miércoles, 16 de diciembre de 2015

CARIDAD Y BENEFICENCIA EN EL ANTIGUO CIUDAD REAL (PRIMITIVOS HOSPITALES, ASILOS Y CASAS DE MISERICORDIA) (I)


Miniatura del códice 2470 de la Biblioteca Laurenciana (Florencia) Hospital medieval, siglo XV

Si la mejor forma de graduar y medir el espíritu caritativo de un pueblo es conocer sus instituciones benéficas, los antecedentes históricos nos muestran a Ciudad Real de tiempo inmemorial abundando las fundaciones, donde a la par que demostrativas de una acrisolada virtud caritativa en sus fundadores, viene a ser el mejor exponente del elevado sentido de mutua ayuda imperante en la capital de la Mancha. Manifestaciones de tan provechosas prácticas de piedad fue ya en 1473, un Hospital de San Blas, fundado bajo la advocación de tan celeste varón médico de las enfermedades de la garganta, y que ocupó los números 3 y 5 de la calle Ballesteros (entre las de Dorada y Mata actuales). Era una casita de planta baja, sólo con cinco habitaciones, todo allí dispuesto y reducido y, no tan higiénico como correspondía a la fundación que desempeñaba. Servía de albergue para mendigos transeúntes donde se les recogía durante tres días, eran alimentados y cuando enfermaban eran tratados en el enfermería del albergue. Asegurábase además la salud espiritual de los acogidos mediante estrecha vigilancia.

Más, como hospedaje de familiares y de cuantos venían empleados en la custodia y defensa del reo, que como hospital propiamente dicho, existía en 1433 la fundación que se llamó Hospital de la Santa Hermandad, establecido probablemente en la actual calle López Guerrero (Libertad) esquina a Lirio. Allí se atendía al sustento de los futuros ajusticiados, mientras estuviesen en capilla, para lo cual se recogían limosnas. Lo recaudado así era invertido también en hacer el bien del alma, y a socorrer a los familiares, mujeres e hijos de los ajusticiados.

Por el año de 1557, reinando Felipe II, el capitán Cristóbal de Mena y su esposa Dª Ana Mexia, fundaron una Casa-Asilo que ocupó una casa situada en la calle Real, no lejos de donde tiempo después se instalaría el Hospital de San Juan de Dios. Sobre el frontal del amplio portón decía una lápida en mármol de la piedad de la Institución que tenía aposentamiento allí. Era un lugar donde se recogían ancianos mayores de 50 años y cuyo móvil de internamiento era, más que el alivio de los estragos provocados por los males, dar seguro refugio a los maltratados por la fortuna o que deseasen gozar de la paz ante el tránsito mortal. Por esas razones, a esta Casa-Asilo se le conoció también por Colegio de Ancianos o Engordadores.

Años más tarde, en 1560, se convirtió la fundación en Hospital Real, y sus fundadores hacían construir una capilla en el Convento de San Francisco (Hogar Provincial actual). En 1854 subsistía la Casa-Asilo a la entrada de la calle de la Paloma, número 2, y las fincas de labor que fueron dejadas por sus fundadores para el sostenimiento reguladas por quinquenios, producían al año 4.600 reales, siendo agregadas a una Junta Provincial de Beneficencia, según acuerdo de centralización de este mismo año de 1854.

Durante el mismo reinado de Felipe II, allá por el año 1564 existía un establecimiento fundado por Hernando de Poblete, llamado Hospital de la Concepción para el socorro de 12 mujeres huérfanas o viudas pobres, las que recibían en 25 de diciembre con motivo de la festividad de la Natividad del Señor recursos en ropas y dinero. Su lugar de enclavamiento lo era en las proximidades del Convento de la Orden de San Juan de Dios, calle Dorada 14. En el Archivo de la Parroquia de San Pedro, en cuya feligresía estaba enclavado el hospital, existían las ordenanzas y estatutos que regían la hermandad de dicha imagen  que se veneraba en el mismo, las cuales fueron aprobadas el 25 de septiembre de 1573.


La dirección de esta Casa estaba regida por una Junta encargada de su administración, y de los maternales cuidados de un grupo de señoras de la localidad que giraban sus visitas vigilando el cuidado de las ropas y demás enseres. Las rentas de sostenimiento que administraba la Junta de Beneficencia, consistían en una heredad y seis pedazos de tierra que producían alrededor de 4.000 reales anuales.

