicho convento a de dar a la dicha cofradía el sitio para hacer una sala la qual ha de ser desde la puerta que sale a Barrionuevo hasta las paredes de los herederos de Juan Rodriguez Alonso, la qual ha de tener una puerta dentro del cuerpo de dicho monasterio y la llave de ella an de tener los mayordomos de la dicha cofradía
Yten es condición que mientras no se hiciera la dicha sala el dicho convento sea obligado a le dar una pieza donde se junte los cofrades a hacer sus cabildos y vestirse el jueves santo u otro cualquier dia que vieren de salir en procesión.
Yten es condición que los dichos prior y frayles pues son cofrades y an de ser capellanes de la dicha capilla, sean obligadas que cada vez que se hieren los dichos cofrades en disciplina por esta ciudad o fuera los acompañen con todos los mas frayles que el dicho convento pudiere dar.

Este pacto entre cofradía y dominicos es de vital importancia en el estudio de la Semana Santa de Ciudad Real, pues es el único que nos informa de que en el siglo XVI existía, como en la gran mayoría de ciudades castellanas, una procesión de flagelantes, acompañados por otros penitentes con luces y frailes que salían a las calles al término de los Oficios de la Cena del Señor y la Reserva del Santísimo.

No sabemos con seguridad cuando desapareció esta Cofradía. Sabemos que en 1644 aún existía (21), aunque a finales de esa centuria ya estaba extinguida.

e. El Concilio de Trento: El Concilio de la Contrarreforma declaraba que se debía tener y conservar, principalmente en los templos, las imágenes de Cristo, de la Virgen y de otros santos, y que se les debía dar el correspondiente honor y veneración pues acercaban a Dios mediante su presencia. De ahí que se pidiera a los obispos que el pueblo fuera instruido por medio de las Sagradas Imágenes.

Estas cinco causas están presentes en la fundación de la Hermandad del Santo Crucifijo de San Pedro de Ciudad Real, como en otras cofradías en el resto del Reino. Podemos afirmar que estas cofradías que nacen en el siglo XVI no tienen nada que ver con aquellas cofradías medievales de carácter asistencial y hospitalario (22), pues el único fin que tienen es el devocional. Como sostienen los profesores B. Benassar y B. Vincent (23), estas cofradías modernas que han llegado a la actualidad son cofradías devocionales, que se crearon fundamentalmente con el objetivo de dar culto al Señor o a su Madre y veneración a sus Imágenes o a las reliquias de la Pasión y su actividad se centraba en torno a las actividades del Jueves y Viernes Santo. Eran agrupaciones de parroquianos que para venerar a cierta Imagen, se comprometían a cumplir unas reglas para el buen orden del citado grupo. Aunque no perdió del todo el carácter piadoso y caritativo, pues así lo podemos apreciar en las ordenanzas de muchas Hermandades, en la práctica se fue dejando a un lado ese componente, para dar más importancia a lo devoto, quedando como única actividad caritativa la de dar sepultura y enterramiento a los hermanos (24).


3. FUNDACIÓN DE LA COFRADÍA. LAS ORDENANZAS DE 1599

Con estas condicionantes, en 1599 nació en la Parroquia de San Pedro de Ciudad Real una asociación de feligreses cuyo objeto de veneración fue la Cruz de Cristo a través del crucifijo que presidía el altar mayor, así como la reliquia del Lignum Crucis (25) que llegó a esta iglesia ese mismo año. Esta Cofradía asumió un cierto boato barroco abandonando el espectáculo poco edificante de los flagelantes y la dureza de dicha penitencia ya que está constatado que algunos cofrades pagaban a otros para cumplir su promesa. Todas estas circunstancias, probablemente provocaron el nacimiento de la Cofradía del Santo Crucifijo y la decadencia de la de la VeraCruz, cuya devoción fue asumida por la de San Pedro.

