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sábado, 22 de noviembre de 2025

LA RADIOGRAFÍA DE LA CIUDAD REAL DE HACE 100 AÑOS NACIDA DEL CONTROL POLICIAL: ENTRE CONVENTOS Y PROSTÍBULOS (I)

 

La calle Palma en los años cuarenta del pasado siglo XX


El control policial, instaurado a raíz de las revueltas y movimientos obreros de principios del siglo XX, derivó en Ciudad Real en la creación de un “documento excepcional y único”, el plano-censo de 1925 que ofrece una radiografía sin igual de la capital de hace 100 años y un sinfín de curiosidades: Como que había más prostíbulos que bares (12 frente a siete documentados) o la importancia del patrimonio religioso, con una veintena de edificios dedicados a conventos, iglesias e instituciones de beneficencia.

La desaparición de los prostíbulos de la ‘almendra’ de la ciudad es uno de los cambios más palpables respecto a la capital de hace un siglo. El plano-censo de 1925 identificaba 12 casas de prostitución ‘intramuros’, siendo el entorno de lo que hoy es la calle La Palma (en El Torreón) el epicentro de ‘la noche ciudadrealeña’. Aquí se concentran burdeles como ‘Luciano’, ‘La Constanza’, ‘La Juanita’, ‘La Palmira’ o ‘La Juanona’. Otros en calles aledañas eran ‘La Angelita’, ‘La Estrella’ o ‘La Sara’.

En la zona se producían frecuentes altercados, lo que llevó al gobernador del momento a cerrar las casas de alterne. La decisión provocó una gran controversia en la prensa. Mientras el más conservador ‘Pueblo Manchego’ abogaba por poner freno y primar el orden público, la revista satírica ‘Pero Grullo’ se lamentaba de que se privara de sus derechos a las personas que “se ganaban la vida con procedimientos legales”. Aunque el plano concentra en este área la mayoría de los lupanares, había muchos más repartidos por diferentes calles con nombres tales como ‘La Codorniz’, ‘La Cantaleja’, ‘La Mari’ o ‘La Bollera’.


El desaparecido monasterio de Dominicas de la calle Altagracia


Frente a la desaparición del ‘barrio rojo’, la conservación del patrimonio religioso, el que mejor ha sobrevivido hasta la época actual, pese a alguna sonada pérdida como la del Convento de las Dominicas. Construido en la calle Altagracia, se constituyó como monasterio en 1435. Cinco siglos después, cuando se realiza el plano, su deterioro era grande y había sufrido varios derrumbes. Con todo, las monjas permanecieron en él hasta 1969. Un año después se derribó, salvándose únicamente su portada, que en ahora se ubica en la rotonda de la Puerta del Carmen. En la parte superior, flanqueando a la Virgen, destacan dos perros que representan “ser fiel a dios y defender su doctrina como un can”.

Aún se conservan la Catedral del Prado, las iglesias de Santiago, San Pedro y la Merced, la Ermita de los Remedios, y los conventos de la Merced, Carmelitas (en la Plaza del Carmen), Concepcionistas (congregación de franciscanas, más conocido como Convento de las Terreras, adquirido en 2023 por el Ayuntamiento y actualmente en rehabilitación), y Siervas de Santa María (por la Plaza de San Francisco). Pervive también el Palacio Episcopal, de la calle Caballeros, que ahora alberga en parte el Museo Diocesano, o el Asilo de Ancianos, hoy Colegio de los Marianistas.

La compañía mariana llegó a la Ciudad Real en 1916 a instancias del Obispado que había recibido una gran herencia a la muerte de Concepción Medrano. Parte de estos fondos se destinaron a la construcción de un instituto en la actual calle La Mata, al que poco después se incorporaría Carlos Eraña, figura clave de la educación ciudadrealeña. En 1928, los Marianistas se trasladaron al antiguo asilo, donde continúa la comunidad.


El antiguo Colegio de los Marianistas

 

Otras instituciones educativas que permanecen inalteradas son el Colegio de San José, en la calle Calatrava desde su apertura en septiembre de 1889, y el Colegio de Ferroviarios, inaugurado en septiembre de 1924, en el entorno del Parque Gasset, como centro de enseñanza para las familias ferroviarias, con instrucción primaria, educación para adultos, corte y confección y preparación para fogoneros y factores del ferrocarril.

