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jueves, 17 de septiembre de 2020

EL ARTESONADO DE LA PARROQUIA DE SANTIAGO DE CIUDAD REAL



UNA tarde, hace muchos años, en el obscuro silencio profundo de cualquier archivo parroquial de Ciudad Real, un hombre chiquito, de lacia y descuidada barba, inteligente, modesto, lentamente hojeaba libros rancios y tomaba notas. Era don Rafael Ramírez de Arellano. Casualmente estaba yo por allí y, pronto, mi ignorancia de las cosas artísticas en general, y, en particular de las de Ciudad Real, empezó a picotear en la profusa y amena sapiencia de aquel hombre bueno. Fijose la conversación en el artesonado de la Iglesia de Santiago, que tenía, para mí, la curiosidad acuciante de lo desconocido.

Pocos días después, como consecuencia de aquella tarde de interesante charla, en la paz luminosa de la mañana del sábado de Gloria, mientras repicaban las campanas llevando su alegría a la plazuela, al barrio, y hasta al cielo, subía yo la áspera escalera de la torre parroquial de Santiago. Hacia su mitad había una puerta; tras ella, amplio, bello, suntuoso, estaba el artesonado como techo de una a modo de extraña y grande estancia, cuyo convexo suelo era el revés de la semicilíndrica bóveda, antiestética y liviana, de la nave central del templo que, siglos ha, viene ocultando la grata visión de la bien entramada y decorada armadura.

Sentado sobre uno de sus tirantes, solo, cuando a raudales entraba el sol radiante de esa mañana primaveral por una de las dos rejas hechas a la obra, leí allí, de las «Memorias Manchegas Históricas y Tradicionales» de Ramírez de A rellano, lo siguiente:

 En la nave central, «a unos dos metros por encima de las bóvedas, se conserva, casi completo, un magnífico artesonado o armadura de lazo de a cuatro, del siglo XIV en su último tercio, que es una lástima no esté al descubierto para admiración de naturales y «forasteros». «Es el techo de madera en limpio, y ha tomado un hermoso color de caoba. Tiene un almizate central muy cuajado de lazo de a cuatro, como queda dicho, formando estrellas, y la labor de este almizate se corre por las descendidas en tres fajas, una central y otra en cada extremo. Los centros o fondos de esta labor, tanto en lo ornamentado como en las descendidas, están estofados, dorados y pintados con brillantes colores, en dibujos geométricos unos y de flores y hojas otros, y si bien esta parte pictórica, que es a la morisca, se halla bastante deteriorada, no es imposible su restauración. Los nueve pares de tirantes que sujetan el artesonado y se apoyan sobre caprichosos, variados y amplios canes, están también hermosamente decorados con pinturas a la morisca. El almarbate, o sea el friso, se compone de líneas de tabicones en los que alternan los escudos de armas de Santiago de Calatrava y el blasón de los Muñiz de Godoy, que es el que nos induce a deducir, con precisión, la época en que se construyó; es decir, que fue costeado por el gran Maestre don Pedro Muñiz de Godoy, en cuyo tiempo se supone aparecida y nosotros diremos que esculpida, la Virgen de la Blanca.» «Este techo se restauraría, para que pudiera verse, con muy poco dinero, pues sólo es necesario taparlas dos rajas del ancho de dos solivas de las descendidas, hecho al tiempo de las bóvedas para refrescar las maderas y librarlas de la polilla, y con esta restauración podría durar hasta que se pudiera acometer la de las pinturas, que es más costosa.»


Contemplé aquello con emoción, soñé imposibles... y vi subir humo de incienso, de la finada función de Resurrección, por los agujeros que, perforando la bóveda, daban paso a las cuerdas de las arañas del templo. Entonces sentí ganas de golpear la endeble capa de yeso y derribar un trozo para que, a chorros de fantásticas y perezosas contorsiones, el humo ampliamente aromara las viejas maderas olvidadas; para que las oraciones nuevas, sin trabas, se fundieran con las preces remotas, todavía, sin duda, por allá secularmente guarecidas. No sólo por eso con ira desplomara un trozo de bóveda, lo hubiera hecho p ara dejar descubierto un pedazo, al menos, del hermoso techo. Quizá aquél, por cobardía, fracasado atentado contra lo malo hubiese motivado la oportuna restauración de lo bueno y pasados más de veinte años, no tendríamos lugar a comentar, hoy, cómo las palomas, en cantidad fabulosa, se han posesionado del magnífico artesonado empastando tablas y profanando adornos.

