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domingo, 15 de agosto de 2021

LA VIRGEN DEL PRADO EN EL ORIGEN DE CIUDAD REAL

 

Fotografías Laura Arroyo



Tras una derrota de las huestes cristianas frente a los árabes, consideró el rey Don Alfonso VI que la causa de la misma había sido la falta de protección de la Virgen, cuya protectora imagen llevaba siempre consigo y que en esta ocasión había dejado en Toledo. Y ordena a su capellán Marcelo Colino que vaya a la ciudad imperial, tome la sagrada imagen y vuelva can ella al campamento cristiano donde impaciente la espera el rey.

Colino, en compañía de caballeros y servidores de don Alfonso, se pone en camino en la diligencia exigida por el rey. A su regreso de Toledo, alrededor del mediodía del 25 de mayo de 1088, festividad de san Urbano, la comitiva real, transportando la imagen. llega a Pozuelo seco, un pequeño poblado de labriegos y pastores, anexo de A1arcos, situado en el borde mismo del camino que une Toledo con Andalucía, ubicado próximo a la actual plaza del Pilar en Ciudad Real.

Las horas calurosas del día y la sombra de unas encinas de un próximo prado, invitan a los viajeros a hacer aquí un alto en el camino y tomarse un pequeño descanso.

Los del lugar, que ven llegar al prado gente tan principal, acuden rápidos a saludar y ofrecer sus servicios a los ilustres viajeros.

Éstos, agradecen las atenciones de los labriegos y les ofrecen y comparten con ellos las viandas que llevan para reponer las fuerzas en el camino.

El cuidado y esmero que ponen al bajar de la acémila una caja, y el respeto con que la colocan sobre el tronco de una encina, sorprenden a los labriegos que no dejan de mirar con curiosidad.




Observado por el capellán, les dice Marcelo quiénes son, de dónde vienen y a dónde van y qué es lo que llevan en la misteriosa caja y, tomando la llave que lleva en una cadena pendiente de su cuello, abre la caja mostrándoles la sagrada imagen. Aparecida la bellísima imagen de la Virgen ante las retinas y los corazones de aquellos humildes labriegos, primeros pobladores de Ciudad Real, se realiza un fuerte chispazo de amor de los hijos que enlaza vehementes deseos de pertenencia.

Ellos quieren quedarse con la Imagen de la Virgen y ésta, venerada durante setenta y cinco años en los Palacios Reales de Navarra, Aragón y Castilla, desde el cielo, elige el humilde y pacífico: lugar de Pozuelo Seco, en donde, bajo la advocación de santa María del Prado, reinaría por los siglos de los siglos en la ciudad que alrededor de su templo se ha de fundar.

Con la divulgación de la existencia de la imagen de la Virgen en Pozuelo seco y los sucesos acaecidos en el prado, rápidamente extendidos por aquellos contornos, multitud de fieles vienen aquí a postrarse antes la sagrada imagen de la Virgen.

Muchos de ellos, especialmente los venidos de la ruinosa ciudad de A1arcos, levantan sus casas alrededor del templo de la Virgen. Uno de ellos sería el hidalgo caballero Don Gil, a quien por su comportamiento en las Navas de Tolosa, el rey había concedido el señorío de Pozuelo seco, cambiando su nombre por el de Pozuelo o Aldea de Don Gil.




Con el progresivo aumento de la población, aquel humilde caserío se convirtió en una aldea viviente y floreciente hasta llegar a tener capacidad para albergar incluso a reyes.

Según el historiador Lafuente, en 1244 permanecieron durante cuarenta días en Pozuelo de Don Gil los reyes don Femando III El Santo, su esposa doña Juana y la madre del rey, doña Berenguela, acompañados de su séquito de nobles y caballeros, como era costumbre de la época testimonio de la capacidad que ya ofrecía la Aldea de Don Gil.

El rey santo don Fernando muere en Sevilla el día 30 de mayo de 1252 y le sucede su hijo don Alfonso X, cuyas prodigiosas virtudes le granjearon el sobrenombre, justamente merecido, de Sabio.

El nuevo rey visita las ciudades y castillos de su reinó y, después de sus muchas reflexiones, considera que la Aldea de Don Gil, ubicada en el centro del Campo de Calatrava, es el sitio más idóneo para la fundación de su plaza fortaleza con la que llevar a cabo el gran proyecto político-religioso de su reinado. Aquí funda su “bona villa” con el nombre de Villa Real.

Un siglo más tarde, el rey don Juan II, en premio a la fidelidad de los villarealeños eleva la villa a categoría de ciudad, bajo el título de la “muy noble y leal ciudad de Ciudad Real”, siguiente su aumento y desarrollo bajo el Manto protector de su Patrona y Fundadora, Santa María del Prado.

