Vista de Ciudad Real desde la
carretera de Porzuna en 1953
LA VOZ DE LA CIUDAD
Las ciudades tienen un modo de expresarse.
Captar su acento, comprender su prosodia, interpretar sus intenciones, adivinar
sus inquietudes vitales, descifrar el secreto de sus enigmas, constituyen una empresa
de un hechizo irresistible.
Varia es la manera que tienen de
manifestarse. A menudo en la prima hora de la noche, si contemplamos a lo lejos
una ciudad, con el vano de luz que intenta, sin conseguirlo, besar la bóveda
celeste, aparece acariciando el tímpano, una sensación auditiva con peculiares
características. Es la voz de la ciudad, definida en un murmullo prolongado,
contorneada de sonidos opacos que oprimen todo intento individualista. De ahí,
la extrema dificultad que extraña, por ser voz de coro y no de protagonista,
conocer las intimidades recoletas de toda ciudad “oyéndola” de lejos.
Confieso que es difícil hallar el sitio
donde la ciudad hable de sus cosas con familiaridad y resolución, sintonizar su
mensaje telúrico, para oír su queja o su agradecimiento.
La voz de nuestra ciudad he podido oírla
en el Paseo del Prado. La hora, no importa cuál. Mas allí, junto a la Patrona,
Ciudad Real dice quedamente una queja que no es nueva. Queja frente a las
sátiras, críticas y tópicos de todo linaje de los agnósticos que la repudian.
En verdad que su voz habla sin engaño no
fingimiento. Fácil es la lengua de cualquier criticonzuelo para advertir
defectos de su faz urbanística. Por eso quisiera interpretar lo que Ciudad Real
dice a todos los aristarcos que se concilian contra ella. Y aunque estoy seguro
de que me quedaré a la mitad del camino, y de que no faltarían mantenedores de
profundos conocimientos y de prosa galana y castiza, doy mi empeño por bien
empleado, para loar lo mucho bueno que tiene la Capital de la Mancha, y
presentar al tozudo y recalcitrante currinche, portavoz sin ingenio de frases
despectivas unas breves razones por las que Ciudad Real merece no solo el
respeto, sino la admiración más entusiasta y rendida.

Pese a todas las construcciones
modernas, el palacio de la diputación provincial continua en primera línea de
los edificios oficiales de la capital
PASADO GLORIOSO
En la Prehistoria, era ya la Mancha,
Región natural por derecho propio, tuvo en Oretania la más bella metrópoli de
los tiempos primitivos hispánicos. Cerca de sus ruinas, y ya en la época
romana, se encontraba Clunia, Ciudad Real, si aceptamos el testimonio de Elio
Antonio de Nebrija.
Rodeada por el Guadiana, que traza en su
derredor una corona de aguas caudales que tienen nombre de latinidad y el
califato mecida su cuna por razones de orden político que tuvo a bien idear el
Rey por tres civilizaciones, surge Sabio, la capital de la Mancha, para algunos
“capitaleja”.
A pesar del remoquete, la Historia se ha
mirado en ella, el Poder de los Reyes de Castilla y León le brindo sus mejores
diademas, cervantes la pondera en la segunda parte del Quijote, y la voz del pueblo
del siglo XVI cantaba
Mañana voy a verte
Ciudad Realito
y a la Virgen del Prado
lo primerito.
La Casa Sindical, una de las mas
recientes construcciones, nos da una idea de lo que hubiera sido una calle
completa con esta clase de edificaciones
BRILLANTISIMO PRESENTE
Batiéndose en retirada el criticonzuelo
arremete contra el Ciudad Real de nuestros días, pero tal empresa es como si
trajese de la mar chirlos mirlos. De la Liberación acá, brotan de la topografía
urbana, nuevas y soberbias edificaciones: El Mercado, la Delegación de
Hacienda, la Casa Sindical, los tres Reformatorios, el Hospital Provincial, la
Casa Cuartel de la Guardia Civil, las viviendas protegidas de la Diputación, la
Cámara de la Propiedad Urbana, que forman una décima con octosílabos de nuevos
tiempos imperiales. Claro es que cuanto se terminen el Gobierno Civil el Hogar
Provincial el Instituto de Higiene y la Telefónica, ya no será décima, sino
soneto sonoro y limpio en sus en sus endecasílabos de piedra, y significativo
también, sobre todo para esa cazurrería andante que tolera sin más, anomalías
de su lugarejo natal, y niega por morboso placer de la envidia, la gallardía
flamante de Ciudad Real, que empieza ya a gustarnos.
