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lunes, 14 de septiembre de 2020

DESCRIPCIÓN DE LA PARROQUIA DE SANTIAGO A PRINCIPIOS DEL SIGLO XX(I)


Una vista de la Parroquia de Santiago a principios del siglo XX con su antiguo chapitel

Está situada en la plaza de Santiago, formando con la Catedral y San Pedro un triángulo centrado al perímetro de la ciudad.

Se ha pretendido con este motivo por algunos, sin verdadero fundamento, suponer que las tres iglesias fueron erigidas simultáneamente al fundar la Villa; pero hoy los autores más competentes niegan esa idea poco verosímil ya a primera vista. Lo natural es que al fundarse Villarreal, tuviese ya la aldea preexistente su ermita, que ensanchada fuese la primera Iglesia de la Ciudad; y clara es que el probable emplazamiento del tradicional pozo marcará el sitio de ese primitivo casería e Iglesia. Ahora bien, los dos lugares que a dicho pozo se asignan como probables al principio de este artículo caen en la proximidad o en el mismo emplazamiento de Santa María y la ermita convertida por Alfonso X en Iglesia, por tanto, parece que debió estar situada en dicho barrio y problamente donde hoy la Catedral; y que dicha ermita ampliada, de la que hoy solo queda en Catedral quizás la Puerta del Perdón, fue la primera Iglesia de Villarreal; de ello también es algún indicio su consagración a la Virgen, dado que a la conocida devoción Mariana en la Edad Media en España debía corresponder como regla general la advocación de Santa María dada a su primer templo en cada pueblo. Es probables también como otro indicio más en corroboración de lo dicho, que cerca de la primera parte poblada de Villarreal, antiguo caserío se proyectase y construyese la primera puerta de la nueva ciudad, a fin de que respondiese a la más fácil comunicación con Castilla de sus habitantes, cuanto a la mejor defensa de la puerta misma con la vecindad de múltiples construcciones y recursos en hombres y materiales; y esa primera puerta es sabido que fue la de Toledo. En suma, que el probable emplazamiento del Pozuelo Seco, con la efectiva situación de la Puerta de Toledo, la antigua situación de Alarcos, también hacia este lado, y la misma advocación de Santa María del Prado, abonan la creencia de que la primitiva ermita, e iglesia luego, se hallase en las cercanías de la actual Catedral o en su mismo terreno. Confírmanlo también como probable conjetura la situación del Alcázar que debió colocarse a la parte opuesta de lo ya poblado por las clases más humildes en busca de mayor espacio y de cierta separación entre estas clases y las más aristocráticas, y procurando también formar otro centro defensivo opuesto al de la Puerta de Toledo y caserío anterior. Pero claro es que de todas suertes la Catedral de hoy en su casi totalidad es la última edificación de las tres iglesias. Formado pues, probablemente el primer núcleo importante de población en el Barrio de Santa María opuesto al Alcázar que está en el de San Pedro, con aquella primera iglesia bastaría al pronto para los cristianos; pero enseguida, (pues se sabe que el desarrollo de la villa fue muy rápido), al aumentar los habitantes de ese barrio popular, algunos cristianos se irían adentrando en dirección al espacio que quedaba libre por fuera de la parte aristocrática, o barrio del Alcázar, y hubieron de venir para ello al actual barrio de Santiago, en que, como sitio único, también adecuado, se habrían aposentado ya los judíos, poco amigos de vivir entre cristianos y moriscos, constando que, después de su mengua por la Inquisición (1484 Y 1485), en 1590 se elevaba la judería de Villarreal a 523 habitantes (Hervás). Ya en este lugar los cristianos a fines del mismo siglo XIII, pudieron, aprovechando la circunstancia de que existiera allí como antiguo torreón de avanzada, atalaya y defensa del Pozuelo, según supone, y a nuestro juicio no sin razón, Ramírez de Arellano, (1) la actual torre de Santiago, sentirse estimulados a completarla con la adición de una sencilla iglesia, surgiendo de aquí la actual de ese nombre, que tiene en efecto el sello de pobreza y antigüedad muy marcado, siendo a nuestro entender, como veremos, del mismo siglo XIII, y por tanto la más antigua construcción hoy existente de los tres templos principales de la Ciudad y su torre contemporánea de la primitiva ermita del Pozuelo. San Pedro debió obedecer a una génesis más lenta, como había de serlo el desarrollo de la aristocracia Villarrealenga; así lo confirman sus caracteres, que, como hemos visto, y muy acertadamente se dice el Sr. Arellano, la clasifican como del siglo XIV, y aún de fines de éste, a pesar de cierta robustez de estructura, con múltiples obras del XV. Resulta pues el templo de Santiago el más antiguo hoy existente en Ciudad Real, y a ello responde su aspecto de vetusted y sencillo arcaísmo aunque todavía sólido.

