
El día 4 de
Marzo de 1860, será para siempre memorable en los fastos de esta provincia. En
él tuvo lugar, con inusitada pompa é indescriptible entusiasmo, el solemne acto
de. la inauguración de los trabajos del ferro-carril de Ciudad-Real a Badajoz.
el primero del reino qué nos ha de poner en comunicación inmediata con lodo el
mundo, con el Océano atlántico y con el Mediterráneo, con la metrópoli y
Andalucía, ese bello paraíso nacional, el país de los encantos ibéricos. Con la
construcción de esta línea, se inaugura, sí, una nueva era de prosperidad, de felicidad
y ventura para la provincia: al surcar la locomotora, imagen de la actividad y
de la industria, por nuestras feraces campiñas, abrirá nuestras y anchurosas vías
a la inteligencia de sus habitantes, acrecentará sus productos, multiplicará
sus cambios, perfeccionará los instrumentos del trabajo y los medios de
comunicación, hará menos cara la vida de las clases trabajadoras; en una
palabra: poblará, fertilizará y embellecerá su rico é inmenso territorio.
Así lo comprendía
lo mismo el pobre que el rico, el débil como él fuerte; y con esa curiosidad
inquieta que despiertan los grandes acontecimientos, con esa generosa simpatía
que a todos nos anima por las nobles causas, habíanse agolpado a las afueras de
la puerta de Alarcos, sitio destinado a la inauguración, más de diez mil personas
de la capital y pueblos comarcanos. Nosotros, aunque pobres obreros en los
adelantos de la máquina social, nos asociamos a los sentimientos de
satisfacción de que participa la provincia toda por tan fausto acontecimiento;
y para dar a nuestros, lectores una idea exacta del que motiva estas líneas, como
venimos haciéndolo en todos los que se suceden y pueden contribuir al
desarrollo de las fuentes de la inteligencia y de la prosperidad pública, que
son las doctrinas de nuestro humilde periódico, vamos a reseñar, aunque
brevemente, el acto de inauguración de esa vía férrea, de la que la provincia y
el país han de reportar incalculables beneficios.
Poco después de
las doce salió de las Casas Consistoriales 1a comitiva, precedida de una banda
de música con vistosas banderas, a la cual seguía una danza del país y en dos
hileras los trabajadores del camino de hierro con sus herramientas; luego iban
las corporaciones, funcionarios públicos y el ilustre Ayuntamiento, y detrás el
Sr. Gobernador de la provincia, Autoridades, Concesionario de la línea e Ingenieros encargados de su
construcción.
Al atravesar la
comitiva por un bello arco triunfal, los Sres. Gobernador y Concesionario,
recibieron cada uno, de dos lindas niñas, una corona de flores con estos
sencillos versos:

señor
gobernador:
Bello es mandar,
si el mando bien se emplea,
Y esta Ciudad
tu discreción pregona:
Admíteme en su
nombre esta Corona
Y que prenda de
amor del pueblo sea.
señor
concesionario:
Amor con amor
se paga:
A ti te debe la
vida
Esta Ciudad,
que sumida
En la inacción
se encontró:
Y es la vida el
movimiento
Que la
ilustración derrama.
Este pueblo,
Foros, te ama
Gomo á quien
vida le dio.
Luego que llegó
la comitiva al sitio destinado a la inauguración, tuvo lugar el ceremonial de
costumbre, e inmediatamente después el señor D. Enrique de Cisneros, desde el
antepecho de una vistosa y elegante galería que servía de palco a las señoras,
pronunció el siguiente notable discurso que fue acogido con entusiastas y
repetidos aplausos,
HABITANTES
DE CIUDAD-REAL
No habéis
descansado aun de la última fiesta, y ya otra vez os reunís alborozados,
brillando en vuestros ojos la satisfacción más pura y él más noble, entusiasmo.
