Buscar este blog

sábado, 31 de enero de 2026

LA REVUELTA ANTIJUDÍA DE 1474 EN CIUDAD REAL Y SUS CONSECUENCIAS (II)

 

Reconstrucción de la Sinagoga de Ciudad Real con IA


3. La revuelta de 1474: causas y desarrollo.

La revuelta de 1474 da comienzo el 17 de abril en Córdoba, por un incidente que tiene lugar durante una procesión que se realizaba con motivo de la Cuaresma, y a pesar de los esfuerzos de algunos oficiales de la ciudad por controlar la situación, los alborotadores asaltaron y saquearon el barrio judío durante dos días, provocando una auténtica matanza, extendiéndose los tumultos por Andalucía (Montoro, Adamuz, Écija, Jerez, Jaén,…), llegando hasta la población de Segovia12.

En Ciudad Real los tumultos comenzaron el 6 de octubre, estando perfectamente organizados, e interviniendo en su preparación elementos civiles y religiosos: “salieron de çiertas casas e monasterios de la dicha çibdad donde asy estavan ayuntados muchas gentes de ellos, atraidos de diversas latinas”, atacando a los conversos, matando a unos quince de ellos, saqueando y robando sus pertenencias y mercancías: “robaron e metieron a sarcomano todos sus bienes, muebles e semovientes, e joyas e presias de casa e mercaderias que en sus casas e tiendas fallaron, que non quedo cosa ni tienda ninguna que non robasen”. No contentos con ello, quemaron las casas y tiendas de los conversos, y viendo que muchos de ellos se habían refugiado en la torre del alcázar, bajo la protección del corregidor, lo asaltaron y tomaron por la fuerza, “e mataron en el dicho combate mucha gente”, destruyendo la torre principal del alcázar, aunque permitieron al corregidor junto a otras personas que lo acompañaban salir de la población.

Sin embargo, no terminó ahí su labor destructora pues recorrieron los alrededores, robando el ganado y destruyendo las viñas pertenecientes a conversos, patrullando por la ciudad y su término, para evitar que éstos volvieran, e incluso después del tumulto, mataron a otras veinte personas que hallaron por los alrededores o bien intentaban volver a sus hogares13.

Como nos indica el relato de los hechos, los tumultos no surgieron de forma espontánea, sino que en ellos intervinieron varias familias importantes de la villa, apoyadas por religiosos, sobre todo de los monasterios existentes en ella, hecho que corrobora que sean éstos algunos de los beneficiarios, por la ocupación de los bienes y tierras de los conversos, como veremos en un capítulo posterior.


La puerta de la Sinagoga de Ciudad Real en su antigua ubicación de la calle del Lirio con Libertad a principios del siglo XX



El ambiente era propicio a ello por varios motivos: la existencia de otros ataques ese mismo año a los barrios judíos de numerosas poblaciones andaluzas, lo que provocó un efecto de simpatía e incentivó los ataques en Ciudad Real; la situación política, con un rey moribundo que fallecería dos meses después, y la formación clara de dos bandos sucesorios, por un lado los partidarios de su hija Juana, apoyada por el marqués de Villena y el maestre de Calatrava, y por otro los seguidores de Isabel, hermana de Enrique IV, encabezados por los Mendoza; todo ello dará lugar a un periodo de interregno, favorecedor de las sublevaciones y tumultos, en los que cada uno de los bandos intenta tomar posiciones y tantear al contrario.

El maestre de Calatrava, Rodrigo Téllez Girón, llevó a cabo un doble juego, ya que mientras por un lado apoyaba y acogía a los judíos en sus territorios, ahorcando a los culpables y aplastando de forma contundente la revuelta que tuvo lugar ese mismo año en un territorio bajo su jurisdicción, Almodóvar del Campo, donde “se ensañaron los labriegos también muy cruelmente con los conversos14, en cambio por otro lado apoyaba a los rebeldes de Ciudad Real en su lucha contra los conversos, con un claro objetivo: debilitar el poder real en Ciudad Real y anexionarse esta ciudad de realengo, situada justo en el centro de sus territorios. Esta misma política ambigua la utilizará en las luchas civiles, cuando ocupe Ciudad Real en nombre de Isabel, para cambiar poco después de bando y apoyar a Juana.

Esta interferencia política en la revuelta, se observa por las numerosas personas que fueron destituidas de sus cargos y confiscados sus bienes, por su apoyo a los enemigos de Isabel: el marqués de Villena y el maestre de Calatrava, y que en muchos casos lo harán para evitar el castigo por los asesinatos y consolidar los robos y desmanes que habían realizado, aunque resulta curioso que algunos conversos apoyen también a los partidarios de Juana, tal vez influidos por la permisividad que con ellos ejercían los calatravos en sus territorios15. Todo ello provocó que las primeras disposiciones solicitando la realización de pesquisas a cargo de un juez, que detuviera y castigara a los culpables, devolviendo los bienes a sus legítimos dueños, no se estableciera hasta un mes después de la muerte de Enrique IV, en un intento de Isabel de mostrar su autoridad, basada en el cumplimiento de las leyes, pero no será hasta 1477, al estar suficientemente afianzada en el poder tras su victoria en Toro, cuando dé las órdenes de devolución de los bienes robados a los conversos, aunque será una minoría los que lo consigan.

4. Las consecuencias directas: muertes y pérdidas materiales.

Ya hemos visto en la relación de los hechos, el número de víctimas ocasionadas por la revuelta, que ascenderán al menos a medio centenar de personas, pues a los quince muertos provocados por el asalto a las casas y tiendas judías, habría que sumar los ocasionados en el ataque al alcázar, no cuantificados, aunque sería igualmente elevado, y otros veinte en los días posteriores.


La calle del Lirio en los años cincuenta del pasado siglo XX


Las pérdidas materiales fueron muy elevadas y aunque parece alta la cifra dada de cincuenta cuentos (millones) de maravedíes, a los robos y destrucciones causados en las casas y propiedades de judíos y conversos, hay que sumar las pérdidas en la agricultura y ganadería, ya referidas, y el elevado gasto que supondría volver a levantar la torre principal del alcázar.

