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jueves, 26 de enero de 2023

TALLER Y FUNDICIÓN DE BRONCE MATIAS GUTIERREZ EN PASEO CISNEROS, 55

 



El taller de Matías Gutiérrez, situado en el Paseo Cisneros 55, era un taller de construcción, reparación de maquinaria y fundición de bronce. En el taller se construían cedazos, limpias, rodeznos de hierro, castilletes para montar las piedras etc. También se podía adquirir el motor sin rival hidráulico. El anuncio de publicidad de este establecimiento, fue insertado en el desaparecido periódico La Tribuna, en el extraordinario de Feria y Fiestas de Ciudad Real, en agosto de 1912.

 


miércoles, 25 de enero de 2023

BODEGA DE LOS SEÑORES AGUILERA

 



Vista de la hermosa bodega que los Sres. Aguilera han construido recientemente junto a la estación de ferrocarril de Ciudad Real. El Ilustre General manchego visitando las dependencias.

Vida Manchega, número 121, jueves 10 de septiembre de 1914


martes, 24 de enero de 2023

FÁBRICA DE JABÓN “LA NUEVA SEVILLANA”

 



Entre las casas fabriles e industriales establecidas en Ciudad-Real, que en el menor lapso de tiempo han alcanzado mayor apogeo, desarrollo, crédito e importancia, cuéntese, indudablemente, la Fábrica de Jabones de que es fundador, propietario y director D. Pedro Lozano.

Esta Fábrica se halla situada en el amplio paseo de Cisneros, casa núm. 20, lugar próximo a la Estación del Ferrocarril, ocupando un magnifico y anchuroso edificio, construido ad-hoc, y está dotada de todo el material y maquinaria modernos que requiere esta clase de manufacturas.

El local es vastísimo, sirviéndole de entrada un bien cultivado jardín y una frondosa huerta, estando el circuito del solar descubierto, rodeado de gigantescos arboles y setos de ebónimus.

Consta de seis dependencias, todas ellas comunicadas entre sí: taller de fabricación; almacén de aceites, almacén de drogas, deposito de envases, sala de despacho y escritorio.




Su funcionamiento se realiza por los más modernos y rápidos procedimientos, relacionándose y encantándose las diversas operaciones de la fabricación: Una vez seleccionadas las primeras materias y verificada la cochura  en las enormes calderas empotradas en el testero del salón, una vagoneta, montada sobre rails, se encarga de transportar velozmente la masa a los moldes refrigerantes, colocados en dos líneas por toda la longitud de la estancia, hasta que, enfriados y modelados los grandes bloques de jabón, pasan a las maquinas cortadoras, que los subdividen en barras simétricas, para ser apiladas en el lugar del oreadero; a no ser que la cochura sea de jabón más fino, en cuyo caso las barras son llevadas a la maquina troqueladora, que los convierte en pastillas perfectamente en iguales, y con el grabado en relieve a guisa de etiqueta de la casa fabril.

Todas estas manipulaciones las realizan los operarios con suma facilidad, sencillez y prontitud; economía de tiempo que contribuye a la abundancia de la producción.

La fábrica  fue fundada en el año 1892 en forma modestísima, con material pequeño y escaso y aparatos antiguos, hasta que su dueño pudo ir aumentando y perfeccionando día por día y año por año el sistema de fabricación, hasta llegar al momento actual.

 

La Tribuna, extraordinario Feria y Fiestas de Ciudad Real, agosto de 1912



lunes, 23 de enero de 2023

EL ANTIGUO PASEO CISNEROS HOY RONDA DE CIRUELA Y GRANADA

 

Vista de la actual Ronda de Ciruela en 1867. Fotografía J. Laurent


Hasta 1960, año en el cual  los diferentes tramos de ronda, recibieron el nombre que mantienen en la actualidad (http://elsayon.blogspot.com/2020/01/la-denominacion-de-los-tramos-de-ronda.html), el tramo de ronda comprendido entre la Puerta de Alarcos y la Puerta de Granada, es decir la actual Ronda de Ciruela y Granada, recibió el nombre de Paseo de Cisneros.


