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sábado, 7 de mayo de 2022

EL AGUA EN CIUDAD REAL, DEL CÁNTARO A LO DIGITAL (II)

 

 
Inundaciones de 1931 en Ciudad Real


Primeras obras de ingeniería

 

Hubo que esperar a 1860 para inaugurar la primera traída de agua corriente, que fue ejecutada por encargo del ayuntamiento al ingeniero francés Eugenio Salarnier. El agua se extraía con noria de pozos situados en La Poblachuela y se llevaba por conducciones de obra hasta tres fuentes públicas. Allí, los vecinos se abastecían de agua pagando al municipio un precio acordado por cada cántaro.

Este sistema pronto se vio insuficiente para garantizar la cantidad necesaria que requería la población. El sistema no era capaz de suministrar la demanda necesaria en todos los momentos del año, y además la calidad no era muy buena, según el parecer de las gentes. Además, seguía pendiente otra cuestión fundamental, que era la evacuación y el saneamiento de aguas sucias, pues no había un sistema de alcantarillado como tal.

La ciudad entró en el siglo XX abasteciéndose con el precario sistema de pozos de Salarnier, que ya tenía 40 años de antigüedad y generaba muchísimas quejas por la falta de continuidad y calidad en el suministro. Además, Ciudad Real seguía sufriendo problemas de aguas residuales que eran también de orden sanitario.

Como explican los autores del libro, un testimonio de la situación que padecía la ciudad es la noticia publicada en El Pueblo Manchego, de 18 de julio de 1911 con motivo de la expansión de una epidemia de cólera.

“Para que haya higiene en los domicilios, preciso será que comience a haberla en las calles. Y en nuestras calles no aparece la higiene por ninguna parte. No se barre ni se riega, porque no hay barrenderos ni agua en abundancia. Y el mal ejemplo cunde. Para que el vecindario se familiarizase con el lavado y con el baño, muchos no se lavan, salvo contadísimas excepciones nadie se baña, haría falta que se dispusiese de aguas en abundancia. Así no sería tacaño en derramar el preciado líquido, hoy escaso para las más perentorias necesidades. […] Si hubiese abundantemente la gastarían los vecinos en el aseo de las personas y en la limpieza de las cosas”.


Plaza del Pilar de Ciudad Real inundada durante las lluvias, en una imagen de archivo recogida en el libro editado por Aquona



De este modo, Ciudad Real entraba en el siglo XX sin tener garantizado ni un abastecimiento de calidad de agua ni una depuración conveniente a una ciudad moderna.

En 1912, gracias al impulso del alcalde Miguel Pérez Molina se inauguraron un pozo y un depósito elevado con aguas de La Poblachuela que abastecieron desde entonces a un nuevo sistema de fuentes públicas. Estas se convirtieron en un elemento fundamental de la vida urbana ya que, de una manera u otra, todos los vecinos debían pasar por ellas para abastecerse. En cada fuente había un guarda o “fuentero” que era el encargado del cobro, así como de la apertura y cierre del caño.

La llegada de agua a los domicilios directamente no se consiguió hasta los años 20 del siglo pasado. Tras numerosos retrasos y vicisitudes, se inauguraba en 1924 un servicio que logró traer agua hasta las casas desde el Valle de los Molinos, tras trazar 35 kilómetros de conducciones desde el punto de origen. Pronto se vio insuficiente y, tras un grave episodio de sequía en 1932, se recurrió de urgencia en 1934 a una obra de bombeo desde el embalse de Gasset, que había sido construido en 1911 para regadíos. Hoy en día ese reservorio sigue abasteciendo a la ciudad.

Las obras de alcantarillado, por su parte, no empezaron hasta los años 30, y las turbulencias de aquellos años hicieron que no estuvieran completadas hasta 1945. Este primer sistema se modernizó finalmente entre los años 1971-1974, después de que las inundaciones de 1964 mostraran que la ciudad no estaba bien preparada.

