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miércoles, 7 de julio de 2021

VISITA DE LA ACADEMIA DE INFANTERÍA DE TOLEDO A CIUDAD REAL EN 1905

 

Imagen de la Misa de Campaña del 28 de mayo de 1905, publicada en el periódico toledano “La Campana Gorda” el 1 de junio del referido año



AL PUEBLO DE CIUDAD REAL

El día 25 actual, de cinco a siete de la tarde, llegará a esta población en viaje de prácticas militares el Batallón de alumnos de la Academia de Infantería de Toledo, deteniéndose entre nosotros dos o tres días.

Segura esta la Alcaldía de que el vecindario de la capital de la Mancha dispensará a los alumnos un digno, cariñoso y entusiástico recibimiento, por ser la hidalguía y la corrección las fases características de este noble pueblo.

Para demostrar la simpatía que nos inspira el Ejército, representado en este caso por este núcleo de jóvenes vigorosos que cursan la carrera de las armas, invito a todo el vecindario, y especialmente a los vecinos de las calles Toledo, Feria, Plaza y adyacentes, a que engalanen las fachadas con colgaduras, así como que contribuyan todos con su presencia al mayor esplendor del recibimiento.

Ciudad Real 23 de mayo de 1905.-El alcalde, Evaristo Martín

Con este bando del alcalde de Ciudad Real, anunciaba a los ciudadrrealeños la llegada a nuestra ciudad del batallón de alumnos de la Academia de Infantería de Toledo, que rompería por unos días la monotonía de una pequeña ciudad de interior. Para ello las calles céntricas de la ciudad se habían adornado, tal y como había pedido el alcalde, siendo recibidos por un inmenso gentío que llenaba la calle Toledo, por donde desfilaron los alumnos hasta su llegada a la Plaza de la Constitución, actual Plaza Mayor, donde los alumnos rompieron filas y pudieron visitar las calles de la ciudad, siendo alojados en diferentes casas de los habitantes de la ciudad. Este primer día de visita concluyo con una serenata a las 9 de la noche de la banda municipal, delante de la casa del Marqués de Treviño, lugar donde se hospedó el Coronel jefe de la Academia, la jornada continuó con un banquete militar en el Hotel Pizarroso y terminó con el baile en el casino.

En el segundo día de estancia de los alumnos de la Academia, el ayuntamiento les sirvió una comida por el Hotel Miracielos. A su término fueron recibidos en el Ayuntamiento por la corporación municipal, y la jornada terminó con otro baile en el casino.

La visita terminó el 28 de mayo, con el toque de diana a las 8 de la mañana, la celebración de la Santa Misa en la Plaza Mayor a las 9:30, y la despedida de la población en la vieja estación de Renfe.


Imagen de la despedida en la estación de RENFE, publicada en el periódico toledano “La Campana Gorda” el 1 de junio del referido año


martes, 6 de julio de 2021

LICENCIA DE MILICIAS DE CIUDAD REAL DE 1832

 


DON FRANCISCO JAVIER LOSADA, PARDO DE FIGUEROA, CONDE DE SAN ROMAN, MARQUES DE STA. MARIA DEL VILLAR, REGIDOR PERPETUO DE LA CIUDAD DE LA CORUÑA, CABALLERO GRAN CRUZ DE LA REAL Y DISTINGUIDA ORDEN DE CARLOS III, Y DE LA MILITAR DE S. FERNANDO, GENTIL-HOMBRE DE CAMARA DE S. M. CON EJERCICIO, CONDECORADO CON LAS DISTINCIONES CONCEDIDAS A LOS EJÉRCITOS DE LA IZQUIERDA, PRINCIPADO DE ASTURIAS, Y POR LAS ACCIONES DE GUERRA DE SAN MARCIAL, TAMAMES, MEDINA DEL CAMPO, LUGO Y VILLAFRANCA DEL VIERZO, TENIENTE GENERAL DE LOS REALES EJERCITOS, E INSPECTOR, COMANDANTE GENERAL, JUEZ PRIVATIVO DE LOS REGIMIENTOS D MILICIAS PROVINCIALES, CONSEJERO NATO EN EL SUPREMO DE LA GUERRA, Y COMANDANTE GENERAL EN GEFE DE GRANADEROS Y CAZADORES PROVINCIALES DE LA GUARDIA REAL DE INFANTERIA


