miércoles, 3 de septiembre de 2014

NEGOCIOS DE TODA LA VIDA DE CIUDAD REAL: CONFITERIA Y PASTELERIA LA DELICIOSA


Inauguración del nuevo Obrador de La Deliciosa, año 1977. Antonio Moreno Cid en el centro con camisa de manga corta

La Deliciosa es uno de los negocios más antiguos de la capital con casi siglo y medio de vida, iniciada con José Antonio y Cayetano Bermúdez, conocidos como “Los petates”.

Desde 1967, la historia de La Deliciosa, como suele pasar en los negocios familiares, es también la historia de la familia Moreno-Cid Cruz, año en el que Antonio Moreno-Cid y Antonia Cruz adquieren la pastelería.

Antonio en el centro con bandeja de pasteles en Malagón, 1949

Es el momento del joven matrimonio, después de la trayectoria profesional de Antonio, que se inició, siendo muy joven, en la segunda mitad de los años 40, en la posguerra, en Malagón Mazalmendra. Más delante, durante la milicia en Madrid, aprovecha para adquirir conocimientos, trabajando por las noches en los obradores de la afamada pastelería Manila, lo que se reflejará más tarde en sus productos.

Las inquietudes de Antonio y el apoyo de Antonia, hacen que comiencen su propio negocio de pastelería en Malagón, y pocos años más tarde decidan “dar el salto” a Ciudad Real, donde después de las vicisitudes de la época, aperturas y cierres, y no pocas “fatigas” junto a sus cuñados abren la pastelería Tartypas. Años más tarde se separan del grupo familiar.

Drcha. A Izq. Ángel (antiguo propietario de La Deliciosa hasta 1967), junto a su mujer y a la Izq. Antonia Cruz Serrano

Llegado este momento, llenos de fuerza por la juventud, pero con una amplia experiencia, imprimen a La Deliciosa un aire fresco. Antonio en el obrador, respeta lo mejor de los productos tradicionales como los tocinos de cielo, las tortas de Alcázar, yemas escarchadas,… Pero a la vez innova e introduce nuevos productos, como por ejemplo la fabricación de croissants, algo que hasta entonces nadie había hecho en Ciudad Real. Antonia por su parte en la pastelería, gestionando el cambio con la clientela, mimándola, para conseguir hacerla suya. Aún hoy podemos ver a Antonia por su tienda y a clientes/as de toda la vida, o mejor dicho amigos/as, que pueden dar testimonio de todo esto.

Juan Antonio  Moreno-Cid Cruz, trabajando en 1984

El matrimonio no está solo, los hijos mayores crecen, y se integran en el negocio, esto conjugado con las inquietudes empresariales de Antonio, hace que se amplíe el negocio, obrador nuevo, maquinaria, nuevas pastelerías,… Juan Antonio y Jesús en los obradores, y Engracia y Mila en las tiendas. Como en todos los negocios hay luces y sombras, éxitos y fracasos, todo forma parte de la historia del negocio, de la historia de la familia, pero siempre con los principios que están grabados en el ADN familiar, honestidad, profesionalidad, esfuerzo, calidad.

Actualmente Juan Antonio es el único que sigue la tradición familiar, y afirma con orgullo, y ninguna vanidad que “somos la alta costura de la pastelería”, fruto de una profunda formación y de mantener una grandísima calidad en las materias primas, y en una elaboración artesanal muy cuidada.

Antonia Cruz en la tienda de la Calle María Cristina

“Los pasteleros nos examinamos todos los días, y como suspendamos ya podemos ir pensando en cerrar. Mantenemos una grandísima calidad en las materias primas y elaboramos artesanalmente. Estamos convencidos de que el cliente se acuerda al final más de lo que ha comido que de lo que le ha costado”, añade.

Y también nos explica que, en esto como en todo, se dan ciclos. “Acabamos de pasar el gusto por lo francés, muy light, y estamos volviendo a los sabores más tradicionales. Nosotros estamos muy pendientes de estos cambios para adaptarnos rápidamente en los cinco puntos de venta que La Deliciosa tiene en la capital. Pero eso sí, siempre con unos ingredientes de la máxima calidad y elaborando artesanalmente”.

Ni que decir tiene que el éxito, si sigue así, lo tiene asegurado, como mínimo, por otros cien años.


Establecimiento de La Deliciosa en la calle María Cristina

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