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lunes, 7 de marzo de 2022

MONUMENTOS A LA SEMANA SANTA EN LA PROVINCIA DE CIUDAD REAL: CAMPO DE CRIPTANA

 



Campo de Criptana fue el primer municipio de nuestra provincia, en inaugurar un monumento a su Semana Santa en marzo de 2006. Días después el 1 de abril de ese mismo año, sería Ciudad Real quien inauguraría su monumento.  (http://elsayon.blogspot.com/2016/02/monumento-la-semana-santa-de-ciudad-real.html). A partir de este año, han sido varios pueblos de nuestra provincia, los que han erigido un monumento a su Semana Santa, que a partir de hoy voy a dar a conocer, en este tiempo de Cuaresma, tiempo dedicado en mi blog a difundir la historia de la Semana Santa de Ciudad Real y su provincia.




La Semana Santa de Campo de Criptana, fue declarada de Interés Turístico Regional en el año 2008. Cerca de cinco siglos de antigüedad contemplan una de las celebraciones más multitudinarias de esta Tierra de Gigantes. Seis hermandades ponen en la calle veintinueve pasos en nueve procesiones caracterizadas por el orden cronológico de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo. Una catequesis plástica con la imaginería, los nazarenos, los anderos, los penitentes o la música como protagonistas de un conjunto en el que la oración, la devoción y el silencio se hacen sentir en las calles de este pueblo molinero. Vivir la Semana Santa en Campo de Criptana es revivir la Pasión de Cristo en un entorno cervantino con vecinos que invitarán a participar de la tradición.

 



En el año 2006, se inauguraba el monumento a la Semana Santa de Campo de Criptana en la Plaza del Cristo de Villajos. Un grupo escultórico realizado por el escultor Eloy Teno Diaz en acero corten. Su estilo es cubista, y dentro de tanta línea recta se consiguió que en su conjunto la obra quedara en armonía, equilibrada. El monumento esta compuesto por Cristo Crucificado y cuatro nazarenos y con el se quiere rendir un homenaje a todas aquellas personas que habían hecho que la Semana Santa criptanense fuera admirada, tanto por los vecinos del municipio, como por la gente de las localidades de su alrededor.




Su autor Eloy Teno Díaz nació en El Viso en Córdoba en 1948, y falleció en Campo de Criptana en el año 2012 siendo un escultor y artista español. Trabajador del hierro y del acero corten, su obra es, fundamentalmente, de temática cervantina, destacando sus personales interpretaciones de la figura de El Quijote, aunque a lo largo de su trayectoria artística trabaja múltiples temas, así como muy diversos formatos. Escultor figurativo también hace incursiones en la abstracción. Desde los años 70 tenía su taller en Campo de Criptana y su obra ha sido expuesta en numerosas salas de España y de otros países, como Francia o México.



domingo, 6 de marzo de 2022

EL REGAZO DE CIUDAD REAL(II)

 



Para mi buena compañera de trabajo en el Instituto de la Vid y del Vino de Castilla-La Mancha, Victoria Angulo, ciudarrealeña joven y guapa, yo escribí un poema, como homenaje en el día de nuestra boda en Barrax (Albacete). En Albacete, donde celebramos el banquete, mientras degustábamos las ricas viandas del Restaurante Don Gil, Marieta y yo les ofrecíamos un poema del lugar de cada familia invitada. ¡Cuántas cosas lleva consigo una boda! 1Por qué no una más? Desde Aldaya Paterna (Valencia) Valdepeñas, Alcázar de San Juan, Tomelloso, Jaén, Orense, Ciudad Real... Yo me ha gustado hablar muchas veces con mis amigos de sus pueblos. Así se aprende no sólo la llamada "geografía de la percepción", sino de la simpatía, de la alegría, la geografía sentimental, la de la hermandad de la amistad.

La geografía que supo brindarnos con tanta alegría el poeta del Puerto de Santa María, Rafael Alberti: "Nadie sabe geografía mejor que la hermana mía. La anguila azul del canal enlaza las dos bahías... Tus ojos faros del aire, niña me lo han descubierto. ¡Adiós, mi dulce vigía! Nadie sabe Geografía mejor que la hermana mía".

