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martes, 7 de abril de 2020

JUANITA REINA VISITÓ AL NIÑO DEL REMEDIO EN 1965 EN LA PARROQUIA DE NUESTRA SEÑORA DEL PILAR



En el Boletín de Información Municipal número 19, de diciembre de 1965, se publican unas imágenes de la visita de Juanita Reina, a la imagen del Santísimo Niño del Remedio de la Parroquia de Nuestra Señora del Pilar, que hoy debería estar haciendo Estación de Penitencia por las calles de nuestra ciudad. Las imágenes se acompañan con el siguiente texto:

La artista Juanita Reina, llevó flores al Niño del Remedio, de cuya Cofradía ha sido nombrado hermano mayor honorario, su hijo. Fue acompañada por la junta de gobierno de dicha cofradía. En los grabados, dos momentos de los actos que tuvieron lugar en la parroquia de Ntra. Sra. del Pilar”.


lunes, 6 de abril de 2020

RELIGIOSIDAD, PROTOCOLO Y CONFLICTO: LA BENDICIÓN DE LOS RAMOS EN CIUDAD REAL (II)


La autoridad civil, siempre asistió a los oficios de Semana Santa y ocupo un puesto privilegiado en los mismos. En esta fotografía publicada en la revista “Vida Manchega”, en su núm. 50 del 27 de marzo de 1913, podemos ver las autoridades civiles de aquellos años a la salida de la Catedral el Domingo de Ramos

Pues, bien, en Ciudad Real, el acto de bendecir los ramos parece que estuvo rodeado con frecuencia de la polémica, el conflicto y hasta la indecencia. Cuando en 1596 el cardenal-infante Alberto convoque un sínodo, el sacerdote Alonso Muñoz, párroco de Santa María del Prado, elevó un memorial a su arzobispo donde manifestó su preocupación por el modo de desarrollarse este acto:

en esta ciudad se a acostumbrado a azer la bendición de los ramos de la plaza publica desta cibdad y el sermón en ella parece indecencia, pidiese que de aquí adelante no se predique no se aga la vendicion de ramos en la dicha plaza sino que se haga una procesión xeneral con todas las iglesias (o) lo que el cavildo ordenare y se predique en la iglesia, lo qual se ara con mas devoción y decencia (4)

Conforme pasan los años no hacen sino perpetuarse las conductas inapropiadas para días tan señalados, ya que con la excusa de fines piadosos, clérigos y fieles se engolfaban en juegos, rifas, mercadeos y otras pasiones que parecían más humanas que espirituales. Veamos tales costumbres a través de los ojos de un misionero franciscano, de paso por Ciudad Real en 1760, que se escandaliza ante la forma en que se vivía la religiosidad popular:

En tres tiempos del año, Navidad, Carnestolendas y Pascua de Espiritu Santo cada parroquia en su tiempo respectivo tiene soldadesca y ofrecimiento cada una su ramo en el día que la toca. Ofrecimiento y ramo consiste en esto: salen los clérigos de la parroquia a quien toca la ciudad pidiendo para las Animas Benditas. Uno da una gallina, otro un pernil, etc., siendo mucho lo que se saca de este modo, ya que esta todo junto, lo ponen a la puerta de las iglesias como en publica almoneda, no pasara que alguno lo compre, sino para que lo jueguen; ponerse algunas mesas con naipes cerca, o en la lonja de la iglesia, un sacerdote dize, esta gallina vale quatro reales, ponese a jugar entre dos, y el que la gana se la lleva, y el que la pierde da los quatro reales a los sacerdotes, y asi de todas las demás cosas que han sacado: echo esto quatro jaches o mozalvetes hacen de capitán, alférez, cabos y soldados, llegase el dia del ofrecimiento y estos ofrecen los primeros; el capitán, como un doblon de a ocho, y los subalternos con ofrecimientos respectivos, y la demás multitud que se junta a este pernicioso abuso ofrece según su voluntad. Reciven todo este globo los sacerdotes, cada unos de su parroquia, y juntándose la limosna con titulo de las Animas Benditas, a lo menos seis mil reales en cada parroquia, llegando esto por lo regular cada año a diez y ocho mil reales entre las tres parroquias. Esta cantidad se queda precisamente los sacerdotes de cada una de ellas, sin saberse si las misas correspondientes a tan crecidas limosnas se cumplen con la equidad y justicia que pide tan reparable materia (5)”.