 

Hermenegildo Gómez Moreno. Diario “Lanza” 14 de agosto de 1996, Extra de Feria y Fiestas



sábado, 14 de agosto de 2021

LA FERIA DE 1921 ESTUVO A PUNTO DE NO CELEBRARSE

 

El Parque de Gasset durante la celebración de la Feria y Fiestas de Ciudad Real en las primeras décadas del siglo XX



La estampa es clásica.

Pero no es absolutamente cierta.

Aquel 1º de mayo de 1898 fue la jornada infausta del desastre de Cavite. La escuadra norteamericana del almirante Dewey, en aguas de Filipinas, destrozaba en desigual combate a la española que mandaba el almirante Montojo. Nuestros marinos, a sabiendas de su inferioridad, fueron a la lucha obedeciendo órdenes superiores. Los nombres de Montojo, Cardoso, Morgado, Pérez Moreno, Chidley, Iturralde y De la Concha quedaron grabados con el sello del heroísmo y algunos con la trágica corona de las heridas y de la muerte. Había, sí, un número equivalente de barcos de ambas flotas. Pero mientras nuestros cruceros y cañoneros eran de madera, los norteamericanos tenían casco de acero; las 11.000 toneladas españolas casi se duplicaban en la armada yanqui; y frente a los 60 cañones españoles, había 134 enemigos. Cavite no fue, en realidad, un combate, fue una cruenta inmolación, porque mientras los cañonazos de Dewey destrozaban al “Reina Cristina”, al “Antonio de Ulloa”, al “Castilla”, al “Don Juan de Austria”… nuestra réplica dejaba los proyectiles a mitad del camino. El mar de Cavite, como ha dicho un brillante historiador, se convirtió en un gran tiro al blanco.

¿Y en España?

La estampa es clásica: en España, aquella misma tarde del 1º de mayo de 1898, los madrileños asistían a la cuarta corrida de abono y llenaban la plaza de toros para admirar las faenas del Guerra, de Fuentes y Bombita, los ases de la tauromaquia de entonces.

Pero esta estampa, que se hizo clásica en crónicas y manuales, no es absolutamente cierta. No era verdad total aquella alegría inconsciente. No todos se mostraron insensibles al cruento drama nacional. Si un imperio de siglos, cercenado desde Ayacucho, se desmoronaba en unas horas, en unos días, no todo era suicida indiferencia. Hubo, sin duda, una masa inconsciente, que se divertía en los toros mientras se perdía una guerra, pero no toda España era así, ni mucho menos, felizmente. Ante la infausta noticia del desastre, hubo patrióticas reacciones en muchos, de muchísimos dignos españoles. Primero fueron manifestaciones y protestas. Y al estado de sorpresa sucedió el de indignación, el de una rabia contenida y luego una desilusión grande que dominaba el orgullo, el entusiasmo y la confianza iniciales. Por último, el “nos han engañado”, el escepticismo y el sonrojo del poeta ante su bandera:

“Hoy, desmayada y triste,

con humildad se pliega,

amarilla de rabia

y roja de vergüenza”.

La generación pesimista del 98, con su renovación subsiguiente, sería la más elocuente prueba de que en España no todo fue holgorio suicida y diversión entre aquella tragedia finisecular, sino que muchos sintieron la afrenta, reaccionaron con dignidad y aprendieron la cruenta lección.


La Plaza de Toros a principios del siglo XX



Nuestra memoria de adolescente guarda un desvaído recuerdo de aquella feria ciudarrealeña de 1921. Pero los vacios de la memoria los rellenamos con esta ya vieja colección de “Vida Manchega”, diario entonces y antes revista ilustrada, alarde editorial de un hombre emprendedor y dinámico, a cuyo recuerdo nos sentimos íntimamente vinculados.

El año 1921 fu el del desastre de Annual. El terrorismo estaba en su apogeo y ya el 8 de marzo caía asesinado don Eduardo Dato, presidente del Gobierno. En la “Vida Manchega” de entonces se reflejan esta inquietud y este malestar. Pero con arreglo al criterio periodístico provinciano, se daba mucha más importancia a la información local y regional que a la nacional, y nada digamos del extranjero, casi desconocido para el periodista indígena, encerrado y aislado en su torre provincial y aldeana. Los titulares de los sucesos y “acontecimientos” locales y comarcales, a dos y a tres columnas, con alarde de tipos del cuerpo 48, letras negras y llamativas, contrastaban con la humilde columnita y titular sencilla de la “Información nacional”.