Vista del interior de la parroquia hacia 1917

Desde su fundación fue Santiago de tres naves comunicadas por cuatro arcos formeros a cada lado, (apuntados, de factura modesta y primaria, que se reconoce en sus vértires agudos y de áspero encuentro a la manera de las ojivas lancetadas, tan comúnmente empleadas en aquél siglo XIII, con la variante sin embargo de que en este caso (con excepción de los del crucero algo estrechos en la base), los otros tres arcos llevan los estribos muy apartados y demasiado bajos. (2)

No son estos tampoco de la verdadera forma del estilo (pilares redondos con columnas adosadas de mayor elevación) sino muy bajos y rudos machones octogonales que recuerdan mucho la pesadez de las pilastras y apoyos románicos, lo mismo que los capiteles. Estos capiteles son unos de follage y otros torales ocultos por la cal y pintura pero viéndose que se diferencian del estilo ojival que la filaria en este estilo se desarrolla en mayor altura vertical lo mismo que el tambor del capitel mismo.

Únase a esas reminiscencias la sencillez de la bóveda absidal y una ventanita románica del crucero y podrá asegurarse que con tanto resabio románico y sus características ojivales del primer periodo no puede dejar de corresponder esta iglesia a los principios de este estilo en la región, lo cual unido a las inducciones antes de talladas de carácter histórico nos confirman en atribuir el templo a finales de dicho siglo XIII, ya que sus expuestas condiciones no permiten  suponerlo posterior, y que no es verosímil tampoco que en los dos primeros tercios del siglo hubiese para el pequeño caserío del Pozuelo, ni para la naciente Villarreal dos iglesias no autorizando nada a suponer que el caserío ocupase el emplazamiento de Santiago, ni menos que tan humilde aldea tuviese una iglesia con torre tan Importante. (3)

La bóveda actual, de cañón de la nave central es postiza falsa, de cañizo recubierto de yeso, insignificante artísticamente, y desde luego, y construida dos metros más abajo de la anterior techumbre, ocultando el artístico artesonado de ésta, (lámina 55), de armadura de lazos a cuatro tallada durante el último tercio del siglo XIV. Lo describe así Ramírez de Arellano, y así se conserva hoy, según hemos podido, no sin trabajo, apreciarlo: «Tiene un almizate central muy cuajado de lazos de a cuatro formando estrellas, y la labor de este almizate se corre por las descendidas en tres fajas, una central y otra en cada extremo, de la techumbre, más estrechas las extremas. Los centros o fondos de esta labor, tanto en lo ornamentado como en las descendidas, están estofados, dorados y pintados, brillantes colores en dibujos geométricos unas, y de flores y hojas otros (4), y si bien esta parte pictórica, que es a la morisca, se halla bastante deteriorada no es imposible su restauración. Los nueve pares de tirantes que sujetan el artesonado, y que es apoyan sobre caprichosos, variados y amplios canes, están también muy hermosamente decorados con pinturas a la morisca. El almarbate, o sea, el friso se compone de dos líneas de tabicones en los que alternan los escudos de armas de Santiago, Calatrava y el blasón de los Núñez de Godoy, que es el que nos induce a deducir con precisión la época en que construyó, es decir que fue costeado por el gran Maestre don Pedro Núñez de Godoy. Este techo se podía restaurar para dejarlo al descubierto, primero en el maderámen y luego en las pinturas, que es más costoso. Entra la bóveda actual y el artesonado, sobre el arco toral hay un rosetoncito bien conservado aunque con algún desperfecto, compuesto de un rosetón central lobulado y cinco o seis (son ocho medios), alrededor, por donde recibía la Iglesia misteriosa y gratísima luz.(5)

