martes, 8 de abril de 2014

LA SEMANA SANTA DE CIUDAD REAL EN LOS AÑOS 10 (I)


El Niño Jesús de Santiago, llevado en hombros de pequeños cofrades, gracias al entusiasmo de la familia Messía

La desaparecida “Hoja del Lunes”, publicó en el año 1971 durante varios lunes, unos artículos escritos por D. Cecilio López Pastor, que comenzaron a publicarse el lunes 8 de marzo y terminaron el lunes 5 de abril, sobre la Semana Santa ciudadrealeña en la década de los años 10 del pasado siglo XX. Por el interés histórico de estos artículos, que nos relata cómo se vivía en aquellos años nuestra celebración pasional, voy a reproducirlos en varios días.


TRES “PASOS” FIGURABAN EN LA PROCESIÓN PERCHELERA DEL BARRIO DE SANTIAGO, EL JUEVES SANTO

El Niño Jesús de la familia de Messía de la Cerda.- Un recuerdo al párroco Espadas.- El médico don José Martín y el “Ecce Homo”.- Salazar, los hermanos Sobrino y Villaseñor, Sánchez y otros labradores, orgullosos de su “Longinos”.- El panadero Silvino Campos y la “Santa Espina”

Semana Santa de principios de siglo en Ciudad Real. Nuestra capital no ha salido aún de su ambiente pueblerino, de su escasa urbanización- en la sección de calles comerciales que hemos venido publicando hasta la pasada semana nos hemos referido, en varias ocasiones, a los tablones que unían una acera con otra para que los peatones pudieran pasar los días de lluvia- de ese atraso que pesaba sobre todos, achacable a anteriores generaciones. Y la Semana Santa no podía ser una excepción. En más de una ocasión lo hemos oído referir a nuestros abuelos admirados del auge que las procesiones de Ciudad Real habían cobrado por los años veinte. Aquellos penitentes que aún portaban enormes capuchones valiéndose de varillas martirizantes, que es de suponer pesarían no poco. Nazarenos sin uniformidad en calidad y colorido de las túnicas, terminadas en largas colas, que habían de llevar recogidas para evitar mayores males. Imágenes pequeñas y modestísimas en su gran mayoría, de autores noveles o ignorados casi todas.

EL PARROCO ESPADAS

Pero en Ciudad Real había personas que no estaban conformes con estas procesiones de escasa importancia, que es de suponer no movieran demasiado a devoción, pues los desfiles de penitentes causaban risa en muchos momentos –así lo hemos oído referir- cuando se daban golpes con las varillas en los balcones o la gente menuda se dedicaba a tirarles de las túnicas, prolongadas, como hemos dicho, en larguísimas colas. Y no faltó el hombre modesto, pero entusiasta capaz de realizar el milagro. Eran los años primeros del siglo recién estrenado. Don José Antonio Espadas -¿de origen daimieleño tal vez?- ecónomo de la parroquia de la Merced primero y párroco de Santiago Apóstol años después, tomó la feliz iniciativa de organizar una Semana Santa que pudiera compararse con las de otras capitales y pueblos que iban gozando de justa fama. Su celo y entusiasmo fue contagioso y según leemos “con tesón a prueba de obstáculos e inconvenientes, pronto encontró hombres de prestigio social y amantes de su terruño hasta el sacrificio”. Lo cierto es que en noble emulación, las distintas Hermandades y Cofradías, que arrastraban una vida espiritual lánguida y una manifestación externa sin categoría, se remozaron, constituyéndose otras nuevas hasta lograr que el Jueves y el Viernes Santo salieran procesiones de las tres parroquias que entonces existían.


LA TARDE DEL JUEVES PARA EL PERCHEL

De siempre el barrio más popular de Ciudad real, como tal, fue por el Perchel, realmente no sabemos por qué, y bien que nos agradaría que algún viejo ciudarrealeño nos lo dijera. Y como estos hombres eran muy amantes de las cosas de su ciudad y de su barrio, con estimables colaboraciones, lograron que su procesión, la del Jueves Santo por la tarde, no quedara rezagada en categoría en relación con las demás.

Pronto quedaron establecidas las tres Hermandades del Perchel: la del “Ecce-Homo” o “Pilatos”, como era más conocida; la del Santísimo Cristo de la Caridad o “Longinos”, que así sigue llamándose popularmente; y la de la Santa Espina.

Pero debió establecerse por entonces la costumbre de que las tres procesiones de las respectivas parroquias fueran encabezadas por una imagen del Niño Jesús, cuya túnica fuera del color predominante en cada desfile. Así, al de Santiago correspondía el rojo; y roja, bordada en oro, es la túnica que desde aquel entonces viene vistiendo la bella imagen del Niño Jesús el Jueves Santo por la tarde. Dicha imagen, salvada de los avatares del 36 y su persecución iconoclasta, ha sido patrimonio de la familia de don Eduardo Messía de la Cerda, cuyo abuelo, del mismo nombre, fue alcalde de Ciudad Real, corriendo a su cargo la conservación y costeando las túnicas de los pequeños penitentes.