Organizado el grupo, sus ordenanzas fueron aprobadas el día 16 de marzo de 1599 y refrendadas por el deán de la Catedral de Toledo don Juan Bernardo de Chaves (26), pues la sede del arzobispado, estaba vacante aquel año, por muerte del Arzobispo García de Loaysa y Girón el 2 de febrero de 1599. Las ordenanzas o reglas por las que se debía regir esta cofradía están compuestas por dieciséis reglas, que tratan diferentes asuntos (27). A saber:

a. Titulación de la Hermandad: “Cofradía del Sancto Crucifixo de Sant Pedro”.
b. Ordenanzas de cultos: La fiesta principal de la Hermandad no se centraba en el Viernes Santo, sino en el tres de mayo, fiesta de la Invención de la Cruz. Así dicen las ordenanzas: “El dia de la ymbencion dela cruz que señalamos por la fiesta titular y principal desta cofradia desde las vísperas della que es la fiesta a la Santa Cruz”. Esta festividad se celebraba con misa de vísperas, función, procesión y una última misa, el día que se acordara, para los difuntos. Observamos de nuevo la importancia que tenía el símbolo de la Santa Cruz frente a los sufrimientos humanos de Cristo.
c. Estas ordenanzas establecían también las obligaciones cultuales de la Cuaresma y Semana Santa. En esta citada época litúrgica, la Hermandad debía hacer una misa cada viernes de Cuaresma a las cinco de la tarde, habiéndose cantado el miserere mei y otras rogativas ante el Crucifijo “[…] por la paz y concordia de la cristiandad y estripaçion delas heregias y por la vida y salud del summo pontífice y Rey nuestro señor y del Illustrisimo y Reverendissimo Arçobispo de Toledo […]” (28). Durante este acto piadoso doce hermanos debían acompañar al sacerdote con sendas hachas encendidas, en el altar debían estar encendidas diez hachas de cera y en el tabernáculo del Santo Crucifijo otras diecinueve.


d. La procesión del Viernes Santo se establecía como acto que ponía fin a la preparación de la Cuaresma. No se señalaba la hora de comienzo de ella, pero se ordenaba que, antes de salir a la calle, se debía predicar el Sermón de la Pasión y Muerte de Cristo. Como podemos apreciar en las ordenanzas, no se establecía ninguna norma en cuanto a cómo debía salir la Cofradía a la calle: ni número de hermanos, ni pasos, ni orden de las insignias… sólo el recorrido de la procesión. Dicho recorrido debía pasar por todas las parroquias y conventos de la ciudad, perdurando hasta la década de los años 90 del siglo XX cuando las Cofradías de Ciudad Real dejaron de hacerlo por su excesiva longitud.

su estandarte e insignias en la forma y manera [...] según la horden que en loscabildos decretare [...] y los cofrades clerigos vayan diciendo en tono [...] los salmospenitenciales hasta aver andado las estaciones de las iglesias parroquiales y conventos desta ciudad hasta volver a la dicha iglesia (29).

En cuanto a cómo debía ser la procesión, todo quedaba al acuerdo de los cabildos anuales de Cuaresma. y juntados [borrón dije] ron que convenia queel viernes sancto se convide a un predicador para que haga un sermon de la muerte y passion de Cristo en siendo de dia [borrón] y acauado el sermon salgan [borrón] en procesion con las insignias que están comedidas a los oficiales que las dichas insignias que de termino el Cabildo sean de sacar son Adoracion [borrón en el] guerto y christo crucificado con san Juan y nuestra señora a su lado delante del qual an de yr doce hachas encendidas que an de lleuar doce cofrades con sus túnicas moradas cuio abyto ade ser para siempre jamás de las procesiones desta dicha cofradia para cada un año para siempre jamás.

Otra de las obligaciones en cuanto al culto a Dios, era la confesión y la comunión general que los cofrades debían hacer el “Jueves de la cena del Señor”. En un principio se acordó hacerlo en la Parroquia de San Pedro durante la misa mayor de ese día, aunque posteriormente se decidió que los cofrades podían comulgar en sus parroquias correspondientes. Para ello los oficiales acudían anualmente, antes de la Semana Santa, a las otras parroquias para pedir un permiso a fin de que los cofrades fueran revestidos de sus túnicas nazarenas a comulgar (30). Estudiadas otras cofradías españolas, consideramos que ésta fue una práctica propia de Ciudad Real y que se mantuvo hasta la reorganización de la Cofradía en 1700, pues en aquellas ordenanzas y cabildos ya no se hablaba nada de esta peculiar comunión.

