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jueves, 15 de julio de 2021

DE “CASA DE LA CARIDAD” A RECTORADO (I)

 



A finales del siglo XVIII, el cardenal Lorenzana decide construir en Ciudad Real una Casa de Caridad para la formación y acogida de personas necesitadas contando con la generosa donación de un vecino de Corral de Calatrava. La Real Casa de Caridad debe servir para la formación tanto religiosa como cultural de la juventud a la que se enseñará un oficio. En el edificio original se fabricarán paños de lana, cáñamo y esparto, aunque apenas servirá a sus objetivos unos pocos años. Su precaria situación económica hace que, ya en 1796, se hable de destinar el edificio a cuartel militar y en 1799 a cárcel de malhechores. Con la invasión francesa será ocupado en 1809 por sus tropas iniciándose una larga etapa de uso militar que durará casi dos siglos.

En 1995, el Ayuntamiento de Ciudad Real acuerda ceder a la Universidad de Castilla-La Mancha el edificio del antiguo Hospital de la Misericordia y una parcela de casi 50.000 metros cuadrados en la que se sitúa el edificio. La Universidad decide rehabilitar el conjunto para ubicar allí el Rectorado y los servicios administrativos generales. El proyecto de rehabilitación redactado por el arquitecto Ricardo López Regó se adjudica en 1996 realizándose las obras a lo largo de 1997 y primeros meses del 98. Las obras han supuesto una recuperación integral de la fábrica construida y el inicio de la revitalización de la ciudad en su entorno.

La realidad edificada del edificio está definida por dos elementos: su concepción de medidas y su realidad constructiva. La «medida de proyecto» es un elemento básico que ayuda a entender el edificio, especialmente en los históricos cuyos trazados y criterios compositivos estaban muy reglados. En base a ello podemos reconstruir la realidad básica del edificio analizando las posibles desviaciones respecto de estos parámetros y los elementos esenciales de su estructura constructiva.




En la «Casa de la Caridad» de Ciudad Real hay una doble lectura en cuanto a los trazados compositivos del edificio. En planta, la arquitectura se organiza con dos grandes patios que incluyen en el centro el cuerpo de la iglesia. Dos grandes cuadrados definen la base de cada uno de los patios como dos espacios claramente diferenciados en el conjunto. Se configura así un gran edificio que en su totalidad tiene el doble de longitud que de anchura. En el centro de esta estructura básica se sitúa el cuerpo de la iglesia que repite una estructura más compleja a una escala menor. El cuadrado que se inscribe en el centro del conjunto está ocupado por la nave de la iglesia y los patios laterales añadidos a la misma. En el interior de la nave de la iglesia la estructura longitudinal tiene también un ritmo dividido en tres tramos, el central ocupado por la cúpula y los otros dos de la cabecera y los pies cubiertos por bóveda. Las fachadas principal y posterior se organizan con una estructura simétrica central. La referencia de medida del edificio es el pie y así puede comprobarse en muchas de sus dimensiones. La gran planta rectangular tiene 350 pies (97 metros) por ciento setenta y cinco pies de ancho en una proporción uno dos. Tanto el diseño de López Durango como la construcción de la fábrica de ladrillo hacen que esa dimensión sea toledana en su concepto.

Junto a este análisis geométrico, el edificio tiene un lenguaje que procede de su realidad constructiva. La arquitectura de la Casa de la Caridad está realizada con materiales de gran sobriedad aunque con solidez y voluntad de permanencia.

Para su trazado original López Durango propone el empleo de piedra de las canteras de Ciudad Real, arena de «La Celada, el ladrillo se fabrica en Ciudad Real por tejeros toledanos con tierra del «Pardillo» y la madera se traerá de Alcaraz gracias a la intervención directa de Lorenzana ante el rey. Las obras se construyen con relativa celeridad pues se inician en noviembre de 1784 y culminarán en abril de 1788 cuando el día 30 de ese mes, el cardenal Lorenzana visitaba la ciudad e inauguraba el edificio.

En la cúpula se conserva perfectamente la estructura original integrada por unos nervios radiales de madera de tabla sencilla. Dentro de la sencillez del edificio, se recurre al uso de la piedra en algunas partes singulares utilizando para ello la caliza de la zona que tiene una degradación importante por meteorización.




La primera recuperación necesaria ha sido la estructural. A pesar de los cambios y adaptaciones que se han producido a lo largo del tiempo, el edificio presenta algunas patologías importantes en su estructura especialmente en los forjados.

El segundo aspecto importante en el proceso de la obra ha sido el tratamiento de las fachadas. El edificio, con su importante volumetría, ha sido concebido como un edificio sencillo enfoscado en todas sus superficies y encalado para su conservación y mantenimiento de las condiciones sanitarias e higiénicas del mismo dado el uso que ha mantenido a lo largo de dos siglos. En el proyecto de rehabilitación se plantea el mantenimiento de la imagen externa en su sencillez volumétrica y compositiva pero con un diferente tratamiento de la piel exterior e interior del mismo. En las fachadas laterales se subrayan los dinteles de las ventanas evidenciando al exterior la construcción de ladrillo visto y se marcan unas líneas horizontales de ladrillo visto entre las cuales se aplica un mortero monocapa que manteniendo la imagen unitaria y plana de las fachadas dignifica su acabado. En la fachada principal se elimina el chapado realizado en época reciente y se sustituye por una piedra de color similar a la mampostería existente que manteniendo el carácter significativo de la misma establece una diferencia sutil con los recercados de los huecos y zócalos manteniendo la idea de un gran plano unitario en su conjunto. Se recupera así la importancia del plano frontal que siempre había tenido el edificio. En ese contexto destaca ahora el escudo de Carlos III con la fecha de construcción

La fachada posterior ha recuperado su valor de acceso del edificio. La nueva imagen mantiene la sobriedad de la construcción con la rotundidad de sus volúmenes y pone en valor la materialidad de los edificados.

Diego Peris. La Tribuna de Ciudad Real, lunes 29 de junio de 1998



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