En 1980 se iniciaba finalmente el fructífero acuerdo de colaboración entre Aquona y el Ayuntamiento, que ha permitido a la ciudad avanzar en 40 años más que en los 800 años anteriores.

 

Calle Alarcos de Ciudad Real inundada tras las fuertes lluvias en los años 50 del siglo XX


El presente y el futuro del agua

 

Como afirma José María Coronado Tordesillas en el epílogo del libro: “Y así llegamos a la situación actual, en la que abrimos el grifo con alegría, con naturalidad, olvidando el arduo camino que ha sido necesario recorrer para llegar hasta aquí. Sirva este libro para que la ciudad conozca y valore el trabajo de las personas que, a lo largo de los años, colaboraron en resolver el reto diferido planteado por Alfonso X en el llano manchego hace casi ocho siglos. Hoy, gracias al trabajo de todos, podemos decir: ¡reto superado!”.

“El agua es un bien escaso y cada vez más por los efectos del cambio climático, por eso queremos transformar nuestras instalaciones con criterios de resiliencia y sostenibilidad, dando paso a la nueva economía circular, con la implantación de plantas de producción fotovoltaica, la digitalización de las instalaciones y la transformación de la depuradora de aguas residuales en una biofactoría”, afirma por su parte en la introducción a la obra Jesús García del Valledirector territorial de Aquona.

“Cuando los estudiantes de bachillerato vienen a la escuela a conocer la Ingeniería de Caminos les explicamos que, algo tan trivial para ellos como abrir el grifo y tener agua corriente es uno de los avances más importantes de la humanidad, un avance que, además, contribuyó determinantemente al crecimiento de la esperanza de vida, al acabar con enfermedades comunes de las ciudades como el cólera”, explica en el libro Ana Rivas Álvarez, directora de la E.T.S. de Ingeniería de Caminos, Canales y Puertos.

 

Fuente: https://www.elagoradiario.com/agua/agua-y-sostenibilidad/historia-agua-ciudad-real-del-cantaro-a-la-digitalizacion/

 

Fuente del Pilar en Ciudad Real hacia el año 1904


viernes, 6 de mayo de 2022

EL AGUA EN CIUDAD REAL, DEL CÁNTARO A LO DIGITAL (I)

 

Plaza de Cervantes, en Ciudad Real, en una imagen de 1915 tras un episodio de fuertes precipitaciones

 


El libro “El agua en Ciudad Real, historia de un reto diferido” recorre 800 años de nuestro pasado y detalla los esfuerzos para dotar a la localidad castellano-manchega de las infraestructuras precisas para garantizar el servicio. Durante siglos, la ciudad se enfrentó a dos desafíos contrapuestos y marcados por su geografía: aportar recursos hídricos en un clima seco y afrontar las inundaciones en los periodos de lluvias extremas

 

La historia del abastecimiento y saneamiento de agua en Ciudad Real es un recorrido de ocho siglos protagonizado por los continuos y muchas veces demorados esfuerzos para dotar a la localidad de una fuente constante y de calidad de recursos hídricos.

Muchas de las obras de ingeniería e infraestructuras necesarias, que hoy garantizan el bienestar ciudadano, no estuvieron disponibles hasta bien entrada la segunda mitad del siglo XX. El servicio en abastecimiento y depuración que actualmente disfrutan sus vecinos parecería una historia de ciencia ficción a muchos de sus antepasados. Porque durante siglos, las inundaciones, la contaminación de los pozos y las colas con el cántaro junto a las escasas fuentes fueron el día a día de los ciudarrealeños.

Todo ello lo narra el libro El agua en Ciudad Real, historia de un reto diferido, recién editado por Aquona junto al Ayuntamiento y la Escuela Técnica Superior de Ingeniería de Caminos, Canales y Puertos de la Universidad de Castilla-La Mancha. La coordinación editorial ha corrido a cargo del profesor de Urbanismo José María Coronado, y en la obra participan otros docentes de la Universidad como Rita Ruiz Fernández, Javier Rodríguez Lázaro, Amparo Moyano Enríquez de Salamanca y Eduardo Rodríguez Araujo.