Plano de Ciudad Real en 1905, donde se puede ver los árboles que se plantaron en las actuales Rondas de Ciruela y Granada, y el tramo de muralla que aún se conservaba en la Ronda de Ciruela


La denominación de Paseo de Cisneros, le fue dada a este tramo de ronda en honor al dramaturgo y político monárquico, D. Enrique de Cisneros Nuevas, que fue nombrado durante el Gobierno de O’Donnell gobernador civil de la provincia de Ciudad Real (1858) y alcalde corregidor de su capital (1859), cargos que desempeñó hasta 1863. Durante esos cinco años, además de crear fuertes lazos con la provincia manchega, restauró el santuario de Alarcos e inauguró en la capital el Hospicio Provincial (1860), con su casa de maternidad y de expósitos, las escuelas normales de maestros y maestras y el monumento a Hernán Pérez del Pulgar. En 1863 fue trasladado al gobierno de Palencia. En agradecimiento a sus actuaciones en la capital, el ayuntamiento acordó que el entonces conocido como camino de ronda que transcurría desde la puerta de Granada hasta la de Alarcos, se denominase “Paseos de Cisneros”.


D. Enrique de Cisneros Nuevas que llegó a ser Gobernador Civil de la Provincia y Alcalde de Ciudad Real entre 1850-1863

 

Se le dio el nombre de Paseo, porque en realidad era el paseo de parte de la sociedad ciudadrrealeña de finales del siglo XIX y principios del XX, llegándose a plantar árboles en el trayecto del mismo. Este tramo de ronda aún conservaba parte de la muralla en la segunda década siglo XX, tal y como recuerda un articulo publicado en el número 197 de la revista “Vida Manchega”, y firmado por Sanjusto. Entre estos restos de muralla se encontraba la llamada “Torre del Cubo”.

Los restos de la muralla desaparecerían del Paseo de Cisneros en la segunda década del siglo XX, y a partir de esa fecha se fue construyendo en ese tramo de ronda, ya que hasta esa fecha no se había construido casi nada, pudiéndose ver  ya en el plano de sofi de 1925, que gran parte del mismo se encontraba ya urbanizado, encontrándonos en este paseo, bodegas, graneros, fábrica de jabones y la Academia General de Enseñanza, de ronda para dentro de la ciudad, situándose de ronda para afuera el cuartel de la Guardia Civil, y la antigua estación de ferrocarril de Ciudad Real.


 
El Paseo Cisneros antes y después de la tala de los arboles en 1960. Las fotografías son de Julián Alonso y fueron publicadas en Lanza


Como he dicho al principio en 1960 se cambio el nombre de Paseo de Cisneros, por su actual denominación de Ronda de Ciruela y de Granada, talándose los árboles que se encontraban ambos lados del paseo, con el fin de ampliar la anchura de la carretera. A partir de los años setenta del pasado siglo, las viejas edificaciones que se encontraban de ronda para dentro de la ciudad fueron desapareciendo, para dar lugar a los actuales bloques de ladrillo y hormigón. De Ronda para fuera de la ciudad, el tramo de la Ronda de Ciruela, siguió vallado hasta que desapareció la vieja estación de ferrocarril y sus terrenos fueron urbanizados en los años noventa del pasado siglo. En el tramo de Ronda de  Granada, se sucedieron diferentes edificaciones entre otras el Bar Restaurante Casa Blanca o el Hostal Casas.


 
La Ronda de Ciruela a principios de los años noventa del pasado siglo, con la tapia que separaba los terrenos de Renfe de la ciudad


domingo, 22 de enero de 2023

CIUDAD REAL EN LA SEGUNDA MITAD DEL XIX A TRAVÉS DE LAS FOTOGRAFÍAS DE J. LAURENT (II)

 



Otros edificios perfectamente identificables son el Convento de las MM Dominicas de Altagracia, desaparecido a fines de los años sesenta de este siglo XX; la torre e iglesia parroquial de Santiago Apóstol. Y en la segunda toma fotográfica, supuesto que la vista general de Ciudad Real consta de dos perspectivas y no de una sola como cree, en primer término se aprecia la iglesia parroquial de San Pedro y San Pablo; la espadaña y cubierta del convento e iglesia de las Concepcionistas o Franciscanas; un contrafuerte o torreón rectangular situado en el Paseo de Cisneros (actualmente Ronda de Ciruela); las cocheras de reparación de las máquinas de vapor de Renfe; el Hospicio Provincial, construido en 1860 sobre los restos del Convento de San Francisco; las torres de la puerta nueva de Ciruela; y, por último, la Estación de viajeros de Renfe, en fase de construcción.

