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lunes, 22 de febrero de 2021

CIUDAD REAL EN EL DICCIONARIO GEOGRAFICO DE ESPAÑA DE PABLO RIERA PUBLICADO EN 1882 (III)

 



Notable es también el local ocupado por el Instituto provincial de 2.ª enseñanza que perteneció al convento de la Merced. La primitiva fábrica, de excelente forma y arquitectura, ha sido modificada con arreglo al nuevo destino que se le dio al crearse el Instituto en el año de 1843, y verdaderamente reúne todas aquellas condiciones exigidas en un establecimiento de este género. Cuatro grandes salas para cátedras, un espacioso salón para actos públicos, otra habitación de descanso para los profesores, las dependencias de Secretaría y los gabinetes de Historia natural. Física y Química juntamente con el espacio destinado á biblioteca, enciérrense en este vasto edif. donde queda todavía local para habitación de los dependientes del mismo y donde se halla actualmente instalado un establecimiento meteorológico; distinción especial que tiene el Instituto de Ciudad-Real, respecto á otros de España. Los gabinetes antes citados son ricos en colecciones, el de Historia natural, y en aparatos y demás útiles indispensables para la enseñanza de sus respectivas asignaturas, los de Física y Química, El colegio de internos incorporado al Instituto, ocupa también la planta alta de este mismo edif. y puede comprenderse perfectamente Por el local necesario para esta clase de establecimientos las proporciones que ha de tener el que nos ocupa para que haya el suficiente desahogo en todas las dependencias y reúnan las condiciones higiénicas tan recomendables para esta clase de establecimientos.

Los cuarteles de caballería ó infantería que ocupan el vasto edif. fundado en 1784 por el Cardenal Arzobispo de Toledo para Hospicio ó Casa de Misericordia, son realmente importantes en términos, que el de caballería en particular, pasa por ser uno de los mejores de España, pudiéndose alojar cómodamente en él 5,000 hombres y 1,000 caballos, con lo cual se demuestra la capacidad de aquel edif. que cambió de destino, desde la entrada de las tropas francesas en 1809 que fueron quienes lo convirtieronen cuartel y punto fortificado. 



En el exconvento de San Juan de Dios, edif. que tampoco carecía de buenas dotes arquitectónicas, hállanse instaladas las Escuelas Normales de maestros y maestras con la conveniente separación, siendo éste otro de los locales que merecen ser visitados en Ciudad Real, así por su buen régimen, como por su biblioteca y cómodas dependencias. - Los edif. en que se hallan establecidos el Gobierno civil, Delegación de Hacienda y G. M . , nada de notable ofrecen más que sus condiciones de capacidad para el objeto á que se hallan destinados.

Edificios religiosos. Erigido en dióc. el antiguo vicariato de Ciudad Real, sus parroquias han sufrido también las consiguientes modificaciones; mas como quiera que no es este el lugar en que hemos de ocuparnos de la categoría ó del servicio de los citados templos, puesto que en su lugar correspondiente hemos dicho lo que sobre el particular convenía, nos circunscribiremos aquí á describir los principales templos de la c., valiéndonos para ello de las noticias que nos facilita el ilustrado escritor Sr. D. Domingo Clemente, en su ya mentada Guía de Ciudad Real.

Santa María del Prado. Hallase fabricado este templo, de ladrillo, con arcos de sillares labrados, y las aristas que componen la capilla mayor vienen á converger en lo alto de ella en una diminuta piña perfectamente dorada. Tiene solo una nave, pero tan alta, grande y espaciosa que quizás no hay otra en España que la exceda, pues que cuenta cincuenta metros de longitud y diez y siete de latitud: su arquitectura es del género gótico, descargado de follajes y menudencias. Las dos bóvedas inferiores las cerró en 1500 Antonio Fernández de Écija, y la tercera se concluyó en 1514, y en el adorno de su crucería se advierte con efecto una favorable progresión, terminando graciosamente en el ábside, que ocupa un precioso retablo. Este es mucho más moderno que lo restante de la fábrica, y de lo mejor que nos queda del buen tiempo de las artes. Se atribuye á Giraldo de Merlo, por los años de 1616 y consta de cuatro cuerpos, y de los órdenes de arquitectura dórico, jónico, corintio, y compuesto, con cuatro columnas en cada uno, en los cuales y el resto del retablo hay distribuidas más de cincuenta piezas de escultura, entre ellas los doce apóstoles, de cuerpo entero, de tamaño mucho mayor que el natural y tableros de medio relieve representando asuntos de la Vida y Pasión de Jesucristo, rematando en el hueco de la gran bóveda con un Padre Eterno de extraordinaria magnitud, pero muy bien graduado, un Crucifijo, la Virgen y San Juan. En la mitad del retablo y sobre majestuoso tabernáculo, hallase colocada en trono de plata la joya principal del templo y aún de la ciudad á los ojos de sus devotos, la imagen de Ntra. Sra del Prado, á cuyo lindo camarín conduce magnífica sacristía y ancha escalera, y ante la cual penden regios estandartes por glorioso trofeo. 



