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miércoles, 7 de octubre de 2020

TEMPLOS NOTABLES: IGLESIA DE SANTIAGO APOSTOL (II)

 

Hasta el año 1987 los pasos de la Pasionaria de Santiago salieron del interior del templo por la puerta que se encontraba en el muro junto a la torre y que se cegó incomprensiblemente


IMÁGENES

 

Las imágenes más veneradas en la parroquia de Santiago son:

Nuestra Señora de los Dolores. «La Dolorosa de Santiago como popularmente es conocida. La imagen primitiva, atribuida a Montañés, fue destruida en el treinta y seis. La actual fue adquirida por doña Adela Alcázar. Recibe culto permanente en su capilla.

En su festividad, el viernes de los Dolores, después del solemne novenario que le ofrece su Hermandades, en sus dos ramas, damas y varones, sale procesionalmente por las calles de la ciudad acompañada de la cofradía de señoras y, el Jueves Santo, cerrando el desfile penitencial de la parroquia, con su Hermandad de varones, revestidos éstos con túnicas y capillo blanco y capa azul, llevando sobre el brazo derecho bordada la cruz de Santiago. En ambas procesiones desfila en su magnífica carroza con rico dosel, profusamente iluminada y adornada con flores blancas, seguida de multitud de fieles que fervorosamente la acompañan.

El Cristo de la Caridad. La imagen primitiva figuraba a Cristo agonizante en la Cruz, adicionándole después las figuras de la Virgen, Magdalena y un soldado romano con la lanza en la mano, por lo que este «paso» es popularmente conocido por «Longino». Estas figuras fueron realizadas por el escultor catalán, don Claudio Rius.

En esta procesión penitencial de la tarde del Jueves Santo, también desfila la Hermandad de la Santa Cena, recientemente fundada por la juventud estudiantil. Su «paso» está compuesto de un grupo monumental con las figuras en talla.de madera de los Apóstoles, sentados a la mesa y Jesús de pie mostrando el Pan y el Cáliz.

Otra de las pasionarias antiguas de la parroquia es el grupo que representa la figura de Jesús, ya flagelado y coronado de espinas, presentado al pueblo por el gobernador Poncio Pilatos, con las figuras de un niño esclavo con una palangana en las manos, el escriba y un soldado romano. Grupo escultórico construido por los imagineros sevillanos, los señores Illanés y Castillo Lastrucci.

Su Cofradía, una de las más antiguas de la parroquia, denominada «Ecce Homo», está formada por más de un centenar de hermanos, los cuales acompañan a su «paso» revestidos de vistosas túnicas de lana blanca y capillo color eminencia, alumbrando con artísticos faroles. A pesar del mucho peso de sus andas y figuras, el «paso» es llevado a hombros por costaleros a lo largo de toda la carrera, resultando grandioso su conjunto en el desfile.

También recibe culto la imagen de San Antón, procedente del antiguo convento de San Antonio Abad que hubo en las cercanías de la parroquia, cuya Hermandad, una de las más antiguas de la ciudad, celebra, con gran solemnidad la festividad de su Patrón. San Isidro Labrador, imagen muy reciente en la parroquia se venera también, celebrándose su festividad por los agricultores.

Una de las imágenes más venerada en la antigüedad en la iglesia de Santiago, fue, sin duda, la de Nuestra Señora La Blanca, ya que en tiempos su culto y devoción por los ciudarrealeños alcanzó tal auge que éstos compartieron con la del Prado el patrocinio de la ciudad.


 
El paso de la Santa Cena hasta el año 1985 se guardaba durante todo el año en el interior de la parroquia


Don José Balcázar, en su libro «Alrededor de la Virgen del Prado» nos cuenta la siguiente anécdota que relatamos a continuación como testimonio de esta devoción hacia la Virgen La Blanca.

Los religiosos de Santo Domingo con residencia en el Convento de Ciudad Real, siempre tuvieron el privilegio de contar entre sus amistades a las familias más principales de la ciudad, las cuales, en sus frecuentes visitas, degustaban del rico chocolate con el que los frailes obsequiaban a sus visitantes, según la costumbre española de la época.