Por la presente concedo licencia absoluta a Manuel Rodríguez hijo de Antonio y de Juana Rodríguez, natural de Daimiel y soldado del regimiento de Milicias de Ciudad Real para que se retire del servicio, respeto de haber servido sin intermisión el tiempo de ordenanza. Fuera sorteado el diez y ocho de enero de mil ochocientos veinticuatro.

Sin que en adelante pueda alistarse contra su voluntad en dicho cuerpo ni en otro, debiendo quedar exento por tiempo de cinco años de pagar el servicio ordinario y extraordinario, en la forma que previene al art. XXVII, tit. Y fol. 170 de la Real Declaración de 30 de mayo de 1767. Y para que esta licencia sea válida, el Coronel o Comandante del regimiento ordenará al Sargento mayor la note en los libros, lo que ha de expresar a la vuelta de ella; y con estos requisitos la entregará al interesado, a quien ha de advertir precisamente que, si antes de cumplir seis meses, se alistase voluntariamente en algún regimiento del ejército, le valdrán los años que haya servido en Milicias para los premios, en la forma siguiente: los servidos manteniéndose en su provincia por mitad; y los de guarnición o campaña por entero. Y ordeno a los Oficiales del expresado regimiento, y Justicias de los pueblos comprendidos en la formación de Milicias, y a los que no lo están pido y encargo no le impidan el uso de su libertad, y si contribuyan a que se le guarden las exenciones que le corresponden, por convenir así el Real servicio. Dada en Madrid  a seis de febrero de mil ochocientos treinta y dos.

 

lunes, 5 de julio de 2021

LAS OBRAS DEL CUARTEL DE LA MISERICORDIA

 

Vista parcial del patio



Considerando de gran interés para el público la  traída y llevada cuestión de la guarnición, publicamos las adjuntas fotografías, para que nuestros lectores puedan darse una idea del estado en que se encuentran las obras.

Las aspiraciones de esta capital van a verse realizadas, merced a las gestiones del general Aguilera.

El Cuartel de la Misericordia, hasta hace poco tiempo descuidado llenas de musgo sus paredes, desmoronadas sus salas, cuadras y oficinas, han sufrido una rápida transformación en todas sus dependencias. Ya no es el viejo cuartel sombra de lo que era desde hace bastantes años, y no decimos de lo que fue siempre porque en sus primeros tiempos era uno de los que mejores condiciones higiénicas reunían en España.

Las compañías han sido construidas con arreglo a los preceptos de la higiene, teniendo, por tanto, ventilación, luz, etc., cosas esenciales que estos edificios deben reunir para poseer condiciones salutíferas.

 

Detalle de las cuadras



Las cuadras y patios han sido objeto de grandes reformas, rebocos, ampliaciones, etc., y las oficinas pronto serán puestas en condiciones de habitabilidad y hasta—según hemos oído—con un cierto confort, como podrá verse por las fotografías que publicamos las cuales son tres detalles de las obras: una vista parcial del patio, una compañía y una de las cuadras.

Aunque no es segura la fecha de la llegada a esta capital de los artilleros, según nuestras noticias será probablemente en la próxima primavera.

El viejo Pozuelo de Don Gil va perdiendo poco a poco la carroña tradicional; y vistiéndose con nuevas galas, en un anhelo insatisfecho de novedad, de emulación de las demás capitales españolas. ¡Todo se renueva! Al pausado vivir sigue una acelerada vida.