Aunque desde el Concilio de Trento se quiso separar liturgia y costumbre, comprobamos como, dos siglos después, deben ser los ilustrados quienes atajen una serie de comportamientos aceptados por la mayoría pero execrables para las autoridades, empeñadas en una cruzada contra las vertientes más populistas y espontáneas del catolicismo español.

Procesión del Domingo de Ramos del Cabildo Catedral en 1914, imagen publicada en la revista “Vida Manchega”, el 9 de abril del citado año. En la imagen podemos ver al entonces Obispo-Prior Gandásegui

Paradójicamente es precisamente gracias al enésimo pleito emprendido por un ambicioso burgués ciudadrealeño, Agustín Pérez de Madrid, escribano público, familiar del Santo Oficio, antiguo sastre y próspero tendero, con comercio abierto en la plaza pública o mayor. Orgulloso de su desahogada situación económica, aunque sus padres habían sido un  confitero y la hija de un zapatero, anteponía el “don” a su nombre a la menor ocasión y constamos cómo se quería infiltrar en los cabildos más prestigiosos de Ciudad Real (Santa Hermandad Vieja y el propio ayuntamiento). Corría el año de 1769 cuando este eterno pleiteista se enroca en aparecer entre la elite municipal, aunque no ere más que un simple guarda de campo honorífico titular de la vara de la Hermandad General, solo por “dar que decir, sobresalir y escandalizar”, en opinión de muchos de sus paisanos. Pues bien, gracias a su afán litigista y a su empeño por aparentar, sabemos cómo se desarrollaba la bendición de ramos a estas alturas del siglo XVIII. No sabemos si los párrocos de las tres collaciones de la ciudad se turnaban para presidir este acto o bien se dejaba en manos del vicario de Ciudad Real y campo de Calatrava, delegado nada menos que por el Arzobispo Primado de Toledo, pero lo cierto era que a esta pomposa ceremonia asistían todas las corporaciones urbanas.

En público se bendecían los ramos que después se habrían de repartir y luego tenía lugar un solemne sermón, que serví de apertura de la Semana de Pasión. De este modo, en unos bancos o estrados colocados en el soportal del consistorio se sentaban el corregidor (el gobernador nombrado por el rey), los dos alcaldes (uno representaba a los vecinos nobles y otro a los plebeyos), los regidores (un equivalente a los actuales concejales, pero mucho más prestigiosos) y el procurador sindico del común (una especie de defensor del pueblo). La comitiva principal estaba integrada por el delegado regio y los ediles, dispuestos en orden jerárquico, comenzándose por ellos a la hora de repartir los ramos, que besaban solemnemente conforme los recibían “pasando desde el estrado a la sala baja de estas casas consistoriales, donde se hallaba el cabildo eclesiástico a la vuelta para tomar el asiento a efecto de oir el sermón (6)”. Tras asistir a los divinos oficios en la plaza mayor, todos participaban  de la procesión de los ramos, una oportunidad privilegiada para demostrar la devoción, pero también para ver y ser vistos, manifestando su amor a Jesucristo del mismo modo que su interés por visualizar ante sus propios paisanos cual era su sitio en la comunidad.

No en vano honor y fama, piedad y privilegio eran los fundamentos de una sociedad profundamente imbuida de los valores cristianos, orgullosa de su catolicismo y amante de una religiosidad externa barroca, donde era tan importante la esencia como la apariencia, el sentimiento intimo como la opinión de los demás. Otros tiempos y otros modos de vivir una Semana Santa que siempre ha siso sentido como momento de contricción, pero también de alegría por la sublime entrega del Hijo por el resto de la humanidad.

Miguel Fernando Gómez Vozmediano
Universidad Carlos III de Madrid

“Vera Cruz” Núm. 22, revista Oficial de la Hermandad de la Vera Cruz y Ntra. Sra. de la Soledad de Puertollano. Año 2011.

(4) Este cura rigorista tampoco deja títere con cabeza cuando critica la romería a Nuestra Señora de Alarcos en marzo, ya que los clérigos abandonaban sus tareas pastorales y los fieles quebrantaban el ayuno propio de la Cuaresma. ADT, lib. 397, ff. 300r-301v.

(5) ADT, Sala II, Misiones Populares, s. XVIII, sf.
(6) Archivo Real Chancillería de Granada, Audiencia y Chancillería, caja 1121, pieza 1, sf.