A nuestro juicio las fotografías o la vista general urbana de Ciudad Real pudieron haber sido hechas por el propio Jean Laurent o por cualquiera de sus operarios, puesto que en el ángulo inferior izquierdo de una de ellas aparece J. Laurent y Cía (Madrid). Y el autor de las fotografías debió hacerlas allá por el quinquenio del 1861-65; supuesto que «en febrero de 1860, el gobernador civil transmite una carta del concesionario (de la línea ferroviaria de Alcázar de San Juan-Ciudad Real) al Ayuntamiento por la que se acuerda dar principio a las obras en la capital y cerrar el tráfico en la Ronda de Ciruela, para que puedan trabajar en la construcción de la estación y viales...» (F. Pillet Capdepón: Geografía Urbana de Ciudad Real; c. IV, 259-60).

El mismo Pillet Capdepón refiere que «en 1861 se constituyó una compañía que llevaría el ferrocarril desde Ciudad Real hasta Badajoz; ...con aportación de capital francés y estando como consejero español el ex-ministro Claudio Moyano...; y las obras comenzaron ese mismo año. El trabajo hasta llegar a Badajoz se realizó con bastante actividad. Y el primer tramo Ciudad Real Puertollano, se abrió en 1864; estando dos años después (1866) toda la línea funcionando» (Op.cit.; c.IV ,260).

 



Por eso creemos que la magnífica panorámica urbanística de Ciudad Real que nos facilita J. Laurent no fue realizada, voluntariosamente, por la variedad de temas que ofrece nuestra ciudad respecto a monumentos históricos y artísticos se refiere, sino más bien con otros fines profesionales; ello se deduce por cuanto antecede sobre las obras de las futuras líneas ferroviarias de Alcázar de San Juan-Ciudad Real y, sobre todo, Ciudad Real Badajoz, teniendo presente desde donde están hechas las dos tomas fotográficas puesto que, en las dos perspectivas, aparece en primer plano la zona por donde debía transcurrir el trazado de la línea ferroviaria Ciudad Real Puertollano-Badajoz, así como el edificio de la nueva estación de viajeros que se hallaba en construcción. Y seguramente que las fotografías fueron encargadas a la «Casa Laurent» por la Compañía Badajoz-Ciudad Real para conocer «in situ» el trazado de la línea ferroviaria proyectada.

 

Curiosidad y nostalgia

 

Sin embargo, estas dos vistas fotográficas constituyen un testimonio excepcional sobre los profundos cambios urbanísticos inadecuados y sin ningún tipo de aciertos que ha experimentado Ciudad Real, concretamente por toda la Ronda de Ciruela; sin duda una perspectiva de nuestra ciudad que el tiempo ha transformado irreparablemente y que nunca podremos recuperar. Y también, estas dos fotografías, son imágenes que nos brindan otra fisonomía de Ciudad Real un siglo y medio atrás a la fecha de hoy; y, al mismo tiempo, nos provoca una entrañable mezcla de curiosidad y nostalgia respecto al «ser humano» con el pasado cultural de nuestra ciudad medieval. E.

En consecuencia, las dos tomas fotográficas del Ciudad Real de los años sesenta del siglo XIX fueron realizadas desde el mismo lugar, al suroeste de la ciudad como queda dicho; puesto que su autor tras de captar la primera vista urbana, no tuvo más que girar su equipo fotográfico otros 40° hacia el nordeste para sacar una nueva (la segunda) perspectiva urbanística de la población, apreciándose en ésta gran parte de la muralla que circundaba la ciudad y edificios (civiles y religiosos) perfectamente reconocibles por nosotros.