La seguridad hídrica, la innovación tecnológica, la digitalización y la sostenibilidad que aporta hoy Aquona, la empresa del ciclo urbano del agua responsable del servicio público en colaboración con el consistorio, contrastan con un pasado de incertidumbres y escasez.


Portada de la revista comarcal “Vida Manchega”, del año 1912 que muestra los trabajos para abastecer de agua a Ciudad Real.



Todo empezó con Alfonso X

 

“Cuando en 1255 el rey Alfonso X decidió ubicar una Villa Real en el caserío del Pozo Seco de Don Gil, estaba planteando, sin ser consciente de ello, un complejo desafío hídrico a las futuras generaciones que habrían de poblarla. El lugar elegido, un cruce de caminos en mitad de la llanura, iba a presentar dos problemas recurrentes relacionados con el agua: la dificultad para el abastecimiento en calidad y cantidad suficiente y, no menos importante, el complejo drenaje y saneamiento del sitio”.

Así arranca el documentado relato que José María Coronado ha tejido en torno a la historia del agua en Ciudad Real. Un pasado hecho de desafíos y también de esfuerzo, valentía y colaboración público-privada -desde tiempos remotos-, para dotar a la ciudad del agua que necesitaba para prosperar. Una aventura plagada de responsables públicos con visión y de emprendedores particulares dispuestos a apostar por su ciudad.

Poco importa ya si Alfonso X acertó o no en la elección del lugar hace ocho siglos. El hecho es que la ciudad está donde está y, durante generaciones, los vecinos lucharon por conseguir que el lugar fuera “su lugar”, y un lugar con agua.

El reto de dotar a Ciudad Real de recursos hídricos es considerable. No llueve mucho, apenas 400 litros por metro cuadrado al año; los ríos cercanos están más bajos que la ciudad y no es posible desviar el agua por gravedad; y, además, la propia urbe está situada en una depresión, de modo que cuando llueve el agua se acumula y es necesario evacuarla para impedir inundaciones.

El libro está ilustrado con estupendas imágenes que retratan sucesos de otros tiempos, inundaciones recurrentes donde se puede ver, por ejemplo, la plaza del Pilar convertida en una laguna incluso en el año 1931. Escasez y abundancia, mal repartidas, se daban la mano en un clima de extremos que ha forjado el carácter resistente de los habitantes ante la adversidad.


Inspección del embalse de Gasset en 1916 para estudiar el abastecimiento a Ciudad Real.

 


Donación de Fernando el Católico

 

Merece la pena leer el libro coordinado por el profesor José María Coronado para apreciar en toda su amplitud la lucha de Ciudad Real por garantizar el agua a sus vecinos. Un recorrido de siglos difícil de resumir en pocas líneas.

El esfuerzo comienza desde la misma fundación del lugar. Urgía, en primer lugar, desaguar. Cuando llovía, el centro de la incipiente localidad se convertía en una laguna, para lo cual se trazaron algunas obras para vaciarla. La más ambiciosa se completó en 1508. Tras sufrir catastróficas inundaciones, se excavó una zanja de drenaje denominada La Cava. Partiendo de la Plaza del Pilar, recogía las aguas de lluvia hacia la puerta de Alarcos y de allí puertas afuera. Narra el libro que el rey Fernando el Católico concedió a la ciudad 1.000 escudos para la construcción “de las minas” de desagüe. Estas obras se siguieron ampliando en siglos posteriores.

Por otra parte, para conseguir agua se empleaban los pozos de la ciudad. Ya durante el reinado de Felipe II, se destinaron 15.000 maravedíes para abrir tres pozos en 1564. Uno de ellos, el Pozo Dulce, ha dado su nombre a una céntrica calle actual.

