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viernes, 2 de julio de 2021

LA BATALLA DE CIUDAD REAL EN LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA, 26 Y 27 DE MARZO DE 1809 (II)

 



Movimiento de las tropas en la batalla de Ciudad Real

La reacción de los habitantes de Ciudad Real ante la próxima llegada de los invasores provocó la desbandada, sobre todo de las autoridades locales. Pues, en prevención de lo que había de acontecer, muchos ciudadanos decidieron poner sus vidas a salvo huyendo de la población. En sus mentes imaginaban la ferocidad de los soldados franceses, aunque también sabían de las valientes oposiciones de los compatriotas de Valdepeñas el año anterior. Otros, en cambio, sin posibilidad de marchar se refugiaron en sus casas.

La situación estratégica de la capital, en la importante vía de comunicación hacia el Sur, hacía que los habitantes de esta ciudad conocieran la evolución de la guerra. En este sentido hay que indicar la importante fuente de información que constituyó el permanente movimiento por toda la geografía manchega de las diversas partidas de guerrilleros que con tenacidad luchaban contra el invasor.

De esta forma conocieron la rendición de Madrid ante el propio Napoleón a finales de 1808 (4 de diciembre). O la resistencia de la dudad de Toledo a dar asilo a las tropas del general Thomas en su camino hada Andalucía. Tras el encuentro en las inmediaciones de la capital, el día 27 de marzo (lunes santo, en el comienzo de la Semana Santa), los primeros soldados franceses llegaban a las inmediaciones del lugar. Con fuego de artillería batieron la muralla que rodeaba la localidad y las diversas puertas de entrada, entre ellas la de Toledo, la de Calatrava y la de Granada. Fueron ocupando, hacia el mediodía, poco a poco la ciudad por diversas calles.

Imaginemos por un momento cómo se fue produciendo la toma de la villa. Tras batir la resistencia que se dio desde dentro de la dudad. Los primeros soldados franceses, fusil en mano, iban vadeando los escombros de la muralla o las puertas derruidas. Sus ojos escrutadores al atravesar la puerta de Toledo. Mirando a todos lados, esperando ser atacados por los lugareños, en un lento y precavido caminar por las calles desiertas. La caballería gala, tan temida por sus acciones bélicas, de relucientes corazas y cascos, sable en mano, pero prevenidos ante la rabia de la población vigilándoles. Sorteando algunos cadáveres de soldados y paisanos abatidos en la refriega. Temerosos de ser tiroteados y tomando posiciones estratégicas. La primera avanzadilla de los invasores, la primera fuerza de ocupaci6n. El silencio espectral aquel lunes santo, 27 de marzo, de una dudad desierta en pleno día. Silencio so1o roto por algunos disparos de mosquete a lo lejos, perdidos entre las calles sin ver ni saber lo que sucedía. Según las fuentes algunos lugareños hicieron frente a los ocupantes franceses, y estos abatieron a media docena de manchegos. ¿Fue, acaso, una entrada triunfal? Así lo esperaba el general Sebastiani.


Plano de 1810 de la fortificación que realizaron los franceses junto al Hospital de la Misericordia



Los hombres y mujeres ciudarrealeños escondidos en sus casas, las autoridades locales huidas. Por el aire retumbaban los estertores de la artillería enemiga intentando proteger a esta primera avanzada. El miedo en el rostro de los conquistadores y el miedo en la cara de los conquistados, ocultos y expectantes en los más recónditos rincones de sus viviendas. Y por todas las calles soledad, silencio, algunas muertes y desolación. La vida paralizada por el espectro de la guerra.

¿Quién se atrevió primero a enfrentarse al invasor, aunque fuera para pedir clemencia?, ¿quién fue el primero en atreverse, temblando, a salir de su escondite y rendirse ante la fuerza de la máquina de guerra francesa?

Sin mayor resistencia, los galos tomaron la localidad. El general Horacio Sebastiani esperaba ser recibido en la desaparecida puerta de Calatrava por el pueblo. Parece ser que este militar francés quiso proteger la ciudad del saqueo y del incendio; así como ante la petición de clemencia por un destacado ciudadano, concretamente, don Antonio Porras.