Así pasaban por las páginas de “Vida Manchega” los tristes episodios de Marruecos: el 21 de julio era el desastre de Annual, en el que “no se salvaron sino los que huyeron”. El 2 de agosto era evacuado Nador y Zeluan al día siguiente. Monte Arruit, con el general Navarro, se rendía el 12 de agosto. Crisis ministerial y nuevo Gobierno presidido por Maura. Miles de muertos, heridos y prisioneros. En la Península se miraba de reojo a Marruecos. La barbarie rifeña mutiló, barbarizó, Carbonizó.

En términos semejantes, todo esto se dice en la “Vida Manchega” de entonces. Y también, y con preferencia, se habla de la feria. Se había trasladado el “Real” el año anterior, desde la estrechez de la plaza a la amplitud del parque. Se había vencido, aun a costa de resquemores y disgustos de muchos comerciantes, la tradición anquilosada de una feria pueblerina y se había ensanchado su instalación en el marco esplendido de unos amplios paseos. La comisión de festejos quería ese año 1921 celebrar una feria digna, superior desde luego a la rutina monótona de las anteriores. Se especulaba con las corridas de toros, cuestión batallona y fundamental de todo programa, y al final se anunciaban dos carteles de categoría: seis Villamartas para Sánchez Mejías, Chicuelo y Granero la primera tarde, y ocho Veraguas para los mismos y Emilio Méndez al día siguiente. Una buena compañía  de zarzuela en el Teatro Circo, concierto por la banda Militar del Regimiento del Rey en el de verano, gran fiesta de las Rondallas de asturianos, andaluces y aragoneses en la plaza de toros…

En fin, la estampa clásica: el pueblo se divertiría, indiferente al drama cruento y cruel de Marruecos.

Pero también aquí la estampa no era absolutamente cierta: un concejal de grata recordación –nuestra memoria de niño aun recuerda un hombre piadoso y ejemplar, un hombre trabajador y diligente, una tartana y una calvicie prematura…-, don Clemente Velázquez, se atrevió a proponer en la sesión del Ayuntamiento celebrada el 11 de agosto, nada menos que la suspensión de la feria. Nos lo dice “Vida Manchega”: “El señor Velázquez propone la suspensión de los festejos anunciados para esta feria, con motivo de los sucesos de Melilla, y después de haber visto todos los señores concejales muy acertados los razonamientos que dicho edil consigna en su documento, por noble y elevado fin que lo inspira, se acordó por unanimidad no acceder a la pretensión que se interesaba, por lo avanzado del tiempo en que nos encontramos y por tener ya hechos bastantes gastos en la confección de varios números del programa”.


Vista del interior de la Plaza de Toros en los primeros años del siglo XX



Se celebró la feria, al fin. Pero no entre la alegría inconsciente y unánime. Porque el editorialista de “Vida Manchega” dice el mismo día 18 de agosto: “Estamos totalmente alejados de cuanto de importancia ocurre, tanto en política como en tierras africanas, por razón de celebrarse en nuestra capital las tradicionales fiestas de agosto…”. Y luego añade: “…sólo pensamos en ver la manera de divertirnos. Bueno ésta eso, pero también procede pensemos en el deber que tenemos, cumpliendo como buenos patriotas”.

Se celebró la primera corrida, con mediano éxito. Y se suspendió la segunda, por informalidad de la empresa, calificada de estafadora, como si una maldición hubiese pasado sobre esta feria del año 21, que no debió celebrarse. Con grandes titulares pedía “Vida Manchega” responsabilidades y la defensa del prestigio de Ciudad Real… mientras ¡ay! El prestigio de España y las responsabilidades de mucha mayor altura se diluían oscuramente en la página interior. ¡Los toros, los toros! Como cuando Cavite y Santiago de Cuba.

La estampa era clásica.

Pero no absolutamente cierta.

Porque en esa “Vida Manchega” del 21 tampoco faltaron, ciertamente, espíritus sensibles, plumas celosas y conductas diligentes. Así, el autor del artículo de fondo –recordemos al director Pepe Recio, un gran periodista, trágicamente asesinado en una lívida madrugada del 36- se expresaba así: “Momentos antes de comenzar la corrida ayer tarde, el teléfono, con su laconismo desconsolar en ocasiones, nos transmitió la triste nueva de otra derrota sufrida por nuestro ejército en los campos de Melilla…”.

Y en otros números de aquellos días agosteños se decía: “En el Parque Gasset, lo de siempre, lo rutinario, aun cuando hermoso, plácido y encantador. ¿Qué más puede uno desear que ver caras bonitas? Pero… ¿pobre feria? ¿Presentíamos todos, acaso, el nuevo desastre de Marruecos?”. Y “Ariel”, otro cronista ciudarrealeño de la época, fustigaba así: “Causa vergüenza y confusión leer estos días los periódicos. Junto a las noticias de Marruecos y confundidas con ellas, aparecen reseñas de corridas de toros, espectáculos teatrales y toda clase de holgorios. Pero ¿es que en España se ha perdido la vergüenza o es que escasea el concepto del honor y sobre todo, del amor fraternal?”.