En el Albacete de Villacerrada empezaron abrirse las antiguas puertas de Ciudad Real, para que el viento cálido del verano llegara con sus dulces efluvios unir las dos ciudades hermanas en ese punto medio de distancia, que es el manantial del vino de Tomelloso.

A mi compañera Victoria Angulo, ciudarrealeña dulce, cariñosa, entrañable y generosa.

 



Puertas de Ciudad Real/ abiertas en sus murallas/ cayeron más de cien torres/ siete puertas allanadas/ Alarcos, La Calahorra/ del Carmen y de Granada/ la de Ciruela muy bella/ y alta la de Calatrava. /Testimonio del pasado/ la de Toledo se alza/ monumento de la historia/ y reliquia de murallas/ que formaban una elipse/ de Villa Real cercada.

Y el romance continuaba con su cantilena como la historia con su monotonía, hasta que llega un día que se ve, como Ciudad Real, despojado del cíngulo de piedra de sus murallas.

Puertas abiertas de día/ por donde el pueblo pasaba/ y por la noche la luna/ sus murallas plateaba/ y el menguante de su alfanje/ en sus torres se afilaba.

Ciudad Real echó sus murallas "a rodar", como diría un andaluz castizo, y convirtió su cinturón en la Ronda, para estrechar la ciudad en un abrazo de amor.

Desafiando los siglos/ la de Toledo se alza/ y allá por el Torreón/ la muralla desdentada,/ en donde buscan los jóvenes/ el bullicio la parranda/ olvidándose el tiempo/ y encontrándose sus almas/ estrechadas en un lazo/ donde Eros tiende las alas/ para unir dos corazones/ que se funden se aman. /Y hablan los cuentos de amor/ los romances lo cantan,/ que Villa Real fue un sueño de torres de murallas.

Un día, nuestra amiga Victoria Angulo se marchó Córdoba para realizar un trabajo de investigación sobre el aprovechamiento de los sarmientos. Yo había perdido el romance, pero ella lo tenía en su habitación, como encantado por la luz, el aire restallante y el calor sofocante de la ciudad de los Califas, abanicada por las cabelleras de palmas de sus palmeras.




El barrio cristiano fue el del primitivo asentamiento, donde se afincó la nobleza linajuda, y ocupó toda la zona sur, de la plaza del Pilar las puertas de la Mata y Ciruela. El barrio de la morería iba de la puerta de Santa María la de Alarcos, limitado por el interior por lo que hoy son las calles Postas y Reyes. El barrio de la judería estaba ubicado en la zona oriental de la ciudad entre las puertas de la Mata y de Calatrava. El centro de la ciudad estaba en la plaza Mayor, siendo punto de unión de reunión, mercado y alcaicería.

En esta ciudad medieval se levantan señeras sus tres parroquias: Santiago, del siglo XIII; San Pedro, de finales del XIV; y Santa María, de principios del XV, aunque existen diversas versiones sobre su origen y edificación.

Con la expulsión de los moriscos (1609), la ciudad entra en decadencia estará dominada por dos estamentos: el nobiliario de los Treviño, y los Muñoz, que representan la oligarquía ganadera.

El sector agrario fue creciendo en detrimento del industrial, y con la llegada de los moriscos creció el número de hortelanos pues así lo dice el viejo proverbio: "Quien tiene un huerto lo cuida un moro, tiene un tesoro.

La expulsión de los moriscos fue seguida de una serie de calamidades: sequías, plagas de langosta, malas cosechas, encarecimiento del trigo, pestes, viruelas... todo ello hará que entre 1600 y 1750 la población se estanque crezca. El cuestionario enviado en 1751 por el Marqués de la Ensenada Ciudad Real dice que la ciudad tenía 7.650 habitantes, que vivían en 1200 casas y que había otras tantas en ruinas. La población se dedicaba: un 64 al sector agrario; un 18 la industria manufacturas; un 18 al comercio y a los servicios. Y estos son los datos de una población que irá creciendo en los dos últimos siglos hasta convertirse en la capital de la tercera provincia más grande de España. Aunque para nosotros siempre tendrá Ciudad Real ese sabor entrañable de regazo materno que ha sabido acogernos con llaneza y con franqueza todos los provincianos.

