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lunes, 22 de agosto de 2022

ANTIGÜEDAD DE LA PRIMITIVA IMAGEN SANTÍSIMA DE NUESTRA SEÑORA DEL PRADO

 



En estos días agosteños, lejos o cerca de mi ciudad natal, ha muchos años que la fecha del 15 de agosto, influye notablemente en mi ánimo de lector, siempre insatisfecho, acuciando mi indiscreta curiosidad y orientándola a la lectura del ayer, en el que con un poco de buena voluntad, se encuentra el remanso descongestionador a la trepidante hora actual, con su tremendismo absorbente, su inversión de valores y su lenguaje inadecuado.

Hoy, que llamamos “fabulosa” a una sencilla gaseosa, o que tildamos de “divino” al cantante de ¿melodías?, obliga a pensar, con un poco de seriedad y hasta con miedo, el empleo del vocablo adecuado a la idea noble o a la devoción sentida.

Hogaño la fecha me alcanzo por tierras de Torrelaguna, en andanzas de curioseo casi infantil –simple satisfacción de enamoramiento por el Madrid antañón— viaje interrumpido por una rápida visita a la Biblioteca Nacional, a constatar unos datos que la memoria no supo o no pudo retener. La fecha, el día caluroso, las últimas noticias de LANZA sobre nuestras Feria y Fiestas, me llevaron una vez más a releer, con verdadero deleite, ese delicioso libro, impregnado de amor mariano, ingenuo y sencillo, que es Ciudad Real. Historia de la Imagen Santísima de Nuestra Señora del Prado, de Fr. Diego de Jesús María, Carmelita Descalzo y que fue Prior del Convento de Guadalajara, editado en la Imprenta Real, de Madrid, año 1650.

En otras ocasiones, y casi siempre por estas fechas, paisano, te he hablado de este carmelita descalzo, de alma de niño, que rebosante de amor, cabalga, muchas veces en su propia fantasía, en ansia de infinito amor a María. Por ello, el dato histórico en la versión de Fr. Diego, es desbordado por la imaginación, constituyéndose en motivo de duda y hasta de negación en algunos extremos, por otros autores, entre ellos el ilustre escritor D. Jaime de la Jara, en su obra del mismo título. 




A mí no me importa dejarme guiar a la exaltación por el sencillo Fr. Diego. ¡Qué más quisiera yo! Si él se manifestó con alma de niño al escribir su obra, yo también quiero tenerla, al menos mientras me recreo en su lectura. El agua es clara y transparente ante la sed del sediento, y yo tengo sed, sed provocada por vivencias dormidas y medio escondidas en los repliegues de la subconciencia, que yacen en la oscuridad, en espera del sencillo rayo de luz que las haga estremecer y revivir con el roció de la emoción. Pero la emoción solamente llega y cala hondo, si el motivo que la provocó tiene mérito suficiente para conseguirlo. El ayer, al aumentar sus páginas, sólo nos deja vivir el presente para crucificarnos en la abierta interrogación del futuro.

Mas creo estoy divagando; volvamos al libro.

 

PRIMERA EXCELENCIA:

 

“Fuerzas vuelve a cobrar aquí el sentimiento, y ahogar el corazón por la pérdida de aquel pergamino, que acompañaba en la bóveda el tesoro de Nuestra Señora del Prado, fiel testimonio, desapasionado testigo de su antigüedad. Perdiose en el Palacio de Don Sancho, como en el primer libro queda historiado. Lo que referido al tiempo en la Tradición y Escritos, es que el primer aparecimiento de la Santísima Imagen, fue el año de mil trece”.

Ahí tienes, paisano, en esa fecha, la primera excelencia de la antigüedad de Nuestra Señora del Prado, según Fr. Diego.