 

Frente a la masa ignara, inconsciente y voluble -¡masa al fin!- nunca faltó en España la minoría sensible, dirigente y encauzadora. En las fechas dolorosas e infaustas –Cavite y Santiago, del 98; Annual y Monte Arrult, del 21- hubo hombres en la capital de la nación y también en la oscura capital provinciana, que sintieron en sus espíritus la flecha hiriente del deshonor y en sus cuerpos el duro trallazo de la responsabilidad.

Y pedían que no se celebrara una feria, aun a trueque de perder popularidad y simpatías.

Porque la clásica estampa española de “pan y toros” nunca fue absolutamente cierta.

Francisco Pérez Fernández. Diario “Lanza” miércoles 14 de agosto de 1963

 


viernes, 13 de agosto de 2021

EL RETABLO DE MERLO (Y VIII)

 



Juan de las Higueras Villaseca, natural de Ciudad Real, hijo de Juan de las Higueras y Lucía Céspedes se traslada, como otros en aquella época, a Yucatán el 22 de mayo del 1566 como criado de don Luis Céspedes de Oviedo.

Las cosas le fueron bien en las tierras recientemente descubiertas llegando a ser secretario del Excmo. señor don Luis de Velasco, marqués de Salinas y virrey de Nueva España. Hace fortuna y, en. La prosperidad, no se olvida de sus raíces y manda hacer en «La iglesia parroquial de Santa María del Prado, de Ciudad Real, de los reinos de Castilla, en el Arzobispado de Toledo, de donde soy natural, un retablo para el Altar Mayor de dicha iglesia».

Es el 14 de enero de 1610 cuando en la-ciudad de México otorga escritura pública dando poder al Lic. de Rojas para que lleve a efecto su intento. En ella hace constar nada menos que 32 condiciones, detallando minuciosamente el proyecto que previamente había trazado el arquitecto Andrés de la Concha.

Algunas cosas tienen que quedar muy claras, entre éstas: No se ha de admitir de ninguna otra persona subvención o ayuda económica, de lo contrario Juan de Villaseca retiraría su capital. Han de nombrarse dos diputados por parte del Concejo (quien lo hace en las personas de Cristótal Bermúdez y Alonso de Ureña) para que, juntamente con el Lic. Rojas, controlen la ejecución de la obra, sin recibir emolumento alguno, por esta gestión pues todo el dinero que se ha de enviar desde las Indias ha de dedicarse exclusivamente para el Retablo. Asimismo, se han de nombrar dos veedores, uno por parte de los artistas y otro por parte de la Comisión Ejecutora, para verificar y valorar la obra, recayendo esta misión en Juan de Espinosa y Tomás Terán. La obra no adquiere la categoría de eclesiástica hasta que no esté terminada y entregada a la parroquia, lo cual supone que la autoridad eclesiástica no tiene voz ni voto en la ejecución de la misma. La liquidación económica correrá a cargo del Lic. Rojas que en mancomunidad con doña Catalina y don Juan de Villaseca poseen sendas llaves del-arca que contiene el dinero de donde se ha de ir pagando, comprometiéndose el secretario Villaseca a mandar lo que faltare. En caso de conflictividad entre las partes y esta llegare a los tribunales, Villaseca renuncia a su condición y a los derechos que le pudieran asistir asumiendo y respetando en todo en los fueros y leyes de Castilla.




La obra se contrata el 14 de enero de 1611 con Giralda de Merlo y Juan de Asten su yerno; el primero como escultor y el segundo como pintor, los que presentan como fiadores a Andrés de Salinas, platero, Gabriel de Ávila, bordador, Juan Fernández y Juan Ruiz de Castañeda, escultores, todos ellos de Toledo.

 

El 28 de enero de 1611 se contrata en Reillo (Cuenca), por el maestro carpintero de Ciudad Real Juan García Romero la compra de 126 pinos a medio ducado cada pino (el ducado equivalía a cinco reales y medio), preparándose la madera (talar, aserrar, trozar, evitar la amolación, tratar la madera para que no venga a darle el «gusanillo», descortizar, limpiar los palos, trasladar la madera, etc.) en el mismo lugar mediante una cuadrilla de operarios que asciende a 18 personas entre los que se encuentran tres franceses al mando del también francés Juan Cota como aserradores.

Las obras comienzan el 5 de enero de 1612 y ocho meses después, el 10 de agosto se contrata la obra de cantería con Maeso Francisco, del Viso, corriendo a cago del maestro albañil de Ciudad Real, Juan Díaz, las obras de las gradas, pedestal y bóvedas.