 

Lucilo López Ramírez. Diario “Lanza”, sábado 20 de mayo de 2006

 


sábado, 5 de marzo de 2022

EL REGAZO DE CIUDAD REAL(I)

 



Ciudad Real se nos ha quedado en la memoria todos los provincianos como la capital la que se iba estudiar, residiendo en el Seminario en el Doncel, y que al marchar todos los días la calle Calatrava adelante se cruzaba la ciudad de poniente oriente y viceversa.

Era también la ciudad donde se va arreglar papeles, y donde se incorporaban los mozos la mili, pernoctando en las viejas y destartaladas pensiones, amuebladas y decoradas con estilo azoriniano de "primores de lo vulgar"; fondas regentadas por viudas de algún militar, de un abogado, de un empleado de un banco, de un funcionario de algún maestro.

Eran estas pensiones como un resumen de la ciudad, tenían su color pardo, rosáceo amarillento decolorado, su sabor tortilla y picatostes, su olor aceite frito y humedad; y del tentempié en el bar de los Faroles, con sus deliciosos bocadillos de calamares, mientras se admiraban aquellas fotografías en blanco y negro del Manchego y de los equipos de fútbol de campanillas de los años 40 50, que los chiquillos habían aprendido de carrerilla, través de las ondas de la radio,  y que repetían sus alineaciones en una continua cantilena. Las delanteras de leyenda tomaban forma en aquellas fotografías del tiempo amarillo. La del Sevilla: López, Torrontegui, Campanal, Raimundo Berrocal. La del Madrid: Marsal, Kopa, Di Stéfano, Puskas Gento. La del Bilbao: Iriondo, Venancio, Zarra, Panizo Gainza. La del Barcelona: Evaristo, Kubala, Cóccix, Suárez  y Czibor. Las alineaciones completas se aprendían con las mismas reglas mnemotécnicas que los límites, los ríos, las cordilleras las provincias de España, se recordaban ante aquellas fotografías que tenían su contrapunto en los carteles taurinos, como el de las fiestas de San Agustín en Linares, el 28 de agosto de 1947, los treinta años.




Eran los colores, sabores y olores del tiempo pasado que iba tiñendo la ciudad de un oro viejo. Pensiones que se abandonaban las tres de la mañana para recibir en el Cuartel el primer chocolate caliente el petate color verde militar, para marchar después hasta la estación, donde un tren jadeante y renqueante se llevaba los reclutas, entre penachos de humo y carbonilla hasta el campamento militar los provincianos nos asombraba todo lo de la capital de provincia: allí las calles eran más largas, como las de Calatrava y Toledo, los edificios más altos las plazas ajardinadas y recoletas, diáfanas y soportaladas, como la Plaza Mayor, y arboladas con el Quijote más alto desafiante de Donaire, como la del Pilar.

Y es que la capital manchega le venían pintiparados los soportales de su Plaza Mayor, pero no aquellos edificios monumentales, de columnas pilares tan espectaculares, que asombraban los paisanos y provincianos, por su solidez, su volumen y su recia pesadumbre. Todo el que quiera acercarse al alma de Ciudad Real, yo le aconsejo que lea el libro "Geografía urbana de Ciudad Real", estudio exhaustivo muy bien documentado del que es autor mi profesor, el nativo alicantino manchego de adopción, don Félix Pillet Capdepón.

El volumen no es moco de pavo, pues tiene 648 páginas de letra pequeña apretada, aunque es un libro muy bien ilustrado con planos, gráficas estadísticas y fotografías de los edificios más representativos que han ido marcando las señas de identidad en el desarrollo urbano arquitectónico de Ciudad Real.

En la breve introducción, el autor nos sitúa en los estudios anteriores que se han realizado sobre Ciudad Real y su provincia, haciendo referencia los clásicos: Don Luis Delgado Merchán y Don Inocente Hervás Buendía, y también nos cita las tesis doctorales de Rafael Villegas, que estudia la Edad Media, y Carla Rhan Phillips, que estudia el desarrollo urbano en la Edad Moderna.



