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jueves, 11 de febrero de 2021

CALLE DE CALATRAVA

 



No voy a descubrirla ahora pues se trata, junto a la de Toledo, una de las más conocidas al tiempo que vía principal de la ciudad, así como de las de mayor longitud. Tal vez no posea ese sabor de tipismo que tienen otras, en cambio su denominación compendia la historia de la génesis del Campo, en que se alzó la capitalidad.

Creo que urgía que trajera la calle de Calatrava a mis conversaciones, que aunque muchas veces me asaltó la idea de hacerlo, no sólo porque en su tramo final, junto a la ronda, hacía la antigua «Granja» anduvieron mis fantasmas infantiles, sino porque aquí en Sevilla, entre Torneo y la Alameda, hay una pequeña con el mismo nombre. Que no sé por qué tal nomenclatura, aunque sospecho que la Orden de Calatrava, cuyo octavo centenario de su incorporación al Cister acaba de conmemorarse, debió tener también mucho que decir en estas tierras del Sur. Cosa que no debe extrañarme, pero uno que ignora tantas cosas... más para qué seguir por este camino.

El Sacro Convento de Calatrava, en Aldea del Rey, a un tiro de piedra o poco más de Ciudad Real, presenta un aspecto emotivo histórico-religioso y estético que le remueve a uno los entresijos, esos posos que, asolados, están en el fondo de nuestro vaso juvenil, hoy removidos por los actos celebrados.




Piedras, escalinatas, torres, pasillos, arcadas, templo que sostienen ocho Siglos de historia y religión. Desde la cumbre del castillo las tierras manchegas se tornan mar de verdad, lejos de las metáforas de poetas y escritores. Tierras de pan y de vino, lugares que la histórica imagen de nuestra Señora de los Mártires, bendijo durante tanto tiempo desde su sitio en la capilla del Convento.

Campo de los mártires, Calatrava la Vieja, templo calatrava, Orden de Calatrava, Calatrava la Nueva, palabras que son recuerdos, historia y también leyenda, por aquello de la hermandad entre ambas. Todo esto y más siguiere la calle que hoy traemos a estas columnas. Calle por donde el tráfico del centro se disuelve hacia el borde de la ciudad, camino de estudiantes y vía de forasteros que no repan en tal denominación, cargada de lecciones vitales de otros tiempos, calle que es puente de unión entre el ayer y el hoy. La juventud que se prepara, que busca el futuro de esa madurez de quienes, un poco de vuelta, se detienen en el pasado, pero sólo el tiempo de tomarse un respiro, de cobrar ánimos para seguir, como cuando el paseante despacioso se detiene en la esquina de la Virgen de las Lágrimas, sólo un instante, quizás, sin ánimo religioso sino simplemente por curiosidad.

Esquinas con Paloma, Cardenal Monesci1lo, Corazón de María donde hubo la denominada Casa de la Verja, cuya memoria me trae el recuerdo de Vicente García Minguillán, gran cofrade y amigo. Frente a esta casa estuvo el bar «Cuatro Caminos», en una de cuyas paredes había un azulejo con una inscripción recordando la fecha y el lugar de nacimiento del doctor Yubero, médico entreverado de poeta. Esquina con Refugio por donde el barrio del Perchel inicia su andadura de matiz popular y tradicionalmente, típico en Ciudad Real, donde la Soledad de Santiago pasea su dolor un día al año.




Calle de Calatrava que ahora toca a vísperas y a esplendor, a castillo y a historia de una capital que, cada día más se está encontrando, como se dice ahora, a sí misma, pero que nosotros, los chicos de la posguerra y desde aquellos primeros años de nuestra infancia, habíamos descubierto porque las raíces de la tierra que nos dio el ser, se clavan hondo, tanto que se toman en aquello de Machado: «tengo una espina clavada», y que, hoy, otra vez y con distinta voz cantan los poetas manchegos.

Voces de vida hoy suenan por la calle de Calatrava, voces de nuevas generaciones que con el también nuevo ritmo, van adquiriendo la madurez que da una historia añeja y una estética que, a pocos kilómetros, se alza, y que esperamos conozcan, como ya lo hicimos quienes fuimos expulsados de la Arcadia, sino por la espada de fuego, sí de la vida en manos de ángeles de la existencia que ahora, pasean por cualquiera de las aceras de la calle de Calatrava.

Francisco Mena Cantero, diario “Lanza”, 14 de noviembre de 1987

 


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