Hacia mediados del siglo XIX, casi desde sus inicios, los fotógrafos profesionales empezaron a poner a la venta imágenes de soberanos, políticos y artistas, paisajes pintorescos, tipos populares o monumentos de interés. La fotografía constituye la base material para documentar a numerosos pintores o dibujantes por aquella época; también el libro ilustrado se nutre de ella y, además, sirve de base documental a los encargados de preparar las planchas litográficas o de grabados utilizados en la edición y prensa ilustrada.

Ello viene a colación porque una de las fotografías, tema de estudio, es utilizada e impresa en la pequeña obra intitulada «Plano y Guía del Viajero en Ciudad Real y Almagro» (Madrid 1886); refiere, cuando habla de nuestra ciudad, que su aspecto general es muy agradable y pintoresco, presentándose rodeado su abundante y blanco caserío por algunos restos de muralla... Y su perímetro es de unos 4.500 metros; está cubierto en parte por los trozos de almenados muros ya indicados y con algunas torres con siete entradas tituladas puertas, existiendo fuera del mismo la estación de las líneas férreas que allí se reúnen...» (Alcázar de San Juan-Ciudad Real y Madrid-Ciudad Real Puertollano-Badajoz).




La misma ilustración fotográfica aparece como grabado en el libro de «España Geográfica e Histórica Ilustrada» (Madrid s/ f); una obra de 49 láminas publicadas por F. Boret, reproducida de aquí la litografía de Ciudad Real por «Ampliaciones y Reproducciones MAS» (Barcelona 1982). Más tarde, este mismo grabado, es utilizado pero como excelente dibujo en la «Gran Enciclopedia de Madrid, Castilla-La Mancha», volumen tercero (Zaragoza 1993). Asimismo se reproduce en el tomo intitulado «Historia de Ciudad Real) (Toledo 1993). Asimismo se reproduce en el tomo intitulado «Historia de Ciudad Real» (Toledo 1993) con el texto de que a «finales del siglo (XIX), Ciudad Real ofrecía esta panorámica: la primitiva estación, donde hoy se ubica el Parque Gas set, una gran parte de la antigua muralla y la iglesia de Santa María (del Prado) destacando sobre el resto del conjunto urbano». Y, por último, la ilustración (tema de estudio) ha sido utilizada y reproducida muy reciente en la «Memoria y Realidad de C astilla-La M ancha» (Madrid 1999); un álbum fotográfico de 179 reproducciones dedicado a los seres humanos (hombres y mujeres) que «con su esfuerzo sembraron lo que hoy recogemos».

 

Una copia de época, reproducida con anterioridad

El documento fotográfico de Jean Laurent, sobre Ciudad Real, es un legado excepcional; sin duda posee un especial interés por las imágenes que aparecen. Y, como hemos podido ver, la ilustración reproducida e impresa por los talleres de Artes Gráficas, S .A. Angama en el calendario de 1999 no es inédita ni mucho menos; es una copia de época que ha sido reproducida con anterioridad en 1886,1982,1983 y 1993, al menos que nosotros sepamos.

En definitiva, la ilustración fotográfica es cedida por José López de la Franca de Ciudad Real (s. XIX) para su impresión y es suficientemente conocida y, además, es una copia original de época fechada entre 1860-65. El término «copia de época» se refiere a que la copia fue positivada (revelada) sobre papel con emulsión de albúmina al poco tiempo de realizarse. Y en el caso de las tomas fotográficas de Ciudad Real los negativos son placas de cristal de 36x27 cms.; y la emulsión utilizada sobre las placas de cristal solían ser colodión.

Así mismo, esta ilustración sólo y exclusivamente es una vista parcial de Ciudad Real donde se aprecia un entrañable conjunto urbano de nuestra ciudad, destacando una serie de edificios civiles y religiosos reconocibles para todos nosotros, aunque algunos de ellos hayan desaparecido; pero esta perspectiva urbanística queda mutilada al faltar una segunda panorámica de la población y así poder ver todo cuanto rodeaba el amurallamiento medievo de Ciudad Real puesto que todavía se hallaba en pie y, además, poder contemplar nuestra ciudad desde el suroeste haciendo un itinerario descriptivo de todos aquellos monumentos más significativos, sin que su interpretación sea inequívoca.