Ciudad Real hace 100 años contaba, además, con tres instituciones educativas de grado superior: El Instituto General Técnico, que se ubicaba en el Convento de la Merced, vacío tras la desamortización de Mendizábal, y donde se impartía multitud de disciplinas, además, de albergar en su azotea el primer observatorio meteorológico de Ciudad Real y la Biblioteca Provincial, dotada entonces con 9.000 volúmenes. La Academia General de Enseñanza, una institución privada que formaba también para el acceso a la Academia Militar y contaba con salones de estudio, aula magna, museo escolar, enfermería, comedor y dormitorio, para los alumnos de fuera de la capital. Y la Escuela de Artes y Oficios, constituida en 1911. Ubicada en la calle La Mata, destacaba por el taller de metalurgia, enfocado a los obreros ferroviarios, y el taller de encajes para mujeres. La institución tenía “gran predicamento entre la ciudadanía” y ya por entonces contaba con 240 alumnos.

Información y delineación

Toda esta información, y mucha otra, tuvo como germen la mente policial de Martín Sofí Heredia. La elaboración del plano-censo fue impulsada por el jefe de Inspección y Vigilancia de Ciudad Real y, por tanto, máxima autoridad policial de la provincia. Natural de Zaragoza, llegó a la capital en abril de 1924, imbuido del espíritu de la Comisaría de Barcelona donde había trabajado y de donde sacó la idea de tan inestimable documento.

Al poco de instalarse, Sofí empezó a pensar en procurarse “la mejor información posible para controlar, desde el principio, el orden público”. Apenas pasado el verano de su llegada, sacó a cinco de sus colaboradores -el secretario policial, dos agentes y dos aspirantes- a la calle para que recopilarán casa por casa y local por local los datos de sus habitantes y propietarios. Realizando un trabajo ímprobo, en poco más de cuatro meses habían registrado toda la información.

El siguiente paso fue contactar con Andrés Ruiz Arche. El ciudadrealeño, que contaba entonces 24 años y era delineante del Catastro, además de profesor de la Escuela de Artes y Oficios, fue el encargado de plasmar los datos sobre un papel de 1,30×1,50 metros. El plano-censo incluía información en 16 capas de colores diferentes que identificaban los principales estamentos, labores y personalidades de Ciudad Real.

La historia de estos dos hombres, Sofí y Ruiz Arche, ha quedado unida más allá de su colaboración profesional. Ambos permanecen ligados para la eternidad al compartir ubicación en el cementerio de Ciudad Real. Curiosamente, sus tumbas distan apenas cinco metros la una de la otra, a pesar de la gran diferencia de años que separan sus defunciones. Sofí murió de forma repentida en 1927, a la temprana edad de 43 años, mientras que Arche fue enterrado en 1968, 41 años después.

Fuente: https://www.lanzadigital.com/provincia/ciudad-real/la-radiografia-de-la-ciudad-real-de-hace-100-anos-nacida-del-control-policial-entre-conventos-y-prostibulos/


El Plano Censo en manos de los responsables de la histórica Óptica Navarrete / Elena Rosa


viernes, 21 de noviembre de 2025

LA PLAZA DEL PILAR HACE CINCUENTA AÑOS

 



La Plaza del Pilar de Ciudad Real amaneció el 20 de noviembre de 1975, con los carteles de Falange, puestos unos días antes, con la cara de José Antonio Primo de Rivera, donde se anunciaban los actos de los que murieron en el nombre de España, que consistían en una misa en su memoria celebrada el 19 de noviembre a las 20:30 horas en la Parroquia de San Pedro, y a su término el acto de ofrenda y afirmación que se celebró en los jardines del Prado, donde se ubicaba en aquellos años la Cruz de los Caídos. Con motivo de la muerte de Franco, la madrugada del 20 de noviembre, debajo de los carteles de José Antonio Primo se colocaron carteles con la fotografía de Franco, dos personajes históricos idealizados en la España de aquellos años. Carlos Robledo lo captó con su cámara y hoy lo traigo yo al blog.



jueves, 20 de noviembre de 2025

HACE CINCUENTA AÑOS: ESPECIAL DE “LANZA" POR LA MUERTE DE FRANCO

 

Fotografías Herrera Piña


La hora en que se produjo la muerte de Su Excelencia el Jefe del Estado -5'25 horas de ayer, anunciada por el ministro de Información y Turismo, señor Herrera Esteban, a las 6'12 por Radio Nacional de España- impidió a los periódicos de la mañana, entre los cuales esta LANZA, dar cabida en sus páginas a la noticia del fallecimiento del Caudillo. A esta hora, nuestro periódico está ya en los primeros correos y se preparan los paquetes de venta y suscripción, no sólo en la capital, sino de Puertollano, Valdepeñas y otras localidades importantes.

