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jueves, 1 de julio de 2021

LA BATALLA DE CIUDAD REAL EN LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA, 26 Y 27 DE MARZO DE 1809 (I)

 

La Puerta de Toledo en 1932



Éramos amigos de los franceses? Éramos amigos, aliados en su lucha contra los británicos, pero decía el conde de Aranda: "Los franceses son nuestros peores amigos...". Los franceses se aprovecharon de la buena fe de los gobernantes y del pueblo español y, posiblemente también, de los pérfidos intereses de Manuel Godoy, el "príncipe de la paz". En cuestión de semanas, pasamos de ser aliados a enemigos. Con la intención oficial de invadir Portugal y repartir su territorio, según los acuerdos del Tratado de Fontainebleau. Pero, con la oculta idea imperial de acabar con la dinastía de los borbones en España y conquistar Europa. Gran Bretaña, en guerra contra la corona española, desde el 12 de diciembre de 1804, se unió a Portugal y a España formando un ejército aliado frente a la Grande Armée, en la defensa del territorio de la Península Ibérica, en principio con el fin de evitar la invasión del territorio de Portugal y el reparto que pretendía Napoleón. Curiosamente, con la nación que manteníamos hostilidad, Inglaterra, nos ayudó en esta guerra que vamos a comentar. De enemigos a aliados contra el francés.

Antecedentes

Los gobiernos de la corona española eran sempiternos enemigos de los británicos. Era ya tradicional la enemistad entre españoles e ingleses por el dominio de los mares. A lo que se añade la escasa posibilidad que los británicos de comerciar con otras tierras, viéndose obligados, de alguna forma a pedir la aquiescencia de España. Hay que indicar, además, el constante apoyo y ayuda que los ingleses dispensaban a los insurgentes en las colonias españolas de América.

¿Cómo entró España en la guerra contra Gran Bretaña al lado de Napoleón? Hacia 1803 la Corona de los borbones españoles colaboraba con la Francia napoleónica a través del Tratado de Subsidios, concediendo ayuda económica a las campañas del Emperador. Era una forma de contentar a Napoleón y no enfrentarse abiertamente a los ingleses. Obviamente no era neutralidad lo que practicaba España. Y así lo interpretaban los británicos. No se aportaban tropas, pero sí ayuda a la guerra. Por tanto, no había neutralidad española en el conflicto, de alguna forma, España participaba en la guerra a favor de Napoleón. En el otoño de 1804 los navíos ingleses iniciaron las hostilidades contra la Corona hispana. El desencadenante fue el 5 de octubre de ese año, cuando los navíos ingleses se enfrentaron, en la batalla del cabo de Santa María, a un convoy de cuatro fragatas españolas que, procedentes de Montevideo, cargadas de caudales, productos ultramarinos y documentos pretendía llegar a la Península. Las fragatas hispanas eran nombradas Clara, Medea, Fama y Mercedes. De este modo, el 12 de diciembre de 1804 la Corona española declaró la guerra a Gran Bretaña.


Plano de la Batalla de Ciudad Real



Los planes de Napoleón eran, entre otros, invadir Inglaterra con el apoyo de la Flota combinada franco-española. Pero, tras el fallo de esta ayuda marítima Napoleón ordenó el 25 de agosto de 1805, a las tropas acantonadas en la localidad de Boulogne, dar media vuelta y proseguir su campaña de conquistas por el continente europeo.

Estrategia política de Napoleón

¿Qué planes tenía Napoleón para España? El Tratado de Fontainebleau, firmado el 27 de octubre de 1807, marcaba una nueva fase en la política napoleónica: la ocupación de Portugal y el reparto de su territorio en tres zonas: el norte para el antiguo Rey de Etruria, Cárlos Luís I de Borbón, sobrino de Fernando VII; el centro para la Corona de Portugal, pero dependiendo del gobierno de España; y el sur para el Príncipe de la Paz, Manuel Godoy.

¡¡llegan los galos!!

Las tropas francesas, al mando del mariscal Andoche Junot, habían iniciado en territorio hispano el camino de Portugal el 1 de noviembre de l807. De este modo, el 30 de mismo mes tomaban Lisboa. En esos momentos el grueso del ejército invasor se encontraba ya en Portugal. El 9 de febrero de 1808 el mariscal Joachim Murat entró en España con la intención de fortalecer la invasión y llegar a Madrid.

