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lunes, 12 de junio de 2023

IMÁGENES DE LA PROCESIÓN DEL CORPUS CHRISTI 2023

 



Ayer recorrió las calles de Ciudad Real la procesión del Corpus Christi, que partió a las 20:00 horas desde la S.I.P.B. Catedral, con representaciones de las cofradías de penitencia y gloria de nuestra ciudad.












Altar instalado debajo de la ventana del camarín de la Virgen del Prado por la Hermandad de Nuestra Señora de los Dolores Ave María



Alfombra realizada por la “Peña Dinosaurio” en la calle de la Azucena



Altar realizado por la Hermandad de la Santa Cena en la calle Toledo


Alfombra realizada por la Hermandad de la Santa Cena en la calle Toledo



Altar realizado por la Hermandad de la Oración en el Huerto en la calle de la Paloma


Alfombra realizada por las Hermandades de las Palmas, Silencio y Ecce-Homo (Pilatos) en la calle Cuchillería


Balcón de la Hermandad del Santísimo Cristo de la Piedad en la Plaza Mayor


Alfombra realizada por la Hermandad de Nuestra Señora de la Esperanza en la Plaza Mayor







Alfombra realizada por Manos Unidas en la calle Prado


Alfombra realizada por la Hermandad de la Dolorosa de Santiago en la calle Prado


Alfombra realizada por la Asociación de Coros y Danzas “Mazantini”


 
Alfombra realizada por la Hermandad de la Virgen de la Misericordia en el Prado






domingo, 11 de junio de 2023

EL ALCALDE JOSE MAESTRO SAN JOSÉ IMPIDIÓ QUE SE CELEBRARÁ LA PROCESIÓN DEL CORPUS CHRISTI EN 1932

 

Comuniones de la Parroquia de San Pedro en los años cincuenta del pasado siglo XX



El señor gobernador civil ha denegado el permiso para la procesión del Corpus en nuestra capital. Extrañeza al menos, habrá de producir la orden prohibitiva. No se nos alcanza lógicamente la causa que haya podido motivarla.

Con arreglo a la circular de dicha autoridad inserta en el "Boletín Oficial” del pasado día nueve, ‘‘los alcaldes informarán sobre la tradicionalidad del acto que se pretende de celebrar y las posibilidades de alteración del orden que con tal motivo estimen se originen". A priori parece excluirse todo razonamiento y se encomienda al libre arbitrio de los alcaldes el asesoramiento, como si se tratase de una facultad discrecional y no reglada; es decir, sin otra prueba que la presunta de “estimar" la “posibilidad” de una subversión del orden público. Un simple rumor cogido al vuelo o a la oculta pasión sectaria pueden imponerse a la mayoría de los habitantes de una localidad.

Se deniega la autorización porque existen fundadas probabilidades de que pudiera producirse alteración del orden. No se nos alcanza el “fundamento” en que una "probabilidad” pueda apoyarse. ¿Ha habido manifestaciones públicas o fehacientes de hostilidad? ¿Cómo y por qué han podido ser adivinadas?

Va en otra ocasión el alcalde, a quien hemos de atribuir ese informe no sin cierta extrañeza por nuestra parte, aludió a “elementos extremistas” que se mezclaron en la manifestación de mujeres en su protesta contra la merma en el precio del pan. ¿Se refiere también ahora a ellos? Sería tanto como la ponderación oficial del extremismo local. ¿Por prudente temor? ¿Como escudo para el ataque? Lo dejamos a la responsabilidad de quien tan reiteradamente expone esos peligros; que en este caso concreto pueden comprobarse son fantásticos por todo, y por la propia autoridad gubernativa. Aquí nadie duda de que con el mismo respeto e idéntico fervor religioso que en las procesiones de Semana Santa se hubiese celebrado la del Corpus, máxime cuando la autorización sólo se solicitaba para desfilar por el recinto del Prado, que permitía asegurar con escasa policía del supuesto intento perturbador. ¡Y sin embargo...! Salta a la vista el contraste con otras capitales, incluso Jaén que tendrá precesión del Corpus, no obstante la delicada situación, social porque atraviesa. Son precisamente las autoridades quienes garantizan el orden público.