Con sus jardincitos brindando bienvenidas
de verdor y flores, salpicando rincones y plazuelas; y el Parque, que es de las
pocas cosas que elogian los forasteros, y que a los de Ciudad Real nos resulta
ya pequeño.
Válgame Dios que si viviera hoy Cuadrado
no podría decir que “cuando visitó Ciudad Real invirtió en hacerlo una mañana,
y por la tarde no teniendo otra cosa mejor que hacer la dedicó a visitar
“Alarcos”. A fe que si visitase el Museo de pintores manchegos de la Diputación
invertiría muchas mañanas. Y por la tarde no le daría tiempo a ver el cetro de
la derrota, porque le sorprendería más de un crepúsculo vespertino,
maravillándose ante el retablo mayor de la Prioral asombrado ante la filigrana
de Capilla del Chantre en la Parroquia de San Pedro, suspendido por la
prodigiosa mezcla “del esplendor de la magna ojiva con la gallardía del arco
moruno” en la Puerta de Toledo; abismado ante la Carta Puebla de fundación de
la ciudad, con el sello y la firma del Rey Sabio; o junto a Santiago con su
torre calatrava que parte al viento con ecos de pasadas morerías; o el
maravilloso rincón de la Merced, que si Tirso de Molina resucitase no lo
encontraría mejor para sus rezos, porqué
tiene en mágica coyunda, el portento neoclásico de la Diputación con el
recoleto exterior de la iglesia, que abre un callejón estrecho que más bien se
asemeja a galería de cenobio donde en cualquier momento puede brillar la
constelación ideal de la Mística.

La nueva Delegación de Hacienda
PLEYADE DE HIJOS ILUSTRES
Y si el donoso interlocutor alega que no
brillan en el cielo de la Fama sus hijos demuéstresele quién fue el autor del
Centón Epistolario, el Bachiller Fernán Gómez; que conozca a fondo a D. Alvar
Martínez de Villarreal, de quien dice el Canciller López de Ayala que fue uno
de los hombres más doctos de su tiempo; y a Hernán Pérez del Pulgar, el de las
Hazañas, que no fue solo el soldado intrépido que se conoce, sino un verdadero
táctico del arte de la guerra y un puro hombre de letras; al preceptista Juan
de Molina; al Rector del Colegio Imperial de Salamanca, fray D. Antonio de
Cervera de la Torre; a fray Hernando de Ciudad Real, confesor de Felipe II; a
Fray Fernando de Poblete, fundador y alma de la Biblioteca del Monasterio del Escorial,
y tan admirado por Arias Montano; y para no hacer innúmero el desfile de
hombres ilustres nacidos en Ciudad Real, no está de más repetir que en la
Capital han nacido Ministros, bizarros caudillos militares, pintores de fama
universal historiadores de mérito, literatos de prestigios ganados en
certámenes poéticos, hombres de ciencia; en suma en cualquier lugar donde se
aposente la Cultura, allí tendrá asiento Ciudad Real representada por alguno de
sus hijos.
DEDICATORIA
Capital eres Ciudad Real con toda clase de
merecimientos, por la limpia ascendencia de tu origen, por dictado de la
Soberanía regia, por el empaque sonoro de tu nombre, lleno de dulces armonías,
suave al paladar, caricia de la garganta como si fuera un beso del alma; porque
has hecho de la humildad el espejo de tu conducta; porque has sido base de la
realeza, pórtico de toda lealtad, corazón de Castilla la Nueva perla de la
Mancha, es frella de la llanura, soporte de España y trono de Santa María.
Bernardo Villazan Adanez, diario
“Lanza” jueves 14 de agosto de 1952
La Cámara de la Propiedad Urbana