Pero quienes más sufrieron dichas pérdidas, fueron las personas que vieron cómo sus bienes eran destruidos y usurpados, y a pesar de ello tenían que hacer frente a sus pagos y deudas, como le ocurre a Álvar García, “que en los movimientos e escandalos en la dicha çibdad acaecidos el año pasado de setenta e quatro, e después aca, le fue robada toda su façienda e mueble”, lo cual no le evita tener que pagar tres mil quinientos maravedíes por una partida de lana que había comprado días antes y que le fue robada en su totalidad, solicitando en marzo de 1477, que le sea concedida una prórroga en el pago de dicha deuda16. Pero no sólo eso, sino que también perdieron dos paños que habían entregado él y su madre al tejedor Blas González, valorados en cinco mil maravedíes, junto a otro que habían dado a su hermano Juan, el cual como buen vecino “después de los dichos escandalos entro en su casa e le tomo e llevo della lana e ropa e madera e otros cosas por valor de dies mill maravadies”. A ello hay que sumar las acciones del barbero Juan de Espinosa que “entro en su casa e le tomo e llevo della colchones e otras ropas de cama e cosas en valor de dies mill maravedíes”, Antón de Almagro se llevó un paño de cuatro mil maravedíes, Juan Torres “le tomo e tiene una mora negra estalue suya que vale syete mill maravedíes”, el hijo de Juan de Arévalo se llevó una mula y un paño blanco valorados en siete mil maravedíes, Gonzalo Cabeza de Rey le tomó ropas y paños, que su mujer tenía depositados en casa de unos parientes de dicho Gonzalo, y otros muchos vecinos le robaron paños, ropa, libros, vasijas, armas, preseas de casa y otras muchas cosas17. Resulta curioso que dos años y medio después de haberle sido robados multitud de bienes y estando localizados los ladrones, no se le había devuelto nada, pero sí se le exigía el pago de una deuda. Una muestra de la distinta vara de medir que se aplicaba a los conversos, que habían sido las víctimas de los disturbios, y a los agresores. La relación del patrimonio expoliado sería muy extensa, como nos muestra el estudio realizado por Haim Beinart18.

Los bienes robados no sólo eran muebles, dándose el caso de la apropiación de bienes inmuebles, como le ocurre a Alfonso Gutiérrez de Almagro, que tras los sucesos de 1474, vio como el prior del monasterio de Santo Domingo, ocupó varios molinos, batanes y heredamientos de su propiedad, cobrando las rentas de todo ello, los cuales “avian sydo e estavan tomados e ocupados en los movimientos ende acaecidos”, y no será hasta el 12 de mayo de 1477, cuando la reina Isabel ordene la restitución de los bienes a su legítimo propietario. Pero estos no fueron los únicos bienes usurpados a Alfonso Gutiérrez, pues unas casas situadas en Ciudad Real junto a “çiertas viñas” habían sido ocupadas por Álvar Martínez19.

Estos son sólo unos ejemplos de cómo los cristianos viejos, incluidos entre ellos los religiosos, se apropiaron de los bienes y propiedades de los conversos, debiendo éstos reclamar su devolución ante los Reyes Católicos, y pesar de las órdenes dadas en ese sentido, se encontraban con una fuerte resistencia a su restitución.

Carlos Fernández-Pacheco Sánchez-Gil. V Congreso de Historia Social. Ciudad Real, 2005

 

12 CARO BAROJA, Julio: Op. cit., pág. 144.

13 BEINART, Haim: Records of the Trials of the Spanish Inquisition in Ciudad Real. Volume Four. The Israel Academy of Sciences and Humanities. Jerusalén, 1985, pp. 25-28, trascripción de documento del Archivo General de Simancas, Registro del Sello 1, nº 117, folio 91. Segovia, 10 de enero de 1475.

14 DELGADO MERCHAN, Luís: Op. cit., pág. 182, citando a AMADOR DE LOS RIOS, José: Historia social, política y religiosa de los judíos de España y Portugal. Imprenta de Fortanet. Madrid,1875-1876, Tomo III, pág. 159.

15 BEINART, Haim: Los conversos…, pp. 88, 89 y 90.

16 BEINART, Haim: Records of the Trials…Vol. Four, pp. 213 y 214, trascripción de documento del

Archivo General de Simancas, Registro del Sello 1, nº 2.080, folio 396. Madrid, 25 de marzo de 1477.

17 BEINART, Haim: Records of the Trials…Vol. Four, pp. 220-223, trascripción de documento del

Archivo General de Simancas, Registro del Sello 1, nº 2.120, folio 450. Madrid, 28 de marzo de 1477.

18 BEINART, Haim: Los conversos…, pp. 78 y 79.

19 BEINART, Haim: Records of the Trials…Vol. Four, pp. 226-229, trascripción de dos documentos del Archivo General de Simancas, Registro del Sello 1, nº 2.301, folio 594 (Guadalupe, 12 de mayo de 1477) y nº 2.362, folio 250 (Trujillo, 12 de junio de 1477). 

 

viernes, 30 de enero de 2026

LA REVUELTA ANTIJUDÍA DE 1474 EN CIUDAD REAL Y SUS CONSECUENCIAS (I)

 

Antigua puerta de la Sinagoga de Ciudad Real en el Museo Provincial


1. La llegada de los judíos a Ciudad Real y las matanzas de 1391.

La población judía se asentó en Ciudad Real, prácticamente desde su fundación, llegando en los primeros contingentes que desde el cercano poblamiento de Alarcos fueron trasladados a Villa Real, lo cual queda demostrado por el hecho de que tras haber sido otorgada la Carta Puebla a la villa el 20 de enero de 1255, transcurridos nueve años, el 10 de julio de 1264, se da un privilegio por el que se prohíbe que los judíos puedan prestar dinero mediante usura o comprar heredades a los cristianos viejos, para evitar que se apoderaran de los bienes de las personas que no devolvieran los préstamos1. La causa de este rápido asentamiento judío en Villa Real, se puede explicar por el hecho de encontrarse situada en las rutas que iban desde el centro de la Península hacia Andalucía, la proximidad a la importante comunidad judía de Toledo y las prontas relaciones comerciales que se establecieron entre Villa Real, tanto con el sur como con el este (Cuenca, Alcaraz, Alarcón), y el hecho de ser una villa de realengo, aislada entre territorio de las Órdenes Militares, lo que la convertía en un importante enclave comercial.

La judería se instaló en la zona situada entre las puertas de Calatrava y La Mata, contando con su propia sinagoga y una importante comunidad que se dedicaba a la artesanía y el comercio2. En el Padrón realizado en 1284, en la ciudad de Toledo, la comunidad judía de Villa Real tributó 26.486 maravedíes, cantidad muy superior a la aljama de Montiel, que sólo aportó 2.525 maravedíes, aunque posiblemente incluiría a las poblaciones de otras localidades situadas desde Guadarlerza al Muradal, dependientes de la aljama de Villa Real3.

