Buscar este blog

domingo, 8 de agosto de 2021

CELEBRACIÓN DE LA FIESTA Y RECONOCIMIENTO DE LA DEVOCIÓN DE LA VIRGEN POR PARTE DE LA IGLESIA (V)

 

Lienzo del siglo XVIII de la Virgen del Prado que se conserva en la iglesia parroquial de Almodóvar del Campo



Desde los primeros tiempos de la fundación de la Cofradía de la Esclavitud de Nuestra Señora Santa María del Prado, la fiesta que se venía celebrando en la Parroquia en honor, de la Virgen bajo el misterio de la Asunción adquiere un relieve extraordinario.

La Vigilia de la Fiesta, el 14 de agosto, se celebraban solemnes vísperas con la asistencia de los Esclavos que, previamente -se habían reunido en casa del Prioste bajo pena de pagar una libra de cera, en caso de no concurrir a la cita. Lo mismo sucedía el día 15 para concurrir a la Misa y procesión con la Imagen de la Virgen.

No podían faltar las danzas para la procesión: y los juegos y fiestas que, como era costumbre, se celebraban en el Prado en torno a la Iglesia parroquial como se hace notar en la ordenanza tercera de la Esclavitud.

La carroza de la Virgen había de ser llevada, en la procesión, por los Esclavos quienes bajaban la Imagen del Camarín las vísperas del día 14, poniéndola en medio de la Iglesia con seis hachas de cera que servían para el Oficio de Maitines que se rezaba al terminar el día.

Todos los esclavos concurrían a la procesión con velas encendidas y en silencio, acompañando también las imágenes de San Nicolás, San Bernardino y San Sebastián. En la carroza de la Virgen se instalaban treinta hachas de cera ardiendo, durante toda la procesión.

 

Indulgencias del Papa Pio Nono que se encuentran transcritas en el libro de actas de la Ilustre Hermandad



No faltaban entre los festejos populares en torno a la Fiesta de la Virgen, las corridas de toros, en las cuales, algún que otro año, no faltaron ciertas cogidas de las que salían ilesos los «maestros» que no debían ser muy «diestros», por intercesión de la Virgen.

Todas estas fiestas se organizaban un mes antes de la Fiesta en el Cabildo General, presidido por el Prioste, «para dar orden a la dicha fiesta como mejor se haga a honra de Dios, nuestro Señor, y de su gloriosísima madre y si alguno (cofrade) estuviere enemistado con otro, hacer las paces», según la ordenanza 23 dispone.

Finalmente, en el domingo infraoctava de la Fiesta, se elegían el Prioste y oficiales para el siguiente año, no sin antes celebrar una Misa del Espíritu Santo para acertar en la elección.

La Iglesia siempre fue pródiga en reconocer esa devoción a la Virgen del Prado. Ya Clemente VIII el 8 de agosto de 1595 ascribe a la Hermandad de San Bernardo la Cofradía de Nuestra Señora del Prado -de la cera- recopilando las indulgencias que ya habían concedido anteriormente Sixto V y Gregorio XIV. Con esta adscripción la Cofradía se ve enriquecida con innumerables indulgencias en favor de los cofrades.

Pero fue Urbano VIII el 10 de junio de 1633, recién creada la esclavitud de Nuestra Señora del Prado, quien le otorga numerosas Indulgencias a los nuevos esclavos, ratificando lo anteriormente establecido por Clemente VIII, especialmente en la vinculación de la Esclavitud con la Archicofradía de San Bernardo, en Roma.

 

Libro de actas de la Ilustre Hermandad



Posteriormente Inocencio X mediante Bula extendida el 18 de enero de 1645 concede Indulgencia Plenaria a los Cofrades de Nuestra Señora del Prado, -en el día de la muerte del Cofrade en las fiestas de la octava de la Virgen y en los días de la Purificación, Anunciación, Todos los Santos.

Clemente X el 21 de enero de 1676 amplía las gracias del Jubileo celebrado en Roma, el año anterior según decreta el Cardenal Pascual de Aragón arzobispo de Toledo con fecha 12 de marzo del mismo año.

