
Movimiento
de las tropas en la batalla de Ciudad Real
La reacción de los habitantes de Ciudad
Real ante la próxima llegada de los invasores provocó la desbandada, sobre todo
de las autoridades locales. Pues, en prevención de lo que había de acontecer,
muchos ciudadanos decidieron poner sus vidas a salvo huyendo de la población.
En sus mentes imaginaban la ferocidad de los soldados franceses, aunque también
sabían de las valientes oposiciones de los compatriotas de Valdepeñas el año
anterior. Otros, en cambio, sin posibilidad de marchar se refugiaron en sus casas.
La situación estratégica de la capital,
en la importante vía de comunicación hacia el Sur, hacía que los habitantes de
esta ciudad conocieran la evolución de la guerra. En este sentido hay que
indicar la importante fuente de información que constituyó el permanente
movimiento por toda la geografía manchega de las diversas partidas de
guerrilleros que con tenacidad luchaban contra el invasor.
De esta forma conocieron la rendición de
Madrid ante el propio Napoleón a finales de 1808 (4 de diciembre). O la
resistencia de la dudad de Toledo a dar asilo a las tropas del general Thomas
en su camino hada Andalucía. Tras el encuentro en las inmediaciones de la
capital, el día 27 de marzo (lunes santo, en el comienzo de la Semana Santa),
los primeros soldados franceses llegaban a las inmediaciones del lugar. Con
fuego de artillería batieron la muralla que rodeaba la localidad y las diversas
puertas de entrada, entre ellas la de Toledo, la de Calatrava y la de Granada.
Fueron ocupando, hacia el mediodía, poco a poco la ciudad por diversas calles.
Imaginemos por un momento cómo se fue
produciendo la toma de la villa. Tras batir la resistencia que se dio desde
dentro de la dudad. Los primeros soldados franceses, fusil en mano, iban
vadeando los escombros de la muralla o las puertas derruidas. Sus ojos
escrutadores al atravesar la puerta de Toledo. Mirando a todos lados, esperando
ser atacados por los lugareños, en un lento y precavido caminar por las calles
desiertas. La caballería gala, tan temida por sus acciones bélicas, de
relucientes corazas y cascos, sable en mano, pero prevenidos ante la rabia de
la población vigilándoles. Sorteando algunos cadáveres de soldados y paisanos
abatidos en la refriega. Temerosos de ser tiroteados y tomando posiciones
estratégicas. La primera avanzadilla de los invasores, la primera fuerza de
ocupaci6n. El silencio espectral aquel lunes santo, 27 de marzo, de una dudad
desierta en pleno día. Silencio so1o roto por algunos disparos de mosquete a lo
lejos, perdidos entre las calles sin ver ni saber lo que sucedía. Según las
fuentes algunos lugareños hicieron frente a los ocupantes franceses, y estos
abatieron a media docena de manchegos. ¿Fue, acaso, una entrada triunfal? Así
lo esperaba el general Sebastiani.

Plano
de 1810 de la fortificación que realizaron los franceses junto al Hospital de
la Misericordia
Los hombres y mujeres ciudarrealeños
escondidos en sus casas, las autoridades locales huidas. Por el aire retumbaban
los estertores de la artillería enemiga intentando proteger a esta primera
avanzada. El miedo en el rostro de los conquistadores y el miedo en la cara de
los conquistados, ocultos y expectantes en los más recónditos rincones de sus
viviendas. Y por todas las calles soledad, silencio, algunas muertes y
desolación. La vida paralizada por el espectro de la guerra.
¿Quién se atrevió primero a enfrentarse
al invasor, aunque fuera para pedir clemencia?, ¿quién fue el primero en
atreverse, temblando, a salir de su escondite y rendirse ante la fuerza de la
máquina de guerra francesa?
Sin mayor resistencia, los galos tomaron
la localidad. El general Horacio Sebastiani esperaba ser recibido en la
desaparecida puerta de Calatrava por el pueblo. Parece ser que este militar
francés quiso proteger la ciudad del saqueo y del incendio; así como ante la
petición de clemencia por un destacado ciudadano, concretamente, don Antonio
Porras.