Todavía no se ha apagado el eco de las campanas; todavía resuenan las últimas
notas de aquellas músicas marciales, todavía pueblan el aire aquellos vítores,
no acabados de pronunciar, cuando ya vosotros los recogíais de mis labios para
elevarlos hasta el cielo con voz entusiasta y atronadora. Juntos fuimos al
templo a dar gracias al Dios de los ejércitos: juntos discurríamos por las
calles aquella noche en que la ciudad apareció como por encanto iluminada desde las empinadas torres hasta las humildes viviendas
de los artesanos. Parecía natural que aquella explosión de alegría hubiera agotado
vuestras fuerzas; y sin embargo no ha sucedido así, porque hoy se repiten las
mismas demostraciones de universal contento.

Celebrabais
ayer la insigne victoria de Tetuán, primer término de una campaña belicosa,
festejáis hoy la inauguración de las obras del ferro-carril de Ciudad-Real a
Badajoz, principio de una campaña de paz. ¡Que asuntos tan opuestos a primera
vista! ¡Que sucesos tan distintos en apariencia! El pueblo, no obstante, con su
admirable instinto comprende la analogía de ambos acontecimientos, y reconoce
su común origen. En África como en España, allí como aquí se realiza el triunfo
de la civilización sobre la barbarie, el triunfo de la libertad, que es la vida
de las naciones, sobre la esclavitud, que es, su muerte y su oprobio: ¡allí
como aquí desarrollamos ante los ojos de la asombrada Europa el sublime cuadro
de tu resurrección de España!
Si es preciso
que el mundo sepa que no se agotan ni debilitan nuestras fuerzas en la guerra;
es preciso que vea el mundo que España, esta noble matrona, si con un brazo
acomete, arrolla, vence y sujeta a sus enemigos, con otro brazo abre ancho
cauce a la prosperidad pública construyendo ferro-carriles y levantando
monumentos que admirarán las edades futuras. No se recobra España de su desmayo
lánguida y vacilante; antes bien parece que sale de su tumba vigorosa y armada como Minerva de la cabeza de Júpiter.
Este grande
progreso del Estado es secundado en todas las provincias, no siéndola de Ciudad-Real
la que menos esfuerzos hace por colocarse al nivel de las más adelantadas.
Apenas se aproximan a su término las obras del ferro-carril de Alcázar á
Ciudad-Real, cuando comienzan las del que ha de enlazar á Ciudad-Real con Badajoz.
Entretanto, y para mostramos dignos de poseer estas grandes vías, celebramos
una brillante exposición de agricultura,
creamos un Hospicio provincial, ensanchamos el Hospital y el Instituto, mejoramos
el aspecto público de calles y plazas, y en estos mismos días vemos llegar a la
capital, conducidas por un hábil ingeniero industrial, abundantes aguas
potables que empiezan ya a surtir las fuentes que se están construyendo; una de
las cuales será un bellísimo monumento que consagraremos Hernán Pérez del
Pulgar, el de las hazañas, hijo de este pueblo.
No sé crea
tampoco que solo dedicamos nuestros esfuerzos a promover obras de interés material,
pues también, nos ocupamos de otras que responden a un sentimiento más elevado.
¿Veis aquel punto negro que se dibuja en el horizonte sobre la cumbre de aquel
cerro? Es un monumento artístico, histórico y religioso, es el último resto de
una ciudad que pereció en una triste jornada, ¡Es el Santuario de Alarcos! Sus
techos empezaban a desplomarse, sus muros flaqueaban…. ¡Un año más de incuria y
abandono, y hundiéndose el templo, hubiéramos escrito con toda exactitud en una
de sus piedras: ¡Aquí fue Alarcos! Afortunadamente hemos llegado a tiempo para
reedificarle, para salvarle de una vergonzosa ruina. En sus bellísimas naves,
convertidas hace pocos meses en un establo, arde ya la misteriosa lámpara; y cuando termine la restauración de aquel monumento, podréis celebrar los triunfos que nuestro
ejército alcanza sobre los sectarios del Corán, allí mismo donde los hijos de
Mahoma derrotaron a las legiones castellanas.