En una de estas visitas, nos dice el señor Balcázar, coincidieron en el convento los matrimonios, don Rodrigo de Poblete y esposa, doña Teresa y el compuesto por don Félix de Loaisa y doña Mancia, pertenecientes ambos a distinguidas familias ciudarrealeñas. Era el año 1589, días después de celebrarse las fiestas de la Virgen del Prado, en cuya solemnidad había predicado el padre Eugenio Velázquez, famoso dominico, para quien todo eran los elogios y felicitaciones del matrimonio de Poblete, especialmente de doña María Teresa, que no cesaba de alabar la plegaria del predicador hacia la Virgen del Prado.

Mientras hablaba doña María Teresa, el matrimonio de Loaisa guardaban silencio, pero en el ceño que ponían, especialmente doña Mancia, daban a entender que no les agradaban los elogios de la esposa de don Rodrigo, hasta que, por fin, doña Mancia, no pudiendo contenerse, exclamó:

Más, mucho más, merece la Virgen de La Blanca, que por su historial y por su abolengo, debía ser la patrona de Ciudad Real.

La picadura de una víbora no hubiera hecho tanto daño a doña María Teresa, devotísima de la del Prado, pero reprimiéndose, sólo contestó: —Será por ser Calatrava.

Siempre existieron ciertas diferencias entre las familias hidalgas ciudarrealeñas y las de origen de los caballeros calatravos. El cariz de la discusión hizo intervenir al propio Padre Eugenio y entregándoles estampas de la Virgen del Rosario y haciéndoles ver que ambas imágenes representan a la Virgen María, Madre de todos consiguió olvidaran su discusión quedando en paz y amigos.

La interesante historia de la Virgen de la Blanca, a grandes rasgos, es como sigue: Parece ser que fue traída por los caballeros vizcaínos en 1158, cuando éstos acudieron a la llamada de Fr. Raimundo, abad de Fitero, para la defensa de Calatrava. Colocada la imagen de la Virgen en la iglesia de aquella fortaleza, fue proclamada patrona metropolitana del Campo de Calatrava.

Cuando la derrota de Alarcos, en 1195, y ante la necesidad de abandonar el Castillo de Calatrava, la imagen de la Virgen fue ocultada en evitación a que ésta fuera profanada, volviendo aparecer, dieciséis años después que, con el triunfo en la Batalla de Las Navas, vuelve la paz y tranquilidad en este territorio.


El paso del Ecce-Homo en el interior de Santiago la tarde del Jueves Santo


Construido el Castillo Monasterio de Calatrava la Nueva, definitivamente es abandonada la fortaleza de la Vieja, quedando junto a sus ruinas la imagen de la Virgen en una pequeña y humilde ermita adonde acudían sus devotos de los lugares cercanos a rendirle culto, especialmente los ciudarrealeños, que sintieron gran devoción por la imagen, y acudían a ella en solicitud de la protección celestial en los tiempos difíciles en auxilio a sus calamidades.

Habiendo concedido la Orden de Calatrava cierta jurisdicción al Ayuntamiento de Ciudad Real sobre la imagen de la Virgen de la Blanca y encontrándose ésta, en el siglo XVI, con su ermita en ruinas, es trasladada a la ciudad e instalada en la capilla construida en la iglesia de Santiago para su culto. Aquí estuvo hasta el año treinta y seis que, juntamente con las imágenes de la ciudad, en el triste movimiento antirreligioso fue destruida y sin ser restituida como, por la devoción que siempre sintieron nuestros antepasados y por su valor histórico merecía. Hoy, sólo queda como recuerdo una pequeña imagen que los vecinos de la Barriada Vicente Galiana proclamaron en el año 1955 como abogada y patraña, instalada en una pequeña hornacina en la fachada de una de las casas del citado barrio.

Como anécdota curiosa y testimonio del origen de la Virgen de la Blanca a continuación detallamos un interesante documento hallado en mis trabajos de investigación en el archivo histórico municipal «Elisa Cendreros». Se trata de un cuaderno con pastas de cuero con la siguiente titulación: «Cofradía de Nuestra Señora la Blanca. Año 1576». En su primera página dice cómo fue trasladada la imagen desde su ermita en Calatrava la Vieja a Ciudad Real, cuya transcripción es como sigue:

«Este libro dio a la Cofradía de Nuestra Señora de la Blanca que se celebra en su ermita de Calatrava La Vieja, El muy magnífico señor Antonio Mexías de Mora, hermano público del número de la Ciudad Real siendo priostre el señor Pedro de Almagro, escribano el susodicho, Mayordomo Francisco Díaz de Córdoba y Marcos Ramírez, estando la imagen de nuestra Señora en la Ciudad Real que a instancia de la dicha ciudad se había traido por la necesidad del agua y donde a cinco días de cómo se trajo, llovió abundantemente. A los nueve de abril 1576.» En sus páginas siguientes figuran varias listas de cofrades y escritos ilegibles casi borrados por el tiempo que suponemos se trate de actas y acuerdos de sus cofrades.

