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domingo, 9 de febrero de 2025

MARÍA GONZÁLEZ “LA PAMPANA”

 

Una vista de la calle Libertad antes de su destrucción urbanística


Acabo de leer un magnífico libro, enviado como regalo por la no menos extraordinaria escritora poeta, María Rosa Jaén, amiga colega en esta aventura literaria poética. El libro se titula "Mujeres en un umbral de la historia" (1), del que Luis Alberto de Cuenca en el prólogo las epístolas dedicadas a las mujeres que cruzan el umbral de la historia, dice: “Si hay en el mundo una revolución pendiente, ésa es la de la mujer María Rosa Jaén es muy consciente de ello, ha aportado su granito arena para situar la mujer en el lugar que le corresponde. La verdad que más, que una partícula elemental de materia arenosa, lo que María Rosa pone ante nuestros ojos es una playa entera. Su colección de mujeres abarca varias épocas y se detiene en el siglo XVI. Nos consta que tiene pensado continuar, pero de momento se ha detenido ahí, en el umbral del Renacimiento, transmitiéndonos su convicción de que la mujer medieval hispánica -cristiana, mora o judía- desempeñó un papel histórico mucho más importante que el que viene otorgándosele”.

Entre tantas mujeres como la autora nos da conocer, hay una, nacida en el siglo XV en Ciudad Real, María González, apodada “la Pampana” -ignoramos si con acento en la primera sílaba en la segunda-, por estar casada con Juan Pampán, que en 1484 presentó algunos memoriales al Santo Oficio al haber sido procesada junto su marido en dicha capital manchega. Después de un juicio que había durado dos años, ella fue condenada "a perdimiento confiscación de los bienes" él fue condenado ser quemado en estatua, porque andaba fugitivo.

Estos procesos semejantes acontecimientos eran moneda corriente, no sólo en La Mancha sino en Extremadura en Andalucía, donde el Santo Oficio se mostró muy riguroso impecable.


Reja de la Santa Hermandad que se encontraba en la calle Libertad


En el mencionado libro -seria labor investigadora de María Rosa durante diez años- se nos detalla el tema de los judíos en España, la prohibición de la existencia de rabíes femeninos -y cómo la mujer judía se le vedaba explícitamente ejercer de nodriza en casa cristiana. cuando, después de muchos condicionantes, llegaban serlo lo hacían con hartas dificultades.

Es posible que la ciudarrealeña María González, o bien fuera una de estas judías se la creyera, junto a su marido, como judaizantes. Por lo que se les procesó. Ya que es sabido, nos cuenta la autora del libro mencionado, la influencia judía en la hechicería hispana era muy grande, Existen copiosos manuscritos hebreos, continúa la autora, en los que figuran fórmulas para la curación de todo tipo de males, como el mal de ojo, encontrar un objeto perdido, conseguir que una mujer quedara embarazada tuviera buen parto, la reconciliación de un matrimonio. En muchos casos los remedios no dejan de sorprendernos. Todavía en los años posteriores a nuestra guerra, existían mujeres dedicadas estas artes en Ciudad Real. Por aquellos años, cuando mi niñez andaba por la calle del Progreso, antes llamada del Caballo, frente nuestra casa vivía una mujer quien, en alguna ocasión, nos llevaron mi hermano mí para curarnos de mal de ojo de ciertos persistentes empachos.

Tal vez esta María González “la Pampana”, en aquellos oscuros años del siglo XV, no fuera más que una de estas mujeres que, como nuestra vecina, se dedicara a tales hechicerías hoy desaparecidas casi  en su totalidad, salvo en lugares muy recónditos que he conocido.

Francisco Mena Cantero. Diario “Lanza” viernes 27 de enero de 2006

(1) "Mujeres en el umbral de la historia" de María Rosa Jaén. Asociación de Escritores Artistas españoles. Madrid, 2005. C/Leganitos, 10. 28013. Madrid

 

Una de las casas desaparecidas de la calle Libertad


sábado, 8 de febrero de 2025

GEOGRAFÍA PARA NIÑOS

 



En el libro “Geografía para Niños” de la Casa-Editorial Saturnino Calleja Fernández, publicado en 1887, se recogen muchos grabados y mapas, entre estos grabados figuran varios de nuestra provincia y capital. En concreto de Ciudad Real capital aparecen los grabados de la Puerta de Toledo, San Pedro, Diputación Provincial, Puerta de Ciruela y Alarcos.


viernes, 7 de febrero de 2025

LEYENDAS DE CIUDAD REAL: PERALBILLO (II)

 



En el patio del castillo

está el alegre cortejo

cuando, desnuda la espada,

detiénelo un caballero.