Siete son las Excelencias que en su libro recoge nuestro autor. De ellas te seguiré hablando en otra ocasión similar a esta, en que el recuerdo de un ayer lejano y, el sentirme parte integrante de un pueblo y unas gentes que celebran su fiesta en honor a la Patrona, me impelen a decir ¡Presente! en este atardecer agosteño de Ciudad Real, cuando entre repiques de campanas y disparos de cohetes, las calles se engalanan para presenciar el desfile procesional de Nuestra Señora del Prado. Desde lejos, con mi devoción de siempre, va mi oración homenaje a postrarme, un año más, a los pies de mi Excelsa Patrona. Que Ella te guarde, paisano.

 

Ramón López Villodre. Diario Lanza 14 de agosto de 1964

 


domingo, 21 de agosto de 2022

UNAS FERIAS “SONADAS”

 



El recuerdo de la Feria de 1924 en Ciudad Real perduró durante años. Era el alcalde don Francisco Herencia, tan repetidamente ensalzado en esta sección, y con sus felices iniciativas, plasmadas en realidades por aquel hombre todo actividad y dinamismo, lo cierto es que resultó un programa muy «apañadito» para aquellos tiempos y muy superior en calidad y cantidad de festejos a los de años anteriores.

iAh! Pero al decir de algunos, con un gravísimo inconveniente: que aquello fue un despilfarro y que el dinero del Ayuntamiento -¡del pueblo al fin!- debería haberse empleado en mejorar obras municipales efectivas, más que en diversiones y en fiestas. La crítica era fácil. Un claro exponente de ella fue el artículo aparecido en «La voz de la Mancha», semanario todo lo valiente que permitían las circunstancias, dirigido por don Julián Lucendo y Zarco, también con prestigio personal y concejal antiguo, conocedor de los problemas municipales. Su censura era más leve que grave: «Siendo alcalde el señor Herencia, hizo un alarde en nuestras ferias, aunque algo costoso…»

iPara qué quiso más el aludido! Saltó como si le hubieran pinchado, y contestó con una larga carta, publicada en la Prensa local, que comenzaba así: «Prescindiendo de la intención, nada piadosa, del comentario de «La Voz de la Mancha», ello me brinda espléndida oportunidad para deshacer todos los equívocos que alrededor de la Feria de 1924, siguen circulando...». Y a continuación don Francisco Herencia se explaya en prolijas explicaciones que nosotros sintetizamos aquí, adobándolas con acotaciones personales, cosas ambas que estimamos de relativo interés pase al medio siglo transcurrido.




La cabalgata de carrozas, venía a decir el señor Herencia, festejo calificado de «costosísimo», la disfrutó el pueblo entero y el Ayuntamiento pagó solamente ¡doscientas pesetas! por una factura de bengalas. ¿Lo demás? El Sindicato Agrícola costeó su carroza y análogamente hicieron con las suyas los ¿gremios de impresores y de ferroviarios, así como el Regimiento de Artillería. La del Ayuntamiento ya tenía la de la Reina y sus damas. (¡Algo costaría! pensamos ahora). Las músicas, gratis; Y lo mismo la labor personal de organización, que no tiene precio. La subvención para, la corrida de toros fue de 12.000 pesetas y el señor Herencia lo justifica diciendo que en años posteriores se llegó hasta las 25.000. (Efectivamente: antaño había que «ayudar» a los empresarios. Ahora son éstos los que pagan, y bien, por arrendar la plaza). ¡Las dos sesiones de «cante jondo» importaron cada noche 250 pesetas iY se recaudaron más de 1.000! «Aquí hubo negocio para el Ayuntamiento., agrega don Francisco. La representación al aire libre de la zarzuela «Maruxa» corrió a cargo de la empresa del Teatro Cervantes; el Ayuntamiento colaboró con la acotación del terreno y los gastos de luz, pero la instalación ya estaba hecha y como participó en la taquilla también fue ganancia. El «alarde musical» permitió tener dos bandas militares durante tres días; por el concierto en la plaza de toros se recaudó la mitad de los gastos. Los festejos populares, ¡una miseria! y las verbenas cubrieron los gastos. La propaganda ni un céntimo! Los diarios locales -se refería a «Vida Manchega» y «El Pueblo Manchego»-. colaboraron con desinterés. Y agregaba luego con cierta ironía: «Esa información de ferias en que por publicar el retrato del alcalde y unas líneas diciendo que ha sido el mejor y que ha hecho tal cosa y proyecta muchas más, que cuesta quinientas o mil pesetas a las arcas municipales, no existió en este caso». Y lo más costoso, después de los toros, reconocía el señor Herencia que fue lo referente a la Reina y damas, elegidas entre familias modestas. «Nada se hace sin dinero», concluía. Pero el comercio, los bares y hoteles hicieron negocio y ese dinero ingresó en la ciudad. El pueblo la gozó en grande. «Y las cuentas están a disposición de quien quiera comprobarlas ...»