No obstante, puesto que los pozos no bastaban, o se contaminaban por las filtraciones de aguas sucias, desde la Edad Media se recurrió a transportar el agua en grandes contenedores desde pozos y manantiales de las afueras, labor de la que se encargaban los aguadores.

“La calidad de las aguas de los pozos fue empeorando con el tiempo, con lo que el agua de boca tendría que ser traída por los aguadores desde manantiales y fuentes próximas, por lo que durante bastantes años la ciudad perseguirá el sueño de traer agua potable”, explican los autores.

No fue hasta el siglo XVIII cuando se plantean las primeras obras de ingeniería. Hacia 1773, Fray Marcos de Santa Rosa lleva a cabo una captación de un arroyo de las afueras y construye un depósito conocido como el arca de la Atalaya, donde acuden los aguadores a cargar.

 

Inspección de la toma de agua en Los Molinos, Ciudad Real, a comienzos del siglo XX


jueves, 5 de mayo de 2022

LA SEMANA SANTA SIGUE CREANDO RIQUEZA EN CIUDAD REAL

 



La “Tribuna de Ciudad Real” publica hoy un articulo sobre el impacto de la Semana Santa en nuestra capital y provincia, y la creación de riqueza gracias a nuestra celebración pasional donde afirma con rotundidad que “el lleno en los hoteles se traduce en el mejor dato de paro en los servicios desde la Navidad del año 2009 y con la hostelería generando casi la mitad de los 1.000 nuevos empleos de abril”.

La Semana Santa de Ciudad Real, declarada de Interés Turístico Nacional en el año 2006, se ha convertido en una fuente de riqueza para nuestra ciudad, entre otras cosas por la capacidad de atraer turistas que se acercan durante estos días a Ciudad Real, y los vecinos de nuestra comarca que vienen a la capital a disfrutar de sus desfiles procesionales. Todos sabemos que nuestra Semana Santa es una manifestación religiosa, pero no hay que obviar que nuestros desfiles procesionales se han convertido en todo un referente cultural y turístico que atrae y congrega a miles de personas en Ciudad Real.

Durante una semana las calles de Ciudad Real han vuelto a verse bañadas de gente, de pasos, de bandas de música, de ese clímax especial, en el que no faltan ni las velas ni las flores, en que se desenvuelve una de las citas anuales más importantes entre Ciudad Real y sus tradiciones.

 



La Semana Santa es un perfecto ejemplo de cómo las tradiciones religiosas, logran beneficiar económicamente a la ciudad, traduciéndolo en puestos de trabajo ya que como afirma la Tribuna “El impacto de la Semana Santa se ve, también, en la evolución del dato de afiliación. En un mes, la Seguridad Social ha ganado casi 1.000 afiliados en el régimen general, de los que la mitad, 454, aparecen como nuevos trabajadores en el sector de la hostelería”. A todo esto, habría que sumar el impacto que nuestra Semana Santa tiene en el comercio local como floristerías y tiendas de confección, y el desembolso económico que realizan las cofradías y hermandades manteniendo puestos de trabajos de orfebres, tallistas, imagineros, restauradores, cereros, doradores, bordadores, etc…

Es hora de realizar un estudio que refleje el impacto económico que tiene la Semana Santa en Ciudad Real, para que este se viera reflejado luego en la ayuda que deberían recibir las cofradías y hermandades de las instituciones, ayuda económica que deberían ver como una inversión, no como un gasto.

A parte de los beneficios económicos que genera nuestra Semana Santa, esta también tiene beneficios sociales, como el sentimiento religioso, la imagen que se da de la ciudad y el reconocimiento de su patrimonio cultural, unido a la satisfacción de las personas que participan en los desfiles procesionales y los que los contemplan, creando una conciencia social sobre nuestra celebración pasional.

