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viernes, 13 de octubre de 2017

LA PARROQUIA DE SAN PEDRO (II)


 
El desaparecido retablo del altar mayor

El interior del templo es, si cabe, menos interesante que las fachadas. Embadurnado todo de cal, es muy difícil apreciar las únicas labores que luce en los capiteles de los machones. Como hemos dicho antes, se compone de tres naves, siendo las laterales más bajas que la central. Los arcos son ligeramente apuntados y vienen todos a descansar sobre seis machones de medias columnas cuyos capiteles muestran adornos de hojas de diversas plantas, hoy indescifrables dada la espesa capa de cal que las cubre. La capilla mayor no presenta otra cosa notable que la cubierta, bonita bóveda de gruesos y bien trazados nervios que arrancan de un florón central. Sobre cada uno de los arcos que en la línea forman los lados de la nave de en medio, hay bonitos rosetones ojivales, hoy tabicados.

 
Las bóvedas a finales del siglo XIX y durante gran parte del XX estuvieron encaladas

Puede conjeturarse del estudio del edificio que el interior se construyó en el último tercio del siglo XIV, y las tres portadas y parte de los muros exteriores en el primer tercio del XV. Las diferentes obras que han sido necesarias, por la mala construcción de la primitiva iglesia, determinan en el edificio y principalmente en la parte de afuera, que está libre de cal,  una serie de reconstrucciones de muy distintas épocas. Solo en el imafronte se ven a simple vista las huellas de tres obras, siendo probablemente la última la hecha al levantar la torre a fines del siglo XVII.

De los datos que trae el Sr. Clemente sólo puede aceptarse la reconstrucción de la capilla mayor en 1473 por el regidor perpetuo Fernando de Torres.

El chapitel de la torre, dice dicho señor, que se construyó en 1799, pero como en una de las piedras del recalzo que entonces se le hizo a la obra está grabada la fecha, tendremos que rectificarla dando para aquella el año de 1778.

 
Vista del interior de la Parroquia de San Pedro en 1935

El coro, que está a los pies de la iglesia, tiene una ornamentación del renacimiento ya decadente, en donde se ven las líneas quebradas, pero queda aún mucho del buen gusto y los relieves y esculturas que lo adornan son de delicado y correcto dibujo. Esta ornamentación, según reza un letrero puesto sobre la silla del cura, se hizo en 1667, y la sillería es más antigua, toda vez que según datos del archivo, sacados por el señor Delgado Merchán y que nos ha facilitado el señor cura de San Pedro, se contrató la construcción en 1591 con Antonio Fernández, arquitecto y entallador de Ciudad-Real, dándole de jornal seis reales diarios y para animarlo se le dieron de una vez 300 reales y un vestido. La obra no debió hacerse hasta los años de 1602 a 1604, porque de esta fecha son los recibos que se conservan en el archivo de la parroquia.

La sacristía, así como la graciosa portada que la une a la iglesia, a juzgar por sus líneas y esculturas, es de la misma época y mano de la parte de cantería en donde se contiene el coro.

 
Vista la nave del Evangelio antes de 1936

En la capilla mayor hay un retablo de escayola de mal gusto, construido en 1863 por el arquitecto ciudad-realeño D. Silvestre López Donaire, para sustituir a un gran cuadro que hoy esta a los pies de la iglesia y que representa la cura del paralítico. Esta pintura, bastante aceptable, no es obra, como dice el Sr. Clemente, de D. Vicente López, sino de su hijo puesto que está firmada y dice así:

“Luis López fecit
de 20 años en Madrid 1821”.

Luis López es el autor del cuadro de la coronación de Quintana que se conserva en el museo de la Trinidad o sea en el ministerio de Fomento. El cuadro se puso en la capilla mayor para sustituir a un retablo del renacimiento, del que se conservan aún algunos trozos en las atarazanas de la iglesia.

 
Junto a la puerta de la capilla de los Coca, se encontraba la puerta de acceso a la antigua sacristía

A fines del siglo XV y a expensas de los reyes católicos, puesto que sobre la portada se miran sus armas, se rompió el muro que hacía cabeza en la nave del evangelio y se construyó una raquítica capilla con bóveda de crucería, en donde hay hoy tres altares de mal gusto. Luego, ya entrado el siglo XVI, se rompió el muro en la otra nave y se hizo otra capilla cuya pared exterior luce dos ventanas de una arte de transición entre el ojival  y el plateresco y dos blasones rodeados por coronas de flores bramantescas. Estas capillas lucen dos magníficas rejas del mejor gusto del renacimiento español, con bichas repujadas admirablemente y sendos escudos de armas que no sabemos a qué familia pertenecerán.

