lunes, 4 de abril de 2011

PRONUNCIADO EL MAGNO PREGÓN DE LA SEMANA SANTA 2011


“¿Quién ha dicho que en mi tierra no hay monumentos?”

San Juan acompañó al pregonero en su paseo por la Ciudad Real cofrade

El magno pregón de la Semana Santa de Ciudad Real respiró el sábado sentimiento y emoción por los cuatro costados. Su protagonista fue Alejandro Simón Castillo, quien se dirigió a un Teatro Municipal Quijano que presentaba un lleno total, ya que fue muy numeroso el público que no quiso perderse la ocasión de escuchar al cofrade ciudadrealeño anunciando la esperada llegada de la Semana de Pasión.

La presentación del pregonero corrió a cargo de César Pedrajas Nieto-Márquez, secretario de la Hermandad Jesús Nazareno de Ciudad Real, quien se refirió a Simón Castillo como «un cofrade con devolución» y destacó de él una cualidad: «Su universalidad». Por eso, adelantó que sería «un pregón de todos y para todos» y le dio paso definiéndolo como «un pregonero universal».

Alejandro Simón Castillo abrió ayer oficialmente el tiempo de espera en el Teatro Quijano con un Magno Pregón en el que declaró su amor, fraguado en la infancia, por una Semana Santa “monumental” integrada por aquéllas a las que se refirió como “mis hermandades”. Fue un texto largo que comenzó con una defensa de la celebración en toda su esencia. “¿Quién ha dicho que en mi tierra no tenemos monumentos? (...) ¿No es un monumento entero nuestra semana más santa?”.

A partir de ahí, y tras una amplia dedicatoria en la que destacó la alusión su hija Cayetana, nacida hace algunos meses, el pregonero recorrió, mezclando prosa y verso, cada una de las hermandades de la capital. Todas estuvieron representadas durante un paseo por la Semana Santa ciudadrealeña en el que llevó de la mano a San Juan Evangelista, el santo de los jóvenes, dado que la celebración, este año en Madrid, de la Jornada Mundial de la Juventud estuvo muy presente en un pregón en el que Alejandro Simón quiso ofrecer su testimonio cristiano.

Comenzó su paseo en la alegría del Domingo de Ramos, el día más esperado para los cofrades. “¿Quién tiene en su casa, en su habitación, en su ordenador, un cartel donde ponemos ‘quedan 230 días para mi cumpleaños’? ¿En qué casa hermandad tenemos un letrero donde se lea ‘quedan 178 días para la Pandorga o para Nochevieja’? Pero, ¿cuántos de vosotros tenéis el calendario cofrade? Faltan 15 días para el Domingo de Ramos...”.

Pero la alegría de este día no impide, dijo, recordar la realidad de la Pasión de Cristo. En este punto, unió en una misma poesía a los dos Cautivos de Ciudad Real: el del Prendimiento y el de Medinaceli. De ahí pasó al Silencio y recordó cuando, siendo niño, se acercaba a ver la cofradía, “la mayoría de las veces con el pijama puesto debajo de la ropa”, y explicó a qué suena el Silencio: “a mujer, a luto, a Mayor Dolor, a madre, a sufrimiento costalero, a toque de corneta, a redoble de tambor, a campanas de muñidor...”, y cómo ese silencio es el que abre paso también al Señor de las Penas.

Tras repasar la dilatada historia de las Tres Cruces, dedicó unos muy sentidos versos al Nazareno de San Pedro: “Si yo fuese clavel rojo, querría serlo en tu casa, alrededor de tus pies y tu túnica morada”.

A San Juan, en ese paseo imaginario, le mostró el pregonero la juventud de las cofradías y cómo ésta pasea a Dios por las calles como costaleros, defendiendo la personalidad del andar del Ecce Homo, además de dedicar un buen fragmento del texto del pregón a su Hermandad de la Flagelación, la primera que comenzó a pasar por el Pasaje de la Merced, hoy “epicentro de la Semana Santa”. “Ese pasaje es la gloria; ¿lo habrán sacado de un cuento?”.

La misericordia

La Virgen de la Misericordia, “la más importante de mi vida”, dijo el pregonero, fue protagonista de un fragmento dedicado a la Madre de Dios. Repasó las advocaciones de las dolorosas ciudadrealeñas hasta dar con la de la Virgen niña de San Pedro: “Y si esta noche tu nombre, tengo que elegirlo yo, San Juan, apóstol amigo, la búsqueda se acabó; se llama Misericordia; ésa es la madre de Dios”.
Tras su repaso a las hermandades de la noche del Viernes Santo y a La Soledad, Alejandro Simón invitó a todos los cofrades a coger su testigo y ser también pregoneros con su compromiso cristiano trabajando cada uno por su hermandad, olvidando las diferencias. “Cada cosa que hagáis por vuestra hermandad es un pregón para los demás”, dijo.

Concluyó su disertación aludiendo a su hija Cayetana y a la oración de las “cuatro esquinitas” que le enseñarán a rezar. También el pregonero aludió a sus “cuatro esquinitas”, las del atril del Quijano: “Mi padre, mi tío Ramón, Nuestro Padre Jesús de la Bondad y esa Virgen que ha hecho posible que mi vida tenga sentido, a la que nunca abandonaré, cuyo nombre será lo último que pronuncie y a la que nombro reina de este magno pregón: mi Virgen de la Misericordia”.

En el acto estuvieron presentes la alcaldesa de Ciudad Real, Rosa Romero; el delegado de la Junta, José Valverde; el vicario general de la diócesis, Miguel Esparza, y el presidente de la Asociación de Cofradías, Emilio Martín. Romero señaló que el pregón es el primer paso hacia la semana más importante de Ciudad Real “por lo que significa de devoción y fe a Cristo y también por el escaparate y la atracción de turistas de todo el país”. La primer edil, que felicitó a Simón por el pregón, mostró su compromiso político y personal con esta celebración.



Por su parte, el delegado de la Junta, José Valverde, señaló que el pregón es la puerta de entrada a una Semana Santa que, para todos, dijo, “es entrañable, tiene un significado especial, por el oropel, el deambular por la calle, o las creencias y actitudes ante la vida para algunos”. Desmintió por último que la orden de 2005 dictada cuando era consejero de Educación fuese el cambio de denominación de las vacaciones de Semana Santa, “hice justo lo contrario de lo que me acusa gente interesada que no ha tenido a bien leer esa orden”.

El acto concluyó con cinco marchas interpretadas por la Agrupación Musical Mozart de Aldea del Rey.

Tras el pregón, en el Restaurante Gran Mesón se sirvió una cena en homenaje al pregonero, con asistencia de cofrades, amigos y autoridades, donde hizo uso de la palabra el pregonero, el Presidente de la Asociación de Cofradías y la Alcaldesa.


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