La Comisión Provincial de Monumentos, teniendo en cuenta las características que reúne el templo de Santiago, entre las que destaca su valioso artesonado, el que puede considerarse como único en la provincia, tomó el acuerdo de incoar expediente para proponer su declaración de Monumento Histórico Nacional.

Designado a don Ramón Maldonado de Coca, académico correspondiente de la Real de Bellas Artes de San Fernando, del estudio artístico del templo y en virtud de su dictamen, el Ministerio de Cultura, previa deliberación del Consejo de Ministros del día 12 de febrero de 1982, por Real Decreto se declaró Monumento Artístico de carácter nacional nuestra iglesia de Santiago.

En espera, pues, de la subvención estatal, existe la esperanza de ver pronto realizada la restauración de la iglesia, mediante la cual, llegue alcanzar en su estado primitivo la importancia y belleza que merece, una de las más hermosas e importantes de la provincia y el orgullo de la capital.

Hermenegildo Gómez Moreno “Ciudad Real Monumental: Catedral, San Pedro y Santiago”


Nuestra Señora de los Dolores de Santiago en el interior de Santiago en su paso procesional



martes, 6 de octubre de 2020

TEMPLOS NOTABLES: IGLESIA DE SANTIAGO APOSTOL (I)

 


Algunos historiadores locales dicen que la iglesia de Santiago, es contemporánea a la fundación de Villa Real por Alfonso X el Sabio y la más antigua de la ciudad. Su construcción arquitectónica así parece. Su edificación debió comenzar a finales del siglo XIII y terminada a mediados del XIV como lo testifica el resto del artesonado, conservado hoy oculto que cubría la iglesia. Sin embargo, por ciertos datos históricos, no parece que fuera ésta la primera iglesia local.

En el Pozuelo Seco de Don Gil, aldea preexistente a la fundación de la Villa del Rey Sabio, ya existía la ermita erigida a la Virgen del Prado por los aldeanos, según se relaciona en las vistas que el rey Fernando III el Santo, en compañía de su esposa, doña Juana, celebró con su madre, doña Berenguela en 1245 en la citada aldea. Es de suponer que esta humilde y primitiva iglesia sería habilitada para los servicios religiosos de aquellos aldeanos, primeros pobladores de Ciudad Real.

Cuando el rey Alfonso X en 1255 funda Villa Real, no escatima en sus dádivas y privilegios a cuantos vienen a poblarla. Al disfrute de la generosidad del rey, acuden rápidamente de los pueblos vecinos y lugares cercanos gran número de gentes de toda clase y categoría a levantar sus casas en la naciente villa.

Tan rápido fue su desarrollo y aumento que pronto hubo necesidad de otras iglesias para atender a los servicios del nuevo poblado cristiano, surgiendo así las iglesias de San Pedro y la de Santiago, las cuales, con la ya existente Santa María del Prado, formarían un triángulo centrado en el perímetro de la población, con sus correspondientes barrios.

El primer núcleo urbano correspondería a los habitantes de la primitiva aldea, alrededor del pozo de su origen, en torno del templo de la Virgen del Prado.

La iglesia de San Pedro, ubicada en el barrio del Alcázar del Rey, debió construirse obedeciendo a las necesidades de los hidalgos y caballeros principales establecidos' en el citado barrio. Su estilo monumental y riqueza así lo justifican.



Los más humildes, en busca de mayor espacio y cierta separación de la gente principal y noble, según costumbre de la época, se extienden por el lado opuesto, formándose así el barrio de Santiago, popularmente conocido como el del «Perchel».

Aprovechando la circunstancia de la existencia de un antiguo torreón de avanzada atalaya y defensa de la aldea del Pozuelo Seco (según Ramírez de Arellano, base de la torre actual de Santiago), junto a la cual se levantaría una humilde y sencilla ermita, origen de la iglesia actual, con el sello de pobreza que siempre ha caracterizado a este barrio.