 

Jorge Sánchez Lillo,  La Tribuna de Ciudad Real lunes 19 de abril de 1999

 




sábado, 21 de enero de 2023

CIUDAD REAL EN LA SEGUNDA MITAD DEL XIX A TRAVÉS DE LAS FOTOGRAFÍAS DE J. LAURENT (I)

 



Sinceramente, todo cuanto sea o se realice en «pro» de Ciudad Real histórica y artísticam ente hablando es sumamente importante y, sobre todo, digno de alabanza por quienes muestran interés por su tierra. Y ello viene a colación por la magnífica perspectiva urbanística de Ciudad Real, capital, fotografiada por el francés Jean Laurent allá por los años sesenta del pasado siglo XIX e impresa por el capitalino taller de Artes Gráficas Angama, S.A. en el calendario del presente año 1999, siendo cedida para este fin por López de la Franca; pero a pesar de ser un extraordinario e irrepetible paisaje urbanístico de nuestra ciudad y, además, un aspecto de nuestra realidad en el pasado, no es inédito ni tampoco está completo como veremos y, ello, está dando lugar a opiniones e interpretaciones de dudosa índole.

Sin embargo, antes de proseguir con el tema en cuestión, creemos que forzosamente se impone una pregunta: ¿Quién es Jean Laurent?. Y para obtener una respuesta clara y documentada hay que consultar el trabajo de Ana María Victoria Gutiérrez, autora del primer estudio biográfico de nuestro enigmático personaje; el cuál se supone que llegó por primera vez a España en 1843 teniendo ya un afamado estudio fotográfico en la parisina calle de Richelieu.

Es muy posible que Jean Laurent, en un principio, empezara su andadura por España recabando vistas del «más exótico dé los países europeos» conforme al pensamiento y ojos de los viajeros románticos; supuesto que no hay que olvidar que las fotografías e imágenes españolas de tauromaquia, monumentos arquitectónicos (sobre todo andalusíes), parajes pintorescos y tipos populares y a se vendía con éxito en su establecimiento parisino hacia los años cincuenta del siglo XIX. Y su asociación con el también excelente fotógrafo español José Martínez Sánchez (1870), muy posterior a su traslado definitivo a la capital de España, subraya su afincamiento tras de haber compartido durante más de una década su estancia en Madrid con visitas a París.

Al parecer la primera noticia que se tiene respecto a un estudio fotográfico de Jean Laurent en la madrileña calle Carrera de San Jerónimo se remonta a 1857. Y debe suponerse que, entre esta fecha y el supuesto primer viaje de 1843, nuestro personaje fotógrafo estuvo atento al transcurso de la vida española y, mientras que iba conociendo nuestro país y tras dedicarse algún tiempo a exportar «imágenes típicas de España para su establecimiento parisino, fue cuando tuvo la idea y optó por fundar su casa madrileña.




Retrato grabado de J. Laurent, publicado en 1887 en un homenaje póstumo, en la revista La Ilustración Nacional

 


Jean Laurent debió estar, seguramente, al tanto de los pasos de otros fotógrafos empresario europeos que desempeñaron proyectos similares por aquellas mismas fechas; porque, definitivamente, nuestro personaje se convierte en el empresario Juan Laurent de la madrileña calle Carrera de San Jerónimo, más que un simple fotógrafo: sin duda debió ser muy consciente del mercado que le ofrecía la clase' media española por aquél tiempo; pero creemos que no fue simplemente un fotógrafo sino un auténtico empresario que «contribuyó enormemente a consolidar el valor documental de la fotografía de aquella época», la segunda mitad del siglo XIX.

En la decisión de Jean Laurent como empresario fotográfico, además de querer «emular las incipientes experiencias de otros fotógrafos extranjeros», indica también la rapidez con que se desenvuelve la práctica de la fotografía en distintos campos; para los cuales contratará a buenos profesionales y, además, tuvo el acierto de asociarse en 1870 con el fotógrafo español José Martínez Sánchez, como queda dicho. Y la fotografía de Jean Laurent, nada que ver, con la de José Martínez o Charles Clifford que tienen «garras de artistas»; su aspecto y estilo es de una industria de calidad, porque a pesar de que corresponde a las directrices de un solo hombre son realizadas por varios fotógrafos.

