El desaparecido ayuntamiento de
Ciudad Real a principios del siglo XX
Las dos primeras representaciones referenciadas
las hallamos en sendos sellos municipales de la época (7); la tercera —inspirada parcialmente en una
vieja piedra que ha sido calificada de armera, pero que, en propiedad no lo es—
la vemos empleada como una marca tipográfica indicativa de la ciudad, e incluso
cabe que de la provincia (8).
Como se comprueba, salvo la inicial, que,
además, se timbra con una corona, ninguna de las otras representaciones se ajusta
a las leyes del blasón al no colocar la figura regia y su marco en el campo delimitado de un escudo. Son,
pues, representaciones de intención y valor heráldicos, pero no propiamente
armas.
Teniendo en cuenta todo lo dicho, encontraremos
justificada la certificación que del blasón municipal de Ciudad Real expide, en
3 de octubre de 1878, el cronista rey de armas don Félix de Rújula (9), única persona oficialmente autorizada para
efectuarla. Además, merced a esta certificación conocemos el nombre del pintor
elegido por el Ayuntamiento ciudarrealeño para ejecutar aquel cuadro
conmemorativo que se acordó hacer en una sesión especial a finales de mayo de
1877. Se trata de don José Álvarez de la Escosura, a cuya solicitud, encaminada
a no errar en este punto en su obra, certificó don Félix lo siguiente:
«El Rey D. Alonso el Sabio fundó el año de
1262 a Ciudad Real con el título de Villa (10) y le dio por armas un escudo [en] campo azur
(azul) con trono de oro, en el que está sentado de frente el mismo rey, vestido
de manto real [de] color [de] gules (rojo) y muceta de blanco sembrada de
armiños, con corona real de oro, armado en la mano diestra de una espada de
plata guarnecida de oro, y en la siniestra de un mundo [de] azur, centrado y
cruzado de oro; todo el escudo tiene bordura [de] gules, cargada de doce
castillos de oro, adjurados de azur (con puertas y ventanas de azul). Por
timbre una corona de marqués, que es compuesta de un círculo de oro engarzado
de piedras preciosas, realzado de cuatro florones y doce perlas puestas de tres
en tres florones.
El Rey D. Juan II en 1420 le concedió título de
Ciudad y de muy noble y muy leal, con grandes privilegios.
Así constan [se refiere a las noticias
históricas y heráldicas dadas sobre Ciudad Real] en el Real Archivo de nuestro
cargo» (11).

El salón de plenos municipal a
inicios del siglo XX
Sobre la base de esta documentada certificación
comenzó a trabajar Álvarez de la Escosura, quien, teniendo claro, desde un principio,
que el motivo más señalado del cuadro que se le había encargado, a pesar de su
explícita finalidad, debía ser el escudo municipal de Ciudad Real —no en vano
el Ayuntamiento de esta capital costeaba dicho cuadro—, obvió con habilidad los
otros dos motivos que, obligatoriamente, también habían de aparecer. Recordémoslos:
El discurso bilingüe de las letras apostólicas de Pío IX a la población de
Ciudad Real, y los atributos episcopales anejos al titular del nuevo Priorato y
sus sucesores.
En el otoño de aquel 1878 el pintor —del que
desconocemos prácticamente casi todo (12)— presentó sin duda varios bocetos de la obra a
la Municipalidad ciudarrealeña. Esta seleccionó uno de ellos, que fue el que el
artista trasladó al lienzo.
Pocos días antes de las fiestas navideñas del
expresado año, el cuadro al óleo conmemorativo de la creación del Obispado-Priorato
de las cuatro Órdenes Militares, con sede en Ciudad Real, quedó terminado, y su
autor don José Álvarez de la Escosura lo presentó a la Corporación.
Isidoro Villalobos Racionero. Revista
“Hidalguía”, Núm. 350 Marzo-Abril 2000
(7) El que contienen la bordura torreada lo
utilizó, tal vez exclusivamente, la Alcaldía. El otro, en cambio, lo utilizaron
indistintamente la Alcaldía y el Ayuntamiento. Este último fue el sello cuya
copia, cumpliendo órdenes del ministro de Fomento, remitió, en septiembre de
1876, al Archivo Histórico Nacional de Madrid, don Federico García Laguna,
alcalde constitucional de Ciudad Real entonces. Por cierto, don Federico
declaraba en su remitido que aquel sello, usado de inmemorial por el
Ayuntamiento ciudarrealeño, representaba «al Rey Don Alonso El Sabio en el acto
de marcar los límites de Villa Real [Ciudad Real], primitivo nombre de la
población, fundada en el lugar llamado Pozuelo de Don Gil». Y añadía que el
mismo dicho sello lo usaba también la Excma. Diputación por lo que era «el
escudo de armas de la Ciudad y de la Provincia». Con la expresión «escudo de
armas» el señor García Laguna se refería metonímicamente sólo a la figura del
rey Sabio sentado en su trono y armado, y, en modo alguno, al marco en que
aparece.
