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viernes, 30 de enero de 2026

LA REVUELTA ANTIJUDÍA DE 1474 EN CIUDAD REAL Y SUS CONSECUENCIAS (I)

 

Antigua puerta de la Sinagoga de Ciudad Real en el Museo Provincial


1. La llegada de los judíos a Ciudad Real y las matanzas de 1391.

La población judía se asentó en Ciudad Real, prácticamente desde su fundación, llegando en los primeros contingentes que desde el cercano poblamiento de Alarcos fueron trasladados a Villa Real, lo cual queda demostrado por el hecho de que tras haber sido otorgada la Carta Puebla a la villa el 20 de enero de 1255, transcurridos nueve años, el 10 de julio de 1264, se da un privilegio por el que se prohíbe que los judíos puedan prestar dinero mediante usura o comprar heredades a los cristianos viejos, para evitar que se apoderaran de los bienes de las personas que no devolvieran los préstamos1. La causa de este rápido asentamiento judío en Villa Real, se puede explicar por el hecho de encontrarse situada en las rutas que iban desde el centro de la Península hacia Andalucía, la proximidad a la importante comunidad judía de Toledo y las prontas relaciones comerciales que se establecieron entre Villa Real, tanto con el sur como con el este (Cuenca, Alcaraz, Alarcón), y el hecho de ser una villa de realengo, aislada entre territorio de las Órdenes Militares, lo que la convertía en un importante enclave comercial.

La judería se instaló en la zona situada entre las puertas de Calatrava y La Mata, contando con su propia sinagoga y una importante comunidad que se dedicaba a la artesanía y el comercio2. En el Padrón realizado en 1284, en la ciudad de Toledo, la comunidad judía de Villa Real tributó 26.486 maravedíes, cantidad muy superior a la aljama de Montiel, que sólo aportó 2.525 maravedíes, aunque posiblemente incluiría a las poblaciones de otras localidades situadas desde Guadarlerza al Muradal, dependientes de la aljama de Villa Real3.

La revuelta de 1391, iniciada en Sevilla el 6 de junio y extendida con rapidez por todo el país, provocando horribles matanzas y conversiones en masa, acabó llegando a Villa Real, donde la judería ardió y fue saqueada, no devolviéndoles sus bienes a los judíos, y quedando la comunidad totalmente desarticulada. El rey Enrique III donará a su maestresala González de Soto, el 6 de agosto de 1393, amplias propiedades de los judíos de Villa Real, entre las que se encontraba la sinagoga, que acabó siendo vendida a Juan Rodríguez, tesorero del rey, el 30 de enero de 1398, quien la cedió para la construcción de un monasterio dominico, sufriendo igual suerte el cementerio otorgado por la reina Beatriz a su criado Juan Alfonso, vecino de Villa Real4.

Estos hechos provocaron la desaparición de la aljama y la conversión de los judíos al cristianismo, aunque mantuvieron su religión y costumbres en privado, convirtiéndose en conversos o criptojudíos. Una vez pasada la tempestad, volvieron a dedicarse a sus negocios y a prosperar, aunque la situación no llegó a estabilizarse del todo, pues las revueltas antijudías se fueron sucediendo en el tiempo.


Azulejo Sinagoga Ciudad Real en el Museo Provincial


2. Los antecedentes: movimientos antijudíos de 1449 y 1467.

En 1449 se van a producir varios actos contra la población de origen judío, que tendrán su inicio en Toledo, siendo provocados por la lucha por el poder municipal entre los conversos, que gracias a su capital y sus conexiones ocupaban importantes cargos municipales, y los cristianos viejos que intentan excluir a éstos de cualquier puesto en la ciudad. El origen de la revuelta, que comienza el 27 de enero, se encuentra en la petición de una contribución extraordinaria, con el objeto de atender los gastos de las luchas civiles entre el valido Álvaro de Luna y sus detractores.