La revuelta de 1391, iniciada en Sevilla el 6 de junio y extendida con rapidez por todo el país, provocando horribles matanzas y conversiones en masa, acabó llegando a Villa Real, donde la judería ardió y fue saqueada, no devolviéndoles sus bienes a los judíos, y quedando la comunidad totalmente desarticulada. El rey Enrique III donará a su maestresala González de Soto, el 6 de agosto de 1393, amplias propiedades de los judíos de Villa Real, entre las que se encontraba la sinagoga, que acabó siendo vendida a Juan Rodríguez, tesorero del rey, el 30 de enero de 1398, quien la cedió para la construcción de un monasterio dominico, sufriendo igual suerte el cementerio otorgado por la reina Beatriz a su criado Juan Alfonso, vecino de Villa Real4.

Estos hechos provocaron la desaparición de la aljama y la conversión de los judíos al cristianismo, aunque mantuvieron su religión y costumbres en privado, convirtiéndose en conversos o criptojudíos. Una vez pasada la tempestad, volvieron a dedicarse a sus negocios y a prosperar, aunque la situación no llegó a estabilizarse del todo, pues las revueltas antijudías se fueron sucediendo en el tiempo.


Azulejo Sinagoga Ciudad Real en el Museo Provincial


2. Los antecedentes: movimientos antijudíos de 1449 y 1467.

En 1449 se van a producir varios actos contra la población de origen judío, que tendrán su inicio en Toledo, siendo provocados por la lucha por el poder municipal entre los conversos, que gracias a su capital y sus conexiones ocupaban importantes cargos municipales, y los cristianos viejos que intentan excluir a éstos de cualquier puesto en la ciudad. El origen de la revuelta, que comienza el 27 de enero, se encuentra en la petición de una contribución extraordinaria, con el objeto de atender los gastos de las luchas civiles entre el valido Álvaro de Luna y sus detractores.

El encargo a importantes mercaderes conversos de realizar la recaudación, provocará conspiraciones y tumultos contra ellos, encabezados por canónigos de la Catedral, junto con el bachiller Marcos García y Pero Sarmiento, alcalde mayor, que tras asaltar el barrio converso, se ponen al frente de una ciudad fuera de control5, y en la que promulgan un estatuto, que prohíbe el acceso de los judíos y conversos a los cargos públicos, en lo que será un precedente de los estatutos de limpieza de sangre.

En Ciudad Real6, los sucesos tienen lugar el 18 de junio, apareciendo como reacción a lo sucedido en Toledo, y ante el temor de los conversos “que sabian que en este tiempo avian de ser robados”, éstos deciden organizarse reuniendo unos trescientos hombres armados, dirigidos por el corregidor Pedro Barba (que ya había realizado algunas acciones contra los calatravos y cristianos viejos, soliviantando los ánimos en ambos bandos), el recaudador real Juan González de Ciudad Real y sus parientes, el escribano Juan García y los bachilleres Rodrigo y Arias Díaz. El 7 de julio el bachiller Rodrigo, alcalde de la ciudad, al frente de los conversos armados, comenzó a patrullar por ésta, “en tal manera que esta dicha cibdad fue escandalisada y alborotada”, intentando prender al comendador calatravo de Almagro, frey Gonzalo Manueto, con el que se alineó otro alcalde, Álvar García de Villaquirán, junto a los cristianos viejos.

Al día siguiente se presentó el comendador de Almagro con sus hombres en Ciudad Real, tomando una de sus puertas y enfrentándose a las fuerzas conversas, muriendo varios hombres, entre ellos frey Gonzalo Manueto. Ello provocó que los hombres del comendador de Calatrava y otros que mandó el Clavero, se unieran a los cristianos viejos de Ciudad Real, y durante dos días asaltaron y robaron “las casas de algunos parientes del dicho bachiller e de los otros conversos de Barrionuevo”. Las acciones continuaron hasta el 20 de julio, a pesar de los intentos de cortar los alborotos por parte de las autoridades, ajusticiando a dos alborotadores, uno de cada bando. Los principales líderes conversos fueron asesinados, incluso algunos de ellos fueron sacados de la cárcel y ajusticiados, al tiempo que “fueron quemados muchos bienes, muebles, ropas, joyas, libros e otras muchas cosas7. El número total de muertes causadas por estos sucesos ascendió a veintidós8.


Plano de Ciudad real en la Edad Media



Estas luchas se suceden, al igual que en Toledo, con la clara intención de controlar el poder municipal entre dos bandos: los cristianos viejos, que buscan desplazar a los conversos, que hasta ese momento gracias a su riqueza, habían controlado parte de los cargos municipales, con el trasfondo de los enfrentamientos entre Don Álvaro de Luna y el estamento nobiliario, que en Ciudad Real se unía a la fuerte influencia de la Orden de Calatrava, que desde su próxima cabecera de Almagro, intenta intervenir en las decisiones que se toman en una ciudad de realengo, inserta en medio de sus posesiones.

Estos acontecimientos estaban provocando una inseguridad económica y social en Ciudad Real, sobre todo entre la comunidad conversa, que ante el cariz que estaba tomando la situación comienza a emigrar, provocando la despoblación de la ciudad, como indican sus propios oficiales: “esta vuestra cibdad se a començado a despoblar e despuebla de cada un dia, e se han muchos de los vecinos e moradores della levado e lievan muchos de los bienes muebles que por los vecinos desta cibdad fueron tomado e robado, e se espera en breve comúnmente ser despoblada”.

En 1467 se reproducen los incidentes en Toledo, cuando un alcalde extraordinario de la villa, el converso Álvar Gómez es excomulgado. Tras una reyerta entre éste y varios religiosos, en la que es asesinado un sacerdote, habrá fuertes luchas y tumultos entre los cristianos viejos y los conversos, apoyados éstos últimos por el conde de Cifuentes, con el consiguiente resultado de muertes y destrucción9. Aunque estos sucesos tuvieron su reflejo en Ciudad Real, su importancia aquí fue menor, pues no se conserva relación de los mismos. La consecuencia de estos incidentes es la orden dada en 1468 por Enrique IV a Ciudad Real, para que “ningun confeso non pudiese tener nin tenga ningun ofiçio, asi de alcaldía, como de alguaçilazgo como de regimiento y fieldad, nin otro ofiçio alguno que toque el regimiento de la cibdad10, en un claro intento de calmar los ánimos y evitar nuevos levantamientos, pero que no tuvo el resultado esperado, pues las tensiones continuaron y los conversos siguieron ocupando importantes parcelas de poder. 