Nos dice Félix Pillet: "El emplazamiento urbano fue producto de diversas razones políticas económicas, motivadas por la excesiva horizontalidad y la distancia al río, lo que originará auténticos problemas infraestructurales, que vienen concretarse en el ya histórico problema del agua."  Y a continuación nos dice que la función y la infraestructura, así como el de la morfología urbana son los grandes temas tratar en este estudio. En el capítulo primero, el autor nos habla de la fundación y el desarrollo urbano de Ciudad Real. Tras la batalla de las Navas de Tolosa (1212) comenzó una política muy activa de reconstrucción, fundación y repoblación de la Mancha. Una de las plazas que se intentó reconstruir fue la villa de Alarcos, pero hubo que desistir por estar en la margen izquierda del Guadiana, donde se desbordaban y se infectaban las aguas del río produciéndose fiebres palúdicas, por lo que las gentes fueron abandonando Alarcos y asentándose en una zona llana y salubre conocida como Pozuelo Seco. En el año 1255 Alfonso el Sabio concedía la Carta Puebla la aldea, la que bautizó con el nombre de Villa Real, y la ciudad empezó crecer auspiciada por sus manufacturas textiles, abastecidas por la materia prima cercana: la lana. La industria conoció dos siglos de apogeo (XIV XV), y partir del siglo XVI comenzó un lento declive, y a la llegada de los moriscos de la Alpujarra, partir de 1570, hizo que prosperase la agricultura, reemplazando la industria decadente.

La ciudad que había ordenado Alfonso X, diciendo por donde debía ir la cerca, creció dentro de sus murallas en forma de elipse, en un plano radiocéntrico que se va mantener con sus murallas hasta mediados del siglo XIX, con un eje norte-sur, de la Puerta de Toledo la de Granada, y otro eje de oriente occidente, desde la puerta de Calatrava la de Alarcos. La muralla estaba guarnecida por 130 torres y 7 puertas: Toledo, Calatrava, la Mata, Granada, Ciruela, Alarcos, Santa María, y la posterior, del Carmen; dentro de las murallas empezaron diferenciarse los tres barrios: el cristiano, la morería la judería. 



viernes, 4 de marzo de 2022

CIUDAD REAL, CIUDAD SIN PIEDRAS

 



El castellano es un idioma fecundo en palabras, pero se ve enriquecido en sus posibilidades por la capacidad de giros y sobreentendidos que utilizamos los castellano-parlantes.

Así, si al referirnos a una ciudad decimos de ella que tiene, o no tiene piedras, dentro de un contexto concreto, fácilmente entendemos que estamos aludiendo a un mayor o menor contenido en monumentos históricos, y, en definitiva, a su valor y peso en el discurrir de esa la misma historia de la que ha sido coprotagonista, o simple figurante.

Ciudad Real, aunque nos gustara que fuese de otra forma, y desearía poder decir algo diferente, pertenece a ese conjunto de ciudades sin piedras, ni mejores ni peores que las otras, pero si diferentes, con sus propias características que se van adquiriendo y consolidando a lo largo de los años, empujadas, o dificultadas, por los habitantes de la misma o las imposiciones de aquellos que tiene poder para hacerlo.

Fue ayer cuando nació, a pesar de que ya hayan pasado casi ocho siglos de las primeras fechas que pueden recordarse cuando el lugar de referencia era Alarcos y los sucesivos nombres de lo que hoy conocemos hicieron acto de presencia, sucediéndose unos a otros, empujándose, pugnando por una palabra que imprimiese carácter de futuro, y de peso, a lo que parecía poco sólido, algo forzado.

Así recordamos. Puebla del Pozuelo, Pozuelo Seco de Don Gil, Villa Real…

Nacer desde la penuria, aunque sea bajo el auspicio real y la encomienda de un puesto en los sueños, no siempre es un buen principio, y si a ello hay que añadir la hostilidad del entorno, físico y humano, ganado a pulso, todo sea dicho en honor a la verdad, se completa el cuadro algo más que oscuro para aquellos primeros años del siglo XIII.