Quienes trabajamos en LANZA, tanto en Redacción como en talleres, hacía una hora que todos habíamos retirado descansar, pero a las seis y media de 1a mañana ya conocíamos la noticia dolorosa, aunque esperada para cualquier momento, y sopesamos  la conveniencia de rehacer el número del 20 de noviembre, con la sola noticia de la muerte del Caudillo, cambiando la primera plana, solamente aprovechando lo que ya teníamos preparado de amplia biografía, o esperar unas horas para ofrecer a nuestros lectores una edición especial, con todas las noticias que se hubieran producido hasta el momento del cierre. Afortunadamente optamos por la segunda decisión, pensando precisamente en la ventaja que suponía para el público tener una información. mucho más completa de los importantes acontecimientos que la muerte de nuestro Caudillo y su sucesión, provocaba hora a hora.




A las nueve de la mañana ya estábamos de nuevo en plena actividad, tan pronto la agencia «Efe» nos fue suministrando las informaciones nacionales y del extranjero que tenían relación con el fallecimiento de Franco, que habían hecho lanzar ediciones especiales a la prensa mundial y detener programas de emisoras de radio y televisión de los más diversos países. A las doce y media cerrábamos el número especial y a la una, en lucha contra el tiempo y los imponderables, situábamos LANZA en los habituales quioscos de venta en la capital y salían cuatro coches para cubrir otras tantas rutas de la provincia, al objeto de ofrecer a los manchegos la información con más peso de los últimos tiempos. El público premió nuestro esfuerzo arrebatando materialmente los ejemplares de los lugares de venta, hasta el punto de que nuestra máquina hubo de tirar cinco mil ejemplares más de lo habitual.

Son muy numerosas las felicitaciones que hemos recibido, que agradecemos, y dentro de nuestra modestia estimamos en lo que valen, felicitación que trasladamos especialmente a nuestro personal de Redacción, Administración y Talleres, que ha sabido estar a la altura de las circunstancias.

Diario “Lanza” viernes 21 de noviembre de 1975



miércoles, 19 de noviembre de 2025

EN EL 150 ANIVERSARIO DE LA CREACIÓN DEL OBISPADO-PRIORATO DE LAS ÓRDENES MILITARES (III)

 



Al firmarse el acuerdo sabre nombramiento de Obispos (7 jun. 1941), donde se anunciaban futuras conversaciones sobre provisión de beneficios no consistoriales, el Nuncio aconsejó a los Prelados no proveer de momento otras canonjías que las de oficio para no mermar posibles privilegios a restituir al Estado. El citado acuerdo no menciona el nombramiento del Obispo-Prior, pero cuando en diciembre del siguiente año se nombró a Mons. Echeverria para Ciudad Real, se hace «en conformidad» con ese convenio, arbitrando la fórmula de que el jefe del Estado le ha presentado al Papa para la sede episcopal de Dora, a la cual va unido el Priorato de las Ordenes Militares (Cfr. B.O.E. 30 dic. 1942 y bula de nombramiento). En el concordato de 1953 (art. 8.0) se normalizará ya expresamente el nombramiento del Obispo-Prior, que sigue el mismo sistema de los obispos de las diócesis españolas.

Cuando, al comienzo de su pontificado, el Obispo Echeverria nombra directamente canónigos Doctoral y Penitenciario (1943), se remite a la resolución de la Dataría Apostólica que dispensaba a los obispos de la ley del concurso, aplicando al caso la normativa general de España. Debió existir una respuesta de la Santa Sede haciendo extensiva al Priorato esa norma provisional de las diócesis españolas, o la aplicó por su cuenta el Obispo sin conocer la recomendación del Nuncio en 1940. Estos nombramientos los notifico al «Presidente y Tribunal Metropolitano de las Ordenes Militares» con una fórmula que se mantendrá rutinariamente hasta 1965: «no obstante la situación anómala de las Ordenes Militares y de su Real Consejo..., por estimarlo un deber de cortesía...». A partir de 1965 se interrumpió esta cortés notificación.




En julio de 1946 se firma el convenio sobre provisión de beneficios no consistoriales. Mientras en el art. 6 se dice expresamente que «las prebendas del Priorato «nullius» de Ciudad Real se conferirán de conformidad con su régimen tradicional establecido en la bula «Ad Apostolicam», en la nota 4.ª de las canjeadas entre el Nuncio y el Ministro de Asuntos Exteriores, se dice que «transitoriamente se rija... por el régimen de las demás diócesis, quedando en suspenso el a él concedido al erigirle en la bula «Ad Apostolicam». La equiparación provisional se aplicará también, según el Nuncio (25 oct. 1946) a las reservas, a la no exigencia de grados, etc., hasta tanto no se ponga en vigor la bula «Ad Apostolicam». Esto no ha llegado a suceder, a pesar del art. 8.º del concordato de 1953, que dice expresamente que subsiste el Priorato «nullius» de Ciudad Real.