Juan de Villaseca muere en México, sin que las obras se hubieran concluido, el 30 de abril de 1612. Este incidente dificulta la ejecución, especialmente en lo relativo a la liquidación económica, toda vez que la Villa de Arenas de San Juan se niega a pagar unos censos con cuya rentabilidad había de salir al frente de los gastos juntamente con otros contraídos en Ciudad Real. El Lic. Rojas, albacea de Juan de Villaseca, abre pleito contra la Villa de Arenas que se resuelve a favor de la parroquia por la Cancillería de Granada. Sin embargo el secretario Villaseca, fiel a su promesa envió desde las Indias la cantidad necesaria hasta llegar a los 10.500 ducados de plata buena de Castilla, valor en que se contrató la obra mediante la Casa de la Contratación de Sevilla siendo fiadores Álvaro de Rojas y Simón Romero, ambos vecinos de Ciudad Real.

 



Estas circunstancias motivaron la tardanza en la liquidación. Tal vez por ello, Juan de Asten no terminó de realizar la obra de pintura del Retablo por lo que fue necesario contratar a Cristóbal y Pedro Ruiz Delvira, vecinos de Daimiel, quienes no sólo terminan la obra sino que se comprometen a mantenerla y restaurarla, si fuera necesario, en lo sucesivo.

La obra se concluye el 23 de marzo de 1617, cumplido el tiempo determinado, en un principio, por Juan de Villaseca. Giralda de Merlo autoriza mediante poder notarial a su cuñado Juan de Asten para cobrar y finiquitar la 'obra lo que se realiza el 5 de abril de 1617.

El Retablo ha sufrido algunas transformaciones a través del tiempo. La última ha sido recientemente con la instalación del coro catedralicio y la modificación pertinente del Presbiterio; sin embargo Ciudad Real puede mostrar y gozar de una verdadera joya de este escultor que a su vez lo es de la Sillería del Convento de San Pedro, mártir, el Real, de la Orden de Santo Domingo en Toledo así como de su retablo; de siete figuras del Retablo Mayor del Hospital de Tavera, del Cristo Crucificado de la Iglesia de Castellar, así como de las figuras reales del Retablo del Monasterio de Guadalupe, atribuyéndosele también la autoría del Retablo de la catedral de Sigüenza.

¡El Retablo magnífico en función de una grandiosa devoción a la Virgen del Prado!

 

Ubaldo Labrador. Párroco de Santa María del Prado. Diario Lanza, 26 de mayo de 1988



jueves, 12 de agosto de 2021

LA CASA DE LA VIRGEN (VII)

 



Queda en la lejanía de los tiempos aquella pequeña capilla que los lugareños de Pozuelo Seco levantaron, tal vez, con ramos de árboles, a la imagen de la Virgen que mostró el capellán Marcelo Colino el 25 de mayo de 1088.

Con la creación de Villa Real por el Rey Alfonso X el Sabio esta capilla pasa a ser parroquia, junto con la de los Príncipes de los Apóstoles Pedro y Pablo y la del Señor Santiago, trasladándose a la de Santa María del Prado los archivos y documentación que se encontraban en Santa María de Alarcos, asumiendo cierta primacía, especialmente en lo relativo a la celebración de las honras fúnebres y proclamación de los monarcas, así como a la organización de la oraciones públicas que tanto el cabildo civil como el religioso lleva a cabo, especialmente ante calamidades o necesidades públicas…, todo ello movido, especialmente, por la presencia, en ella, de la imagen de la Virgen tenida como patrona del lugar.

Muchas obras y modificaciones se han realizado a través de los tiempos en la iglesia de Santa María del Prado que, al mismo tiempo, iba aumentando «su dignidad» reconocida por diversos títulos concedidos por la Iglesia.

Así en el año 1600, Alejandro VII, en el sexto año de su Pontificado, eleva a la parroquia de Nuestra Señora Santa María del Prado a sede arciprestal, siendo el primer arcipreste don Frutos Patón de Ayala, maestro de la Señora Infanta de España, doña Margarita Teresa, hija menor de Felipe IV que contrajo matrimonio con Leopoldo I de Alemania. Le dio la posesión del Arciprestazgo don Esteban Caballero de la Serna, vicario y juez administrador de Ciudad Real y del Campo de Calatrava, en virtud del mandamiento de don Alonso Santiago de Neira, Vicario general del Arzobispado de Toledo.