Francisco José Turrillo Moraga (I.E.S. Alonso Quijano de Argamasilla de Calatrava). I Congreso Nacional Ciudad Real y su provincia.


(18) AHN, Sección Clero, Nº 9, caja 4, leg 3.
(19) Barrieza Sánchez, J.: Cinco de siglos de Cofradías y procesiones. Historia de la Semana Santa de Valladolid. Junta de Cofradías de Semana Santa de Valladolid, Valladolid, 2004, p. 98.
(20) Sánchez Herrero, J.: La Semana Santa de Sevilla. Ed. Sílex. Sevilla, 2003, p. 73.
(21) En la sección de protocolos notariales del Archivo Histórico Provincial de Ciudad Real, encontramos varias referencias a esta Cofradía. En el testamento de Fernando de Mestaza de 1615. Podemos leer: “[…] declaro que yo soy cofrade de la cofradia de la santade bera cruz y de nuestra señora del rosario y de nuestra señora de la Soledad y de las animas del purgatorio del señor Santiagoy de la santa caridad, pido me acompañen las dichas cofradías mi cuerpo con su cera como es costumbre.”, en AHPCR, sección protocolos notariales, leg 90, p. 300 v. Así mismo las referencias más lejanas en el tiempo encontradas sobre esta Cofradía son de 1644 en otros testamentos, como el de Miguel Pérez, que pide enterrarse en la capilla de la Vera Cruz por ser cofrade de ella, en AHPCR, Sección Protocolos Notariales, leg 134 p. 371r.
(22) Torres Jiménez, Mª R.: Religiosidad popular en el Campo de Calatrava. Cofradías y Hospitales de la Edad Media. Instituto de Estudios Manchegos. Ciudad Real, 1989, p.10.
(23) Benassar, B. y Vicent, B.: España, los Siglos de Oro. Ed. Crítica, Barcelona, 2000, pp176- 181
(24) (Id. 176- 181)
(25) Portuondo, B.: Op. Cit. p. 240.
(26) AHN, Sección Clero, leg 2895, p. 5 r.
(27) AHN, Sección Clero, leg 2895, p. 2 v.
(28) AHN, Sección Clero, leg 2895, p. 2v.
(29) AHN, Sección Clero, leg 2895, p. 3 r.
(30) En el Cabildo de Domingo de Ramos de cinco de abril de 1648, se expone que el prioste pedirá licencia en las parroquias para que los hermanos comulguen la tarde del Jueves Santo “en forma de cofradía con sus túnicas”, en AHN, Sección Clero, leg 2895, p. 118 v.

jueves, 1 de marzo de 2018

LA COFRADÍA DEL CRUCIFIJO DE SAN PEDRO COMO ORIGEN DE LA SEMANA SANTA DE CIUDAD REAL (I)


Parroquia de San Pedro a principios del siglo XX, vista desde la calle Ruiz Morote, lugar donde se fundó en el siglo XVI, la Cofradía del Crucifijo de San Pedro

1. PRESENTACIÓN

Poco queda ya de aquella Semana Santa ciudadrealeña que conocieran nuestros mayores. Las influencias estéticas llegadas de otros lugares de España han contaminado esta tradición y la han transformado en algo distinto a lo que las generaciones pretéritas fueron forjando. Esta comunicación pretende mostrar a grandes rasgos, cómo tuvo que ser el origen de aquella celebración a través de diversas fuentes, fundamentalmente, la documentación de la Cofradía del Santísimo Crucifijo de San Pedro, la actual Hermandad del Santísimo Cristo del Perdón y de las Aguas. Muchas de las publicaciones sobre la Semana Santa de la capital no se basan en documentación original, sino en otro tipo de fuentes. Este trabajo, en cambio, utiliza, sin desdeñar ningún tipo de ayuda, fuentes primarias como acuerdos de cabildos, Ordenanzas de Cofradías y otras informaciones recogidas en legajos de diversos archivos. Esta documentación nos ha permitido esbozar, o al menos, ese es el objetivo, el origen de las Cofradías en Ciudad Real capital y su Semana Santa a través de la citada Cofradía.