Nada notable ofrece el exterior de la iglesia de Santiago. Las diversas construcciones que, a través del tiempo, se han adicionado en sus muros, imposibilitan al investigador hallar las huellas que pudieran descubrir la forma primitiva del templo. Sus puertas con el único adorno de un arco resaltado con punta de diamante, fueron casi destruidas al hacer, en época reciente, los porches que las resguardan. La torre también ha sido transformada. Su forma actual recuerda su posible origen.

En el interior de la iglesia existen tres naves con sus tres ábsides terminados en bóvedas radiales, apoyándose los nervios de los rincones en medias columnas que parten del pavimento y los intermedios en medios columnas que arrancan del muro en ménsulas muy curiosas representando figuras humanas. Todo borrado a causa de las capas de cal y pintura que se han ido acumulando sobre las labores y capiteles.

En el siglo XVI, según Ramírez de Arellano, a pesar de ser una época de cultura artística, se taparon las ventanas de los ábsides que eran unos ajimeces de forma lacental y probablemente con celosías de piedra. Se rompió el centro de los ábsides laterales para hacer puertas y construir dos capillas con bóvedas de crucería, sin ofrecer otra cosa más notable que descomponer la artística armonía de la iglesia. En la correspondiente a la nave de la izquierda, conocida por la del Cristo de Caridad, se halla una lápida en donde se hace constar que en el año 1861, el culto y conservación estaba a expensas de don Fernando Palacios, conde de Montecristo. La otra nave de la derecha fue fundada por la venerable orden Servita, dedicada al culto de la Virgen de los Dolores. En el mismo siglo XVI se hizo otra pequeña capilla en el muro del ábside de la derecha, en donde se instaló la Virgen de la Blanca. Hoy nuestra señora de Lourdes. Tiene esta capilla un arco y una media bóveda de rosetones del renacimiento.



El retablo también fue varias veces reformado. En la parte exterior del pulpito de la iglesia se conservan incrustadas unas magníficas tablas trabajadas con extrema maestría, pertenecientes a una de estas antiguas reformas.

En la restauración realizada en el año 1963 figura un tríptico pintado por el pintor ciudarrealeño, Vicente Martín, componiendo en sus tres murales de 9 por 2 metros, en el central, la figura del Apóstol Santiago, y en la parte superior la pintura de la Coronación de la Virgen; en el lateral de la izquierda, Santa Ana con la Virgen Niña y la de Dios Eterno; y en el de la derecha las figuras de San Francisco Javier y la de Jesús Eterno. Un conjunto bello y armonioso, magníficamente logrado por el referido artista Vicente Martín.

Las naves están cubiertas por falsas bóvedas barrocas, posiblemente construidas en el siglo XVIII para cubrir su valioso y primitivo artesonado que se hallaba en malas condiciones. Sin duda lo más noble de la iglesia es este rico y bello artesonado, el cual, en un reciente proyecto, ante la declaración del templo como Monumento de Histórico Nacional, se piensa, una vez restaurado descubrir. Los entendidos que lo han visto lo describen así:

«Tiene un almizate central muy cuajado de lazos de a cuatro formando estrellas, y la labor de este almizate se corre por las descendidas en tres fajas, la una central y otra en cada extremo de la techumbre, más estrechas las externas. Los centros o fondo de esta labor, tanto en lo ornamentado como en las descendidas, están estofados y pintados, brillantes colores en dibujos geométricos unas, y de flores y hojas otras. Los nueve pares de tirantes que sujetan el artesonado, y que se apoyan sobre caprichosos, variados y amplios canes, están bellamente decorados con pinturas a la morisca. El almarbate, o sea, el friso, se compone de dos líneas de tabicones en los que alternan los escudos de armas de Santiago, Calatrava y el blasón de los Núñez de Godoy, lo que hace suponer que fuera costeado por el Gran Maestre don Pedro Núñez de Godoy».