Dos siglos largos después, el Papa Pío IX, por las letras apostólicas «Av Apostolicam» de 18 de noviembre de 1875, erige, en la provincia de Ciudad Real, el Priorato de las Ordenes Militares de Santiago, o Calatrava, Alcántara y Montesa. Fueron ejecutadas estas letras el 15 de mayo de 1876 por el cardenal Moreno de Toledo, y promulgadas solemnemente en Ciudad Real el 4 de junio de 1876, siendo el primer obispo-prior don Victorino Guisasola Rodríguez, preconizado como tal el 29 de septiembre de 1876 y tomando posesión del Priorato el 28 de mayo de 1877 por lo que la Sede Arciprestal de Nuestra Señora Santa María del Prado pasa a ser sede o Iglesia prioral.

Diez años cohabitan, en el mismo lugar, la parroquia y la prioral; al cabo de los cuales la parroquia se traslada a la capilla del convento de Mercedarios Descalzos de la Redención de Cautivos. De ahí la denominación común popular de llamarla la parroquia de la Merced.

Posteriormente, ya en tiempos recientes, fue el Papa Pablo VI a instancias del obispo prior don Juan Hervás Benet quien por letras apostólicas de 25 de febrero de 1967, otorga al «Templo Prioral Clúniense, dedicado a Dios en honor de la Bienaventurada Virgen María del Prado, el título y dignidad de Basílica menor con todos los derechos y privilegios anejos a los templos designados con este nombre».




Finalmente, también por bula pontificia «Constat Militarium» de Juan Pablo II de 4 febrero de 1980, ejecutada el 5 de marzo de 1981, se eleva a la Prelatura Cluniense o Priorato de las Ordenes Militares a la categoría de Diócesis, sufragánea del Arzobispado de Toledo, con el título de Diócesis Civitatis Regalensis -Diócesis de Ciudad Real- siendo el primer obispo, que conserva, por privilegio, el título de Prior, don Rafael Torija de la Fuente que venía siendo el prior y titular de Dora (título éste del que se le desvincula por la erección de la Prelatura en Diócesis) desde el día 6 de noviembre de 1976; adquiriendo, por ello la Basílica Menor de Nuestra Señora Santa María del Prado, la dignidad de Catedral. Esta bula se promulgó ya en la Catedral el 19 de marzo de 1981.

Por tanto- el templo, casa de la Virgen del Prado, ha pasado a lo largo de la Historia por los siguientes estadios: capilla, parroquial, Sede Arciprestal, Iglesia Prioral, Basílica Menor e Iglesia Catedral por lo que justamente es denominada Santa Iglesia Prioral, Basílica Catedral de Nuestra Señora Santa María del Prado.

Título y dignidad concedidas a este templo porque él, desde hace nueve Siglos y, quiera Dios que para siempre, ha Sido la sede de la mejor joya qué cuenta Ciudad Real: Nuestra Señora Santa María del Prado.

 

Ubaldo Labrador. Párroco de Santa María del Prado. Diario Lanza, 21 de mayo de 1988



miércoles, 11 de agosto de 2021

GRACIAS OTORGADAS POR LA VIRGEN A SUS DEVOTOS (VI)

 

Milenaria imagen de la Virgen del Prado, destruida por los republicanos del Frente Popular en 1936



Muchas son las gracias otorgadas por la Virgen del Prado a diversas personas, de toda clase y condición, que le han invocado y que han sido recogidas y celosamente guardadas en los archivos de la parroquial de Santa María del Prado, de donde extraemos toda la documentación que sustenta estos artículos.

Fray Diego de Jesús, carmelita descalzo y prior de Guadalajara, en su «Historia de la Imagen de Nuestra Señora del Prado de Ciudad Real» publicada en 1650 recoge alguna de estas gracias, conocidas vulgarmente como «milagros o prodigios» quedando archivados muchos más de los que recoge fray Diego: Todos ellos fueron escritos para que «todos den gloria a Dios y a esta Soberana Reina» y para la edificación de las generaciones futuras.

Dos clases de narraciones encontramos en esta materia. Algunos hechos están narrados y tratados con cierto sentido crítico: declaraciones de testigos ante tribunales eclesiásticos nombrados para examinar los mismos; sentencias aprobatorias; mandamiento de divulgación, previas aprobaciones, etc. Otros, por el contrario, son muchos más sencillos: una simple narración a veces, incluso, breve. Unos y otros «difícilmente» resistirían un examen minucioso previo a la declaración de milagros, pero todos expresan, de alguna manera, el sentido de las gentes de ver la mano de la Providencia en los abatimientos de la vida.