El gran problema que existe para estudiar esta celebración es la escasez de fuentes primarias directas, muchas veces apenas contamos con datos deslavazados de diferentes archivos, secciones, etc. que nos dan una versión sesgada del origen o vida de las cofradías. Nosotros hemos tenido la inmensa suerte de trabajar con el primer Libro de asientos de la Cofradía del Santo Crucifijo de San Pedro, hallado hace unos años de modo fortuito en la Sección Clero del Archivo Histórico Nacional. Dicho documento abarca desde la fundación, el tres de marzo de 1599, hasta el tres de mayo de 1652 (1) y resulta extremadamente interesante y útil porque nos ofrece de primera mano informaciones muy variadas relativas a la vida cotidiana de la Hermandad: ordenanzas, acuerdos de los cabildos, inventarios, asiento de cuentas, visitas del Vicario Visitador del Campo de Calatrava (2), asiento de hermano, etc. También en la Sección de Clero del Archivo Histórico Nacional hemos manejado información diversa sobre la extinta Cofradía de la Veracruz de Ciudad Real.

Otra sección utilizada ha sido la de Protocolos Notariales del Archivo Histórico Provincial de Ciudad Real con el fin de encontrar alguna información de herencias o donaciones a las Hermandades, disposiciones de enterramiento de los cofrades de Ciudad Real, etc.

Primera hoja del Libro de asientos de la Cofradía del Santo Crucifijo de San Pedro, que se encuentra en la Sección del Clero del Archivo Histórico Nacional

Lo más destacable de esta pequeña aportación científica, como ya hemos dicho, es el aspecto novísimo de la fuente utilizada, el Libro de Asientos de la Cofradía del Santo Crucifijo de San Pedro. Su fortuito descubrimiento supone una delicia para todo aquel que quiera investigar en la vida cotidiana de las cofradías del siglo XVII y sería magnífico poder contar con otros más para así, junto con otras fuentes, poder estudiar con profundidad el nacimiento y desarrollo de las cofradías durante sus primeros siglos. Así ¡que la suerte nos acompañe!

2. CAUSAS DE LA FUNDACIÓN DE LA COFRADÍA DEL STO. CRUCIFIJO

Podemos suponer que la Hermandad del Santísimo Crucifijo de San Pedro tiene un origen anterior a la fecha de 1599, que es cuando recibe sus primeras Ordenanzas ya que en el libro de asientos nos aporta un indicio: “Situaçion como Cofradia eredada con lo qual seacabo y concluyo este cabildo con los dichos piostre y ofisiales y cofrades que presentes fueron y lo firmaron el dicho piostre y ofisiales” (3).

No obstante, no podemos afirmarlo, pues los datos trabajados son difusos y no hay otras referencias que corroboren esta premisa. Aunque así lo fuera, esta posibilidad responde más al imaginario popular y a la tradición. Se contaba que aquella primitiva Imagen era la del Santísimo Crucifijo del Muro (4) y que fue Alfonso X el Sabio quien la depositó en Alarcos y en el siglo XIV trajo a Ciudad Real la familia Alvarrana cuando se asentó en la ciudad. Así lo afirmaba el licenciado don Joseph Díaz Jurado, cura propio de la Parroquia de San Pedro, en su Singular idea del Sabio Rey don Alonso, escrito a finales del siglo XVII (5):

se manifiesta un hermosísimo receptáculo o camarín: depósito de un devotísimo simulacro y especialísima Imagen de Nuestro Maestro Crucificado. Gozó tanto de la mayor estimación, que nuestro Sabio rey la trasladó desde su oratorio, donde hasta entonces con devoción suma había estado colocada, hasta esa Iglesia.