La Cofradía se acoge con devoción e interés a los favores de este Año Santo Universal haciendo, comunitariamente, las visitas a las iglesias designadas para ganar el Jubileo en los domingos 22 de marzo, el día 25, fiesta de la Anunciación, y el domingo siguiente 29 de marzo repitiendo la visita los domingos 2º y 3º de Pascua de Resurrección y el domingo siguiente, después de haber confesado y comulgado en la Parroquia de Nuestra Señora del Prado en la misa cantada que por el Santo Jubileo se aplica.

Otros dignatarios eclesiásticos: cardenales, como Portocarrero, arzobispo de Toledo; nuncios apostólicos, como el Cardenal Silvio Gonzaga; obispos, como Luis Morales y otros enriquecen la devoción a María bajo el título del Prado concediendo generosamente, o a instancias del cura párroco o del prioste de turno, diversas y distintas indulgencias.

Así, junto con los mismos favores que la Milagrosa Imagen deparaba a todos los que a ella acudían en sus necesidades iba creciendo constantemente, a lo largo de los tiempos y de los espacios, la devoción a tan querida y estimada mujer, declarada por el Vaticano II, madre de la Iglesia; es decir, dé los pastores y de los fieles.


Ubaldo Labrador, Párroco de santa María del Prado. Diario Lanza 19 de mayo de 1988


Medallas de las dos hermandades actuales de la Virgen del Prado, la Ilustre Hermandad y la Corte de Honor


sábado, 7 de agosto de 2021

CONSTITUCIÓN DE LA HERMANDAD DE NUESTRA SEÑORA DEL PRADO (IV)

 



Corrían los primeros años de la tercera década del siglo XVII. La Cofradía de Pedrera, con sede en la parroquia de Nuestra Señora del Prado, tenía a sus expensas el Hospital de Pedrera que había venido prestando asistencia a los enfermos, especialmente pobres. Por estas fechas del Hospital sólo quedaba una sala a donde acudía «gente facinerosa», por encontrarse en ruinas y estar situado un tanto extramuros de la ciudad abandonada por haberse trasladado la Cofradía a la parroquia.

Todo eran dificultades en el mantenimiento de este Hospital derruido, sin verse utilidad o ventaja, a lo que se sumaba el que los gastos de la Cofradía se incrementaban sensiblemente. Estas circunstancias motivan que la Cofradía de Pedrera, reunida en Cabildo el 13 de mayo de 1633 faculte y delegue a don Antonio Sarmiento, cura párroco, y a don Antonio Serrano para que hagan las gestiones oportunas a fin de vender los bienes de la Cofradía, incluido el Hospital, y redimir los gastos. Esto suponía la derogación de la misma Cofradía.

El 26 de agosto de 1633 se obtiene del arzobispo de Toledo licencia para proceder a ejecutar los deseos de la Cofradía, encomendándose al vicario don García de Loayssa la publicación, en la plaza, de la venta, haciendo postura y delimitando fecha y lugar de la misma.

Con esta licencia arzobispal vuelve a reunirse el Cabildo de la Cofradía de Pedrera el 21 de septiembre y acuerdan trasladarse a la parroquia, cumplir las deudas que ascienden a 30 reales y repartir los restantes bienes entre el clero de la parroquia, quedando, prácticamente, con este Cabildo disuelta la Cofradía, lo que quedó confirmado el 12 de noviembre de 1634 cuando se reúne, por primera vez, el Cabildo de la Cofradía de la Esclavitud de Nuestra Señora del Prado, con asistencia de los mismos capitulares de la de Pedrera.

Existía la Cofradía de la Cera de la Virgen del Prado creada en 1597 para que no faltase a la Virgen cuarenta hachas para lucir ante su imagen el día de su fiesta. Así mismo existía la Cofradía de la Asunción que daría origen a la de los tejedores para celebrar solemnemente el día de la Asunción, en la parroquia. Y así lo hacían: el día 15 de agosto acudían a la parroquia, después de hacer estación en la plaza de Santa María de Guadiana las Cofradías de Pedrera y Asunción y bajando por la actual calle de Infantes llegaban a la parroquia para celebrar los cultos en honor de María Santísima del Prado, en su misterio de la Asunción.