Es hora que de una vez por todas, que los políticos de nuestra ciudad, provincia y región tomen nota, y su apoyo a través de las diferentes instituciones llegue al mundo cofrade, porque la realidad en la actualidad se traduce en pocas ayudas institucionales, algo que tendrá hacer ver al Ayuntamiento, la Diputación y la Junta de Comunidades la nueva Comisión Permanente de nuestra Asociación de Cofradías, que salga elegida tras las elecciones que se celebraran en próximas fechas.




miércoles, 4 de mayo de 2022

EL CRISTO DE LA AGONÍA DE PICÓN

 



Si bien ya toqué este tema, hace unos años, ahora vuelvo con nuevas aportaciones. En efecto, por el año de 1950 el cronista de Ciudad Real, J. Alonso Rodríguez nos aseguraba, —sin poderlo probar documentalmente—que el llamado “Cristo de la Agonía” de la villa de Picón, procedía del desaparecido convento de Santo Domingo de Ciudad Real. Este dato en extremo interesante, nos llamaba poderosamente la atención cuarenta y cuatro años después (1994). Desde ese preciso momento nos pusimos a investigar, pese a la nula documentación de la llegada de esta imagen a Picón y que importante personaje intervino en ello.

El convento de Santo Domingo se levantó en el siglo XIV, y su capilla o iglesia fue antes Sinagoga Mayor judía de Villa Real. Ya en estado ruinoso, el dicho convento desapareció en el primer tercio del XIX. Aquí recibía culto el “Nazareno”, que los dominicos trajeron de Andalucía, cuya imagen se hizo famosa por su mirada penetrante, en los desfiles durante la antigua Semana Santa de la capital. La parroquia de San Pedro de Ciudad Real, guardó el Nazareno y parte de la magnífica sillería coral de este convento (que vemos hoy en su ábside). Otra porción de la sillería se halla en la parroquial de Torralba, también en su ábside. Otra principalísima imagen de este convento ciudarrealeño, venerada por los dominicos, fue el “Cristo de la Consolación”, que una vez abandonado el convento en 1836 se le pierde el rastro, ya que todos los objetos de culto se repartieron por parroquias. Con el Nazareno debió llegar al convento dominico, en el siglo XVII, “el Cristo de la Consolación”, que creemos es el que por muchos años se venera bajo la advocación del “Santísimo Cristo de la Agonía” de Picón. Pero veamos en que nos basamos para ello: la traza del Cristo caracteriza el estilo barroco y algo tosco, inconfundible sello de la escuela Juan Martínez Montañés (1568-1649) o su discípulo Juan de Mesa (1583-1627, el mejor y más conocido discípulo de Montañés). El Nazareno y el Cristo, se consideran de la misma época.

 



Según algunas fuentes históricas, en 1740 consta un pleito ante la Chancillería de Granada, en el que es actor don José Ossorio Mexía, que era titular del señorío de Picón y Valenzuela. También el marqués de Torre Mejía figura en 1771 en un pleito instado por él mismo sobre el señorío de Picón. Y en el mismo siglo XVIII, el cadáver de don Luis Rodríguez Ledesma recibe sepultura en la parroquia de San Pedro de Ciudad Real, en la capilla del señorío de Picón.  Aquí cabe preguntarnos, si alguno de estos influyentes personajes contribuyó en el traslado de la imagen del Cristo de la Consolación a Picón. No lo sabemos. Pero de ser así dicho hipotético traslado, se llevaría a efecto en la segunda mitad del siglo XVIII, aun en vida de estas personas. Conocemos el dato que aporta a mediados del siglo XVIII don Bernardino Muñoz de Loaysa, soportando las cargas siguientes: censo de 500 rs. sobre caudal a favor del convento de Santo Domingo, más 6 arrobas de aceite al año para la lámpara del Cristo de la Consolación del mismo convento.