Otra vista del interior de la parroquia con el destruido paso de “Pilatos” en 1936 

«Las tres naves terminan en otros tantos ábsides, los dos laterales rotos en sus fondos, para dar paso a dos capillitas empotradas construidas en la época en que se restauró la Iglesia; los tres están cubiertos por bóvedas radiadas poligonales sencillas, apoyándose los nervios de los rincones en medias columnas partiendo del pavimento y los intermedios en otras medias columnas arrancando de la mitad del muro, sobre ménsulas muy curiosas representando medias figuras humanas, hoy casi borradas todas como en muchas partes del templo a fuerza de capas de cal y pintura, que se ha acumulado sobre las labores adulterándolas o borrándolas con pésimo gusto. Debería quitarse en esta iglesia la cal que recubre las labores antiguas, con lo que se encontrarían quizás pinturas interesantes y se prevendría la ruína si hubiese grietas ocultas» (6). En la Capilla Mayor hay un regular retablo, con la imagen muy aceptable del Apóstol. Las capillas laterales antes citadas abiertas en los ábsides nada ofrecen de particular, como no sea en la del Evangelio un retablo barroco, ejemplar profuso de la ornamentación del estilo. En el crucero hacia la nave del Evangelio está la interesante ventanita románica de transición a que antes hemos aludido, la cual se ve mejor desde el exterior del muro. En el coro a los pies de la Iglesia, que es del Renacimiento insignificante y pobre se ve un cuadro aceptable de la Purísima.

Bernardo Portuondo: “Catalogo Monumental Artístico-Histórico de la provincia de Ciudad Real”

(1) Lo creemos así, aparte de otras consideraciones que a tan ilustre arqueólogo han sugerido su idea, porque es muy probable, como queda dicho, que la primitiva ermita del Pozuelo se hallase en el interior del caserío de ese nombre que ocuparía un perímetro próximo a la puerta de Toledo, y que esa ermita
fuera desde luego dedicada a Santa María, pues es sabida la devoción extraordinaria a la Virgen en la Edad Media; que existiendo ya esta ermita se convertiría en Iglesia al fundar la villa en 1255, y que es poco creíble que la naciente población sin gran necesidad de momento, puesto que ya contaba una Iglesia, se resolviese y tuviese medios para erigir dentro del mismo siglo XIII la de Santiago (que es como veremos de ese siglo), si esta obra no se hubiera encontrado allanada de antemano en su parte más importante y costosa con la existencia de ese torreón, (acaso de los principios del siglo XIII fecha inmediata a la destrucción de Alarcos que dejó indefenso el Pozuelo), cuyo torreón, por otra parte, no corresponde tampoco por su robustez y dimensiones a lo que la pobre iglesia de Santiago pudo ser en su principio. Hasta la advocación misma de la Iglesia pudo guardar alguna relación con ese origen militar. No pretendemos, claro está, erigir estas observaciones en demostración cierta, ni mucho menos, sino ilustrar una conjetura que nos parece muy verosímil, sobre todo si se añade que acaso pusieron este torreón a un lado, la primitiva ermita al otro y el nuevo Alcázar en el fondo constituir en la mente del fundador los vértices de un triangulo que sirviera de base para determinar el perímetro de la villa, considerando los tres puntos como los tres futuros centros de población en su recinto.
(2) Claro es que esta variante puede obedecer a necesidades técnicas o económicas de la construcción, lo cual haría desaparecer ese reparo muy relativo y parcial a la opinión que vamos desarrollando.
(3) Ramírez de Arellano parece que considera que solo quedan de la antigua construcción los ábsides y el presbiterio y que la torre misma sólo es de últimos del siglo XIII muy transformada además. Aún con el mayor respecto a tan ilustre arqueólogo, no nos decidimos en este punto concreto a seguirle como en tantos otros. Entendemos que los arcos y sobre todo los machones de la nave y la ventana románica de transición son de la primitiva iglesia sospechando que no debe haber exactitud en la cita al atribuir al Sr. Ramírez de Arellano opinión contraria, puesto que él mismo ha sostenido con razón, que la torre debió ser un antiguo torreón defensivo del Pozuelo, y este ya a fin del siglo XIII formaba un simple barrio de Villarreal. En cambio es interesante el recuerdo que hace de que en el siglo XVI, se tapió las ventanas de los ábsides que eran unos ajimeces de forma lancetal y probablemente con celosías de piedra que una restauración inteligente podría descubrir.
(4) Muchos han perdido ya la ornamentación pictórica.
(5) Ramírez de Arellano. Memorias Manchegas históricas y tradicionales, página 82.
(6) Ramírez de Arellano. Memorias Manchegas históricas y tradicionales, página 83.