Una cosa es cierta: las gentes, nobles y plebeyos, caballeros y clérigos, niños y mayores, mujeres y hombres, letrados y analfabetos, funcionarios y trabajadores, propios y extraños, aclaman a la Virgen en las necesidades de cualquier género, uniéndose a esta súplica los Cabildos, tanto civil como eclesiástico, de la ciudad, ante calamidades públicas como las sequías o inundaciones, la peste o terremotos, las plagas de langosta etc., y siempre el ánimo de aquellas gentes se veía, de alguna manera, confortado, por lo que daba gloria y gracias a Dios. Hoy no sabemos dónde está el «milagro»: si en la credulidad de un corazón limpio que acude a María en los problemas de la vida, o en la presencia de una Madre solícita a la invocación de sus hijos mediante una normal providencia ... o en la «racionalidad» de una mente que se aferra «anti- milagrosamente» al reconocimiento de lo trascendente.


Oleo de la primitiva imagen de la Virgen del Prado, que se conserva en la Parroquia de Santa María del Prado (Merced)



Una de las «maravillas» es la ocurrida, y contada ante testigos y juez, con el tejedor y bordador de telas barcelonés don Francisco Llunel. Se le había encargado a este bordador, por parte de la Cofradía, un estandarte con la imagen de la Virgen; para lo cual, se le envió una estampa de la misma para que le sirviera de modelo. Puesto a la obra, tuvo que deshacer y volver a hacer, por tres veces consecutivas, el rostro de la Virgen, pues siempre aparecía una mancha en la mejilla, lo que el bordador atribuía a cierta mancha en los hilos. No pudo remediar este «error» y un tanto descorazonado se trasladó a Ciudad Real a entregar personalmente su obra pensando que había de ser rechazada por el defecto que la imagen presentaba en la cara. Antes de llegar a Ciudad Real, se detuvo en Almagro para mostrar el estandarte a la esposa de don José García, a la sazón visitadora de la Renta de Tabacos, que se encontraba accidentada y era muy devota de la Virgen del Prado, por haber vivido en Ciudad Real, y que tendría amistad con don Juan de Contreras, vecino de Almagro, a cuyo cargo corría la confección del estandarte. Lo que más gustó a esta señora, así como a su esposo y a todos los que vieron la obra, fue, precisamente, esta mancha de la mejilla lo que causó gran alivio en el ánimo del bordador que lo tenía por imperfección. Había reproducido, sin saberlo, el cardenal que la Sagrada imagen tenía a consecuencia, según leyenda, de una pedrada sacrílega. Animado, llegó a Ciudad Real a entregar el estandarte, lo que hizo en la persona de don Félix Eugenio de León, vecino de la Ciudad, el 2 de enero de 1751. No tuvo inconveniente el bordador, de cuarenta y dos años de edad, en declararlo, bajo juramento, ante don Juan José Marín de la Cueva, abogado de los Reales Consejos, vicario y visitador de esta ciudad y de su Campo de Calatrava, ratificando la declaración el notario don Juan Ángel Núñez de Arenas, de cuya identificación, idoneidad y veracidad dan testimonio los notarios apostólicos, residentes en la Audiencia Arzobispal, don Vicente del Castillo Rosíllo, don Juan Caballero y don Francisco A. Fontecha quienes firman, signan y rubrican la legitimidad el mismo día 4 de enero.


La destruida imagen de la Virgen del Prado en su antiguo paso, también destruido y saqueado por los republicanos del Frente Popular



Muchas otras intervenciones realizó la Venerada Imagen, especialmente en favor de los niños, como el ocurrido al pequeño Francisco de 6 años de edad y que el Consejo del cardenal arzobispo de Toledo mandó con fecha 6 de junio de 1637 publicar y tenerse por «cierto y verdadero».

El pequeño Francisco se encontraba jugando en las ruinas del Hospital de Pedrera, cuando se desplomó un tejado quedando sepultado entre los escombros. Antes de proceder a retirarlos, el padre de Francisco, junto con mucha gente, que acudió, invocaron a la Virgen del Prado, pues no descartaban la posibilidad de estar «hecho pedazos». «Con un azadón empezaron a cavar unos, y otros con la manos y echaban tierra encima de donde estaba el niño y mucha gente estaba también sobre él». Se oyeron gemidos debajo de la gente. Se cavó con el azadón dando una lancha, levantada ésta con las manos se encontró debajo el niño, bocabajo, lleno de tierra las narices y la boca y rotas sus ropas por los piquetes. El niño salió ileso.

La lista de relatos asciende a 41 recopilados desde el 4 de octubre de 1562 hasta el 13 de agosto de 1739.

 

Ubaldo Labrador. Párroco de Santa María del Prado. Diario Lanza, 21 de mayo de 1988

 



martes, 10 de agosto de 2021

BAJÓ LA VIRGEN DEL PRADO AL ALTAR MAYOR



Fotografías de JJ. Navarro


Los cohetes y campanas anunciaban ayer, que la Virgen del Prado se encontraba en su paso procesional, para cumplir con lo que marca la tradición: “En vísperas de San Lorenzo, a la puesta del sol, bajan a la Patrona al altar mayor”.