En otros pueblos de nuestra provincia tampoco se permiten mañana las tradicionales procesiones. No creemos sea buena táctica política la que siguen algunos alcaldes de convertir el “orden público” en salvoconducto para lastimar los sentimientos católicos del vecindario; por el contrario, es un medio de fortificarlos y acrecentarlos para que se manifiesten de mil modos.

 

Diario “El Pueblo Manchego”, miércoles 25 de mayo de 1932

 

El Alcalde  socialista José Maestro San José que prohibió con un informe sectario la celebración de la procesión del Corpus Christi en Ciudad Real en 1932


sábado, 10 de junio de 2023

UN PLEITO SOBRE LA DESAPARECIDA DANZA DEL CORPUS EN EL CIUDAD REAL DEL SIGLO XVI

 

 
Altar montado en la Plaza de Santiago en 1952 con motivo de una procesión eucarística 


Hervás y Buendía afirma que durante la procesión del Corpus Christi, en Ciudad Real, tenía lugar una danza a cargo del gremio de los barberos pero que en 1.530 no estaban de humor para bailar y se resistieron, entablándose el pleito consiguiente, que ganaron en Valladolid (1).

Esta afirmación enlaza con la aparición de un documento en el Archivo Histórico Municipal de Ciudad Real (2), en donde un barbero, Juan de Padilla, en 1.595 presentó una Carta Real Ejecutoria escrita en papel y sellada con su Real sello, en donde se demostraba que según sentencia de 1.580, siendo favorable a los gremios, no estaban obligados a costear los gastos producidos en la fiesta del Corpus.

Desde la reseña hecha por Hervás y Buendía, hasta la fecha de sentencia han pasado 50 años, que se podría definir como período inestable respecto a la representación de la danza.

Vamos analizar el documento parte por parte y así podremos ver más ampliamente cada uno de los aspectos que aparecen a lo largo del pleito.

En primer lugar, aunque ya hemos hecho referencia, aparece un barbero, Juan Padilla ante el Alcalde mayor de Ciudad Real, el Corregidor y Justicia de la misma, con una Carta Ejecutoria para que se diese pública noticia sobre la sentencia en que dejaba libre de gravamen a los oficiales de los oficios de la Ciudad, que según tiempos atrás venían contribuyendo para celebrar la fiesta del Corpus.

Las dos partes en el litigio serían: por un lado, los oficiales, representados por Francisco de Rueda y Hernando de Villarreal (mercader), y por otro, el Concejo, la Justicia y regidores.

Da comienzo el pleito, en el año 1.561 porque hay un malestar entre los oficiales ya que el Concejo pone nuevos tipos de recaudación a los mercaderes y oficiales, con la finalidad de sacar danzas, juegos y otras invenciones para las fiestas del Santísimo Sacramento.

Este exceso de impuestos ejercía un poder negativo en la fiesta, dando lugar incluso a alteraciones. El Concejo se justificaba de esta forma “…porque de tiempo inmemorial a esta parte ha sido costumbre usada y guardada en dicha ciudad en cada uno de los oficios que estaban residían en ella, habida consideración de los oficiales que había en cada oficio de una danza para la procesión y honra de la fiesta del Santísimo Sacramento, y lo que había costado. La dicha danza se había repartido entre los oficiales, dándoseles licencia para ello por la Justicia de la dicha ciudad y cada uno de los dichos oficiales ha pagado de su voluntad o apremiado, todo lo que se les había repartido para el dicho efecto, y así el presente era cosa regia que una costumbre tan antigua y loable se procurase de alterar y quitar a pedimento de las partes contrarias,…(3).

 



Sigue diciendo que no podía despojarse sin una causa justificada de la presencia de las danzas referidas y que su coste estaba obligado a los oficiales, incluso fuesen apremiados para pagarla, según estaba estipulado en sus exenciones. Como esto era muy antiguo no podía decirse que fuese innovador.

La base justificativa por la que tendrían que pagar las danzas los oficiales, sería la costumbre, aquí habría que definirla como una norma jurídica impuesta por el uso social. Tenía tanta importancia que en una primera sentencia resultó favorable al Concejo, aunque en la definitiva resultó contraria.