Hasta el carácter de las gentes. ¡La costra mojigata es sustituida por un nuevo revoco de frivolidades! A la austeridad monacal, sucede una alegría sana, epicúrea…

¡Ciudad Real se remoza! Por eso Ciudad Real sabrá agradecer en lo que vale esta mejora importantísima, que hará cambiar por completo su vida monótona y gris. ¡Ahora será azul y roja! Como los uniformes de los artilleros.

Revista “Vida Manchega”, 5 de diciembre de 1919


Detalle de una compañía


domingo, 4 de julio de 2021

CUARTEL DE LA MISERICORDIA

 


Próximamente este viejo cuartel de la Misericordia se verá animado con la venida del regimiento de artillería de nueva formación, va destinado a esta plaza

Ya hace algún tiempo se han comenzado las obras, para que en breve tiempo pueda ser habitable, pues las injurias del tiempo, el poco cuidado y el ser un cuartel antiguo falto de todas las condiciones que hoy se exigen a los edificios de esta índole, han hecho que encuentre en un lamentable estado de abandono, que han hecho imposible la venida inmediata de la tropa.

De todas formas, es este un buen edificio amplio y sólido, que con esas reformas y obras que actualmente se le están haciendo, lo convertirán en un hermoso cuartel.

Su construcción data del tiempo de Carlos III, aquel rey que se le llamó atacado del mal de piedra, que levantó en Madrid todos esos edificios severos y sólidos como el ministerio de Hacienda y que hicieron del viejo pueblo de Madrid, el esbozo de una capital moderna poseedora de suntuosos edificios. Nuestro cuartel posee la traza de sobrias líneas que caracteriza los edificios de su tiempo.

Revista “Vida Manchega” nº 234 del 31 de julio de 1919

 

sábado, 3 de julio de 2021

CARTAS INEDITAS DEL VICARIO DE CIUDAD REAL DURANTE LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA

 



En sucesivos números de este periódico pensamos dar a conocer a sus lectores una serie de cartas del vicario eclesiástico del partido de Ciudad Real durante la guerra de la Independencia que Juzgamos altamente interesantes por tratarse algunas de ellas del máximo interés provincial en aquella época y por su carácter de reservadas.

La primera, tal vez, que envía al cardenal Borbón, a través, de su secretario de Cámara, don Rafael Antón de la Encina, es la fechada en Ciudad Real el 4 de noviembre de 1808, vísperas de huir el cardenal Borbón de Toledo a Cádiz.

Ya se había formado una Junta en la Mancha de la que él, don José Ortega y Cañedo, era miembro destacado. Como tal fue señalado para pasar a Aranjuez Y entablar relación, directa y personal con la junta central, donde a la sazón se encontraba para poco tiempo, toda vez que a primeros de diciembre de ese mismo año huiría con el cardenal hacia Andalucía. El vicario, doctor Ortega, pedía permiso a Borbón para esta gestión política, en la siguiente carta: "Señor don Rafael Antón de la Encina. Estimado compañero y venerado amigo. Esta junta de Gobierno, ya reconocida por la central, por superior de la provincia, viendo que a pesar de las órdenes soberanas no quieren reconocerla ni el partido de Infantes, ni el de Alcázar, se ha visto en la precisión de nombrar dos comisiones para que pasen a Aranjuez a manifestar aquella desobediencia y que es imposible realizar el servicio sin una nueva y pronta orden de la central y por esto me ha nombrado e instado en términos que quería que saliese de aquí y que por esta junta se manifestaría a S. E. la urgencia, y la necesidad de que fuese yo el comisionado principal mediante mis antiguos conocimientos. A todo me he resistido y, resistiré sin que medie la licencia de nuestro dignísimo prelado.