 



Si la imagen de la Virgen era conocida ampliamente, mucho más se propagó su devoción tras la fundación de la Esclavitud de Nuestra Señora del Prado. De todos los estamentos sociales: nobleza, clerecía, hidalgos, hombres de armas, intelectuales, plebeyos acudieron a engrosar las filas de la Cofradía.

Cabe destacar, entre los afiliados, a don Luis Bermúdez y Messia, regidor de Biliaquiran y alguacil mayor de esta ciudad y su esposa doña Francisca Fernández Treviño de Loayssa y toda su familia ofreciendo 150 reales por la inscripción. La Casa Treviño-Cebailas y la Casa Céspedes Guevara. El alguacil mayor de la ciudad de Mariquita en el Nuevo Reino de Granada, don Alonso Padilla y Aciniaga; el caballero de Alcántara don Francisdo Felder, maestro del Campo del Ejército en Portugal; fray José de San José, agustino, procurador general en Roma; el vicario y visitador general de esta ciudad don José de Salinas; el célebre padre jesuita Rivadeneira; doña Catalina Ponce de León, marquesa de Frómista y Caracena y condesa de Pinto; el conde de Arenales; los capitanes don Antonio dé Aguilera, don Antonio Ramírez de Aguilera, don Mateo Rodríguez Río de Velarde.

A finales del siglo XVII, en 1.693, aparecen como esclavos, entre otros, el ujier de la Cámara real de SM, don Agustín Prieto Negrete; el comisario del Santo Oficio, don Luis de Aguilera; el conde de Piedrabuena, don Agustín Mesa; el capitán general de Ceuta, don Francisco Bernardo Varona; la condesa viuda de Escalante, doña Rosalía de Cabanillas; el conde de Peñaflor y señor de Villagarcía.

El día 28 de octubre de 1700 a las 8,30 de la mañana, siendo camarero de la Virgen don Manuel Muñoz Doria, se inscribe como esclavo el rey, nuestro señor, que Dios guarde, -se trata de Carlos II- justamente con don Juan Ignacio Bustamante, corregidor de esta ciudad.




Así mismo el 9 de noviembre de 1703 se recibieron como hermanos de esta Cofradía a los señores Reyes de España, el rey, nuestro señor –Felipe V- y la reina, nuestra señora, así como la serenísima princesa. Lo hace también la Casa de Velarde.

Sería prolijo enumerar más nombres entre los que habría que incluir familias religiosas, caballeros de la Ordenes Militares, miembros de la Casa Real, funcionarios públicos, hijos de Ciudad Real, vecinos del Nuevo Mundo y un largo etc.

Si la lista-de personas que se ofrecen como esclavos es, en cierto modo, innumerable, no es menos larga la nómina de lugares, villas, pueblos y ciudades en las que la influencia de tan venerada imagen se hace sentir. Dentro de nuestros límites provinciales se enumeran ya, a principios del siglo XVII, 21 pueblos desde Alcázar de San Juan, Daimiel, Manzanares hasta pequeñas aldeas o encomiendas como El Molinillo, la Viñuela, Corral.

Pueblos de Toledo (Quintanar de la Orden), Cuenca (Belmonte, San Clemente), Mota del Cuervo, etc.), de Madrid (Alcobendas, los Carabancheles, entre otras), de Cádiz (Jerez de la Frontera), de Albacete (Santa María de los Llanos) y ciudades como Madrid, Barcelona, Córdoba, Cáceres, Badajoz, honran y veneran a la Sagrada imagen, Nuestra Señora del Prado.

Es un reconocimiento popular unánime el otorgado a esta Imagen milagrosa de la Virgen del Prado que, por otra parte, también lo ha sido reconocido oficialmente por la Iglesia.