El siempre maltratado templo de Santiago aun ha padecido, en estos años, nuevas destrucciones, construcciones y restauraciones disparatadas y sensibles, que añadir a las pasadas. En la torre se paró el reloj; las campanas—alguna del siglo XV—desaparecieron; el chapitel de pizarra se derrumba en esa torre, en ese antiguo «torreón defensivo», que seguramente añora su antiquísima y primitiva cubierta; la bóveda de ladrillo, octogonal o semiesférica, cuvas pechinas sustentadoras se conservan en lo alto. En el interior, los antiguos dorados retablos barrocos no existen; imágenes, en su mayoría antiartísticas y dulzonas, entristecen el recuerdo de las tallas recias y antañonas destruidas; la cal sigue embadurnando muros y capillas y tapando y afeando bellezas... ¡Va desapareciendo, poco a poro, «una iglesia notabilísima y de las más dignas de estudio de toda la región manchega»! Seguramente la más antigua de Ciudad Real.

La vergüenza sigue, aumentada, gravitando sobre nosotros porque salvo singulares excepciones, con alegría inconsciente, somos expeditos en destruir lo bueno que teníamos, lo poco bueno que nos queda, cuando en otros lugares conservan, descubren, restauran lo añejo con escrupuloso y benemérito celo. ¡Oh, Santiago del Burgo y la Magdalena de Zamora! ¡Oh, Parral segoviano y catedral de Sigüenza...!

¡Todavía es tiempo! Óiganlo quienes puedan y quieran, quienes obligados están a oír, y, libre de broza, resurja la parroquia de Santiago Apóstol, de Ciudad Real, con su secular, encantadora y plena belleza prístina p ara honra de ellos y nuestra ; para bien del Arte. Mañana será tarde.

De pasada—muy mucho a lo capitán Araña, es nuestro papel—emplacemos al bien querido y respetado don Emilio Bernabéu para que nos cuente —él lo sabe y obligado está a decírnoslo—cómo era aquel otro artesonado que cubría la ermita de Alarcos y llevó la delantera al de Santiago en su desaparición, y hostiguémoste, amigo Agostini —excelente catador artístico e histórico de nuestra región— para que, como acostumbras, meticulosamente documentado y de modo galano, en fecha próxima nos relates y sitúes en el dilatado y estático campo del arte morisco, el gran artesonado, también maltrecho, aunque no tanto, de la Iglesia Parroquial de Almodóvar del Campo, que una tarde canicular me enseñaste a admirar y mal supe fotografiar.

Julián Alonso, revista “Albores” número 19, mayo de 1948


miércoles, 16 de septiembre de 2020

UNA REFORMA NECESARIA



En “Antiguallas Manchegas”, última parte del librito de D. Rafael Ramírez de Arellano, titulado “Memorias manchegas históricas y tradicionales”, habla de la Iglesia de Santiago, de esta capital, cuyo interior, “aunque muy maltratado por unos reformadores del siglo XVI, es aun sumamente interesante, y si se limpiara de cal y derribasen las bóvedas, resultaría una iglesia notabilísima y de las más dignas de estudio de toda la región manchega”.

Y yo pregunto a las autoridades y queridos paisanos: ¿no podíais alguno, o algunos de vosotros, tomar la iniciativa, y dar los primeros pasos para restaurar un templo, cuya belleza “es una lástima no esté al descubierto para admiración de naturales y forasteros? ¿No es posible dar con manos técnicas, que no nos hiciesen lamentar, falsas y caprichosas restauraciones, como las famosas de la Alhambra; sí nos dejasen al descubierto “un magnífico artesonado o armadura de lazo de a cuatro, del siglo XIV en su último tercio” y otras bellezas que en dicho templo se ocultan?

He aquí la descripción del Sr. Ramírez Arellano:

“Es el techo de madera, en limpio, y ha tomado un hermoso color de caoba. Tiene un almizate central muy cuajado de lazo de a cuatro, como queda dicho, formando estrellas, y la labor de este almizate se corre por las descendidas en tres fajas, una central y otra en cada extremo. Los centros o fondos de esta labor, tanto en lo ornamentado como en las descendidas, están estofados, dorados y pintados con brillantes colores, con dibujos geométricos unos y de flores y hojas otros, y si bien esta parte pictórica, que es a la morisca, se halla bastante deteriorada, no es imposible su restauración. Los nueve pares de tirantes que sujetan el artesonado y que se apoyan sobre caprichosos, variados y amplios canes, están también muy hermosamente decorados con pinturas a la morisca. El almarbate, o sea el friso, se compone de dos líneas de tabicones en los que alternan los escudos de armas de Santiago, Calatrava y el blasón de los Muñiz de Godoy, que es el que nos induce a deducir, con precisión, la época en que se construyó; es decir, que fue costeado por el gran Maestre D. Pedro Muñiz de Godoy, en cuyo tiempo se supone aparecida y nosotros diremos que esculpida la Virgen de la Blanca”.

“Este lecho se restauraría, para que pudiese verse, con muy poco dinero, pues solo es necesario tapar dos rajas del ancho de dos solivas de las descendidas, hecho al tiempo de las bóvedas para refrescar las maderas y librarlas de la polilla, y con esa restauración podría durar hasta que se pudiera acometer la de las pinturas, que es más costosa”.