Hermenegildo Gómez Moreno “Ciudad Real Monumental: Catedral, San Pedro y Santiago”




lunes, 5 de octubre de 2020

ELECCIONES A LA PRESIDENCIA DE LA ILUSTRE HERMANDAD DE LA VIRGEN DEL PRADO

 

Jesús González Adanez candidato a presidir la Hermandad de la Patrona entre los años 2020-2024


Los hermanos de la Ilustre Hermandad de la Virgen del Prado, Patrona de Ciudad Real, están llamados a las urnas, el próximo jueves 8 de octubre, de 20:30 a 21:30 horas en el salón de actos de la Parroquia de San Pablo; para elegir al nuevo Presidente de la Hermandad y su Junta de Gobierno.

Sin duda la candidatura más interesante y la que ha presentado a todos los miembros de la futura Junta de Gobierno, tal y como se establece en los Estatutos, es la candidatura encabezada por D. Jesús González Adanez, que ha desempeñado el cargo de Vicepresidente en la Junta de Gobierno actual.



Los cargos que se someten a votación son los de Presidente, Vicepresidente, Secretario, Tesorero y Mayordomo, que en la candidatura de Jesús estarán ocupados por: Jesús González Adanez, Francisco de Asís Pajarón Hornero, Oscar-Jesús Gago Gutiérrez, Emilio Martín Aguirre y Francisco Javier Moyano Morano, respectivamente.  

Una candidatura con la experiencia acumulada, y la labor desarrollada durante los últimos años ininterrumpidos de muchos de los que la forman en las anteriores juntas de gobierno, y con el objetivo de dotar a la Hermandad de un verdadero espíritu de convivencia cristiana y de una estructura tanto organizativa como económica adaptada a los tiempos actuales y futuros que están por llegar.



La candidatura propone ocho puntos de trabajo: Organización interna, cultos, formación, caridad, dinamizar la vida de la hermandad, juventud, proyectos y relaciones institucionales, donde el alma cristiana, la devoción secular a la Santísima Virgen del Prado y el legado de nuestros mayores son el reflejo en el que mirar para construir el futuro de la Hermandad.

Quien quiera consultar la candidatura y el programa de trabajo de Jesús González Adanez, lo puede hacer pinchando el siguiente enlace:

http://www.virgendelprado.es/noticias/descargas/images/2020/asamblea/Candidatura_Jesus_Gonzalez_Adanez.pdf

 


La candidatura de Jesús González, se enfrenta a la Alfonso Doblado Ruedas, hasta ahora Mayordomo de la Junta de Gobierno saliente, que la ha formado en su mayoría por hermanos ajenos hasta ahora a la vida de la hermandad de la Patrona y provenientes en su mayoría de la Comisión Permanente de Semana Santa que cesó el pasado mes de mayo. Quien quiera consultar la candidatura y el programa de trabajo de Alfonso Doblado, lo puede hacer pinchando el siguiente enlace:

http://www.virgendelprado.es/noticias/descargas/images/2020/asamblea/Candidatura_Alfonso_Doblado.pdf



domingo, 4 de octubre de 2020

LAS CAMPANAS DE LA PARROQUIA DE SANTIAGO

 


La Parroquia de Santiago, como parroquia histórica de nuestra ciudad, contó en su campanario hasta el año 1936, con una interesante e histórica colección de campanas. Entre estas figuraba una del siglo XV,  Según Ramírez de Arellano fue probablemente costeada en 1492 por el Obispo Iñigo Manrique, Presidente de la Chancillería de Ciudad Real, y fabricada acaso por el mismo campanero que fundió la «del Alba» de la Catedral de Córdoba. También había otras campanas de tradición interesante en los huecos del Mediodía; la mayor refundida tenía una inscripción que acreditaba haber sido construida en tiempo de Felipe II; la otra del Mediodía procedía de 1614 y la del Norte de 1609. En junio de 1911, fue colocada una nueva campana en la torre con el nombre de San José. 


Primera Campana colocada tras la Guerra Civil Española en 1950 dedicada al Stmo. Cristo del Milagro


Destruidas las campanas por los republicanos del Frente Popular, durante la Guerra Civil Española, y una vez terminada esta en 1939 y vuelta abrir al culto la parroquia, no fue hasta 1950 cuando la Parroquia de Santiago volvió a contar con una campana. El diario provincial “Lanza”, informa el lunes 10 de julio del referido año, de la bendición de la nueva campana:

 Ayer domingo, a las once y media, se celebró en la iglesia parroquial de Santiago de esta capital, la bendición de la nueva y única campana por el momento va a ser colocada. Numerosos feligreses y aun de otras Parroquias, invitados por el señor cura párroco, don Javier María de Castro, asistieron a la ceremonia, habiendo sido dedicada la nueva campana al Stmo. Cristo del Milagro, único que se salvó de la destrucción por la horda roja en el año 36.