La causa parece justa y se podrá  despachar en pocos días con los compañeros vocales y a el efecto va esta con propio, y si S. E. se dignase, darme su permiso. U. podrá comunicarme las órdenes que le parezca y si hay en qué servir a V. Ciudad Real y noviembre, 4 de 1808. José Ortega y Cañedo. Rubricado".

El cardenal accedía gustosamente. La carta, como se ve, no puede ser más importante. Las primeras divisiones internas se producían dentro de las mismas juntas que se crean cuando más necesaria era la unión. El mismo cardenal lamentaba en su primera pastoral que publicaba en Toledo para pedir limosnas y ayudas de toda clase contra el invasor. El vicario, pedía permiso no sólo por tratarse de un asunto político sino también por el mero hecho de tener que ausentarse de la vicaría los días necesarios para desplazarse a Aranjuez y permanecer allí en su gestión política. Los miembros de la junta de la provincia de la Mancha sabían lo delicado del momento y la importancia que tenía el enviar a un eclesiástico detrás -del cual se encontraba todo el clero manchego que a su vez podía influir en el pueblo para poder aunar fuerzas dispersas. Por desgracia, una serie de intereses y de preeminencias salieron a relucir en los momentos más delicados. El vicario, doctor Ortega va a tener que huir de Ciudad Real cuando las tropas francesas se presenten en la capital de la Mancha. Tendremos, ocasión de seguir sus andanzas, no sólo por tierras de Alcaraz, sino emigrando a Portugal.

Leandro Higueruela del Pino. Profesor del Colegio Universitario. Diario Lanza 25 de diciembre de 1974




viernes, 2 de julio de 2021

LA BATALLA DE CIUDAD REAL EN LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA, 26 Y 27 DE MARZO DE 1809 (II)

 



Movimiento de las tropas en la batalla de Ciudad Real

La reacción de los habitantes de Ciudad Real ante la próxima llegada de los invasores provocó la desbandada, sobre todo de las autoridades locales. Pues, en prevención de lo que había de acontecer, muchos ciudadanos decidieron poner sus vidas a salvo huyendo de la población. En sus mentes imaginaban la ferocidad de los soldados franceses, aunque también sabían de las valientes oposiciones de los compatriotas de Valdepeñas el año anterior. Otros, en cambio, sin posibilidad de marchar se refugiaron en sus casas.

La situación estratégica de la capital, en la importante vía de comunicación hacia el Sur, hacía que los habitantes de esta ciudad conocieran la evolución de la guerra. En este sentido hay que indicar la importante fuente de información que constituyó el permanente movimiento por toda la geografía manchega de las diversas partidas de guerrilleros que con tenacidad luchaban contra el invasor.

De esta forma conocieron la rendición de Madrid ante el propio Napoleón a finales de 1808 (4 de diciembre). O la resistencia de la dudad de Toledo a dar asilo a las tropas del general Thomas en su camino hada Andalucía. Tras el encuentro en las inmediaciones de la capital, el día 27 de marzo (lunes santo, en el comienzo de la Semana Santa), los primeros soldados franceses llegaban a las inmediaciones del lugar. Con fuego de artillería batieron la muralla que rodeaba la localidad y las diversas puertas de entrada, entre ellas la de Toledo, la de Calatrava y la de Granada. Fueron ocupando, hacia el mediodía, poco a poco la ciudad por diversas calles.

Imaginemos por un momento cómo se fue produciendo la toma de la villa. Tras batir la resistencia que se dio desde dentro de la dudad. Los primeros soldados franceses, fusil en mano, iban vadeando los escombros de la muralla o las puertas derruidas. Sus ojos escrutadores al atravesar la puerta de Toledo. Mirando a todos lados, esperando ser atacados por los lugareños, en un lento y precavido caminar por las calles desiertas. La caballería gala, tan temida por sus acciones bélicas, de relucientes corazas y cascos, sable en mano, pero prevenidos ante la rabia de la población vigilándoles. Sorteando algunos cadáveres de soldados y paisanos abatidos en la refriega. Temerosos de ser tiroteados y tomando posiciones estratégicas. La primera avanzadilla de los invasores, la primera fuerza de ocupaci6n. El silencio espectral aquel lunes santo, 27 de marzo, de una dudad desierta en pleno día. Silencio so1o roto por algunos disparos de mosquete a lo lejos, perdidos entre las calles sin ver ni saber lo que sucedía. Según las fuentes algunos lugareños hicieron frente a los ocupantes franceses, y estos abatieron a media docena de manchegos. ¿Fue, acaso, una entrada triunfal? Así lo esperaba el general Sebastiani.