El encargo a importantes mercaderes conversos de realizar la recaudación, provocará conspiraciones y tumultos contra ellos, encabezados por canónigos de la Catedral, junto con el bachiller Marcos García y Pero Sarmiento, alcalde mayor, que tras asaltar el barrio converso, se ponen al frente de una ciudad fuera de control5, y en la que promulgan un estatuto, que prohíbe el acceso de los judíos y conversos a los cargos públicos, en lo que será un precedente de los estatutos de limpieza de sangre.

En Ciudad Real6, los sucesos tienen lugar el 18 de junio, apareciendo como reacción a lo sucedido en Toledo, y ante el temor de los conversos “que sabian que en este tiempo avian de ser robados”, éstos deciden organizarse reuniendo unos trescientos hombres armados, dirigidos por el corregidor Pedro Barba (que ya había realizado algunas acciones contra los calatravos y cristianos viejos, soliviantando los ánimos en ambos bandos), el recaudador real Juan González de Ciudad Real y sus parientes, el escribano Juan García y los bachilleres Rodrigo y Arias Díaz. El 7 de julio el bachiller Rodrigo, alcalde de la ciudad, al frente de los conversos armados, comenzó a patrullar por ésta, “en tal manera que esta dicha cibdad fue escandalisada y alborotada”, intentando prender al comendador calatravo de Almagro, frey Gonzalo Manueto, con el que se alineó otro alcalde, Álvar García de Villaquirán, junto a los cristianos viejos.

Al día siguiente se presentó el comendador de Almagro con sus hombres en Ciudad Real, tomando una de sus puertas y enfrentándose a las fuerzas conversas, muriendo varios hombres, entre ellos frey Gonzalo Manueto. Ello provocó que los hombres del comendador de Calatrava y otros que mandó el Clavero, se unieran a los cristianos viejos de Ciudad Real, y durante dos días asaltaron y robaron “las casas de algunos parientes del dicho bachiller e de los otros conversos de Barrionuevo”. Las acciones continuaron hasta el 20 de julio, a pesar de los intentos de cortar los alborotos por parte de las autoridades, ajusticiando a dos alborotadores, uno de cada bando. Los principales líderes conversos fueron asesinados, incluso algunos de ellos fueron sacados de la cárcel y ajusticiados, al tiempo que “fueron quemados muchos bienes, muebles, ropas, joyas, libros e otras muchas cosas7. El número total de muertes causadas por estos sucesos ascendió a veintidós8.


Plano de Ciudad real en la Edad Media



Estas luchas se suceden, al igual que en Toledo, con la clara intención de controlar el poder municipal entre dos bandos: los cristianos viejos, que buscan desplazar a los conversos, que hasta ese momento gracias a su riqueza, habían controlado parte de los cargos municipales, con el trasfondo de los enfrentamientos entre Don Álvaro de Luna y el estamento nobiliario, que en Ciudad Real se unía a la fuerte influencia de la Orden de Calatrava, que desde su próxima cabecera de Almagro, intenta intervenir en las decisiones que se toman en una ciudad de realengo, inserta en medio de sus posesiones.

Estos acontecimientos estaban provocando una inseguridad económica y social en Ciudad Real, sobre todo entre la comunidad conversa, que ante el cariz que estaba tomando la situación comienza a emigrar, provocando la despoblación de la ciudad, como indican sus propios oficiales: “esta vuestra cibdad se a començado a despoblar e despuebla de cada un dia, e se han muchos de los vecinos e moradores della levado e lievan muchos de los bienes muebles que por los vecinos desta cibdad fueron tomado e robado, e se espera en breve comúnmente ser despoblada”.

