jueves, 11 de septiembre de 2014

UNA DESCRIPCIÓN DE LA MUJER MANCHEGA DE FINALES DEL SIGLO XIX



La mujer manchega lo reúne todo: encanto belleza y gracia. Dulce y cariñosa como las gallegas, de facciones correctas como las valencianas y tan salada como las andaluzas, tiene en su vida una nota  más característica todavía: su sencillez, su recogimiento y la austeridad de sus costumbres. Enemiga de bailes y diversiones y poco aficionada á la vida de la sociedad, es retraída por naturaleza y condición.

Al revés que las gallegas, nunca se alegra con el baile del país, y tan sólo de vez en cuando escucha con afán, detrás de las cristaleras de los balcones o de las maderas de las ventanas, la clásica rondeña que, al compás de la guitarra, entonan los gañanes transeúntes.

Por regla general, la mujer manchega es muy hermosa. Y sobre ello existe la siguiente tradición:

“Cuando Dios hizo el mundo, distribuyó su Divina gracia entre varias provincias españolas, dotándolas de bellos paisajes, deliciosos climas, etc., etc., y por un olvido sin duda nada bueno concedió á la Mancha. Y al preguntar San Pedro qué tal le había parecido su obra, aquél  le contestó:

Señor muy bien, como todo lo que produce su Divina Majestad; pero paréceme que ha sido algo injusto con los manchegos, porque únicamente les habéis dado tierras tan poco pintorescas, que sólo agradan por la primavera, cuando nace el verdor de los cereales, y tan secas, que las únicas plantas que en ellas encuentran arraigo son la vid y el olivo: los tristes consortes de la antigua Judea; y tanto es así, que hasta los ríos que las cruzan, avergonzados de verlas, se esconden entre el carrizo y la masiega y el junco y la espadilla. Y si á esto se añade que el clima en aquella región es tan frío en invierno como caluroso en verano, comprenderá, mi Venerable Maestro, que hay algo de injusticia.

Tienes razón, mi buen Pedro; y para probártelo, desde este momento concedo a la Mancha una de las mujeres más bonitas y virtuosas de la tierra.”

Y así fue, en efecto… Y si no véase la muestra…

¿Qué cómo se llama? El nombre no importa conocerlo. Baste saber que es una muchacha encantadora, manchega de rancia cepa, y que sólo con verla será forzoso confesar que la mujer de este país lo reúne todo: belleza y gracia.

José Balcázar y Sabariegos
Ciudad Real y Septiembre de 1898.

Fuente: La Revista Moderna, Año II número 82


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