Al igual que otros fotógrafos europeos: Francis Frith, G. Washington Wilson, Adolphe Braun, Charles Clifford, etc.., pese a su origen extranjero, Jean Laurent se integra perfectamente a la vida española durante la segunda mitad del siglo XIX; detalle extensivo a otros fotógrafos profesionales de la época, principalmente británicos y franceses. Y muy pronto, todos estos fotógrafos profesionales empezaron a poner a la venta efigies de personalidades de aquél momento: soberanos, políticos y artistas, así como series dedicadas a los temas más variados y que abarcaban vistas de monumentos y ciudades, obras artísticas, paisajes pintorescos, tipos populares, etc...; y ello despertó en la sociedad española adinerada una nueva forma de coleccionismo, que no implicaba la recolección de fotografías personales.

Los catálogos publicados sobre Jean Laurent dan una clara evidencia de la importancia del gran fondo fotográfico que llegó a contar con unos «veinte mil clichés en su Museo»; siendo a partir de 1867 cuando aparecen catálogos de estos fondos, con una relación parcial o general de las existencias. Y una década después, en 1879, el fondo fotográfico de J. Laurent estaba en condiciones de suministrar hasta «cinco mil vistas de España y Portugal»; donde aparecen imágenes de puertos, plazas, calles, monumentos arquitectónicos, obras de ingeniería y perspectivas de las ciudades.


Detalle del carruaje laboratorio de Laurent para preparar y revelar las placas de vidrio al colodión, en el año 1872

 


Es muy posible que, además, los fondos fotográficos de J. Laurent se diversificarían con la aparición del procedimiento llamado «fototipia» e introducido en la década de los sesenta, pero que llegó más tarde a España. Y los talleres de «Fototipia Laurent» divulgaron así sus fondos bajo el término de «fotografía inalterable».

La colección u obra fotográfica de J. Laurent es amplísima e irrepetible, evidentemente; sin duda su vasto trabajo es fruto de una gran labor que corresponde a las directrices de un hombre y varios operarios, como queda dicho, realizada durante casi cincuenta años de profesionalidad fotográfica desde aquella supuesta fecha de 1843 hasta 1892 que muere nuestro personaje. Y de este afamado fotógrafo francés; Jean Laurent, existen en España numerosas fotografías y fototipias sueltas, álbumes y libros ilustrados en los fondos de la Biblioteca Nacional, Palacio Real y Archivos del Ministerio de Cultura, así como en algunas colecciones particulares.

 

Testimonio excepcional de Ciudad Real

 

En cuanto a la perspectiva general de Ciudad Real, capital, referir que el fotógrafo autor de ella debió colocar su cámara sobre un camino de tierra (hoy desaparecido) muy próximo al paraje llamado «Era del Cerrillo», al suroeste de nuestra ciudad; puesto que las tomas exteriores se realizaban con un carromato de laboratorio.

El autor de esta antigua e irrepetible panorámica urbana de Ciudad Real, capital, dirigió el objetivo de su cámara fotográfica hacia el norte de la ciudad y, después, abrió el obturador durante el tiempo preciso para que entrase la luz natural a la superficie fotosensible de la perspectiva a fotografiar. Y tras enfocar un campo de 40°, fotografió un espléndido paisaje urbanístico donde se puede apreciar perfectamente en primer lugar el edificio del depósito de máquinas de Renfe, hoy desaparecido; después e inmediatamente, al suroeste, dos torreones y muralla que circundaban la ciudad (desaparecidos) por la Ronda de Alarcos, prosiguiendo el amurallamiento por el oeste de la población hacia la puerta de Santa María (desaparecido también).