En medio de tierras llanas, algunas que fueron pantanosas, próximas a zonas volcánicas ya en reposo; tierra seca ahora, sin rocas y abundancia de arcilla que facilitó el establecimiento de tejares y talleres de cerámica, la libre elaboración de adobes y los que fueron perfeccionando el oficio de pisadores de tapial, configuraron lo que iría siendo un pueblo grande, destinado, parecía, a importantes empresas pero que hasta la muralla que la protegía y definía resultó pobre, pues hubo de ser construida deprisa, por la necesidad de contener los empujes del «enemigo», - otros opinan de forma diferente y le aplican valor artístico o de simple indicador de rango-, aunque contará con las puertas correspondientes, historiadas algunas, y de las que se guarda algún recuerdo, o réplica, o nombre al menos.

También tuvo tramos de fábrica y material noble. Después vino el olvido, hablándose, en el siglo XV, y en el XVIII, de estado ruinoso, a pesar de los servicios prestados a la Corona, la Inquisición y otros pode res de la época.

De simple tapial, con alguna puerta o fachada noble, de ladrillo y piedra, fueron configurándose las plazas y calles más o menos importantes, sin deslumbramientos, pues en todas las referencias que encontramos en la historia siempre hay una nota común: el descuido y consiguiente deterioro.

 

Casas arruinadas

 

En la realizada en el siglo XVIII- Cuestionario marqués de la Ensenada-, podemos leer que el 50 % de las casas están arruinadas, la muralla medio derruida, las calles, que fueron buenas, en estado ruinoso...

Algo similar podemos ver en los apuntes realizados al principio de este siglo, en donde se habla de desastre urbanístico.




También existen los momentos gloriosos y de adecentamiento, como cuando iba a llegar el ferrocarril, los cambios de tendencias y grupo hegemónico en la propiedad...

Más rural que urbano, hasta casi nuestros días, a Ciudad Real le costó hacerse a la idea de su papel como capital, e incluso seje cuestionó desde fuera; desde Almagro, que competía por el mismo puesto avalado por la historia, y sus piedras.

Algo de todo lo dicho podemos encontrar en un libro recientemente publicado: «Ciudad Real, siete siglos a través de sus calles y plazas 1245-1945», de José Golderos Vicario, editado por el Ayuntamiento de Ciudad Real.

Ante este panorama, ¿cómo no poner sordina a la fiebre que afecta a ciertos sectores, instituciones personas..., por recuperar reflejos de antaño, según afirman, y que habrían de fundamentar con algo más de rigor que el normalmente mostrado?

¿Será posible sospechar la falta de entusiasmo por el presente y el futuro tras los encendidos cánticos de pasado imaginado?

Es cierto que los pueblos necesitan conocer y honrar su historia para no repetir errores y caminar con paso decidido, pero es preferible reconocernos en los versos de León Felipe que aferrarnos a los sueños de D. Quijote, aunque nos resulten familiares.

Ciudad Real, ciudad sin piedras, ha de volcarse en construir un presente que merezca ser conservado en el futuro, sin añoranzas.

 

Esteban Rodríguez. Diario “La Tribuna de Ciudad Real”, domingo 15 de agosto de 1999

 


jueves, 3 de marzo de 2022

EL CARNAVAL DE CIUDAD REAL DE 1920: ORIGEN DEL MONUMENTO A CERVANTES

 



Fue a mediados de la Edad Media cuando comenzó a utilizarse la palabra carnevale, que procede del italiano y hace referencia a esa celebración, que irrumpía en el calendario, y que gozó de muy buena acogida en épocas posteriores en España.  Se cree que la fiesta pagana del carnaval se dedicaba a Baco, se extendió más tarde a otros países, con un fuerte arraigo en España, según apuntamos antes. El carnaval aparece cargado de simbolismo a través de los disfraces que la muchedumbre luce mostrando los acontecimientos políticos o de otra índole que han marcado la actualidad, dentro del humor y buen ambiente que suele rodear a la fiesta, aunque tal ambiente no siempre fue así.