Aquella Imagen del Crucificado que Bernardo Portuondo catalogó como una talla del siglo XIV (6), debía tener una sólida y antigua devoción y seguramente el Crucifijo ya hubiera presidido alguna procesión o rogativa. Este es quizá el motivo por el cual, algunos feligreses de la Parroquia de San Pedro decidieron crear una cofradía de penitencia tal y como se estaba haciendo en toda Castilla, aprovechando la llegada a la Parroquia de la reliquia del Lignum Crucis en 1599. Por ello, afirmamos que esta Cofradía se funda dicho año ya que en ella se repiten las causas fundacionales de las cofradías barrocas del resto de la Península: las predicaciones del dominio San Vicente Ferrer, el ejercicio del Vía Crucis, la formación del pensamiento de penitencia corporal e imitativo de Cristo, las hermandades de la Vera+Cruz y el Concilio de Trento.

a. Las predicaciones del dominico San Vicente Ferrer: Entre 1411 y 1412 el predicador recorrió las tierras de Castilla y León, desde Murcia hasta Caspe, pasando por La Mancha (7). San Vicente predicaba un sermón en el que animaba a los fieles a hacer penitencia, de ahí que fuera acompañado por un grupo de hombres y mujeres flagelantes (8).

Desaparecida imagen gótica del Crucifijo de San Pedro, destruida en 1936

b. El ejercicio del Vía Crucis: esta práctica religiosa se inicia en España, más concretamente en Córdoba hacia 1425. Pero será en la ciudad de Sevilla, donde adquiera un mayor auge e importancia a partir de la segunda parte del siglo XV irradiando desde allí a toda la Península (9).
c. La formación del pensamiento de penitencia corporal e imitativo de Cristo: Esta nueva manera de entender la persona de Jesús, no se configuró plenamente hasta el siglo XVI. Tras siglos de debates teológicos acerca de su naturaleza y su sufrimiento como hombre, los franciscanos y dominicos en el siglo XV establecieron distintas reglas y ritos piadosos para imitar el sufrimiento corporal de Jesús.
En España durante el siglo XVI los escritos de San Juan de Ávila, San Juan de la Cruz y Santa Teresa de Jesús, cuyo punto en común es la contemplación de Jesús como hombre y varón de dolores, influirán en la aparición de estas primeras cofradías imitativas del dolor de Cristo. Por todo ello, el profesor Sánchez Herrero sitúa la fundación de las primeras cofradías de Pasión entre 1520 y 1530 (10).
d. Las Hermandades de la Vera Cruz: posiblemente sea este el elemento que influyó decisivamente en la configuración de lo que actualmente entendemos como Semana Santa. Estas corporaciones también se denominaban de la Santa Cruz o Santo Crucifijo y fueron las primeras cofradías en torno a la Pasión y Muerte de Cristo. Muchas de ellas se constituyeron en un principio para dar culto a la Santa Cruz o a reliquias del Lignum Crucis, para más tarde organizar procesiones en la madrugada del Viernes Santo con penitentes y flagelantes.

En el Campo de Calatrava se pueden documentar muchas fundaciones de estas Cofradías. Probablemente la más antigua sea la de Ciudad Real contemporánea o incluso más antigua que la de Valenzuela de Calatrava que recibió sus Ordenanzas en 1552 (11). La Vera Cruz de Granátula se fundó en 1555 (12); un año después, 1556, la de Manzanares (13) y en 1569 la Vera+Cruz de Almagro ya existía (14). En Daimiel, las Relaciones topográficas de Felipe II de 1575, recogen lo siguiente: “la parrochia de Sant Pedro desta villa tiene una hermita de la Vera Cruz moderna […]. Tiene una cofradía que los cofrades laan edificado y la acabaran con limosnas los quales sales en deçeplinando el Jueves Santo en la noche” (15).