Si bien, es cierto que la conocida
batalla de Ciudad Real no se asemeja a otros heroicos encuentros bélicos de
esta guerra, sí se puede señalar que, de alguna manera se resistió a la
invasión francesa con un gran sacrificio, como en el resto del país. Otra cosa
es que las tropas españolas, tras su derrota en los puentes de Nolaya, del
Emperador y en el cerro de la Atalaya, tuvieran que retirarse a otras zonas de
la provincia, hacia el sur, en las estribaciones de Sierra Morena, Santa Cruz
de Mudela y El Viso, para reorganizar sus efectivos. Hay que indicar un hecho
destacado en la forma de guerrear contra un invasor tan poderoso, como lo era
la Grande Armée de Napoleón. Y que dio a aquella forma de resistencia y de
luchar un sello peculiar de carácter hispano, aunque, posiblemente, no exclusivo:
la guerrilla.
En el caso de la batalla de Ciudad Real
hemos de apuntar que, tras la ocupaci6n de la ciudad, el gobierno de la Junta
Suprema y el ejército hispano reaccionarían para la reconquista del territorio
ocupado. Y, en este sentido, hay que indicar que la guerrilla desempeñó un
papel importante. Es el ejemplo de la partida guerrillera que comandaba el
conocido como "héroe del Tajo", Ventura Jiménez. Quien, al frente de
su grupo de guerrilleros intentó rescatar la capital de las garras del águila
imperial francesa. La llegada de Ventura Jiménez elevó, de alguna forma, el
espíritu de lucha de la población de la ciudad con pequeñas escaramuzas en las
calles. Se intentó también asaltar el cuartel general. La ubicación del cuartes
general francés no está clara. Habrá que volver a revisar los documentos. Según
algunas fuentes las tropas invasoras llevaron su grueso a las inmediaciones de
Miguelturra. La tropa que quedó en la capital ocupó la Real Casa de Caridad,
llamado el Hospicio. Esto sería correcto por la proximidad de la comunicación
con la población de Miguelturra. Pero, tras el combate del día 26 en el norte
de Ciudad Real, lo lógico fue entrar por la Puerta de Toledo, encontrándose con
el Hospital de la Misericordia (actualmente sede del Rectorado de la
Universidad). Por otro lado, uno de los episodios que se relatan sobre la
resistencia de los pobladores manchegos fue la construcción de un parapeto que
protegiera el asalto al cuartel general francés. Mientras se construía este
artilugio, cerca de la calle de la Rosa, un fusilero galo, disparó y mató a
quien lo estaba construyendo. Si pensamos en la proximidad de esta calle con la
Casa de la Misericordia podemos concluir que es muy posible que esta fuera el
lugar donde los franceses situaron su cuartel. El poder militar francés se
mantuvo en Ciudad Real hasta 1813, fecha en que la ciudad fue liberada por el
ejército español.

El
final de la guerra y el retorno al pasado
Tras la Victoria de San Marcial, 3 de
agosto de 1813, se produjeron algunas acciones bélicas con un saldo favorable a
las tropas aliadas. Pero, señalemos que fue el combate de Ordal (Cataluña) el
último positivo para las tropas galas. A partir de la Batalla de rio Nivelle
(en la frontera con Francia) se desarrollaron, ya en suelo francés, una serie
de encuentros bélicos y batallas que fueron las que culminaron este cruel
enfrentamiento denominado como Guerra de la Independencia de España, o
Peninsular War.
La rendición de las tropas francesas, al
mando de los mariscales Suchet y Soult, ante el ejército aliado, mandado por el
duque de Wellington, se llevó a cabo el día 16 de abril de 1814. Tras este hecho
volvió a trono de España el rey Fernando VII. Iniciando un periodo de fuerte
reacción absolutista, con una notable marcha atrás en el progreso de la
política que dimanó de las Cortes de Cádiz y un gran retroceso de la
legislación que se desarrolló a partir de la Constitución de 1812. España pasó
un segundo orden en la política internacional, debido a la escasa preparación
de la diplomacia. Asimismo, se había desencadenado en el territorio americano
la emancipación que condujo a la independencia de aquellos territorios y al
desmoronamiento del imperio español. En la política interior hubo una fuerte
represi6n contra lo liberal y contra el progreso. Con esta reafirmación del
poder del rey y de los privilegios de la nobleza se volvió a lo antiguo: se
restableció la Inquisición, se decretó la abolición de la libertad de prensa,
se negó la soberanía popular, se derogó toda la legislación de Cádiz, se
restablecieron los antiguos Consejos para el gobierno del país. Hubo una dura
represión para proteger al rey como representante de dios en la tierra (mesianismo
regio, según el historiador Javier Herrero): "El deber del pueblo consiste
en obedecer al rey...".
Ángel
Pozuelo Reina. Doctor en Historia. Diario “Lanza”, sábado 28 de marzo de 2009