No obstante, el carnaval estuvo prohibido durante el anterior régimen, por motivos de orden público. Sin embargo, tal celebración carnavalesca se continuó desarrollando, ignorando en muchos lugares de nuestro país la dicha prohibición, incluida nuestra provincia, pues fueron celebres las localidades de Miguelturra o Herencia, entre otros municipios ciudarrealeños. Pero al hablar de los carnavales de Ciudad Real, no debemos olvidar los celebrados en la capital, ya que la historia nos enseña que aquí, en nuestra ciudad, se establecieron un considerable número de agarenos procedentes de las Alpujarras de Granada. Y aquí debemos preguntarnos ¿quedó entonces esta costumbre del carnaval, dentro del ámbito del barrio de la Morería donde se asentó esta raza tal favorable a esta costumbre? El barrio estuvo rodeado de ancestrales caserones y lóbregas callejas, donde durante algunos días el vocerío ensordecedor de las máscaras y las carcajadas de los alegres espectadores, quedaba instalado allí, pero no sabemos precisar desde cuando esta celebración. Algún autor aseguro: “Que la calle legendaria de la Morería, con su perfume de romance viejo de moros, rompía el encanto del silencio apacible con la risa alborotada de las gentes vestidas de colorines…” Desde este barrio, la algarabía comenzaba por la tarde, porque en la mañana, el carnaval discurría por Plaza del Pilar, Plaza Mayor y calle de la Feria.

 



“Ahora este festejo tiene un sabor modernista del que antes carecíamos—decía la magnífica revista ilustrada Vida Manchega, en un artículo publicado durante los carnavales de 1920—, y cada día lo tendrá más, al irse convirtiendo el antiguo Paseo de Alarcos, en ubérrimo parque digno de una capital culta como la nuestra, que empieza a resurgir y despertar de su letargo… en efecto, con el traslado al dicho lugar no concluido del Parque Gasset, la fiesta carnavalesca habrá perdido toda su poesía. Por eso, decimos: por haber roto con las añejas normas trazadas para la celebración de los tres días de Carnestolendas, por el sitio donde se desarrollaba antes, es decir, el escenario tradicional del viejo barrio de Morería…” 

Así concluía la crónica de Vida Manchega, de esta fiesta de 1920, enormemente arraigada ya en la sociedad ciudarrealeña. Así fue, cambió el sitio quizás de siglos.  Efectivamente, el que fuera alcalde de la capital José Cruz Prado, conocido popularmente por Pepe Cruz, se llevó en 1919 al nuevo parque (actual Parque Gasset) las fiestas del carnaval, desarrollándose allí vistosos desfiles de carrozas. Sin embargo, y para bien de nuestra ciudad, del carnaval de aquel año de 1920, había surgido una idea muy esperada por todos. En efecto, en los salones del Ateneo, completamente lleno, se celebró un baile de máscaras con pleno éxito económico, para allegar fondos y realizar la idea lanzada por el periodista local Ramiro Ruíz, para levantar un monumento al inmortal Cervantes, que se había de erigir en esta capital.

 



Monumentos


Pero no fue hasta mayo de 1924, cuando un jurado calificador falló el concurso abierto para la erección del monumento aquí. La provincia de Ciudad Real formó parte de las muchas andanzas del loco de D. Quijote y su escudero Sancho. Nada más acertado. El anteproyecto premiado había correspondido al artista manchego Felipe García Coronado, ya consagrado no obstante su juventud. El monumento tal y como fue concebido se levantó en la Plaza del Pilar—hoy ubicado en la Plaza de Cervantes—.

 

La explicación y pormenores del monumento, dado por un cronista de entonces, fue: «En la parte inferior del pedestal lleva cuatro bajorrelieves representando; en el frente, la batalla de Lepanto; el de la izquierda, el entierro de Marcela; el de la derecha, D. Quijote en la carreta de bueyes, y el posterior la refriega de la Venta. En la parte superior del pedestal lleva grabada la siguiente inscripción: «Ofrenda de Ciudad Real al Príncipe de los Ingenios». La figura de Cervantes, sentada, lleva en la parte posterior dos águilas, símbolo de la Grandeza, Majestad y Genio (sic).