El oculto artesonado de la parroquia a principios de siglo 

domingo, 13 de septiembre de 2020

BENDICIÓN DE UNA CRUZ EN LA PLAZA DE SANTIAGO


Boletín de Información Municipal Nº 6, marzo de 1962

En la foto de Herrera Pina, vemos la Cruz que ayer fue bendecida e inaugurada en la Plaza de Santiago, y que indudablemente hermosea este típico rincón de nuestra ciudad. Desde hace tiempo, se viene mejorando este lugar, merced a la ayuda de la autoridad y muy concretamente de la Jefatura provincial del Movimiento y Gobierno Civil, organizadores ambos organismos, por otro lado, de la campaña de embellecimiento de nuestros pueblos y ciudades, con el magnífico resultado que todos conocemos.

Bendijo la Cruz el párroco de Santiago y asistieron el gobernador civil y jefe provincial, subjefe provincial del Movimiento, presidente de la Diputación, alcalde de la capital y concejales del Ayuntamiento.

El proyecto lo ha realizado Alberto Nieto, con sencillez y elegancia.

Diario “Lanza”, sábado 6 de junio de 1959, portada


sábado, 12 de septiembre de 2020

LA PLAZUELA DEL “SEÑOR SAN TIAGO”



Entrada la luna por las estrecheces que unen las plazuelas de Santiago y de D. Agustín Salido; daba tintes de leyenda, de moros y cristianos, al torreón almenado, y, entre él y el feísimo atrio del templo, en medio del paredón liso, dibujaba, con meticuloso afán, la cegada puerta que de arco de herradura parece, lo que si en remate fuera cierto, aclararía que antes de iglesia cristiana, mezquita era de Pozuelo, como los calatravos en sus escritos nombraban a nuestro lugar hasta que, convertido por el rey sabio en villa, y realenga, fuera desgajado de la pertenencia y dominio de los monjes y enfrentado a ellos, que como Pozuelo no vuelven a mentarlo.

Así: lunera, solitaria, espaciosa, aparecía la plazuela del “Señor San Tiago” en la primera visita veraniega, que hube de hacerle en mi temporada de ciudarrealeño, que se ha perdido en Ciudad Real y recibióme en sus susurros incorpóreos y sutiles de amiga, de buena amiga, que me daba la bienvenida.

La recorrí, cumplidamente de extremo a extremo en pasos lentos, deliciosos de recreación y pensaba que, pronto, aumentara el nocturno ensueño de su recinto con tenue luz artificial, penumbrosa y ciega, ya que “a edificios viejos, luz vieja” como hace poco nos contaba LANZA iban con gran acierto, a iluminar Morat.