La comunidad conversa actuaba ocultando sus bienes durante los disturbios, y un claro ejemplo de ello lo encontramos en una declaración de Juan Díaz Pintado, que indica que su sirvienta María “en el año quarenta e nueve, mediado el mes de julio, ovo ayudado a enterrar a mi mujer, ya difunta, una tinaja con muchas joyas ricas de oro e de plata e otros, que valian mas de sesenta mil maravedíes… por temor del robo que después aconteció”, aunque la criada aprovechándose de las circunstancias acudió junto a su novio Martín, hijo de Nicolás el tejedor, a apropiarse de los bienes enterrados, debiendo devolverlos tras la correspondiente denuncia, lo que provocó la animadversión hacia los amos que los habían delatado, apareciendo ésta claramente en su denuncia, más de treinta años después, cuando la Inquisición actuaba en Ciudad Real11. En estos hechos se ve claramente cómo la riqueza de los comerciantes y mercaderes de origen hebreo, provocaba la envidia y la animosidad de sus vecinos, que a pesar de ser cristianos viejos y creerse con mayores derechos, se consideraban marginados por los conversos, que no sólo dirigían los sectores más productivos de la economía, sino que aspiraban a ejercer el control de ciertos oficios municipales, manifestándose este resentimiento en la primera ocasión que tenían.

Carlos Fernández-Pacheco Sánchez-Gil. V Congreso de Historia Social. Ciudad Real, 2005

1 ARCHIVO HISTÓRICO MUNICIPAL DE CIUDAD REAL (AHMCR). Documento 4. Privilegio de Alfonso X por el que se prohíbe a los judíos dar dinero a usura y comprar heredades a los vecinos de Ciudad Real. Sevilla, 10 de julio de 1264.

2 DÍAZ JURADO, Joseph: Singular idea del Sabio Rey don Alonso, dibujada en la fundación de Ciudad Real. Fondo editorial del Ayuntamiento de Ciudad Real. Ciudad Real, 1986, pág. 72.

3 DELGADO MERCHÁN, Luís: Historia documentada de Ciudad Real: La judería, la Inquisición y la Santa Hermandad. Establecimiento tipográfico de Enrique Pérez. Ciudad Real, 1907, pág. 83

4 Ibídem, pág. 138.

5 CARO BAROJA, Julio: Los judíos en la España moderna y contemporánea I. Ediciones Istmo. Madrid, 1989, pp. 133 y 134.

6 En 1420, Juan II le otorgo a Villa Real el título de “muy noble y leal ciudad”, pasando a denominarse desde ese momento como Ciudad Real. 

7 AHMCR. Documento 22. Juan II concede el perdón a Ciudad Real por las muertes y robos que hubo en esa ciudad el 7 de julio de 1449 contra los conversos. Valladolid, 8 de noviembre de 1449.

8 BEINART, Haim: Los conversos ante el tribunal de la Inquisición. Ediciones Riopiedras. Barcelona, 1983, pág. 70.

9 CARO BAROJA, Julio: Op. cit., pp. 139 y 140.

10 DELGADO MERCHÁN, Luís: Op. cit., pág. 419.

11 ARCHIVO HISTÓRICO NACIONAL (AHN). Sección Inquisición. Tribunal de Toledo. Legajo 154, expediente 10. Proceso contra Juan González Pintado. 1483-1484. Confesiones del acusado. (BEINART: Records…, Vol. One, pág. 119).


jueves, 29 de enero de 2026

EL TORREÓN DEL ALCÁZAR

 




Hace unos años publiqué en el Diario LANZA, que tan amablemente nos cede siempre sus columnas, un artículo sobre los restos que aún permanecen en pie, de lo que fue Alcázar de Ciudad Real.

Hoy, en este Boletín Municipal, voy a tratar el mismo tema, casi con las mismas palabras. Ciudad Real posee muy pocos monumentos que nos hablen de la Historia de la Ciudad; debemos, y es un deber que atañe a todos, procurar conservar las reliquias del pasado con la mayor dignidad posible.

Alfonso X el Sabio, Fundador de Villa-Real, mandó construir el Alcázar al fundar esta Ciudad en el año 1255. Las obras se prolongaron durante muchos años; paro pronto debió de estar en condiciones de ser habilitado como residencia real.

El Infante D. Fernando, primogénito del Rey Sabio, preparó una expedición para luchar contra la morisma, y se dirigió de Burgos a Villa-Real. Aquí se detuvo algún tiempo esperando a sus tropas, para marchar a Andalucía.

Estando el Infante en esta Villa «adolesció de gran dolencia», y en el Alcázar murió, el mes de Agosto de 1275. Dicen los historiadores, que al darse cuenta de su inminente muerte, llamó a D. Juan Núñez, y le rogó mucho que trabajara, para que al morir Alfonso X se declarara rey de Castilla, a su hijo, el Infante don Alonso de la Cerda. Según las Partidas, tenía derecho y debía ser así.

El Infante D. Sancho, más tarde Sancho IV, segundogénito del Rey Sabio, al tener noticias de la enfermedad de su hermano, vino a Villa-Real, y en el Alcázar, con el apoyo del poderoso Señor de Vizcaya, D. Lope Díaz de Haro, se presentó como heredero de la Corona de Castilla. Y aquí comenzó la rebelión del Infante D. Sancho contra su egregio Padre, Alfonso el Sabio.

Alfonso XI en su camino hacia Sevilla, también se detuvo en Villa-Real, y dio varias Cédulas relacionadas con el Palacio que venimos comentando.

Juan II, en el mes de Abril del año 1431, permaneció durante quince días en esta Ciudad, y estando el Rey en su Alcázar «en martes a 24días del mes de Abril, quanto a la hora de vísperas, hizo un terremoto que cayeron algunas almenas del Alcázar e muchas tejas, e abrióse una pared en el Monasterio de San Francisco, e cayeron dos piedras de la bóveda de la Capilla de la Iglesia de San Pedro. El Rey estaba durmiendo, e como sintió el terremoto, salió a muy gran priesa al patio del Alcázar e dende al campo». Un cronista del siglo XVII al referir dicho suceso dice: «Caso que por notable es digno de referirse, aunque fácil de creer por el terremoto que en este pasado año de 1 680 vimos el miércoles 9 de Octubre a las 7 de la mañana».