«Larga sería la
relación de todos los adelantos de Ciudad-Real, como es grande la munificencia
de nuestra idolatrada Reina Doña Isabel II, a quien debéis en primer término
tan altos beneficios. Gratitud debéis también al ilustrado Gobierno de S. M. que
imponiendo silencio a la discordia y adundando todos los elementos útiles de
esta gran nación, solo propone a S. M. y solo lleva a cabo altas empresas,
dignas del Trono y del pueblo español.
Por mi carácter
de representante del Gobierno de S. M. en esta provincia, me creo obligado a
secundar sus miras; y he aprobado que la inauguración de estas obras se
verifique con inusitada pompa, para que al ver la empresa encargada de la
construcción de la línea el entusiasmo de este pueblo, redoble sus esfuerzos y
la dé por concluida en el más breve plazo posible, en la seguridad de que
obtendrá como principal galardón de sus afanes la gratitud eterna de dos
provincias hermanas.
Sí; porque al
ver estas provincias que, merced a la vía férrea, vienen la industria y el
comercio a triplicar los valores de los productos agrícolas; al ver que las
pobres aldeas se, convierten en florecientes villas, y estas en opulentas ciudades,
es imposible que no amen y reverencien a los causantes de tantos beneficios.
Habrá además en
la inauguración de éste ferro-carril otra circunstancia de inmensa valía para
todo buen español: no es posible olvidar que cuando parta de Ciudad Real la primera
locomotora llevando por escudo los leones de Castilla, otra locomotora saldrá
de Lisboa ostentando en su escudo las quinas lusitanas. ¡Solemne será el
momento en que se encuentren en la frontera de ambos, reinos! Si del lado de
allá gritan ¡viva España nosotros contestaremos ¡viva Portugal! Juntas y
cruzadas las banderas se saludarán mutuamente; y abrazándose españoles y
portugueses; verán sin menoscabo de su respectiva nacionalidad e independencia, realizadas la unión y concordia de todos los hijos de la Península. ¡Oh, vea yo pronto ese día, aunque sea el
último de mi existencia!
Al trabajo, pues,
briosos jornaleros, que con las herramientas en las manos aguardáis impacientes
mi última palabra para dar comienzo a vuestra ruda faena. Inauguráis vuestra campaña
bajo la dirección de un inteligente ingeniero. ¡Adelante, amigos míos! Hendid
los cerros, perforad las montañas, salvad los ríos por medio de atrevidos
puentes, allanad todos los obstáculos de la naturaleza. ¡Esas serán vuestras
victorias! Sírvaos de estímulo saber que la Patria agradecerá vuestros
esfuerzos, y que el corazón de la Reina palpitará de gozo al recibir la nueva
de la terminación de la obra. ¡Viva la Reina! ¡Viva España!
Acto continuo,
el Sr. de Cisneros se apresuró a anunciar a todo el concurso el generoso
donativo de 20,000 rs. que el Sr. Forns, concesionario de la vía, acababa de
hacer para que se distribuyese entre los desvalidos y familias pobres de esta
ciudad, en agradecimiento a la buena acogida que le había dispensado el pueblo
manchego. Este rasgo espontáneo de caridad cristiana fue agradablemente
recibido por todos como se merecía.
A su término
dignamente esta fiesta solemne de la civilización. Qué ella señale al mundo el
progreso siempre en aumento de nuestras artes, de nuestra industria y de
nuestra agricultura; como pone en evidencia los importantes trabajos que
emprendemos en medio de los cuantiosos sacrificios de una guerra, como si
disfrutásemos de los placeres de la
más profunda paz!
P. J.
Vidal. El Magisterio Periódico de Educación y Enseñanza. Tomo tercero, año 1960