domingo, 13 de abril de 2014

LA SEMANA SANTA DE CIUDAD REAL EN LOS AÑOS 10 (IV)



LA PROCESIÓN DEL VIERNES SANTO POR LA TARDE, CON CINCO “PASOS”

“La Enclavación”, con su modesta Hermandad, única no restaurada. El Cristo de la Piedad y el entusiasmo de don José Gómez y don Fernando Vázquez- Alsina y el Santo Descendimiento

A las dos horas escasas de haberse “recogido” la procesión del Viernes Santo por la mañana, con el gentío apiñado en la calle Cuchilleria y alrededores del templo parroquial de San Pedro, ya estaba “Menchita” batiendo el tambor para avisar a los “armaos”, que habían de dar guardia a Cristo muerto, en la solemne procesión del Santo Entierro, que partía de la parroquia de la Merced, presidida por el Obispo Prior y todas las autoridades, éstas con su chaqué o levita sin que faltase la chistera, en aquellas fechas de obligado uso en los trajes de ceremonia.

Pero antes de seguir adelante un inciso, para aclarar algún leve reproche que se nos ha hecho, indudablemente con razón. Insistimos en que la referencia que estamos haciendo en estos reportajes, sobre la Semana Santa ciudarrealeña, alcanza la década de los años 10 y casi el 20 y el 21, porque resulta muy difícil delimitar y señalar la fecha exacta de algunos acontecimientos, relacionados con nuestras procesiones pasionarias. Tal nos sucedió con el “paso” del Santísimo Cristo del Perdón y de las Aguas, que hasta final de esta década citada no se le agregaron los dos ladrones, pues hemos visto unas fotografías de los años 15 o16, en que solamente figuraba el Santísimo Cristo. Más tarde es cuando se agregaron las otras dos cruces y fue entonces cuando el pueblo comenzó a llamar a este “paso” el de las “Tres Cruces”. Si alguno de los más allegados a esta Cofradía –nos referimos casi concretamente a los hermanos Rojas Dorado- pudiera aclararnos la fecha exacta, la consignaríamos con mucho gusto.

EL NIÑO JESUS Y “LA ENCLAVACION”

La procesión de la tarde del Viernes Santo siempre la recordamos iniciada por la Guardia Civil a caballo, en traje de gala, inmediatamente detrás la pequeña imagen del Niño Jesús con túnica negra, llevada en andas por pequeños cofrades, que en corto número le acompañaban también, ¿verdad Celestino? La familia Ayala era la encargada de custodiar la imagen el resto del año y de “gobernar” su salida procesional.

La primera Hermandad que desfilaba en esta gran procesión de cinco “pasos” era la de “La Enclavación”, en la que se nos ha dicho tenía gran participación el gremio de la madera. Era un grupo escultórico de discreta categoría artística, pero que impresionaba por su tamaño y por el momento de la Pasión de Cristo que representaba. En los años que a nosotros llega el recuerdo, era un veterano trabajador creemos que apellidado Moraga, quien lo sacaba a la calle, pues el número de cofrades no debía ser ya muy nutrido. No falta quien nos contó que este “paso” no había formado siempre en esta procesión, pero realmente no tenemos confirmación de ello. Sus penitentes portaban faroles de acetileno y el hecho de llevar el capillo granate oscuro, puede que afirme aquella información, pues ya sabido que el color predominante en estas Cofradías del Viernes Santo por la tarde era el negro.


No hemos de hacer un reproche –solo elogios se merecen por su entusiasmo y actividad- a los hombres sobre los que recayó el peso de  la reconstrucción de nuestra Semana Santa por los años cuarenta. Pero ese reproche si hemos de hacérselo a todo Ciudad Real, a  tantos como se proclaman amantes de su Semana Santa, y permitieron que, como en el caso de “La Coronación”, nos quedásemos sin contar con momento tan trascendental como el de “La Enclavación”. Si no fuera evidente la crisis porque atraviesa en Ciudad Real la Semana Santa, motivada por varias razones que no es este el momento de analizar, nos atreveríamos a sugerir que la Hermandad del Cristo de la Piedad, de tanta raigambre y solera, como seguidamente vamos a reflejar, le echara valor, recabando ayudas, y consiguiera que el momento de clavar a Jesucristo en la cruz precediera a su bella imagen titular, por la que tanta devoción se siente en nuestra capital. Nuestro modesto apoyo no le faltaría a quien se decidiera a completar este “paso” tan añorado por los que ya pasan de la cincuentena de años que recuerdan el grandioso grupo del monte Calvario.

EL CRISTO DE LA PIEDAD

Es tradición en Ciudad Real que en el siglo XVII se inició ya la devoción a una imagen del Crucificado atribuida a Luisa Roldán, más conocida por “La Roldana”, con el nombre del Santísimo Cristo de la Piedad, a la que se daba culto en la iglesia de Santa María la Mayor, posteriormente elevada a Catedral o Santa Iglesia Prioral al instituirse el Obispado Priorato de las Cuatro Órdenes Militares. Hasta nosotros nos ha llegado la referencia que esta imagen fue realizada  con el propósito de ser colocada en el magnífico retablo que preside nuestra catedral, pero al subirla hasta lo alto del mismo y debido a la distancia con que había de ser contemplada, resultaba de pequeño tamaño y hubo de hacerse otra imagen mayor. Si es cierta o no esta tradición, no somos nosotros quién para afirmarlo ni negarlo, pero sí lo consignamos para la debida constancia.