EL “ECCE HOMO”

Según las noticias que hemos podido recoger, era esta Cofradía de reducida actividad, hasta que a principios de siglo se hiciera cargo de ella el médico don José Martín Serrano, que logró darle un impulso extraordinario ayudado por vecinos del barrio, entre los que se debe recordar a los Balcázar, Hidalgo, Turrillo, etc. El propio hermano mayor señor Martín Serrano, regaló la rica capa de terciopelo bordada en oro que aún lleva la imagen de Jesús.

El “paso”, obra del escultor Zapater, si no nos falla la información, representaba el momento de la presentación de Jesús al pueblo, por Poncio Pilato, recién coronado de espinas. Ambas figuras se hallaban colocadas ante un balconcillo y completaban el grupo escultórico un soldado romano y el niño de la palangana o jofaina, más un sillón romano y un vistoso dosel.

Los hermanos vestían y visten aún, una de las túnicas más bonitas de la Semana Santa ciudarrealeña: de blanco-hueso la lana de ella, adornada con una greca romana en color eminencia, y de este mismo color es el capillo y escapulario, llevando bordada aquel la flor pasionaria distintivo de la Cofradía.

Justo es que se consignen los nombres de otros entusiastas cofrades, ya en años posteriores hasta el 36, que engrandecieron esta Hermandad: Sánchez de León, Abenza, Crespo, Arteche, Ruiz y quien escribe estos recuerdos de nuestra Semana Santa.

Destruido el “paso” en la fecha citada, el nuevo es obra de los escultores Illanes y Castillo Lastrucci, así como el rico trono tallado en madera.

“LONGINOS”, LA HERMANDAD MAS POPULAR

De esta procesión de Santiago era la Hermandad más popular, la del Cristo de la Caridad. Los de “Longinos” tenían a gala ser los mejores, en noble emulación con las otras dos Cofradías de la tarde del Jueves Santo. Fue fundada el 1908, siendo ya párroco don José Antonio Espadas y desde entonces tuvo dedicada una de las capillas, la de la izquierda del prebisterio, del templo parroquial. El “paso” primitivo constaba sólo de la imagen del Cristo y el culto y conservación, en el siglo pasado, estaba a cargo de don Fernando Palacios, conde de Montesclaros. Posteriormente se completó como en la actualidad.

Los nombres de Luis Salazar, Juan Manuel Sánchez, Manuel y Félix Sobrino, Pablo y Manuel Villaseñor, junto a otros animosos agricultores y hortelanos, y más recientemente los de Luis Moncada, Mariano Alcázar, Antonio Blanco, Luis Jiménez, Francisco Granados, y, especialmente José Cabañas son acreedores al reconocimiento de los buenos ciudadrrealeños, por el esfuerzo realizado para el engrandecimiento de cofradía tan popular cuyo “paso”, que representa el momento de la lanzada, igualmente fue destruido, siendo el actual del escultor Rius.

La Santa Espina, único “paso” que no era posible reconstruir después del 36, aunque también falte “La Enclavación”

LA SANTA ESPINA

Un modesto panadero, Silvino Campos, fue quien hizo resurgir la Hermandad de la Santa Espina, que representaba en su “paso” una artística custodia flanqueada por dos ángeles, en cuyo relicario se guardaba según tradición, una de las espinas de la corona de Cristo. En los tiempos que nosotros recordamos ya, incluso nos vestimos algún año en esta Cofradía, el peso principal de la misma lo llevaban don Juan González Dichoso, alto empleado de la Casa Sánchez Izquierdo, que vivía en la calle del Corazón de María, y el impresor Maximino Díaz.

No se logró reconstruir el “paso” ni la Hermandad y queda sólo el  recuerdo de estos entusiastas hombres por la devoción a la Santa Espina, que cerraba, por aquellos años la procesión de la parroquia de Santiago.

Su procesión constituía un acontecimiento para el típico barrio. Los vecinos que tenían la suerte de que pasara por sus calles, las engalanaban e iluminaban y hasta se hacían por algunos las típicas limonadas, para que pudieran refrescar los hombres del “paso” todos llevados a hombros por aquel entonces. Largas filas de sillas llenaban las aceras y vecinos de otros barrios confraternizaban con los percheleros. El desfile se hacía más penoso para las penitentes por la deficiente pavimentación del recorrido, que en días en que había llovido suponía un autentico sacrificio, por tener que salvar los charcos, más numerosos de lo que fuera de desear.

La procesión de Santiago terminaba cuando ya estaba saliendo casi la de Jesús Nazareno, de la parroquia de San Pedro, razón por la que muchas familias habían de hacer la cena bien ligera. Pero de todo esto ya escribiremos la próxima semana.

CECILIO LOPEZ PASTOR
(HOJA DEL LUNES, AÑO VII Nº 210, LUNES 8 DE MARZO DE 1971)


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