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jueves, 19 de febrero de 2015

UN MONUMENTO EN PELIGRO. LA PUERTA DE TOLEDO, DE CIUDAD REAL



El descuido de las autoridades, la ignorancia común y el indomable afán del lucro, colabora con los siglos en esta triste tierra, para que los grandes monumentos históricos se hundan y desaparezcan. Vanamente se ha intentado el padrón general de las obras de arte, que en toda la Península española acreditan grandezas pretéritas. Esta es la hora en que no sabemos casi nada del tesoro augusto de las viejas magnificencias. Un arco romano que evoca la fama del Emperador, es desmontado para que las piedras sean la base de una casa del cacique. Puentes sobre los que pasaron las falanges de Pompeyo se hunden en el abandono. Fragmentos de la vía militar romana, que hace pocos años se conservan íntegros, han sido deshechos, con fines de vil y sórdido interés. Y con decir que la Alhambra amenaza ruina, sin que esta noticia produzca entre los ciudadanos vivísima emoción defensiva y reparadora, será inútil todo comentario.

Existe en Ciudad Real una puerta famosa. El interés de conservarla está en que es uno de los pocos residuos de la arquitectura militar del siglo XIII. Es la puerta que se llama Toledo. Fue construida hacia el año 1255, en que Alfonso X, el Sabio, fundó “la grande e bona villa de Villa Real (hoy Ciudad Real)”. Ella amenaza con la desaparición. En 1891, cuando la Hacienda vendió las murallas de la ciudad, con los parajes á ella colindantes, se libró de la venta ese monumento por el clamoreo del pueblo. No así los terrenos que la circundan. Un particular compró los del exterior y la parte de muralla que está unida a la puerta, y estableció allí unas charcas que se llenan de agua en los días de invierno, y que, al helarse, sirven de base á un negocio frigorífico. Esas charcas invaden con su humedad los viejos muros y el arco solemne, bajo el que pasaron en son de victoria y de lucha los Monarcas conquistadores y restauradores. La Comisión Provincial de Monumentos, las Sociedades culturales y la Prensa de Ciudad Real, han protestado en diferentes ocasiones; pero hasta el presente nada se ha conseguido del Estado, cuando por una expropiación de poco coste pudiera evitarse la vergüenza del hundimiento.

El olvido de estas majestades de lo que fue, que constaban en muros, alcázares y templos, va arrasando el esfuerzo gigantesco de las generaciones prístinas, las que fundaron á España, las que la engrandecieron. Sin referirnos á otra comarca que á está de qué se habla ahora, habrá que recordar que Calatrava la Vieja, baluarte en otro tiempo de la preclara Orden militar, ya no existe. Calatrava la Nueva apenas si es recordable por unos paredones, cierta ruina de la Torre del Homenaje y los fragmentos de la iglesia. Del célebre Castillo de Salvatierra sólo hay montones informes de sillares mal trabados. Y del arco, recuerdo de la antigua población romana Laxcuris, que tantos años hace que está pidiendo á voces la investigación arqueológica, pronto se perderá todo rastro, porque las ruinas se han convertido en criaderos de conejos. No es de creer que los activos roedores tengan más amor á su inesperada vivienda que el que los españoles sienten por las memorandas construcciones.

La Puerta de Toledo que aquí se representa en grabado, ha sido calificada por la Real Academia de la Historia en doctísimo dictamen, que acredita con su firma el ilustre secretario de esa Corporación, Excmo. Sr. D. Juan Pérez de Guzmán y Gallo, como obra en que se muestra el consorcio y la fusión del arte cristiano con el árabe. Esa puerta se hizo bajo las inmediatas órdenes del Monarca, y á sus expensas.

Muchos sucesos inolvidables ocurrieron frente á ella. Fuese ignominia el desatender los justos requerimientos del vecindario de Ciudad Real. Por eso llamamos la atención del señor ministro de Instrucción Pública para que tienda su mano protectora sobre esa ruina, que aún se mantiene en pie luchando con enemigos más fieros que aquellos otros de la fecha de su origen: con la barbarie ambiente, con el desprecio que ahora tienen todos para cuanto significa gloria del ayer.

El delegado Regio de Bellas Artes en Ciudad Real, que lo es el catedrático de Literatura de aquel instituto, Sr. D. José Balcázar y Sabariegos, se ha dirigido al señor ministro recabando su atención para la Puerta de Toledo. Recientemente se ha caído una piedra de la plementaria de su bóveda gótica que cubre el primer tramo; dicha piedra estaba junto al rosetón ó clave, que es el punto de cruce de los nervios diagonales, y es urgente su reposición para evitar el total desmoronamiento del edificio. Y añade el dictamen del delegado regio consejos prudentísimos, con los que inmediatamente se evitaría el morir de la abuela de las puertas de las ciudades españolas. Aún recuerdo yo el discurso que pronunció en Ciudad Real, en el año 1879, el insigne D. Segismundo Moret, con ocasión de inaugurarse la línea férrea de Ciudad Real á Badajoz, acto presidido por el Rey Don Alfonso XII. Y aquel gran artista, el de la elocuencia inmarcesible, describía la entrada de las tropas victoriosas de la Reconquista por el arco de esta puerta, reliquia que debe ser imperecedera si es que aún quedan aquí hombres que amen lo que fué.

J. ORTEGA MUNILLA  (Artículo publicado en la revista “La Esfera  Ilustración Mundial”, Año VII Número 323,  13 marzo 1920, página 20)



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