Asimismo podemos ver, en primer término, un gran lienzo de muralla con una torre redonda situada en el antiguo Paseo de Cisneros, hoy Ronda de Ciruela y que actualmente no existen; luego, la Iglesia de Santa María del Prado, hoy Basílica Catedral de la ciudad; también un detalle arquitectónico del Convento de las MM. Carmelitas Descalzas, así como la arboleda del Prado y la casa palacio del marqués de Treviño, que se halla desaparecida; después se aprecia con toda nitidez el Convento e iglesia de la Merced. Y, al fondo, la Real Casa de la C aridad: también Hospital de la Misericordia, fundada por el cardenal Lorenzana en 1722 y hoy rehabilitada y sede del Rectorado de la Universidad de Castilla-La Mancha; y detrás de este regio e histórico edificio el cerro conocido por La Atalaya «Abencales» o «Aben canes».

Jorge Sánchez Lillo,  La Tribuna de Ciudad Real lunes 19 de abril de 1999



viernes, 20 de enero de 2023

RECUERDO Y DESPEDIDA DE NINO VELASCO

 



Había quedado con Nino en el bar Ideal, como tantas otras veces. El hombre grande que bajaba de su casa, enfrente, en el piso trece de la torre del Pilar, a desayunar allí. Era como su segunda oficina. Con un café y con el periódico y con algún libro. La estampa era como la de un personaje de los libros de Georges Simenon que me gustaban tanto. En diciembre de 1979 hacía un frío de narices. Bueno, entonces el frío y todo lo demás, era, ya se sabe, mucho más intenso que ahora. Habíamos escrito juntos el Manifiesto del TEAV y lo habíamos sostenido contra el “status quo” de la ciudad de entonces; y nos habían “zurrado la badana” a modo. Todavía hay quien no nos perdona el haber metido el dedo en el ojo, groseramente, en la placidez de una ciudad catatónica. Después de dos años nos habíamos cansado mucho y nos replegábamos, cada uno, a nuestras cosas particulares. El TEAV quedaba prácticamente en cuadro, con Santi Vera, Carlos Muñoz y yo. Él nos había mandado una carta diciendo que se iba. Que habíamos degenerado en unos burgueses. Que nos habíamos pasado, con armas y bagajes, al enemigo. Que éramos, definitivamente, “morigerados”. Yo no había oído nunca esa palabra. La verdad es que muchas de las palabras que me dijo Nino, en aquella época, las oía por primera vez. Como casi siempre, Nino acertaba de lleno… pero era la admonición de quien tiene la mano de hierro en guante de terciopelo. De todos modos, seguía ejerciendo su particular pedagogía libertaria.

Creo que Nino era la única persona en Ciudad Real que sabía, por ejemplo, qué era un traje de Savile Row. Y lo vestía, o al menos lo parecía. Y era, además, cuando alrededor, la caspa caciquil de la sociedad bien del pueblo, iba siendo sustituida por la estética progre del nuevo “establishment” democrático. La verdad es que estábamos rodeados de barbas, greñas y trenkas con coderas. Y yo no sé cuantos más horrores de la modernidad que venía con gran desconcierto. También todavía había señoras de collares, funcionarios atildados, curas de sotana y militares sin graduación. Así que, una especie de anarquista, filósofo, escritor y artista, vestido impecablemente, no era tanto una paradoja, como una provocación, a todos. Pero era también un manifiesto y una señal (de tráfico). Digamos que a algunos de nosotros nos servía de referencia. Valía de indicador para sortear algunas cuestiones que nos preocupaban. Política, arte, filosofía, ética y, sobre todo, la cuestión crucial, que debatíamos intensamente, sobre las virtudes de escribir con una pluma Montblanc, por supuesto, con tinta morada. Esto sucedía, y lo puedo contar, en el bar Ideal, en la churrería La Gran Vía, en un banco del parque de Gasset, en la tienda de Carmen, “La Ratita Presumida”, o en las reuniones del TEAV.