Ante la primera sentencia, los oficiales, pusieron un suplicatorio, lo que hoy se conoce con el nombre de recurso, en donde los oficiales alegan nuevas pruebas intentando cambiar la sentencia:

…la cual parece que fue notificada a los procuradores de las dichas partes, de la cual por parte de los dichos Cristóbal Sánchez Caxcado y Consortes, fue suplicado por una petición de suplicación que su Procurador, en su nombre, ante los dichos nuestro Presidente y oidores presentó que dijo que hablando con el acatamiento que debía decía ser ninguna, injusta, y de revocar, por lo siguiente: lo uno por todo lo por su parte alegado y aprobado y por lo demás general y porque por las leyes de nuestros reinos estaba prohibido el hacer nuevas imposiciones y poder repartir entre los vecinos sin nuestro mandado, y así no había podido la parte contraria hacer repartimientos entre los oficiales vecinos de la dicha ciudad para danzas y representaciones del día y fiesta del Santísimo Sacramento, prendiéndoles y sacándoles prendas por ellos sin ser sus partes obligados precisamente a la dicha contribución, y aun se repartían muchos más maravedís de lo que se gastaban y podían gastar en las dichas danzas y porque el gasto de las danzas y regocijos de la dicha fiesta era a cargo de la parte contraria y no de las haciendas de los particulares y pobres oficiales y porque las dichas fiestas y regocijos se acostumbraban a hacer y se hacían a costa de los propios del dicho Concejo hasta que de pocos años a aquella parte habían hecho la nueva imposición y repartimiento de su propia autoridad…(4).

Se ve claramente, en el texto, que hay una denuncia de abuso de autoridad por parte del Concejo, que impuso de forma arbitraria los gastos de la fiesta a los oficiales.

La cuestión finaliza revocando la primera sentencia y condenando al Concejo, Justicia y regidores para que desde esta fecha en adelante no pongan, ni consientan en que se les ponga a los oficiales imposiciones de dinero, ni de otras cosas para la fiesta que se hace el día del Corpus Christi de cada año.

En base a esta sentencia es cuando Juan Padilla, perteneciente al gremio de los barberos, hizo valer sus derechos, para que estos no cargaran con las costas que resultarían de la danza de la fiesta del Corpus del año 1.595.

Este tema queda aclarado, lo que no queda tan claro es si se seguía pagando las danzas por el Concejo. Parece ser que después de la sentencia, se haría cargo de ellas. Con el paso del tiempo intentaría que los gremios se volvieran a hacer cargo de las costas, a lo que estos no estaban dispuestos por lo que terminaron por desaparecer.

 

Julián Plaza Sánchez y Purificación Muñoz Lázaro. “Apuntes sobre la Danza durante la Procesión del Corpus Christi en Ciudad Real”. 


(1) Hervás y Buendía, I. Diccionario Histórico Geográfico, Biográfico y Bibliográfico de la Provincia de Ciudad Real. Est. Tipo. Del Hospicio Provincial, Ciudad Real, 1899.

(2) Documento 156. Archivo Histórico Municipal de Ciudad Real.

(3) Op. Cit. Nota 4. Margen 12. Tratado de un pleito que siguieron los barberos de Ciudad Real, ante la Justicia de dicha Ciudad y la Chancillería de Granada con el fin de no hacer una danza en la fiesta del Corpus Christi.

(4) Márgenes 21 y 22 del Documento citado.


Procesión del Corpus Christi en 1979


viernes, 9 de junio de 2023

RINCONES Y RECUERDOS DE CIUDAD REAL

 

Compas de Santo Domingo, años cincuenta del siglo XX. Las fotografías son del legado Salas del Centro de Estudios de Castilla-La Mancha


Cuando fue invitado a colaborar en el número extraordinario del “Boletín Municipal” de una ciudad tan querida para mí como lo es Ciudad Real, no dudé un momento en hacerlo, a pesar de que entonces nada tenía pensado, o, mejor dicho, si algo tenía, no resultaba adecuado; puesto que, dado el carácter de la publicación era preciso que se refiriera, no ya a la Mancha sino al propio Ciudad Real.

