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domingo, 7 de julio de 2024

AYER FALLECIÓ EN CÁDIZ DON JULIÁN ALONSO

 



LANZA da hoy una dolorosa noticia a sus lectores. Ayer falleció en Cádiz, donde ejercía su cargo de catedrático en el Instituto “Columela” de Enseñanza Media, nuestro querido paisano e ilustre colaborador don Julián Alonso Rodríguez. No hace todavía un mes recibíamos carta suya, en la que nos indicaba hallarse mejorado de una grave dolencia que le había aquejado y hace diez días un buen amigo nos daba cuenta de haberle saludado en Cádiz, encontrándole muy repuesto. Ahora nos llega, a través del telégrafo, la noticia de su muerte y de que el sepelio se habrá efectuado esta tarde a las cuatro.

La falta de detalles parece dolernos más aun a quienes de verás estimábamos a Alonso, que en los meses de verano siempre venia a Ciudad Real y eran muy frecuentes las visitas a nuestra Redacción, donde tenía atinados comentarios para la actualidad local.

Julián Alonso, muy devoto de la Reina del Prado, era u enamorado de su Ciudad Real, un entusiasta defensor de cuanto se relacionaba con su historia y sus tradiciones y las columnas de LANZA son buena prueba de ello. Últimamente, a causa de la enfermedad, había espaciado algo más sus colaboraciones, pero siempre que se le solicitaba unas cuartillas sobre determinado acontecimiento de su tierra natal, acudía solicito a satisfacer el interés del lector.

El padre del ahora fallecido había desempeñado el cargo de coronel gobernador militar de Ciudad Real y ocupó también puestos edilicios, heredando de él Julián Alonso el cariño por las cosas manchegas. El Ayuntamiento de la capital le honro hace años con el título de cronista de la ciudad, junto con el que era su compañero en las tareas docentes don Emilio Bernabeu.

LANZA envía a la distinguida familia del amigo desaparecido el testimonio de su más sincera condolencia, en especial a su apenada hermana doña Mariana Alonso Rodríguez, y ruega a los lectores una oración por el eterno descanso de su alma.

 “Lanza” lunes 13 de mayo de 1963


Sepultura de Julián Alonso Rodríguez  en el cementerio de Ciudad Real


sábado, 6 de julio de 2024

GLOSA A UNA LABOR LITERARIA

 

Imagen coloreada del archivo de Julián Alonso Rodríguez  de un arco gótico desaparecido de la calle Pozo Concejo


Intentaremos hilvanar unas líneas para glosar brevemente la copiosa labor literaria del catedrático fallecido Don Julián Alonso Rodríguez, siquiera sean como homenaje póstumo a su memoria. Este propósito no es el de hacer un trabajo de crítica, más o menos severa, de su vasta obra, sino el de recordar algunos de los motivos o temas de su preferencia y, a la vez, resaltar la amenidad y llaneza de su peculiar estilo literario.

Cuando los deberes que le imponía la profesión, a la que dedicó gran parte de su vida, dejaba libre su atención, orientaba está a la tarea de escritor y publicita. En ambas actividades cabe hacer un parangón con las de otro catedrático y escritor fallecido don Emilio Bernabeu Novalvos. A uno y otro les cupo el honor de recibir el título de Cronistas de Ciudad Real, galardón que les concedió el Ayuntamiento por sus muchos merecimientos.

Ciudad Real ha perdido, al morir don Julián Alonso Rodríguez, su cronista predilecto, su esforzado defensor, ya que era un paladín de esta Ciudad tan querida y amada por él, como frecuentemente lo demostraba en su extensa labor literaria. En todos los trabajos que publicó había una intima caricia, una constante estimación para las cosas de Ciudad Real. Y en su mente acumulaba ideas que, luego, desparramaba habitalmente por las amenas crónicas que dedicaba a los paseos, plazas, parajes, y a todo aquello donde la historia dejó algún vestigio. Su temperamento de fecundo escritor, diestro en las Artes y observador de la Naturaleza, tanto le obligaba a describir la belleza de un parteluz o de un capitel como a elogiar los vistosos colores de unas florecillas silvestres.