En Ciudad Real, como en el resto de poblaciones circundantes, podemos constatar la existencia de una Cofradía de la Santa VeraCruz, siendo posiblemente esta la que acompañó a Felipe II al Sacro Convento Castillo de Calatrava la Nueva en la Semana Santa de 1560. Erróneamente, eruditos del siglo XIX y XX confundieron aquella cuadrilla de disciplinantes con la Hermandad de los judíos de San Pedro. Así Francisco Herencia Mohíno, alcalde de Ciudad Real y fundador de la Hermandad de la Coronación de espinas en 1923, comentaba sin ningún tipo de base científica, que la Hermandad de los Judíos, como así se conocía al antiguo paso de la Coronación, se fundó en 1522 (16), cuando el primer paso de la Coronación fue costeado en 1600 por la Cofradía del Crucifijo de San Pedro (17). Por tanto, en 1522, ni podían existir ni los Judíos de San Pedro, ni el paso de la Coronación, ni cofradía de penitencia. Por todo ello, lo más probable es que aquella compañía de disciplinantes realengos que escoltaron a Felipe II fuera la de los cofrades de la VeraCruz de Ciudad Real.

Francisco José Turrillo Moraga (I.E.S. Alonso Quijano de Argamasilla de Calatrava). I Congreso Nacional Ciudad Real y su provincia.

Balcón que se conserva actualmente en la finca “Torrecilla”, que proviene de la calle de la Mata de Ciudad Real, y desde según la tradición predicó san Vicente Ferrer en su visita a nuestra ciudad

(1) Archivo Histórico Nacional, Sección Clero, leg. 2895.
(2) En el siglo XVII hubo varias visitas a la Parroquia de San Pedro y a la Cofradía en particular. Encontramos visitas en 1601,1611, 1615, 1637, 1645. En el siglo XVIII en 1725, 1727 y 1755.
(3) AHN, Sección Clero, leg 2895, fol. 8 r.
(4) Golderos Vicario, J.: Ciudad Real, siete siglos a través de sus calles y plazas, 1245-1945, Ayto. de Ciudad Real, Ciudad Real ,1998, p.162.
(5) Díaz Jurado: J.: Singular idea del Sabio rey don Alonso, dibujada en la fundación de Ciudad Real, Edición a cargo de Vázquez Morcillo, A. y Ruiz Gómez, F., Ayto. de Ciudad Real, Ciudad Real, 1986, p. 92.
(6) Portuondo, B.: Catálogo histórico artístico de la Provincia de Ciudad Real.BAM, Ciudad Real, 2007, p. 240.
(7) Según el profesor Sánchez Herrero, San Vicente Ferrer, pasó por Chinchilla, Albacete, Balazote, Alcaraz, Ciudad Real, Consuegra, Los Yébenes, Orgaz, hasta Toledo. En Sánchez Herrero, J.: La Semana Santa de Sevilla. Ed. Sílex. Sevilla, 2003, pag. 18.
(8) (Id.: 18).
(9) (Id.: 68).
(10) (Id.: 73).
(11) Galindo Barderas, M. (2005): “La Cofradía de la Vera Cruz de Valenzuela de Calatrava. Aproximación histórica”, Revista Veracruz, nº 16, p. 72.
(12) Donoso García, S. (2003): “Nazarenos rosas de la Cofradía de la Vera Cruz de Granatula”, Revista Veracruz, nº 1, p. 70.
(13) Sánchez Migallón Arias, T. (2005): “Cofradía de la Santa Vera Cruz de Manzanares de La Mancha”, Revista Veracruz, nº 16, p. 78.
(14) Olmedo Monje, D. (2003): “Noticias sobre la documentación de la Cofradía de la Vera Cruz de Almagro en el siglo XVII”, Revista Veracruz, nº 14, p. 66.
(15) Clemente Espinosa, D. (2003): “La primera cofradía penitencial en Daimiel: la Cofradía de la Vera Cruz”, Revista Veracruz, nº 14, p. 59.
(16) Plaza Sánchez, J.: La Semana Santa de Ciudad Real. Aportación etnográfica a una religiosidad popular. Comisión municipal de Cultura del Ayuntamiento de Ciudad Real, Ciudad Real, 1985, p. 34.
(17) AHN, Sección Clero, leg 2895, pp. 131 r.