Esto me dio bastante que pensar pues ya en varias ocasiones había escrito sobre Ciudad Real. Primero en un artículo en el que traté de narrar mis primeras impresiones, cuando ya me parecían envueltos en las nieblas despasado los recuerdos de aquellos días en que fui como descubriendo la ciudad en que comenzaba una nueva vida, recuerdos que por lo lejano destilan ya melancolía. Más tarde, tuve ocasión de hablar de los viejos barrios de la Morería y de la Judería, del embrujo de sus calles en el silencio y la oscuridad de la noche, y del encanto apacible del Compás de Santo Domingo. También han salido a relucir los árboles de las plazas ciudarrealeñas, haciendo una especial mención a los “frutalitos” de hojas cárdenas de la Plaza del Pilar, que todos los años, hacia los primeros días de marzo, nos regalan con la belleza de sus precoces florecillas sonrosadas.

Aparentemente nada quedaba, pero ahora vuelvo a insistir en casi todos estos temas, con el ánimo de hacer ver algo que por lo inmaterial resulta difícil de describir. No sé si en las anteriores publicaciones lo logré, y ahora con nuevos bríos voy a intentarlo otra vez.

Hace muchos años se publicaba en Madrid una simpática revista cuyos redactores tenían la habilidad de lograr un máximo interés a veces con las cosas más intrascendentes e ingenuas. Tales eran encuestas sobre determinados asuntos, hechas por medio de preguntas a personas que entonces figuraban en el primer plano de la actualidad. Siento no recordar exactamente quien fue y a qué lugar se refirió, pero dijo, respondiendo a la pregunta. ¿Qué lugar de Madrid le gusta más?; que había un rincón, creo que, en la calle del Ave María, que él quisiera poder estrechar contra su corazón. Ya sé que no se estila hablar de esta manera y hasta parecerá ridículo a algunos, peor para ellos, pero a veces para podernos entender es preciso recurrir a tales metáforas. Así es, hay rincones, no me refiero a grandes plaza o avenidas, que son los que precisamente dan el alma, la vida, a las poblaciones, y con ellos debería tenerse una máxima consideración, al efectuarlas necesarias reformas urbanas.




Refiriéndome a Ciudad Real, la población entera me parece un rincón amable, pues como decía Unamuno de todas las poblaciones pequeñas, es un hogar para el alma. Es un rincón perdido en una región de España que tal vez sea la menos conocida. Suele decirse que se encuentra en la Mancha, pero más bien creo que lo está en el Campo de Calatrava o en el límite de ambos, pero es igual. Tierras son, cuya belleza escriba precisamente en su sencillez; no hay paisajes deslumbrantes, pero tampoco desolación y creo que esto es bastante, pues de los alrededores de muchas de las ciudades, clasificadas oficialmente como las bellas de España, no puede decirse lo mismo. Una vez oí, tantas cosas hay que oír, que Ciudad Real, que por no tener, no tenía ni campo. Pues bien, nada más falso, es una de las pocas poblaciones que está rodeada de auténticos campos, de campos tal como nos los podemos imaginar, como los que aparecen en los cuadros de López Torres y de Iniesta Saliendo por las carreteras de Puertollano o de Piedrabuena nadie será capaz de pensar que se encuentra en las arideces del Centro de España, pero aparte de estas huertas de la Poblachuela, otras muchas salpican la llanura con el verdor de los árboles que crecen junto a sus pozos y albercas. Olivares y viñedos, tierras rojizas de las siembras bajo un cielo intensamente luminoso, y entre sus ondulaciones reposa la ciudad. En su silueta, torres silenciosas nos hablan, sin embargo, de los tiempos que pasaron; mientras que los nuevos rascacielos parecen hacerlo de los venideros. En la noche, el reloj del Ayuntamiento, con sus cuatro esferas luminosas, vigila el sueño de la ciudad.