El ambiente y situación de la mayoría de sus crónicas son evidentemente ciudarrealeños, y, por tanto, son pedazos d la historia intima de esta Ciudad. Son jirones de historia, dispersos hoy, que no deben perderse porque encierran un valor tan estimable como todas las obras de esta naturaleza. Y a lo largo de su producción literaria daba a conocer cuánto de Ciudad Real sabía y descubría como fruto de sus investigaciones. Y escribió sobre calles antiguas, casas solariegas y linajes, y describió tipos labriegos con vocabulario de pintoresca rusticidad manchega; y evocaba recuerdos de las concurridas romerías Alarcos; y ensalzaba, ¡cómo no!, a la Virgen del Prado con frases de amor y gratitud que, en conjunto, formaban como un bello florilegio dedicado a la Excelsa Señora.

De la lectura de su obra se deduce un firme deseo de conservar todo lo antiguo y tradicionales: Unas piedras cargadas de historia, unos escudos nobiliarios, una leyenda… Y ese deseo se hacía inspiración en su pensamiento y recuerdo lirico en los puntos de su pluma.

Julián Ruiz Peco. Diario “Lanza” jueves 20 de junio de 1963


Julián Alonso Rodríguez el día que fue nombrado Cronista de Ciudad Real


viernes, 5 de julio de 2024

CIUDAD REAL SIN CRONISTA

 

Medalla de Cronista Oficial de Ciudad Real de Julián Alonso


Ya no ha venido este verano. El, siempre tan puntual, tan asiduo, tan cumplidor, no ha llegado a su cita anual con el amigo a quien le anunciara: «cuando nos veamos el próximo mes de julio, si Dios quiere». Dios no lo ha querido. Algún año tenía que ser. Y ya no le veremos más por las calles percheleras de Santiago, ni en la rebotica de Gil, ni en la imprenta de los Pérez, ni en la terraza del Manolo, ni en la redacción de «Lanza», ni por los portales de la Plaza, ni paseando por las carreteras confluentes en su Ciudad Real querido.

Bien sabe el lector que nos estamos refiriendo a Julián Alonso, ciudarrealeño legítimo, cronista oficial de nuestro pueblo y Catedrático de Enseñanza Medía en el Instituto de Cádiz. Su salud se había resentido notoriamente en los últimos años, pero su naturaleza fuerte había vencido los duros amagos invernales. Y se nos fue cuando menos lo esperábamos, en plena primavera, un domingo del mayo gaditano, exultante y florido, después de dar las clases normalmente el día anterior y en vísperas de terminar un curso más de su larga y fecunda docencia.

Julián, amigo: Tú le temías — ¿te acuerdas? —  a esta hora triste de los elogios. Pero no hay más remedio. Tú se los dedicaste, en las más sentidas necrologías que se hayan escrito, a otros ciudarrealeños insignes que fueron: a Herencia, a Balcázar, a Bernabéu ... A tí te los han dedicado ahora también, y en menor cantidad, seguramente, de la que merecías, Cecilio, Dulce, San Martín, Alpera, Agostini... Bueno, vamos a dejar ese mañana, querido Julián. Ahora se trata de tí, de hablar de tí, de escribir sobre tu personalidad austera, cabal, singular, completa, en una palabra.


Julián Alonso impartiendo clases en su catedra de Cádiz


Tu vida fue sencilla, sí, pero también múltiple y ejemplar: desde tu nacimiento el 23 de junio de 1899, hasta este luctuoso 12 de mayo último, han sido muchos años de producción fecunda, si obedecemos el clásico adagio de que los humanos no debemos pasar «sicut nubes, quasi naves, velut umbra...» sino dejando alguna de estas cuatro cosas: un libro, un discípulo, un árbol, o un hijo. Hijos no dejaste, ciertamente, querido Julián. Pero árboles sí, y muchos, plantados y regados por tu mano cariñosa y protectora de naturalista, y discípulos por centenares, por miles mejor, contados en tu Ciudad Real, en Madrid, en Vigo —ya con la cátedra ganada brillantemente en 1928— y luego en Cádiz, en el Instituto y en la Facultad de Medicina. Discípulos que te adoraban, que te querían, que aún guardan el buen recuerdo de tus sabias enseñanzas y orientaciones, que te respetaban también — ¡qué difícil en la docencia es eso de hacerse querer y respetar al mismo tiempo! — y que ahora te lloran y rezan por tu alma. Y libros, Julián, también nos dejaste algunos libros, no extensos ni muy voluminosos, pero sí densos de conceptos y ágiles de forma. Y centenares de artículos — [casi cincuenta años escribiendo, Señor! — en la «Tribuna», «El Labriego», «Vida Manchega», «El Pueblo Manchego», «Lanza», en «El Faro» de Vigo, en «Columela» de Cádiz, en «Albores» de Tomelloso y en cuantos folletos y revistas era solicitada tu colaboración, que tu prodigabas desinteresada y vulgarizadora . Centenares de artículos con prosa emocionada, flúida, candente, de sabor azoriniano a veces, con manejo caudaloso del objetivo en otras, siempre apasionada y entrañable, que bien merecen una selección antológica para formar ese libro que fuese como un homenaje póstumo a tu memoria, Julián, ya que tú no quisiste coleccionar y guardar esa labor fecunda que repartiste tan pródigamente.