El Hospital del Refugio (calle del Refugio), obra benéfica de varios siglos de existencia, tuvo en Ciudad Real su fundación, una de las más destacadas de su época allá por el año de 1620. En aquel Centro benéfico eran recogidos los menesterosos y enfermos que acudían con sus memoriales, teniendo montado un servicio de rondas para recoger a los desvalidos que careciendo de albergue descansaban en la vía pública o en los soportales, siendo transportados al refugio de la hermandad. Para llevar a cabo su fundación pedían limosnas hasta que don Francisco de Treviño a su muerte, dejó a la Obra rentas con las que se hizo posible su sostenimiento sin recurrir a la limosna callejera.

Por el año de 1633, ocupaba en la calle de Pedrera Baja un caserón antiguo el Hospital de la Pedrera, lugar que entraba en el turno de las iglesias que eran visitadas durante las procesiones de Semana Santa y Letanías Menores. Su estado ruinoso y sobre todo, el encontrarse en zona no urbanizada lejos del centro de la población, y donde acampaban solamente vagabundos y gente de mal vivir, fueron motivo para que la Cofradía de Nuestra Señora de la Pedrera pensase en su venta. La autorización para llevar a cabo aquel proyecto de realización estuvo sujeto a no pocas deliberaciones, hasta que al fin fue autorizado por el Cardenal Infante Arzobispo de Toledo, el 26 de julio de 1634, y pasando su importe de venta a engrosar los fondos de la Cofradía de Nuestra Señora del Prado.

La demolición del hospital se llevó a cabo, conservándose de él solamente la imagen de Nuestra Señora de los Remedios que era muy venerada, por lo que fue trasladada a una capillita construida próxima al hospital, con las limosnas de sus numerosos devotos. La
Circunstancia de que la imagen se hallase esculpida en la pared obligó a que los operarios encargados del traslado, para no deteriorarla construyesen un cajón de madera del tamaño de la imagen y en el cual introdujeron el bloque de pared junto con la imagen, saliendo esta ilesa de tan arriesgada operación.

Superior en importancia a cuantas Instituciones vamos refiriéndonos, lo fue el Hospital de San Juan de Dios. Dicho hospital era debido a la generosidad de D. Diego López Tufiño, y del licenciado D. Antonio de Torres Trevino, hijos de Ciudad Real y avecinados de tiempo atrás en la Villa Imperial de Potosi (Perú), quienes habían convenido la creación de una fundación donde atender a la curación de los indigentes.

Regresando a España el Sr. Torres en el año 1640, por fallecimiento del Sr. Tufiño y con un caudal de 50.000 pesos, algunas Memorias y Obras Pías, no pudo poner en práctica la idea concebida con la prontitud deseada, ya que encontrándose la Monarquía en gran aprieto económico, se recurrió a disponer de aquella hacienda dándole satisfacción en Juros. Liquidadas algún tiempo después las cuentas por el Rey Felipe IV, tratose ya de la fundación hospitalaria siendo deseo del fundador que estuviese bajo la gloria del Padre y Patriarca San Juan de Dios. Sacóse licencia, escribióse al General de la Religión de San Juan de Dios, Fray Faustino Sánchez Alberola, fueron enviados los religiosos y el hospital fue levantado en el año 1643, ocupando una casa próxima a la antigua Chancilleria (Palacio actual de la Marquesa de Casa Treviño), frente a la huerta del Pangino (hoy Mercado). Lugar poco higiénico por ser lugar de retención de aguas, según un cronista “más propio para enfermar que para sanar” por lo que fue trasladado a una casa junto al Beaterio de la Orden de San Francisco (calle Dorada), no sin tener que vencer grandes dificultades de cesión.

Nuestra Señora de los Remedios

Las características nosocomiales de esta fundación fueron las propias de una población pequeña, en tipo mixto de hospital asilo de enfermos incurables. La distribución del hospital era de dos salas de enfermos distribuidos en sala de invierno y sala de verano, capaces para establecer 30 camas, en las que se llegaron a dar de alta más de 300 enfermos por año. Ya entonces parecía observarse la separación de enfermos según la naturaleza de la enfermedad; de esa forma existían departamentos para enfermos infectocontagioso (viruela, paludismo, cólera, etc.), incluso para los afectados del mal de bubas, nombre que se la daba entonces a la sífilis, y cuyo tratamiento causa hoy una sonrisa piadosa. El hospital era asistido por ocho religiosos, con un médico-cirujano y otro personal del servicio sanitario.