Así terminó la polémica. Don Francisco Herencia aprovechó la tímida acusación de «La Voz de la Mancha» para lanzarse fuerte contra los derrotistas, y reventadores» de aquella Feria del 1924 que, ciertamente, fue menos costosa para el presupuesto municipal que otras celebradas después. ¡Todo es cuestión de saber administrar!

 

ANTÓN DE VILLARREAL. Diario Lanza “Efemérides Manchegas”, martes 19 de agosto de 1975




sábado, 20 de agosto de 2022

NUESTRAS FIESTAS A PRINCIPIOS DE SIGLO XX

 



AVIACION, TEATRO, TOROS Y RONDALLA VALENCIANA

“Martínez” en la academia, el Ciudad Real moderno y otros acontecimientos.

 

Contemplar lo que fueron nuestra feria y fiestas a principio de siglo no deja de tener interés. Eso pienso yo al menos, cuando repasando viejas colecciones de periódicos y revistas de la provincia, especialmente “Vida Manchega” y “Pueblo Manchego”, nos encontramos con crónicas realmente sabrosas sobre el Ciudad Real de aquellos años. Para los que piensen que cualquier época pasada fue mejor –nos referimos concretamente a los festejos en honor de nuestra Virgen del Prado—están en parte equivocados. Así, en 1913, una disposición del señor Alba, entonces ministro de la Gobernación, ponía enormes trabas a los Ayuntamiento para la celebración de fiestas y espectáculos, principalmente; quizás por motivos económicos de las arcas municipales. Dictada dicha orden pocos días antes de nuestras fiestas patronales, don Miguel Pérez Molina, entonces alcalde, al parecer bastante bueno, citó en el Ayuntamiento a las fuerzas vivas, acordando enviar un telegrama de protesta al ministro y que se desplazase una comisión a Madrid para evitar la catástrofe. La componían diputados, senadores, ediles y miembros de las Cámaras Agrícola y de Comercio. La cosa se arregló lo mejor posible y la capital de La Mancha pudo asistir a los festejos previstos.

 

LA AVICACIÓN NÚMERO IMPORTANTE

 

Programa un espectáculo de aviación en 1912, que obtuvo un enorme éxito en 1913, volvió a contratarse a un aviador francés, Mr. Tixier, uno de los más populares en España, que hacía “acrobacias y magníficos vuelos”, en el que pomposamente se llamaba aeródromo o campo de aviación”, actos a los que asistían con sus chisteras y levitas, autoridades –incluido el señor obispo—y corporaciones.

Hubo alguna crítica a este espectáculo, por considerar que era “repetido” y no atractivo ya de los novedosos, pero el caso es que en años sucesivos tuvimos, mejor dicho tuvieron nuestros antepasados, avión y monoplano con el señor Tixier a bordo, que debió hacer su “agosto” por aquellas fechas.