Plano de 1810 de la fortificación que realizaron los franceses junto al Hospital de la Misericordia



Los hombres y mujeres ciudarrealeños escondidos en sus casas, las autoridades locales huidas. Por el aire retumbaban los estertores de la artillería enemiga intentando proteger a esta primera avanzada. El miedo en el rostro de los conquistadores y el miedo en la cara de los conquistados, ocultos y expectantes en los más recónditos rincones de sus viviendas. Y por todas las calles soledad, silencio, algunas muertes y desolación. La vida paralizada por el espectro de la guerra.

¿Quién se atrevió primero a enfrentarse al invasor, aunque fuera para pedir clemencia?, ¿quién fue el primero en atreverse, temblando, a salir de su escondite y rendirse ante la fuerza de la máquina de guerra francesa?

Sin mayor resistencia, los galos tomaron la localidad. El general Horacio Sebastiani esperaba ser recibido en la desaparecida puerta de Calatrava por el pueblo. Parece ser que este militar francés quiso proteger la ciudad del saqueo y del incendio; así como ante la petición de clemencia por un destacado ciudadano, concretamente, don Antonio Porras.

Si bien, es cierto que la conocida batalla de Ciudad Real no se asemeja a otros heroicos encuentros bélicos de esta guerra, sí se puede señalar que, de alguna manera se resistió a la invasión francesa con un gran sacrificio, como en el resto del país. Otra cosa es que las tropas españolas, tras su derrota en los puentes de Nolaya, del Emperador y en el cerro de la Atalaya, tuvieran que retirarse a otras zonas de la provincia, hacia el sur, en las estribaciones de Sierra Morena, Santa Cruz de Mudela y El Viso, para reorganizar sus efectivos. Hay que indicar un hecho destacado en la forma de guerrear contra un invasor tan poderoso, como lo era la Grande Armée de Napoleón. Y que dio a aquella forma de resistencia y de luchar un sello peculiar de carácter hispano, aunque, posiblemente, no exclusivo: la guerrilla.

En el caso de la batalla de Ciudad Real hemos de apuntar que, tras la ocupaci6n de la ciudad, el gobierno de la Junta Suprema y el ejército hispano reaccionarían para la reconquista del territorio ocupado. Y, en este sentido, hay que indicar que la guerrilla desempeñó un papel importante. Es el ejemplo de la partida guerrillera que comandaba el conocido como "héroe del Tajo", Ventura Jiménez. Quien, al frente de su grupo de guerrilleros intentó rescatar la capital de las garras del águila imperial francesa. La llegada de Ventura Jiménez elevó, de alguna forma, el espíritu de lucha de la población de la ciudad con pequeñas escaramuzas en las calles. Se intentó también asaltar el cuartel general. La ubicación del cuartes general francés no está clara. Habrá que volver a revisar los documentos. Según algunas fuentes las tropas invasoras llevaron su grueso a las inmediaciones de Miguelturra. La tropa que quedó en la capital ocupó la Real Casa de Caridad, llamado el Hospicio. Esto sería correcto por la proximidad de la comunicación con la población de Miguelturra. Pero, tras el combate del día 26 en el norte de Ciudad Real, lo lógico fue entrar por la Puerta de Toledo, encontrándose con el Hospital de la Misericordia (actualmente sede del Rectorado de la Universidad). Por otro lado, uno de los episodios que se relatan sobre la resistencia de los pobladores manchegos fue la construcción de un parapeto que protegiera el asalto al cuartel general francés. Mientras se construía este artilugio, cerca de la calle de la Rosa, un fusilero galo, disparó y mató a quien lo estaba construyendo. Si pensamos en la proximidad de esta calle con la Casa de la Misericordia podemos concluir que es muy posible que esta fuera el lugar donde los franceses situaron su cuartel. El poder militar francés se mantuvo en Ciudad Real hasta 1813, fecha en que la ciudad fue liberada por el ejército español.