El desaparecido Ayuntamiento del siglo XIX, en torno a cuyo edificio se vivió el acto de la bendición de los ramos en el citado siglo, ya que esta ceremonia desapareció, al crearse el Obispado-Priorato de las Órdenes Militares 

domingo, 5 de abril de 2020

RELIGIOSIDAD, PROTOCOLO Y CONFLICTO: LA BENDICIÓN DE LOS RAMOS EN CIUDAD REAL (I)


La procesión de palmas del Cabildo Catedral en el año 1913. Imagen publicada en la revista “Vida Manchega” núm. 50 del 20 de marzo del citado año

A lo largo de la historia, la Semana de Pasión no solo ha conmemorado la inmolación de Jesús por la Humanidad sino, que demasiado a menudo, actos públicos y ritos religiosos estuvieron trufados de desencuentros entre autoridades civiles y eclesiásticas, piques entre oligarquías e incluso alborotos populares que eclosionan o se generan con motivo de la Semana Santa. Para comprender en su justa medida el alcance de tales conflictos nos detendremos en los problemas suscitados durante la celebración del Domingo de Ramos. Unos ramos que luego portaban los poderosos y se repartían entre los fieles, que los atesoraban en sus casas para que les protegiesen de todo mal durante todo el año.

En la hoguera de las vanidades que es la España de la Modernidad, espectáculos públicos, fiestas comunitarias, desfiles cívicos y procesiones piadosas se convierten en escenarios privilegiados bien para demostrar piedad, prodigalidad o riqueza, bien para visualizar quién es quién en una comunidad. Así, desde el lugar donde se veían los toros en la plaza pública hasta el puesto que ocupaba cada cual en una procesión estaban marcados por tu sangre y tu fama, dos de los elementos en torno al cual se vertebraban las relaciones sociales; de tal modo que era imprescindible que cada uno aceptase su lugar en la jerarquía de cualquier pueblo o ciudad.

Además, debemos tener en cuenta que los eclesiásticos de cada lugar se organizaban en auténticos cabildos, que competían con el propio ayuntamiento a la hora de presidir actos y erigirse en líderes populares, a menudo en beneficio propio. Según el vecindario de 1591 había en la ciudad veintinueve clérigos seculares. Sin embargo, su número se multiplico a partir del siglo XVII, de modo que la clerecía existente en Ciudad Real a fines del barroco constituía una legión de beneficiados, paniaguados y simples aforados sin más afán en la vida que asegurarse el sustento y ser más que su vecino, siendo raras tan las vocaciones auténticas como las formaciones teológicas realmente sólidas. La Iglesia de Santa María del Prado (hoy catedral) albergaba a un cura de almas, cuatro beneficiados y veinte capellanes, además de otros veinticuatro sacerdotes, un aforado de epístola y tres de órdenes menores; la Parroquia de San Pedro no le iba a la zaga, con un cura, tres beneficiados, veinte capellanes (incluidos cuatro músicos), veintidós sacerdotes y tres clérigos de menores; en tanto que la Iglesia de Santiago estaba asistida por un párroco, dos beneficiados, diez capellanes de coro y otros tantos presbíteros, además de siete capellanías fundadas por un indiano, a pesar de todo lo cual se pensaba que había “mucha falta de confesiones”(1)

La antigua Casa Consistorial, testigo mudo durante siglos del acto de bendición de ramos de nuestra ciudad

A lo largo de toda la modernidad las relaciones entre clero y pueblo osciló entre el respeto y el conflicto, aunque por regla general el ascendiente moral de frailes y sacerdotes sobre los fieles es incontestable. Otra cosa eran los desacuerdos puntuales, sobre todo a la hora de que los representantes del rey (es decir, los corregidores) pretendan ocupar algún sitio preferente durante los oficios divinos o las procesiones, abandonando el tradicional banco de autoridades para sentarse en alguna silla cercana al altar mayor. Así, el 15 de enero de 1605, un acuerdo entre los cabildos eclesiástico y secular de Ciudad Real preveía que el juez regio debía sentarse junto a la grade del presbítero, cerca del evangelio. Una costumbre que no fue alterada hasta que el 29 de junio de 1785 el corregidor Anastasio Francisco de Aguayo y Ordoñez planta una silla en el coro y en la procesión general que se hace al día siguiente, dentro de la Iglesia del Prado, participa con una vela encendida en una mano y la vara de justicia en la otra, ocupando un lugar entre el párroco y las mujeres, cerrando la comitiva escandalizando a los clérigos presentes por dicha novedad. Dos años después, desde Madrid se dice que el corregidor actuó correctamente, pero que debería ponerse de acuerdo con el vicario ciudadrealeño para evitar problemas (2).