Seremos, si no llevamos a cabo esta obra, más tontos que el del cuento, ya que, si no tiramos piedras al tejado, dejamos que éste se desplome, que no otra cosa significa la incuria en que tenemos los pocos edificios notables que hay en la capital. Los que no están abandonados, o ruinosos, como pregonan la puerta de Toledo, Santiago y San Pedro, han sido destruidos por la infame piqueta demoledora, como la puerta de Alarcos.

“Santiago, (dice D. Rafael en sus “Antiguallas”) no tiene grietas aparentes, pero San Pedro tiene muchas y algunos machones y bóvedas están desnivelados. La cal forma, a fuerza de capas, una cubierta que disimula las grietas y no deja adivinar la ruina que puede venir lentamente elaborándose, y cuando menos se piensa se cae el templo, que se había creído siempre seguro. Por eso es necesario que en San Pedro se quite la cal para que se vea la importancia de estas grietas, heridas del edificio que, aparentemente, sólo afectan a la piel, no son más que rasguños, pero pueden llegar a las entrañas y estar indicando una muerte próxima.

Tengo fe ciega, que, estas mal trazadas líneas, no han de ser semilla entre rocas sino en abonada tierra, que le dará calor, para hacer de ella una magnifica flor arquitectónica de restauración que honrará a nuestra patria chica y los nombres de los altruistas que le presten apoyo tras bien madurado estudio, no sea que lamentemos, repito, una imperfecta o incompleta restauración, en cuyo caso, el remedio sería peor que la enfermedad.

Los amantes de Dios, del arte y de Ciudad Real, tienen la palabra.

BUENA INTENCIÓN.

Revista “Vida Manchega” número 241, noviembre de 1919


martes, 15 de septiembre de 2020

DESCRIPCIÓN DE LA PARROQUIA DE SANTIAGO A PRINCIPIOS DEL SIGLO XX(II)


La destruida imagen de la Virgen de la Blanca en 1936 por republicanos del Frente Popular

IMAGENES, TERNOS y METALES.-Santa María de la Blanca. Se halla en tosca silla que casi parece una arqueta, sentada, y adorna su cabeza la tallada cabellera sobredorada como la del niño, aunque su rostro de óvalo alargado y nariz delgada, ostenta cierta incorrección en algún detalle y carece de expresión definida, (hieratismo relativo de su época), no está exento de gracia, ni deja de manifestar suave y candorosa sencillez. El niño tiene más expresión, de alegría inocente, en su cara un tanto redonda. La madre viste túnica y manto algo tosco y de escasos pliegues todo él tan admirablemente dorado que se conserva en estado casi perfecto, tiene unido al pecho izquierdo el niño, de no mala ejecución; bendice éste con su mano derecha, sin que se pueda saber cuál fuera el atributo bendecido, sino por inducción, ya que si la imagen es del siglo XIII, como diremos, debía ser aquél una manzana, y en la izquierda se ve, por la posición de esta mano plegada y con los dedos rectos, que debió sostener el libro de la Ley. Hoy día con la restauración de la imagen, la madre, a más de habérsele repintado la cara, perdió el brazo derecho sustituyéndole con una mano grandísima para que pudiera sobresalir a través del manto postizo de tela con que se había de vestir. La mano izquierda que sostiene al niño, es muy tosca, pero de buen tamaño; la colocación de los pies de madre e hijo es defectuosa. Se halla vestida ahora con un manto de brocado amarillo bordado en plata del siglo XVII. La imagen tiene 80 centímetros de alta, quitados los ropages que fingen estar de pie. La precedente descripción bien demuestra nuestro aserto, de que la Virgen es del siglo XIII, y aún puede añadirse que de principios del siglo. La historia interesante de esta imagen es a grandes rasgos la siguiente: En 1212, después de la batalla de Las Navas, vuelven los caballeros de Calatrava a la primitiva ciudad de este nombre, y cercana a la muralla que mira a la arruinada villa habilitaron su iglesia, dedicándola a Santa María de la Blanca, erigiendo allí, en modesto nicho que aún permanece, la imagen, la cual quedó después del traslado de la Orden en su pequeña Iglesia.

Una tradición poco verosímil supone que unos pastores encontraron la imagen de la que se incautó la clerecia de Ciudad Real merced a una donación de la Orden. En el siglo XVI el Consejo de Ciudad Real decía deber- la posesión ele ese Santuario a una antigua concesión del él Orden, conservando ésta la jurisdicción. Desde antiguo, dice don Inocente Hervás, de quien tomamos estos datos, hasta los últimos años del siglo XVIII la ciudad recurría siempre a Nuestra Señora de la Blanca, que traía el Ayuntamiento a la parroquia de Santiago, pero en el siglo XVIII disminuyó este culto, aumentó el del Prado y la ermita amenazaba ruina, por lo que, después de una tentativa a la que se opusieron los vecinos de Carrión, logró Ciudad Real traer la imagen y construir su capilla en esta Iglesia. Buenas imágenes son también en cuadros, la escena de la aparición de la Virgen a San Ildefonso, de gran tamaño, en la Sacristía, y en esculturas, un crucifijo del ex-convento de Santo Domingo, una Dolorosa en la capilla de la Epístola de sentida expresión y correcta factura que se ha querido suponer del Montañés, aunque no cabe asegurarlo, y San Antón muy reformado procedente de el ex-convento de su nombre. También en la Sacristía hay cuatro curiosos cuadritos antiguos pintados sobre piedra. Se conserva entre otros, de los siglos XVII y XVIII, un buen terno de tissú de oro, con menudas flores divinamente bordadas y conservando con gran frescura sus colores, y del siglo XVII una cruz parroquial de plata de interés.

