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martes, 18 de octubre de 2022

HERNÁN PÉREZ DEL PULGAR, EL DE LAS HAZAÑAS, EN EL IV CENTENARIO DE SU MUERTE (II)

 



Aún es más famosa y le dio más renombre la hazaña del Avemaría.

En los primeros días de diciembre del año 1490 el cerco de Granada se iba estrechando, y, por lo mismo, los moros aumentaron sus guardias y vigilancias. Pulgar estaba en Alhama, y, como de costumbre, al regresar de sus paseos vespertinos entró en la iglesia para orar ante la Virgen. Concluida su oración hizo señas a su escudero, Francisco de Bedmar, para que le trajese un hacha de cera blanca, y, encendiéndola, se arrodilló de nuevo, y en alta voz hizo juramento de “entrar dentro de Granada, ponerla fuego a su Alcaicería y tomar posesión de su Mezquita mayor para convertirla después en iglesia católica”. Tan extraño juramento causó la admiración de todos.

Hechos los preparativos necesarios, mandó que en un pergamino adornado con cintas verdes y rojas se escribiese en latín el Avemaría, el Credo, el Padrenuestro y la Salve, y más abajo, en castellano, el auto del juramento.




Al día siguiente, el 17 de diciembre, cuando el manto de la noche comenzaba a extenderse sobre Alhama, salían de esta ciudad los atrevidos expedicionarios. Eran éstos, además del valeroso manchego, Jerónimo de Aguilera, Francisco de Bedmar, Diego de Jaén, Alonso de Peñalver, Pedro Jiménez, Pedro de Pulgar, Montesino de Ávila, Ramiro de Guzmán, Cristóbal de Castro, Aristán de Montemayor, Diego de Baena, Alonso Torre, Alfonso de Almería, Luis de Quero y Rodrigo Velázquez. Todos iban a caballo, llevando cuerdas alquitranadas y encendidas y hacecillos de atocha seca. La noche era muy obscura, y el terreno por donde cabalgaban muy escabroso. Al anochecer del 18 llegaron a las inmediaciones de Granada, y poco después atravesaron el puente de Genil. Echaron pie a tierra, y en un sitio escabroso y algo oculto se recogió a los caballos, quedando guardándolos Jaén, Castro, Torre, Almería, Quero, Velázquez, Peñalver, Jiménez y Guzmán. El resto de la gente, mandados por Pulgar y guiados por el converso Pedro, saltaron por entre los noques de las tenerías, y cruzando por las callejuelas de Gallinería, Zacatín, Azacaye, Aduana y escribanos, llegaron a la puerta principal de la gran mezquita. Una vez allí el insigne manchego clavó con su puñal en la enrejada puerta el pergamino del Avemaría, y luego, encendiendo con la cuerda alquitranada el hacha de cera, púsola en el suelo a modo de candelero, orando todos ellos por breves momentos con el mayor fervor.

Concluida esta primera parte del juramento de Pulgar, se dispuso a cumplir la segunda. Consistía ésta en pegar fuego a la Alcaicería o comercio de sedas y ricas telas, y no la pudo llevar a cabo porque Montemayor había apagado la cuerda alquitranada que sirvió para encender el hacha de cera.

 



Descubiertos por el guarda, se abrieron paso con sin igual denuedo, llegando todos sanos y salvos al punto de partida.

Enterado Boabdil, castigó severamente a los suyos y destrozó entre sus manos el pergamino del Avemaría.

Por este hecho se concedió a Pulgar derecho a capilla y enterramiento en la primera catedral que se construyese en Granada.

Llegó un día en que Granada, último baluarte de la dominación musulmana, tuvo que rendirse, y cuenta un historiador que la Reina Isabel llamó en seguida a Pulgar, y al darle cuenta de que le nombraba guarda mayor de la puerta de Batrabayón y de la Mezquita, le dijo:

-¿Estás contento?

-Mucho, señora, porque se ha llegado a la unidad nacional.

No está de más el recuerdo ahora que ciertos disolventes pretenden deshacerla…

Pulgar hizo testamento el 2 de agosto de 1531 y murió el 11 del mismo mes y año. Sus restos se conservan, junto a los de sus primeras mujeres, en la capilla de su nombre en la iglesia parroquial del Sagrario, muy cerca de la puerta de la Mezquita donde realizó su hazaña del Ave María.

 

José Balcázar y Sabariegos, ABC (Madrid) 1 de agosto de 1931, páginas 10, 11 y 12



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