 

Ubaldo Labrador, Párroco de santa María del Prado. Diario Lanza 17 de mayo de 1988




viernes, 6 de agosto de 2021

EXTENSIÓN DE LA DEVOCIÓN DE LA MILAGROSA IMAGEN DE NUESTRA SEÑORA DEL PRADO (III)

 

Medalla del siglo XIX de la Virgen del Prado



Había en Pozuelo Seco, por los años 1066, algunos caseríos y labores, con un fresco prado que constituían un pequeño lugar, que pronto llegó a ser conocido en toda la España cristiana por el acontecimiento operado por la Virgen, acudiendo de todos los lugares infinidad de gentes, muchas de las cuales establecieron su morada en este lugar por lo que, en muy pocos años, se convirtió en una puebla, tomando este nuevo nombre o el Pozuelo hasta que Alfonso VIII, el de Las Navas, otorgara a su caballero Don Gil en propiedad el heredamiento de Pozuelo quien dejó su nombre unido al del lugar, por lo que empezó a llamarse Pozuelo de Don Gil.

Es evidente que los primeros peregrinos a este lugar fueron los mismos reyes: Alfonso VI con su capellán Colino, de vueltas a Toledo, permaneció en el lugar de la ermita de la Virgen, dotándola de ricos ornamentos y gracias.

También lo hizo Fernando III lo que dio origen, con ocasión de esta visita a que, con la ayuda de Don Gil, padre de Miguel Turro y Pascual Ballestero, fundadores de Miguelturra y La Poblachuela, respectivamente, se creara la Hermandad para protegerse de los daños que ocasionaban los Golfines.

Asimismo hay testimonio escrito de esta presencia, en este lugar, atraídos por la devoción a la imagen de la Virgen, de la reina doña Berenguela y su hijo don Fernando III el Santo que vino acompañado de su esposa la reina doña Juana, permaneciendo cuarenta días en el lugar, donándole diversos ornamentos, entre ellos, un manto de “raso blanco con unas ruedas en medio de oro a modo de florones, mandando el rey hacer una campana muy grande con once escudos en ella, con las armas de Castilla y León y una flor de lis”.


Manuscrito del siglo XVII con la Historia de la Virgen del Prado, que se encuentra conservado en la Parroquia de Santa María del Prado (Merced)



Tal era el numeroso público que acudía a Pozuelo Seco que, por decisión real, esta ermita se le llamó Santa María del Prado y que fuese parroquial hasta que en 1255, Alfonso X el Sabio, “viendo cuánto era, el aumento de este lugar, hallándose un día en él pasando al Andalucia... determinó ennoblecerle ampliándole, movido por la devoción que tenía a esta Bendita Imagen a quien la tenía por milagrosa patrona y abogada”, dirigiéndose a sus caballeros y cortesanos manifestó su deseo: "Mis boos omes, fazamos aquí una boa villa”, creando, desde entonces, Villa Real, dando a la iglesia de Santa María del Prado una gran cantidad de monedas antiguas de plata que llamaban torneses.

No menos generoso fue, asimismo, Juan II quien “viendo la pujanza con que Villa Real iba creciendo y acordándose de los servicios que, en algunas tribulaciones, le había hecho, determinó de premiarla con el título de Ciudad, llamándola “Muy Noble y Muy Leal Ciudad Real”. Visitó la Ciudad y la Virgen, dejándole una casulla de brocado azul y un frontal de lo mismo.

Si tal fue el comportamiento de los reyes, desde un principio, cuál no sería el de los súbditos vasallos.

El mismo Concejo, desde siempre, tuvo gran empeño en favorecer la difusión de la devoción a Santa María del Prado. Ya el 7 de diciembre de 1643, con ocasión de la “Historia de la Imagen de Nuestra Señora del Prado de Ciudad Real” que estaba escribiendo fray Diego de Jesús María, carmelita descalzo y prior del Convento de Guadalajara, hijo de Ciudad Real, acuerda, según testimonio de Juan Ortega, escribano público y secretario del Ayuntamiento, designar “diputados a don Luis Bermúdez y don Diego de la Cueva para que, de parte de esta ciudad, le den las gracias y le piden continúe la obra... y, si para ello, tuviere necesidad de ver algunos papeles, se abra el archivo y se les muestren los que fueren a propósito”.