A mí me servía mucho y, la verdad sea dicha, no sólo las palabras o los conceptos o las teorías estéticas; sobre todo, la curiosidad por todas las cosas que sabía que existían más allá de nuestra ciudad. Estas cosas definitivamente nos iluminaban sobre estas otras cercanas con las que peleábamos dentro. Nino fue el primero que me habló en serio de Descartes; no mis profesores. También de la tendencia de “línea clara” del cómic francés o belga y, que en España, practicaban pocos: Nino y sus amigos José Ramón Sánchez o Miguel Calatayud. Me contaba de su experiencia en el taller Esdrújulus de Madrid. Yo nunca había visto nada de diseño gráfico contemporáneo, hasta que me dejó un ejemplar del “Graphis” que le mandaban de Nueva York y me habló de un tal Milton Glaser o de un tal Cruz Novillo. Me animaba a dejar la obra única y dedicarme al diseño. Me contó que eso podía ser una profesión más allá y con mayor proyección social que la entelequia del mundo de los artistas de caballete. Luchamos por eso y por otras cosas: por el Museo Provincial, por el Colegio Universitario, por una ciudad digna… ¡Y este era del que se decía que era ácrata, misántropo y antisocial! Dibujaba, siempre, y enseñaba a dibujar. Hacía ilustraciones para libros infantiles. Escribía libros, muchos, y hablaba. También quería mucho a Ciudad Real y conocía muy profundamente su historia y sus tradiciones; no el espantajo en que la habían convertido los prebostes del tardo-franquismo local. Me hizo un pequeño dibujo, para mi libro de poemas “Pequeña senda de poniente”, de una misteriosa casa que había en La Poblachuela y sobre la cual, los días de tormenta, se cernían en lo alto las bandadas de vencejos. Yo no sabía entonces que alguien así pudiera morirse…

(Publicado originalmente en: “Autopsia”, Nº 6, Círculo de Bellas Artes, Ciudad Real, Noviembre de 2010).

 



Perfil fugado

 

José Luis Velasco Antonino, “Nino Velasco” (Valencia, 1937-Madrid, 1999), fue un polifacético filósofo, escritor, artista, ilustrador y dibujante que, aunque valenciano de nacimiento, vivió y se sintió manchego desde que, con un año de edad, le trajeron sus padres de vuelta a Ciudad Real, según me cuenta Carmen Morales Baeza, su mujer.

Empujado por la presión materna hizo la carrera de Magisterio, que acabó a los 17 años. Tras una etapa de juventud en Barcelona se trasladó a Madrid, donde sobrevivió ocupándose en los más dispares oficios, desde vendedor de aspiradoras a domicilio hasta encargado de una agencia de detectives. Mientras, “de forma accidentada”, estudió Filosofía y Periodismo.

Tenía dos vocaciones irrenunciables: escritor y dibujante. Fundador en 1971, junto a Dominique Forest, del “Taller Esdrújulus”, publica en 1972 el cuaderno “Seis escenas de interés en la vida de un burgués”, un año antes del “Rrollo enmascarado”, de Mariscal y Nazario, que pasa por ser el primer cómic “underground” español, mérito que debe ser atribuido definitivamente a Nino. De él escribieron en la revista “Madriz”: “Nino ya era un dibujante de vanguardia cuando por estos lares no se sabía ni lo que era eso”.

Ya en Ciudad Real, fue uno de los fundadores del “TEAV-Taller Experimental de Artes Visuales”, junto a Miguel Ángel Mila, Santiago Vera, Carlos Muñoz y Antonio del Valle. En 1979 escribió un opúsculo titulado “Ciudad Real, mi amor”, porque le dolía la penuria intelectual y la fealdad de una ciudad que amaba tanto. En las décadas de los ’80 y ’90, fue ilustrador y dibujante para las principales editoriales españolas, escribió más de cuarenta libros y fue colaborador asiduo en revistas y periódicos como “El País” o “El Mundo”.

En 1994 gana el “Premio Gran Angular de Literatura Juvenil” con la novela “El misterio del eunuco”, que está traducida al francés, al alemán, al turco y al flamenco. En alguna reseña de sus libros declaraba: “Lo que más me gusta en el mundo es escribir y leer. Tengo siete aficiones más: caminar por la mañana, la lluvia, desayunar en un bar junto a Carmen, el futbol, el ciclismo, la Filosofía y la Historia”.

 

Fuente: https://www.lanzadigital.com/provincia/ciudad-real/recuerdo-y-despedida-de-nino-velasco/