 



TEATROS, TOROS Y BAILES VALENCIANOS

 

Lo que no faltaba a principios de siglo era el teatro y los toros. Dejaba el escenario de nuestro primer coliseo, el Teatro Circo de Verano, nada menos que la Compañía de María Guerrero-Díaz de Mendoza, y vino a sustituirla la de Carmen Cobeña, que contaba en su conjunto con Camino Garrigó, Alfonso Muñoz y Fraternidad Lombera, máximas figuras entonces en la escena española.

Y hubo toros, como no, a pesar de las disposiciones del ministro Alba, con la intervención de Fuentes, Bombita III y Manolete la primera tarde y de estos tres espadas, más Flores, la segunda. Se cortaron muchas orejas y los toros fueron del Duque de Tovar.

Como número fuerte actuó en Ciudad Real la Rondalla Valenciana, que permaneció en la capital varios días, con sesiones incluso matinales y paella final con asistencia de autoridades y representaciones.

 

Y HUBO PANDORGA Y…MATINEE

 

Y “ a pesar de las cicaterías de Maldonado…”hubo Pandorga, fiesta que todos los años se celebraba. Cuentan las crónicas que Paco el ciego, Pepe el Gordo y Mazantini “arrastraron al personal” hasta el Paseo del Prado, para cantarle a la Virgen las seguidillas y torrás. Se bebieron centenares de litros de limoná, zurra y agua de cebada acompañando al puñao de garbanzos tostaos, sumándose hasta los más exquisitos de nuestros paisanos que, desde la terraza del Casino, tomaban su granadina en compañía de las bellas ciudarrealeñas de la mejor calidad.

También hubo “matinée”, así como suena, en los “magníficos salones” de la Academia General de Enseñanza, cuyo propietario y director era el alcalde don Miguel Pérez Molina en aquel 1913. Según la crónica de sociedad aparecida: “fue de lo más agradable que ha podido disfrutar nuestra distinguida clase social, durante estos días de expansión”.

 



OTROS SUCESOS POR AQUELLAS FECHAS

 

Otros sucesos por aquellas fechas, fueron la visita del “bizarro general Aguilera que vino a orar ante su patrona!” el inicio de adoquinado de la calle Ciruela, el entierro de Zoilo Vázquez, padre del ilustre pintor Carlos Vázquez, y a la colocación de la primera piedra para la construcción de casas baratas, en lo que entonces se llamaba “Ciudad Real moderno”. La bendición estuvo a cargo del obispo Gandásegui y el acto estuvo programado como “festejo público”.

Hubo felicitaciones para los organizadores de las fiestas, tanto para el alcalde…”don Miguel Pérez Molina que sin cesar demuestra a su pueblo el amor y anhelos de prosperidad que por él siente, imponiéndose cuantos sacrificios son necesarios, para el triunfo de sus loables propósitos”, como para don Leopoldo Acosta, presidente de la Comisión de Festejos, “por la amenidad del programa de Ferias”.

 

PROHIBIDO MANOSEAR LOS ARTICULOS

 

Coincidiendo con las fiestas por la Alcaldía se dictó una orden “basada en los preceptos higiénicos, para que los compradores de la plaza de abastos se abstengan de tocar y manosear los artículos de consumo”, y añadía el cronista Francisco Sastre: “Nos parece muy bien esta medida que puede evitar la propagación de enfermedades contagiosas. El comprador debe de abstenerse de tocar, pero al vendedor hay que imponerle de grado o por fuerza el que sus géneros no constituyan un peligro”.




Otra noticia curiosa de aquel año es que al distinguido joven don Pelayo Dorado se le hizo una limpieza dentaria, en la clínica de los señores Ibáñez y Serrano, que contaba con “sillón mecánico, máquina, aséptica, lujosas vitrinas abarrotadas de instrumental; todo de lo más moderno y de buen gusto que existe”.