¡Bonita estará nuestra plazuela! En las noches luneras, la luna jugaba con los viejos puntos luminosos y juntos, o estos solos en los días de negrura, darán aspecto antañón, poético, encantador a nuestro más bello rincón añejo, y la mortecina luz caerá en el típico empedrado nuestro de grandes cantos cuarcitosos que, holgados al empedrarla de nuevo, dejarán, entre sí, espacio a la hierbezuela para crecer y bordar verdes arabescos, complicados, en su sayal propio y castizo, haciéndola más bonita y subyugadora. Ni más masa verde que esas rendijas rellenas, ni más adornos, ni más filigranas, para la austeridad y respeto que merece la plazuela si no queremos dar al traste con él, como decimos, más castizo rincón de los pocos que aún quedan, que sobradas profanaciones artísticas son, para ella, un atrio absurdo, un edificio insulso, no de aquí, ni de allá, ni de ayer ni de hoy; otro pegote repelente, atroz, allí donde se besan esta plazuela y la de Don Agustín Salido… ¡y no entendemos en la siete u ocho veces secular, y sufrida, Santa Casa del Hijo del Trueno buscando el artesonado, del siglo XIV, mandado hacer por Muñiz de Godoy y oculto desde centurias pasadas sin que exista medio de que lo descubran!

Antiguas edificaciones de la Plaza de Santiago

Y paseando y paseando, seguía pensando en estas faltas y sobras y me decía: ¿qué opinarían los sevillanos si, en su barrio de Santa Cruz, quitásemos la famosa Cruz de herrejes retorcidos y complicados, y las macetas de claveles de sus gradas de ladrillo y en su lugar, clavásemos un gótico “cruceiro” gallego de piedra berroqueña carcomida de líquenes y musgos? ¿Saldríamos airoso de la “plaza de Santa Ana” de Ávila después de dejarles allí, en ella, una barroca fachada, al estilo colonial de retorno de América, como la del Carmen descalzo de Cádiz? ¿Y si adosásemos a la granítica Lonja del monasterio de El Escorial --¡a ver que le pasaba a la tumba de nuestro señor don Felipe II!—una casita blanquita de cal, con candela en la puerta; con ventanas de celosías verdes y con una azoteílla desgranando geranios rojos y jazmines, aires flamencos y repiqueteos de palillos?.. ¿Recuerdas los comentarios de aquellos turistas al ver junto a las vetustas parroquia de San Pedro y “la casa de la torrecilla” la novísima Delegación de Hacienda?

¡No te desquicies, Fantasía! Y piensa que la monumentalidad de esos próceres parajes no es comparable a la de nuestra plazuela.

Cierto pero, en su modestia, dale un tantico de monumentalidad la fachada del templo, cargado de historia, y se la aumenta la mole del monasterio de la Alta Gracia que se asoma sobre las bajitas casas ¡que no suban!... y los injertos de nuestra plaza antes restan, que añaden, nobleza artística.

…Y quizá más humilde que este remanso de paz de nuestra ciudad sean, en una ciudad hermana, unas casas que, en estos días, empezó a derruir su propietario, y sin embargo, varios vecinos vieron perderse un rincón de belleza local, que tan cuidadosamente allí conservan, y sus quejas respetuosas, razonadas, justas, tuvieron eficacia suficiente para que se decretara la suspensión de las demoliciones caprichosas y la reconstrucción de lo arruinado en la forma prístina con los mismos caracteres de armonía que tenía, que no podemos ser dueños amnimodos, de las cosas si no hasta el límite, prudente, de aquello a que nos debemos y exigen Dios, el Arte, la Historia y los que nos sucedan, ante quienes hemos de responder del empleo que hagamos de las riquezas, bellas y artísticas, pues en depósito, nada más no las entregaron sus creadores.

…Y una nubecilla cubrió la luna, ensombreció el recinto y la ciudarrealenga, encantadora, plazuela del “Señor San Tiago”, se hizo, más maravillosamente atractiva, medieval, legendaria… y, en lo alto del torreón almenado parecióme asomada la silueta de Alfonso X mirando los campos llanos del mismo modo que estuviera cuando, tal vez desde esa misma altura concibió la creación de su “real e bona villa”. La nubecilla: tiró unas gotas, y el agua, tibia, semejaba llanto sedante… y volvió a lucir la luna.

Julián Alonso Rodríguez, diario “Lanza” vienes 13 de septiembre de 1957


viernes, 11 de septiembre de 2020

UN CURIOSO ROBO EN LA CALLE MADRAJO: “SE LLEVAN LAS MORCILLAS”


Número 18 de la actual calle San Antonio antes Madrajo

Ayer se presentó en la inspección de vigilancia una mujer llamada Teresa González Navarro, dueña de la casa de lenocinio de la calle del Madrajo y denunció que al ir por la mañana a coger una morcilla, de las que tenia colgadas a secar en la campana de la chimenea de la cocina, notó que le habían desaparecido como unos ocho kilos, mas unos 2 kilos de chorizos.