 

Campana de la Virgen de las Lágrimas colocada en 1954


El párroco pronunció después unas palabras para agradecer la asistencia y las ayudas que viene recibiendo, refiriéndose a que la nueva campana será encargada de pregonar las alegrías y las tristezas en los corazones de los feligreses, pues anunciara con alegre repique el bautismo de los recién nacidos y con tránsitos la muerte de los que pasaron a mejor vida.”

La segunda campana que se colocó en la torre de Santiago, fue el domingo 9 de mayo de 1954, siendo también el diario “Lanza” el que se hacía eco de ello el lunes día 10 con la siguiente nota: “Campana de la Virgen de las Lágrimas

En el día de ayer fue solemnemente bendecida por el señor cura párroco de Santiago, la “campana de la Virgen de las Lágrimas” regalo de los niños españoles y que ha sido colocada en la torre de la iglesia parroquial.”


Campana en los huecos de la torre que miran a la calle Estrella


Estas dos primeras campanas, son las campanas que dan a la Plaza de Santiago, posteriormente se colocó una tercera campana en los huecos de la torre que miran a la calle de la Estrella, y al restaurarse la espadaña de San Antón, situada encima de la puerta de entrada de la sacristía, a principios de los años sesenta del pasado siglo XX, se colocó una nueva campana.


Campana de la espadaña de San Antón 


sábado, 3 de octubre de 2020

A LA TORRE DE SANTIAGO LE PUSIERON ALMENAS EN 1955

 


Muchas fueron las reformas que se tuvieron que realizar en la Parroquia de Santiago, concluida la Guerra Civil Española, al haber sido durante la guerra almacenes y estancia de evacuados. Una de las reformas que se plantearon desde el primer momento, fue la restauración de la torre y en concreto su chapitel, redactándose en el año 1944 un proyecto de restauración que incluida el cambio de maderas de la armadura, muy apolilladas por las goteras, y la renovación de los entramados y cubierta de los faldones.

Pero este proyecto de restauración parece que se quedó en proyecto, y con el paso de los años el deterioro fue a mayor, lo que obligó al párroco de Santiago recién llegado en agosto de 1950, D. Javier María de Castro Díaz,  realizar una “Junta pro reconstrucción de la torre de Santiago”, que fue presidida por el Gobernador Militar de Ciudad Real, D. José Vilanova.

Tras varios años de trabajo de la junta, se recaudó el dinero necesario para restaurar la torre, que ya en 1954 se encontraba su chapitel en estado ruinoso. Fue en 1955 cuando se realizan esos trabajos de restauración, eliminándose el chapitel de la torre, y colocándose en su parte superior unas almenas, bajo la teoría que la torre podría haber pertenecido en su antigüedad, a una torre defensiva de la villa. Estas almenas permanecerían hasta los años ochenta del pasado siglo XX, cuando en la restauración que se le realizó al templo a partir de 1985, acabó con ellas.



viernes, 2 de octubre de 2020

LA IGLESIA PARROQUIAL DE SANTIAGO

 

Vista de la fachada de la iglesia llamada de los panteones en los años cuarenta del pasado siglo XX, es decir la fachada norte de la iglesia de Santiago en la calle Estrella, donde se encontraba el cementerio parroquial y donde después se levantó la guardería 


Venía la Paz, entre ventiscas, lluvia punzante y fríos abrileños, tras larga y dolorosa guerra. La plazuela de Santiago no era despiojadero público, aquel día. Las puertas de la Iglesia estaban abiertas. Entre por las naves, vacías, el pastor avejentado y pobre, paseaba su silencio y su tristeza. Yo, vi los techos ahumados; cada cuatro pasos, las losas del suelo calcinadas por el fuego de hogares profanadores, encendidos cada día de casi tres años, y las paredes desconchadas, pintarrajeadas, cochambrosas. Ni un retablo, ni un santo, ni una campana. El reloj muerto en una hora triste. Los muros del presbiterio partido, sepulturas rotas… El cura, pobre, triste, envejecido, tornaba al redil que vigiló con vigilia tensa, constante y peligrosa, y desolado lo hallaba. Un cuarto de siglo de labor apostólica austera, liquidado en tres años escasos. Había de volver a empezar y la labor se presentaba durísima.  Por todos se pedía y para nada alcanzaba la ruina de todos.