 

LA MUJER MANCHEGA

 

Aunque es lógico que hubiésemos podido llenar varias páginas de hechos acontecidos en aquellos años (¿felices?), el espacio no nos lo permite. Por eso vamos a terminar copiando una poesía dedicada a la “La mujer manchega”, de uno de los más celebrados poetas de la época. Nos referimos a Joaquín Aguilera y dice así: “No es de nácar su faz…pero es de rosa;--nada sabe de Safo…y es poeta;--es cristiana de fe…sin ser asceta;--no es mujer varonil…pero es briosa. Sin ir vertiendo sal…es muy garbosa;--no se precia de sabia…y es discreta;--no es un tipo ideal…pero es hermosa. Poseedora de un don extraordinario, --logra hacer del hogar un santuario—con las de su virtud cándidas flores: --Diosa y vestal del páramo manchego –ella sabe guardar el sacro fuego –en el florido altar de sus amores”.

 

D. N. RAMIREZ MORALES. Extra de Feria Lanza Agosto de 1986



viernes, 19 de agosto de 2022

REAPARECIÓ “LA CHELITO”

 



La célebre artista vivió en Ciudad Real y se presentó  al público por primera vez en Febrero de 1902  en el Variedades madrileño

 

La reaparición de Consuelo Portela “La Chelito”, trajo a nuestra memoria las conversaciones que escuchamos algunas veces a nuestro abuelo cuando se juntaba con aquel amigo íntimo, ya fallecido, que se las daba de “pícaro”. Si nuestra curiosidad de niño nos hacía preguntar ¿quién es “La Chelito, abuelo?, enseguida derivaba la conversación por otro derrotero dejándonos con la incógnita. Después, ya estudiantes de Bachillerato, leímos algo sobre dicha entrecomillada dama y posteriormente nos enteramos con detalle de cuanto con ella se refirió o pudiera referirse.

Efectivamente “La Chelito” ocupó gran parte de la atención del primer cuarto de nuestro siglo. Tuvo tanta importancia en el teatro frívolo como Weyler en la política o Xaudaró en la caricatura y llegó a ser mucho más célebre que actualmente lo pueda ser Celia Gamez o Mónique Tibauth, quizás porque ella “La Chelito”, fue más condescendiente aún con nuestros abuelos que las dos “vedetes” últimamente mencionadas, lo fueron con nosotros. Por lo visto aquella cancioncilla de “La Pulga” tuvo mucho que ver con la censura teatral, quizás por lo tanto que Consuelo “dejaba” ver.

 



Dicha artista ha vuelto a nuestros escenarios con verdadero éxito. Es lógico que en estos tiempos en que tanto nos gustar mirar hacia atrás, hayamos sentido curiosidad por algo que constituyó un símbolo y por eso fuimos a ver a “La Chelito”. Nos cantó unas canciones que no habíamos escuchado en la vida algo que hablaba de “Palafox 22” o “22 Palafox” y que aplaudieron los más respetables y calvos de los asistentes, sin duda por contemporizar con sus alegres días, ya muy lejanos, en que tomaban chocolate con picatostes por un real y eran entusiastas de primera fila de nuestra referenciada y Amalia de Isauna. El caso es que, si “La Chelito” no nos hizo sentir nostalgia de otros tiempos, sí se nos grabó en la memoria, más que por sus canciones, dichas con voz algo gastada por los años y su figura, demasiado respetable ya, por lo que significó en su tiempo, en aquellos primeros años a partir de 1900, que tanto añoran los representantes de nuestra generación queriendo buscan en ellos algo que creemos nos falta, como los que nos sucedan querrán encontrar en nosotros lo que les falte a ellos.

Y he aquí que nuestra artista vuelve a las tablas para hacernos pensar y cavilar. El sólo hecho de que haya sido una celebridad nos impone un examen metódico de cuanto podamos aportar sobre ella y nosotros que tenemos en ocasiones buena memoria, recordamos que hemos leído algo sobre “La Chelito” que afecta a Ciudad Real. Es ello que Consuelo Portela vivió varios años en nuestra capital, es hija de un Comandante de la Guardia Civil que estuvo destinado en esta ciudad que se llamó don Isidro y que cuando se despertó en ella su afición artística se trasladó a Madrid con su madre y actuó por primera vez en el teatro Variedades en una función muy parecida a las que hoy popularizo la radio como “Fiesta en el aire”.