La Reina Doña Juana de Portugal, mujer de Enrique IV, en una Real Cédula que se conserva en el Archivo Municipal, ordena al Corregidor Juan de Bobadilla, la construcción de una torre, aprovechando la madera y ladrillo de las casas, que con este objeto le dio encargo de comprar y derribar.

En el siglo XV, los ciudarrealeños se declararon partidarios de la Reina Isabel y después de una serie de incidencias, como el juramento que prestaron los Calatravos y los Magnates de la Ciudad, en la Iglesia de Santo Domingo, el Maestre de Calatrava, D. Rodrigo Téllez Girón se apoderó de Ciudad Real y se estableció en el Alcázar; los vecinos acudieron a los Reyes Católicos exponiendo la situación y éstos enviaron al Conde de Cabra y a D. Rodrigo de Manrique, que consiguieron expulsar al Maestre.

Los Reyes Católicos, D. Fernando y Dª. Isabel, también residieron en el Alcázar, y en el año 1475 hicieron donación del mismo a D. Fernando de Cervera, natural de Ciudad Real y Aposentador de sus Altezas.

Junto a la Historia, también surgió la leyenda; el Torreón del Alcázar es el título de una composición poética publicada en el año 1898 por D. Rafael López de Haro en su obra «ORETANAS», Leyendas Manchegas.

He ahí expuestos, casi hilvanados, los acontecimientos que se vivieron en el antiguo Alcázar. Posee a mi entender méritos suficientes para que se le declare Monumento Histórico Nacional. Por una información inexplicablemente errónea se dijo ya había sido declarado. No creo difícil que lo logren, si así lo solicitan, las Autoridades Provinciales, Municipales, la Comisión de Monumentos, o su actual propietario.

En 1956 gracias a la campaña de prensa de los Cronistas de la ciudad D. Emilio Bernabeu, (q. e. p. d .) y D. Julián Alonso, ¡y la decisión de D. José Lomas, apoyados por D. José María del Moral, Gobernador Civil, se logró salvar el Torreón de la ruina que le amenazaba.

Un paso más, y demostraremos a las generaciones venideras el respeto que han merecido a nuestra época, las piedras que encierran páginas de la Historia de Ciudad Real.

Isabel Pérez Valera. Boletín de Información Municipal, número 4, octubre de 1961



miércoles, 28 de enero de 2026

ARRAIGO DE LA DEVOCIÓN MARIANA MEDIEVAL EN CIUDAD REAL COSTUMBRES POPULARES Y CELEBRACIONES SOLEMNES (VI Y ÚLTIMO)

 

Inscripción mariana en una de las ventanas cegadas en el ábside de la capilla penitencial de la catedral


Como otra manifestación del profundo deseo de obtener la protección de la Virgen fue utilizada la Parroquia de Santa María del Prado para celebrar las ceremonias de proclamaciones de los monarcas.

Fue la devoción a la patrona, Virgen del Prado, la que hizo que se utilizara su recinto sagrado como lugar para proclamaciones y también para archivo de estandartes reales que como nos dice Madoz, a veces ondeaban en sus bóvedas (a ambos lados del retablo), hasta seis.

José Balcázar nos indica que desde tiempos de Felipe II para ello se utilizó esta parroquia.

"La proclamación de los Reyes en Ciudad Real se hacía de modo solemnísimo desde Felipe II en su iglesia mayor de Santa María del Prado". (BALCAZAR Y SABARIEGOS, José, 1940, pág. 84).

Los documentos inéditos que queremos dar a conocer como prueba de la consideración y de la piedad que la ciudad sentía por su Reina y Señora, son: las proclamaciones de Felipe V, Carlos II, Carlos IV e Isabel II.

Ciudad Real sufrió a principios del siglo XVIII una gran inundación presentando un aspecto realmente desolador, casas medio hundidas, pertinaz plaga de langosta, epidemias en la población y pobreza en las arcas municipales, y así y con todo:

"realizó con gran solemnidad en la Iglesia de Nuestra Señora del Prado la proclamación de Felipe V... y por su parte el monarca envió para tal fiesta un pendón real costeado de su propio peculio... y más tarde en 1707 autorizó con su regia esposa que la princesa de Cersinos se inscribiera como cofrade de la hermandad de la Virgen del Prado y aceptara el cargo de Camarera Mayor". (A.P.N.Sra. del Prado, Leg. 1012. Folio 64).

Tras la muerte de Fernando de VI con motivo de la subida al trono de Carlos III:


Canecillo en el exterior de la capilla de acceso al camarín de la Virgen del Prado


"En virtud de la orden de la Reyna Nuestra Señora yntitulada del Prado, patrona y titular de esta ciudad donde por ynmemorial y en señal de su antigüedad semejan tes actos se han practicado y haviendo llegado a sus puertas, en ellas estavan las tres parroquias... por el portero se llamó la atención al numeroso pueblo que concurrió, diziendo: “silenzio, silenzio, silenzio, oid, oid, oid” y el alférez mayor remolando el estandarte dijo: “Castilla, Castilla, Castilla, Ciudad Real, Ciudad Real, Ciudad Real”, y su provincia por nuestro Catholico Monarca el Señor D. Carlos Tercero que Dios guarde y prospere.... que la ciudad y concurso respondió con alegría: Amén, Amén, Amén, Viba, Viba, Viba, y sin dilazión se entonó el Te Deum Laudamus... finalizada la Misa se subió del coro al presbiterio todo el clero y puesto en medio de la superior grada el Señor alférez mayor a la diestra del Preste arrodillado en la almoada se entonó el Te Deum. Y finalizado con la presencia de mi el presente escribano entrega en manos del referido cura de dicha parroquia, quedando dicho estandarte en depósito según costumbre por ser esta insigne parroquia archivo de todos los estandartes reales de los monarcas que estos reynos han tenido". (A.A.C.R. Leg. ne 25).

Cuando Carlos IV sucedió a su padre, su proclamación en Ciudad Real tuvo también lugar los días 8, 9 y 10 de Marzo; se pregonó con acompañamiento de música y tambores:

"Se fue a recoger al alférez mayor de su casa yendo con él precesionalmente desde las casas consistoriales hata la Iglesia del Prado, donde después de oir misa y cantar un Te Deum el alférez mayor hizo entrega del pendón real al cura de la parroquia para que se guardase en el templo por ser antiquísimo archivo y custodia de todos los pendores Reales que se han levantado en esta ciudad por nuestros católicos Reyes". (A.Parq.de Sta. María del Prado, leg. n9 1018. Folio 18 y siguientes).

