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miércoles, 3 de diciembre de 2014

LA TORRE FUERTE O TORREÓN DE GALIANA



En la carretera de Piedrabuena en el Km. 13,2, a diez minutos de Ciudad Real, no lejos de Valverde, al noroeste de Alarcos y a la orilla derecha del Guadiana, nos encontramos la Dehesa de Galiana.

La zona fue escenario de las luchas fronterizas  entre cristianos y mulsumanes desde finales del siglo XI hasta principios del XIII, con la victoria de Alfonso VIII en las Navas de Tolosa en 1212. Destaca dentro de la finca la torre fuerte o Torreón adosada a una casa rural, que fue construida al amparo de las edificaciones estratégicas levantadas en el Campo de Calatrava, sobre el vado del Guadiana. Aunque no hay datos sobre la construcción de la torre, todo parece apuntar que es anterior a la segunda mitad del siglo XII y fue realizada por los almorávides, siendo parte de otra construcción mayor.


La planta de la torre fuerte o torreón es rectangular, construida a base de mampuestos, ladrillo y sillares. Asimismo se emplea buena sillería en todos sus ángulos, predominando la mampostería en todos sus frentes. Consta de tres plantas: baja principal y alta.


El frente de la torre es lo más significativo, teniendo en su primer nivel una puerta con un gran dovelaje formado por vistosos sillares, al igual que el arco de medio punto que la remata; sin duda practicada en época posterior a la del origen de la torre. Y sobre la clave del arco hay un escudo o piedra armera que pertenece a la noble familia Treviño, propietaria durante siglos de la dehesa. Sobre la puerta hay una saetera simple y vertical que se ensancha hacia el interior. A la mitad del cuerpo de la torre aparece una pequeña ventana de doble arco y una columna en el centro, al igual que la existente en la parte superior del edificio; pero mientras los arcos del primer vano son de medio punto, los del segundo son de arcos túmidos.


En el frente norte de la torre sólo aparece un vano en la mitad del muro; es una vistosa ventana de reducidas dimensiones con jambas y arco de medio punto de ladrillo rojo visto. Sobre ella, aparece dos canes de los tres que había, que sustentaron en la antigüedad un matacán u otro elemento defensivo hoy desaparecido. De los frentes sur y oeste nada hay que decir al no presentar ningún elemento arquitectónico reseñable.


Si pasamos al interior por la puerta que hay en el frente de la torre, nos encontramos una habitación cuadrada que tiene por techumbre un tosco armazón de madera, en sus muros o paramentos interiores (sur y oeste), se aprecian arcos de medio punto con jambas o dovelaje de ladrillo, actualmente cegados. En el paramento oeste hay una hornacina con la imagen de San Isidro, ya que esta planta baja estuvo destinada a capilla durante una larga época.


Al interior de la torre fuerte se accede por la planta principal, mediante una única puerta abierta en el muro oeste del edificio que da acceso a una habitación llamada “Salón del Moro” que es cuadrada luciendo un bello techo de alfarje. En el lugar donde se encuentra la ventana o mirador, hay adosados a la pared dos poyos o bancos de piedra, constituyendo con los vanos geminados del exterior un ajimez. En el frente del muro norte hay un vano en forma de saetera vertical.



El acceso a la habitación de la planta alta, se realiza mediante la misma escalera interior que facilita la entrada a la planta principal. La sala es casi cuadrada apareciendo un mirador de idénticas características al de la sala principal, comunicando al exterior con uno de los vanos geminados de arcos túmidos. A la techumbre de la torre se accede a través de una estrecha escalera de piedra, que se encuentra adosada a la pared del muro sur, siendo la terraza defensiva.

A pesar de las intervenciones a que se ha visto sometida la torre a lo largo de los años, no ha perdido en absoluto sus elementos y su carácter almohade original.


martes, 2 de diciembre de 2014

PERO… ¿DÓNDE ESTÁ EL SABLE?


Retrato del General Francisco Serrano Bedoya, propietario del sable cuya historia reproduzco hoy en esta entrada

El tiempo le dio la razón a la abuela Teresa Martín. “Cuando tiren esta casa se encontrará algo”. Su nieto Eugenio Criado escuchaba el pronóstico una y otra vez pero nunca lo achacó a los delirios y alucinaciones de la vejez. Había oído en conversaciones de la familia que la suya podía estar entroncada con el general Francisco Serrano Bedoya, secretario de Espartero y presidente del Tribunal de Guerra y compañero de destierro y regreso del Grande de Granátula. Y había oído también que en su casa de la calle Toledo, número 3 existió una Casa de Banca en vida de Luis Martín Serrano, nieto del general, que fue procurador alboreando el siglo. La abuela Teresa Martín sabía, pues, lo que se decía. La pasada semana unos gitanos encontraron en el vertedero de Cabeza del Palo varias monedas de oro que procedían del solar de la casa de la calle Toledo número 3 (hoy identificada con el número 5). La casa fue vendida por sus propietarios el 1 de noviembre de 1997 y demolida poco después. Fue al excavar para cimentar la nueva construcción que aparecieron las cuevas y una vasija con monedas de oro.