Para dar fe de lo dicho, publicamos una foto de su primera actuación, que dedicó a nuestro inolvidable profesor, don José Balcázar, entonces redactor de “El Imparcial” y que asistió al estreno.

Después nos lo han confirmado quienes de aquí la conocieron, a ella y a otra hermana también muy guapa que acostumbraban a pasear juntas llamando siempre la atención por su belleza.

“La Chelito” volvió y nosotros le dedicamos nuestras líneas. Ningún compañero nuestro en la Prensa hizo mención a esto que hoy nosotros resucitamos, que indiscutiblemente recordará ella, pues no son fácil de olvidar los años en que se conjugan con más emoción los verbos triunfar y dominar. Ella triunfó y dominó al público, a su público, cosa que nuevamente parecer haber conseguido.

De todas formas nosotros permaneceremos en la sombra viendo cómo triunfa, aunque su éxito sea tan fugaz como un cometa. De cualquier manera “La Chelito” ha vuelto a resucitar con su “Palafox 22” algo que había muerto y que por suerte para nosotros y quizá para ella, aún a pesar de su encanto retrospectivo, volverá a olvidarse.

¡Es tan triste para una flor cuenta con unos cuantos pétalos volver a ser capullo, cuando sólo marchitos!

 

DURAMO. Diario “Lanza”, 14 de agosto de 1948

 


jueves, 18 de agosto de 2022

¡AQUÍ, CIUDAD REAL EN FIESTAS!

 

Fotografías Juan Carlos Vela



¡¡Aquí, aquí es la Muy Noble y Muy Leal Ciudad Real, en ferias y fiestas de agosto!!, grita y señala nuestro vocero.

Este vocero nuestro perpetuo, perenne, por derecho propio "de nascencia".

Antes teníamos otro, porque un tercero nos nació grácil y severamente barroco, pero se malogró. No creció más de lo necesario para alcanzar dos cuerpos, y así se quedó. En el esquinazo del bajo, el sol marca la hora. El de arriba, sonreía, por la bella y grácil ventana, el orgullo de guardar el tesoro de la Virgen. Hoy. abierta en mueca de dolor esa ventana, llora el joyel perdido.

En 1778 gastaron 30.000 reales en empizarrar el vocero que había antes. A poco en 1780, como el cabildo eclesiástico decía que amenazaba ruina, empezaron a desmontarlo. Desde lo alto, iban tirando piedra a piedra con peligro de la iglesia o de las casas vecinas. Entonces tomaron no sé cuántos cuidados, más o menos eficaces. y reforzaron, en el templo, la nave que por sus proporciones asombrara al cardenal Lorenzana.




Pasaron los años, llegó el día de San Mateo del año 1817, y comenzó a surgir el actual "soberbio edificio. de cantería finamente apiconada, dos cuerpos sobre el zócalo almohadillados". Bajo una grande piedra sillar, en el cimiento o base se colocaron unas monedas, de todas clases, con el busto de la majestad del Señor Don Fernando VII, y en lámina se anotó que en este tiempo gobernaba nuestra Santa Madre Iglesia la Santidad de Pío VII, Arzobispo y cardenal de la Santa Iglesia de Toledo el señor don Luis de Barbón; su vicario en esta ciudad, el señor párroco de Santiago señor, don Manuel del Campillo, y de María del Prado, don Alfonso Noajas; corregidor, el señor don Fermín Díaz Navarro; el mayordomo de la referida parroquia don Pedro Sánchez del Pulgar, presbítero y teniente beneficiado y con todo el clero, con sus nombres y apellidos, con los regidores de la ciudad y el señor intendente don Pedro Nolasco Belarde".