Resumiendo: constatamos una declaración continua del propósito de reinstaurar el régimen peculiar del Priorato y una continua equiparación provisional con las diócesis, por exigencias de las circunstancias. No medida provisional, sino definitiva según G.ª Barberena (Rev. Esp. Der. Can. 1981, pág. 464 s.) fue la designación del Tribunal de la Rota de la Nunciatura coma Tribunal de apelación por el motu propio «Hispaniarum Nuntio» (7 abril 1947), ratificado par el concordato de 1953.

Llegamos al Vaticano II. El decreto «Christus Dominus» sobre el ministerio de las obispos vindica el derecho exclusivo y la libertad de la Iglesia en el nombramiento de los obispos; pide que no se concedan privilegios contrarios a ello en adelante y hasta ruega con toda delicadeza a las autoridades civiles que gozan de tales  privilegios  que  renuncien a ellos (n. 20). Además ordena la supresión de cualquier derecho de presentación o nombramiento en la provisión de parroquias (n. 31). Ambos postulados están, como se ve, claramente en contra del derecho tradicional de la bula «Ad Apostolicam», mantiene semejantes privilegios para el Rey.




La transformación del Priorato era, por tanto, algo que se imponía. El Rey renunció al privilegio de presentación de los obispos y no se reservó, como algunos pensaban que haría, la presentación del Obispo-Prior de las Ordenes Militares (Acuerdo básico de 1976, art. 1, p. 4). Como dato curioso diré que en la bula de nombramiento del último Obispo-Prior, D. Rafael Torija, no se menciona para nada el título de Prior, sino que se dice que, vacante la Prelatura de Ciudad Real, se le designa a él como Prelado, desligándolo de la sede titular de Osuna y promoviéndolo a la de Dora (30 sept. 1976).

Por eso tiene especial merito que, al solicitar de la Santa Sede el actual Obispo de Ciudad Real la elevación de su Prelatura al rango de diócesis de Ciudad Real, desvinculándola de la sede titular de Dora (sin oír las sugerencias de vincularla a nuestra antigua sede de Oreto), pidiese expresamente y obtuviese, no sin peripecias, que continuase unido al Obispo de Ciudad Real el título de Prior de las Ordenes Militares de Santiago, Calatrava, Alcántara y Montesa, y que el Cabildo Prioral de Ciudad Real, elevado a Catedral, pudiese mantener sus vínculos con las Ordenes Militares, según consta expresamente en la segunda bula de creación de la diócesis de Ciudad Real y nombramiento de su primer obispo Mons. Torija de la Fuente (4 feb. 1980).

Hemos llegado al final del camino. Ciudad Real es una diócesis independiente de las Ordenes Militares, que tienen su propia vida, pero proclama con el título de su obispo coma Prior de las Ordenes Militares, el recuerdo agradecido de estas beneméritas instituciones que poblaron y organizaron el territorio que hoy constituye la demarcación de la diócesis, y mantiene con ellas cordiales relaciones de estima y amistad.

(Almagro, 6-5-1983)

José Jimeno Coronado. Cuadernos del Instituto de Estudios manchegos Núm. 16, diciembre de 1985.



martes, 18 de noviembre de 2025

EN EL 150 ANIVERSARIO DE LA CREACIÓN DEL OBISPADO-PRIORATO DE LAS ÓRDENES MILITARES (II)

 



Han sido las circunstancias históricas las que, por vía de hecho, han convertido el Priorato de Ciudad Real en una diócesis más de España, desvinculándolo de las Ordenes Militares en todo menos en el nombre, en el recuerdo y en la gratitud. La bula «Constat Militarium» de 4 de febrero de 1980, transforma la Prelatura Cluniense en Diócesis de Ciudad Real, sufragánea de Toledo. Mantiene, sin embargo, para el Obispo, el título de Prior de las Ordenes Militares y no prejuzga los vínculos del Cabildo Catedral con las mismas Ordenes. No es otra cosa que dar carta de derecho a una situación de hecho, creada por el desarrollo de circunstancias ajenas al Obispado y a las Ordenes.

Resumo brevemente lo acaecido.