Testimonio de la proclamación de la Reina Isabel II:

"Dando buelta a la plaza con el más magestuoso orden, dirigiéndose a la parroquia de Nuestra Señora del Prado en que se recibió a la ciudad por el clero de las tres parroquias... pidiendo silencio por el portero al grande concurso que ocupaba la iglesia diciendo: Castilla, Castilla, Castilla, Ciudad Real, Ciudad Real, Ciudad Real y su probincia de la Mancha por la Católica Real persona de la Reyna nuestra señora Doña Isabel segunda de este nombre que Dios guarde y prospere muchos años, viba, viba, viba, amen, amen, amen, se repitió por el concurso... Concluida la Misa se entonó el Te Deum etado de pie el mencionado caballero Alférez mayor con el Real Pendón para que quedase depositado y custodiado en dicha iglesia, según costumbre como lo están los demás Pendones Reales de los Augustos predecesores de S.M.". (A.A.C.R. Leg. 34-4).


Rosetón cegado en el coro alto de la catedral


Por último, la parroquia de Nuestra Señora del Prado se utilizó para que la Reina Isabel II y su hijo el príncipe de Asturias rezasen en Ciudad Real. Llegaron la tarde del 9 de Diciembre de 1866 para continuar viaje a la mañana siguiente. Les acompañaba en el séquito el Padre Claret, visitaron la Virgen del Prado cantándose un solemnísimo Te Deum. Con motivo de la visita se realizó una transformación "ficticia" de la ciudad a base de adornos de romero, tomillo y ramajes de madroño.

"Que la fuente que existe en la plaza de los Carmelitas se cubra con varios arcos cubiertos de ramaje y madroña y coronado como los anteriores, otro delante del camerín de la Virgen del Prado y otro elevado y de buenas formas en la entrada del prado público el que se encontrará iluminado con faroles a la veneciana, de una manera vistosa para lo cual podrá contratar el señor alcalde con el adornista indicado, cubriéndose las verjas que dan a la entrada al templo de Nuestra Señora santa María con ramaje de madroña, y coronada de gallardetes y banderas, haciendo lo mismo con todas las casas que existen en la plazuela que forma el huerto del prado por ser el paso de las gentes y carruajes que vayan en pos de sus Majestades y Altezas Reales". (A.A.C.R. Legajo nº 38).

 

BIBLIOGRAFIA

ALBORG Juan Luis, Historia de la Literatura Española Gredos Madrid. 1981.

BALCAZAR Y SABARIEGOS, José - La Virgen del Prado a través de la Hs. Dipt 1940.

CAMPOS Y FERNANDEZ DE SEVILLA, F. Javier. La mentalidad en Castilla la nueva en el siglo XVI. Edic. Escurialenses. 1986.

HUEVELIN, P. Essai historique sur le droit des marches et des foires; París, 1887.

MANSILLA PEREZ, Isabel. Fiestas patronales en honor del Stmo. Cristo de la Columna. Bolaños (C.Real). 1987.

MANSILLA PEREZ, Isabel. La Casa de la Encomienda perteneciente a la Orden de Calatrava en la Villa de Carrión de Calatrava. C. Real. 1987.

PERNOUD, Régine. ¿Qué es la Edad Media?. Ed. Magisterio Español. Madrid. 1986.

SANCHEZ ALBORNOZ, Claudio. Una Ciudad de la España cristiana hace mil años. Ed. Rialp. Madrid. 1985.

SIMSON, Otto von. La catedral gótica. Alianza edit. Madrid. 1985.

VALBUENA PRAT, Angel. Historia de la Literatura Española. Edt. Gustavo Gili. Barcelona. 1974.

 

FUENTES

Utilizamos las siguientes siglas:

A.A.C.R. Archivo del Ayuntamiento de Ciudad Real.

A.M. Archivo Municipal (seguido del pueblo correspondiente).

A.P.N.S. del Prado Archivo Parroquial Nuestra Señora del Prado

 

Isabel Mansilla Pérez y Soledad López Fernández en “Devoción Mariana y Sociedad Medieval. Actas del simposio”. Instituto de Estudios Manchegos 1988

 

Sillería en el coro alto de la catedral

 

martes, 27 de enero de 2026

ARRAIGO DE LA DEVOCIÓN MARIANA MEDIEVAL EN CIUDAD REAL COSTUMBRES POPULARES Y CELEBRACIONES SOLEMNES (V)

 

Gárgola en el exterior de la capilla de acceso al camarín de la Virgen del Prado


El arraigo de estas celebraciones como demostración de luto y dolor por sus monarcas se intensifica en el siglo XVIII. Tras la orden recibida el 9 de Septiembre de 1758 del Rey Fernando VI.

"Honras generales y demostraciones de sentimiento que en semejantes casos se acostumbra" por sesión celebrada al día siguiente La Ciudad manda solemnes funerales por su esposa Dª. María Bárbara de Portugal con establecimiento de un túmulo y ceremonias religiosas que se llevaron a cabo en la citada parroquia. (A.A.C.R. Actas Capitulares, Leg. 25).

Al año siguiente el día 26 de Agosto se recibe carta orden de la Reina Gobernadora:

"Dispongáis que en esa ciudad se hagan las honras, funerales y demostraciones de sentimiento que en semejantes casos se acostumbran,... y visto por la ciudad acordó se hagan las debidas exequias con forme a lo que se debe y acostumbra en semejantes ocasiones, como se ejecutaron por las muertes de los Señores D. Luis I (ocurrida en 1724) y Don Felipe V (ocurrida en 1746), las que se han de executar y celebrar el Domingo 16 de Septiembre próximo que viene en la iglesia parroquial de Nuestra Señora Santa María del Prado, Patrona de esta ciudad, asistiendo ambos cabildos secular y eclesiástico... Habiendo llegado hoy 16 de Septiembre de 1759 esta ciudad poniendo en ejecución su decreto y acuerdo del día 31 de Agosto próximo, siendo como las nueve horas de la mañana se juntó y compuso su cuerpo místico en las reales casas del ayuntamiento y acompañado de se nobleza y con los maceras y portero vestido de vayeta y todos con lutos rigurosos fueron a la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora Santa María del Prado su patrona a donde se han executado las honrras y exequias por nuestro difunto llamado Rey y Señor Don Fernando el Sexto que Dios goza... un túmulo de 7 cuerpos de alto hasta el Camerín de Nuestra Señora... y una almohada de la misma tela y encima de ella una efigie de Nuestro Señor Cruzificado con antorchas de peso dos libras en un candelera grande de plata y encima de dicha almohada de damasco negro la corona de perlas preciosas de mayor estimación que tiene Nuestra Señora y su centro gran de de Plata" (A.C.C.R. Actas Capitulares, Leg. 25).