Remató siendo cuadrangular y altanero y lo tocaron, como al derrumbado con caperuza de pizarra, esbelta como dardo. El mal gusto, que a principios del destrozó con deplorables obras nuestra naciente catedral, le puso el feo y achaparrado gorro de arlequín actual.




Ese vocero nuestro, pegadico a la iglesia mayor, ha envuelto sus sillares de caliza con velos, dorados, de sol poniente, acuchillado por vencejos y, a voces sonoras de metal viejo, cantando y a carcajadas, derramó por los cielos, pegados y serenos, de La Mancha en agosto, la buena nueva de nuestras fiestas de 1954 en honor de la Virgen del Prado.

Es femenino, y en el piélago de tierras llanas, es faro también. Se divisa desde las huertas de la Poblachuela -desde la más cercana de Facundo, hasta aquellas, más allá del Cristo, que sombrean, al atardecer los Castillejos-. Se aupa sobre la puerta de Toledo y guiña a la Atalaya y otea los cipreses, monjes custodios de sueños eternos. Cuando lo miramos donde concluye la calle de reyes, parece que quiere escapar para ir a ensuciarse los pies con las cenizas volcánicas de la Cabeza del Palo y tener pretexto, de ese modo, para aclarárselos en las aguas lejanas y mansas del río, a la vera de los molinos Gagión y Gaitanejo. Por encima de la torre de Santiago y de la mole conventual de la Alta Gracia, se empina para atisbar lo que queda de la prócer cuna de la ínclita Orden de Calatrava ... y ha de conformarse con mirar el tren que pasa. 




Vertical, señalando con sus cuatro aristas los cuatro puntos cardinales, con pies de roca con cúspide capaz de arañar la fatídica nube de San Urbano, la torre catedralicia -ella es el faro y el vocero nuestro- derrama destellos de campanas por las niñas de sus cuatro ojos y marca el refugio, sereno, del Prado, donde se amansan encrespadas olas de tolvaneras de polvo de eras y de vilanos de cardonchas; amagadas del caserío, chato; turbulentas, de malas pasiones; bullangueras de verbenas, toros, gigantones y músicas; bienolientes a madera de casetas de feria y a mies mojada de tormenta, y apestosas de aceite, refrito, de churros; dolorosas de recuerdos y añoranzas, y felices de esperanzas, que llegan, revueltas y turbias, y, al unirse con las verdes y plácidas de la arboleda del Prado -puerto de Bonanza-, se remansan, transparentes de amor, a los pies de una morenica subida en trono de plata, con palio de oros y sedas y con retablo que madera que hizo Juan de Villaseca y talló Giralda de Merlo en 1611.

 



La Morenica, digo, que aprieta al Hijo contra su pecho y se orla con campanillas muleras porque Ella lo quiso ~como buena labradora- y el Niño apetecía para sonajero, adormecedor y campesino, cuando, cansado de bendecir, se acurruca en los brazos de María en sueños celestiales de ángeles de espigas, de olivos plata, de majuelos esmeralda, de perdón, de lejanías infinitas, ardientes ... de nanas de canciones infantiles en la arena del paseo, al corro:

"San Pedro, tacilla;

Santiago, el Perchel;

La Virgen, la rosa,

 y el Niño, el clavel.

Ningún mejor trovador y juglar, con lengua de badajo, que nuestra torre encaramada en el escarpe santo de su catedral. Su voz la habéis oído, hoy, aquí. Sus ecos se desparraman Mancha adelante. Los siente el ciudarrealeño perdido en el más remoto -confín. ¡Llevamos sus ecos agarrados en los entresijos del alma! En este preciso instante, el ciudarrealeño, esté donde esté, siente el voltear de la campana gorda de la catedral, siente a Ciudad Real. Lo certifico.