 

Libro con la Historia de la Virgen del Prado, escrito por el religioso Fr. Diego de Jesús María en 1650



En el libro del Cabildo Eclesiástico que empieza en el año 1720, se recoge este magnífico testimonio: “El Ilustre Ayuntamiento tiene antigua e inmemorial costumbre por venerar y como se tiene a la milagrosísima imagen de Nuestra Señora Santa María del Prado como Patrona única y verdadera de esta ciudad, su fundadora y protectora desde el feliz momento en que se dignó quedarse en este sitio milagrosamente: en aquella época un caserío de hulmildes labrradores...”.

Era el Concejo Municipal quien, llevado por la devoción a la Virgen, organizaba solemnes plegarias y rogativas públicas siempre que la ciudad o la comarca padecía calamidades de cualquier tipo. Muchos son los testimonios que, en este sentido, se conservan, especialmente a través de todo el siglo XVIII.

Ni qué decir tiene que los grandes acontecimientos nacionales como las honras fúnebres por los monarcas y la proclamación solemne de los mismos siempre se celebraban en la parroquia de Nuestra Señora Santa María del Prado, en torno a tan preciosa imagen. Así como las honras por los difuntos de la dominación francesa y la acción de gracias por la victoria sobre el invasor francés.

La Virgen del Prado, desde su permanencia en este lugar, ha sido proclamada, venerable y exaltada, gozosamente, por propios y extraños, en la adversidad y en la prosperidad, cumpliéndose así por las generaciones a lo largo de nueve siglos la profecía de esta singular Mujer: “Bienaventurada me llamarán todas las generaciones”


Ubaldo Labrador, Párroco de santa María del Prado. Diario Lanza 13 de mayo de 1988


Pintura de Vicente Martín con motivo del IX centenario de la Virgen del Prado, celebrado en 1988


jueves, 5 de agosto de 2021

PRIMITIVA IMAGEN DE LA VIRGEN (II)

 



De los relatos y averiguaciones hechas en el reino de Aragón en tomo a esta Milagrosa imagen y añadidos a los recopilados por el Lic. Juan Mendoza de Porras, en el año 1587, a instancias del párroco se Santa María del Prado, temeroso de que los papeles y pergaminos que contienen la documentación sobre la sagrada imagen podría perecer, por encontrarse en mal estado de conservación sabemos que “la imagen que venera esta ilustre ciudad de Ciudad Real con tan piadoso afecto y reverente culto con nombre de Nuestra Señora del Prado, es la misma que antes de la pérdida de España, celebró Aragón en el templo que las tradiciones señalan junto a las tres Vilullas que agregadas: después, a una se dijo Vililla de Jiloca, por un río que cerca de allí corre, o Vililla de la Comunidad de Calatayud, distantes dos leguas y media de aquel sitio…”. Sabemos asimismo que “entrando en aquella tierra los moros, los más devotos y aficionados cristianos sacaron a esta Señora sobre las Aras principales de su Templo y, la escondieron a distancia de mil pasos en una pequeña bóveda cerca de una fuente, donde permaneció el sagrado vulto doscientos y noventa y nueve años, hasta que allí mismo se apareció a Ramón Floraz, caballero aragonés, que ,la presentó al rey de Navarra, don Sancho el Mayor”.

Era Ramón Floraz, servidor y privado del Rey don Sancho el Mayor, rey de Navarra y Aragón, señor de Castilla. Corría el año 1013, cuando acercándose a una fuente a beber, al caballo se le hundió una pata, y al intentar sacar el caballo, observó que había un hueco que él mismo aumentó ayudándose de su daga, haciendo tal rotura que pudo pasar a un espacio embovedado de ocho pies cuadrados donde había un hueco a modo de alacena en donde encontró un “vulto” y “bien mirando, vio una imagen dorada con un niño en los brazos y un pergamino o pedazo de cuero escrito en latín antiquísimo en el que se declaraba qué imagen era aquella y en qué tiempo se había puesto allí”.

Dudó Ramón Floraz en dejar allí la preciosa imagen. Reconoció que había algo de misterioso en el hallazgo y tal vez, inspirado interiormente, se determinó sacarla y llevarla consigo y ofrecérsela al rey, su señor. Así lo hizo, y al llegar a Villarreal, cerca de Daroca, no sin pequeñas dificultades por dominar el caballo, un tanto nervioso, mandó hacer una caja donde guardó la imagen para que “pudiese ir con más decencia”.