Ahora, en el Rincón de la Luna, un coqueto café decorado, casualidad, al estilo finisecular, el último de la saga, Eugenio Criado Jiménez, rememora la pequeña historia de la familia sin intención de reclamar recompensa. Se limita a evocar a sus antepasados y al patriarca que le fue fiel a Espartero hasta el final de sus días.

-          Me pregunto dónde estará el sable…
-          ¿Un sable?

Se refiere a un espadón que pudo pertenecer al general Serrano Bedoya y que viajó en volandas entre generaciones hasta que la abuela Teresa  o su marido Eugenio Criado Toledano lo tiraron al pozo al poco de estallar la guerra civil española.

¿Dónde estará el sable? Tal vez en las profundidades del solar esperando un golpe de suerte para salir a flote en el presente de estos tiempos acelerados o entre los esqueletos de la casa arrumbados en la cabeza del Palo.

Sí apareciera quedaría probado que los Criado descienden de aquel general que junto al otro Serrano y también Francisco pero Domínguez de segundo, hizo también la Gloriosa del 68 contra la monarquía Isabelina.

La documentación de Eugenio está finamente tallada en el recuerdo por el escalpelo de la tradición oral, y redactada en sucesivas escrituras de la propiedad de la casa de la calle de Toledo, número 3 que la remontan hasta el pasado siglo. Todo parece apuntar al general… aunque la certeza se detiene en Luis Martín Serrano, que fue “procurador o magistrado de la época y el fundador de la Casa de Banca”. Luis Martín Serrano pudo ser nieto del ilustre militar pero de su padre y por tanto del hijo de Serrano Bedoya no existe eslabón aunque todo el mundo que vivía en aquel típico caserón manchego de dos plantas con patio interior que ocupaba buena parte de la manzana antigua, se reconociese descendiente del que fuera, para más título y graduación militar, capitán general de Cataluña.

El caso fue que Luis Martín Serrano se casó con Amalia Lázaro. Aún no había concluido el siglo con su rosario de años y la Casa de Banca hacía sus negocios. Tal vez muy pocos supieran que en el subsuelo de la vivienda había unas oquedades que podían servir de cámaras de seguridad, de depósitos de caudales….

La abuela Teresa, hija de Luis y de Amalia, conoció la Casa de Banca que había en su casa natal de la que quedó como testigo visible un portón de madera maciza de cuya existencia ha sido testigo el propio Eugenio. “Esta era la puerta del banco”, le decía la abuela.

El recuerdo vivo de la abuela es la clave para entender el hallazgo porque siempre tuvo la certeza que vivía pisando un tesoro que quedó definitivamente sellado a la luz del mundo cuando la casa de préstamos dejó de funcionar. La abuela Teresa hacía sus vaticinios con la lógica cruel de las personas informadas pero el tiempo anda lo suficientemente rápido como para detenerse. No era cuestión de descuajaringar la casa para ver si la abuela tenía razón o eran recuerdos distorsionados de mocedad.

La abuela Teresa se casó con Eugenio Criado Toledano, un ferroviario de la época y tuvieron a José Antonio, Teresa, Manuel, Marcial, Luis y a Eugenio Criado Martín, bancario, padre de Eugenio Criado Jiménez que hoy cuenta la fabulosa historia de la vasija de oro encontrada y la del sable perdido del general Francisco Serrano Bedoya, aún oculto en algún entresijo de la tierra, a raíz de la aparición de las monedas de oro, de cuyo descubrimiento ya alertó la vieja. No hacía más que decir que el día que tiraran la casa iba a aparecer algo. Eugenio se lo escuchaba advertir a su abuela que era biznieta del general Serrano Bedoya, fiel de Espartero, secretario del que pudo y tal vez no quiso ser rey, revolucionario liberal y capitán general de Cataluña.

Pero no fue la simiente del general la que recobró para sí el tesoro oculto en su propiedad. Los descendientes de la abuela Teresa esperaron a su muerte para vender la casa cosa que hicieron el primer día de noviembre de 1997.