Apenas instaurada la segunda República, el gobierno suprime por decreto de 29 de abril de 1931 las Ordenes Militares de Santiago, Calatrava, Alcántara y Montesa, reservado al Estado las atribuciones de soberanía que procedan de la incorporación de los Maestrazgos a la Corona, y disuelve el Tribunal de las Ordenes. Es verdad que al poco tiempo (5 de agosto) declaro aplicable a las Ordenes lo establecido el 29 de abril para las Reales Maestranzas, es decir, que podían constituirse en asociaciones de derecho común, privadas de todo carácter oficial y titulo real, debiendo someter sus estatutos y reglamentos a la aprobación de la autoridad; y mientras se constituían esas asociaciones, podían sus miembros designar una junta provisional, a la que se reconoce personalidad jurídica, que administrara en sustitución del suprimido Real Consejo, las fundaciones de las Ordenes y custodiara su biblioteca y archivo.

El Consejo no se disolvió de hecho, según me informó el Marques de Santa Cruz, su último presidente, sino que actuó coma la autorizada Junta Administradora. Tampoco se preocupó de legalizar la transformación en asociaciones de derecho común. Quizás esperaron una inmediata restauración de la Monarquía, que anulase la medida de la República, medida que consideraban invalida coma dada por una autoridad incompetente. Solo podía suprimir las Ordenes, transformarlas o desvincular· las de la Corona, la Santa Sede que las había aprobado y unido. Y la Santa Sede no ha tornado ninguna decisión respecto a las Ordenes: ni las ha suprimido (por eso conservan su existencia y personalidad jurídica eclesial) ni las ha desvinculado de la Corona (los Caballeros se consideraron acéfalos mientras no hubo Rey y le reconocen ahora por su Maestre). Eliminada la Republica, creyeron que caían también sus disposiciones y esperaron una restauración en los acuerdos a concluir entre el gobierno de Franco y Santa Sede. Me consta que hubo conversaciones entre las Ordenes y el Gobierno y hasta invitaron al Obispo-Prior D. Emeterio Echeverría, pero las conversaciones no tuvieron resultado positivo. Posteriormente estudiaron el asunto por parte del Gobierno el Marques de Lozoya, en funciones de presidente del Real Consejo, y por parte de la Nunciatura el Obispo-Prior Mons. Hervás, pero tampoco se llegó a nada concreto.




Como el tiempo no pasa en vano, y la vida de las Ordenes quedó paralizada en 1931, al no producirse nuevos ingresos, en la actualidad, según informes facilitados gentilmente por el Real Consejo, solo viven 19 Caballeros de los que profesaron antes de 1931 y estaban muy preocupados par la pervivencia de las Ordenes. En consecuencia, decidieron actuar en una doble via: por un lado, dar cumplimiento a lo ordenado por la Republica y así han inscrito por separado cada una de las Ordenes en el registro de Asociaciones del Gobierno Civil de Madrid el 2 de abril de 1980 (Santiago: prov. n.0 3883, nac. 34736; Calatrava prov. 3882, nac. 34737; Alcántara: prov. 3885, nac. 34734; Montesa, prov. 3884, nac. 34735) y el Consejo coma federación de las Ordenes el 26 mayo 1980, según acuerdo de las mismas Ordenes en 8 de abril anterior. En estas inscripciones se omite la denominaci6n de «militar» y junta a la finalidad religiosa, se señalan otras civiles. Pero esto, me dicen los Caballeros, es sólo un trámite para estar de acuerdo con una legislación civil no expresamente abolida.

Por otro lado, considerando en vigor la vinculación de las Ordenes como institutos religiosos a la Corona, vinculación que desean mantener, acuden al Rey, que nombra presidente del Real Consejo a su padre el Conde de Barcelona (9 de abril de 1981) y a partir de ese momento admiten nuevos Caballeros, habiéndose cruzado en este breve tiempo 11 de Santiago, 14 de Calatrava, 8 de Alcántara y 2 de Montesa, en ceremonia celebrada en las Comendadoras de Santiago, en Madrid, en la que estuve presente, acompañando al Sr. Obispo-Prior, que había sido invitado por el Real Consejo.

Las Ordenes Militares conservan tres conventos femeninos de la Orden de Santiago, que viven según la Regla de San Agustín, y se denominan Señoras Comendadoras. Están en Toledo, Granada y Madrid. Existen otros dos conventos femeninos de Calatrava, uno en Moralzarzal (Madrid), que es el que estuvo antes en Almagro, y otro en Burgos; ambos con vocaciones que aseguran la continuidad.