Dentro del recinto que en tiempos encerraron recias murallas, de las que por desgracia solo quedan reliquias, otros rincones; algunos me dirán que son vulgares, puede que tengan razón, pero precisamente por ello tiene esa belleza de la sencillez, que tal vez sea la más hermosa de todas. Para que una ciudad sea bella no hacen falta rascacielos, ni monumentos aparatosos, ni avenidas como trazadas con tiralíneas. No, basta con una modesta casa de dos pisos con un mirador de madera y balcones adornados con floridas macetas. Basta un farol adosado a un lienzo blanco de pared, cuya luz adormecida por un cristal esmerilado vaya a perderse entre las hojas de los árboles. Basta un muro sobrio y rudo de un viejo convento, en una calle llena de sabor, o una plaza cuadrangular desierta, sin árboles, con una vieja casa al fondote oscuro portalón con dintel de piedra y noble escudo.




No son precisos grandes monumentos con estatuas colosales, pues como oí decir en cierta ocasión al escultor Jacinto Higueras, “una estatua pequeña es tan artística que se hace grande”. Así es, y sobre todo, si tiene el encanto y la ternura de la de esa niña que a la sombra de un olmo centenario lee y lee. Lo mismo en los días calurosos de verano, que, en los crudos de invierno, y que en la primavera se ve envuelta por las rosas que comienzan a abrirse con profusión por todos los jardines de la ciudad sin desaparecer hasta el otoño. O la de esos niños que eternamente juegan con las bolas a la sombra de los muros de la catedral, bajo las hojas de los ailantos, en ese rincón del Prado que tiene un estilo inconfundible y señero.

Creo que he aludido con cierta claridad a una serie de rincones de Ciudad Real, pero esto no significa que desprecie otros. He destacado estos tal vez por ser los menos conocidos, ¿pero como no voy a recordar la belleza y el mérito artístico de la iglesia de San Pedro y de esos jardines que ambientan su entrada? y sobre todo, como no voy a decir algo del Pilar que tal vez sea el auténtico corazón de la ciudad, algo así como lo era la vieja Puerta del Sol para el Madrid de antaño, para el Madrid que murió arrollado por los tiempos. La Plaza del Pilar tiene su alma perdurable, lo mismo con la estatua de Cervantes, que con la fuente, que con la de Don Quijote, igual con los antiguos palacetes que con las modernas casas que la ensombrecen.

La vida a veces nos lleva por caminos ignorados, caminos que me trajeron a esta ciudad y que igualmente me pudieran alejar de la misma. Por este motivo aprovecho la ocasión para dejar bien sentado, que ocurra lo que ocurra, siempre recordaré con nostálgica tristeza, los tiempos de la Plaza del Pilar, cuanto tantas veces pasaba al día por la misma.

Ciudad Real, diciembre de 1968.

 

Carlos López Bustos. Boletín Municipal Núm. 28 Diciembre 1968




jueves, 8 de junio de 2023

LAS ÓRDENES MILITARES Y LOS MANCHEGOS

 

 
El Obispo-Prior D. Javier Irastorza y Loinaz, saliendo bajo palio del ayuntamiento portado por Caballeros de las Órdenes Militares en 1915