Terno del siglo XVIII de autoría anónima, realizado en seda y plata, perteneciente a la parroquia y que actualmente se encuentra expuesto en el Museo Diocesano

EXTERIOR.-En su exterior fuera de la torre de poco interés artístico, muestra la Iglesia sus dos puertas ojivales, también más que sencillas elementales, llevando por todo adorno una línea de puntas de diamante: la del Mediodía va precedida de un cobertizo moderno de ladrillo. Hay que reprochar el miserable revoque y chillona pintura pséudo decorativa.

En la torre estuvo un tiempo el antiguo reloj de San Pedro, construido según la tradición en Alarcos(7). Ostenta hacia la plaza de Santiago, un ajimez con ojiva exterior y dos arquitos de medio punto en el interior que está bien conservado; las otras ventanas han sufrido grandes reformas para su conservación. Por una escalera estrecha y ruda de caracol se sube al campanario con dificultad. En el recinto de éste se observan, por debajo de la actual cubierta a regular distancia, en los ángulos cuatro pechinas que debían sostener juzgando por su estructura y material una bóveda de ladrillo octogonal o de media naranja, que debió sustituir a la primitiva cubierta en flecha. El chapitel actual en muy mal estado, es muy vulgar y feo, de poca altura, compuesto de un tejadillo que sirve de base a una pequeña pirámide que lo remata. La torre en su cuerpo es sencilla, robusta y bastante alta. Entre las campanas figura una del siglo XV, en el hueco que mira a Levante; es muy bella, no grande, de forma alargada y esbelta, siendo sus líneas graciosas y elegantes; lleva en dos rótulos circulares oraciones latinas en letras monacales; su cuádruple asa de suspensión está muy bien trazada también y su timbre es gratísimo. No ha sufrido refundición ni reforma alguna felizmente. Según Ramírez de Arellano fue probablemente costeada en 1492 por el Obispo Iñigo Manrique, Presidente de la Chancillería de Ciudad Real, y fabricada acaso por el mismo campanero que fundió la «del Alba» de la Catedral de Córdoba. También hay otras campanas de tradición interesante en los huecos del Mediodía; la mayor, hoy refundida tenía una inscripción que acreditaba haber sido construida en tiempo de Felipe 11; la otra del Mediodía procede de 1614 y la del Norte de 1609.

Bernardo Portuondo: “Catalogo Monumental Artístico-Histórico de la provincia de Ciudad Real”

(7) Ramírez de Arellano.

Imagen coloreada de la torre de la parroquia en los primeros años del siglo XX 

lunes, 14 de septiembre de 2020

DESCRIPCIÓN DE LA PARROQUIA DE SANTIAGO A PRINCIPIOS DEL SIGLO XX(I)


Una vista de la Parroquia de Santiago a principios del siglo XX con su antiguo chapitel

Está situada en la plaza de Santiago, formando con la Catedral y San Pedro un triángulo centrado al perímetro de la ciudad.