Mantienen además un hospital en Cuenca, dirigido por Hermanas de la Caridad.

Volvamos ahora a la evolución experimentada por el Obispado Priorato. Lo hare brevemente, porque ya lo expuse en un artículo publicado en LANZA del 9 de marzo de 1982, con el título «De Prelatura Cluniense a Diócesis de Ciudad Real».




Si la Santa Sede, como antes dije, no ha intervenido en los últimos tiempos en ningún sentido respecto a la vida de las Ordenes Militares, es porque estas no tienen incidencia hoy en la pastoral. No se puede afirmar lo mismo del Obispado-Priorato y por eso se han ido dando pasos, con intervención de la Santa Sede, hasta lograr la normalidad actual. El problema se originaba también por los vínculos con la Corona en cuanto ad-ministradora de las Ordenes, fijados con detalle en la bula «Ad Apostolicam».

De la documentación conservada en la Cancillería-Secretaria del Obispado de Ciudad Real, se deduce el siguiente proceso:

En el periodo 1931-1936, que yo sepa, no se tomó iniciativa alguna para solucionar el problema derivado de la ausencia del Rey, que nombraba los diversos cargos. Quedaron sin cubrir aquellos cuya vacante se produjo en ese tiempo, cuya dotación económica se suprimió por el Gobierno. Por eso no hubo lugar a una intervención de las Ordenes. Sin embargo, estas no dejaron de enviar anualmente una pequeña subvención de unas 1.500 pts. a la Catedral (cfr. carta del Vicario Gen. al Nuncio, nov. 1940). Eso si resultó forzoso recurrir al Tribunal Metropolitano de Toledo, al quedar disuelto por el Gobierno el de las Ordenes.

Cuando terminada la guerra, Roma autorizó a las Obispos para proveer los beneficios vacantes de catedrales y colegiatas en dos tercios, sin prejuzgar la solución definitiva bien en régimen común o de acuerdos Gobierno-Iglesia (9 agosto 1940), el Vicario de Ciudad Real, s. v., expuso al Nuncio (19 agosto) la conveniencia de cubrir vacantes en la catedral tan mermada por la persecución, pero vio dificultad por el régimen particular de la bula «Ad Apostolicam». El Nuncio le aconsejo no hacer provisión alguna, pues habría de consultar a la Santa Sede, dado que esta medida provisional no preveía el régimen particular del Priorato (25 sept. 1940).

José Jimeno Coronado. Cuadernos del Instituto de Estudios manchegos Núm. 16, diciembre de 1985.




lunes, 17 de noviembre de 2025

EN EL 150 ANIVERSARIO DE LA CREACIÓN DEL OBISPADO-PRIORATO DE LAS ÓRDENES MILITARES (I)

 



La fecha de creación del Obispado-Priorato de las Ordenes Militares de Santiago, Calatrava, Alcántara y Montesa, en Ciudad Real, cae fuera de los limites cronológicos fijados a este Coloquio franco-español sobre las Ordenes Militares en el Mediterráneo occidental. Como saben, fue el Concordato de 1851 entre Isabel II y Pio IX el que determinó la constitución del llamado «coto redondo» de las Ordenes Militares.

No obstante, este desfase cronológico, me ha parecido oportuna la sugerencia que me ha hecho el Director de nuestro Instituto de Estudios Manchegos, de que dedique una breve exposición al tema del origen del Obispado-Priorato de Ciudad Real, porque su nacimiento es prácticamente el ultimo eslabón que cierra la actuación pública de las Ordenes Militares españolas.

La vida de estas, venia debilitándose y languideciendo paulatinamente desde hacía siglos. Su finalidad militar había cesado al conseguir liberar el territorio patrio del dominio musulmán con la conquista del reino de Granada (1492). Hubiera sido necesario darles un nuevo campo de acción. Pero los reyes prefirieron someterlas, incorporando los maestrazgos a la Corona (primero provisionalmente; y con carácter perpetuo en el pontificado de Adriano VI el 4-5-1523) y las gobernaron mediante el Consejo de Ordenes (que fue único para las cuatro desde 1566, bajo Felipe II).

Su carácter religioso, que debería ser el nervio de la instituci6n, estaba ya muy diluido antes de la incorporación a la corona, y el interés de los reyes por su renovación no tuvo éxito. Sucesivas dispensas pontificias a las obligaciones de los votos (p.e. el celibato en 1540 para Calatrava y Alcántara) y de las reglas, acabaron con la vida monástica. Véase, por ejemplo, la Regla de Santiago publicada por orden del Real Consejo (Madrid 1791) a continuaci6n de cada norma, se reseña la correspondiente dispensa o conmutación.