 

Julián Alonso también realizo numerosos dibujos sobre lugares y monumentos de Ciudad Real

 

Catedrático y escritor fue primordialmente Julián Alonso. Y con otras manías y aficciones, además. (Huimos deliberadamente de ese atroz barbarismo de «hobby» que nos quieren imponer). Sus otras aficiones eran, por ejemplo, la pintura y la fotografía. En Julián latía el artista tanto como el poeta o el maestro. Sus dibujos eran perfectos, estudiados, detallistas, y sus fotos se conservarán en el secreto de su archivo, junto con manuscritos y valiosos recuerdos, pero también están difundidas y rubricadas como ilustración de sus trabajos literarios.

Sin embargo, la más exaltada cualidad de Julián Alonso era su ciudarrealeñismo auténtico, apasionado, sin trampas ni claudicaciones. Le dolía Ciudad Real a Julián Alonso. Lo amaba —o la amaba— hasta en sus defectos: en sus callejas, hebreas o moriscas, postizadas por la leyenda; en sus rincones, rejas y portadas; en sus plazuelas, en la heráldica de sus escudos, en la ruina de sus murallas, en sus piedras y en sus casas decrépitas. El habría querido una Ciudad Real progresiva, sí, dinámica y remozada, ¡cómo no!, pero también estática y firme, clavada en su tradición de siglos, respetuosa con su estampa clásica de pueblo castellano y manchego. Algo muy difícil era lo que quería el buen Julián para Ciudad Real, para su Ciudad Real, a la que tanto amó.

 

Reproducción de la imagen de la Virgen del Prado de Julián Alonso y que siempre le acompañaba en sus viajes

 

Y amó más aún, si cabe, a la Virgen del Prado. Aquí el amor de Julián Alonso era ya frenesí, delirio, entrega total. Desde luego, no se puede ser buen ciudarrealeño sin la devoción a su Patrona. Pero en Julián esta devoción no tenía medida, incluso con espléndidas donaciones que conocemos ahora y que él ocultaba humildemente. Cualquiera de nosotros, ¿verdad?, se conforma con poseer una estampa, una medalla. . . Pues esto no era bastante p ara Julián Alonso. Él tenía una imagen — ¿se la hiciste tú; amigo Jerónimo? —, una imagen de regular tamaño, reproducción exacta de aquella primitiva y ad o rad a que destrozaron las m anos aleves de los iconoclastas del 36, una imagen guardada en una maleta especia!, que formaba parte del equipaje en sus desplazamientos veraniegos. Una Virgen del Prado, altar portátil, que le acompañaba siempre, como el caballero medieval de la dulce leyenda.

Este era Julián Alonso Rodríguez, en síntesis, biográfica: catedrático insigne, escritor de mérito, apasionado por la historia, el dibujo y la fotografía, amigo leal, católico ferviente, manchego ilustre, ciudarrealeño de pro y Cronista oficial de la ciudad de sus amores.

Hace unos años moría Don Emilio. Ahora desaparece nuestro Julián. Ciudad Real se ha quedado sin sus cronistas oficiales. Hay algo como de orfandad en una ciudad sin Cronista.