Esta mujer —dice— es mía!

Surge la lucha al momento,

riñe bravo contra todos

y a todos los vá venciendo,

hasta que el Rey pone paz

y queriendo hacer ejemplo

de esta manera le dice

con soberbia y con desprecio:

«Tu, vasallo irreverente

que así profanas mis fueros

y que intentas dominar

la fuerza de mis decretos;

que de tu Dios no respetas

bendiciones ni consejos,

oye como yo castigo

los malvados de mi reino.»

 

Y a morir lleno de infamia

cruel lo condena luego.

Huye al oirlo Carmena

con su espada paso abriendo,

perdida toda esperanza

loco, furioso y frenético.

 



IV

Maldito está de Dios, de su monarca

maldito está también; su hogar cerrado,

su vida amenazada, su conciencia

empedernida con sarcasmo tanto,

y envuelto entre asechanzas y desdichas

se revuelve y defiende batallando

como el león en cerrada selva

por doquiera ofendido y acosado.

De los golfines la venal jauría

topa con él del monte a cada paso,

y por fin en bandido se convierte,

pues son ellos sus únicos hermanos.

La gente aquella como tal lo abraza

y se pone a sus órdenes por bravo,

y entonces él, respira odio tan solo,

solo venganzas siente dominarlo,

y con la fuerza de terrible incendio

insaciable de víctimas, matando

devora una existencia comparable

con la del rey del mal; el ángel malo.

 

A su furioso embate aquel castillo

cede por fin y cae derrumbado.

Despuebla la comarca, siembra el dolo,

a un crimen otro crimen va sumando

y delirante se recrea un día

en aleve y traidor asesinato.

 

Ciclón de la impiedad, todo era horrores

lo que dejaba desbastado al paso.

Las flores le negaban sus aromas,

a su vista callábanse los pájaros

y el sol o se escondía a sus miradas

o le abrasaba ardiente con sus rayos.

Ni reír ni llorar. Ni sentimiento,

pudo tener su corazón helado,

y en rudo paroxismo de dolores

inconsciente, tal vez sin él pensarlo,

recogió de los lobos montaraces

lo que ya le negaban los humanos.



V

En fúnebres ruinas quedó convertido

el antes recinto de dicha y placer:

el río modula lloroso gemido

con notas que suenan a voz de mujer.

 

Allí por placeres cambiaron dolores,

allí la justicia sus reales plantó

y trágicas vidas de cien malhechores

con mano inflexible su espada cortó.

 

Por fin a los fieros temibles golfines

a obscuras prisiones llevó la Hermandad;

vencieron las armas de mil paladines

sembrando en los campos letal soledad.

 

Del cerro maldito la falda desierta

adornan los huesos de muertos, sin fin,

las aves rapaces en carne ya muerta

tuvieron alegres, crecido festín.

 

En noches cerradas de negros crespones

se yergue el castillo lo mismo que fue

y en viejas almenas y altivos torreones

un ánima en pena vagando se vé.

 

Es alma que ruge con voces de trueno

del fiero Carmena que llora su mal.

¡No quiso el averno tragarlo por bueno

ni el Cielo lo quiso, por ser criminal!

 

Rafael López de Haro. Leyendas en verso, imprenta El Labriego 1898



jueves, 6 de febrero de 2025

LEYENDAS DE CIUDAD REAL: PERALBILLO (I)

 

Iglesia de Peralbillo en los años cincuenta del pasado siglo XX



I

En sus dominios Villa-Real famosa

tuvo hace siglos el maldito cerro,

que de su triste historia no conserva

ni rastros ni vestigios ni recuerdos.

Cerro de la justicia y de la muerte

en donde tantas vidas se perdieron,

que llenarán de fijo numerosas

muchos, salones igneos del infierno.

Del infierno, si tal, que eran malvados

de sangre vil y corazón perverso.

 

Sucedió en tiempo de Fernando el Santo,

noble monarca de sagrado cetro,

que de la Villa-Real por los contornos

libres corrían los golfines fieros,

causándole terror al viandante

y odió cerval a los vecinos pueblos.

El capitán de la feroz canalla

que asaz infame, sin dolor ni miedo

los crímenes más grandes repetía,

era Carmena, corazón de hierro,

en cuya historia con su sangre escrita,

late un amor que se revuelca en cieno:

Carmena era cristiano, bravo y noble;

todo él, cuerpo y alma de guerrero,

que si del Cielo recogiera ofensas,

su espada volvería contra el Cielo.

No nació criminal, nació valiente;

lo transformó la fuerza de los hechos.





II

Ricas luces pintó la alborada

del castillo en la cúspide heniesta;

alegre bandada

de avecillas, cruzó la floresta,

formando una orquesta

por Dios concertada.