Pero no todos los actos litúrgicos se realizaban en iglesias o monasterios. Desde hacía siglos, las arcas municipales sufragaban diversos votos celebraciones religiosas (San Sebastián, San José, Domingo de Ramos, San Marcos, San Roque, San Agustín, San Miguel, Nuestra Señora, Inmaculada y Aparición de la Virgen del Prado) (3), además de la festividad del Corpus Christi, cuando hasta bien entrado el siglo XVIII costearon incluso las danzas de gitanos que aderezaban la fiesta mayor de la Cristiandad. Pero es precisamente una de estas celebraciones cívico-religiosas, la bendición de los ramos el primer día de Semana Santa, el acontecimiento que analizaremos en esta ocasión.

En la mayoría de las villas y ciudades castellanas de la época, el clérigo secular de mayor rango del lugar bendecía los ramos de palmeras u olivo que luego se entregaban a la corporación municipal, para que participasen en la procesión que evocaba la entrada de la sagrada familia en Belén. Se trataba de un evento en el cual autoridades y pueblo participaban en común de un evento festivo, cohesionando los lazos afectivos y sociales que vinculaban la suerte de la comunidad a la unión de todos sus miembros en la devoción a Cristo.

Miguel Fernando Gómez Vozmediano
Universidad Carlos III de Madrid

“Vera Cruz” Núm. 22, revista Oficial de la Hermandad de la Vera Cruz y Ntra. Sra. de la Soledad de Puertollano. Año 2011.

(1) Archivo Diocesano de Toledo (ADT), Visitas Pastorales, años 1666-1692, doc. 28.
(2) Archivo Histórico Nacional, Consejos, leg. 1007, doc. 9.
(3) López-Salazar Pérez y Carretero Zamora J. M.: “Ciudad Real en la Edad Moderna”, en Espadas Burgos, M. (dir.): Historia de Ciudad Real. Espacio y Tiempo de un núcleo urbano, Ciudad Real, 1993, pp. 245-246.

La palma bendecida, colocada en balcones y ventanas, protege a los hogares de las fuerzas del mal

sábado, 4 de abril de 2020

LAS PUBLICACIONES OFICIALES DE LA SEMANA SANTA 2020



Traigo hoy al blog, las diferentes publicaciones oficiales de nuestra Semana Santa, editadas por la Asociación de Cofradías, muchas de las cuales desconocidas para la mayoría de los ciudadanos, ya que no ha dado tiempo a su reparto y difusión. La imagen que encabeza esta entrada, es la portada del programa de horarios e itinerarios de las cofradías de nuestra Semana Santa, que reproduce en su portada la imagen del Resucitado, que este año debería procesionar por primera vez por nuestras calles y plazas. Este programa consta de 48 páginas, con fichas de todas nuestras cofradías y hermandades, donde se recoge la información de los autores de las imágenes titulares, de los lugares de interés para ver la cofradía, el acompañamiento musical de los pasos y de los diferentes estrenos. Quien desee ver este programa, lo puede ver gracias a la página ciudad-real.es, y pinchando el siguiente enlace:   http://www.ciudad-real.es/semanasanta/semanasanta2020/programa_mano_2020.pdf


Otra de las publicaciones es el programa de “actos Cofrades y Cultos Públicos de Cuaresma y Semana Santa 2020”, donde se recoge la actividad de las diferentes cofradías y hermandades de nuestra ciudad, y de la propia Asociación de Cofradías. La portada, es una bella fotografía del Santísimo Cristo de la Caridad, al cumplirse el 75 aniversario de su hechura. Quien desee ver este programa, lo puede ver gracias a la página ciudad-real.es, y pinchando el siguiente enlace:  http://www.ciudad-real.es/semanasanta/semanasanta2020/programa_actos_2020.pdf


La guía oficial de nuestra Semana Santa “Ciudad Real 2020”, es una publicación de 120 páginas, con las tradicionales secciones de: saludas, entrevista al pregonero, memoria de actividades, las fichas de las hermandades y cofradías de la Semana Santa, cerrándose con la sección de se expresan los cofrades. La portada recoge el paso de misterio de la Cofradía del Encuentro, cuya imagen es la que reproduzco en esta entrada.