Francisco Pérez Fernández. Boletín de Información Municipal N.º 10 agosto de 1963




jueves, 4 de julio de 2024

JULIÁN ALONSO RODRIGUEZ 1899-1963

 



Como preciado y distinguido homenaje al hombre que sin duda más ha querido a esta capital, he considerado rehabilitar su memoria, hoy completamente perdida y olvidada en comparación con los grandes personajes de nuestra historia local. Y por ello vengo a abanderar sobre Ciudad Real Cofrade la vida y obra de un intelectual, de un docto sin parangón y un pregonero que hizo de nuestra Semana Santa una gran Catedral. Un hombre que llegó a todo el mundo desde el más letrado al menos cultivado. Fue el peculiar y cercano Don Julián Alonso Rodríguez, un personaje singular con curiosas "rarezas" de las que con tanta simpatía nos hablaron los notables como Marcos Redondo o García Pavón. ¿No es verdad, que las biografías de los sabios, de los artistas, de los hombres célebres en general, están plagadas de estos rasgos propicios a la sátira y al humor, que son como las, sombras que resaltan el bello cuadro de sus figuras excelsas y brillantes? De aquí la manida frase, tantas veces oída por todos: no hay hombre grande para su ayuda de cámara. Nace Don  Julián en Ciudad Real el 23 de junio de 1899, hijo del Gobernador Militar Don Mariano Alonso y de Josefa Rodríguez.

Desde muy niño se identifica con la historia y a la temprana edad de trece años empieza a desarrollar sus primeras anotaciones históricas. Hizo sus primeros estudios en la Academia General de Enseñanza de Ciudad Real. En 1917, hace un estadio documental y fotográfico del patrimonio "escondido" que así puede llamarse al interior de las casas de la Judería v tic la Morería. En 1918 es nombrado jefe de Puesto de Desafección con carácter interino por la Alcaldía de Ciudad Real con motivo de la epidemia reinante. En el año 1921 se Licencia en Ciencias, Sección de Naturales, tomando en 1925 posesión de Auxiliar Bacteriólogo en la Estación de Patología Vegetal en La Florida (Madrid). En 1928 es nombrado por oposición libre, Catedrático de Agricultura Terminología en el Instituto Nacional de Segunda Enseñanza de Vigo.




Años más tarde, 1931, toma posesión en el instituto de Cádiz, "Columela", al que es trasladado por concurso, pasando al siguiente curso como Auxiliar de la Cátedra de Biología en la Facultad ele Medicina de Cádiz. Cuando el Profesor Alonso pasaba sus acostumbradas vacaciones de verano en Ciudad Real le sorprende la Guerra Civil, no pudiendo incorporarse de nuevo en Cádiz, siendo obligado a desempeñar la Dirección del Instituto de Segunda Enseñanza de Ciudad Real, durante el trienio.

El 1 de mayo de 1939 regresa a Cádiz, y se hace cargo de su Cátedra, donde desarrolla una labor extraordinaria muy recordada en la milenaria ciudad de plata. Se especializa en fotografía y participa activamente en la recuperación del Patrimonio Histórico Artístico de Ciudad Real, donde encabeza luchas feroces en pro de la conservación como él decía "de mi amada y siempre querida Ciudad Real" que ocasionaron sonados enfrentamientos que revistieron al Profesor Alonso del más enérgico respeto en todos los órdenes, menos en el político, desde donde no se le ofreció garantías para su causa, recibiendo grandes disgustos al quedarse aislado en esta desigual lucha, llegando a pronunciar ante varias autoridades una frase lapidaria cuando éstas le recriminaron personalmente que se encontraba sólo ante la cruzada patrimonial, respondiéndoles de la siguiente forma: "Ciudad Real y yo, mayoría aplastante". Muy pocos años antes 1954 el eminente Catedrático recibió junto a su homólogo Don Emilio Bernabeu Nobalvos el título de Cronista Oficial de Ciudad Real, que ele poco le sirvió para su inigualable lucha. En el año 1956 fue elegido Pregonero de la Semana Santa de Ciudad Real, siendo pronunciado el Pregón cofrade en aquel inolvidable Viernes de Dolores, colocando hastía la fecha el listón más alto en los pregones habidos, coincidiendo curiosamente en el año y circunstancias con el Pregonero Sevillano Rodríguez Buzón. Puede decirse de aquel pregón que hasta la fecha ha sido base, raíz y razón donde muchos han bebido con gratitud, reconociendo el inestimable valor del mismo.

Nadie como él sabía a la perfección la historia ele la Semana Santa ciudadrealeña, nadie como él había sondeado y repasado sus cimientos, él conocía todas las imágenes titulares antiguas y contemporáneas, sus autores, sus libros de actas, sus hermanos mayores, sus costumbres y como no, sus personajes relegados y totalmente olvidados siendo éstos los más emblemáticos.