 

Dócil potro trotante ligero,

sonar hace bruñida armadura

de noble guerrero,

que a la luz de mañana tan pura,

brillando figura

fantasma de acero.

 

Para al fin bajo artística almena

de un antiguo bestuto castillo,

y en ella serena,

asomada se vé una morena,

como un angelillo,

que adora en Carmena.

 

¿Qué se dicen? Copiad aquel trino

que el gilguero sonó en la enramada,

el soplo divino

que dió luz a la bella alborada.

Es un beso que sigue el camino

que le traza una ardiente mirada.

 

Iglesia de Peralbillo en la actualidad

 

III

¿Quién pensara que un idilio

tendría tan fatal término?

¿Quién dijera que la Gloria

puede trocarse en infierno?

Quísolo la suerte infausta

que no siempre hace lo bueno.

La adorada de Carmena,

la hija del noble manchego

que tenía la comarca

y el castillo aquel, en feudo

por su rey fué concedida  

á otro más feliz mancebo.

Prepáranse grandes fiestas

en todos aquellos pueblos,

y a ellas acude Carmena,

con el corazón desecho,

tan ganoso de venganza

como rabioso de celos.

Llegó el día de la boda;

el gran Fernando Tercero

apadrinaba el enlace

honrándolo a fé con ello;

bendíjolo el sacerdote,

mas no lo bendijo el Cielo,

que el Cielo nunca bendice

amores que no son ciertos.


Portada de la Iglesia de Peralbillo en la actualidad


miércoles, 5 de febrero de 2025

EL LAGO MALDITO (LEYENDA DE LOS TERREROS)

 

Vista de los antiguos terrenos de la Granja Agrícola en la Ronda de Calatrava, lugar donde se encontraba la Laguna de los Terreros. Revista "Vida Manchega" 25 de marzo de 1918



I

Allá en los tiempos del monarca sabio;

cuando era la corona a un tiempo, signo

de soberbia y temor; noble entre nobles

partió Don Diego a la encendida guerra.

A punto de marchar, con la armadura

luciendo erguido su arrogante cuerpo

ebrio de amor acercase a su esposa,

besa con labio trémulo su frente

y con voz más que frase; agrio gemido,

solemne se despide.

 

Parte luego;

piafa el corcel, rechinan los herrajes,

y entre nubes del polvo que va hollando,

por fin le manda su postrer saludo

y sé pierde a lo lejos su figura.

 

II

No alcanzará la más negra conciencia

el infinito negro de sus ojos;

rizo el cabello de tinieblas tinto

y rojo el seductor ardiente labio,

era Laura la estatua más hermosa,

la pintura mejor; pero la suerte

quiso dotarla de alma traicionera,

más infame que obscuras sus pupilas;

alma á quien sirve corazón de tigre,

de esclavo y defensor.

 

Por eso Laura

aceptó sin temblar para su esposo

a un hombre con mentido juramento.

 

III

Era una noche trasparente y pura

Dé las que hablan de Dios. Manto de estrellas

vestía el firmamento. Luna clara

se miraba al espejo blandamente

en los cristales del dormido lago.

Y el mundo se mostraba tan tranquilo

como el alma de un justo. Por la orilla

una mujer a un hombre iba abrazada

en lazo criminal. Idilio infame

presenciaban los astros, y las ondas

rumor copiaron de insolentes besos.



Vista de los  terrenos de la Granja Agrícola en 1965



IV

De pronto se oye, no lejano, el trote

de un brioso alazán; luciente casco

de ondeante pluma que en el aire juega,

cubría la cabeza del jinete,

guerrero vencedor que al fin volvía.

Llega hasta la pareja venturosa;

lanza un gemido la mujer villana,

y entonces el soldado salta a tierra

y a Laura reconoce.

 

V

Hubo un instante

de muda indecisión. Luego valiente,

el esposo ofendido, reta fiero

a singular combate a aquel bellaco

hurtador de su honra, y con la espada

aquella espada tantas veces tinta

en la sangre agarena, le arremete.

Crujen los hierros al violento choque

hasta que agudo a la reñida liza,

pone fin un quejido, y el amante

cae desplomado; de su pecho brota

una fuente de sangre que lo anega.

 

VI

Ella, la infiel, abraza al moribundo

transida de dolor. Ruge el esposo

lo mismo que un león, ásela fuerte,

y no queriendo encenagar su acero

en corazón tan ruin, la arroja al lago

que con sordo murmullo hace protesta

del impuro regalo y en el cielo

tiemblan los astros ante tanto dolo.