Se ha pretendido con este motivo por algunos, sin verdadero fundamento, suponer que las tres iglesias fueron erigidas simultáneamente al fundar la Villa; pero hoy los autores más competentes niegan esa idea poco verosímil ya a primera vista. Lo natural es que al fundarse Villarreal, tuviese ya la aldea preexistente su ermita, que ensanchada fuese la primera Iglesia de la Ciudad; y clara es que el probable emplazamiento del tradicional pozo marcará el sitio de ese primitivo casería e Iglesia. Ahora bien, los dos lugares que a dicho pozo se asignan como probables al principio de este artículo caen en la proximidad o en el mismo emplazamiento de Santa María y la ermita convertida por Alfonso X en Iglesia, por tanto, parece que debió estar situada en dicho barrio y problamente donde hoy la Catedral; y que dicha ermita ampliada, de la que hoy solo queda en Catedral quizás la Puerta del Perdón, fue la primera Iglesia de Villarreal; de ello también es algún indicio su consagración a la Virgen, dado que a la conocida devoción Mariana en la Edad Media en España debía corresponder como regla general la advocación de Santa María dada a su primer templo en cada pueblo. Es probables también como otro indicio más en corroboración de lo dicho, que cerca de la primera parte poblada de Villarreal, antiguo caserío se proyectase y construyese la primera puerta de la nueva ciudad, a fin de que respondiese a la más fácil comunicación con Castilla de sus habitantes, cuanto a la mejor defensa de la puerta misma con la vecindad de múltiples construcciones y recursos en hombres y materiales; y esa primera puerta es sabido que fue la de Toledo. En suma, que el probable emplazamiento del Pozuelo Seco, con la efectiva situación de la Puerta de Toledo, la antigua situación de Alarcos, también hacia este lado, y la misma advocación de Santa María del Prado, abonan la creencia de que la primitiva ermita, e iglesia luego, se hallase en las cercanías de la actual Catedral o en su mismo terreno. Confírmanlo también como probable conjetura la situación del Alcázar que debió colocarse a la parte opuesta de lo ya poblado por las clases más humildes en busca de mayor espacio y de cierta separación entre estas clases y las más aristocráticas, y procurando también formar otro centro defensivo opuesto al de la Puerta de Toledo y caserío anterior. Pero claro es que de todas suertes la Catedral de hoy en su casi totalidad es la última edificación de las tres iglesias. Formado pues, probablemente el primer núcleo importante de población en el Barrio de Santa María opuesto al Alcázar que está en el de San Pedro, con aquella primera iglesia bastaría al pronto para los cristianos; pero enseguida, (pues se sabe que el desarrollo de la villa fue muy rápido), al aumentar los habitantes de ese barrio popular, algunos cristianos se irían adentrando en dirección al espacio que quedaba libre por fuera de la parte aristocrática, o barrio del Alcázar, y hubieron de venir para ello al actual barrio de Santiago, en que, como sitio único, también adecuado, se habrían aposentado ya los judíos, poco amigos de vivir entre cristianos y moriscos, constando que, después de su mengua por la Inquisición (1484 Y 1485), en 1590 se elevaba la judería de Villarreal a 523 habitantes (Hervás). Ya en este lugar los cristianos a fines del mismo siglo XIII, pudieron, aprovechando la circunstancia de que existiera allí como antiguo torreón de avanzada, atalaya y defensa del Pozuelo, según supone, y a nuestro juicio no sin razón, Ramírez de Arellano, (1) la actual torre de Santiago, sentirse estimulados a completarla con la adición de una sencilla iglesia, surgiendo de aquí la actual de ese nombre, que tiene en efecto el sello de pobreza y antigüedad muy marcado, siendo a nuestro entender, como veremos, del mismo siglo XIII, y por tanto la más antigua construcción hoy existente de los tres templos principales de la Ciudad y su torre contemporánea de la primitiva ermita del Pozuelo. San Pedro debió obedecer a una génesis más lenta, como había de serlo el desarrollo de la aristocracia Villarrealenga; así lo confirman sus caracteres, que, como hemos visto, y muy acertadamente se dice el Sr. Arellano, la clasifican como del siglo XIV, y aún de fines de éste, a pesar de cierta robustez de estructura, con múltiples obras del XV. Resulta pues el templo de Santiago el más antiguo hoy existente en Ciudad Real, y a ello responde su aspecto de vetusted y sencillo arcaísmo aunque todavía sólido.

Vista del interior de la parroquia hacia 1917

Desde su fundación fue Santiago de tres naves comunicadas por cuatro arcos formeros a cada lado, (apuntados, de factura modesta y primaria, que se reconoce en sus vértires agudos y de áspero encuentro a la manera de las ojivas lancetadas, tan comúnmente empleadas en aquél siglo XIII, con la variante sin embargo de que en este caso (con excepción de los del crucero algo estrechos en la base), los otros tres arcos llevan los estribos muy apartados y demasiado bajos. (2)

No son estos tampoco de la verdadera forma del estilo (pilares redondos con columnas adosadas de mayor elevación) sino muy bajos y rudos machones octogonales que recuerdan mucho la pesadez de las pilastras y apoyos románicos, lo mismo que los capiteles. Estos capiteles son unos de follage y otros torales ocultos por la cal y pintura pero viéndose que se diferencian del estilo ojival que la filaria en este estilo se desarrolla en mayor altura vertical lo mismo que el tambor del capitel mismo.

Únase a esas reminiscencias la sencillez de la bóveda absidal y una ventanita románica del crucero y podrá asegurarse que con tanto resabio románico y sus características ojivales del primer periodo no puede dejar de corresponder esta iglesia a los principios de este estilo en la región, lo cual unido a las inducciones antes de talladas de carácter histórico nos confirman en atribuir el templo a finales de dicho siglo XIII, ya que sus expuestas condiciones no permiten  suponerlo posterior, y que no es verosímil tampoco que en los dos primeros tercios del siglo hubiese para el pequeño caserío del Pozuelo, ni para la naciente Villarreal dos iglesias no autorizando nada a suponer que el caserío ocupase el emplazamiento de Santiago, ni menos que tan humilde aldea tuviese una iglesia con torre tan Importante. (3)