No puede dejarse sin recuerdo que el Sr. Torres, fundó además del hospital un Centro de cultura, estableciendo un sistema de becas para que los estudiantes pobres pudieran cursar sus estudios en las Universidades; crea dieciocho suertes para doncellas pobres; una escuela de leer y escribir y contar, y una Cátedra de gramática, destinando para todo ello 27.800 ducados anuales. La idea de esas fundaciones tropezó en principio con dificultades hasta que Felipe IV, después de oír el informe favorable del Corregidor de Ciudad Real, D. Gabriel Gallego, accedió a lo solicitado y concedió permiso por Cédula Real dada en Zaragoza en 18 de noviembre de 1643.

El Prior del Convento-Hospital era patrón de las Obras Pías que dejó el fundador, quien falleció por el año de 1646, siendo enterrado en la Iglesia de San Pedro. Un año después eran los restos trasladados al cementerio del Convento de San Juan de Dios, y en una de las salas, que años después ocupó la Escuela de Maestras (Dorada, 3), hacia el año 1842 podía verse una lápida sobre el pavimento en la que se hacía mención al traslado.

En el mismo Convento-Hospital existía una iglesia erigida bajo la advocación del Espíritu Santo o “Sancti Spiritus”, cual se decía en escritos de la época, invirtiéndose en su fabricación cerca de cuarenta años, y declarada, por su proximidad a la de San Pedro auxiliar suya. Este edificio sufrió muchas deteriorizaciones por lo que la comunidad de frailes demandaba limosnas para el sostenimiento, incluso organizando espectáculos públicos remunerados. Así resulta curioso recoger una prueba del maridage existente entre la Congregación de hermanos de San Juan de Dios y esos espectáculos, en aquellas dos corridas de toros celebradas en la Plaza del Ayuntamiento, alquilándose a buen precio las ventanas y corredores de las casas que en su mayor parte eran propiedad de Órdenes Religiosas, y los recursos logrados de esta manera eran de consideración.

La administración y dirección del hospital corría como decíamos, a cargo de los religiosos hasta que los cambios políticos y los apuros del Estado en 1822, se encargó el Ayuntamiento de aquella dirección y aprovisionamiento. Después de corto ensayo vuelve a los hermanos de San Juan de Dios aquella administración, hasta que incautándose el Estado de los Conventos fueron suprimidos por Real Decreto de 9 de marzo de 1836. A partir de entonces corrió a cargo de la Administración militar cuando fue solicitado por el Intendente General del Excmo. de los Priores de los Ex-Conventos de San Juan de Dios suprimidos en las provincias de Toledo y Ciudad Real y el de Ocaña continuasen prestando asistencia en calidad de particulares a los enfermos militares. La resolución fue favorecida por la Reina Dª María Cristina de Borbón por Decreto de 11 de abril de 1836, quedando la administración a cargo del Ayuntamiento y los enfermos militares serían atendidos en el hospital, pero siempre que pagasen con puntualidad las estancias al precio de cinco reales que tenían convenido con los religiosos de san Juan de Dios. Por virtud de aquel Decreto pasó al Ayuntamiento cuantos bienes y legados existían. A pesar de lo terminante de las disposiciones dadas por la Reina Gobernadora Dª María Cristina, la dirección y administración del Convento-Hospital volvió a cargo del Ex Prior D. Juan Solís Mateos en 1837, hasta que un año después pasa al Ayuntamiento y a una Junta Municipal de Beneficencia su administración.

En 1824 ocupó parte del edificio la Escuela Normal de Maestras y la superior de Niñas, con vivienda gratuita para sus directores, y el Hospital Civil de San Juan de Dios se estableció en lo que fue Convento de San Francisco. Aquellas ocupaciones dieron lugar a no pocas averiguaciones por parte de una Comisión Provincial y Dirección Gral. De Inte.  primaría, a lo que se contestó que el cambio de locales había sido en vista de una Orden del Gobernador Civil de la provincia del 24 de septiembre de 1851, ratificado por acuerdo del Municipio en 26 del mismo año.

Prudencio Herrero Vior. (Cuaderno del Instituto de Estudios Manchegos. Primera Época nº 4)
 
La calle Ruiz Morote en 1919, al fondo se ve el Hospital de San Juan de Dios

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