De aquel párroco nadie supo, nunca, con cuantos sacrificios y miseria tapó, acá; jabelgo, allá; enselló y remendó, lo que pudo, y repelló, por doquier, sin disimulo, ni herejía artística, con tal de volver el culto a su Iglesia y reunir otra vez su grey entre pobreza suma, ciertamente, pero entre limpieza, piedad y silencio confortadores. Hizo lo que pudo, más de lo que cualquiera hubiera podido hacer, y espero tiempos favorables para llevar a su Parroquia a un resurgir glorioso, con todos los honores de una meticulosa restauración. Así lo reclama la más antigua Parroquia de Ciudad Real; ese templo de todos y cada uno de los ciudarrealeños, que así lo han ido queriendo, desde quien lo fundara, hasta el último donante.

Empezaban tiempos de mayor holgura y buenos parecían para el arduo resurgir de Santiago, según puede deducir en grata conversación con una principal autoridad, cuando, el Prelado llamó, al cura, a su Cabildo Prioral, como honrosa recompensa. En arrebato envidiable, manso y santo; por homenaje sentido a su Parroquia, donde quedaba su sacrificio y ejemplaridad, el cura robó, a su patrono, una cruz roja -de fuego, de sacrificio de amor- como espada, en su pie; de Calatrava entre sus brazos… y la prendió en su muceta con dignidad, cariño y fe.

Ha llegado otro párroco a Santiago. Sobre él recae, como herencia ineludible e ingente, la continuación de la obra abnegada y el comienzo de la otra, pues los tiempos siguen pareciendo propicios. Con gusto y entusiasmo quiere acometerlas, nos decía, la otra mañana cuando, al frente de don Emilio Bernabeu, unos cuantos irrumpíamos en turbión afectuoso y bien recibido, para empapar el ánimo en belleza secular, aunque maltrecha, recorriendo esa Iglesia de Ciudad Real, cuyo origen pudo ser una antigua mezquita de confirmarse la apreciación sagaz, del amigo Agostini, a lo que da pábulo el arco  con caracteres árabes, citado por Quadrado, que mi amigo me encargo buscar y, cegado y desfigurado, señaló como posible el otro día en el muro de “los panteones”, D. Emilio. Desde luego, es este templo el más interesante de la ciudad y aun en la provincia, según decía Ramírez de Arellano, dándole con justeza, categoría, no sólo de monumento local, sino provincial, al cual nadie puede volver la espalda, ni uno solo tiene fuerzas humanas suficientes para acometer su restauración necesaria urgente y ecuánime, para volverlo, a su primitivo estado, desvirtuado, principalmente, cuando, quizá haga 2 siglos un cascarón de yeso ocultó el suntuoso artesonado mandado construir, a sus expensas, en el siglo XIV, por el gran maestre Muñiz de Godoy, bravo que se atrevió a cerrar las puertas del Castillo de Caracuel a don Pedro, el Cruel, nada menos.


Vista exterior de la sala de la Santa Espina en los años cuarenta del siglo XX


Bernabeu se apunta, la aventura del descubrimiento en nuestros días, del ocultado techo, y su acertada descripción la hizo el citado don Rafael Ramírez de Arellano. En tiempos del  doctor Esténaga, pidiendo la caída de la bóveda, fea, actual, la copié en “Vida Manchega” y en el fugaz y fulgurante “Albores”, hace poco, la volví a copiar. Aquí, hoy, largo ser a consignarla. Por otro lado, el artesonado es ya cosa popular.

Es en Santiago, como el hermoso Camarín de la Virgen de la Guía y la Capilla de Chantre Coca, en San Pedro: joya irrenunciable para la Iglesia, para Ciudad Real, para el arte, para la fe, y para el acerbo artístico nacional. ¡Nadie las toque para fenecerlas!