Julián Alonso, muy devoto de la Reina del Prado, se hacía acompañar de una imagen de la Señora de Ciudad Real, copia exacta de la antigua. Hay que destacar que pocos como Alonso eran sobresalientes entendedores de todo lo catedralicio, siendo los consultores de su ciencia varios de nuestros añorados Obispos Priores de las Órdenes Militares Españolas. Colaborador importantísimo del Diario Lanza donde desarrolló una labor ímproba, con aquella prosa, emotiva y cordial, con un estilo tan original y auténtico que se adivinaba al autor sin llegar a la firma. Después vendrían años de angustia, de luchas, heridas, desvelos en pro de Ciudad Real, encabezados por este ilustre bilaureado cronista y pregonero, general de ejército de nuestra historia, hasta que su corazón se resintió y a causa lamentable de esos disgustos, vino a poner el culmen de tanta destrucción, la noticia del proyecto de eliminación y derribo del maravilloso y señero convento de las Madres Dominicas de Altagracia, después de más de cinco siglos de existencia. Su corazón no pudo resistir tanto dolor desquebrajándose como su sentida Ciudad Real aquel 12 de mayo de 1963, falleciendo en Cádiz y recibiendo sepultura en esa ciudad, hasta que fueron trasladados sus restos mortales diecisiete años después a la vieja Ciudad de Reyes.

Su último artículo publicado en la prensa en razón de lo acontecido se tituló ¿Qué queda ya?

Como colofón decir que está en marcha su biografía, obra escrita y fotográfica que aportará sin duda una base incalculable a nuestra historia. Para culminar este artículo no veo otro mejor argumento que un texto del homenajeado: «Te diré, corno final amigo, que, equivocada, pobre o rica, guapa o fea, trabajadora dolorosa.... Quiero a mi ciudad y ¡nadie la toque! Que, sea quien sea, no be de consentirlo, pues, sobre todo, es buena, y es mía, y muy señorona, y a nadie llama y todos abraza, aunque en bálsamos Judas se le vuelvan luego. Si en el trance de piropearla me panes buscando y rebuscando, no encontraría otro piropo más grande, más bello, más varonil que decirle: iMadre! Y darle un beso en la boca».

Ciudad Real cofrade 2001 por José López de la Franca y Gallego




miércoles, 3 de julio de 2024

DON EMILIO BERNABÉU

 



¡Pobre don Emilio! ¡dichoso don Emilio! Dio el paso final, ineludible para todo humano, cuando contaba “cuatro duros y un cacho” como ajustan los años de existencia las viejecitas de su tierra y mía. Y los ha llenado de simpatía, de saber, de enseñanzas, ¡de vida!, prodigadas por los cuatro extensos puntos cardinales de aquella llanura. Y eso sí que no puede borrarlo ese accidente que llamamos muerte y es tránsito y, para él, recompensa, triunfo de un vivir perdurable, en el recuerdo, eterno. ¡Vivir siempre en el tiempo y en el espacio de esta llanura inmensa de la Mancha expectante, ¡silenciosa! Que ese silencio es el homenaje augusto por ella reservado a los elegidos. Silencio no huero, ¡macizo!, pues es silencio de entrega de novia; de beso de mujer; de madre.

Don Emilio no ha muerto. Se fue, tranquilamente, a charlar, con su hermano, de leyendas poéticas de la judería, como a diario parlaba de pasadas historias con los sillares de cualquier añejo edificio, y por eso, ahora, no lo veremos chiquito, correcto, distinguido, caminar todas las mañanas, hasta la puerta de Toledo, y tomar el sol invernal del mediodía, en los “portales” de la Plaza, y el fresquito vespertino, de los veranos, en el Pilar, y saludar a la niña alumna, o a la madre, o a la abuela, de modo cortés, cariñoso, elegante, sonriente.

Cuando, Dios mediante, llegue yo este verano a Ciudad real, no me llamará al pasar por su casa para, a través de la reja castellana de la ventana de su despacho, contarme algo interesante con sencillez incopiable. Por eso he de notar su viaje, su ausencia, y he de sentirlo muy hondo, pues, además, don Emilio era ya el último hilo, bien querido, que me unía a mis lejanos años bachilleriles del Instituto. ¡Años de Geografía e Historias con don Maximiano, de Matemáticas con Malaguilla y Gerez y don Narciso, de Ciencias de las Naturaleza con don Antonio, de Latín con don Vicente, de…!