El final de la guerra y el retorno al pasado

Tras la Victoria de San Marcial, 3 de agosto de 1813, se produjeron algunas acciones bélicas con un saldo favorable a las tropas aliadas. Pero, señalemos que fue el combate de Ordal (Cataluña) el último positivo para las tropas galas. A partir de la Batalla de rio Nivelle (en la frontera con Francia) se desarrollaron, ya en suelo francés, una serie de encuentros bélicos y batallas que fueron las que culminaron este cruel enfrentamiento denominado como Guerra de la Independencia de España, o Peninsular War.

La rendición de las tropas francesas, al mando de los mariscales Suchet y Soult, ante el ejército aliado, mandado por el duque de Wellington, se llevó a cabo el día 16 de abril de 1814. Tras este hecho volvió a trono de España el rey Fernando VII. Iniciando un periodo de fuerte reacción absolutista, con una notable marcha atrás en el progreso de la política que dimanó de las Cortes de Cádiz y un gran retroceso de la legislación que se desarrolló a partir de la Constitución de 1812. España pasó un segundo orden en la política internacional, debido a la escasa preparación de la diplomacia. Asimismo, se había desencadenado en el territorio americano la emancipación que condujo a la independencia de aquellos territorios y al desmoronamiento del imperio español. En la política interior hubo una fuerte represi6n contra lo liberal y contra el progreso. Con esta reafirmación del poder del rey y de los privilegios de la nobleza se volvió a lo antiguo: se restableció la Inquisición, se decretó la abolición de la libertad de prensa, se negó la soberanía popular, se derogó toda la legislación de Cádiz, se restablecieron los antiguos Consejos para el gobierno del país. Hubo una dura represión para proteger al rey como representante de dios en la tierra (mesianismo regio, según el historiador Javier Herrero): "El deber del pueblo consiste en obedecer al rey...".

Ángel Pozuelo Reina. Doctor en Historia. Diario “Lanza”, sábado 28 de marzo de 2009

 



jueves, 1 de julio de 2021

LA BATALLA DE CIUDAD REAL EN LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA, 26 Y 27 DE MARZO DE 1809 (I)

 

La Puerta de Toledo en 1932



Éramos amigos de los franceses? Éramos amigos, aliados en su lucha contra los británicos, pero decía el conde de Aranda: "Los franceses son nuestros peores amigos...". Los franceses se aprovecharon de la buena fe de los gobernantes y del pueblo español y, posiblemente también, de los pérfidos intereses de Manuel Godoy, el "príncipe de la paz". En cuestión de semanas, pasamos de ser aliados a enemigos. Con la intención oficial de invadir Portugal y repartir su territorio, según los acuerdos del Tratado de Fontainebleau. Pero, con la oculta idea imperial de acabar con la dinastía de los borbones en España y conquistar Europa. Gran Bretaña, en guerra contra la corona española, desde el 12 de diciembre de 1804, se unió a Portugal y a España formando un ejército aliado frente a la Grande Armée, en la defensa del territorio de la Península Ibérica, en principio con el fin de evitar la invasión del territorio de Portugal y el reparto que pretendía Napoleón. Curiosamente, con la nación que manteníamos hostilidad, Inglaterra, nos ayudó en esta guerra que vamos a comentar. De enemigos a aliados contra el francés.

