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miércoles, 24 de febrero de 2021

CIUDAD REAL EN EL DICCIONARIO GEOGRAFICO DE ESPAÑA DE PABLO RIERA PUBLICADO EN 1882 (V)

 



Hist. y Bioff. — En el año 1252 Alfonso X, el Sabio, fue elevado al trono de sus mayores, y teniendo en cuenta que únicamente una pob. grande y libre podía ser constante custodia de los caminos, y vínculo de unión entre Castilla y las ricas posesiones conquistadas por su padre, al t r a v é s dé la desierta zona que las dividía, en 20 de febrero de 1255 otorgó desde Búrgos Carta puebla, para fundar y poblar á Ciudad Real con el nombre de Villareal, dando á sus moradores las ald. de Ciruela, Villar del Pozo, Vigueruela, Poblete y Avalá, concediéndola por armas su propia figura sentada en escudo orlado de torres, por leyes el fuero de Cuenca para los plebeyos, y las franquicias de los caballeros toledanos á los de igual clase que en ella se establecieren; otorgándoles á la par el privilegio de que no pagasen portazgo en ninguna parte, exceptuando Sevilla, Toledo y Murcia. No transcurrió mucho tiempo sin que los escasos moradores de Alarcos, su parroquia, su archivo y todo cuanto poseían, se trasladase á la nueva pob. que hubo de empezar á formarse alrededor del Pozo de D. Gil, que es el mismo á dar crédito á la tradición, que se halla en la plazuela del Pilar de la actual cap. y donde los privilegios atraían de todas partes gentes en tan gran número que, de una vez y como por encanto, q u e d ó convertida Villareal en un crecidísimo pueblo, al cual así D. Alfonso, su ilustre fundador, como sus descendientes, no cesaron de acrecentar por cuantos medios estaban á su alcance, la importancia, pues tenían decidido empeño en hacer de ella una gran pob.




Como prueba de los buenos deseos que animaban á los Monarcas, citaremos algunos de los privilegios que respectivamente fueron concediendo á Villareal. Desde Monte Agudo, donde se encontraba D. Alfonso en 6 de j u n i o de 1257, ordeno que no se cobrase portazgos á la pob. por él fundada. En el año 1261 concedióse inmunidad de tributos á los caballeros en ella domiciliados, cuya orden se hizo extensiva á todas las haciendas de é s t o s y á sus dependientes. En 1264 púsose freno a las ávidas usuras de los judíos, los cuales especulando con las necesidades de sus deudores se alzaban con la colonia.

En 15 de octubre de 1266 concedióse toda la madera necesaria para la construcción de casas y del Alcázar que el soberano ordenó se construyera y del cual hoy como recuerdo solo puede admirarse un arco de entrada de una de sus puertas; encuéntrase situado entre las puertas de Granada y la Mata y casi pegado á la muralla. En el breve espacio de casi veinte años creció Villareal de una manera portentosa. En el año 1275 mes de agosto, falleció en su recinto el infante don Fernando de la Cerda, primogénito de D. Alfonso. Como quiera que Villareal se hallaba situada en el centro de los dominios de la órden de Calatrava, h a l l á n d o s e exenta de la jurisdicción y señorío de ésta, declaróse el Capítulo enemigo acérrimo de la susodicha pob, ofreciendo desde su fundación la interesante lucha de un Concejo Libre, de un pueblo realengo contra un poder que bien pudiéramos llamar feudal. El previsor D. Alfonso el Sabio, comprendiendo la necesidad y el interés de proteger á Villareal contra la pujanza entonces formidable de los Maestres, mandó en 1280 que sus pobladores fuesen indemnizados por los súbditos dé la Orden los robos y malos tratamientos que mostraren haber sufrido. En el año 1293, en ocasión en que D. Sancho IV se encontraba en Villareal, prohibió que j a m á s pudiera ser enajenada de la corona.

 



En 1305, al objeto de que la pob. Pudiera mantener sus derechos sobre pastos y leñas, la reina D.ª María de Molina le ofreció gente de guerra para combatir a los de Calatrava, cuyos desmanes eran por demás intolerables. Los vec. de Villareal formaron entre sí una liga para no darse jamás á un hombre poderoso, y unidos con los de Toledo en Hermandad, para común defensa de sus libertades (liga que data del año 1282, y al tenor de ella el Concejo de dicha c. se interesó en 1316 con el Maestre de Santiago para que no auxiliase contra Villareal á Calatrava de este modo ambas pob. Lograron sostenerse y prosperar, transigiendo pacíficamente sus querellas en 1267 y 1292 con los Maestres Juan González y Rui Pérez. E l sucesor de éste Garci López de Padilla se propuso hacer á Villareal cuanto daño estuviera en su mano, imaginándose que de este modo sus hab. abandonarían la pob. Prefiriendo ir á establecerse en los pueblos del Campo de Calatrava. Con tal objeto determinó acorralarlos de tal suerte dentro de su reducido tér. y con tal rigor en sus medidas que tuvieran que abandonarlo.

En 1321 reclamó Villareal contra las muertes y talas que al abrigo de los muros de Miguelturra repetían los comendadores y sus vasallos, y contra los engaños y violencias con que se le sustraían los negociantes y se perturbaba su comercio; pero el rencoroso Padilla, enojado de la tenaz resistencia, contestó á los mensajeros: «que no le dejase Dios morir hasta vengarse de Villareal, y que teniendo ya un pié en el Infierno y otro en el paraíso , se guardasen de él no metiera el otro pié en el infierno.» Embravecióle grandemente la órden del infante don Felipe, tío y tutor de D. Alfonso XI, para quitar el mercado y derribar al castillo de Miguelturra, é intentó resistir á las tropas del concejo que desplegando los pendones reales, con el auxilio de Graci Sánchez de Viedma, alcalde de Jaén, marchaba á cumplirla, y la cumplieron á pesar suyo, y ardió Miguelturra con Peralvillo y Benavente, aprobando el rey los incendios y estragos efectuados enterritorio de Calatrava. En gratitud á cuanto en su favor había hecho el Monarca, los vec. de Villareal ofreciéronle á más de un donativo 100 jinetes y 200ballesteros que el Soberano juzgó prudente no admitir por no excitar más el enojo del terrible Maestre. 



