Tomamos de El Labriego de Ciudad Real, lo siguiente:
«A fines de Diciembre supo el gobernador que había llegado a la capital un jefe revolucionario, su ayudante y otros tíos individuos, los cuales proyectaban marchar a Piedrabuena, soltar los presos de la cárcel, y con ellos y algunos más, formar una partida revolucionaria. El ayudante don José Borras, fue preso; el golpe de mano de Piedrabuena se evitó, y se cogieron algunos documentos de interés, por los que se supo que el jefe era González Egea, titulado comandante general de las fuerzas revolucionarias de la Mancha. A éste se le siguió la pista en Enero y Febrero, y su captura se encargó por medio de escritos en la Gaceta y en el Boletín Oficial de la provincia; pero aunque vagaba por varios pueblos de ella, siempre evadía las pesquisas.
En Marzo nada se supo de él y principios del actual llegó a noticia del gobernador que se hallaba en aquella capital, por habérselo participado así de Madrid, y averiguó por ciertas confidencias, cuáles eran sus planes. A las diez de la noche del 19 de este mes habían de reunirse unos diez y seis individuos armados en una casa de Ciudad Real para penetrar en la cárcel y sorprender al alcaide y a la pareja de Guardia civil que daba en ella la guardia.
Asesinando a los tres, si se resistían o amarrándolos en otro caso procederían a soltar los sesenta y cinco presos que había entre procesados políticos y comunes, y todos juntos irían a la delegación de Hacienda, a la sucursal del Banco y a las casas particulares más ricas para dar un asalto, después del cual se lanzarían al campo. La Guardia civil cercó la cárcel y algunas parejas aguardaron dentro, por lo cual, o por cualquier otra circunstancia, paso aquella noche sin novedad.
Se averiguó que el proyecto había sido aplazado para la noche del 20 y que el punto de cita de los conspiradores era la casa número 5 de la calle de San José, y en ella fue donde penetraron un teniente y siete guardias civiles ocurriendo, según dicen, muy breve tiroteo, del que resultó la muerte de González Egéa y leve herida a un guardia, inferida por el mismo con un puñal. Tenía el muerto cuarenta años gastaba barba corrida entrecana, y se le ocupó una cartera con listas y una clave. Como es natural se han hecho algunas otras prisiones.
La Paz de Murcia 25 de abril de 1886

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