Como por otra parte, las Ordenes exigían para sus miembros el requisito de la hidalguía (a los clérigos les bastaba, en su lugar, los grados mayores en ciencias eclesiásticas), vi-nieron a reducirse a unas meras asociaciones nobiliarias, cuyos miembros tenían que recitar una serie de rezos.

A pesar de esta transformación, las Ordenes continuaban ejerciendo en los territorios de sus señoríos diversos tipos de jurisdicción eclesiástica, difíciles de concretar y cuya indeterminaci6n causaba frecuentes conflictos con la jurisdicci6n episcopal, llegando al punto de que los obispos se negaban a la administración de los sacramentos que requieren el carácter episcopal en los territorios de las Ordenes.




Para obviar este inconveniente, ya Felipe II había conseguido de la Santa Sede el nombramiento de un Obispo titular que ejerciera los ministerios en los territorios de la Orden de Santiago, formula que se mantuvo desde 1571 a 1782. Es más, en 1794 se transforman en perpetuos los antes prioratos trienales de Uclés y de San Marcos de León, en la misma Orden de Santiago, y se ordenan obispos a sus priores, con título « in partibus·», y se les encomienda que además de gobernar sus propios territorios «nullius» ejerzan el orden episcopal en otros territorios de la Orden y en los de Calatrava y Alcántara, si fueran requeridos para ello por los respectivos Prelados de la Orden. Esta situación se mantiene de derecho hasta que Pio IX, por la bula «Ouo gravius» agrega provisionalmente en 1873 los territorios de las Ordenes a las diócesis en que están enclavados o a las vecinas.

Ya a principios del siglo XIX las convulsiones producidas por la Revolución francesa, por la invasión napoleónica y por la mentalidad liberal habían complicado la situación al suprimir los conventos el gobierno de Bonaparte (1809) y luego nuevamente, después de la restauraci6n fernandina, la regencia de María Cristina (R. Dto. 9 marzo 1836) aunque haciendo poco después una excepci6n para los Uclés y San Marcos (25 abril 1836). El Convenio provisional entre Gregorio XVI e Isabel 11 (27 abril 1845) atestigua que el Papa se había visto obligado a encomendar a los obispos vecinos muchos territorios exentos mientras se llegaba a un acuerdo, bien restaurando su régimen exento, bien agregándolos a las diócesis, de las que se hará una nueva circunscripción con aumento de su número. No se menciona expresamente a las Ordenes, pero es claro que se refiere a ellas.

La Junta mixta de representantes de la Nunciatura y del Gobierno para el arreglo de los problemas religiosos, propuso, como medida necesaria, y muy de acuerdo con la mentalidad de la época, la supresión de toda jurisdicción privilegiada y exenta, pero la medida era muy radical para los defensores de los privilegios reales vinculados a las Ordenes. Abierto el dialogo con la Santa Sede, tras laboriosos esfuerzos, se llega al Concordato de 1851 (16 marzo) entre Pio IX e Isabel II, según el cual se suprimen las jurisdicciones privilegiadas y exentas (art. 11) con alguna excepción como la de las Ordenes Militares precisamente, a la que se da un tratamiento especial (art. 9)... «se designará en la nueva demarcación eclesiástica un determinado número de pueblos que formen coto redondo, para que ejerza en él, como hasta aquí, el Gran Maestre la jurisdicción eclesiástica...». La finalidad de esta medida es: a) poner remedio a los inconvenientes del territorio diseminado de las Ordenes, que dificulta su gobierno; b) conservar los recuerdos de las gloriosas Ordenes beneméritas de la Iglesia y de la patria; y c) mantener las prerrogativas de los Reyes como Administradores de las Ordenes. No se toca para nada la vida interna y la organización de las Ordenes mismas.

Discrepancias en la determinación del territorio del coto redondo y dificultades en las relaciones con la Santa Sede, debidas a cambios políticos, dejaron en mero proyecto la creación de esta demarcación eclesiástica, y la supresión de las Ordenes decretada otra vez por la primera República (1873) obligó al Papa a promulgar la bula «Quo Gravius», ya citada, agregando los territorios de las Ordenes a las diócesis vecinas, sin prejuzgar que en su día pudiera llegarse a plasmar la solución prevista en el Concordato.