Unos nobles cruzados, capitaneados e instruidos por el Santo Abad de Fitero y que los mismo entonaban himnos de alabanza a Dios de los ejércitos en la soledad del claustro monacal salmodiando en el coro, o haciendo escondida vida religiosa de obediencia al Abad Maestre, que, dejando al breviario y los instrumentos de penitencia, pasaban al guadarnés a limpiar los correajes y estar listos y dispuestos para vestir la cota de malla y ceñirse la coraza, empuñar la lanza y la rodela y montar briosos y piafantes corceles, se enseñorearon por concesión del católico Rey D. Sancho de este pedazo de tierra castellana, cesión que se les hizo en señorío perpetuo de los feraces campos llanos de de la región de los Oretanos; y desde entonces la caballerosa hidalguía, que, arraigada en aquellos nobles pechos, había de producir sus frutos, no fue planta estéril abandonada en yermo campos, no, fue la hiedra plantada en fértil suelo adherida al viejo paredón e introduciendo sus tentáculos por las quebraduras de los sillares o por las junturas de escalfada mampostería, forma tan íntima cohesión que parece el testigo secular de unión tan amistosa con su sostén, que juntos desafiaran la longevidad de los tiempos, y juntos se derrumbarán en los profundos abismos del olvido. Amigos los calatravos de sus fueros y franquicias, ufanos los realengos por las concesiones y exenciones que su señor el Rey castellano le había otorgado como estímulo y acicate para la colonización y repoblación de este suelo que semejaba un blanco y sedoso velo roto y ajado por las pisadas desoladoras de los sarracenos, aferrado calatravos y realengos a sus fueros y concesiones respectivas, luchando unos con otros en guerras intestinas y calladas unas veces y en batallas en campo abierto otras, crearon y constituyeron una raza que teniendo en sus venas infiltradas aquellas tan gloriosas cuan cristianas tradiciones, adora a aquellas religiosas Milicias, venera con devoción singular aquellas cruces que fueron sus blasones rinde culto cuasi religioso a las Ordenes Militares y en especial a la de Calatrava que legó a los moradores de la manchega llanura, al par que a la realeza de su origen, su laboriosidad hasta el sacrificio, su nobleza de carácter, la sincera expansión de sus franquezas, el desinterés enemigo de todos los egoísmos, la hospitalidad sin recelosos temores, la sencillez del trato sin hipocresía ni dobleces, el apego rayano en delirio a la tierra feraz sin mezcla de extranjerismos, la grandeza del corazón siempre abierto a la amistad sin la resquemosa carcoma de la envidia la ufanía en el resultado de sus empresas sin vergonzosas ambiciones , la tranquilidad en el bien obrar sin el recelo del dolor y del engaño, la proclividad y natural inclinación a ideales más subjetivos que objetivos, los nobles dotes, en fin, que distinguen el carácter manchego de los moradores de otras regiones septentrionales, levantinas o meridionales de nuestra península.




Por eso Ciudad Real en la entrada triunfal de su obispo prior, y digo triunfal sin retractarme, porque no solo merece este calificativo la entrada del que ocupa dorada carroza tirada por esclavos, o ciñendo de laurel sus sienes levanta su altiva mirada sobre la apiñada muchedumbre que se agolpa a su paso; es también triunfal la entrada del que caminando a pie es objeto de miradas de complacencia que le dirigen semblantes sonrientes que se apiñan en derredor suyo, que inclinan su frente o su rodilla ante él, que le saludan con sus aplausos y agitados palmoteos, o arrojan palomas o flores que le vitorean hasta enronquecer, que le siguen y sin cesar le aclaman; por eso al ver Ciudad Real en su triunfal entrada al Prior de aquellas Milicias rodeado de un brillantísimo cortejo de Caballeros cruzados de aquellas gloriosísimas Ordenes Militares, llevando sobre sus nobles pechos las enseñas que le distinguen, al verlos entremezclados con los ministros del templo del Prado que forman la corte de honor en derredor del altar de la Reina de la Mancha , esta ciudad sentía caldeársela sangre que corre por las venas de sus moradores, rememorando otros tiempos medioevales en que tuvo su nacimiento; y al contemplar la Mitra episcopal confundida con los birretes de blanco plumaje de los Caballeros cruzados recordaba a aquel eminente Arzobispo toledano D. Rodrigo que animaba al Rey conquistador D. Alfonso el VIII y a los cruzados en la memorable y heroica batalla de las Navas , o a Fray Hernando de Talavera que entre los dos católicos Reyes D. Fernando y Dª Isabel abría las puertas de la gentil Señora de Andalucía que era esclava de Boabdil, de la hermosísima Granada.

Bien puedes, oh Ciudad Real, ciudad querida, estar ufana con legítimo orgullo de tus glorias; real es tu origen, un Rey Sabio en el emblema de tu heráldico escudo, nobles e hidalgos son tus moradores, las Ordenes Militares te custodian y te dejan a su Prior investido de dignidad y jurisdicción episcopal para que sea tu morador y conviva con tus hijos; cruzados son los ministros de tu templo mayor y tienes por fundadora, protectora especial y Patrona a la Restauradora de las dos Castillas, a la excelsa Reina de los cielos que te dejo como sagrado depósito su retrato e Imagen benditisima que cual joya de incalculable valor se venera en el Prado.