Por segundo año consecutivo, la Virgen no saldrá en procesión por las calles y plazas de Ciudad Real, debido a la pandemia que estamos viviendo, pero nos espera en su paso hasta el próximo 23 de agosto que volverá a su camarín.




Este año la Virgen viste el manto que regaló Dª. Elisa Cendrero Arias del Castillo  en 1968 (http://elsayon.blogspot.com/2017/05/el-manto-llamado-de-la-coronacion-de-la.html), y el paso estrena iluminación eléctrica y nuevos guardabrisas.

 









lunes, 9 de agosto de 2021

EL RVDO. SR. D. ÁNGEL PUENTES ARENAL PRONUNCIÓ LA PRIMERA EXALTACIÓN MARIANA A LA VIRGEN DEL PRADO

 





El salón de actos del Centro Cultural Municipal del Antiguo Casino, acogió ayer domingo a las 21:00 horas, la I Exaltación mariana en honor a la Santísima Virgen del Prado, Patrona de Ciudad Real, organizada por su Ilustre Hermandad, y que congregó a autoridades civiles, militares, representantes de cofradías y hermandades y de la sociedad civil ciudadrrealeña.




La Ilustre Hermandad, designó como exaltador al hermano de la misma y sacerdote, Rvdo. Sr. D. Ángel Puentes Arenal, actualmente Párroco de Santa María de San José de la Rinconada y Capellán del Hospital Universitario de la ciudad de Sevilla.





El mantenedor del acto fue el Relaciones Públicas de la Ilustre Hermandad, D. Rafael Cantero Muñoz, que recordó que desde niño y de la mano de su madre le nació la devoción hacia la Virgen del Prado, convirtiéndose con el paso del tiempo en algo indestructible. También hizo alusión a los dos años que llevamos sin poder disfrutar de la Virgen en la calle, con la esperanza de poder celebrarla el año que viene, dando a continuación la palabra al presentador del exaltador.

D. Antonio Manuel Martín Hinojosa, abogado sevillano y Vicepresidente de la Agrupación Parroquial de Nuestro Señor de la Humildad en el Prendimiento y Santa María de la Caridad, fue la persona designada por el exaltador para realizar su presentación. Este realizó un repaso biográfico de la figura de D. Ángel Puentes, y su vinculación al mundo cofrade, reseñando su amor mariano a la Patrona de Ciudad Real, que difunde allí donde ejerce su ministerio sacerdotal.

 



El exaltador pronunció un emotivo pregón salido del corazón de un buen hijo de Ciudad Real, en el que combino  el verso, la prosa, la música, y el canto de seguidillas.

 



Durante su exaltación hizo alusión al amor que se vive en nuestra ciudad en torno a la Virgen del Prado, recordando varios pasajes históricos y haciendo una bonita alusión a la bajada de la Virgen, la Caravana Blanca, a los cultos y actos en torno a la Virgen del Prado, la víspera de su festividad, la procesión de la Virgen del día 15 y 22, terminando su intervención con un “Viva a la Virgen del Prado”, que fue contestado por todas las personas que llenaban el salón y la sala que fue habilitada para seguir la exaltación.




Con un público entregado a las palabras de D. Ángel Puentes, que interrumpió la exaltación en varios momentos con grandes aplausos, y que se puso en pie y ovacionó  al exaltador con un larguísimo aplauso a su terminó; el Presidente de la Ilustre Hermandad, D. Jesús González Adánez, y la Alcaldesa de Ciudad Real, Dª. Eva María Masías, hicieron entrega del escudo en orfebrería de la Ilustre Hermandad al exaltador, como recuerdo del acto.




También el Presidente de la Ilustre Hermandad, entregó a D. Adrián Sánchez Gómez, autor de la pintura que ilustra el cartel de este año, una reproducción de la misma, como agradecimiento a su trabajo desinteresado.





Acto seguido, D. Jesús González Adánez, pronunció unas palabras donde agradeció a D. Ángel su magnífica exaltación, a los músicos por sus diferentes interpretaciones, y al presentador del exaltador por su desplazamiento a Ciudad Real, así como a las instituciones que han colaborado para hacer realidad esta I exaltación, agradeciendo el trabajo de la Junta de Gobierno, para hacer realidad todas las actividades y cultos que se realizan en honor a la Virgen del Prado, terminando su intervención pidiendo a la Virgen el cese de la pandemia que estamos sufriendo.




Por último intervino la Alcaldesa, D. Eva María Masías, felicitando en primer lugar al exaltador y a los músicos que han intervenido, ofreciendo su colaboración y apoyo a la Ilustre Hermandad.