 

VII

Cuenta la historia que del lago triste

se corrompieron las tranquilas aguas;

que de sus ondas en la noche oscura

trasgos surgieron de mortal aliento,

y que la muerte en el podrido fondo

habitó largo tiempo, detrozando

vidas y vidas del lugar vecino.

 

……………………………………

……………………………………

 

Ahora hay un campo solitario, estéril,

donde estaba el pantano pestilente

que fue único testigo de aquel drama.

Campo sin flores, fúnebre paseo

por el cual solo vaga algún poeta

o alguien que llora doloroso luto.

Allí no hay alegría; allí amanece

sin trinos, sin aromas, ni colores,

y al ocultarse el sol, la brisa pura,

entre las ramas de copudos olmos,

gime eterna canción de desventura.

 

Rafael López de Haro. Leyendas en verso, imprenta  El Labriego 1898


Terrenos de la Granja Agrícola en la revista “Vida Manchega” 1914


martes, 4 de febrero de 2025

EL TORREÓN DEL ALCAZAR (II)

 

Imagen del libro “Ciudad Real medieval” de Jorge Sánchez Lillo


Y en desvelos dedicados

antes á rezar, ahora

piensa en que quiere, en que adora,

en que es bella y es mujer;

y recuerda la figura

tan gentil de Juan Segundo

y cree que si hay Dios, hay mundo

para ella de placer.

 

Y se mira a los espejos,

y se adorna lisongera,

y hasta estudia la manera

de sonreír y mirar;

que el amor antes dormido,

que el instinto prisionero

ha surgido y altanero

ahora tiene que mandar.

 

IV

No sabía el rey vencer

en el arte de luchar;

pero si supo aprender

y era maestro en sitiar

el honor de una mujer.

 

Alguna vez su valor

cedió en la liza bravía

con mengua y con deshonor;

pero jamás desistía

en las lides del amor.

 

En esta puso su empeño

y con fingido entusiasmo

de aquel corazón fue dueño.

Lo despertó del marasmo

para sumirlo en un sueño.

 

Avanzó con ligereza,

pero un grito de nobleza

escuchó claro y distinto;

la mujer tiene el instinto

del honor y la pureza.

 

Cuando fatuo la creía

completamente engañada

por el amor que mentía,

una elocuente mirada

dio al traste con su osadía.

De tal derrota menguado

vengarse pensó, y osado

estrechó mas el asedio

sin perdonar ningún medio

para su triunfo soñado.

 


Fraguó un plan todo veneno;

compró á una dueña embustera

con el corazón de cieno,

por haber echado fuera

todo lo que tuvo bueno,

y una noche sepulcral,

cobarde, aleve, venal

callado como traidor,

cruzó el rey el corredor

del Alcázar señorial.

 

Sumido en densa negrura

con mano serena, suave,

en sagrada cerradura

sigiloso entró una llave

que adquirió en intriga impura.

 

Y sin que su corazón

creciera en agitación,

con serenidad villana,

ya iba su planta profana

a pisar la habitación.

 

V

Pero no quiso Dios tamaño crimen.

Estallaron las nubes en el cielo,

horrísonos sil varón aquilones

el rayo fulminó retumbó el trueno

y el globo en colosales sacudidas

puso en zozobra todo el firmamento.

Se desgajó la tierra en hondas simas,

moles de piedra con atroz estrépito

rodaron á granel hechas añicos,

el castillo saltó de sus cimientos,

las olas de los ríos se incendiaron,

cruzó el espacio de terror un eco;

golpes, ayes, gemidos, maldiciones....

se confundieron en fatal concento;

Fantasmas del dolor poblaron tristes

el ámbito caótico, de duelos

y aún en el seno de la asaz tiniebla

se destacaron sus fulgores negros.

 

Saturaron mefíticos vapores

la atmósfera que ardía. De sus lechos

surgieron maldicientes los difuntos,

furias brillaron en sus ojos secos,

carcajada sarcástica sonaron

al crujir y chocar sus blancos huesos;

y ráuda cual flamígera centella

dominando el horrible desconcierto,

sobrepujando la infernal orquesta

y haciendo retemblar al mundo entero,

se oyó clara, vibrante, insuperable,

como se oye la voz de los recuerdos,

la voz de la justicia que potente

pregonó una sentencia de escarmiento.

 

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Todo era ruinas al siguiente día

del terreno, fúnebres trofeos.

Del señorial Alcázar derrumbado

solo quedaba un miserable resto

que atravesando siglos, invariable,

se yergue allí como pasado espectro

¡para que nunca olviden los humanos

aquel Providencial justo decreto!

Rafael López de Haro. Leyendas en verso, imprenta  El Labriego 1898