Si bien, es cierto que la conocida batalla de Ciudad Real no se asemeja a otros heroicos encuentros bélicos de esta guerra, sí se puede señalar que, de alguna manera se resistió a la invasión francesa con un gran sacrificio, como en el resto del país. Otra cosa es que las tropas españolas, tras su derrota en los puentes de Nolaya, del Emperador y en el cerro de la Atalaya, tuvieran que retirarse a otras zonas de la provincia, hacia el sur, en las estribaciones de Sierra Morena, Santa Cruz de Mudela y El Viso, para reorganizar sus efectivos. Hay que indicar un hecho destacado en la forma de guerrear contra un invasor tan poderoso, como lo era la Grande Armée de Napoleón. Y que dio a aquella forma de resistencia y de luchar un sello peculiar de carácter hispano, aunque, posiblemente, no exclusivo: la guerrilla.

En el caso de la batalla de Ciudad Real hemos de apuntar que, tras la ocupaci6n de la ciudad, el gobierno de la Junta Suprema y el ejército hispano reaccionarían para la reconquista del territorio ocupado. Y, en este sentido, hay que indicar que la guerrilla desempeñó un papel importante. Es el ejemplo de la partida guerrillera que comandaba el conocido como "héroe del Tajo", Ventura Jiménez. Quien, al frente de su grupo de guerrilleros intentó rescatar la capital de las garras del águila imperial francesa. La llegada de Ventura Jiménez elevó, de alguna forma, el espíritu de lucha de la población de la ciudad con pequeñas escaramuzas en las calles. Se intentó también asaltar el cuartel general. La ubicación del cuartes general francés no está clara. Habrá que volver a revisar los documentos. Según algunas fuentes las tropas invasoras llevaron su grueso a las inmediaciones de Miguelturra. La tropa que quedó en la capital ocupó la Real Casa de Caridad, llamado el Hospicio. Esto sería correcto por la proximidad de la comunicación con la población de Miguelturra. Pero, tras el combate del día 26 en el norte de Ciudad Real, lo lógico fue entrar por la Puerta de Toledo, encontrándose con el Hospital de la Misericordia (actualmente sede del Rectorado de la Universidad). Por otro lado, uno de los episodios que se relatan sobre la resistencia de los pobladores manchegos fue la construcción de un parapeto que protegiera el asalto al cuartel general francés. Mientras se construía este artilugio, cerca de la calle de la Rosa, un fusilero galo, disparó y mató a quien lo estaba construyendo. Si pensamos en la proximidad de esta calle con la Casa de la Misericordia podemos concluir que es muy posible que esta fuera el lugar donde los franceses situaron su cuartel. El poder militar francés se mantuvo en Ciudad Real hasta 1813, fecha en que la ciudad fue liberada por el ejército español.




El final de la guerra y el retorno al pasado

Tras la Victoria de San Marcial, 3 de agosto de 1813, se produjeron algunas acciones bélicas con un saldo favorable a las tropas aliadas. Pero, señalemos que fue el combate de Ordal (Cataluña) el último positivo para las tropas galas. A partir de la Batalla de rio Nivelle (en la frontera con Francia) se desarrollaron, ya en suelo francés, una serie de encuentros bélicos y batallas que fueron las que culminaron este cruel enfrentamiento denominado como Guerra de la Independencia de España, o Peninsular War.

La rendición de las tropas francesas, al mando de los mariscales Suchet y Soult, ante el ejército aliado, mandado por el duque de Wellington, se llevó a cabo el día 16 de abril de 1814. Tras este hecho volvió a trono de España el rey Fernando VII. Iniciando un periodo de fuerte reacción absolutista, con una notable marcha atrás en el progreso de la política que dimanó de las Cortes de Cádiz y un gran retroceso de la legislación que se desarrolló a partir de la Constitución de 1812. España pasó un segundo orden en la política internacional, debido a la escasa preparación de la diplomacia. Asimismo, se había desencadenado en el territorio americano la emancipación que condujo a la independencia de aquellos territorios y al desmoronamiento del imperio español. En la política interior hubo una fuerte represi6n contra lo liberal y contra el progreso. Con esta reafirmación del poder del rey y de los privilegios de la nobleza se volvió a lo antiguo: se restableció la Inquisición, se decretó la abolición de la libertad de prensa, se negó la soberanía popular, se derogó toda la legislación de Cádiz, se restablecieron los antiguos Consejos para el gobierno del país. Hubo una dura represión para proteger al rey como representante de dios en la tierra (mesianismo regio, según el historiador Javier Herrero): "El deber del pueblo consiste en obedecer al rey...".

Ángel Pozuelo Reina. Doctor en Historia. Diario “Lanza”, sábado 28 de marzo de 2009

 



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