A la cabeza de la nave del lado Sur y haciendo un saliente en la fachada de aquel lado, se construyó en el segundo tercio del siglo XV la capilla del sagrario actual, dedicada por D. Fernando de Coca a enterramiento suyo y de sus padres. Es un cuadrado perfecto que luce por el interior de la iglesia una portada grandísima formada por un arco latino con adornos de flores y hojas de cardo. El tímpano está macizo, ocupando el centro las armas del chantre, que son un pino que tratan de escalar dos leones. En las pilastras que forman la portada se ven las estatuas de San Pedro y San Pablo, pero todo tan cubierto de cal que no es fácil apreciar el mérito del tallista que las labrara.

 
La iglesia tuvo hasta 1936 numerosos altares e imaginería destruidos durante la Guerra Civil Española

En el interior queda de la época de la fundación dos lápidas en el pavimento, el sepulcro del chantre frente a la puerta y un altar de batea construido en piedra y que es de lo más curioso que en Ciudad-Real se conserva. Sobre el sepulcro del chantre hay una ventana ornada por fuera y por dentro con grandísimos florones semiojivales. El exterior de la capilla está flanqueado por cuatro torres redondas en las esquinas y coronado de un alero sobre graciosas ménsulas ornamentadas. En el muro exterior, frente al altar, hay un heraldo con las armas del chantre, pero todo casi borrado por el tiempo.

En las sepulturas, en losas de mármol con labores del último período del arte ojival y con dos escudos de los Cocas cada una, se leen en las orlas.

 
El retablo de la Capilla de los Coca antes de la destrucción de la imagen de la Virgen en 1936

En la del lado del evangelio:

Aquí yace el señor Fernando Alfonso de Coca, padre del señor Chantre Fernando de Coca, fundador desta capilla. Finó a primero dia de enero, año de M.CCCC.LXXII años”.

En la de la epístola:

Aquí yace la señora María Alfonso, madre del señor chantre Fernando de Coca, fundador desta capilla. Finó a veynte é seys de abril de M.CCCC.LXIII años”.

El sepulcro del chantre está encerrado en un arco conopial bastante sencillo. El frente de la tumba, que se apoya sobre medios leones, está adornado con hermosas labores de hojas talladas en mármol, luciendo en el centro las armas de los Cocas, sostenidas por dos pajes. Sobre la tumba descansa una magnífica estatua de mármol blanco del sacerdote, que bien pudiera creerse labrado por Gil de Siloe, y a sus pies está sentado un pajecito que tuvo en sus manos una cinta hoy rota y pérdida. En el bocel de la tumba se lee en caracteres monacales lo siguiente:

 
Una vista del retablo gótico de alabastro de la Capilla de los Coca

Sepultura del chantre Fernando de Coca, fundador é dotador desta capilla é capellanía. Finó a     días de    año de M.é”.

La circunstancia de no estar escritos, ni el día, ni el mes, ni el año en que murió el chantre, indica que el sepulcro se hizo viviendo aún D. Fernando, así como no haber puesto del año más que el mil, indica que se labró antes de que se concluyese el siglo XV; porque si hubiera sido en los primeros años del XVI, hubieran puesto la D de quinientos. A los historiadores de Ciudad-Real toca averiguar qué año murió este sacerdote, así como si se sepultó o no en este sepulcro.

El retablo de mármol de la capilla luce en el centro la imagen de la Virgen de Loreto, por encima Cristo en la Cruz con san Juan, la Virgen y las Marías, en cuatro compartimientos, a los lados, historias de la vida de la virgen y en el zócalo los evangelistas. Cada recuadro tiene un umbelaje ojival, y en el retablo hay distribuídos cinco escudos de los Cocas que no dejan lugar a dudar de que por D. Fernando fue construido. El retablo es un hermoso ejemplar del arte anterior al renacimiento, y una prueba de que los distintos períodos de las artes habían llegado a Ciudad-Real con el retraso que se nota en casi todas las ciudades, a donde se iba extendiendo la reconquista.

 
Vista del sepulcro del Chantre de Coca

En un muro de la iglesia hay un resto de azulejos del siglo XVII, muy curiosos y procedentes de la antigua fábrica de Talavera. Y son muy curiosos, por su hermoso cincelado, los herrajes de la puerta del Sur.

Esta iglesia guarda un precioso terno formado de casulla y dos dalmáticas, obras del siglo XVI admirablemente bordados, que han figurado con aprecio en la última exposición retrospectiva de Madrid.

Nada más tenemos que decir de la iglesia de San Pedro, puesto que lo demás que hay en ella, tal como el altar de la Virgen de la Guía, es del más detestable churriguerismo, y por lo tanto, no debe ser objeto del presente estudio.

Rafael Ramírez de Arellano. “Ciudad-Real Artística. Estudio de los Restos Artísticos que Quedan  en la Capital de la Mancha”. Ciudad Real. Imprenta del Hospicio Provincial 1893.

 
Dalmática de la Iglesia de San Pedro de Ciudad Real. Bordada en seda y oro a cadeneta sobre terciopelo carmesí por el bordador toledano Gabriel de Ávila, del siglo XVI

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