La imagen había estado instalada y expuesta a la veneración de los fieles en la ermita de Nuestra Señora de los Tornos o Torneos, situada en una eminencia del terreno al medio día en Vililla, como se ha dicho anteriormente. Las paredes de esta ermita eran de mampostería con dos arcadas y en su altar principal se -encontraba “la imagen de la Santísima Virgen en un nicho, sentada en una silla y sobre la rodilla izquierda tiene el Niño de tamaño de palmo y medio; y, al hombro izquierdo le sustenta la Virgen con la mano izquierda. Toda la imagen así sentada será poco más de una vara castellana. El cuerpo de la Santísima Virgen está acanalado por la espalda y sobre la madera se echa a ver lienzo sobre que asientan los colores, señalan ambas de mucha antigüedad”.


Lugar donde se apareció la Virgen en Velilla de Jiloca



Recibió el rey don Sancho con gran gozo, tan precioso regalo.

No sólo la instaló en su capilla real, teniéndola como particularísima abogada, sino que la dejó en sagrado legado a su hijo Fernando I de Castilla: quien la entronizó en Burgos, corte de Castilla y en León, corte del mismo reino, al heredar con Fernando este reino por la acción de su mujer doña Sancha. Al morir don Fernando y heredar Navarra y Castilla don Sancho, la imagen de la Virgen no es venerada tan piadosamente por este monarca que murió en Zamora como lo había sido anteriormente, hasta el extremo de desconocerse el destino de la imagen, hasta que Alfonso VI, el Bravo, segundo rey de Castilla la recupera no sólo en su estimación como lo había sido anteriormente, sino que la suele llevar consigo.

Según el testimonio de Fray Miguel de San José, carmelita descalzo, que recaba estos datos y certifica su veracidad en Vililla el 25 de julio de 1644, en el lugar donde el caballero Floraz halló la imagen de la Santísima Virgen el hueco de la bóveda, está hoy fundada la iglesia de VililIa y a espaldas del altar mayor, corre una fuentecilla que, se juzga, sería la misma donde el caballero llegó a beber.

 

Ubaldo Labrador, Párroco de santa María del Prado. Diario Lanza 6 de mayo de 1988


Cerámica de la Virgen del Prado en la iglesia parroquial de Velilla de Jiloca


miércoles, 4 de agosto de 2021

LA APARICIÓN DE LA VIRGEN (I)

 



Comenzamos hoy la publicación de una serie de artículos que quiere ser una, pequeña aportación para conseguir los fines del noveno centenario, mediante el testimonio de generaciones pasadas que han ido dejando pequeños hitos en la historia de nuestro pueblo que no puede desvincularse de la presencia de María que ha sido declarada Madre de la Iglesia, en cuya designación intervino fervorosamente, en el Aula Conciliar, don Juan Hervás, obispo que fue de Ciudad Real.

Ubaldo Labrador


El Rey Alfonso VI, llamado el Bravo, se encontraba en Coria a donde había llegado maltrecho y malherido como consecuencia de la derrota que había sufrido en Zalanca, provincia de Badajoz, cuando se dirigía a Andalucía movido por su afán de reconquistar tierras a la dominación árabe.

Tal derrota, en la mente del rey y de sus caballeros, se debió a que en la comitiva real, no tomaba parte como en otras ocasiones, la imagen de la Virgen que el rey había heredado de sus antepasados a partir de Sancho el Mayor, rey de Navarra y que veneraba con suma devoción no sólo en su capilla real sino llevándola consigo en todas sus salidas. Con ella cercó y tomó Toledo entronizándola en la capilla real el 25 de mayo de 1085. Era necesario, pues la imagen venerada de la Virgen fuera traída de Toledo para acompañar al monarca castellano en las siguientes incursiones.

Del traslado había encargarse Marcelo Colino, capellán real, quien “habiendo llegado a Toledo y volviendo por Córdoba con la santísima imagen llegado a unas caserías y lugar pequeño llamado el Pozuelo Seco, que era término de Alarcos… se apeó él y su compañía y apearon la caja donde traían la santísima imagen, donde estuvieron parte del día en un sitio fresco de un prado entre unos árboles y a su sombra”.

