El arraigo de estas celebraciones como demostración de luto y dolor por sus monarcas se intensifica en el siglo XVIII. Tras la orden recibida el 9 de Septiembre de 1758 del Rey Fernando VI.
"Honras generales y demostraciones
de sentimiento que en semejantes casos se acostumbra" por sesión
celebrada al día siguiente La Ciudad manda solemnes funerales por su esposa Dª.
María Bárbara de Portugal con establecimiento de un túmulo y ceremonias
religiosas que se llevaron a cabo en la citada parroquia. (A.A.C.R. Actas Capitulares,
Leg. 25).
Al año siguiente el día 26 de Agosto se recibe carta orden de la Reina Gobernadora:
"Dispongáis que en esa ciudad se
hagan las honras, funerales y demostraciones de sentimiento que en semejantes
casos se acostumbran,... y visto por la ciudad acordó se hagan las debidas
exequias con forme a lo que se debe y acostumbra en semejantes ocasiones, como
se ejecutaron por las muertes de los Señores D. Luis I (ocurrida en 1724) y Don
Felipe V (ocurrida en 1746), las que se han de executar y celebrar el Domingo
16 de Septiembre próximo que viene en la iglesia parroquial de Nuestra Señora Santa
María del Prado, Patrona de esta ciudad, asistiendo ambos cabildos secular y
eclesiástico... Habiendo llegado hoy 16 de Septiembre de 1759 esta ciudad
poniendo en ejecución su decreto y acuerdo del día 31 de Agosto próximo, siendo
como las nueve horas de la mañana se juntó y compuso su cuerpo místico en las
reales casas del ayuntamiento y acompañado de se nobleza y con los maceras y
portero vestido de vayeta y todos con lutos rigurosos fueron a la Iglesia
Parroquial de Nuestra Señora Santa María del Prado su patrona a donde se han
executado las honrras y exequias por nuestro difunto llamado Rey y Señor Don
Fernando el Sexto que Dios goza... un túmulo de 7 cuerpos de alto hasta el
Camerín de Nuestra Señora... y una almohada de la misma tela y encima de ella
una efigie de Nuestro Señor Cruzificado con antorchas de peso dos libras en un
candelera grande de plata y encima de dicha almohada de damasco negro la corona
de perlas preciosas de mayor estimación que tiene Nuestra Señora y su centro gran
de de Plata" (A.C.C.R. Actas Capitulares, Leg. 25).
Otros documentos en los que se narran acontecimientos fúnebres regios, se nos han conservado en el archivo Parroquial de Santa María del Prado, como el realizado tras la muerte de la reina Isabel segunda esposa de Fernando VII el día 16 de enero de 1819, fue organizado por los regidores D. Vicente Curruchaga y D. Manuel Mexia de la Cerda. Se encargó de la estructura del túmulo el arquitecto D. Joaquín Romero y todo ello bajo la dirección religiosa del cura propio de la Iglesia D. José Francisco Gómez Freire. Celebró la Misa por enfermedad del cura el beneficiado D. Luis Valverde Sarabia, comisionado del Santo Oficio de la Inquisición y predicó D. Francisco José Fernández Toral, guardián del convento de Franciscanos, asistiendo todo el vecindario con todas las autoridades. Terminado el Funeral el Ayuntamiento recibió el pésame de los asistentes siendo después despedido en las puertas de la Iglesia por el clero de las tres parroquias.
"El túmulo levantado en el centro de la Iglesia estaba formado de un zócalo poligonal de tres lados iguales, imitando a mármol negro de San Pablo estrellado y floreado de blanco todo el fondo y partes donde prometía la mejor vista, dándole de diámetro todo el ancho de la Iglesia, cortada por un extremo, que contiene 60 pies de latitud y 6 de alto..., el segundo cuerpo constaba de ocho pies de diámetro y seis de elevación. Se hallaba guarnecido de esqueletos formados de sedas blancas y amarillas, sobrepuestas en terciopelo negro y en los ángulos varios atributos reales, y en el tercer cuerpo que sólo constaba de cuatro pies, representando la urna sepulcral, donde se guardan las cenizas de la reina nuestra Señora, colocándose sobre el cúspide de la fachada principal de la urna un rico almohadón que sirvió de base a la real corona y centro" (A.P.N.S.P., Leg. 1018. Folio 32).
También queda constancia en el citado legajo, que los días 7 y 14 de Febrero de 1819 hubo funerales por las almas de Carlos IV y su esposa Da María Luisa de Borbón.
En Ciudad Real la devoción que inspira
desde la Edad Media la Virgen del Prado, a la cual consideran como la única
Reina y Señora de estas llanuras, es cada vez más intensa. Esta devoción fue en
aumento desde que, con la desaparición del poderío de los Calatravos, la
devoción a la Virgen Blanca llegó casi a extinguirse. No obstante, se nos han
conservado algunos testimonios de la devoción que Ciudad Real tuvo también a la
Virgen Blanca de los Calatravos. Tenemos noticia de ello por la visita a la
Encomienda de Carrión del 15 de Agosto de 1721.
"Vimos y visitamos la ermita de Nuestra Señora de la Blanca que está en la fortaleza de los muros caídos de Calatrava la viexa en la cual fuimos informados que los vecinos de la ciudad de Ciudad Real celebran fiesta el día de la Cruz de Mayo... y hayamos la dicha ermita bien aderezada y el altar decente... mandamos que se conserve la costumbre sin que los vecinos de la dicha ciudad puedan adquirir más jurisdicción a la que de derecho les pertenece... Visitadores Juan Fernández Triviño Verlarde caballero profesor de la Orden de Calatrava, digidad seglar y Fray Miguel Cejudo capellán de Su Majestad Prior de Valencia". (A.A. de Carrión, caja ne 1, Leg. 1-1-3).
De este mismo año pero a 8 días de Junio por los mismos visitadores se conserva la visita hecha a la fábrica y rentas de Nuestra Señora la Blanca, sita en la ermita del Santísimo Cristo de la Consolidación de la Villa de Torralva de Calatrava.
"Mandaron sus señorías que en atención a la corta rrenta que se ha reconocido tiene esta obra pía en cada un año, que consiste sólo en los dichos 32 reales y 23 maravedís de los rédidos de las dichas 5 ecrituras de censo, lo qual no alcanza para los gastos precisos de la zelebridad de la fiesta de la sagrada imagen de Nuestra Señora la Blanca en su glorioso día de la Asunción... mandaron que Manuel Díaz Val monte, sacristán... continúe cobrando con el celo que ha hecho hasta aquí..., y porcure adquirir las limosnas que puediese de los devotos y que se haga y celebre dicha festividad. (A.A. de Torralba, Caja 273, Leg. 280).
En esta misma caja, en libro pergaminado, se conserva relación de las rentas para los años 1569 siendo piostre Alfonso de Carrión de 7.552 maravedís y del año 1646, 4.701 maravedís. Otros legajos posteriores a la visita nos dan las siguientes rentas: 1784, 640 reales, 14 maravedís, 1786 660 reales, 11 maravedís, 1826, 546 reales 22 maravedís, siendo piostre Bernardino Villanueva.
Isabel Mansilla Pérez y Soledad
López Fernández en “Devoción Mariana y Sociedad Medieval. Actas del simposio”.
Instituto de Estudios Manchegos 1988
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