Por último el cartel oficial de nuestra Semana Santa, que corresponde a la Cofradía del Encuentro, describiéndolo así su autor:

Cartel Oficial Semana Santa Ciudad Real 2020.
Óleo sobre lienzo (50x70cm)

Se trata de una composición en la que se representan los rostros mirándose de las imágenes de Jesús y María que comparten la Pasión , es por eso por lo que la corona de estrellas de la Virgen tiene forma de corona de espinas.

Pertenecen al misterio de la hermandad de El Encuentro, obras de los imagineros Rausell y Llorens. Dichas tallas suponen una obra de arte que enriquecen la imaginería religiosa y Semana Santa de nuestra ciudad.

Pertenecen a la escuela levantina, la cual está llena de belleza, y es rica en decoración y movimiento, heredera de Salcillo. Por eso, se presta a la realización de un cartel colorido, que capte la atención del espectador.

La escena central y principal representada es el momento del encuentro de Jesús con su Madre en el Vía Crucis.

Al fondo, sobre un cielo dorado, se aprecia la Iglesia de San Pedro, a la que se encuentra vinculada la Hermandad de El Encuentro. Ciudad Real se transforma en la ciudad de Jerusalém para contemplar este acontecimiento.

En un primer plano unas flores unen ambas imágenes. En estas flores está representada la hermandad al llevar los tres colores seña de la misma: blanco, amarillo y morado; colores que lleva en su estación de penitencia. Para finalizar y comprender mejor la obra, voy a redactar un fragmento de "La Dolorosa Pasión de Nuestro Señor Jesucristo" de acuerdo con las visiones de Ana Catalina Emmerick, en las que está inspirada la composición.

La beata Ana Catalina Emmerick fue una monja canonesa agustina mística y escritora que vivió entre los siglos XVIII y XIX. Fue bendecida con el don de acceder a un conocimiento directo de la vida de Jesús a través de las visiones.

El extracto al que hago referencia del libro "La Dolorosa Pasión de Nuestro Señor Jesucristo" pertenece a la parte XII Origen del Vía Crucis y dice así:

"Cuando Jesús fue conducido a Herodes, Juan acompañó a la Virgen y a Magdalena por todo el camino que había seguido Jesús. Así volvieron a casa de Caifás, a casa de Anás, a Ofel, a Getsemaní, al jardín de los Olivos, y en todos los sitios, donde el Señor se había caído o había sufrido, se paraban en silencio, lloraban y sufrían con Él. La Virgen se prosternó más de una vez, y besó la tierra en los sitios en donde Jesús se había caído. Este fue el principio del Via Crucis y de los honores rendidos a la Pasión de Jesús, aun antes de que se cumpliera. La meditación de la Iglesia sobre los dolores de su Redentor comenzó en la flor más santa de la humanidad, en la Madre virginal del Hijo del hombre. La Virgen pura y sin mancha consagró para la Iglesia el Vía Crucis, para recoger en todos los sitios, como piedras preciosas, los inagotables méritos de Jesucristo; para recogerlos como flores sobre el camino y ofrecerlos a su Padre celestial por todos los que tienen fe.


viernes, 3 de abril de 2020

EN EL VIERNES DE DOLORES: LA DESAPARECIDA IMAGEN DE NUESTRA SEÑORA DE LOS DOLORES “AVE MARÍA”



Pasan los penitentes tocados con fúnebres capuchones; los cirios encendidos parpadean agonizantes en la obscuridad; salmodian los sacerdotes sus rezos patriarcales y se escuchan las pisadas isócronas de los armados en el silencio de la noche callada como el velar de un moribundo.

Caminan los porteadores de los “pasos” lentos, pausados, y al armónico ruido de su marcha se inclina a uno u otro lado el “paso” que cargan sobre sus fatigados hombros. Encima, la Dolorosa bella, pálida, lirial, dirige su vista en un gesto de mortal angustia sobre los hombres, en busca de un resto de conmiseración para su hijo que agoniza en la Cruz, coronado de espinas…

Y en la paz silente de la noche serena y augusta, hiende la atmósfera el canto vibrante y emotivo de una saeta que va a morir dulcemente desflorada a los pies de la Virgen, que pliega su boca en una misteriosa y dulce sonrisa de consuelo.

LACCASSAIGNE.