La sillería del coro, de nogal tallado con muchísimo gusto y primor, y el órgano, guardan proporción con lo restante del templo. En sus paredes laterales y cerca del altar mayor hay dos corredores altos con arcos de hierro para sostener cada uno de ellos ocho lámparas, que antiguamente eran de plata de diversas hechuras, regaladas en los siglos XVI y XVII con otras diferentes alhajas por sujetos cuyos nombres se conservan, y algunas de ellas enviadas de las Indias Orientales; pero habiendo sido recogidas en 1811 de orden de la Junta de la Mancha, se han ido sustituyendo del mejor modo posible. En el centro del templo había otra lámpara preciosa y de la misma procedencia, que pesaba mil trescientas cuarenta y cuatro onzas, de plata; más habiendo sufrido igual suerte que las anteriores, fue reemplazada por la que dieron á la Virgen en 24 de agosto de 1817 D. Diego Muñoz y su esposa, vecinos de Ciudad Real, la cual cuenta novecientas veinte y tres onzas, de plata, ó sea el mismo peso que tenía su hija D.ª María del Prado, cuando siendo niña cayó sin sufrir lesión alguna, desde el corredor de su casa al patio. En las bóvedas del templo ondean los estandartes que sirven en las proclamaciones de los reyes, habiéndose reunido algunas veces hasta seis. No se sabe en virtud de qué privilegio deben fijarse allí, pero es lo cierto que apenas se ha verificado la proclamación, se hace entrega formal de los estandartes en esta iglesia.

Metida en angosta calle y entre macizos contrafuertes la portada principal de forma ojiva y de ornato semibizantino, ella y otra puerta lateral su contemporánea, parecen entregadas al olvido por el gusto del renacimiento que, al través de los árboles del paseo, campea luchando con góticas reminiscencias en las rasgadas ventanas del ábside y en la puerta del S. La torre, empero, cuya fábrica se empezó en 1551, no habiendo pasado del primer cuerpo adornado de una linda ventana, es elevadísima, toda de piedra labrada y costó un millón deséales levantarla, quedando terminada el año de 1825, en que se emprendieron de nuevo los trabajos. En la ventana del E. hay una hermosa y sonora campana regalada por San Fernando, la cual estuvo en la torre antigua, demolida á fines del siglo pasado, y tiene las inscripciones siguientes. En la parte superior: «Assumpta est María in coelum, gaudent angelí; laudantes benedicunt Dominum.» En la inferior: «Dióme á la milagrosa imagen de Ntra. Sra. Santa María del Prado la devoción de la majestad del Sr. D. Fernando en 1242.» Y en la parte exterior tiene una cruz y once escudos con las armas de Castilla y León, en medio de cada uno de los cuales hay una flor de lis.

 


Respecto á la Virgen del Prado, cuenta la tradición que en el año de 1013, yendo á Velilla un caballero aragonés , llamado Ramón Floraz , abrevó su caballo en una fuente, y notando un hoyo en que el animal había hundido el pie y ensanchándolo con su acero, halló una bóveda subterránea de dónde salía fragancia y una luz sobrenatural, cuyo rastro le condujo hasta una imagen dorada de Ntra Sra., en aquel recinto escondida desde el año 713, y la cual había sido venerada en la citada Velilla desde el de 430 con el título de Ntra. Sra. de Tormos, Torneos ó Tornos. Llevósela el caballero, parando antes en Villareal, cerca de Daroca, á su rey Sancho el Mayor, quien recompensándole generosamente colocó la efigie en su oratorio, y la trasmitió á su hijo Fernando I de Castilla. Traída al cerco de Toledo, dio á Alfonso VI la victoria; y olvidada en la campaña siguiente, permitió fuese derrotado en Zalaca, con lo cual escarmentado el príncipe, en la expedición de 1088, en que hizo tributario al rey moro de Córdoba, encargó á su capellán Marcelo Colino que llevase consigo la imagen. Detenido éste en Pozuelo seco de Don Gil, donde vivían ya pacíficamente algunos cristianos, y sesteando en un prado bajo los árboles, viéronla aquellas buenas gentes y suplicaron en vano al sacerdote que se la dejase; pero ella misma, antes de llegar á Caracuel, volvió milagrosamente á aquel sitio y mostrando su voluntad de residir allí, se le fabricó una ermita, donde empezó á ser devotamente venerada. Hasta 1513 estuvo esta imagen sentada en una preciosa silla dorada; pero en el indicado año determinó la devoción quitarla de ella, desbastándola en proporción para ponerla de pie, y vestirla á la usanza de aquellos tiempos con riquísimos mantos de hermosas telas. Los despojos de la talla de la Virgen y la silla fueron llevados por un devoto clérigo, natural de Ciudad Real, llamado el Licenciado Póblete, á la ciudad de Lima, capital del Perú, donde hizo dé aquella madera una imágen pequeña, que colocó en la parroquia de los indios, dando á una y á otra el nombre de Ntra. Sra. del Prado. En el camarín guárdanse preciosas alhajas regaladas por los devotos, un cuadrito de la Concepción de Lucas Jordán, y una cabeza del Bautista, de Eugenio Caxés. Y entre los varios y muy ricos vestidos de la Virgen se conserva uno regalado por el santo rey Don Fernando en 1242, el cual es de tela de oro y plata con flores verdes y encarnadas y dos grandes cenefas de terciopelo, color de púrpura, bordadas á realce y gusanillo, estando además todo él guarnecido de camafeos, unos de plata y otros de plata sobredorada, engarzados en pedrería.

Las imágenes en esta iglesia más veneradas, además de la Virgen del Prado, son: el Santo Cristo de la Piedad y la Dolorosa. Y entre las muchas reliquias que se guardan en la misma, hay una de San Palmado. De esta iglesia sale la procesión general del Corpus, á la que asiste el clero de las tres parroquias, y las hermandades todas de la ciudad, y la del Santo Cristo de la Poblachuela. Las principales hermandades adscritas á la misma son: Ntra. Sra. María Santísima del Prado, patrona de la ciudad y de la comarca y restauradora de ambas Castillas; la del Santísimo Sacramento, y la de la Virgen de los Dolores.

Como sucursal de esta parroquia, se halla habilitada la iglesia de Ntra. Sra. de la Merced, y á ella están agregadas la ermita de la Virgen de los Remedios, la iglesia del que fue convento de carmelitas descalzos, así como el convento de religiosas carmelitas.

 


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