La curiosidad de los lugareños hizo que éstos, anfitriones de la comitiva real, tan pronto se percataron del “contenido” de la caja, pidieran al capellán Colino le mostrase la imagen, a lo que el clérigo, movido por tan piadosa petición, accedió gustoso.

No contentos con la contemplación de la imagen solicitaron al capellán dejarla en este lugar, prometiendo hacerle una “hermita de terruño y no alzar la mano de ella hasta acabarla aunque tuviesen que vender sus haciendas”.





No accedió, es obvio, el capellán a tal demanda y, llegaba la hora de reanudar el camino, intentaron colocar la imagen en su caja y “por mucho que hizo él y los que con él venían, nunca pudieron moverla de su sitio”.

Era el 25 de mayo de 1088.

“Fue tanta y tan grande la fama de esta milagrosa aparición que de aquella comarca circunvecina acudió tanta gente que, en breve tiempo, le hicieron una buena hermita de terruño, como ellos decían, tan capaz que lo era para todos cuantos acudían a la fama de muchos y grandes milagros que el Señor hacía por intercesión de esta santísima imagen, que en muy breve tiempo se esparció por toda España, tanto que acudían a esta su santa hermita de todas partes infinidad de gentes, de las cuales muchas se quedaban a vivir allí, de tal manera que, en pocos años, se hizo allí una muy buena Puebla, al cual lugar, de allí en adelante, unos le llamaban la Puebla (dejando el nombre de Pozuelo Seco que fue su originario nombre) y otros Pozuelo de don Gil con el cual nombre permaneció durante muchos años hasta que el rey don Alfonso la hizo villa”.

Muy pronto la sagrada imagen que había sido venerada bajo la advocación de Tornos o Torneos, o de las Batallas, comenzó a invocársele bajo el título del Prado, tomado del lugar de los hechos, que no es otro, sino lo que hoy llamamos Pilar, donde el caballero Don Gil mandó hacer un pozo “tan notable y abundoso que no parece sino que pasa por él algún río, según su gran caudal de agua, del cual no se sabe haberse agotado nunca”, por lo que el lugar se llamaba Pozuelo de Don Gil.

De la Historia y Antigüedad ejecutada de la Milagrosísima Imagen de Nuestra Señora Santa María del Prado, Restauradora de las dos Castillas, fundadora, Patrona y protectora de la de Ciudad Real. Legado 541 de la Parroquia de Santa María del Prado.


Ubaldo Labrador. Párroco de Santa María del Prado. Diario Lanza, 3 de mayo de 1988



lunes, 2 de agosto de 2021

LA VIRGEN DEL PRADO EN LA PANDORGA

 



Publico hoy varias imágenes de Pedro Pablo López Hervás, en las que podemos ver como se encontraba la Virgen del Prado el día de la Pandorga. En las mismas podemos apreciar varios detalles, que muchas veces pasan desapercibidos.

 



La Virgen se encuentra vestida con el manto y saya que fue bendecido el pasado 25 de julio, regalo de varios hermanos, donde podemos ver las puñetas de encaje de bolillos, que ha recuperado la imagen. También podemos apreciar en las imágenes, la exquisita decoración floral que ha lucido la Virgen durante estos días, obra del grupo de mayordomía de la Ilustre Hermandad, donde no faltaron los pañuelos de hierbas, las uvas y los panes, en alusión a la Pandorga y la ofrenda a la Virgen.

 





domingo, 1 de agosto de 2021

LA TÍPICA FIESTA DE LA PANDORGA

 




Este año, la Pandorga constituyó un gran éxito. Actuaron los grupos de coros y danzas de Pedro Muñoz y Ciudad Real. También tomó parte el joven cantante de la capital Poblador, que cosechó muchos aplausos.




En las fotos aparece este último durante su intervención, la rondalla del Grupo de Coros y Danzas de la Sección Femenina de Ciudad Real y el grupo “Los Sanchos” de Pedro Muñoz.

Boletín de Información Municipal Nº28, diciembre de 1968