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sábado, 3 de septiembre de 2022

DE MEMORIAS DE UN ESTUDIANTE DE SALAMANCA DE JOSÉ BALCÁZAR Y SABARIEGOS (II)

 

La Parroquia de Santiago con su antiguo chapitel y las viejas construcciones que la rodeaban



En las notas de mis recuerdos tengo también fiestas campestres en las alamedas de Sancho Rey y Villadiego, matinadas en Torrecilla y amaneceres deliciosos en la terraza del Casino y en el paseo del Prado. Algunas noches discurrí por las calles de la antigua villa de Alfonso el Sabio recordando detalles históricos, mientras la población dormía. Una de esas noches la dediqué al barrio de la Judería. Entré por la calle de Calatrava en la de Leganitos (hoy Castelar), seguí por la de la Libertad, que antes se llamó de Barrionuevo, no sin echar antes una mirada al Compás de Santo Domingo donde estuvo la Sinagoga mayor. Se ha dicho sin fundamento serio que en dicha calle del Lirio estuvo el Tribunal de la Inquisición en los dos años, de 1483 a 85, que duró ésta en Ciudad Real, y tal aserto10 rebate con razones Ramírez de Arellano. Al pasar por la de la Cruz Verde, representóseme el típico carácter de las viviendas judías, de construcción singular, de aspecto miserable y sucio; y creía ver al clásico hebreo con su larga túnica y su gorro a la cabeza, y a las mujeres de la raza con pañuelos de vivos colores 11 cuello, tomar repetidas píldoras de antimonio para ser gruesas; y me pareció que cuestionaban los judíos de "señal" con los conversos y que estos decían:

"Por la señal

de pito canal

comí tocino

no me hizo mal..."

Pero no, no había nadie, el silencio era absoluto. Parecía que tornaban los tiempos de antaño en que sólo aire de muerte se respiraba por el barrio, por las defunciones que producían las lagunas de los Terreros y por la dureza de aquel Inquisidor que se llamó D. Fernando Sánchez de la Fuente, que luego fue Obispo de Córdoba, y que en los dos años que estuvo en Ciudad Real mandó quemar a cincuenta y dos judaizantes.

 

Vista de la Parroquia de Santiago y su barrio del “perchel” en 1928



Ante la iglesia de Santiago, y aprovechando la luz de la luna contemplo por unos momentos el templo más antiguo de Ciudad Real, con su torre, que en tiempos debió ser torreón de defensa y con su campana primorosa del siglo XV, y con sus dos portadas no por ser sencillas carentes de interés. Recuerdo el interior, lamentando el que aún sigan incólumes las antiestéticas bóvedas de carrizo que tapan el suntuoso artesonado o armadura de lazo de a cuarto, del siglo XIV, que de estar al descubierto sería esta iglesia una de las más notables de la Mancha.

Sigo el paseo. Salgo al campo por la calle de Calatrava. No existe todavía la Granja, pero hay bancos de piedra no lejos de unos álamos. Canta el ruiseñor, sopla ligero cierzo, descanso un rato reconcentrando mi atención en el cambio operado en aquellos terrenos que durante siete siglos fueron pestilentes y mortíferas lagunas Pasan y cruzan procesiones de galeras cargadas de mies que van a las eras, produciendo su paso ensordecedor ruido con el estridente choque de sus chapas…

Regreso a la ciudad sin olvidar la histórica tragedia de los Terreros. Conozco detalles, pero quiero completarlos...

Al día siguiente en cuanto dan las nueve de la mañana voy al archivo municipal, donde se guardan las actas del Concejo. Pepe Alcázar, el culto y laborioso Secretario, me da facilidades para buscar lo que deseo, con la particularidad de que no sólo encuentro lo que busco, sino que hallo también el historial de las Casas Consistoriales y como lo conceptúo interesante lo anoto asimismo en el libro de mis recuerdos.

 

Las antiguas casas consistoriales del siglo XV



La primera Casa Consistorial que se conoce estaba situada frente por frente al actual Ayuntamiento, en la llamada Alcaná de San Antonio, edificio que ardió en 1396, quedando el pueblo sin casa solariega. Los ediles reuníanse para celebrar sesión en el trascoro de San Pedro.

La manzana de casas, de la que formaba parte el edificio devorado por las llamas, constituía en sus pisos bajos las tiendas del comercio en su mayoría propiedad de los judaizantes, y se caracterizaban porque, sobre las puertas de entrada y debajo de los balcones, había tejadillos de medio metro de largo. L a casa y tienda que forma esquina con la calle de Correhería (hoy Pablo Iglesias, donde está la farmacia de Calatayud) fueron confiscadas al judaizante Alvar Díaz y por donación de los Reyes, de 18 de noviembre de 1484, se dieron al pueblo para que construyera en ellas la Casa Consistorial, obra que tardó en realizarse por falta de recursos.

En el último tercio del siglo XIX, y aquí entra lo nuevo para mí, desde que fue nombrado Gobernador civil y Alcalde corregidor de Ciudad Real el insigne manchego don Agustín Salido y Estrada, planeó y ejecutó el hacer entre otras beneficiosas reformas, una nueva Casa Consistorial, la que hoy existe, y una vez realizados los trámites necesarios, el 23 de enero de 1868, organizó el Ayuntamiento un acto cívico, con asistencia de toda clase de elementos para poner la primera piedra del edificio. Interesante, curioso y digno de anotarse es el hecho de que entonces cuando se trataba de beneficios para la población se prescindía del matiz político y se contaba con todos y así se explica que en este acto como luego en lo de la desecación de los Terreros fueran unidos los isabelinos, con los carlistas y con los liberales que, como mi padre, formaban ya parte del Comité revolucionario que meses después había de dar al traste con la monarquía Isabel II.

José Balcázar Sabariegos. “Memorias de un estudiante de Salamanca”, Madrid Librería de Enrique Peco 1935, páginas 105-108.


El desaparecido Ayuntamiento del siglo XIX


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