En 1467 se reproducen los incidentes en Toledo, cuando un alcalde extraordinario de la villa, el converso Álvar Gómez es excomulgado. Tras una reyerta entre éste y varios religiosos, en la que es asesinado un sacerdote, habrá fuertes luchas y tumultos entre los cristianos viejos y los conversos, apoyados éstos últimos por el conde de Cifuentes, con el consiguiente resultado de muertes y destrucción9. Aunque estos sucesos tuvieron su reflejo en Ciudad Real, su importancia aquí fue menor, pues no se conserva relación de los mismos. La consecuencia de estos incidentes es la orden dada en 1468 por Enrique IV a Ciudad Real, para que “ningun confeso non pudiese tener nin tenga ningun ofiçio, asi de alcaldía, como de alguaçilazgo como de regimiento y fieldad, nin otro ofiçio alguno que toque el regimiento de la cibdad10, en un claro intento de calmar los ánimos y evitar nuevos levantamientos, pero que no tuvo el resultado esperado, pues las tensiones continuaron y los conversos siguieron ocupando importantes parcelas de poder. 

La comunidad conversa actuaba ocultando sus bienes durante los disturbios, y un claro ejemplo de ello lo encontramos en una declaración de Juan Díaz Pintado, que indica que su sirvienta María “en el año quarenta e nueve, mediado el mes de julio, ovo ayudado a enterrar a mi mujer, ya difunta, una tinaja con muchas joyas ricas de oro e de plata e otros, que valian mas de sesenta mil maravedíes… por temor del robo que después aconteció”, aunque la criada aprovechándose de las circunstancias acudió junto a su novio Martín, hijo de Nicolás el tejedor, a apropiarse de los bienes enterrados, debiendo devolverlos tras la correspondiente denuncia, lo que provocó la animadversión hacia los amos que los habían delatado, apareciendo ésta claramente en su denuncia, más de treinta años después, cuando la Inquisición actuaba en Ciudad Real11. En estos hechos se ve claramente cómo la riqueza de los comerciantes y mercaderes de origen hebreo, provocaba la envidia y la animosidad de sus vecinos, que a pesar de ser cristianos viejos y creerse con mayores derechos, se consideraban marginados por los conversos, que no sólo dirigían los sectores más productivos de la economía, sino que aspiraban a ejercer el control de ciertos oficios municipales, manifestándose este resentimiento en la primera ocasión que tenían.

Carlos Fernández-Pacheco Sánchez-Gil. V Congreso de Historia Social. Ciudad Real, 2005

1 ARCHIVO HISTÓRICO MUNICIPAL DE CIUDAD REAL (AHMCR). Documento 4. Privilegio de Alfonso X por el que se prohíbe a los judíos dar dinero a usura y comprar heredades a los vecinos de Ciudad Real. Sevilla, 10 de julio de 1264.

2 DÍAZ JURADO, Joseph: Singular idea del Sabio Rey don Alonso, dibujada en la fundación de Ciudad Real. Fondo editorial del Ayuntamiento de Ciudad Real. Ciudad Real, 1986, pág. 72.

3 DELGADO MERCHÁN, Luís: Historia documentada de Ciudad Real: La judería, la Inquisición y la Santa Hermandad. Establecimiento tipográfico de Enrique Pérez. Ciudad Real, 1907, pág. 83

4 Ibídem, pág. 138.

5 CARO BAROJA, Julio: Los judíos en la España moderna y contemporánea I. Ediciones Istmo. Madrid, 1989, pp. 133 y 134.

6 En 1420, Juan II le otorgo a Villa Real el título de “muy noble y leal ciudad”, pasando a denominarse desde ese momento como Ciudad Real. 

7 AHMCR. Documento 22. Juan II concede el perdón a Ciudad Real por las muertes y robos que hubo en esa ciudad el 7 de julio de 1449 contra los conversos. Valladolid, 8 de noviembre de 1449.

8 BEINART, Haim: Los conversos ante el tribunal de la Inquisición. Ediciones Riopiedras. Barcelona, 1983, pág. 70.

9 CARO BAROJA, Julio: Op. cit., pp. 139 y 140.

10 DELGADO MERCHÁN, Luís: Op. cit., pág. 419.

11 ARCHIVO HISTÓRICO NACIONAL (AHN). Sección Inquisición. Tribunal de Toledo. Legajo 154, expediente 10. Proceso contra Juan González Pintado. 1483-1484. Confesiones del acusado. (BEINART: Records…, Vol. One, pág. 119).


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