Otra posibilidad, es que el Cristo llegara a la villa de Picón en el primer tercio del siglo XIX, coincidiendo con el abandono del convento por los dominicos. Esta documentación fue obtenida del libro de la Hermandad de la Dolorosa, de la imagen del crucificado bajo el título “de la Agonía”, libro depositado en la casa parroquial de Picón, que por gentileza de don Joaquín Del Real-Barco, (1995) párroco que fue de esta villa, pudimos consultar. De esta fuente documental extraemos también “Que desde siempre y en todo tiempo se le tributa culto al Cristo”, siendo la data de 1869. Otra cuestión es si el Cristo llegó a Picón por intercesión de la cofradía de la Virgen del Santo Rosario, datos que refleja el libro de la citada parroquia piconera. En el veíamos el documento fundacional de erección de la cofradía de la SS. Virgen del Rosario, firmada por el dominico fray Thomás Ripoll en el año de 1728. Así pues, el presente trabajo tiene como aliciente, arrojar alguna luz sobre la presencia en Picón, de la imagen del Cristo de la Agonía—es decir, el Cristo de la Consolación— que trasladaron desde Sevilla los dominicos para su convento de Ciudad Real. ¿Es obra de Juan Martínez Montañes?

Para los ciudarrealeños que lo ignoren, les señalamos que el área del convento de Santo Domingo comprendía la manzana urbana de las calles Compás de Santo Domingo, Mata y Delicias, y en su interior la iglesia, que antes fue la sinagoga judía. Según las crónicas se trataba de templo recoleto y bello.

 

José Golderos Vicario, Miembro de la Real Asociación Española de Cronistas Oficiales. Diario “Lanza”, lunes 12 de mayo de 2014

 


martes, 3 de mayo de 2022

PRIMER CENTENARIO, “COLOCACIÓN DE LA PRIMERA PIEDRA EN LA ESCUELA DE LOS FERROVIARIOS, 23-4- 1922”

 

General Aguilera, D. Abilio Calderón, obispo D. Javier Irastorza y D. Félix. S. Eznarriaga. Fuente: La Asociación.


El día 29 de abril de 2022 se celebró en el antiguo Casino de Ciudad Real a las 8 de la tarde unos actos conmemorativos sobre la colocación de la primera piedra en la Escuela de los Ferroviarios de Ciudad Real.

Los actos fueron organizados por el equipo directivo del colegio público Ferroviario, siendo su director Antonio Camacho; su jefa de estudios, Prado Merino y su secretario, Juan Pedro Morales.


Foto del Diario Lanza digital


Al acto asistieron la alcaldesa de Ciudad Real, Eva María Masías y varios concejales y concejalas del ayuntamiento; el vicepresidente de la Diputación, David Triguero; el jefe de Programas Educativos de la Dirección Provincial de Educación, Luis Miguel Miñarro; la inspectora de zona María Jesús Sánchez-Cifuentes y representantes de la actual Asociación de Ferroviarios de Ciudad Real.

En el salón se dieron cita numerosos maestros, maestras, ferroviarios, madres, padres, alumnado y público de la ciudad, resultando un salón casi al completo de su aforo.


Foto cedida por Juan Pedro Morales


Los actos comenzaron con una presentación y explicación sobre el acontecimiento por parte del director del Centro, informando que en primer lugar habrá una representación teatralizada por parte de los niños y niñas del colegio, a continuación, intervendrá Vicente Palomares García con una conferencia sobre las personas que intervienen en la colocación de la primera piedra y los actos realizados el día 23 abril de 1922 y vamos  a terminar con el canto del himno del colegio Ferroviario por parte de un coro de niños y niñas dirigidos por la maestra María Luisa Ciudad.

El director del Centro pone de manifiesto, en sus palabras, que este proyecto fue posible gracias a que muchas personas ferroviarias de Ciudad Real tuvieron la iniciativa de hacer un colegio para que los niños y niñas tuvieran acceso a la educación. Tras ello anunció que durante los próximos dos años van a organizar diversas actividades dirigidas a la conmemoración de la inauguración del colegio, que se produjo el 14 de septiembre de 1924.