Pero don Emilio volverá a nosotros para acompañarnos a las Calatravas y Alarcos; para pasear por Barrionuevo; para visitar el pórtico de San Pedro y la puerta de Toledo; nos comentará la carta-puebla de la “gran Villa e bona”, de Alfonso X; nos parará ante los bustos de Gasset y de Pepe Cruz; cantará con nosotros la irredención del artesonado de Santiago; lo tópare en el Ayuntamiento ostentando su medalla de cronista, que aligeraba la mía de una responsabilidad atroz…:

¿Por qué escaldan los trazos de mi pluma estas lágrimas, pesadas que caen de mis ojos?

¡No, no me digáis que don Emilio, el hombre bueno y culto, el buen amigo, el caballero, el abogado, el comendador de la Orden de Alfonso X, el académico de la Historia, el catedrático…, el enamorado de su tierra, el cronista de Ciudad Real, ha muerto!

El olvido, en vida, es muerte. El recuerdo hace vida de la muerte.

¿No veis? ¡Don Emilio vive!

Julián Alonso Rodríguez. Diario “Lanza” miércoles 2 de abril de 1958

 



martes, 2 de julio de 2024

PROCESO PARTICIPATIVO, DEDICACIÓN DE LA PLAZOLETA JUNTO A CALLE JOSÉ DE RIBERA ESQUINA CALLE MURILLO A D. JOSÉ MAYOR RÍOS

 

Imagen de José Mayor en sus últimos años de vida, y la Plazoleta que se  pretende rotular con su nombre en el barrio de Pio XII



Abierto el proceso participativo desde el 1 de julio al 30 de julio de 2024, para la valoración  de la petición de la Comunidad General de Propietarios de la Barriada de Pío XII de Ciudad Real sobre la dedicación de la Plazoleta junto a Calle José de Ribera, esquina con Calle Murillo a D. José Mayor Ríos (Este proceso participativo tiene como única finalidad la dedicación de la calle y por lo tanto no afecta al nombre de la vía).

D. José Mayor Ríos, nace en Albaladejo, el 29 de Septiembre de 1.930, siendo el pequeño de cinco hermanos. Con solo 6 años sufre la Guerra Civil en la que muere su padre y tres de sus tíos, hecho este que provoca que toda la familia se traslade a Ciudad Real.

El bachiller lo realiza interno en los Salesianos de Sevilla. Posteriormente en 1.963 se gradúa como Ayudante Técnico Sanitario en la Escuela Universitaria de Málaga, estando ya casado con su esposa Felicidad desde el año 1.957.

Fruto de ese matrimonio nacen 10 hijos biológicos y otra más, la pequeña Cecilia adoptada y querida como una más de la familia, abuelo de 16 nietos y bisabuelo de tres biznietos.

Su vida laboral, ha sido amplia y muy extensa, por las mañanas trabajó en la Caja Rural de Ciudad Real, por las tardes como Funcionario en el Ministerio de Agricultura, siendo además el practicante de la empresa, atendiendo a sus compañeros y por la noche y fines de semana el que ponía las inyecciones y hacia las curas de todos los familiares de los trabajadores.

Fue miembro de la Junta Directiva del Colegio de ATS de Ciudad Real, ocupando el puesto de Vocal durante más de una década. Así mismo durante 15 años fue Tesorero de la Hermandad de Donantes de Sangre de Ciudad Real. Lo que dice mucho de su vocación y entrega hacia los demás.

 

José Mayor junto a su mujer en el homenaje que le dio la Peña Dinosaurio en el año 2001. La Tribuna de Ciudad Real domingo 11 de marzo de 2001


Fiel a su vocación de Servicio hacia los demás, Pepe Mayor, como a él le gusta que le llamen sus amigos, tiene un amplio bagaje de servicio público. Fue Concejal del Excmo. Ayuntamiento de Ciudad Real durante la Legislatura Independiente de D. Lorenzo Selas Céspedes y posteriormente fue Concejal por el Partido Popular en la Legislatura de Don Francisco Gil­ Ortega Rincón.

Fue durante esta Legislatura, como Concejal de Festejos cuando se compra por parte del Ayuntamiento el Belén que actualmente disfrutamos todos los ciudarrealeños durante las Navidades, así como las personas que nos visitan.

Siendo Concejal de Festejos consiguió, a través de muchas negociaciones, la cesión de los terrenos en los que actualmente se ubican los aparcamientos de la Ermita de Nuestra Señora de Alarcos.

