lunes, 8 de diciembre de 2014

…Y EN LOS SOPORTALES; DEBAJO DEL ARCO, EL VOTO



Sí, señor don Enrique, en los soportales, próximo al arco del viejo Consistorio, en la Plaza Mayor de la ciudad está el “voto”. La tabla que lo expresa y simboliza, tiene más de sesenta años y el “voto”, mucho más. No podemos saber todavía a qué “voto” se refiere, porque el Consejo tiene varios “votos” hechos ante situaciones de calamidad pública y emergencias. El “voto” es una promesa formalizada entre el Consistorio que representa al pueblo y la iglesia que lo congrega para aceptarlos. Casi siempre es un “voto” de súplica, o un “voto” de gracias. Y como receptora de estos “votos”, casi siempre la Virgen María. Por eso, para testimoniar el último “voto”, “León Bermúdez Vera (1825-1900), pintó y colocó el cuadro de la Inmaculada por el año 1869”.

El cuadro no tiene gran valor pictórico, es una Inmaculada “naif”, pero puede decirse que es un testigo muy apreciado por las gentes antiguas ciudarrealeñas que tenían conocimiento de su existencia. Cayetano Bermúdez Cadilla, en 1936, mandó quitarlo, evitándose así su destrucción y se repuso nada más terminar la Guerra Civil, como reza en las tablas. En 1945, fue substraído al incendio habido en la casa, volviéndose a poner el mismo año.

Ciudad Real, tiene muchas cosas que ver. Allá por donde vayas te encuentras reliquias del pasado; paisajes notables; bellos rincones y un campo variopinto que atrae a quien está lejos de la ciudad y la mira con recelo acordándose de su pasado. Ciudad Real, sigue siendo todavía una ciudad desconocida; no se entra en su entraña para amarla, ni en su corazón, que lo tiene de oro por las gentes que la habitan. Aquí nunca casa nada desagradable, haya una población universitaria que se mueve buscando los éxitos en los exámenes; es una población a estudiar su comportamiento. Porque de todo goza y todo agrade, cuando se le ofrece la oportunidad de conocer sus raíces históricas. La población juvenil de Ciudad Real, a nada vuelve la espalda; es una juventud que merece un gran respecto porque ella mueve la ciudad, llena las bibliotecas y los lugares de estudio y comparte con disciplina las ordenanzas municipales. Es una juventud también de los pueblos, que han llegado a la Universidad con el ánimo de no desmerecer.

La ciudad cuenta con una buena nómina de mayores, pensionistas que van y vienen, suben y bajan, pasean la ciudad dándole vida a sus calles y plazas. Estas generaciones no platean problemas sociales. Cada uno vive a su estilo guardando sus modos y costumbres y todos forman esa comunidad responsable que da nombre y mérito a la ciudad.

Y volviendo al cuadro de la Inmaculada Concepción testigo del “voto” de la ciudad, al ser proclamado en Roma el Dogma de la Inmaculada Concepción de la Virgen María. Ello da muestras de los valores espirituales de la ciudad que los mantiene intactos a pesar de los indicadores políticos que la han herido en su historia.

No sé como recibirá el Consistorio, nuestro relato en la prensa de ese encuentro que, aunque pequeño, forma parte de la historia de la ciudad. Quizás sería conveniente situar el testimonio en un lugar más visible y no como está, medio oculto, sin que la gente se percate de este “voto” de gracia de la ciudad a la Madre de todas las gracias: la Inmaculada Concepción.

Ciudad Real, vuelve a ponerse de moda –lo repetimos- porque es verdad. Es un lugar de la Mancha apetecido por la paz que disfruta y aquí, nadie se siente forastero porque la comunidad lo acoge con el mejor cariño. Ciudad Real, está recibiendo un trasvase humano de los pueblos a la ciudad y en ese trasvase, va también las costumbres y tradiciones de los pueblos: juegos inocentes, mensajes sencillos para la amistad, religiosidad primitiva, que es el encanto de toda inocencia…

Todo esto que es poco y sencillo, rearma a la ciudad que se prepara para el nuevo milenio. La hace más receptiva y solidaria.


José González Lara (Publicado en el diario Lanza, el jueves 12 de junio de 1997 en su página 2 en la sección Opinión)




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