 

A. Pedrero. Canónigo. Revista “Vida Manchega” 10 de febrero de 1915




miércoles, 7 de junio de 2023

A S.M. EL REY Y AUGUSTO GRAN MAESTRE DE LAS CUATRO ÓRDENES MILITARES

 

 
El Rey Alfonso XIII en la puerta de la Catedral de Ciudad Real en 1905 vestido con el habito de Gran Maestre de las Órdenes Militares 


SEÑOR:

El Cabildo de la Santa Iglesia Prioral, que, por su misma Constitución, considera uno de sus sagrados deberes el conservar en toda su pureza, cálidas y vibrantes, a la sombra del Santuario las tradiciones católico caballerescas de sus mayores y aspira, para hacer honor a su título, a representar y perpetuar juntamente con el espíritu religioso el acendrado patriotismo de las Ordenes, cuyas heroicas hazañas y leales servicios en defensa de la Fe y de la integridad del territorio se evocan encomiásticamente en la institución del Priorato, había de ver con la más dolorosa sorpresa y vehemente indignación la campaña infame que en las páginas desdichadas de un folleto tristemente célebre ha desencadenado contra España y contra su Rey un mal patriota, un hijo ingrato y desnaturalizado al que pudiera aplicársele la frase dirigida por la madre de Nerón al fatal sicario cuando se acercaba, para darle muerte por mandato del Emperador:”feri in ventre”, no me hieras alevosamente, hunde tu daga, la daga de la difamación y de la calumnia aquí en este mismo seno donde palpitó su vida.

No hay español que de tal se precie que no haya sentido profundamente la villanía y el agravio, y en millones de pechos ha estallado espontánea, viril y clamorosa la protesta contra el español indigno que con la misma tinta que vertiera en las cuartillas de su libelo emborronó el nombre sagrado de su Patria y con indecible saña y malquerencia difamó innoblemente al Monarca caballeroso y bueno, magnánimo y bizarro, elemento y humanitario, que merced a su caritativo apostolado durante la guerra mundial, su gesto sublime de creyente en el Cerro de los Ángeles, marcial apostura y santa gallardía de Cruzado en presencia del Pontífice, no solo conquistó mayor popularidad entre los suyos, sino también el respeto y admiración de los extraños, levantando ostensiblemente nuestro prestigio por mucho tiempo abatido, en el estrado de las Cancillerías y ante el conclave de las Naciones.

 



Pero si todos los buenos patriotas han protestado airadamente con el doble ultraje a la Monarquía y a la Nación, motivo especialísimo para dar a su protesta el tono más solemne expresivo y enérgico de cuantas ha provocado el lamentable suceso existente, sin duda a este Cabildo, que se honra y gloria cual ninguno con el singular Patronato que en función de Gran Maestro, en esta iglesia y en todo el Coto de las Ordenes tan sabia y benignamente Vuestra Real Majestad ejerce; y no puede menos de ufanarse cuando contempla orlado Vuestro Real Pecho, reducto de valor y de hidalguía, con la Venera de las Cuatro Cruces que, distribuidas ordenadamente , forman el distintivo de nuestros Hábitos Corales.

Sin embargo, como no cuadra a nuestra evangélica misión ni es grato a la Realeza de Vuestro Animo, tan inclinado a la piedad y al perdón dureza en los conceptos y estridencia en la frase; ni es propio de hidalgos corazones devolver ofensa por ofensa, esta Corporación cree reflejar fielmente el limpio linaje de los más nobles y cristianos sentimientos si a guisa de represalia y desquite por el incalificable desacato, ofrece al Todopoderoso en reparación de la Patria baldonada una plegaria humilde y fervorosa y, en desagravio al Soberano que tan admirable sabe encarnar el alma hispana, hace llegar referentemente a los pies del Trono, en el día fausto y augural del Onomástico, el homenaje sincero y obsequioso de respeto profundo, rendido acatamiento, adhesión entusiasta y fidelidad inquebrantable a su Augusto Gran Maestro y Real persona de Vuestra Majestad.

Ciudad Real 16 de Enero de 1925

 

SEÑOR:

A los RR.PP. de V.M.

En nombre del Cabildo de las Ordenes Militares.

El Deán

Ramón Pérez de Vargas y de Quero,

Caballero Profeso de la Orden de Calatrava

Publicado en  el diario “Vida Manchega” 19/1/1925 Núm.1287