Revista “Vida Manchega” Núm. 249, Ciudad Real 10 de abril de 1920

jueves, 2 de abril de 2020

EL CRISTO DE LA ORACIÓN EN EL HUERTO RECIBIRA CULTO PERMANENTE EN LA ANTIGUA IGLESIA DE LAS MADRES DOMINICAS



El Cristo de la Hermandad de la Oración en el Huerto, junto a las demás imágenes que formaban el misterio,  siempre recibió culto en la Parroquia de San Pedro desde el siglo XVI hasta el año 1965, que a propuesta del entonces vicepresidente de la hermandad, Miguel Cano Serrano, el misterio es sacado de la parroquia y depositado en las dependencias de la Cámara Agraria Provincial, que existían en la calle Zurbarán, junto al Colegio de Pio XII, para ahorrarse el dinero que se pagaba a la parroquia. 


Tras restaurarse la Parroquia de San Pedro, la hermandad ha intentado varias veces poner solo la imagen del Cristo al culto en el templo parroquial, recibiendo siempre la negativa para ello de los párrocos de San Pedro. Por este motivo la imagen del Cristo se volvió a poner al culto en la capilla del I. E. S. Maestro Juan de Ávila, en el año 2002, de ahí paso a la ermita de Alarcos, y a partir del pasado 13 de marzo, la imagen del Señor recibe culto, ya de manera permanente, en la iglesia de las antiguas Madres Dominicas, actual San Martín de Porres. La imagen ha sido colocada en el altar mayor, un acierto de la actual Junta Directiva de la hermandad, que harán más cercano el culto de la imagen de su Titular a los hermanos de esta hermandad del Viernes Santo, y a los fieles en general.


miércoles, 1 de abril de 2020

ORIGENES DE LA SEMANA SANTA DE CIUDAD REAL: LA ANTIGUA COFRADÍA DEL SANTÍSIMO CRUCIFIJO DE SAN PEDRO



El pasado 28 de febrero, presentaba el Licenciado en Historia y en Historia del Arte, Francisco José Turrillo Moraga, actual Presidente de la Asociación de Cofradías de Semana Santa, el libro editado por Serendipia “Orígenes de la Semana Santa de Ciudad Real. La Antigua Cofradía del Santísimo Crucifijo de San Pedro”. Un libro para leer en estos días de Cuaresma y Semana Santa, mientras que dure nuestro confinamiento por culpa de Covid-19.

La antigüedad de la Semana Santa de Ciudad Real, del mismo modo que las de otras ciudades castellanas, data de mediados del siglo XVI y al igual que otros aspectos patrimoniales de la ciudad, el patrimonio documental de las cofradías de penitencia ha sido poco cuidado y, en su mayoría, se encuentra desaparecido, por lo que el estudio científico de estas asociaciones es harto difícil.

A lo largo de este trabajo de divulgación nos aproximamos al origen de la Semana Santa de Ciudad Real capital, a través de una de las cofradías primitivas, la del Santo Crucifijo de San Pedro, pues es la única de la ciudad que posee su documentación localizada. Lo más destacable y lo que más luz nos ha aportado han sido dos libros de asientos de la cofradía, dos documentos únicos que sirven para conocer no sólo su historia, sino otros aspectos de la vida cotidiana. Que sepamos sólo esta cofradía de Ciudad Real tiene documentación de este tipo, de ahí que su estudio ha supuesto una serie de aportaciones novedosas y exclusivas.


El primer libro lo hemos podido estudiar gracias a su fortuito hallazgo en la Sección de Clero del Archivo Histórico Nacional y abarca desde la fundación de la corporación, el tres de marzo de 1599, hasta el tres de mayo de 1652, mientras que el segundo, que custodia la Hermandad del Santísimo Cristo del Perdón y de las Aguas, contiene todo el siglo XVIII. Resultan extremadamente interesantes y útiles porque nos ofrecen de primera mano indicaciones muy variadas relativas a la vida cotidiana de la hermandad: ordenanzas, acuerdos de los cabildos, inventarios, asientos de cuentas, visitas del Vicario Visitador del Campo de Calatrava, asientos de hermanos, etc.

Así mismo, hemos manejado otra variada documentación de otras cofradías, algunas ya extintas, legajos notariales de los Archivos Históricos Nacional y Provincial…, que nos han completado el retarato que nos acerca fielmente a la vida de nuestros cofrades antepasados de los siglos XVII y XVIII.