La bóveda actual, de cañón de la nave central es postiza falsa, de cañizo recubierto de yeso, insignificante artísticamente, y desde luego, y construida dos metros más abajo de la anterior techumbre, ocultando el artístico artesonado de ésta, (lámina 55), de armadura de lazos a cuatro tallada durante el último tercio del siglo XIV. Lo describe así Ramírez de Arellano, y así se conserva hoy, según hemos podido, no sin trabajo, apreciarlo: «Tiene un almizate central muy cuajado de lazos de a cuatro formando estrellas, y la labor de este almizate se corre por las descendidas en tres fajas, una central y otra en cada extremo, de la techumbre, más estrechas las extremas. Los centros o fondos de esta labor, tanto en lo ornamentado como en las descendidas, están estofados, dorados y pintados, brillantes colores en dibujos geométricos unas, y de flores y hojas otros (4), y si bien esta parte pictórica, que es a la morisca, se halla bastante deteriorada no es imposible su restauración. Los nueve pares de tirantes que sujetan el artesonado, y que es apoyan sobre caprichosos, variados y amplios canes, están también muy hermosamente decorados con pinturas a la morisca. El almarbate, o sea, el friso se compone de dos líneas de tabicones en los que alternan los escudos de armas de Santiago, Calatrava y el blasón de los Núñez de Godoy, que es el que nos induce a deducir con precisión la época en que construyó, es decir que fue costeado por el gran Maestre don Pedro Núñez de Godoy. Este techo se podía restaurar para dejarlo al descubierto, primero en el maderámen y luego en las pinturas, que es más costoso. Entra la bóveda actual y el artesonado, sobre el arco toral hay un rosetoncito bien conservado aunque con algún desperfecto, compuesto de un rosetón central lobulado y cinco o seis (son ocho medios), alrededor, por donde recibía la Iglesia misteriosa y gratísima luz.(5)

Otra vista del interior de la parroquia con el destruido paso de “Pilatos” en 1936 

«Las tres naves terminan en otros tantos ábsides, los dos laterales rotos en sus fondos, para dar paso a dos capillitas empotradas construidas en la época en que se restauró la Iglesia; los tres están cubiertos por bóvedas radiadas poligonales sencillas, apoyándose los nervios de los rincones en medias columnas partiendo del pavimento y los intermedios en otras medias columnas arrancando de la mitad del muro, sobre ménsulas muy curiosas representando medias figuras humanas, hoy casi borradas todas como en muchas partes del templo a fuerza de capas de cal y pintura, que se ha acumulado sobre las labores adulterándolas o borrándolas con pésimo gusto. Debería quitarse en esta iglesia la cal que recubre las labores antiguas, con lo que se encontrarían quizás pinturas interesantes y se prevendría la ruína si hubiese grietas ocultas» (6). En la Capilla Mayor hay un regular retablo, con la imagen muy aceptable del Apóstol. Las capillas laterales antes citadas abiertas en los ábsides nada ofrecen de particular, como no sea en la del Evangelio un retablo barroco, ejemplar profuso de la ornamentación del estilo. En el crucero hacia la nave del Evangelio está la interesante ventanita románica de transición a que antes hemos aludido, la cual se ve mejor desde el exterior del muro. En el coro a los pies de la Iglesia, que es del Renacimiento insignificante y pobre se ve un cuadro aceptable de la Purísima.

Bernardo Portuondo: “Catalogo Monumental Artístico-Histórico de la provincia de Ciudad Real”