Vicente Palomares y Antonio Camacho


A continuación, se realizó una representación teatral por parte de niños y niñas del colegio público Ferroviario en la cual se interpretaron magistralmente los discursos que pronunciaron, en su día, el ministro D. Abilio Calderón; el general D. Francisco Aguilera Egea, el obispo D. Javier Irastorza Loinaz y el presidente de la Asociación de Ferroviarios D. Félix Sánchez Eznarriaga.


Revista La Asociación, 30-4-1922


Acto seguido intervino, el pedagogo y maestro del colegio público Pérez Molina, Vicente Palomares, para dar una extraordinaria y documentada conferencia sobre lo sucedido el día 23 de abril de 1922. Comenzó situándonos en el Ciudad Real de esos momentos, presentando y explicando a través de imágenes los edificios y calles que los visitantes e invitados de Madrid y de otros lugares de España pudieron ver en aquellos momentos. Tras ello explicó la situación lamentable en la que se encontraba la enseñanza en la capital y lo que supuso la creación de esta escuela en la ciudad, por un lado, erradicar el analfabetismo y, por otro, dar una oportunidad para que niños y niñas tuvieran un lugar donde poder ir a la escuela. Continuó con la presentación de las personas principales que intervinieron en los actos de colocación de la primera piedra y con otras personas que no vinieron a ellos, pero que fueron partícipes de manera indirecta. Se detuvo de manera detallada en la biografía del general Aguilera, Eduardo Maristany Gibert, director de la MZA; Francisco Alonso Martos, arquitecto del edificio y Ponciano Montero Ramírez, presidente de la Zona 18 de la Asociación de Ferroviarios de Ciudad Real.

 

Antonio Rodero, Luis Palacios y Ponciano Montero. Junta Directiva Zona 18. La Asociación, 30-4-1922


A continuación, explicó la importancia de la Asociación General de Empleados y Obreros de los Ferrocarriles de España desde su creación el 16 de enero de 1888 y lo que supuso en el impulso y bienestar de todos los asociados de España. Se detuvo en todas las prestaciones que daba a sus asociados y en la cantidad de escuelas que hizo por todas las zonas ferroviarias, destacando el Colegio de Huérfanos Ferroviarios de Madrid. Tras ello, explicó el impulso y dedicación de la Junta Directiva de la Zona 18 situada en Ciudad Real y que gracias a sus gestiones se realizaría el colegio Ferroviario. Su presidente, Ponciano Montero; su vicepresidente, Luis Salcedo y su secretario, Antonio Rodero fueron los artífices y organizadores de los eventos sucedidos el día 23 de abril de 1922.

 

Colocación de la primera piedra. Foto: Diario ABC, 23-4-1922


Después explicó y mostró con numerosas fotos y postales de la época la manera en que sucedieron los actos programados el día de la celebración tanto en la recepción de las personalidades en la estación de ferrocarril como en los actos que se realizaron en el parque, la comida celebrada en el Grand Hotel, los actos cómico-taurinos en la plaza de toros y la cena de hermandad de la Asociación.

Por último, dedicó unas palabras invitando a la próxima celebración del Centenario del colegio público Ferroviario el próximo 2024, esperando que esté restaurado en esos momentos.


Foto cedida por Juan Pedro Morales


El acto que puso fin a esta magnífica organización fue la intervención del coro de niños y niñas del colegio para cantar el Himno del Colegio Ferroviario.

El director del colegio dio por finalizados los actos, agradeciendo a todos los que han intervenido y a todas las personas su asistencia.

 

Fuente: La Asociación, 30-4-1922


lunes, 2 de mayo de 2022

ULTRAMARINOS DE ANTAÑO: PEDRO-CONSUELO EN MATA, 54

 


Ayer daba la información del cierre de “Comestibles el Prado”, uno de los negocios más emblemáticos de la zona de la catedral, regentado por Chelo. Hoy traigo al blog, una fotografía que Chelo guarda como un tesoro, la fotografía de la tienda de ultramarinos que sus padres, Pedro y Consuelo, tenían en la calle de la Mata, 54.