Antecedentes

Los gobiernos de la corona española eran sempiternos enemigos de los británicos. Era ya tradicional la enemistad entre españoles e ingleses por el dominio de los mares. A lo que se añade la escasa posibilidad que los británicos de comerciar con otras tierras, viéndose obligados, de alguna forma a pedir la aquiescencia de España. Hay que indicar, además, el constante apoyo y ayuda que los ingleses dispensaban a los insurgentes en las colonias españolas de América.

¿Cómo entró España en la guerra contra Gran Bretaña al lado de Napoleón? Hacia 1803 la Corona de los borbones españoles colaboraba con la Francia napoleónica a través del Tratado de Subsidios, concediendo ayuda económica a las campañas del Emperador. Era una forma de contentar a Napoleón y no enfrentarse abiertamente a los ingleses. Obviamente no era neutralidad lo que practicaba España. Y así lo interpretaban los británicos. No se aportaban tropas, pero sí ayuda a la guerra. Por tanto, no había neutralidad española en el conflicto, de alguna forma, España participaba en la guerra a favor de Napoleón. En el otoño de 1804 los navíos ingleses iniciaron las hostilidades contra la Corona hispana. El desencadenante fue el 5 de octubre de ese año, cuando los navíos ingleses se enfrentaron, en la batalla del cabo de Santa María, a un convoy de cuatro fragatas españolas que, procedentes de Montevideo, cargadas de caudales, productos ultramarinos y documentos pretendía llegar a la Península. Las fragatas hispanas eran nombradas Clara, Medea, Fama y Mercedes. De este modo, el 12 de diciembre de 1804 la Corona española declaró la guerra a Gran Bretaña.


Plano de la Batalla de Ciudad Real



Los planes de Napoleón eran, entre otros, invadir Inglaterra con el apoyo de la Flota combinada franco-española. Pero, tras el fallo de esta ayuda marítima Napoleón ordenó el 25 de agosto de 1805, a las tropas acantonadas en la localidad de Boulogne, dar media vuelta y proseguir su campaña de conquistas por el continente europeo.

Estrategia política de Napoleón

¿Qué planes tenía Napoleón para España? El Tratado de Fontainebleau, firmado el 27 de octubre de 1807, marcaba una nueva fase en la política napoleónica: la ocupación de Portugal y el reparto de su territorio en tres zonas: el norte para el antiguo Rey de Etruria, Cárlos Luís I de Borbón, sobrino de Fernando VII; el centro para la Corona de Portugal, pero dependiendo del gobierno de España; y el sur para el Príncipe de la Paz, Manuel Godoy.

¡¡llegan los galos!!

Las tropas francesas, al mando del mariscal Andoche Junot, habían iniciado en territorio hispano el camino de Portugal el 1 de noviembre de l807. De este modo, el 30 de mismo mes tomaban Lisboa. En esos momentos el grueso del ejército invasor se encontraba ya en Portugal. El 9 de febrero de 1808 el mariscal Joachim Murat entró en España con la intención de fortalecer la invasión y llegar a Madrid.

En la mente de Napoleón vagaban las ideas de una España atrasada, bárbara y fácil de ocupar, según las descripciones de los viajeros franceses. No contaban con una reacción popular como la que hubo. Su pensamiento era que el pueblo español sería fácil de someter, como el resto de los territorios que había conquistado. Pero, Murat, su lugarteniente, se encontró con graves problemas para someter al país, e instaurar una nueva dinastía en España, al igual que había hecho meses antes en el reino de Etruria, derrocando a los monarcas de la dinastía Borbón-Parma y poniendo en su lugar a su hermano José.

La Batalla de Ciudad Real

Después de los movimientos bélicos que se desarrollaron en las provincias de Toledo y de Cuenca, concretamente la batalla de Uclés, el 13 de enero de 1809, el general José Urbina, conde de Cartojal, reorganizó a los efectivos de los cuerpos españoles derrotados uniéndolos al contingente del Ejército de la Mancha.