En la mente de Napoleón vagaban las ideas de una España atrasada, bárbara y fácil de ocupar, según las descripciones de los viajeros franceses. No contaban con una reacción popular como la que hubo. Su pensamiento era que el pueblo español sería fácil de someter, como el resto de los territorios que había conquistado. Pero, Murat, su lugarteniente, se encontró con graves problemas para someter al país, e instaurar una nueva dinastía en España, al igual que había hecho meses antes en el reino de Etruria, derrocando a los monarcas de la dinastía Borbón-Parma y poniendo en su lugar a su hermano José.

La Batalla de Ciudad Real

Después de los movimientos bélicos que se desarrollaron en las provincias de Toledo y de Cuenca, concretamente la batalla de Uclés, el 13 de enero de 1809, el general José Urbina, conde de Cartojal, reorganizó a los efectivos de los cuerpos españoles derrotados uniéndolos al contingente del Ejército de la Mancha.

Las tropas de los ejércitos enfrentados en estas tierras de Toledo y Cuenca trasladaron el escenario de la guerra a la provincia de Ciudad Real. Los franceses como avance hacia Andalucía, y los españoles como interposición a ese avance y defensa del territorio.

 

Otro plano de la Batalla de Ciudad Real



Tras sortear los montes de Toledo, ambos cuerpos de ejército avanzaron hacia la llanura manchega a través de las vías practicables de comunicación hacia el sur. Las pequeñas poblaciones que iban encontrando en su camino, unas daban cobijo y apoyo a los soldados, y otras, de alguna forma, mostraban su hostilidad al ejército invasor, o les ayudaban y pertrechaban de mala gana. De este modo, en sólo seis días, el general francés Horacio Sebastiani pudo llevar a su ejército desde Toledo a Sierra Morena, con la previa idea de la facilidad del avance, pero viéndose obligado a combatir con energía. En palabras de García-Noblejas, fue una auténtica proeza militar. Y, como ejemplo de este esfuerzo bélico del ejército francés, nos encontramos la batalla de Ciudad Real. Pues los enfrentamientos en tomo a los puentes de Nolaya y del Emperador, así como la resistencia hispana en el cerro de La Atalaya, intentaron evitar la conquista de la ciudad y el progreso hacia el sur, y constituyeron un ejemplo de la reacción ante la invasión. Una respuesta, aunque fallida, contundente al poderío francés. Otra cosa es que la potencia gala se impusiera, en el campo de batalla, al espíritu de resistencia de las armas hispanas que, en una maniobra de retirada, cuando se vieron vencidos por la arrolladora fuerza gala, comenzaron el retroceso en desbandada hacia Sierra Morena y se dejara expedito el camino de los franceses hacia Ciudad Real y su conquista.

Según los informes y los partes de guerra, hacia el 24 de marzo de 1809, en los alrededores de la población toledana de Los Yébenes se encontraban los cuerpos de caballería de ambos ejércitos. En el caso español reforzados por partidas de guerrilleros. Desde el pueblo de Mora una división de caballería se dirigió a Consuegra, localidad que se hallaba en poder de las tropas francesas. El día 25 de marzo se ordenó que la división marchara hacia el pueblo de Malagón, en la provincia de Ciudad Real, a fin de organizar un amplio frente que detuviera el progreso del ejército adversario. Pero, seguidos de cerca por las tropas enemigas, se decretó la retirada y dividir la caballería y la artillería españolas para proteger y defenderse del avance francés hacia el Sur. En un intento de contención se fueron situando los diversos efectivos entre las poblaciones de Manzanares, Daimiel, Carrión y Ciudad Real.

En el caso concreto de la capital, para su defensa, fueron situados los soldados españoles y algunas piezas de artillería y de la caballería, protegiendo los puentes del Emperador y de Nolaya, como fuerza de interposición a fin de contrarrestar el avance de los franceses hacia Ciudad Real. El día 26 de marzo de 1809 entablaron combate en dichos puentes con gran dificultad para las tropas hispanas, que hallaban mal pertrechadas ante la magnificencia y la fuerza de las armas francesas. La infantería hispana, que se encontraba desplegada por el cerro de la Atalaya, no pudo detener el ataque y la marcha a Ciudad Real a pesar de varias horas de combate. Un combate favorable al ejército invasor. El cuerpo de ejército español, tras la lucha y siendo batidos constantemente, ante el imparable avance galo, fue iniciando la retirada hacia el sur de la provincia (entonces denominada "La Mancha").

Ángel Pozuelo Reina. Doctor en Historia. Diario “Lanza”, sábado 28 de marzo de 2009


Botón de las milicias de Ciudad Real


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