Teresa sospechaba que se las pudieran llevar unos cuantos jóvenes que el domingo por la tarde estuvieron en su casa, de juerga, pues desde ese día no faltó nadie de la cocina y no pudieron llevárselas.

En la Inspección de vigilancia se descubrió el pastel, resultando autores de la sustracción del embutido cuatro de los juerguistas, los cuales han pasado a la cárcel a disposición del juez de instrucción.

Diario “El Pueblo Manchego”, miércoles 29 de noviembre de 1916, página 2

Unas de la últimas casas que aún perviven en la calle San Antonio

jueves, 10 de septiembre de 2020

LA ANTIGUA CALLE MADRAJO HOY DE SAN ANTONIO


Desaparecidas edificaciones de la calle San Antonio con Estrella

La actual calle de San Antonio, es una calle que se inicia a las espaldas del altar mayor del Monasterio de las Concepcionistas Franciscanas, y que termina en su confluencia con la calle San Antón.

Su primitivo nombre era calle del Madrajo, sin saber el motivo por el que recibió este nombre. El Ayuntamiento en su sesión celebrada el 22 de marzo de 1927, acordó el cambio de nombre, pasándose a llamar de San Antonio, nombre que recibe en la actualidad.

En cuanto a las construcciones que existieron en esta calle, eran casas típicas de la arquitectura popular manchega, que han dado paso a pisos de varias alturas, quedando en la actualidad solo unas cuantas casas de su pasado reciente.

Vista actual del último tramo de la calle San Antonio en su confluencia con San Antón 

miércoles, 9 de septiembre de 2020

PLAZA DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN


Inauguración de las obras de urbanización de la plaza en agosto de 1969

La Plaza de la Inmaculada Concepción se encuentra al noroeste de la ciudad, entre las calles Lirio, Inmaculada Concepción y San Antonio. Su primitivo nombre era Plazuela de las Franciscas y era popularmente conocida como Plazuela de las Monjas, recibiendo su actual nombre en 1953, cuando el ayuntamiento acordó rotularla con el nombre de Plaza de la Inmaculada Concepción.

La plaza no se urbanizó hasta el año 1969, cuando se la dotó de paseos, jardines, bancos y una fuente. En la sesión extraordinaria del 9 de diciembre del mencionado año, el Ayuntamiento acordó: “Acceder a lo solicitado por la Comunidad de RR. Concepcionistas Franciscanas, en relación con la instalación de una imagen de la Inmaculada Concepción en la Plaza de su nombre”, imagen que fue colocada años más tarde sobre la fuente que presidia la plaza, e inaugurada el 8 de diciembre de 1973.

Primitiva fuente y aspecto que ofrecía la plaza tras su urbanización de 1969

En el año 2000 la plaza sufrió una remodelación, plaza que tenía una superficie aproximada de 1.900 metros, y tras la ampliación con las nuevas alineaciones quedó con una superficie de 3.850 metros cuadrados. El aspecto actual de la plaza se debe a esta remodelación, con nueva fuente, solado con baldosa hidráulica, solado de imitación de granito en la franja paralela a la iglesia,  terrazo en el resto de la plaza y farol tipo fernandino. La obra de jardinería consistió en la plantación de arbolado tales como plátanos, olmos, arbustos y árboles de pequeño porte, tales como Thuyas, Prunnus, Lándadula, Verónica y césped. La urbanización se completó con bancos de fundición, protectores de arboles, maceteros ornamentales y papeleras.

La imagen de la Inmaculada Concepción que preside la plaza, sufrió un acto de vandalismo en el invierno del año 2008, siendo destruida. Por este motivo el 8 de diciembre del año referido, se colocó una nueva imagen de marmolina, en sustitución a la destruida, que es la que actualmente preside la fuente.