Las tropas de los ejércitos enfrentados en estas tierras de Toledo y Cuenca trasladaron el escenario de la guerra a la provincia de Ciudad Real. Los franceses como avance hacia Andalucía, y los españoles como interposición a ese avance y defensa del territorio.

 

Otro plano de la Batalla de Ciudad Real



Tras sortear los montes de Toledo, ambos cuerpos de ejército avanzaron hacia la llanura manchega a través de las vías practicables de comunicación hacia el sur. Las pequeñas poblaciones que iban encontrando en su camino, unas daban cobijo y apoyo a los soldados, y otras, de alguna forma, mostraban su hostilidad al ejército invasor, o les ayudaban y pertrechaban de mala gana. De este modo, en sólo seis días, el general francés Horacio Sebastiani pudo llevar a su ejército desde Toledo a Sierra Morena, con la previa idea de la facilidad del avance, pero viéndose obligado a combatir con energía. En palabras de García-Noblejas, fue una auténtica proeza militar. Y, como ejemplo de este esfuerzo bélico del ejército francés, nos encontramos la batalla de Ciudad Real. Pues los enfrentamientos en tomo a los puentes de Nolaya y del Emperador, así como la resistencia hispana en el cerro de La Atalaya, intentaron evitar la conquista de la ciudad y el progreso hacia el sur, y constituyeron un ejemplo de la reacción ante la invasión. Una respuesta, aunque fallida, contundente al poderío francés. Otra cosa es que la potencia gala se impusiera, en el campo de batalla, al espíritu de resistencia de las armas hispanas que, en una maniobra de retirada, cuando se vieron vencidos por la arrolladora fuerza gala, comenzaron el retroceso en desbandada hacia Sierra Morena y se dejara expedito el camino de los franceses hacia Ciudad Real y su conquista.

Según los informes y los partes de guerra, hacia el 24 de marzo de 1809, en los alrededores de la población toledana de Los Yébenes se encontraban los cuerpos de caballería de ambos ejércitos. En el caso español reforzados por partidas de guerrilleros. Desde el pueblo de Mora una división de caballería se dirigió a Consuegra, localidad que se hallaba en poder de las tropas francesas. El día 25 de marzo se ordenó que la división marchara hacia el pueblo de Malagón, en la provincia de Ciudad Real, a fin de organizar un amplio frente que detuviera el progreso del ejército adversario. Pero, seguidos de cerca por las tropas enemigas, se decretó la retirada y dividir la caballería y la artillería españolas para proteger y defenderse del avance francés hacia el Sur. En un intento de contención se fueron situando los diversos efectivos entre las poblaciones de Manzanares, Daimiel, Carrión y Ciudad Real.

En el caso concreto de la capital, para su defensa, fueron situados los soldados españoles y algunas piezas de artillería y de la caballería, protegiendo los puentes del Emperador y de Nolaya, como fuerza de interposición a fin de contrarrestar el avance de los franceses hacia Ciudad Real. El día 26 de marzo de 1809 entablaron combate en dichos puentes con gran dificultad para las tropas hispanas, que hallaban mal pertrechadas ante la magnificencia y la fuerza de las armas francesas. La infantería hispana, que se encontraba desplegada por el cerro de la Atalaya, no pudo detener el ataque y la marcha a Ciudad Real a pesar de varias horas de combate. Un combate favorable al ejército invasor. El cuerpo de ejército español, tras la lucha y siendo batidos constantemente, ante el imparable avance galo, fue iniciando la retirada hacia el sur de la provincia (entonces denominada "La Mancha").

Ángel Pozuelo Reina. Doctor en Historia. Diario “Lanza”, sábado 28 de marzo de 2009


Botón de las milicias de Ciudad Real