Cuando vendieron la casa y en tono jocoso le dijeron al constructor: “Ahí aparecerá algo, siempre lo ha dicho la abuela”. No le dio mayor importancia. De hecho la casa se demolió al poco tiempo de ser vendida y allí no surgió nada fabuloso, de modo que el tiempo se fue depositando mansamente sobre el solar, raso ya… hasta el día en que las excavadoras le hincaron los dientes a las entrañas del corralón con tan mala fortuna que los trabajadores no se apercibieron de que entre la sopa de tierra, escombros y piedras, iba el avecrem de los dineros tantas veces adivinado por la abuela Teresa. Del lugar donde siempre reposaron las monedas de oro, presumiblemente acuñadas con la efigie de Carlos II y/o Carlos IV viajaron  a Cabeza del Palo. En aquel emplazamiento desolado –un basurero es un lugar de olvido por muy tecnificada y limpia que sea su gestión- aún habían de esperar unos días –un suspiro- para que sobre el tesoro amaneciera el sol del siglo XX que ya atardece.

Eugenio Criado Jiménez cuenta la historia breve de su familia. No deja de referirse al sable.

-          ¿Dónde estará el sable?- se pregunta.

La respuesta es una bifurcación de tres posibilidades: o sigue oculto en la profundidad de un pozo adonde lo arrojó la abuela Teresa o su marido, o reposa bajo una capa de escombros en Cabeza del Palo… o adorna hoy la pared de alguien.

Manuel Valero (Publicado en el diario “Lanza” el lunes 26 de abril de 1999 en su página número 5



lunes, 1 de diciembre de 2014

EL TESORO DE LA CALLE TOLEDO


Actual edificio de pisos en la calle Toledo número 5, en cuyo solar y cuevas se encontraba el tesoro escondido

En abril de 1999 se derribó la casa número 5 de la calle Toledo, procediéndose a continuación a realizar excavaciones para cimentación del nuevo edificio. Durante estas excavaciones aparecieron  en el subsuelo dos o tres cuevas y en el interior de una de ellas había una horcilla repleta de monedas de oro. Estas fueron depositadas junto con los escombros, en Cabeza del Palo donde varias personas, rebuscando chatarra entre la tierra, se percataron de su presencia.

Aunque en principio los descubridores intentaron guardar el secreto sobre su hallazgo, la “fiebre del oro” terminó delatándolos e inmediatamente, se pusieron en marcha los efectivos policiales encargados de la investigación de delitos contra el patrimonio. De inmediato, se puso el hecho en conocimiento de la Delegación provincial de Cultura, para que iniciase las actuaciones oportunas por la vía administrativa o judicial. Las primeras indagaciones permitieron identificar y localizar a una de las personas que hallaron las monedas, quien entregó quince, en su mayoría escudos de oro de las épocas de Carlos II y Carlos IV, en un excelente estado de conservación.

Días después, siguieron la pista de los investigadores hasta un establecimiento de chatarrería, de la capital, al que habían ido a parar cien de ellas, vendidas a bajo precio por sus descubridores. También se recuperaron otras 46 monedas de las mismas características, que estaban en poder de una tercera persona. En total la Policía recuperó 161 monedas acuñadas entre los años 1665-1819, perdiéndose muchas de ellas entre particulares.

La Subdelegación del Gobierno de la Provincia valoró y consideró éste hallazgo de un elevado interés material y cultural. Éste tesoro, por las características de las monedas, sus acuñaciones…, nos recuerdan y son de una época muy similar (Reinados de Carlos II, Carlos III y Carlos IV) a las monedas rescatadas por la empresa cazatesoros Odyssey de la fragara “Nuestra Señora de las Mercedes” que fue hundida por un barco inglés en 1804 frente a la costa de Portugal y que España reclamó a Estados Unidos.

Se barajaron varias hipótesis por lo que podía encontrarse este tesoro en este lugar. Una de ellas fue porque hubo una casa de “Contribuciones” y después fue utilizada para diversas actividades comerciales, donde un tendero prestamista usurero las escondió. Por otro lado, el archivero municipal, don Valeriano Villajos García, en atención a la época de las monedas sugirió que posiblemente aquel tesoro pudo ser ocultado por temor a un robo en la pasada Guerra de la Independencia con Francia (1808-1814).

El director de los Museos, Archivo y Patrimonio del Ayuntamiento de Ciudad Real, don Francisco Javier López Fernández, al conocer el hallazgo, realizó un informe –detallado- para que se reclamaran parte de esas monedas (al haber sido halladas en terrenos del Ayuntamiento) con el fin de destinarlas al patrimonio histórico municipal, pero por problemas burocráticos y, pese a su empeño.. no se pudo lograr y el tesoro ciudadrealeño paso a manos del estado.

Foto de las monedas de oro encontradas en la calle Toledo, facilitada en su día a los medios de comunicación por el Cuerpo Nacional de Policía de Ciudad Real