En la localidad que venimos ocupando recibió Alfonso XI el año 1344 á los embajadores que le envió el rey de Marruecos para ofrecerle la expresión de su respeto y gratitud por haberle devuelto dos hijos que le había hecho prisioneros en la batalla de Tarifa. El mismo Monarca, transcurridos dos años del suceso anteriormente referido, celebró cortes en villareal, y en el año de 1317 la concedió varios privilegios y franquicias. En 1316 dio hospitalidad al clavero D. Juan Nuñez del Prado, bastardo de los reyes de Portugal por línea materna, concediendo asimismo albergue á los caballeros rebeldes, entre los cuales había tres de su vecindad, que eran los Freires Alfonso de Mantilla, Juan Ramírez y Gonzalo Mora, quienes se proponían permanecer allí hasta que entrado el rey en la mayor edad pudieran presentar ante él sus quejas y acusaciones contra el Maestre. Reclamados por éste , sostuvo Villareal, por negarse á satisfacer tal pretensión , fieros ataques y el bloqueo del anciano Maestre acampado en Miguelturra, derrotándole en sangrienta l i d á v i s t a de ambos pueblos en el año de 1328. No satisfecho con la fuga y deposición de su enemigo y el triunfo de D. Juan Nuñez, se lanzó sobre su rival aborrecido á vengar por cuenta propia sus agravios. A l resplandor de las llamas que consumían á Miguelturra, la cual fué tomada por asalto, mujeres ultrajadas, niños y viejos pasados á cuchillo, saciaron la furia y lubricidad del vencedor; aquel lugar tan detestable y siete veces destruido parece al verle hoy pacífico y floreciente, que ha nacido á la sombra de su antigua competidora. Nuñez de Prado fué ingrato para con el Maestre, puesto que de él había recibido el hábito de la órden, pero bien severamente castigada fué su i n gratitud. E l rey D. Pedro le mandó aprisionar cuando en Almagro le tenía á su mesa. Dicho monarca aterrorizó á los vec. con las amenazas de muerte que formularon sus reales labios, dictó á la Asamblea de la Orden la destitución afrentosa de su jefe exigiendo asimismo que aquella eligiese á D. Diego García de Padilla, hermano de la famosa favorita de D. Pedro y pariente de Garci López. Núñez de Prado, el cual por mandato del Rey fue conducido al castillo de Maqueda y allí murió degollado. No llevo á bien Villareal la elevación de Padilla al cargo de Maestre, pues era grande el odio que sentía hacia aquel linaje, para ella tan fatal, y en su consecuencia declaróse en favor de D. Pedro Estévanez Carpinteiro, sobrino del depuesto é inmolado Núñez, y no solo llevó la guerra á Calatrava, sino que se levantó por primera vez contra el Monarca, cuyo perdón obtuvo en 1355, si bien le alcanzó á costa de los jefes de la asonada, pues E s t é v a n e z Carpinteiro pereció á manos del mismo rey D. Pedro. 





En tiempos de D. Juan I fue villareal cedida transitoriamente al desposeído rey de Armenia León V, y más tarde á su segunda esposa D.ª Beatriz. Hemos dicho transitoriamente, porque los monarcas que fueron sucediéndose en el trono de Castilla no consintieron en desprenderla en absoluto de la corona. Villareal debió á Enrique III diferentes mercedes, y en su tiempo fueron desposeídos los judíos de las sinagogas y la que tenían en Villareal le fue otorgada á Gonzalo Soto, quien en 1398 la vendió á Juan Rodríguez, tesorero mayor del Rey en la Casa-moneda de Toledo: dicho Rodríguez fundó más tarde en el sitio que aquella ocupaba, el convento de Santo Domingo, del órden de predicadores, cuando apenas contaba catorce años de edad D. Juan II, hijo menor de D. Enrique, so protesto de ir á caza salió de Tordesillas, en cuyo punto le retenía como confinado D. Enrique, infante de Aragón y Maestre de Santiago, y acompañado de D. Álvaro de Luna y otros caballeros, penetró en el castillo de Montalvan, hallándose con que en el fuerte, por todo repuesto de municiones de boca, encerraba ocho panes, una fanega de harina, dos de cebada y un cántaro de vino. Apresuróse el infante á poner cerco al castillo al objeto de impedir la entrada de alimentos, y entónces los de Villareal acudieron con fuerzas y entraron en la fortaleza con víveres en los críticos momentos de haberse comido los caballos, siendo el primer el del Rey. En recompensa de tan oportuno como arriesgado servicio. D. Juan, en el año 1420 elevó la pob. á mayor categoría , trocando su título por el de muy noble y muy leal ciudad de Ciudad Real, otorgándola el privilegio de voto en Cortes, y designando á Alfonso García de Villaquiran, natural dé la misma, para que asistiera continuamente al príncipe de Asturias D. Enrique; en 1427 le concedió su real fuero; en 1430 confirmó sus Ordenanzas municipales; y agradecido á los valientes soldados que Ciudad Real le mandara, cuando cercado en Olmedo por el rey de Navarra, se vió en peligro de perder la corona, expidió una honorífica carta á los caballeros hijosdalgos de esta c. nombrando hasta treinta y ocho y ordenándoles que pasaran á descansar á sus casas.




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