(1) Lo creemos así, aparte de otras consideraciones que a tan ilustre arqueólogo han sugerido su idea, porque es muy probable, como queda dicho, que la primitiva ermita del Pozuelo se hallase en el interior del caserío de ese nombre que ocuparía un perímetro próximo a la puerta de Toledo, y que esa ermita
fuera desde luego dedicada a Santa María, pues es sabida la devoción extraordinaria a la Virgen en la Edad Media; que existiendo ya esta ermita se convertiría en Iglesia al fundar la villa en 1255, y que es poco creíble que la naciente población sin gran necesidad de momento, puesto que ya contaba una Iglesia, se resolviese y tuviese medios para erigir dentro del mismo siglo XIII la de Santiago (que es como veremos de ese siglo), si esta obra no se hubiera encontrado allanada de antemano en su parte más importante y costosa con la existencia de ese torreón, (acaso de los principios del siglo XIII fecha inmediata a la destrucción de Alarcos que dejó indefenso el Pozuelo), cuyo torreón, por otra parte, no corresponde tampoco por su robustez y dimensiones a lo que la pobre iglesia de Santiago pudo ser en su principio. Hasta la advocación misma de la Iglesia pudo guardar alguna relación con ese origen militar. No pretendemos, claro está, erigir estas observaciones en demostración cierta, ni mucho menos, sino ilustrar una conjetura que nos parece muy verosímil, sobre todo si se añade que acaso pusieron este torreón a un lado, la primitiva ermita al otro y el nuevo Alcázar en el fondo constituir en la mente del fundador los vértices de un triangulo que sirviera de base para determinar el perímetro de la villa, considerando los tres puntos como los tres futuros centros de población en su recinto.
(2) Claro es que esta variante puede obedecer a necesidades técnicas o económicas de la construcción, lo cual haría desaparecer ese reparo muy relativo y parcial a la opinión que vamos desarrollando.
(3) Ramírez de Arellano parece que considera que solo quedan de la antigua construcción los ábsides y el presbiterio y que la torre misma sólo es de últimos del siglo XIII muy transformada además. Aún con el mayor respecto a tan ilustre arqueólogo, no nos decidimos en este punto concreto a seguirle como en tantos otros. Entendemos que los arcos y sobre todo los machones de la nave y la ventana románica de transición son de la primitiva iglesia sospechando que no debe haber exactitud en la cita al atribuir al Sr. Ramírez de Arellano opinión contraria, puesto que él mismo ha sostenido con razón, que la torre debió ser un antiguo torreón defensivo del Pozuelo, y este ya a fin del siglo XIII formaba un simple barrio de Villarreal. En cambio es interesante el recuerdo que hace de que en el siglo XVI, se tapió las ventanas de los ábsides que eran unos ajimeces de forma lancetal y probablemente con celosías de piedra que una restauración inteligente podría descubrir.
(4) Muchos han perdido ya la ornamentación pictórica.
(5) Ramírez de Arellano. Memorias Manchegas históricas y tradicionales, página 82.
(6) Ramírez de Arellano. Memorias Manchegas históricas y tradicionales, página 83.

El oculto artesonado de la parroquia a principios de siglo 

domingo, 13 de septiembre de 2020

BENDICIÓN DE UNA CRUZ EN LA PLAZA DE SANTIAGO


Boletín de Información Municipal Nº 6, marzo de 1962

En la foto de Herrera Pina, vemos la Cruz que ayer fue bendecida e inaugurada en la Plaza de Santiago, y que indudablemente hermosea este típico rincón de nuestra ciudad. Desde hace tiempo, se viene mejorando este lugar, merced a la ayuda de la autoridad y muy concretamente de la Jefatura provincial del Movimiento y Gobierno Civil, organizadores ambos organismos, por otro lado, de la campaña de embellecimiento de nuestros pueblos y ciudades, con el magnífico resultado que todos conocemos.

Bendijo la Cruz el párroco de Santiago y asistieron el gobernador civil y jefe provincial, subjefe provincial del Movimiento, presidente de la Diputación, alcalde de la capital y concejales del Ayuntamiento.

El proyecto lo ha realizado Alberto Nieto, con sencillez y elegancia.

Diario “Lanza”, sábado 6 de junio de 1959, portada


sábado, 12 de septiembre de 2020

LA PLAZUELA DEL “SEÑOR SAN TIAGO”



Entrada la luna por las estrecheces que unen las plazuelas de Santiago y de D. Agustín Salido; daba tintes de leyenda, de moros y cristianos, al torreón almenado, y, entre él y el feísimo atrio del templo, en medio del paredón liso, dibujaba, con meticuloso afán, la cegada puerta que de arco de herradura parece, lo que si en remate fuera cierto, aclararía que antes de iglesia cristiana, mezquita era de Pozuelo, como los calatravos en sus escritos nombraban a nuestro lugar hasta que, convertido por el rey sabio en villa, y realenga, fuera desgajado de la pertenencia y dominio de los monjes y enfrentado a ellos, que como Pozuelo no vuelven a mentarlo.

Así: lunera, solitaria, espaciosa, aparecía la plazuela del “Señor San Tiago” en la primera visita veraniega, que hube de hacerle en mi temporada de ciudarrealeño, que se ha perdido en Ciudad Real y recibióme en sus susurros incorpóreos y sutiles de amiga, de buena amiga, que me daba la bienvenida.

La recorrí, cumplidamente de extremo a extremo en pasos lentos, deliciosos de recreación y pensaba que, pronto, aumentara el nocturno ensueño de su recinto con tenue luz artificial, penumbrosa y ciega, ya que “a edificios viejos, luz vieja” como hace poco nos contaba LANZA iban con gran acierto, a iluminar Morat.

¡Bonita estará nuestra plazuela! En las noches luneras, la luna jugaba con los viejos puntos luminosos y juntos, o estos solos en los días de negrura, darán aspecto antañón, poético, encantador a nuestro más bello rincón añejo, y la mortecina luz caerá en el típico empedrado nuestro de grandes cantos cuarcitosos que, holgados al empedrarla de nuevo, dejarán, entre sí, espacio a la hierbezuela para crecer y bordar verdes arabescos, complicados, en su sayal propio y castizo, haciéndola más bonita y subyugadora. Ni más masa verde que esas rendijas rellenas, ni más adornos, ni más filigranas, para la austeridad y respeto que merece la plazuela si no queremos dar al traste con él, como decimos, más castizo rincón de los pocos que aún quedan, que sobradas profanaciones artísticas son, para ella, un atrio absurdo, un edificio insulso, no de aquí, ni de allá, ni de ayer ni de hoy; otro pegote repelente, atroz, allí donde se besan esta plazuela y la de Don Agustín Salido… ¡y no entendemos en la siete u ocho veces secular, y sufrida, Santa Casa del Hijo del Trueno buscando el artesonado, del siglo XIV, mandado hacer por Muñiz de Godoy y oculto desde centurias pasadas sin que exista medio de que lo descubran!