Restaurada la monarquía en Alfonso XII, se acometió rápidamente la tarea de solucionar este problema, agravado por medidas unilaterales tomadas por el Gobierno, contrarias a la bula «Ouo gravius», y se llegó al acuerdo que plasma la bula «Ad Apostolicam» de 18 de noviembre de 1875, fundadora del Obispado-Priorato. La bula:

-Deroga la obligación de crear la diócesis de Ciudad Real.

-En su lugar se establece en la provincia de Ciudad Real el coto redondo de las Ordenes Militares, con el nombre de Priorato.

-Este territorio eclesiástico es gobernado por un Prior, que nombra el Rey y lo presenta al Papa para que lo nombre Obispo, con el título de Dora, siendo el territorio «nullius dioeceseos», es decir, totalmente exento y sujeto inmediatamente a la Santa Sede.

-El Rey, que ejerce la jurisdicción a través del Prior-Obispo, aprueba el nombramiento del Vicario General, que gobernara durante la sede vacante, sin que haya lugar a designación de un Vicario Capitular.

-El Rey nombra también a los canónigos, beneficiados, curas, etc. que pueden ser sacerdotes no pertenecientes a las Ordenes Militares, pero que deberán ingresar en ellas, lo mismo que el Obispo.

-Tribunal de apelación será el de las Ordenes Militares.

El Prior-Obispo se equipará en todo lo demás a los obispos diocesanos. Las peculiaridades reseñadas, que hoy resultan llamativas, no lo distancian tanto de ellos, porque el Rey nombraba también los Obispos diocesanos por derecho de patronato (Concord. de 1753 entre Benedicto XIV y Fernando VI, art. 5.º, ratificado por el de 1851), y nombrara a las párrocos dejando a los obispos solo la confección de las ternas entre los aprobados (Concord. de 1851, art. 26). Si se privaba al Cabildo del derecho a elegir Vicario Capitular, y al Obispo de alternar con el Rey en el nombramiento de Dignidades, Canónigos y beneficiados, y hasta a la misma Santa Sede de la reserva de alguna Dignidad o Canonjía, en contra de la norma común de las diócesis (Con cord de 1851, art. 18).

La constitución del Obispado Priorato, como solución de compromiso, aunque satisfactoria en las circunstancias concretas, no fue del agrado ni de las Obispos-Priores ni de las Ordenes. Ya he apuntado antes que no se toca aquí para nada la existencia (que se da par supuesta) ni la vida interna de las Ordenes, pero estas no se resignaban a prescindir de actuar en los asuntos del Priorato, como se insinúa en el decreto de 1.º de agosto de 1876 reorganizando el gobierno de las Ordenes. Tampoco las Obispos-Priores se contentaban con no ser iguales a las demás diócesis y se esforzaron para librarse, inútilmente, de las limitaciones propias del Priorato (p.e. pidiendo la alternativa en el nombramiento de canónigos). Sin embargo, con alguna resonada excepción debida más al orden de los principios que al comportamiento de las personas, podemos afirmar que las relaciones Obispo-Prior Ordenes Militares fueron buenas y hasta de modesta ayuda económica al Priorato (no se podía esperar más, porque los bienes de las Ordenes habían sido secularizados casi totalmente).

José Jimeno Coronado. Cuadernos del Instituto de Estudios manchegos Núm. 16, diciembre de 1985.

 



domingo, 16 de noviembre de 2025

EXPOSICIÓN “300 AÑOS DE HERMANDAD” DE JESÚS NAZARENO

 



La exposición “Jesús Nazareno. 300 años de Hermandad” quedó oficialmente inaugurada en la tarde del pasado jueves en el patio del Obispado de Ciudad Real, y se puede visitar de lunes a viernes de 11 a 14 horas y de 17 a 20 horas hasta el próximo 22 de noviembre.




A través de paneles explicativos, la exposición ofrece un recorrido histórico y artístico por la trayectoria de la cofradía desde sus orígenes en el desaparecido Convento de Nuestra Señora del Rosario de la orden de los predicadores hasta nuestros días. Así como la evolución y veneración de las distintas imágenes titulares que ha poseído la Cofradía a lo largo de su historia.




Entre las piezas expuestas se incluyen obras pictóricas, túnicas, estandartes históricos, gallardetes, varas de mando, y elementos procesionales que permiten conocer la evolución de la Hermandad desde su fundación en 1725. También el frontal del Paso del Señor y elementos del mismo, como el llamador, los faroles o la imaginería elaborada por José María Leal.




Una exposición de carácter interactivo, que a través de códigos QR se pueden consultar, por ejemplo, documentos donde se fecha su fundación. Además, se exponen las condecoraciones recibidas por la Hermandad, como la Medalla de la Corporación de Ciudad Real.