Pepe, es un hombre de fuertes convicciones religiosas, lo que le lleva a sentirse al servicio de los demás también en este plano, durante los últimos años en los que su estado de salud se lo ha permitido, también ha estado al servicio de la Parroquia Santo Tomas de Villanueva, colaborando con los Sacerdotes de la misma.

Si su vida familiar ha sido fructífera, como ya he dicho y su vida pública como Concejal también, no lo ha sido menos como vecino de la Barriada de Pio XII, siempre al servicio de sus vecinos fuera la hora que fuera incluso atendiéndolos también como ATS.

Desde los inicios de la Barriada de Pio XII, Pepe es un vecino más que comenzó su andadura en el nuevo Barrio que se creó. A estas alturas estoy por decir que es de los pocos miembros vivos, testigo de las vicisitudes de la extinta Cooperativa de Viviendas de la Hermandad Ferroviaria de Acción Católica.

En el año 1.987 y tras un periodo de 10 años de ineficiencia, inoperancia y total oscurantismo del Presidente de entonces y de su Junta Rectora en el devenir de la barriada y tras una Asamblea Extraordinaria promovida por los propios vecinos Pepe Mayor, fue elegido Presidente de la Comunidad de Propietarios de la Barriada de Pio XII conformando una nueva Junta Rectora.

Pepe Mayor dio un giro de 180 grados a la Comunidad, siempre apoyado por una junta de hombres leales a su persona porque sabían que no se equivocaban. Para Pepe no había horas, surgiesen los problemas cuando surgieran, noche, domingos, festivos. Siempre estuvo al servicio de la Comunidad por el bien de sus vecinos, Gracias a su empeño, se revitalizaron las Fiestas de la Barrida durante un tiempo dormidas.

Como desde la Comunidad no podíamos solicitar muchas mejoras para la barriada por no tener competencias, en el mes de Mayo de 1.990 junto con otra serie de personas fundó la Asociación de Vecinos "Santo Tomas de Villanueva" que si bien el ámbito territorial es mucho más amplio, el corazón de la misma es la Barriada de Pío XII. Fiel trabajador y defensor del Movimiento Vecinal, cofundador de la Federación Local de Asociaciones de Vecinos "Alfonso X el Sabio", siendo Concejal de Participación Ciudadana D, Javier Naharro Arteche.

Para terminar reseñare una anécdota de Pepe, que dice mucho de su ética, catadura moral y convencimiento de lucha en lo que cree, lo que ha sido su bandera durante su vida pública, Como dije con anterioridad, Pepe fue concejal de Festejos en la Legislatura de Francisco Gil Ortega, Pues bien, el día que tomó posesión de su cargo en el Pleno al efecto, se debatían también los Presupuestos municipales para ese año. Llegada la hora de votar los Presupuestos, D. José Mayor Ríos voto en contra de los mismos, porque no estaba de acuerdo con el dinero que se destinaba al Movimiento Vecinal de la ciudad, ESE ES PEPE MAYOR RIOS.”

El desarrollo de este proceso participativo y la votación de apoyo a esta iniciativa, se llevará a cabo desde el 01 al 31 de julio de 2024, de acuerdo a las normas de desarrollo aprobadas mediante Decreto de Alcadía de 14 de diciembre de 2023.  ( https://participa.ciudadreal.es/index.php/procesos-participativos/48-nombre-de-la-encuesta/17-proceso-participativo-don-jose-mayor-rios)


Plazoleta en la calle José de Ribera esquina con la calle Murillo que se pretende rotular con el nombre de José Mayor

 

lunes, 1 de julio de 2024

LA REAL E ILUSTRE HERMANDAD DE LA VIRGEN DEL PRADO REALIZÓ UNA RECOGIDA DE ALIMENTOS

 



El pasado sábado 29 de junio, la Real e Ilustre Hermandad y Corte de Honor de la Virgen del Prado realizó una recogida de alimentos en los supermercados “La Despensa” de la capital, para posteriormente ser entregados a las Hermanas de la Cruz, para las familias más necesitadas de nuestra ciudad, que atiende esta congregación religiosa.




Miembros de la Junta de Gobierno de la Real e Ilustre Hermandad, más hermanos de la misma, fueron los encargados de realizar esta recogida solidaria en los supermercados de “La Despensa” de la calle Toledo, Real-Infantes y Ruiz Morote, entre las 9 de la mañana y las 9 de la noche. El domingo 30 de junio fue entregado todo a la comunidad de las Hermanas de la Cruz.