La polémica estalló cuando la erección del monumento injustamente criticado, hasta tal punto que García Coronado, prometió llevar a cabo algunos arreglos en su obra. Pero, desgraciadamente, su prematura muerte lo impidió, quedando el monumento como lo contemplamos hoy.

José Golderos Vicario. Diario “Lanza”, domingo 2 de marzo de 2014

 


miércoles, 2 de marzo de 2022

JOSICO "EL MUERTO DEL CARNAVAL"

 

Josico en el Carnaval de 1990. Fotografía Carlos Robledo



Hoy es Miércoles de Ceniza, inicio de la Cuaresma. Para todos los que se sienten identificados con el Carnaval, hoy es el día del Entierro de la Sardina. En el Ciudad Real de los años ochenta y noventa del pasado siglo XX, el entierro de la sardina era uno de los días grandes del carnaval, con la participación de miles de personas enlutadas que salían a la calle masivamente. Las peñas tan pujantes en aquellos años, acudían a este imponente duelo poniendo imaginación en su participación, como lo demostró en 1986 la peña “La buena mesa”, que desfiló en el cortejo con el popular “Josito”, ya desaparecido, metido en una caja de muertos realizando el papel de “fiambre”.

Desde ese año y hasta mediados de los años noventa, la figura de “Josico” metido en un ataúd, se hizo imprescindible en el “Entierro de la Sardina”, recibiendo una placa en el pregón del carnaval del año 2001,  por su participación como "el muerto del carnaval".

 

Josico el día que recibió la placa por su participación en el “Entierro de la Sardina”. Diario Lanza 24 de febrero de 2001

 

martes, 1 de marzo de 2022

UNA CARROZA PREMIADA EN 1919 YA ALUDÍA A LA SECESIÓN CATALANA

 



La tradición del Carnaval de Ciudad Real, capital—que ya llegó a su fin—ha permanecido fuertemente arraigado año tras año, excepción hecho de los tiempos de la dictadura, que permaneció rigurosamente prohibido. Según relataban antiguos cronistas ciudarrealeños, el barrio que más destacó desde los inicios de esta festividad popular, fue en el barrio la Morería, donde nació la costumbre. En efecto, ya en la primera década del siglo XX se formaba un desfile de máscaras, sin orden ni plan establecido que, bajando por dicha calle llegaba hasta la plaza del Pilar, para luego dirigirse a la Plaza Mayor.

Allí las charangas criticaban al Ayuntamiento, con o sin motivo, a las autoridades y personas locales especialmente significativas para luego recorrer las calles repitiendo pasacalles. De este modo lograban burlas o chascarrillos hirientes. No obstante, las ordenanzas municipales de Ciudad Real reglamentaban lo referente a las diversiones populares del carnaval por razones de decoro público. La alcaldía podría restringir en sus bandos los privilegios habituales de las máscaras: y en todo caso “cualquier agente de la autoridad podrá exigir se guarde el decoro debido —que nadie cumplía— en los sitios que acudan máscaras… los carruajes marcharán al paso, en ordenada fila, sin que por ningún concepto se consienta que vayan enmascarados sus conductores…” (sic).

En 1919, por el brillante resultado de los primeros desfiles de carrozas en el Paseo de Alarcos (futuro Parque Gasset), el Sr Cruz fue felicitado por la feliz idea. Por cierto: que un coche infantil en el que iban los niños de los señores Badía, Roldán y Cárdenas, que fue el segundo premio de carrozas, representaba el mapa de España y unas formidables tijeras dispuestas a separar de él a Cataluña “Que ni puede ni debe separarse”, según decía un amplio rótulo sobre dicha carroza.

La Generalitat catalana por esa época ya reivindicaba dicha idea, que evidentemente no era nueva precisamente. Pero casi un siglo más tarde de estos acontecimientos (año 2012), tal como hoy acontece, surge de nuevo en el candelero político español la idea secesionista.

Así pues, en el Carnaval de Ciudad Real de principios del siglo XX, con sus máscaras y sus bromas, se exhibían muy destacados los propósitos patriotas de los manchegos respecto al escabroso tema.


José Golderos Vicario. Diario “Lanza”, lunes 18 de Febrero de 2013