¡Viajero, quien quiera que seáis, párate, mira, escucha! La torre te señala el sitio. Sus campanas te pregonan como, con pasodobles y cohetes, con algarabía de chicos, ha llegado la hora crepuscular del 14 de agosto y, Ciudad Real, abre; de par en par, a las flechas de los caminos convergentes en el corazón de su plaza mayor y para recibirte como huésped en la feria, las seis puertas y dos portillos -ya simbólicos todos, menos la mutilada Puerta de Toledo- de sus miradas "de ciento treinta torres coronadas" y no menos simbólicas por desgracia.

Luego pasadas ocho fechas “el trueno gordo” de la traca, al estallar, cortará el vocingiero alboroto de los días de feria y fiesta y se abrirá, ¡por otro año más!, el aburrido augusto y señorial trabajar de Ciudad Real. Pero la torre de la catedral, con sus campanás, seguirá parlándolo todo: la misa, sencilla, y la conventual función aparatosa; el tránsito al más allá; las horas de rezo de los canónigos de venera militar al pecho; la Salve, lírica, de los sábados; el Ángelus, melancólico, el desgranar del tiempo, hora a hora; las venturas de Navidad; las alegrías de Resurrección, del Corpus, del día de la Virgen" ...

 



Dicen que, la Señora la noche del día de la Octava, sube a la torre, se asoma al balconcillo de la campana del reloj y coge la más bella estrella de colores, cuando se parte el trueno gordo final de la traca, y se la da a su Hijo, el morenete, como regalo de Feria. Puede que sea cierto porque, Fíjate, jugando con su luz, hizo un mundo. En la mano la lleva. Le clavó una cruz. Lo bendice, y Ella, la Madre, y El, ríen, ríen siempre. Como un chiquete del Perchel, El. Como reía nuestra madre. Ella.

Mientras, los árboles del Prado - negros de verdes- rezan con la brisa -olorosa, de flores, la oración de despedida ...y reviente la "chinfla" del zagalillo, somnoliento, que cruza el "paseo de enmedio" y semeja un grito de ¡adiós! a la feria y fiestas que cada año, del 14 al 22 de agosto, celebra la muy Noble y Muy Leal Ciudad Real en honor a su Fundadora y Patrona, Nuestra Señora la Excelsa Virgen Santa María del Prado, morena de llanura infinita, bienquerida.

 



Una lechuza, en la torre dormida, chista, con su silvo, silencio de atención, y con sus alas suaves, bate palmas en vuelo sin ruido porque, ronquilla, pero macho, una voz gañanera va cantando esa seguidilla cascabelera de mi tierra que dice:

“Con albahacas y juncias

Y mejoranas,

He de adornar las cruces

De tu ventana”

…y la deshoja, hoja a hoja, bajo la reja del Camarín, como ofrenda campesina a la Virgen.

Las mariposas del aceite de los farolillos de colores que había -¿te acuerdas?- al pie del pandorguero Camarín de la Patrona, parpadeaban más en ese instante ...

…Y, hasta el año pasado que ¡lo descuartizaron! el veterano, sano corpulento olmo, solitario vigilante del "pozo de la Virgen", detrás de las tapias de la casilla del guarda, miraba a la Señora y cribaba estrellas, sobre los tejados, con la oronda zaranda de su copa.

Julián Alonso Rodríguez. Diario “Lanza”, sábado 14 de agosto de 1954




miércoles, 17 de agosto de 2022

IMÁGENES DE LA BENDICIÓN DE MEDALLAS A LOS NUEVOS HERMANOS Y ASPIRANTES Y ENTREGA DE PINS

 


Publico hoy en el blog, algunas imágenes del acto celebrado por la Ilustre Hermandad de la Virgen del Prado, el pasado 15 de agosto a las 19:00 horas, en la S.I.P.B. Catedral, donde se bendijeron las nuevas medallas a los aspirantes y hermanos, y se entregaron los pins de plata y oro a los hermanos que cumplían sus veinticinco y cincuenta años en el seno de la hermandad.