A principios de siglo, un grupo de buenos ciudarrealeños amantes de las cosas de su tierra y estimulados por el ya citado párroco don José Antonio Espadas, constituyeron la Hermandad del Santísimo Cristo de la Piedad, siendo don José Gómez y don Fernando Vázquez quienes llevaron el peso principal de formar la nueva Hermandad, pero contando con personas tan devotas de la antigua imagen como los señores Martín, Víctor Cantos, Medrano Rosales (don Ramón), que fuera hermano mayor, como igualmente el militar señor Sánchez de León, don Juan de la Cruz Espadas y don Félix García Ibarrola, hasta el año 36, y posteriormente los señores don Alfonso Navarro y don Rafael Ayala Cueva, siendo un gran entusiasta de la Cofradía don Ángel López Calderón, con acreditado gusto para el adorno del trono, cuajado de claveles rojos.

El desfile de esta Hermandad, con túnica negra y capillo del mismo color, portando los cofrades hachones de cera, era de gran fervor y seriedad en esta procesión oficial del Santo Entierro, incorporándose, como la Dolorosa, desde la catedral, hasta la Merced, en la calle de Toledo. La imagen hacía subir un punto de emoción a los espectadores, que al ser llevada en andas por un grupo de costaleros vistiendo túnicas negras, hacían balancear la gran cruz con un sonido característico. A su paso se cantaban numerosas saetas, especialmente en las calles del Compás y Lirio, como al llegar a la plaza de Agustín Salido, desde uno de los balcones donde siempre había de detenerse para que una voz femenina bien conocida moviera a devoción a los que ya esperaban escuchar la bien timbrada voz de una mujer nacida en el popular barrio de Santiago. Era especialmente emotivo el momento de quedar encuadrado el “paso” en el principio de la calle del Lirio, tras la trabajosa maniobra de los costaleros, dirigidos por su capataz, procedente del Compas de Santo Domingo. El genial poeta don José Luis Barreda Treviño dedicó al Cristo de la Piedad un bello soneto, del que son estos versos:


¿Por qué, Señor, tanta bondad conmigo?
Al que a tus leyes hizo vil desprecio,
con tu clemencia pagas su pecado.
En tu piedad inmensa busco abrigo,
yo que, ¡pobre de mí! Ingrato y necio,
los clavos de tu Cruz he remachado.

La venerada imagen fue destruida el año 36, como tantas otras, y al reorganizarse la Cofradía en los años cuarenta, se adquirió una artística talla del imaginero sevillano Castillo Lastrucci, que igualmente hizo el bello trono, constituyendo uno de los mejores “pasos” de nuestra Semana Santa, gracias al interés y celo de don Rafael Ayala Cueva, luciendo en su procesión una rica colección de estandartes bordados en oro, que representan  las Siete Palabras de Cristo en la cruz. Lástima que, por dificultades de contar con personal idóneo, se sustituyera la tradición de ser llevado a hombros por la carroza con ruedas, aunque buscase la fórmula de que fuera lo más idóneo a cuando se llevaba en andas.

Es interesante destacar que cuenta la Hermandad con un estandarte pintado por el gran artista local Ángel Andrade, cofrade fervoroso del Cristo de la Piedad, así como un cetro de plata de ley para el hermano mayor.

EL SANTO DESCENDIMIENTO

Seguía a continuación del Cristo de la Piedad un conjunto escultórico de Alsina, representando el momento de ser bajado de la Cruz el cuerpo muerto de Cristo. Y con el nombre de “Santo Descendimiento” se constituyó la nueva Hermandad, que tuvo numerosos cofrades, especialmente del ramo de la construcción, aunque la familia Pérez, de tanta vinculación con las cosas de Ciudad Real, fuera muchos años rectora de la Cofradía, siendo hermano mayor el abogado don José Pérez Fernández. No hemos podido obtener mayor número de datos sobre la primitiva Hermandad y quienes fueron sus principales propulsores.

Los penitentes visten desde hace muchos años valiosas túnicas de terciopelo negro con capillo blanco y portan faroles, que fueron modificados al reorganizarse la Cofradía en los años cuarenta, siendo el “paso” actual del escultor Marco Pérez.

Con el fin de no hacer demasiado extenso el reportaje retrospectivo de esta semana, dejamos pendiente para la próxima las dos Hermandades que cerraban esta procesión y la de la Soledad, con que finalizaba nuestra Semana Santa por los años a que nos estamos refiriendo.

CECILIO LOPEZ PASTOR
(HOJA DEL LUNES, AÑO VII Nº 213, LUNES 29 DE MARZO DE 1971)


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