La Excma. Diputación Provincial de Ciudad Real
mantuvo como propio en sus sellos el escudo de armas correspondiente al
Municipio ciudarrealeño hasta el año 1927, año en que sintió la necesidad de
adoptar un blasón privativo con el que, además, sigilar sus documentos (Cfr.:
VILLALOBOS RACIONERO, I.: «El blasón de la Excma. Diputación de Ciudad Real en
sus sellos»; en HIDALGUÍA, 244-45 (1994), pp. 547-57).
(8) Aún se conserva la citada vieja piedra, que,
por su antigüedad —a nuestro juicio— mayor que la que se le viene atribuyendo,
constituye un valioso testimonio protoheráldico del blasón de Ciudad Real.
Un ejemplo de marca tipográfica indicativa de
la Ciudad, Capital de la Mancha, lo podemos ver en la portada de la obra de
Domingo Clemente Guía de Ciudad-Real, editada en 1869 (cfr.: CLEMENTE, D.: Guía
de Ciudad- Real. 1869. Edición facsimilar publicada por el IEM, en Ciudad Real,
en 1977). Esta marca se continuó repitiendo, con igual finalidad, en distintos productos,
hasta, al menos, la primera década del siglo XX.

(9) Don Félix de Rújula Martín-Crespo nació en
1838. Cronista rey de armas por nombramiento de S. M. en 1864, durante los
muchos años que desempeñó este cargo, desarrolló una constante labor
investigadora en casi todos los archivos españoles. Por sus vastísimos
conocimientos de Genealogía, Heráldica y Nobiliaria, fue considerado una
autoridad en su época, y, por ello, sus informes y certificaciones de armas y
de hidalguía tenidos por indiscutibles. Miembro del Real Cuerpo Colegiado de
Hijosdalgo de Madrid, caballero de san Juan de Jerusalén, fue condecorado con
varias cruces de distinción, entre las que destacamos la gran cruz de la orden
de Isabel la Católica, que el rey don Alfonso XIII le otorgó en 1929, al
cumplir los sesenta y cinco años de servicio. Murió en Madrid en 1930.
(10) Es el año que señala la Crónica de Alfonso X
(Cfr.: Crónica del Rey Don Alfonso el Sabio. Ed. de Cayetano Rosell. Madrid,
Biblioteca de Autores Españoles, 1875; V. 66 cap. XI, p. 9). El poco riguroso
cronista alfonsí ignoraba, por tanto, la Carta-Puebla de Villa Real —luego
Ciudad Real— fechada en 1255. Este documento nos ha llegado en una confirmación
de 1261 (cfr.: Ruiz Gómez, F.: La carta-puebla de Ciudad Real (1255).
Comentario histórico-jurídico; en Alfonso X y Ciudad Real, Ciudad Real, 1986;
pp. 50 y ss.).
(11) Cfr.: AHMCR: Caja 18. Documento 487.
Certificación de don Félix de Rújula referente al año en que se fundó a Ciudad
Real con el título de Villa, y sobre sus blasones, pedida como antecedente para
el cuadro conmemorativo de la creación del Obispado-Priorato de las Órdenes
Militares.
Este documento, en papel de carta, finaliza con
estas palabras: «Y a pedimento de D. José Álvarez de la Escosura doy la
presente [certificación] en Madrid a tres de octubre de 1878»
(12) De ascendencia asturiana, como el primer
obispo-prior, fue don José Álvarez de la Escosura uno de los numerosos pintores
que desarrollaron su arte en la segunda mitad del siglo XIX. Sin figurar en los
repertorios bio-bibliográficos que hemos consultado, sabemos, sin embargo, por
la prensa periódica que, como pintor itinerante, aunque estaba avecindado en
Madrid, donde enseñaba pintura, se ofrecía como retratista y restaurador
artístico en las distintas poblaciones —capitales de provincia, principalmente—
que visitaba. Y, también se ofrecía para «pintar cualquier cuadro de
composición» que se le encargase (cfr.: La Alborada, diario de Córdoba, 7 de
abril de 1861), ofrecimiento que interesó al Ayuntamiento de Ciudad Real,
cuando, en 1877, acordó hacer un cuadro conmemorativo de la creación del
Obispado-Priorato.
De la obra dispersa de Álvarez de la Escosura
—entre el patriciado cordobés nos consta la existencia de varias pinturas
suyas— sobresale el retrato e don Fernando Cotoner Chacón (1810-1888), creado
marqués de la Cenia en 1871, que guarda entre sus fondos el Museo del Ejército
antes en Madrid y ahora en Toledo (cfr.: PORTELA SANDOVAL, F.: La escultura y
la pintura en el Museo del Ejército, en MILITARÍA. Revista de Cultura Militar,
9 (1997), UCM, p. 132). A este conocido retrato unimos, pues, el cuadro de que
tratamos en estas páginas. Ambos abren el catálogo, aún por hacer, del pintor José
Álvarez de la Escosura.