Rosetón en el exterior de la capilla de acceso al camarín de la Virgen del Prado


Otros documentos en los que se narran acontecimientos fúnebres regios, se nos han conservado en el archivo Parroquial de Santa María del Prado, como el realizado tras la muerte de la reina Isabel segunda esposa de Fernando VII el día 16 de enero de 1819, fue organizado por los regidores D. Vicente Curruchaga y D. Manuel Mexia de la Cerda. Se encargó de la estructura del túmulo el arquitecto D. Joaquín Romero y todo ello bajo la dirección religiosa del cura propio de la Iglesia D. José Francisco Gómez Freire. Celebró la Misa por enfermedad del cura el beneficiado D. Luis Valverde Sarabia, comisionado del Santo Oficio de la Inquisición y predicó D. Francisco José Fernández Toral, guardián del convento de Franciscanos, asistiendo todo el vecindario con todas las autoridades. Terminado el Funeral el Ayuntamiento recibió el pésame de los asistentes siendo después despedido en las puertas de la Iglesia por el clero de las tres parroquias.

"El túmulo levantado en el centro de la Iglesia estaba formado de un zócalo poligonal de tres lados iguales, imitando a mármol negro de San Pablo estrellado y floreado de blanco todo el fondo y partes donde prometía la mejor vista, dándole de diámetro todo el ancho de la Iglesia, cortada por un extremo, que contiene 60 pies de latitud y 6 de alto..., el segundo cuerpo constaba de ocho pies de diámetro y seis de elevación. Se hallaba guarnecido de esqueletos formados de sedas blancas y amarillas, sobrepuestas en terciopelo negro y en los ángulos varios atributos reales, y en el tercer cuerpo que sólo constaba de cuatro pies, representando la urna sepulcral, donde se guardan las cenizas de la reina nuestra Señora, colocándose sobre el cúspide de la fachada principal de la urna un rico almohadón que sirvió de base a la real corona y centro" (A.P.N.S.P., Leg. 1018. Folio 32).

También queda constancia en el citado legajo, que los días 7 y 14 de Febrero de 1819 hubo funerales por las almas de Carlos IV y su esposa Da María Luisa de Borbón.

En Ciudad Real la devoción que inspira desde la Edad Media la Virgen del Prado, a la cual consideran como la única Reina y Señora de estas llanuras, es cada vez más intensa. Esta devoción fue en aumento desde que, con la desaparición del poderío de los Calatravos, la devoción a la Virgen Blanca llegó casi a extinguirse. No obstante, se nos han conservado algunos testimonios de la devoción que Ciudad Real tuvo también a la Virgen Blanca de los Calatravos. Tenemos noticia de ello por la visita a la Encomienda de Carrión del 15 de Agosto de 1721.


Decoración de un capitel del interior de la Catedral


"Vimos y visitamos la ermita de Nuestra Señora de la Blanca que está en la fortaleza de los muros caídos de Calatrava la viexa en la cual fuimos informados que los vecinos de la ciudad de Ciudad Real celebran fiesta el día de la Cruz de Mayo... y hayamos la dicha ermita bien aderezada y el altar decente... mandamos que se conserve la costumbre sin que los vecinos de la dicha ciudad puedan adquirir más jurisdicción a la que de derecho les pertenece... Visitadores Juan Fernández Triviño Verlarde caballero profesor de la Orden de Calatrava, digidad seglar y Fray Miguel Cejudo capellán de Su Majestad Prior de Valencia". (A.A. de Carrión, caja ne 1, Leg. 1-1-3).

De este mismo año pero a 8 días de Junio por los mismos visitadores se conserva la visita hecha a la fábrica y rentas de Nuestra Señora la Blanca, sita en la ermita del Santísimo Cristo de la Consolidación de la Villa de Torralva de Calatrava.

"Mandaron sus señorías que en atención a la corta rrenta  que se ha reconocido tiene esta obra pía en cada un año, que consiste sólo en los dichos 32 reales y 23 maravedís de los rédidos de las dichas 5 ecrituras de censo, lo qual no alcanza para los gastos precisos de la zelebridad de la fiesta de la sagrada imagen de Nuestra Señora la Blanca en su glorioso día de la Asunción... mandaron que Manuel Díaz Val monte, sacristán... continúe cobrando con el celo que ha hecho hasta aquí..., y porcure adquirir las limosnas que puediese de los devotos y que se haga y celebre dicha festividad. (A.A. de Torralba, Caja 273, Leg. 280).

En esta misma caja, en libro pergaminado, se conserva relación de las rentas para los años 1569 siendo piostre Alfonso de Carrión de 7.552 maravedís y del año 1646, 4.701 maravedís. Otros legajos posteriores a la visita nos dan las siguientes rentas: 1784, 640 reales, 14 maravedís, 1786 660 reales, 11 maravedís, 1826, 546 reales 22 maravedís, siendo piostre Bernardino Villanueva.

Isabel Mansilla Pérez y Soledad López Fernández en “Devoción Mariana y Sociedad Medieval. Actas del simposio”. Instituto de Estudios Manchegos 1988


Decoración del capitel de la Sala Capitular de la Catedral


lunes, 26 de enero de 2026

ARRAIGO DE LA DEVOCIÓN MARIANA MEDIEVAL EN CIUDAD REAL COSTUMBRES POPULARES Y CELEBRACIONES SOLEMNES (IV)

 

 

Rogativas

Otra manifestación de la Fe en la actuación medianera de Nuestra Señora, la encontramos en las Rogativas que realiza el pueblo cuando los males afectan al campo y a sus frutos. En especial estas Rogativas las solían hacer ante la seguía y las plagas.

Rogativas por aguas encontramos en diversas sesiones del Ayuntamiento de Ciudad Real, como la conservada del año 1779. (A.A.C.R. Leg. 27).

Las plagas de Langosta, que tan repetitivamente afectaron a las tierras de La Mancha, son motivo de que el pueblo vuelva su mirada esperanzada, como en tantas ocasiones, hacia la Virgen.