Actual imagen de la Inmaculada Concepción que preside la plaza desde 2008

martes, 8 de septiembre de 2020

EL JUEGO DE LA TALA O LA PLAZA DE LAS TERRERAS



Cuando todo es finalidad, eficacia y práctica en la vida, vengo hoy nada menos que con una actividad lúdica y, por tanto, sin finalidad. Es decir la finalidad queda en sí misma. Además de un juego que apenas recuerdan unos cuantos, y yo, como diría aquel castizo, meando fuera del tiesto.

Hoy los juegos que se proponen a quienes están en edad de tal ocurrencia, llevan una finalidad siempre interesada, bien de aprendizaje, bien deportiva, bien casi docente. En escasas ocasiones los niños de nuestros días Juegan porque sí, aparte la gran agresividad que se observa en sus juegos. Por lo que, en sentido estricto, el juego como actividad lúdica, está también desapareciendo. Hay demasiada preocupación de los adultos para que los niños "pierdan el tiempo" lo menos posible. Sin embargo, hoy más que nunca, los niños presentan problemas de psicomotricidad, lateralidad y todas esas "gaitas” -con perdón-. Pero los niños ahora son más "listos", se llenan antes de saberes y, también, se les crean expectativas que, luego, al no conseguir, duelen en los años adolescentes y juveniles. Pero... no vale la pena continuar.

Cuando hace treinta y cuarenta años las calles de Ciudad Real, como las de cualquier otra villa o ciudad, estaban llenas de chiquillos que saltaban, corrían, subían a los árboles y jugaban en libertad, la psicomotricidad se desarrollaba de una manera natural y, sobre todo, éramos felices entre juegos espontáneos y naturales. Los problemas eran las caídas, algún rasguño, una leve herida y, todo lo más, algún descalabro sin más consecuencias. Recuerdo, pomo recordarán tantos de mi edad, aquel "juego de la tala", que con un trozo de madera en forma de paleta alargada, fabricada  por nosotros mismos, y otro en forma de puro con dos puntas, a la que llamábamos «pita», todavía no sé por qué; jugábamos en mitad de la calle, concretamente en la que nosotros denominábamos “Plaza de las Terreras” y en el callejón de Felipe II.

Al golpear con la “tala” en uno de los extremos de la «pita» ésta saltaba en el aire, momento en que la golpeábamos con fuerza y la alejábamos lo más posible del circulo en que iniciábamos el juego. El lanzador o golpeador de la «pita» calculaba las veces que la tala cabría en el espacio entre aquélla y el círculo que, después, cuidadosamente medíamos. De manera que se iban contando puntos por este procedimiento. Juego natural, físico y al tiempo intelectual, pues, aparte la imaginación que todo juego solicita, había que calcular el espacio, y, por supuesto, conocer y cumplir las reglas. En fin, una actividad que solo tenía por finalidad pasar el tiempo y, si era posible, ganar. La misma elaboración de los utensilios ya llevaba implícito un adiestramiento manual no buscado. Competencia, aire libre, astucia, fuerza, habilidad, cierta ética eran algunas cualidad requeridas. Y, sobre todo, escaso coste. En éste, como en tantos juegos de la época, no existía sofisticación alguna, sino naturalidad, como es las carreras a pie dando vueltas a cualquier manzana del barrio.

Ahora los chicos parecen hombres en pequeño. A mí me molesta que les llamen "enanos", palabra muy de moda, pero es que en ocasiones lo parecen. Se ha olvidado aquel dicho de un gran pedagogo: “Dejad madurar la infancia en el Niño”. Cuántos niños pasan por su infancia como los fardos por las estaciones, sin darse cuenta. Y no deja de ser una lacra de esta sociedad moderna, de estos tiempos del televisor, el programador, el video, la máquina y tantos ingeniosos juegos preparados por unos hombres, que más parece que buscan el consumo que la felicidad del niño.

"Oh tiempos, oh costumbres" que decían los latinos y que ahora añoramos quienes vemos crecer al niño sin apenas tener tiempo, sin casi recrearse en la surte de ser niño.

Francisco Mena Cantero, diario “Lanza”, “Conversaciones en el Pilar”, 14 de abril de 1988