Reparar el tejado; desempolvar el artesonado; tapar con madera las dos rajas que le hicieron al abrir las “guardillas” de ventilación; hacer lo propio para cubrir los huecos de los pocos tableros podridos de la hermosa armadura; derribar el antiestético y decadente cascarón que lo tapa, es la obra primordial a realizar en Santiago. La restauración del artesonado, en sus detalles, en sus pinturas, es más costosa y alguna vez vendría. Mientras llega y a pesar de los deterioros -¡son 6 siglos, señor lo que tiene!- luzca pronto, como, repetimos digno techo del templo, para deleite de la gente para orgullo del arte y Ciudad Real que a voces apremiantes lo reclaman.

No es esa la única obra preciosa en la añeja Iglesia. Allí está la torre esperando caiga su capitel pizarroso y le devuelvan su primitiva cúpula octogonal, de ladrillo, asentada en las pechinas aun intactas, bien conservadas. Así y coronada de almenas, como posiblemente nació ¡que interesante y bella quedaría!

Urge, además, limpiar de cal la fachada que da a la plazuela, dejando al descubierto las vetustas piedras del muro, hasta con las marcas de canteros, como está la fachada opuesta la de “los Panteones”, los cuales deben desbrozarse y, derribando las bardas circundantes, convertir aquello en chiquito y encantador jardín romántico. Entre césped y sombreadas por cipreses y olivos, las lápidas sepulcrales que se hallaran, tendrían, como fondo los muros parroquiales que nunca debieron, ni deberán, taparse, sin grave atentado artístico, con bardas, como ahora ni con construcción alguna adosada.

De este modo, por un costado, y por el otro, con la plazuela rodeada de casitas, con carácter restauradas o sustituidas (alguna podía ser casa curato), sin que otra vez -¡prohíbelo Navas!- por ningún concepto, un mazacote seudo modestito rascacielos de ocasión con ínfulas de modernismo, rompiera la armonía de ese trozo de típico barrio, y, en el centro de este singular rincón –mitad jardín deleitoso, mitad plazuela manchega- el templo señero y severo, hasta por el nombre del santo titular, en cuyo interior, rasgadas las ventanas hasta donde estuvieron, y abiertas las cegadas, pudiéramos admirar columnas, sin yeso; curiosos capiteles apenas apreciables ahora; paredes, sin cal o adornadas con las pinturas que ocultas pudieran existir; pisando solería de grandes losas de ocre arcilla cocida, o de ladrillo de igual material: con capillas bien ambientadas, y a lo mejor llegando hasta nosotros, resbalando por la hermosa escalera de caracol arrollada en el aire, las preces postreras de transcendentales juntas cofradieras celebradas en la amplia y famosa sala de la Santa Espina, guardadora del recuerdo de tantas opulencias, bajo destrozada techumbre, a reparar.

Loor al párroco que, día a día, durante una cuarentena de años -¡toda una vida!-, encerró en Santiago su trabajo, sus proyectos, su abnegación, sus amarguras, su ejemplo callado y benemérito.

Loado será el párroco actual si recorre con entusiasmo, con tino, escrupulosamente, con éxito, como quiere y es de esperar, ese largo y duro camino que tiene delante. Me atrevo a certificar, no han de faltarle asesoramiento y ayuda, oficiales y particulares para ello.

Julián Alonso Rodríguez, diario “Lanza”, miércoles 2 de agosto de 1950  



jueves, 1 de octubre de 2020

EL ALTAR MAYOR DE SANTIAGO Y EL TRÍPTICO DE VICENTE MARTÍN

 


El altar mayor de Santiago sufriría otro cambio en 1962, fue sustituida la imagen de Santiago Matamoros por un retablo que en realidad era un tríptico pintado por el ciudadrealeño Vicente Martín.

Este tríptico  fue encargado por el entonces párroco de Santiago, Rvdo. Sr. D. Javier María de Castro, al pintor Vicente Martín y que fue terminado en el año 1962. En el mural central se representaba la figura del Apóstol Santiago, y en la parte superior la pintura de la coronación de la Virgen; en el lateral de la izquierda, Santa Ana con la Virgen Niña y la de Dios Eterno; y en el de la derecha las figuras de San Francisco Javier y la de Jesús Eterno.

Este tríptico  estuvo en el altar mayor de la parroquia hasta el año 1985, que comenzaron las obras de restauración del templo por la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, siendo desmontado. De la Parroquia de Santiago paso a la Parroquia de Madre de Dios de Almagro, por cesión de la parroquia ciudadrealeña, y actualmente se puede ver en la nave lateral derecha de este templo, encima de la puerta de entrada a la sacristía.