Los que hayan nacido a partir de los años 60 del pasado siglo recordarán como en los barrios y en el centro de Ciudad Real, muy cerca de casa, teníamos las tiendas de ultramarinos, también llamadas en épocas anteriores “Coloniales”, pues de allí, de las “colonias”, “allende los mares” venían algunos de los productos que se vendían en estos establecimientos.

Los viejos ultramarinos eran, por lo general lugares frescos y sombríos, en los que había muchas estanterías y un largo mostrador y en los que se mezclaban una sinfonía de olores, colores y sabores. En aquellos establecimientos se vendía prácticamente de todo: el pan, la leche, todo tipo de conservas perfectamente alineadas en los estantes como las que vemos en la foto, bebidas (alcohólicas y refrescos), quesos y productos de charcutería, de las cajas de pastas y dulces que llegaban de vez en cuando, generalmente magdalenas y palmeras, toda una tentación para los más chicos, los productos de limpieza, sobre todo las lejías, que se encontraban casi a ras del suelo, bien apartadas de los productos de alimentación, y como no, aquella vieja e inconfundible balanza mecánica que presidía los mostradores de este tipo de tiendas, tal y como la que vemos en la fotografía.

Durante muchos años a estas tiendas acudían la mayor parte de los vecinos del barrio para hacer la compra diaria. No había entonces ni super ni hipers. Llegaba la clienta y hacía cola hasta esperar su turno y de paso, la clientela, se ponía al día. Y es que en los barrios hacíamos vida de pueblo, no como ahora que casi nadie conoce nada sobre nadie, ni siquiera en tu propio portal. Nos hemos convertido en una sociedad mucho más individualista. 


domingo, 1 de mayo de 2022

AYER CERRÓ SUS PUERTAS COMESTIBLES EL PRADO: “CHELO”

 



Ayer sábado 30 de abril, cerraba sus puertas “Comestibles el Prado”, un establecimiento con más de cuarenta años de historia, dedicado a la alimentación en la calle Prado de nuestra ciudad. Es uno de los negocios más emblemáticos de la zona de la catedral, propiedad de Consuelo Lomas Mesa, conocida cariñosamente por todos como “Chelo”, una mujer simpática, agradable y muy querida por su clientela.




El motivo del cierre no es otro, que Chelo ha puesto fin a su etapa laboral y ha decidido jubilarse a sus 66 años de edad, aunque no los aparente, tras permanecer 41 años tras el mostrador de su tienda, ya que esta abrió sus puertas el 2 de junio de 1981, un negocio que no le era extraño, ya que sus padres, Pedro y Consuelo, tuvieron una tienda de ultramarinos en la calle de la Mata número 54.




Chelo se lleva con ella muchos recuerdos vividos en su pequeño negocio, que le acompañaran toda la vida, y quiere dar las gracias a toda su clientela, por los años que han vivido juntos, por su cariño y la confianza que siempre han depositado en ella. Entre estos recuerdos sin duda siempre tendrá presentes a la Pandorga y la Semana Santa, dos épocas del año donde su negocio conseguía unos ingresos extras.




Serán muchos los que echarán en falta la ausencia de “Comestibles el Prado”, sobre todo en Navidad las cofradías y hermandades de nuestra ciudad, ya que en la tienda de Chelo se vendía lotería de todas ellas, y era un referente para conseguir participaciones de las mismas.




Con el cierre de “Comestibles el Prado”, Chelo deja a muchos clientes "huérfanos" que apostaron por la cercanía. Muchos de ellos personas mayores que tienen dificultades para desplazarse a otros establecimientos, pero también a jóvenes que han optado por una tienda de trato cercano y agradable.




Los que hemos tratado a Chelo tras el mostrador, solo nos queda desearle una buena jubilación, porque se la merece, y lo mejor en esta nueva etapa de su vida que ahora comienza, donde podrá viajar con toda libertad, sin tener que estar pendiente del horario de su tienda. Gracias Chelo por estos años de tu dedicación y entrega, te echaremos de menos.