"En la ciudad de Ciudad Real, a tres días del mes de Junio de mil setezientos y diez años... en este ayuntamiento se trató la gran plaga de langosta que hay en el término y que se an puesto los medios posibles no bastan y para acudir a Dios Nuestro Señor que sirva aplacar su ira y mi ramos con ojos de piedad y misericordia y por los buenos suzesos de la monarquía acordo la Ziudad se baje a la Santísima Imagen de Nuestra Señora del Prado Patrona de esta Ziudad y se le haga novenario Se nombran por Diputados a los señores D. Gaspar del Forcallo y D. Juan de Maiorga y que al dicho novenario asista el Cavildo Eclesiástico para cuio efecto dichos señores Diputados beran a su abad y al Cura de dicha parroquia de Nuestra Señora del Prado y hagan las demas prevenciones que convengan.

Y se feneció dicho cabildo y lo firmaron como acostumbran y que dicho novenario que empieze el martes seis del corriente. Firmado D. Francisco Muñoz y D. Gaspar de Forcallo y Heredia, ante mí Pedro García Moreno". (A.A.C.R. Leg. 20. Folio 1072).

En la Edad Media la esfera religiosa y económica se entrelaza, por eso, como señala Simson, la época de las grandes iglesias de peregrinación y de las catedrales es también desde el punto de vista económico la de las grandes ferias. Eran estos mercados periódicos que con gran fuerza movían concentraciones intermitentes de la vida económica de regiones enteras estimulando al mismo tiempo el crecimiento de estas ciudades medievales.

"Las festividades religiosas por su solemnidad, por el número de personas que atraen, por su periodicidad regular y por la seguridad de que la protección divina se extiende a todas las reuniones que se celebren bajo sus auspicios, suponen necesariamente una oportunidad para realizar transacciones comerciales... No hay gran festividad que no tenga su feria, ni a la inversa, una exige la otra". (HUVELIN, P. 1887, pp. 37).


 

En Ciudad Real se repite este fenómeno, también en la Edad Moderna. En tiempos de Felipe III, la ciudad sufría una gran despoblación por la numerosa emigración a América y por la total expulsión de los moriscos. En esta situación, se buscó dar nuevo auge a la vida ciudadana haciendo coincidir las fiestas patronales de agosto, con el resurgir su feria.

La importancia que el concejo daba a la feria se hace patente en el nombramiento, del que tenemos constancia en el año de 1680, de dos comisarios.

"Y se nombran dos cavalleros comisarios que son los señores D. Juan Muñoz de Loaisa y D. Alonso de Belmar, que son diputados de este mes para que asistan en el tiempo de la feria para en nada falte el abasto para el que veniere todos este mes a la feria Y que se haga saber para que loguardaren" (A.A.C.R. Leg. 19. Folio 14).

En efecto la vida comercial desarrollada en estas fechas apenas sería imaginable sin la gran devoción a Nuestra Señora del Prado. Esta gran actividad se desarrollaba en las calles y plaza inmediata a la parroquia de Nuestra Señora del Prado como nos testifica el bando conservado de Agosto de 1886. En él se nos describe la ubicación de los feriantes.

en la plaza se colocarán las tiendas de comercio... las obras de calderería en la parte interior de los portales de la casa consistorial... la elaboración de buñuelos en la fachada de Pósito público... ocuparan la calle cuchillería los puestos de fruta y panaderos con carros”. (A.A.C.R. Leg. 38. Fol. 30).

Por otra parte, la devoción a la Virgen aparece también en las celebraciones solemnes de todos aquellos actos que hacían relación con la monarquía. Ya hemos aludido al entrelazamiento de la vida religiosa con todos los demás ámbitos de la vida de la ciudad o del reino. Es de nuevo Simson quien expone con documentos medievales esta idea:

"Místico y realista a la vez, Suger esperaba que la construcción de su iglesia (se trata de Saint-Denis) y la ceremonia de su consagración, en las que había participado todo el reino, contribuyeran a la consolidación de Francia bajo la corona.(...) (por eso concluye el tratado donde explica la construcción, con estas palabras) ¡Oh Dios, que restauras y transformas milagrosamente el presente en el Reino Celestial... por tu poder y misericordia nos conciertas a nosotros y a la naturaleza de los ángeles, al cielo y la tierra, en una sola república!". (SIMSON, Otto von, 1985, pág. 153).


 

La iglesia de Santa María del Prado enclavada en un sitio significativo de Ciudad Real, buscó su propia monumentalidad aprovechando la ligera pendiente del terreno del Prado, lo que favoreció la altiva apariencia, construcción en su conjunto.

Parroquia que miraba desde su altura a la ciudad y a sus vecinos situándose por encima de todos los demás intereses, como nos dice Otto Von Simson "en el espacio delimitado por sus muros (...) el templo medieval era la imagen del cielo". Fue esta parroquia bajo la advocación de Nuestra Señora del Prado, la principal de las tres de esta ciudad: Santa María del Prado, San Pedro y Santiago. Por esta razón veremos cómo se celebrarán en ella los actos solemnes que hacen referencia a la monarquía: fiestas realizadas para sus proclamaciones y Honras Fúnebres, en su interior y bajo la protección de la Virgen, se han establecido históricamente las relaciones emocionales entre lo sagrado y lo profano, en un intento de que el cielo y la tierra, los asuntos de uno y otro lugar, se hicieran una sola cosa.

La primera de estas Honras Fúnebres regias de que nos ha quedado constancia fue la realizada por la madre de Isabel la Católica en la que se gastaron 10.000 maravedís por sisa. (MUSEO ARCHIVO HISTORICO ELISA CENDRERO, caja nº 1).

En 1504 murió en Medina del Campo Isabel la Católica:

"En Ciudad Real hubo suntuosos funerales por su alma en la Iglesia Parroquial de Santa María del Prado a los que asistió con gran fervor religioso numerosísimo público". (BALCAZAR SABARIEGOS, José. 1940. pág. 53).

Este mismo autor nos relata que en 1539 tras la muerte en Toledo de la Emperatriz Isabel, dispuso su esposo Felipe II, que se le diera sepultura en la catedral de Granada. El cortejo fúnebre pasó por las inmediaciones de Ciudad Real, siendo recibido por el Concejo y sus vecinos. Al día siguiente se hicieron Honras Fúnebres en la Iglesia de Santa María del Prado cuyo discurso necrológico corrió a cargo de San Juan de Ávila, nacido en Almodóvar del Campo.

Isabel Mansilla Pérez y Soledad López Fernández en “Devoción Mariana y Sociedad Medieval. Actas del simposio”. Instituto de Estudios Manchegos 1988


Ventana en la torre de la Parroquia de Santiago