Antiguas edificaciones de la Plaza de Santiago

Y paseando y paseando, seguía pensando en estas faltas y sobras y me decía: ¿qué opinarían los sevillanos si, en su barrio de Santa Cruz, quitásemos la famosa Cruz de herrejes retorcidos y complicados, y las macetas de claveles de sus gradas de ladrillo y en su lugar, clavásemos un gótico “cruceiro” gallego de piedra berroqueña carcomida de líquenes y musgos? ¿Saldríamos airoso de la “plaza de Santa Ana” de Ávila después de dejarles allí, en ella, una barroca fachada, al estilo colonial de retorno de América, como la del Carmen descalzo de Cádiz? ¿Y si adosásemos a la granítica Lonja del monasterio de El Escorial --¡a ver que le pasaba a la tumba de nuestro señor don Felipe II!—una casita blanquita de cal, con candela en la puerta; con ventanas de celosías verdes y con una azoteílla desgranando geranios rojos y jazmines, aires flamencos y repiqueteos de palillos?.. ¿Recuerdas los comentarios de aquellos turistas al ver junto a las vetustas parroquia de San Pedro y “la casa de la torrecilla” la novísima Delegación de Hacienda?

¡No te desquicies, Fantasía! Y piensa que la monumentalidad de esos próceres parajes no es comparable a la de nuestra plazuela.

Cierto pero, en su modestia, dale un tantico de monumentalidad la fachada del templo, cargado de historia, y se la aumenta la mole del monasterio de la Alta Gracia que se asoma sobre las bajitas casas ¡que no suban!... y los injertos de nuestra plaza antes restan, que añaden, nobleza artística.

…Y quizá más humilde que este remanso de paz de nuestra ciudad sean, en una ciudad hermana, unas casas que, en estos días, empezó a derruir su propietario, y sin embargo, varios vecinos vieron perderse un rincón de belleza local, que tan cuidadosamente allí conservan, y sus quejas respetuosas, razonadas, justas, tuvieron eficacia suficiente para que se decretara la suspensión de las demoliciones caprichosas y la reconstrucción de lo arruinado en la forma prístina con los mismos caracteres de armonía que tenía, que no podemos ser dueños amnimodos, de las cosas si no hasta el límite, prudente, de aquello a que nos debemos y exigen Dios, el Arte, la Historia y los que nos sucedan, ante quienes hemos de responder del empleo que hagamos de las riquezas, bellas y artísticas, pues en depósito, nada más no las entregaron sus creadores.

…Y una nubecilla cubrió la luna, ensombreció el recinto y la ciudarrealenga, encantadora, plazuela del “Señor San Tiago”, se hizo, más maravillosamente atractiva, medieval, legendaria… y, en lo alto del torreón almenado parecióme asomada la silueta de Alfonso X mirando los campos llanos del mismo modo que estuviera cuando, tal vez desde esa misma altura concibió la creación de su “real e bona villa”. La nubecilla: tiró unas gotas, y el agua, tibia, semejaba llanto sedante… y volvió a lucir la luna.

Julián Alonso Rodríguez, diario “Lanza” vienes 13 de septiembre de 1957


viernes, 11 de septiembre de 2020

UN CURIOSO ROBO EN LA CALLE MADRAJO: “SE LLEVAN LAS MORCILLAS”


Número 18 de la actual calle San Antonio antes Madrajo

Ayer se presentó en la inspección de vigilancia una mujer llamada Teresa González Navarro, dueña de la casa de lenocinio de la calle del Madrajo y denunció que al ir por la mañana a coger una morcilla, de las que tenia colgadas a secar en la campana de la chimenea de la cocina, notó que le habían desaparecido como unos ocho kilos, mas unos 2 kilos de chorizos.

Teresa sospechaba que se las pudieran llevar unos cuantos jóvenes que el domingo por la tarde estuvieron en su casa, de juerga, pues desde ese día no faltó nadie de la cocina y no pudieron llevárselas.

En la Inspección de vigilancia se descubrió el pastel, resultando autores de la sustracción del embutido cuatro de los juerguistas, los cuales han pasado a la cárcel a disposición del juez de instrucción.

Diario “El Pueblo Manchego”, miércoles 29 de noviembre de 1916, página 2

Unas de la últimas casas que aún perviven en la calle San Antonio